Por favor, vayan a mi perfil aquí mismo en Fanfiction y visiten el blog que tengo allí publicado: están subidas las tres imágenes de los medabots que participarán en esta historia. Es importante pues estos medabots no aparecieron en televisión y las descripciones son breves. La entrada se llama "el mensajero". De esta forma podrán tener la imagen de ellos mientras leen. Gracias.


El mensajero. Capítulo 3.

Esa noche Metabee estuvo de muy buen humor. Estuvo hablando durante toda la comida, contando su experiencia del día y lo bien que le había ido, omitiendo por supuesto que había sido rescatado de perder la apuesta por una chica y que además dicha chica le había ridiculizado en un karaoke montado en un alto edificio de la ciudad. Los señores Tenryou lo felicitaron por su buen trabajo. Ikki fue al punto importante.

— ¿Y el dinero?—preguntó con la cabeza apoyada en su mano.

—Lo dejé allá, en la oficina de correos—explicó el medabot—. Todos los medabot dejan su dinero allí, en una lata de conserva que Spot tiene para cada uno. Luego se la llevan al final de la semana o del mes. A mí me tocó una de frijoles—dijo, muy orgulloso.

— ¿Cuánto dinero hiciste en el día, Metabee?—volvió a preguntar el chico, esta vez con más especificaciones.

—Aahhh…pues…no lo sé…

Ikki casi escupió su jugo sobre la mesa y se llevó una servilleta a la cara.

— ¿Cómo que no lo sabes?—exclamó.

— ¡No lo sé, viejo! Solo dejé caer mis monedas dentro de la bolsa y luego metí todas las monedas dentro de la lata. Me olvidé de contarlas…—declaró muy sonrojado, cruzándose de brazos y echando humo por los cañones.

Su medaguerrero se llevó la mano a la frente, mientras los padres reían por lo bajo.

—Pues no creo que sea muy difícil saber cuánto dinero hiciste, Metabee—dijo el padre de Ikki, dejando los palillos sobre la mesa— ¿Te pagan cinco yenes por entrega, no es así?

—Sí, señor—respondió el medabot.

— ¿Y cuantas cartas entregaste hoy?

El medabot hizo memoria.

—Treinta y un cartas.

—Bueno, entonces eso hacen ciento cincuenta y cinco yenes…

— ¡Ah, sí! ¡Me dieron cien yenes por una sola carta!—exclamó Metabee, muy emocionado de recordarlo—Qué tipo tan caritativo…

A Ikki se le cayó la bolita de arroz de la boca en cuanto escuchó eso.


Esa noche Metabee volvió a soñar.

En el sueño finalmente se encontraba con Brass, aunque ahora por alguna razón la llamaba Nirvana. Supuso que como él, en ese extraño pasado o futuro, ella tenía otro nombre. No le dio mucha importancia, pues lo importante para él era estar con ella. En el sueño estuvieron conversando por apenas unos minutos, hasta que esa medabot morada y de semblante temible apareció otra vez. El medabot amarillo ya comenzaba a cogerle manía.

— ¿Dónde están ellos?—demandó saber la recién llegada con su tono autoritario.

— ¿Ellos?—repitió Metabee sin saber a quienes se refería.

La medabot le dijo de quienes hablaba y luego se puso a regañar, aunque Metabee no podía recordar una sola palabra de lo que ella había dicho. Únicamente recordó que le había encargado avisarle en cuanto "ellos" llegaran, pues lo que traían (él no sabía qué) era muy importante. Metabee le siguió el juego solo para librarse de ella y tener tiempo para charlar con Brass-Nirvana otra vez.

Los minutos hablando con la medabot se le fueron muy rápido. Al poco volvió a sentir ese ruido de cohete otra vez, y supo que de alguna forma, estaba viviendo alguna "continuación" del sueño que había tenido la última vez. Ahora comprendía a quiénes se refería la medabot morada con "ellos".

Los dos medabots aéreos aparecieron en el aire y aterrizaron frente a Kiemo y su compañera. Los recién llegados saludaron a los dos medabots con una reverencia silenciosa y luego se llevaron la mano a la frente. Él empezó su reporte:

—Las tropas del este se están organizando, señor. Ya cuentan con un número de quince batallones, cerca de mil soldados por cada uno.

—El coronel Auto atrapó a un infiltrado en la base seis—siguió ella—; conserva esto como información confidencial y pide sus indicaciones para proceder.

—Encárguense de ese espía—respondió Metabee, sorprendiéndose de pronto de escucharse decir eso—. Quiero toda la información que puedan sacarle.

Los dos medabots afirmaron y luego el medabot más oscuro extendió un pequeño paquete blanco. Metabee lo recibió.

—Es un nuevo tipo de medalla. Lo encontramos en el templo del sur—le informó él.

—Los dioses nos lo han dejado, seguramente para ayudarnos a ganar esta guerra—siguió la medabot femenina, siempre sucediendo a su compañero—. Esperemos que no haya sido hace mucho.

—En el laboratorio nos dirán cuanto tiempo llevaba allí—dijo Nirvana a un lado—. Esperemos que el humor de Kahli mejore con esta noticia.

—Eso sería imposible…—la medabot aérea se llevó ambas manos al rostro como tratando de evitar que aquellas palabras salieran, pero ya las había dicho.

Su acompañante se volvió a verla con cierta brusquedad y sorpresa de oírla. Metabee alcanzó a ver cierto enojo y temor en su actuar. Sin embargo y antes de que nadie dijera algo, Nirvana rio levemente y se cubrió la cara con una mano. Todos se volvieron a verla a ella entonces. Metabee se quedó un segundo callado y por alguna extraña razón, esto le pareció también muy divertido y de a poco empezó a reír. La tensión se rompió al instante y el medabot volador soltó un disimulado suspiro de alivio, lo mismo que su compañera.

—Que no vaya a escucharte mi hermana diciendo eso—le dijo el medabot amarillo sin aire de reproche—, podría arrancarte la caja vocal si llegara a oírte.

La medabot aérea se llevó ambas manos al pecho, como cubriendo aquella pieza que se veía amenazada. El otro intercedió inmediatamente.

—Le pido mil disculpas señor; no volverá a pasar…

—Ya. A mí no me importa que lo digan; todos sabemos que tiene un humor de perros. Es a ella a quien no le va a gustar.

—No volverá a repetirse, señor—dijeron los dos medabots a la vez, disculpándose.

—Pueden retirarse.

