No soy propietaria ni de ESDLA ni de Tomb Raider.
Aquí el 2º capítulo, obviamente no voy a ir subiendo capítulos todos los días, pero estos ya los tenía a mano y sólo tenía que pasarlos al ordenador. Espero os gusten.
Acepto cualquier crítica o sugerencia siempre que sea constructiva, me encantaría mejorar mi forma de escribir. Muchas gracias a todos por leerme, de verdad. Un besazo bien fuerte y os dejo con la historia.
CAPÍTULO 2- TRANCOS
El Poney Pisador era una posada grande y acogedora por fuera, pero Lara tenía la sensación de que no le iba a agradar el interior. Acostumbrada como estaba al ambiente universitario, aunque también había estado en sus muchos viajes con Roth en lugares como aquel, aquel lugar no le daba buenos presentimientos. Dejó hablar a Frodo con el posadero, un hombre rechoncho llamado Mantecona, mientras observaba con ojo crítico el interior. Suspiró con pesadez, algo le decía que no iban a pasar desapercibidos en aquel lugar.
El ayudante del dueño, un hobbit llamado Nob, los condujo a un saloncito donde les servirían la cena. Comieron mucho y apenas hablaron demasiado ocupados en llenar sus estómagos. Al terminar la cena Mantecona, el posadero, les sugirió que fueran al salón común. Merry denegó la invitación argumentando que se encontraba cansado y Lara manifestó que deseaba tomar un baño. Mantecona ordenó a Nob prepararlo enseguida e insistió en regalarle un vestido que había pertenecido a su mujer cuando era joven. El posadero insistió en que una muchacha no debía andar por ahí vestida de hombre. Lara no se negó pues no quería llamar la atención.
Lara se despidió de los hobbits advirtiéndoles que tuvieran mucho cuidado y se dirigió a su habitación. Antes de entrar le pidió unas vendas a Nob que aunque la miró extrañado no comentó nada. Al quedarse a solas Lara se desvistió con rapidez y comprobó la herida de su costado, el dolor se estaba haciendo cada vez más insoportable. La herida estaba en carne viva y recubierta de sangre, debería haberla curado en el primer momento, pero no había tenido tiempo.
Se metió en la tina de agua con un siseo de dolor, las quemaduras le escocían horrores y tenía el cuerpo lleno de contusiones y moraduras. Se demoró en limpiar su piel de la tierra y la sangre que había acumulado a lo largo del camino e incluso se lavó el pelo. Cuando terminó salió de la cuba y se secó la herida lo mejor que pudo, la vendó con fuerza para que no se abriera y se colocó el vestido. Le quedaba un poco ceñido al pecho, pero no le importó demasiado pues así podría lavar sus ropas. Colgó sus cosas cerca de la ventana para que se secaran cuanto antes y salió de la habitación.
Llegó al salón justo en el momento en el que Frodo terminaba de cantar una canción encima de una mesa, la multitud estalló en aplausos y vítores ante el sonrojado hobbit. Frodo, feliz por la aclamación que su canción había recibido, aceptó volver a cantarla esta vez bailando y saltando en la mesa. Lara dirigió su mirada hacia el hombre sentado tras el hobbit, llevaba la capucha calada y fumaba una pipa, las luces de la habitación le daban un aspecto un tanto siniestro. El desconocido también clavó sus ojos en ella, evaluándola, intentando descubrir sus intenciones.
Ambos apartaron la mirada en el momento en el que Frodo resbalaba de la mesa y caía hacia atrás. Lara apenas pudo creer lo que pasó al segundo siguiente de que Frodo se diera contra el suelo, el hobbit desapareció como si nunca hubiera estado allí. Ella no fue la única en sorprenderse, Sam y Pippin, al igual que la multitud, miraban perplejos el lugar en el que Frodo había desaparecido. La mente de la joven arqueóloga trabajó a toda velocidad, sin duda la extraña desaparición del hobbit estaba relacionada con el por qué los Jinetes Negros lo perseguían con tanto ahínco. No comprendía del todo que estaba pasando, pero era necesario reaccionar pues alguno de los clientes ya estaba quejándose al posadero.
