Ni El Señor de los Añillos ni Tomb Raider me pertenecen.
Bueno, aquí va el primer capítulo.
CAPÍTULO 1- LOS HOBBITS Y TOM BOMBADIL
Arrastrarse por el oscuro túnel fue más fácil de lo que Lara había previsto inicialmente. El corredor estaba más o menos aplanado y las paredes no eran tan estrechas como podían parecer al principio. No supo cuánto tiempo estuvo caminando pero finalmente llegó hasta una especie de cámara circular llena de joyas, oro y armas, cada cual más hermosa. Justo a un lado, encima de lo que parecía un altar, se encontraba un arco magníficamente tallado con tres flechas y, aunque pareciera completamente imposible, su piolet. Se colgó el piolet del cinturón y cogió el arco y las flechas, pues si el hombre que la había llevado allí aparecía debía tener algo con lo que protegerse, aunque le repugnara la idea de matar a otro ser humano.
Avanzó por aquella especie de cámara circular, lentamente, en silencio, hasta que volvió escuchar la voz que cantaba. La melodía no había cambiado, y tampoco podía entender la letra, pero en el momento en el que la canción penetró en su ser su cuerpo se congeló como si de magia se tratara. Aterrada intentó buscar el origen de aquella macabra voz, a un lado de la cámara pudo ver cuatro figuras tendidas en el suelo, parecían niños, y un hombre, no, apenas una sombra, sobre ellos. Una mano sin dueño se arrastraba hacia una de las figuras dispuesta a apuñalarle, si no sintiera el dolor de las heridas de su cuerpo, Lara habría jurado que todo aquello no era más que una horrible pesadilla.
De repente uno de los niños comenzó a cantar, al principio suavemente, luego cada vez más fuerte, como si la canción tuviera el poder de liberarlos. Cuando cesó el canto una voz grave pero risueña le respondió, era cálida y reconfortante, y fue justo en ese momento en el que Lara sintió como el peso de la canción de la sombra se desvanecía. Sin pensárselo, como llevada por fuerzas que no comprendía, la joven arqueóloga cargó una flecha en el arco y disparó contra la mano que se cernía sobre uno de los niños. Cuando la flecha la alcanzó soltó la espada y desapareció reculando hacia las sombras.
Cuando sintió que podía moverse libremente Lara corrió a ayudar a los niños. Puso en pie al que había cantado y casi soltó un grito al encontrarse con que no era un niño, sin duda tenía la altura, pero su cara era madura, demasiado para la edad que le había achacado al principio. Él la miró extrañado pero no hizo ninguna pregunta, demasiado ocupado en el bienestar de sus amigos. Después de deshacerse de la sombra, el hombre que los había rescatado los ayudó a trasladar a los otros fuera y cantó una canción hasta que despertaron.
Los tres diminutos hombres parecían confusos al principio, como si hubieran despertado de un terrible sueño. Tras agradecer una y otra vez su intervención a su salvador parecieron percatarse de la presencia de Lara. El hombre también pareció verla por primera vez pero a diferencia de los otros, que la miraban con suspicacia, él le dedicó una cálida y brillante sonrisa.
- Vaya- dijo alegremente- hacía tiempo que no me encontraba con una hija de los hombres, ¿cómo te llamas?
- Lara- respondió ella sin pensar- Lara Croft.
- Mi nombre es Tom Bombadil- luego se dirigió a los cuatro pequeños- Nada habéis de temer, pequeños hobbits, pues ella era una prisionera del Tumulario como vosotros y parece que uno le debe la vida.
El que había estado despierto todo el rato se fijó en el arco y el las flechas que había tomado prestados del altar y llevándose la mano a la boca se sonrojó de vergüenza.
- Disculpe nuestra suspicacia señorita Lara, pero no me había dado cuenta de que tu habías salvado la vida de Sam.
- ¿Mi vida?- el más ancho, Sam, se sorprendió.
- No hemos de hablar de eso ahora queridos hobbits- interrumpió Tom Bombadil- Pero dejad que Tom Bombadil vaya a cazar mientras vosotros descansáis aquí.
Los hobbits se quejaron de que querían de vuelta sus ropas, pues estaban vestidos con una especie de túnicas blancas, pero Tom no les prestó atención y marchó para buscar comida. Una vez solos, más amigables, los llamados hobbits se presentaron como Frodo, Sam, Merry y Pippin. Dejando sus preocupaciones de lado Lara se entretuvo en hablar con los cuatro.
- Sus ropas son muy raras señorita Lara- dijo Sam, aun parecía un poco reticente en confiar en ella pero Lara podía ver que sólo estaba preocupado por Frodo.
- Soy de muy lejos de aquí.
- ¿Cómo de lejos?- Pippin preguntó, parecía el más curioso y abierto de los cuatro.
- ¿Habéis oído hablar de Inglaterra?- preguntó Lara que aun albergaba la esperanza de que todo aquellos fuera un maldito sueño o que estuviera en la isla en la que ella y sus compañeros habían naufragado.
- Nunca señorita Lara- Frodo respondió por los cuatro- y he visto muchos mapas de la Tierra Media. Nos encontramos en el Bosque Viejo, en los límites de la Comarca, ¿le suenan de algo?