El dúo se despidió y se retiró flotando por sobre el pasto que se extendía frente a aquel árbol en donde Metabee siempre aterrizaba en sus sueños. Alcanzó a ver y escuchar como el medabot oscuro reprochaba a su compañera antes de despegar ambos al vuelo. Nirvana se aferró de su brazo mientras observaba la caja blanca que Kiemo sostenía en su mano.

Al despertar, Metabee se quedó pensando en qué sería aquella supuesta medalla que el par de medabots le había conseguido, quienes serían los medabots de "las tropas del este", quienes serían esos dioses que habían traído la nueva medalla y muchísimas otras cosas reveladas en aquel breve sueño, pero por sobre todo, si es que conocía a ese par de medabots voladores, pues cada vez que encendía los ópticos, la mitad de los recuerdos del sueño desaparecía para ir regresando lentamente a su cabeza con el transcurso de los días.

Durante los próximos cuatro días, el pequeño escarabajo amarillo siguió desempeñándose muy bien en su labor de cartero. Llegaba puntual al trabajo, se llevaba muy bien con sus compañeros y ya se estaba aprendiendo rápidamente todas las calles, barrios y ubicaciones, por lo que cada día le ganaba un minuto más al reloj y conseguía terminar poco antes de las seis de la tarde; todo un record para él. Su jefe, Guy y Akita lo felicitaban por ello.

—Sigue así y pronto serás el rival de Guy, Metabee—le decía Spot, mirando a los dos medabots.

—Siga soñando, feje—decía el medabot azulado cruzándose de brazos y moviendo la cola—; el día en que Metabee acabe de repartir sus cartas antes que yo, ese mismo día dejo de llamarme Guy.

—Pues ve buscándote un nombre nuevo, viejo—le respondió su nuevo rival cerrando su puño—porque Metabee tiene muchos para ti: meda-tortuga. Lenti-bot. Guy uno siete.

— ¿Uno siete?—repitió el otro sin captar la broma.

— ¡Una carta cada siete días! ¡Ahahahaha!

Akita y Spot también se pusieron a reír. El otro se sonrojó y echó vapor desde la punta de sus cuernos.

—Todavía llegas a las seis de la tarde; te faltan dos horas y cincuenta y nueve minutos para superarme—le espetó, poniendo dos dedos frente a su cara.

— ¡Tu solo espera! Regresaré tan temprano que te ayudaré a repartir tu parte también. Y me quedaré con el bono por ello~

—Bueno chicos, suficiente plática—interrumpió el hombre, siempre con su sonrisa y ajustándose las gafas—; hora de ponerse a trabajar.

Se dio la vuelta y regresó con las tres bolsas de cuero, despareciendo de nuevo de la vista. Cada medabot cogió una bolsa y se la atravesó al pecho. Luego, Spot regresó con un gran fajo de cartas, dividiéndolas aproximadamente en cuarenta cartas para cada medabot. Metabee dejó escapar un silbido.

—Cada vez son más cartas, ¿eh?

—Nuestros servicios están ganando popularidad aparentemente—le respondió su jefe, sonriendo aún más por lo bien que marchaban las cosas.

—Weeh…—suspiró el medabot amarillo, comenzando a ordenar sus cartas—solo significará más trabajo y más carreras…

— ¡Anímate, Metabee!—le dijo la chica a su lado, ordenando las cartas a velocidad sónica—Entre más trabajo, ¡más dinero! ¡Podrás comprar más chucherías!

— ¡Sí! ¡Y podré pasar horas en los videojuegos de la tienda de comics!

— ¿También vas a esos videojuegos?—preguntó Guy, ordenando cartas también a gran velocidad.

— ¡Claro! Allí tienen todos los clásic—y Metabee se interrumpió.

Se quedó viendo un sobre, releyendo con cuidado la dirección. Todos se volvieron extrañados a verlo. Cuando Akita estuvo por preguntarle qué ocurría, el escarabajo murmuró:

—"Koenji 215"…

Hubo dos reacciones inmediatas. Akita cubriéndose el rostro y Guy abalanzándose sobre Metabee.

— ¡Dámela!—exclamó el medabot azul, tratando de coger la carta.

— ¡Para nada!—soltó el medabot amarillo, levantando la carta por sobre su cabeza y alejando a Guy con la otra mano.

— ¡Vamos! Te la cambiaré si quieres, o puedes darme diez cartas tuyas y te traeré el dinero del reparto. ¡Lo prometo!

— ¡Olvídalo! Solo ganaría 25 yenes, ¡con esta me gano cien!

— ¿Y cómo lo sabes?—quiso saber el otro.

— ¡Chicos!—Akita intentó llamar su atención, con su rostro todo pintado de rojo.

—Pues porque ya repartí esta misma carta antes. ¿Crees que soy bobo?—siguió hablando Metabee sin hacer caso de la chica y luciendo la carta de los cien yenes.

Guy chasqueó los dedos y maldijo su mala suerte.

— ¡La próxima me tocará repartirla a mí!

— ¡Suerte con ello! Yo voy por mis doscientos yenes.

— ¡Bah! Yo la he repartido montones de veces antes—se defendió Guy.

— ¡Chicos!—volvió a insistir ella.

—Pues vete despidiendo, porque ahora me tocará repartirla a mí todas las veces—respondió el otro, apuntándose—. El amarillo es mi color de la suerte, ¿sabías?

Akita no aguantó más. Se golpeó la cabeza y luego se dirigió a la puerta, echando vapor.

— ¡Yo me largo!—exclamó, abriendo y cerrando la puerta de un fuerte golpe que casi arrancó la campanita de su lugar.

Esto bastó finalmente para atraer la atención, y todos los presentes se volvieron a ver por donde la chica se había marchado. Luego, todos se miraron entre ellos.

— ¿Qué le pasó?—preguntó el medabot azul.

—Estuvo intentando hacer que la escucharan, pero ambos la ignoraron—respondió Spot, el único espectador de aquella extraña escena.

— ¿Ah sí?—preguntó Metabee, extrañado.

Guy se recargó sobre el mesón con aire despreocupado.

—Estaba asustada, como siempre cuando esa carta aparece.

— ¿Ah sí?—volvió a repetir Metabee, confundiéndose aún más— ¿Y eso por qué?

—Pues porque es la carta del novio de Akita—respondió el otro, con una sonrisa expresada en los ojos amarillos.

Metabee se tardó cerca de un minuto en hacer aquella asociación de cosas. Ese medabot alado y negro de la última vez…

— ¡Cielos!—chilló de pronto— ¿Ese tipo tan temible es el novio de Akita? ¡Nunca lo hubiera imaginado!

