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Viernes 13, octubre de 1989

El timbre sonó, se escuchó muy a lo lejos, con la música a todo volumen, los gritos, la gente moviéndose de un lado a otro. Hay que decirlo, la fiesta se había salido un poco de control, un poco… bastante. Lo que empezó como una reunión de algunos amigos de la universidad, acabó como la fiesta de la década en la casa al final de la calle Gold Lake en Northampton, la casa de los Stefanes.

Es más, en la estación de radio local habían anunciado la fiesta.

De ser sólo ocho en la casa, acabaron siendo más de una treintena.

Don't leave me this way,
No i can't survive
I can't stay alive without your love baby,
Don't leave me this wayAhhh, baby! my heart is full of love and desire for you
So com'on down and do what you got to do
You started this fire down in my soul
Now can't you see it's burning out of control
So com'on, satisfy the need in me
'cause only your good lovin' can set me free(1)

Kanon contemplaba el porro de hierba que tenía entre los dedos, estaba metido en el baño mientras la ruidosa fiesta seguía escaleras abajo, estaba con la mano asomada por la ventana mientras el humo se filtraba por boca y nariz: el estado de relajación era total.

Hasta que fue consciente de que eso ya había pasado…

La fiesta en la casa, el timbre que sonaba… ¡Era otra vez la misma situación!

Observó el baño como si lo reconociera por primera vez, el porro resbaló de sus labios y fue a caer al WC, se precipitó hacia el calendario que tenían colgado tras la puerta, en efecto: de alguna manera bizarra había regresado al mismo día, al viernes 13 de octubre de 1989…

—No es posible… —farfulló.

El timbre… otra vez el timbre, y nadie abría, parecía que todos estaban muy ocupados divirtiéndose y embriagándose.

—Saga… entonces… he regresado en el tiempo al mismo día, antes de que… ¡Él maldito está vivo! —se dijo a sí mismo como si aquella fuese la verdad de todos los tiempos.

Salió corriendo escaleras abajo, empujó a alguien de camino, pero no supo de quién se trataba, tal vez alguien de la universidad… y sí… Saga estaba en la mesa jugando cartas, bebiendo y fumando…

Se le quedó mirando atónito, su hermano gemelo al sentir la insistencia de sus ojos azules se volvió y le hizo una seña obscena, luego rio.

—Entonces… podría evitar que sucediera ¡Claro! —pensó muy alegre mientras iba hacia la puerta y abría de par en par.

Ahí estaba… el anciano con traje de pajarita, con su ojo normal y su ojo con catarata, con la piel sebosa del cráneo refulgente, frunció el ceño con asco.

—¿Qué es lo que desea?

—Es probable que suceda —dijo esa única sentencia y luego, como el día anterior, que era exactamente el mismo día que ese… se fue, se fue en su andar nervioso, volviendo la cabeza a menudo, verificando si Kanon seguía en la puerta.

Un cosquilleo en la mejilla, un mal presentimiento… o los síntomas de una futura parálisis facial.

Cerró la puerta ignorando al anciano siniestro.

La casa estaba vacía, a oscuras… ¡Otra vez!

—No puede ser… ¡No! —se lamentó empezando a enfurecer.

—¿Qué pasa? —preguntó la voz siempre conocida.

—¿Saga? ¿Eres tú? —no veía nada por más que aguzaba la vista.

—Pues claro que soy yo, idiota, ¿quién más? —contestó con su siempre burlón tono de voz para con él.

Una lámpara le iluminó el rostro dejándolo ciego, trato de protegerse un poco de la luz con la mano, después Saga apuntó la lámpara a sí mismo por debajo de la barbilla, iluminando su rostro de una manera tenebrosa, estaba sonriendo, pero algo en su sonrisa parecía retorcido.

—La fiesta… —murmuró.

—Hace horas que terminó.

—¿Terminó?

—Sí… estamos solos en la casa, ¿no recuerdas?

—No, tocaron la puerta y…

—Shhh… —le dijo llevándose el dedo a los labios y luego se acercó a él, peligrosamente cerca, lo contemplaba, era como verse a sí mismo al espejo.