- El señor Sotomonte es muy rápido- dijo Lara en voz alta- la primera vez que lo vi también me sorprendió. Sin duda, avergonzado por la caída, ha decidido desaparecer de la escena, algo completamente innecesario porque ninguno nos íbamos a enfadar, ¿verdad señor Mantecona?
Antes de que el posadero pudiera responder Lara se giró y agarró a Pippin y a Sam de la chaqueta para llevarlos a un lugar más apartado. No sólo Frodo había desaparecido si no también el hombre que instantes antes se encontraba tras él.
- Sam, hay que encontrar a Frodo cuanto antes. ¿Tienes idea de dónde puede estar?
- Supongo que estará en la salita, necesitará calmarse después de lo sucedido.
- No voy a preguntar ahora cómo es que Frodo se ha desvanecido en el aire, pero espero una explicación cuando las cosas se calmen.
Lara siguió a los dos hobbits a la salita y cuando iban a entrar la joven les hizo parar, había oído una voz en el interior. Una voz demasiado grave para ser de Frodo o de cualquiera que ella conociera. De inmediato pensó en el hombre tras Frodo.
- Hay alguien dentro con Frodo- dijo en un susurro- Será mejor que entremos con cuidado.
Haciendo caso omiso de la joven, Sam irrumpió en la habitación dispuesto a defender a su amo aunque le costara la vida. Con un suspiro resignado Lara lo siguió. En efecto tenía razón, la persona que estaba con Frodo era el hombre siniestro del salón. Era mucho más alto de lo que había supuesto, de pelo oscuro y ojos grises, severos y peligrosos. Les dirigió una mirada oscura cuando entraron en la habitación y sacó la espada que portaba en el cinto.
- ¡Suéltale o te remato, patas largas!- Sam exclamó sin miedo en la voz.
El hombre clavó sus ojos en el hobbit y de repente se tornaron más amables. Guardó su espada antes de hablar con voz grave.
- Tienes bravo corazón amigo hobbit, pero eso no te salvará- luego se giró hacia Frodo- Ya vienen.
Antes de que Sam dijera nada más Frodo puso paz entre todos asegurando que había prometido al hombre que podrían hablar a solas. El montaraz se presentó como Aragorn, hijo de Arathorn, y les previno sobre pasar desapercibidos y no confiar en nadie. Lara decidió escuchar en silencio, se enteró de que lo que Frodo guardaba con tanto celo era un anillo perteneciente al "Enemigo", un Señor Oscuro que ansiaba el poder sobre los Pueblos Libres de la Tierra Media. Al parecer ese anillo le devolvería el poder que antaño poseía, había que impedir que volviera a sus manos.
Mientras hablaban alguien llamó a la puerta y al segundo aparecieron por la puerta Mantecona seguido de Nob. El posadero estaba muy nervioso y no paraba de disculparse una y otra vez hasta que Aragorn le pidió que se explicara. Mantecona contó que Gandalf le había dado una carta para que enviara al señor Bolson, en Hobbiton, pero que la había olvidado. Finalmente le tendió la carta a Frodo que la leyó y fue pasándola a sus compañeros. Lara la ojeó por encima del hombro de Sam y cuando iba a preguntar por unos versos al final de la carta el propio Samsagaz se adelantó.
- Lo que no entiendo señor Frodo, son los versos escritos al final.
"No todo es oro lo que reluce…
- Ni toda la gente errante anda perdida;- lo interrumpió Aragorn-
"a las raíces profundas no llega la escarcha
el viejo vigoroso no se marchita.
De las cenizas subirá un fuego,
y una luz asomará en las sombras,
el destronado será de nuevo rey,
forjarán otra vez la espada rota."
- No necesitas entenderlos Samsagaz- continuó Aragorn tras recitar el poema- pues se refieren a mí.
- Así que Gandalf puso la estrofa para que os asegurarais de que era el verdadero Aragorn y no alguien que se hiciera pasar por él- susurró Lara- Muy inteligente.
- El señor Gandalf es muy sabio señorita Lara, no nos hubiera mandado un aliado sin una forma de asegurarnos quien era.
- Pues confiasteis muy pronto en él, sobre todo tu Frodo.
- Hablando de confianzas- interrumpió Aragorn mirando de arriba abajo a la arqueóloga- Gandalf no me dijo que una mujer viajaba con los hobbits, ¿quién sois, mi señora?