—Ya lo ves…

—Son una pareja muy peculiar si puedo decirlo…—apuntó el escarabajo con una mano en su mentón, mientras hacía comparaciones.

—Yo creo que se complementan muy bien—comentó Guy—. Digo, nunca he hablado más de dos palabras con el sujeto, pero ya sabes eso de los polos opuestos y demás. Akita es muy ruidosa y alegre, seguro es lo que le falta a ese medabot oscuro…

— ¿Y por qué dices que Akita estaba asustada con la carta? Digo…—se puso a pensar—ella se la escribió después de todo, ¿no?

—Sí~ pero siempre se pone nerviosa cuando alguno de los otros chicos o yo vemos que es una carta suya para ese medabot. Supongo que le apena que sepamos que se escribe con alguien—terminó Guy, encogiéndose de hombros. Algo en todo aquello parecía divertirle mucho.

Metabee se quedó viendo la carta con cierta extrañeza. De pronto la voz del jefe los hizo dar un salto de su lugar y salir corriendo por la puerta.

— ¡Tendrían la amabilidad de ponerse a trabajar!


A Metabee le quedó rondando el asunto del novio de Akita toda la tarde mientras hacía su labor. Se distrajo pensando en ello y casi equivocó las entregas varias veces.

"Hoy Guy tendrá para divertirse con mi retraso…"—pensaba desanimado mientras calculaba que pasarían de las seis para cuando acabara de repartir las cartas que le quedaban.

Deslizó un sobre bajo la puerta ya que nadie contestó a su llamada y se despidió de los cinco yenes que no llegaron con aquella entrega. Se dio la vuelta y mientras se alejaba de la casa volvió a meter la mano en su bolsa, extrayendo "la carta de los cien yenes". La observó detenidamente un segundo.

—Me pregunto por qué si le apena tanto que sepan que se escribe con él, no va ella misma a dejar la carta en vez de depositarla en el buzón de la oficina de correos…

La situación le parecía un poco extraña. No era su problema, pero el medabot siempre había padecido de una insana curiosidad que lo llevaba a meterse donde no debía, algo que seguramente Arika le había contagiado a Ikki, e Ikki a su medabot. La única inmune a este efecto parecía ser Brass…

Se encogió de hombros y echó a correr rápidamente en dirección de la casa de tonos claros y camino de piedra, con el pequeño cerco de ladrillos. En cuanto pisó la entrada, la música le recibió de nuevo; la misma melodía de piano de la última vez. Esta vez sin embargo, una imagen se materializó en la cabeza del medabot: Akita cantando aquella triste canción del otro día. En aquella oportunidad la medabot había dado cierta entonación y ritmo a su letra, pero extrañamente esta melodía de piano parecía encajar nota a nota con las palabras que ella había cantado esa vez, casi como si la canción…

—La canción la hubieran compuesto para esa letra…o al revés—dedujo Metabee ladeando la cabeza, extrañado—; no sé cómo se hacen las canciones en realidad…

Llamó a la puerta y la música se detuvo. Nuevamente no escuchó pasos acercándose, pero igualmente la puerta se abrió y el medabot de antes estaba dibujado en las sombras del interior. Metabee extendió la carta.

—Residencia Kunisaki…—alcanzó a decir esta vez.

El medabot abrió y estiró su brazo, cogiendo la carta. Metabee alcanzó a notar que esta vez tenía otras piezas por brazos; unas con manos, no con lanza misiles como su diseño correspondía. Parecían las manos de un Espada Blanca; ligeras y sin armamento. El escarabajo se preguntó si estaría practicando su esgrima o algo.

El Fly Eagle desapareció adentro y regresó al poco, entregándole a Metabee una reluciente moneda de cien yenes. Las mejillas metálicas del cartero brillaron de emoción al recibir la moneda. El otro estuvo por cerrar después de agradecerle, pero Metabee se atrevió a preguntarle antes:

—Esa carta es muy importante para ti—dijo, deteniendo al medabot oscuro de cerrar la puerta.

El otro se quedó viéndolo pesadamente desde adentro, sin decir nada.

—Es por eso que me pagas tanto por traértela…—dedujo el escarabajo— ¿Verdad?

—Tal vez simplemente me sobran las monedas de cien yenes, entrometido—terminó el Fly Eagle cerrando la puerta de una vez.

A Metabee le quedó saltando un ocular por la irritación.

— ¡Kikikikikiki!—exclamó enfurecido y apuntado a la puerta— ¡No tenía intenciones de meterme en tus asuntos! ¡Amargado!

Se dio la vuelta, furibundo, y se alejó de allí. A los pocos pasos se dijo a sí mismo:

—En realidad…creo que este asunto no me incumbe en lo más mínimo, pero estoy empezando a tener la sospecha de que algo no encaja en todo esto…—miró por sobre su hombro la casa que dejaba atrás—algo aquí va mal…y quiero saber qué es.


No tenía idea de por dónde empezar.

Usualmente y cada vez que se enfrentaba a un problema o a alguna situación extraña, siempre se lo contaba a Ikki primero, pero esta vez su medaguerrero tenía sus propios asuntos que atender en el trabajo y estaba totalmente ausente de la situación. No quería preguntárselo a Akita y quedar como un metiche, y tampoco preguntarle a Guy porque todavía no estaba seguro de qué tenía que hacer para ordenar la maraña de cosas que se le estaban ocurriendo. Se decidió por lo más simple.

— ¿Podrías explicármelo de nuevo desde el principio, por favor?—pidió Brass con su amabilidad habitual y cierta confusión en su tono.

Metabee se quedó viéndola fija y seriamente. Luego agachó la cabeza y soltó un suspiro.

Después de acabar el trabajo ese día, "raptó" literalmente a Brass de la habitación de Arika, en donde la chica la tenía trabajando en su reportaje para el diario escolar del día siguiente, causando un alboroto y un desastre de papeles y fotografías, pero consiguiendo su objetivo. Todo un príncipe rescatando a la doncella atrapada por la bruja horrenda.

— ¡A quién llamas horrenda, medabot aprovechado!—exclamó la chica desde la ventana.

El escarabajo se llevó a su compañera a una plaza de juegos y ambos se encerraron en una pequeña casita de madera en donde apenas cabían ambos, muy apretados, pero nadie escucharía el asunto, que era lo importante. Metabee comenzó desde el principio otra vez:

—Mira; mi amiga del trabajo, Akita…

—La medabot Nervous Bird—aclaró ella para sí misma y no perder nada de información esta vez.