¿Tierra Media? ¿Bosque Viejo? ¿Comarca? Nunca había oído hablar de esos territorios y siempre había creído que los medianos, o hobbits tal y como preferían ser llamados, eran criaturas de cuento. Lara siempre había despreciado a su padre por creer que había algo más en el mundo, algo que escapaba de toda lógica y que no era producto de la ciencia. Pero ahora parecía estar en una tierra completamente diferente a la suya y las teorías de su padre comenzaban a cobrar sentido. Decidió no pensar en aquellos por el momento pues sus pensamientos se trasladaban hacia sus amigos, especialmente hacia Roth y Samantha, y no quería llorar.
Roth siempre le decía que llorar era una pérdida de tiempo y que ella era una Croft, pero ella nunca se había considerado esa clase de Croft. Sin embargo allí estaba, manteniendo la calma en una situación que se le escapaba de las manos y rodeada de criaturas que habría jurado que no existían.
- No- acertó a responder con la voz quebrada- nunca he oído hablar de ellos.
- No se aflija- contestó Sam consciente de que los ojos de la joven se estaban llenando de lágrimas- los hobbits pasamos desapercibidos y pocos han oído hablar de nosotros o de nuestros territorios.
- Tengo un amigo que es un mago muy sabio y poderoso- Frodo intervino intentando consolar a la muchacha- quizás pueda ayudarte.
Los ojos de Lara se abrieron con sorpresa, ¿mago? ¿Un mago de verdad? Tendría que aprender a esperar lo inesperado en aquel lugar… quizás aquel mago podría ayudarla a encontrar el camino para salir de allí. Ya no estaba completamente segura de estar en la isla en la que el Endurance, el barco de Roth, había naufragado. ¿Podía ser que en aquel lugar, lejos de la mano del hombre corriente, se hubiera desarrollado una nueva raza de extraños seres diminutos? Sin embargo ninguno de ellos se había sorprendido al verla a ella.
Sumida en sus pensamientos no se dio cuenta de que Tom Bombadil había vuelto hasta que oyó los gritos de alegría de los hobbits al recuperar sus ropas. El extraño hombre traía seis ponis con él, cinco de los cuales parecían pertenecer a los hobbits. Dejando a los medianos vestirse Tom se acercó a Lara con una capa entre las manos, era de color verde oscuro y bastante recia, suficiente para protegerla del frío y de las miradas indiscretas, adivinó Lara, sus pantalones y su camiseta de tirantes no parecían ser la norma.
- Mi hermosa dama Baya de Oro me dio esto antes de salir de casa- dijo Tom tendiéndole la capa- ahora veo para qué será útil. Póntela joven hija de los hombres pues la noche será fría y no podemos detenernos.
Después de comer algo de lo que Tom había traído marcharon hacia la salida del bosque. Tom Bombadil insistió en acompañarlos hasta el final de sus dominios pues confesó entre risas que no se fiaba de que los hobbits y la muchacha no se perdieran. El camino hasta el linde del bosque estuvo plagado de canciones que el propio Tom y de vez en cuando los hobbits cantaban. Lara no intervino pero estuvo todo el rato escuchando y aprendiendo la letra.
Cuando llegó el momento de la despedida los hobbits insistieron una y otra vez al extraño hombre que los acompañara hasta Bree, ciudad en la que les había aconsejado alojarse, pero él se negó asegurando que jamás cruzaba el límite de sus tierras. Se despidió de los hobbits y de la muchacha con una sonrisa alegre para volver a su casa.
"Las tierras de Tom terminan aquí; no traspasará las fronteras.
Tiene que ocuparse de su casa, ¡y Baya de Oro está esperando!"
Al ponerse en camino hacia Bree Frodo advirtió a sus compañeros que a partir de ese momento debía adoptar el nombre de Sotomonte. A Lara le pareció una gran idea, los hobbits le habían hablado de los Jinetes Negros que los perseguían implacablemente y dado el miedo que parecían tenerles era mejor no atraer miradas inesperadas. La arqueóloga no comprendía muy bien que era lo que estaba pasando pero intuía que era mejor no preguntar y tuvo que aguantarse sus ganas de saciar su terrible curiosidad.
La marcha hacia Bree no fue demasiado larga y cuando llegaron a las puertas de la ciudad Lara casi suspiró de alivio. Había estado todo el camino, desde que habían dejado la compañía de Tom Bombadil, en tensión constante. La sensación de que los estaban siguiendo había estado presente durante todo el tiempo, aunque no había visto ni oído nada. Los hobbits se habían dado cuenta de su actitud y Sam había preguntado si se encontraba mal, no queriendo alarmarlos y consciente de que podría ser su propia paranoia decidió no contarles nada y escudarse en que todo era nuevo para ella. Sin embrago aquella sensación no la abandonó ni dentro de la ciudad.
El guardia de la puerta de Bree le pareció un hombre sospechoso y demasiado curioso y cuando les preguntó sus nombres y sus intenciones Lara, que se había calado la capucha para ocultar su condición de mujer, estuvo a punto de contestarle, sin embargo Frodo se le adelantó.
- Nuestros asuntos y nuestros nombres son cosa nuestra- respondió bruscamente, estaba cansado y no tenía tiempo para sutilezas.
El guardián de la puerta se disculpó y aseguró que era su trabajo preguntar después de la caída de la noche, últimamente se habían avistado extraños viajeros en los caminos. Mientras caminaban hacia la posada Lara fue perfectamente consciente de que el guardia no les quitaba los ojos de encima, pero no vio la figura negra que saltaba por encima de la empalizada.