- Es una larga historia- contestó ella con un suspiro resignado- Mi nombre es Lara Croft y no soy de por aquí.
- Luego hablaremos de eso- Frodo interrumpió la pequeña conversación del montaraz y la joven- falta Merry y estoy preocupado por él. Lleva mucho tiempo fuera.
Mantecona pidió a los hobbits que se quedaran en la habitación y mandó a Nob a buscar a Merry. Mientras esperaban Lara relató rápidamente su historia a Trancos, que la escuchó atentamente y con expresión grave en el rostro.
- No sé si Lord Elrond y Gandalf podrán ayudaros- dijo cuándo Lara terminó su historia- no quiero engañaros prometiéndoos que en Rivendell encontraréis todas las respuestas. No obstante, os estaré agradecido si decidís acompañarnos hasta allí y proteger a los hobbits conmigo.- hizo una pausa larga, como intentando pensar si añadir algo más o no- Nunca había visto una mortal con un instinto como el vuestro, ni entre los hombres más fuertes.
- Claro que te acompañaré, prometí a los hobbits que los protegería y pienso cumplir mi palabra aunque no encuentre el camino para volver a casa. No podrías haber impedido que fuera.- calló unos segundos mientras el montaraz observaba el fuego- ¿Qué quieres decir con lo último?
- Os observé mientras os seguía hasta Bree. Sabíais que estaba allí, de alguna forma lo intuíais. En general pocos hombres pueden detectarme, y sin embargo vos pudisteis. Portáis sangre de montaraz en vuestras venas.
- Así que eras tú, no estaba volviéndome loca. Pensé que era tan sólo producto de mi paranoia.
Antes de que Aragorn pudiera responder nada Merry entró en la habitación a toda velocidad, estaba claramente alterado. A los segundos Nob entró tras él. El ayudante del posadero relató que lo había encontrado tirado en el suelo y que no había dicho ni una palabra desde que había despertado. Merry lo interrumpió para contar que había visto a uno de los Jinetes Negros hablando con un hombre de la aldea. El hobbit estaba pálido y respiraba con dificultad así que Aragorn lo hizo sentarse, Merry le dio una mirada extrañada pero obedeció.
- No es seguro que durmáis es vuestras habitaciones esta noche- dijo el montaraz claramente preocupado- será mejor que nos quedemos aquí. Nob y yo iremos a buscar vuestras cosas, saldremos al amanecer.
- Voy con vosotros- Lara intervino- seis manos trabajan más rápido que cuatro.
Aragorn asintió levemente y los tres fueron a las habitaciones. Lara se desvió a la suya para recoger sus escasas pertenencias antes de marchar al encuentro de Nob y el montaraz. Cuando entró en la habitación de los hobbits Nob estaba improvisando unos muñecos con almohadas mientras Trancos recogía las pertenencias de los hobbits, Lara se unió a él.
Terminaron deprisa y volvieron a la salita, donde Mantecona y los hobbits habían improvisado una especie de lechos en el suelo. Nob y Mantecona se despidieron y Aragorn cerró la puerta con llave desde dentro. Lara no esperó ni un segundo y se dirigió a la mesa.
- Aragorn, ayúdame a mover la mesa. Deberíamos atrincherar la puerta por si acaso, por lo que me habéis contado de esas criaturas una cerradura no los detendrá.
- No creo que se arriesguen a un ataque abierto contra la posada, pues no están todos, pero toda precaución es poca.
Entre los dos volcaron la mesa de lado y la arrastraron contra la puerta. Aragorn colocó una silla apoyada en la mesa y se situó allí. Lara se sentó en el suelo, junto a él, con el arco y las dos flechas a mano. Los hobbits se metieron en sus lechos, demasiado asustados para decir nada, y enseguida se durmieron.
Trancos parecía calmado vigilando el fuego mientras fumaba de su pipa, la espada descansaba sobre sus piernas a punto por si la necesitaba. Lara se encogió sobre sí misma, rodeando las piernas con sus propios brazos. No era consciente de cuan agotada estaba hasta que el cansancio la golpeó. El dolor del costado, que empezaba a remitir, el calor del fuego y el cansancio hicieron que en algún momento de la noche la joven perdiera el sentido.
Aquí en final del capítulo 2, espero no tardar mucho en subir el siguiente. Os agradezco que me leáis enormemente.