—Sí. Ella. Parece que tiene un novio. Es un tipo oscuro y amargado y…

— ¿El Lon Gun?

—No, no. Guy es el tipo simpático, mi otro compañero de trabajo.

—Ahh, comprendo. Pero él también es tu rival, ¿cierto?

—Sí, sí, pero eso no tiene importancia ahora—dijo, moviendo su mano—, el caso es que aparentemente Akita y este sujeto oscuro… tienen una relación.

— ¿Cuál es el problema?—quiso saber ella.

— ¡Ninguno! Digo…eso creo…es confuso—ladeó la cabeza—, es que tengo la impresión de que él de alguna forma la obliga a ser su novia…

— ¿Cómo llegaste a esa deducción?

—Pues…ahm…—Metabee movió la cabeza en ambas direcciones, tratando de explicar su teoría—Mira. Supongamos que…—se sonrojó y miró en otra dirección—supongamos que yo te obligara a ser mi novia.

—De acuerdo.

Metabee dio un respingo, todavía más sonrojado.

— ¿Qué…que, quieres ser mi novia?

—No, Metabee—explicó ella amable e inocentemente—, me refiero a que atiendo a lo que me estás explicando.

—Ah…de-de acuerdo. ¿En qué iba?

—En que quieres obligarme a ser tu novia.

— ¡No, no!—exclamó él, casi alarmado— ¡Es un ejemplo!

—Sí, Metabee; quieres obligarme a ser tu novia dentro del ejemplo: lo entiendo muy bien.

— ¡Ah!…Bien, así está mejor. Bueno, el caso es que quiero obligarte a ser mi novia…—se quedó viendo a Brass un segundo—dentro del ejemplo—volvió a mirarla, a lo que ella asintió—, y yo soy un medabot horrible.

— ¿Dentro de tu ejemplo?

— ¡Claro que dentro de mi ejemplo! ¿Qué?—exclamó de pronto y estirando el cuello— ¿Te parece que soy un medabot horrible en realidad?

—Sabes que no, Metabee. Solo pensé que de pronto te estabas declarando como un medabot horrible cuando en realidad no lo eres.

—Ah. Muy bien—volvió a asentir, sonrojado y muy satisfecho de escucharle a ella decir eso—. ¿En qué iba…? Ah sí. Soy un medabot horrible y te obligo a ser mi novia. Te obligo a que me escribas cartas porque de lo contrario volaría en pedacitos tu hermosa carcasa rosa y azul con mis misiles. ¿Me sigues?

—Por supuesto.

—Bien. ¿Cómo estarías tú respecto a eso?

—Pues…creo que estaría aterrada de tener que hacer algo por alguien que me amenaza con destruirme si no le complazco.

—Precisamente—asintió él con la cabeza.

—Pero creo que también me sentiría en parte aliviada de poder ayudar a alguien tan solitario y amargado a sobrellevar su soledad con cartas de amistad, aunque me obligue a escribirlas—dijo la medabot de pronto y sorprendiendo a Metabee—; supongo que con el tiempo acabaría escribiéndoselas por decisión propia más que por obligación o temor.

El escarabajo se quedó mudo y viendo a su compañera fijamente. Ella le devolvió la mirada fija, quedando ambos a escasos centímetros. Metabee se sonrojó sin querer. Brass no parecía sufrir de su problema con los espacios reducidos.

— ¿Lo dices en serio?—preguntó él sin creerlo.

—Por supuesto. Es maravilloso poder ayudar a las otras personas, más aún cuando puedes ofrecerles su amistad. No es difícil.

El medabot amarillo se recargó hacia atrás con los brazos cruzados sobre el pecho, pensando en lo que su compañera había dicho.

— ¿Tú crees que tal vez Akita le escribe a ese sujeto porque quiere ayudarlo…o realmente le tendrá miedo?

—No lo sé, Metabee—respondió ella amablemente—. Hay muchas posibilidades. Tal vez le escribe para poder ayudarle. Tal vez le escribe por temor. Tal vez le escribe porque realmente hay algo entre ellos.

—Es que…

—Te preocupa mucho Akita, ¿verdad?

El otro asintió con la cabeza, sus cañones rozando el techo de la pequeña casita de madera donde estaban metidos.

— Es muy buena chica…es amable, y simpática. En verdad no quisiera que un medabot tan huraño y desagradable como ese Fly Eagle la estuviera obligando a nada…

—Pero no sabes si él la está obligando, ¿o sí?

Metabee negó con la cabeza, sumido en sus propios pensamientos. Brass no recordaba haberlo visto así antes, por lo que le pareció obvio que estimaba mucho a su nueva amiga.

—Creo que lo mejor sería que se lo preguntaras…

—No quiero que crea que soy un entrometido…

—Bueno…-Brass no sabía como decírselo sin que él se ofendiera—solo dile que estás preocupado por ella y por el asunto. Después de todo, no tiene nada de malo que los amigos se preocupen por otros y quieran ayudarles.

Al escarabajo amarillo se le iluminó la cara con esto. Claro, Brass tenía toda la razón. Él podía averiguar cosas para intentar ayudar a Akita en caso de que lo que ocurría fuese realmente como él lo estaba imaginando. Después de todo, lo estaba haciendo con la mejor intención, o así lo había entendido él.

— ¡Gracias, Brass!—exclamó, dando un salto en su sitio y golpeándose con el techo a dos centímetros por arriba de sus cañones. Se sostuvo la cabeza con ambas manos y luego sostuvo las manos de Brass—Eres la mejor.

Acto seguido y sin esperar respuesta, el medabot chocó despacio su frente con la de ella en un acto reflejo por expresarle gratitud, se volvió y salió corriendo por la estrecha puerta. Tenía mucho que hacer y averiguar para resolver cuanto antes la extraña situación que involucraba a su nueva amiga voladora.

"Nadie se mete con los amigos de Metabee y sale ileso"


Al día siguiente y al llegar al trabajo, Metabee empezó por disculparse con Akita por haberla ignorado el día anterior cuando ella había demandado un poco de atención por el asunto de la carta. Ella aceptó distraídamente sus disculpas mientras iba ordenando las cartas que le tocaba repartir.

—Entonces…—dijo él mirando al suelo— ¿Estaría bien si tenemos otro karaoke hoy para terminar de arreglar el asunto?

La medabot dejó de ordenar cartas en el acto y se lo quedó viendo fijamente. Luego soltó una exclamación y le dio un abrazo.