Pero sus ojos azules… estaban completamente derramados, llenos de venas, en tonos rojizos.

—¿Qué te pasó…?

—Shhh…

Se le abalanzó encima, cubrió la boca con sus labios, tratando de separarlos para acariciar su lengua.

Kanon asqueado trató de liberarse sin conseguir mucho.

Su aliento sabía a podredumbre, a algo imposible de describir.

Pronto se encontraron peleando, como cuando eran adolescentes, cayó al piso con el peso de su hermano encima, el golpe en la cabeza bastó para aturdirlo, al tratar de esquivar los besos incestuosos e insalubres de su hermano vio el piso sucio y polvoriento, estaban en el sótano.

—¿Cómo es posible?

—Shhh…

En aquella batalla cuerpo a cuerpo, en medio de su confusión, muy pronto la camiseta de los Rolling Stones quedó hecha trizas, las fuerzas le estaban faltando, algo le pasaba a su cuerpo que no le respondía.

La ferocidad con la que luchaba muy pronto se vio menguada por un fuerte deseo, por una rara sensación de excitación ante el aliento asqueroso de su gemelo y sus caricias lúbricas.

Los cabellos de su hermano acariciaban su pecho desnudo mientras los labios mordían uno de sus pezones.

—No… espera… ¡Detente! —le rogó confundido.

—Shhh… —contestó de nuevo.

Un agudo dolor le recorrió todo el cuerpo, gritó, estaba seguro de haber gritado con todas sus fuerzas…

Al bajar la vista, Saga estaba riendo, carcajeándose, con sangre en la boca, sangre fresca y roja que escurría de los labios mezclada con saliva… chorreaba en medio de sus guturales risas, como un perro rabioso… mientras el pedazo de lo que fuera uno de sus pezones colgaba flácido, sostenido a penas por un pedazo fino de piel.

La sangre manaba de la herida y bañaba lentamente los girones de tela.

La adrenalina de saberse en peligro le hizo recuperar las fuerzas, se arrastró por un lado, y mientras reptaba por el sucio piso Saga le tomó por los tobillos, lo jaló de nueva cuenta, Kanon en su desesperación pudo asir algo que estaba tirado, era un cuchillo de la cocina… el cuchillo dentado y largo que solían ocupar para el pavo en Navidad…

Cuando su hermano se precipito de nuevo encima de él, Kanon tomó el cuchillo y lo hirió…

Lo había herido en el vientre, un corte largo y preciso, horizontal.

Saga aulló de dolor y se levantó con una mano cubriendo la herida.

Aprovechó ese instante para alejarse, se pudo levantar trabajosamente, jadeaba tratando de respirar, pero el dolor en el pecho lo estaba masacrando, volteó hacia su hermano y le vio con aquella sonrisa barbárica en el rostro manchado de sangre.

Se tambaleaba…

Saga dejó de cubrir la herida en su abdomen, se llevó el dedo a los labios…

—Shhh… —dijo riendo.

Y cuando sus risas se volvieron incontrolables, la herida se abrió… se abrió como un cierre en su cuerpo, palmo a palmo, por el esfuerzo… regando en el piso las vísceras de su interior… como si su propio cuerpo escupiera los órganos… el intestino estaba desparramado y colgante, casi una serpentina decorativa que salía de su abdomen…

Gritó, gritó horrorizado… y Saga seguía riendo mientras se vaciaba en el sucio piso del sótano…

Una tos profunda le hizo abrir los ojos, se estaba ahogando con su propia saliva, jalaba aire tratando de llenar los pulmones para volver a toser y tratar de respirar…

El corazón se le iba a salir del pecho.

El terror de lo que había soñado aún lo tenía preso, desconcertado…

Percibió algo húmedo en los pies…

—Pero qué…

Jaló las cobijas y las hizo a un lado para descubrir los pies, entonces empezó a patear presa del pánico… trataba de liberarse pero no podía… a sus pies estaban los restos de lo que parecían intestinos humanos… sabía a quién pertenecían…

(1)La canción que escuchan es Don't leave me this way, cover realizado por Communards, incluido en el álbum Communards, 1986.