— ¡Seguro! ¡Va a ser muy divertido!—dijo emocionada. El medabot hizo un acierto proponiéndole otro karaoke, imaginando que no habría nada que divirtiera más a una cantante aficionada que cantar y hacerse oír.

—Oye, Guy—llamó metabee a su compañero de trabajo— ¿Quisieras venir también?

—Claro—respondió el otro desinteresadamente— ¿Por qué no?

— ¡Bieeeen!—chilló la medabot, con su emoción incrementando— ¡Va a ser genial!

Acabó de ordenar sus cartas en un santiamén y salió despedida del lugar. Spot se la quedó viendo desaparecer con la mano en alto.

—No acabes más rápido o te vas a aburrir esperando…—había sido el consejo que el hombre había intentado darle inútilmente.

Los dos medabots que quedaron adentro acabaron de repartirse y ordenar las cartas, se despidieron de su jefe y salieron a sus labores. Ese día no hubo "cartas de cien yenes" para repartir, pero no fue problema para metabee. Tenía planes que llevar acabo después de la sesión de karaoke.

Esa tarde y con el sol convertido en un gran foco a espaldas de Akita, la medabot cantó con todas sus ganas y sus mejores notas para sus dos espectadores, quienes la aplaudieron y felicitaron por su buen trabajo.

—Hay que ver lo mucho que has progresado en estos meses, Akita—la felicitó Guy con cierto tono divertido.

— ¡No exageres!—exclamó ella apenada, sabiendo a lo que se refería.

—Sí, sí. La hubieras escuchado cantar hace un tiempo, Metabee—dijo el medabot azul, dirigiéndose a su compañero a un lado—; cantaba como un cuervo o un perico malhumorado.

— ¡C-callate, Guy!—exclamó la chica, avergonzada y tratando de hacer callar a su amigo con aletazos.

Metabee y Guy se largaron a reír, pero después fue el turno de Akita de reírse de sus intentos fallidos al intentar alcanzar notas demasiado altas, o bajas. O notas decentes…

—Bueno, chicos—comenzó a despedirse el escarabajo, cuando ya no quedaba mucha luz—, si no estoy en casa antes de las siete, mi medaguerrero hará una pataleta, y la verdad es que no me agrada mucho cuando se pone de mal humor—mintió con ambas manos detrás de la cabeza y mirando al cielo.

—No hay problema. Yo ya pensaba en irme también; Whon me espera para una partida de videojuegos—dijo Guy a su vez, recordando que había un reto pendiente de videojuegos con su medaguerrero.

—Es todo por hoy entonces—siguió Akita a su vez, enrollando el cable del micrófono con sus dos amigos ayudándole a regresar los altavoces al interior del edificio.

Ella los ayudó a regresar al suelo; luego los tres amigos se despidieron y tomaron distintas rutas. Metabee caminó un par de calles por lo que debía ser su ruta a casa, pero en cuanto estuvo seguro de que los otros dos medabots ya estaban de camino a sus hogares, cambió su curso y echó a caminar directo hacia Koenji 215.

En cuanto estuvo en el lugar ya estaba oscuro y había luces encendidas al interior de la casa. Se acercó con cautela listo para uno de sus trabajos de espionaje secreto. Se movió hasta la casa usando los arbustos y botes de basura para pasar desapercibido. Luego revisó que no hubiera nadie mirando desde ninguna parte antes de acceder al pequeño jardín. Obviamente no iba a espiar desde el frente de la casa, por lo que se movió hacia el pequeño pasaje que quedaba entre ambas casas y buscó algo a lo que aferrarse para trepar. Hay que decir que dicho pasaje, apretado y oscuro entre los muros de ambas casas, estaba algo húmedo y crecían allí misteriosas plantas que el medabot nunca había visto, pero no le fue difícil reconocer una enredadera trepando fuertemente aferrada a los ladrillos y llegando casi hasta el techo del lugar.

"Perfecto"

Metabee se jactó de su buena suerte y con cuidado de no hacer mucho ruido comenzó a trepar. La enredadera era joven y fuerte, y sostuvo sin problemas a metabee hasta que el medabot pudo afirmarse del marco de la ventana del segundo piso, ventana por la cual salía luz. Se asomó para ver qué había: se trataba de una habitación espaciosa, con una cama grande apegada a una de las paredes, con dos ventanas a cada lado (una por donde espiaba él), un guardarropa enorme que abarcaba toda una pared, una mesa con su silla, y muchos baúles pequeños esparcidos por toda la habitación. Lo que más llamó la atención del pequeño robot fue lo anticuado del sitio. Todo parecía exportado directamente desde el siglo pasado. No había nada más del interés de metabee, por lo que se dispuso a bajar e intentar por otra ventana. No hubo ni empezado a acomodarse para el descenso cuando la puerta de la habitación se abrió y el escarabajo se agachó para evitar ser visto.

"¡Ahá!"

El medabot oscuro entró precisamente al lugar, se arrodilló junto a los baúles y puso algunos pequeños encima de otros grandes. Luego los levantó en brazos y salió de la habitación nuevamente.

"Bueno. No fue eso lo que esperaba. Supongo que estará ayudando a su medaguerrero a hacer alguna clase de limpieza"

Metabee se quedó en su lugar varios minutos, solo para comprobar su teoría: el Fly Eagle reapareció varias veces para llevarse baúles hacia lo que metabee supuso, sería el primer nivel. Estuvo indeciso entre quedarse allí o ir a averiguar por otra ventana, hasta que el medabot oscuro finalmente entró una última vez para llevarse el baúl que quedaba y salió de la habitación apagando la luz y cerrando la puerta.

"Bien…hora de buscarse otra ventana"

En lo que el escarabajo amarillo descendía y buscaba su siguiente punto de observación, escuchó la misma voz femenina de la primera vez a través de las paredes de la vieja casa. Supuso que el Fly Eagle le respondería con algo, pero o el tipo le ignoró o simplemente hablaba muy bajo. Metabee prestó atención para ver si descubría algo, pero pasados varios segundos lo único que se escuchó al interior de la casa fue un sonido familiar.

—Es esa música otra vez—se dijo el medabot en voz baja al reconocer el piano y las mismas notas de antes—. Y lo más extraño es que esas notas coinciden perfectamente con la canción de Akita. Me pregunto si es una canción común de ambos o tengo que pasar más tiempo escuchando radio…

Porque metabee desconocía totalmente la canción. Se dio una vuelta completa alrededor de la casa, pero lo más cerca que estuvo de captar algo fue desde la ventana abierta de la cocina. Lo único que se escuchaba era la melodía del piano, y metabee tuvo que esperar largos minutos antes de que acabara la canción para enterarse de lo siguiente:

—Tan bonito como siempre, Ringo.

—Gracias, Martha.

— ¿Cómo va esa canción nueva que me mencionaste el otro día?

—No muy bien. Aún no estoy seguro de cómo continuarla.

—No te preocupes; sé que lo harás bien. Solo tienes que buscar muy dentro de tu corazón para encontrar las notas adecuadas.

"Los medabots no tenemos corazón, señora"—pensó metabee.

—Martha; ya te he dicho que los medabots no tenemos corazón—dijo él. Metabee asintió con la cabeza.

—Yo no me creo esos disparates; claro que tienen corazón. Tal vez no un órgano como los humanos, pero sí tienen un alma igual que nosotros.

—No digas esas cosas delante de alguien o te tomarán por loca.

—Nada de nada. ¿Cómo si no habrías compuesto una canción tan bonita?

Esto dejó a metabee helado. Con la mente en blanco, trató de prestar atención a lo que decían adentro:

—Tus amigos dicen que es muy melancólica…

—Es una canción muy bella. No hagas caso de lo que dicen las otras personas. A ti te gusta, ¿verdad?

—Pues sí…pero no creo que la haya compuesto como los músicos hacen. Más bien la recordé.

—Seguramente estaba dormida dentro de tu alma y comenzó a sonar un día.

—Ya te dije que los medabots no tenemos tales cosas…

— ¡Eres un medabot muy testarudo!

La mujer se echó a reír, y por su risa rasposa metabee pudo deducir que se trataba de una mujer mayor. No lo había notado la última vez que la había escuchado hablar, pero apenas se dio cuenta de esto cuando estuvo en casa. Mientras permaneció agazapado bajo la ventana de la cocina, su cabeza retumbaba con preguntas que iban y venían:

"¿Qué recordó la canción? ¿Cómo es que…Akita la conoce también…?"


— ¿Qué estuviste espiando?—exclamó la medabot, levantando la voz como nunca la pasaba.

Metabee cubrió su salida vocal con ambas manos, luego se llevó un dedo al rostro en un gesto que decía:

— ¡SShhhh! ¡No es necesario que se entere todo el vecindario, Brass!

— ¡Pero metabee! ¡No puedes ir espiando las conversaciones en la casa de las otras personas!—dijo ella alarmada y cubriendo su rostro con ambas manos.

— ¿Qué tiene de malo? Solo lo hago para ayudar a Akita.

—Pero esa no es la forma.

—No pasa nada. No me vieron y tampoco se van a enterar—dijo él despreocupadamente.

Brass soltó un suspiro y negó con la cabeza.

—Deja de meterte en problemas, metabee.

El aludido solo se echó hacia atrás en el asiento con las manos tras la cabeza, casi saboreando el hecho de que Brass se preocupaba tanto por él. Miró arriba el árbol que les daba sombra en aquel día tan soleado, con ellos sentados en uno de los muchos asientos libres que había en la plaza aquel día.

—Ahora tengo que averiguar cómo es que Akita también conoce esa canción—dijo mientras sacaba más conclusiones—. Si dice que ese tal Ringo se la enseñó, es posible que ella la interprete con tanta tristeza precisamente porque él la obliga a ser su novia, y eso la deprime.

— ¿Y si la aprendió porque ella quiso?—preguntó su compañera a su lado.

—Ahm…no lo sé…supongo que le gustará ser su novia y todo esto habrá sido para nada.

—Insisto en que sería más fácil si trataras el asunto directamente con ella.

—Oh, vamos. Ya me queda muy poco, y no ha sido tan difícil. Cuando me asegure de que nada malo le pasa a Akita, dejaré de lado este asunto.

— ¿Lo prometes?—preguntó Brass esperanzada.

Metabee se volvió a verla atraído por el tono de su voz preocupado y sus ojos fijos en él. Se quedaron viendo unos segundos. Luego él asintió con la cabeza.

—Lo prometo.

Pero las cosas no serían tan fáciles como metabee suponía.

Aquella misma noche volvió a tener un último sueño, y fue tan revelador y perturbador, que el medabot casi llegó tarde al trabajo por quedarse ensimismado pensando en lo soñado. Salió corriendo de casa y llegó con dos minutos de retraso a la pequeña central de correos. Para esa hora el sueño ya se le había olvidado por completo. Su jefe por suerte, era muy carismático como para reprocharlo por los dos minutos.

—En verdad lo siento, viejo—se disculpó por tercera vez mientras Spot le entregaba su fajo de cartas.

—Te digo que no pasa nada, metabee—le tranquilizaba él—, solo trata de que no se repita ni se siga extendiendo a más minutos. Recién entonces podrías tener problemas.

—Sí—dijo Guy a su lado, quien ya ordenaba las cartas que le habían entregado—, no es que seas un Nervous Bird para entregar cartas tan rápido y puedas darte el lujo de llegar atrasado—dijo irónicamente mientras miraba el reloj en la pared.

La aludida aún no aparecía, y aparentemente había retomado su hábito de llegar tarde. Los tres sujetos adentro miraron al reloj unos segundos, casi extrañando el ruido nocivo y los portazos en la puerta con los que la chica llegaba saludando todos los días desde que Metabee llegara. Se le había pasado la emoción, supusieron.

—Woow…—soltó metabee sin querer.

En sus manos apareció la carta de los cien yenes. Sus ojos resplandecieron primero ante la emoción, pero esta se le barrió de un soplido cuando una idea fugaz cruzó por su cabeza. Guy se despidió sin advertir la carta y salió de la central. Estático en su lugar, metabee tardó varios segundos en ordenar sus ideas y luego salir disparado detrás de su compañero para alcanzarlo a mitad de cuadra.

—Mira—le dijo, enseñándole la carta.

Guy solo tardó unos segundos en leer la dirección para que sus ojos se abrieran de la impresión.

— ¿Quieres que la entregue por ti?—preguntó emocionado.

—Claro que no. Quiero que me ayudes a averiguar algo.

— ¿Qué cosa?—preguntó el otro con curiosidad.

Ambos se alejaron algunas cuadras hasta llegar a un callejón cualquiera en el que se escondieron. Metabee procedió a explicar, no sin darse muchas vueltas, todo su plan para desenmascarar el romance impuesto por el Fly Eagle. Guy escuchó primero con atención, luego con mucha confusión.

— ¿Y en qué rayos quieres que te ayude? No quiero meterme en líos amorosos, menos cuando se trata de Akita—explicó sobrecogiéndose un poco—; no tienes idea de lo fuerte que golpea cuando se enfurece.

—Si consigo averiguar que ese medabot la está obligando, podríamos…no sé, ayudar a Akita y darle valor para que se despegue de él y deje de ser su novia por obligación.

El medabot azul ladeó la cabeza.

—Supongo que está bien para mí…

— ¡Gracias, viejo!

— ¿Y qué quieres que haga?

Metabee levantó el sobre de los cien yenes a la altura de su cara. Guy y él se quedaron viendo largos segundos antes de que el otro cayera en cuenta y retrocediera espantado hasta la pared de atrás.

— ¡NO!—exclamó sacudiendo la cabeza— ¡No, no, nonononono! ¿Estás loco? ¿No recuerdas las reglas de la empresa?

—"La correspondencia es sagrada"—dijeron ambos al unísono.

—Ya lo sé—dijo metabee mirando en cualquier dirección—, pero solo será esta vez, y es por una buena razón…—soltó, tratando de sonar convincente.

— ¡No quiero perder mi empleo!—chilló Guy.

—Ni yo. Por eso vamos a mantenerlo en secreto—miró el otro, que no estaba para nada convencido con el asunto—. Oh vamos, Guy. Lo estamos haciendo por Akita. Por nuestra amiga, ¿recuerdas? Tal vez ese medabot es hasta cruel con ella. Hay que alejarla de él.

El otro soltó un suspiro y accedió finalmente. Metabee cerró su puño emocionado.

—Ahora…—miró el sobre— ¿Cómo abrimos esta cosa y la entregamos después?

—Es fácil—respondió su compañero cogiendo la carta— ¿No sabes como se abren las cartas?

Minutos luego y en una cafetería del centro de la ciudad, varios comensales observaban extrañados como dos medabots se sentaban ante una mesa y pedían dos cafés hirviendo, remarcando al mozo que por favor estuvieran muy calientes. Cuando el hombre regresó con los pedidos y los puso sobre la mesa, Guy juntó ambas tazas humeantes y sostenía el sobre arriba de ellas. Pasaron largos segundos antes de que lentamente la cubierta del sobre comenzara a despegarse y abrirse, para asombro de metabee.

— ¡Genial!—escucharon las personas allí reunidas, volviéndose a mirar al peculiar dúo.

—Ahora falta el otro…

Guy repitió el proceso y se abrió el segundo sobre. Luego, ambos medabots juntaron algunas monedas extraviadas en los bolsos con las cartas y salieron despedidos del local, con ambos cafés sobre la mesa completamente intactos.


—Ya tienes tu carta—dijo Guy entregándole a metabee los sobres abiertos.

El escarabajo amarillo tembló un poco al recibirla, pues era la primera vez que leía una carta ajena, y la ansiedad de saberse haciendo algo incorrecto lo puso muy nervioso. Abrió el papel doblado en dos y ambos medabots chocaron la cabeza para mirar lo que había allí escrito:

"Me gustaría mucho poder escuchar esa canción de la que tanto me has hablado algún día, pero temo que los asuntos de mi medaguerrera y el trabajo me tienen muy ocupada. Sin embargo, te prometo que en cuanto se de la oportunidad te escribiré para que nos veamos. Espero entonces poder cantar también para ti, como me pediste que hiciera. ¿Quién sabe? Tal vez algún día compongamos algo juntos y seamos un dúo de músicos medabots. ¡Los primeros en la historia! ¿Verdad que sería fabuloso?

Espero que Martha se esté sintiendo mejor. Cuídala bien que se acerca el invierno.

Akita."

Guy se echó hacia atrás y se cruzó de brazos, pensando. Por su parte, metabee sentía que se caía en pedacitos al suelo.

—Ella…—tartamudeó—ella parece llevarse muy bien con él…

—Pero creo que todavía no se han visto…o lo han hecho muy pocas veces—dijo con cierto tono aliviado.

Metabee se quedó viéndolo con mucha preocupación y la carta entre sus manos.

— ¿Cómo la cerramos ahora?—preguntó. Guy lo miró con extrañeza—E-es que yo no tengo lengua, viejo, ¿tu tienes?

Ambos amigos se quedaron viendo y luego miraron los sobres. Había otro inconveniente: al humedecer los papeles, estos habían adquirido la forma típica del papel cuando está mojado, doblado y curvo. Sería bastante evidente que la habían abierto. Metabee comenzó a despedirse de su trabajo.

—La dirección y el nombre—dijo Guy—están escritos a máquina, ¿no es así?

El escarabajo amarillo asintió, revisando de nuevo los dos sobres. Guy levantó un dedo.

—Pues es fácil; consigamos otro par de sobres idénticos y escribamos la dirección y el nombre. No se darán cuenta.

—Bien pensado, Guy—le felicitó metabee—. Qué bueno que estabas aquí porque no se me habría ocurrido—suspiró aliviado, pensando que podría conservar su trabajo de cartero por algunos meses.

Metabee le entregó la carta a Guy, quien le aseguró que conseguiría pronto los sobres y haría el cambio, con una condición por supuesto.

—Esta vez la carta la entrego yo—dijo. El plan para evitar que se notara el engaño había sido idea suya después de todo.

A metabee no le quedó más que aceptar y esperar a que apareciera otra carta de cien yenes para él algún otro día… Los dos amigos se despidieron y separaron para hacer cuanto antes sus entregas. Ya habían perdido un buen tiempo haciendo sus averiguaciones.

Nada más ocurrió aquella tarde, hasta que nuestro personaje regresó por fin a la central casi a las siete, después de terminar de entregar el resto de la correspondencia. Guy y Akita ya se encontraban allí, conversando sobre algo de lo que metabee no se enteró.

—Hola, metabee—le saludó ella con la mano y su ánimo siempre alegre— ¿Qué tal te fue?

—Ah...pues…bien…—respondió el medabot tratando de no sonar muy falso o nervioso por lo ocurrido; aún seguía sintiéndose culpable de haber mirado la correspondencia de Akita y haber sospechado tanto del otro sujeto ese.

—Casi has llegado tarde—dijo la medabot moviendo la cabeza— ¿Quieren ir a otra sesión de karaoke?—preguntó emocionada y levantando los brazos.

Los dos amigos se miraron sintiéndose algo culpables, pero antes de que ninguno dijera nada, la puerta de la central se abrió con la campanita golpeándose violentamente y un sonido sordo al golpearse la puerta también. Todos se volvieron a ver y se sorprendieron hasta el mutismo de ver a quien había aparecido.

El Fly Eagle parecía furioso. Apenas entró divisó a quien había venido a buscar, en un segundo cubrió el espacio desde la puerta hasta él, y envió un puñetazo tan fuerte a metabee que el escarabajo salió arrastrado hasta golpearse con el mesón más atrás. Guy y Akita exclamaron a la vez por la sorpresa de aquel movimiento.

— ¡Ringo! —exclamó ella con sus dos puños cerrados— ¿Por qué hiciste eso?

— ¡Oye, viejo!—soltó metabee a su vez, poniéndose de pie— ¿Cuál rayos es tu problema?

— ¡Tú eres mi problema!—exclamó el medabot negro apuntándole. Luego levantó su otra mano en donde traía unos papeles—Desde esa vez que me preguntaste por la carta me pareciste muy sospechoso, pero no imaginé que serías tan entrometido como para hacer estas cosas.

— ¿De qué rayos me estás hablando?—preguntó el medabot amarillo. Por un momento pensó que el otro se habría dado cuenta del cambio de los sobres, pero era imposible determinar la diferencia de dos sobres idénticos ¿o sí?

—Ringo—volvió a llamarle Akita, poniéndose entre medio de ambos— ¿Por qué golpeaste a mi amigo? ¡Discúlpate con él ahora!—demandó muy entristecida.

Ringo levantó los papeles a la altura de su cara y se los extendió. La medabot no comprendía de qué se trataba aquello.

—Si tú escribiste esto, Akita, entonces me disculparé con él.

Ella estiró sus manos y cogió la carta y los sobres. Leyó el par de líneas que había allí y ahogó una exclamación:

"Ya no quiero saber nada de ti, ni de tus canciones, ni volver a tener nada que ver contigo. Me das miedo, ¡no vuelvas a escribirme nunca!

Akita"

Akita arrugó los papeles y sacudió la cabeza.

— ¡Yo no escribí esto!

—Eso pensé—dijo el ave oscura volviéndose a ver a metabee. Akita lo imitó y se giró hacia él—. Este sujeto que dice ser amigo tuyo ha demostrado mucho interés por mi correspondencia últimamente, y me gustaría que explicara ahora mismo porqué demonios ha hecho todo esto.

— ¿Qué?—soltó metabee sin creérselo— ¡Yo no escribí eso!

— ¡Eres el único que se ha metido en el asunto de mis cartas con Akita!—rugió Ringo perdiendo la paciencia— Además, al salir de casa encontré tus huellas en el jardín, por lo que me resulta obvio que querías estar metido en todo esto.

—Mira, viejo—soltó el acusado con ambas manos abiertas—, te voy a ser honesto, y también a ti, Akita: desde esa vez que mencionaron que tú y ella eran novios, me preocupé un poco por…

— ¡Novios!—exclamó la chica, cubriéndose el rostro avergonzado— ¡Ringo y yo no somos novios! ¡Somos amigos!

—Bueeeno…por aquí se creía que eran novios…y pues, considerando el carácter tan oscuro y misterioso de este sujeto—dijo metabee, apuntando al ave atrás—, me preocupé por ti Akita; no me parecía normal que una chica tan amable y dulce como tú se viera con alguien tan tenebroso.

— ¿Tenebroso?—repitió Ringo atrás con cierta incredulidad.

—Sí, viejo, tienes un aire que da miedo, aunque no te des cuenta de ello. Imaginé que la estarías forzando a que fuera tu novia o algo…y sí—le cortó metabee a Ringo antes de que dijera nada—, me equivoqué. Lo admito, saqué conclusiones muy apresuradas y no debí hacerlo. Aún más cuando abrí la carta…

— ¡Entonces reconoces que lo hiciste!—objetó el Fly Eagle apuntándole.

—Viejo, leí la carta ¡pero no escribí nada a nadie! ¿Por qué rayos escribiría eso si ustedes dos se están llevando bien?

— ¿Quién entonces…?—preguntó Akita confundiéndose.

A metabee no le tardó mucho darse cuenta de ello. Volvió la cabeza hacia el único presente que no había abierto la boca en todo el momento.

—Guy…—habló despacio y confundido—Tú pusiste eso en ese sobre… Tú te llevaste la carta de Akita para conseguir sobres nuevos y luego la fuiste a dejar… ¿no es así?

El Lon Gun que había estado observando silenciosamente la escena pegado a la pared reaccionó y se volvió a ver a metabee. Luego observó a los otros dos medabots y cerró su puño, golpeándolo contra la pared atrás.

—Así es—reconoció con un cierto gesto furioso en su mirada—. Yo lo hice.

Akita negó con la cabeza sin comprender nada.

— ¿Por qué lo hiciste, Guy…?

—Oh, viejo—soltó metabee, golpeándose la frente—. No me digas que estás enamorado de Akita y por eso querías separarla de Ringo.

—No. No estoy enamorado de Akita—respondió Guy—. Pero sí…quería separarla de Ringo a como diera lugar.

— ¿Por qué?—rugió el medabot negro acercándose amenazadoramente.

Guy se encogió un poco contra la pared, pero se obligó a estar fuerte y hacerle frente. Algo en Ringo parecía intimidarle muchísimo.

— ¿Por qué, Guy?—volvió preguntó metabee tan desconcertado como los otros—Creí que Akita era nuestra amiga…

— ¡Akita es mi amiga!—estalló Guy cerrando ambos puños— Pero cuando está con él—apuntó a Ringo con su mano temblando—, se convierte en mi torturadora. ¿Por qué querría que mis torturadores estuvieran juntos de nuevo para hacerme daño?—exclamó con una mezcla de furia y temor en la voz.

La medabot retrocedió sin poder comprender nada. Ringo se quedó viendo al medabot azul, pero parecía distraído pensando en otra cosa. Metabee por su parte, salía de un shock para entrar en otro. Todas las cosas que había soñado acudieron de pronto a su cabeza y amenazaron con aturdirlo.

El coronel Auto atrapó a un infiltrado en la base seis; conserva esto como información confidencial y pide sus indicaciones...

Encárguense de ese espía—respondió él—. Quiero toda la información que puedan sacarle…

— ¡Tú eras ese medabot!—exclamó Ringo de pronto, saliendo del trance de sus profundos pensamientos.

Guy retrocedió espantado y cerrando los ojos. Metabee sintió que sus sistemas comenzaban a fallarle. Todos ellos.

—Tú eras ese espía…tú eras…oh, rayos…

Continuará...