No soy dueña ni de ESDLA ni de Tomb Raider.

Y otro capítulo más, espero que os guste :)

Muchisimas gracias por los Reviews me han hecho muchísima ilusión ^^ y siento haber tardado tanto pero he tenido que reescribir todo el capítulo.

CAPÍTULO 3- UN CUCHILLO EN LA OSCURIDAD

Se despertó a la mañana siguiente cuando alguien la sacudió del hombro. Desorientada miró a su alrededor, Aragorn se encontraba arrodillado junto a ella. Los recuerdos del día anterior vinieron a su mente de golpe, no había sido sólo un sueño y no estaba despertando en su camarote del Endurance. El hombre se levantó y le tendió una mano que Lara aceptó con resignación, tiró hasta que logró ponerla en pie.

- Anoche estabais muy cansada, apenas os sentasteis perdisteis el sentido, ¿os encontráis bien?

- Sí, sí, no es nada- mintió la joven, no había tiempo para preocuparse por su salud con los Jinetes Negros detrás de ellos- ¿Pasó algo anoche?

Aragorn suspiró, intuía que la joven le ocultaba algo- Los siervos del Enemigo entraron en la habitación de los hobbits y destruyeron los muñecos, pero nadie resultó herido.

Lara asintió levemente antes de dirigirse a una esquina privada para cambiarse, no le importaba ponerse vestido si era necesario, pero no pensaba marchar por el bosque en faldas. Cuando volvió con los hobbits le informaron que alguien había dejado marchar a los poneys y caballos de la posada. Mantecona había ido a ver si encontraba a alguien que estuviera dispuesto a venderles un poney. Allí se iba su única oportunidad de marcharse pronto y sin llamar la atención.

La joven arqueóloga se sentó en la mesa, entre Aragorn y Merry, a desayunar. El ambiente era pesado y nadie parecía tener ganas de hablar, ni siquiera Pippin. Nadie osó romper el silencio hasta que Mantecona llegó con nuevas noticias, al parecer había encontrado un poney que pertenecía a un tal Bill Helechal, un hombre horrible que estaba dispuesto a vendérselo por un precio desorbitado.

Se pusieron en marcha enseguida y se dirigieron a la casa de Helechal. El poney que pretendía venderles estaba en los huesos, el pobre animal había sido tratado horriblemente. Aragorn estuvo discutiendo un rato con el hombre, pero no logró que bajara el precio. Finalmente Mantecona pagó por el animal, era mejor que nada y además habría sido una crueldad dejar al poney con su amo. Sam bautizó al poney como Bill en una especie de ironía hacia el antiguo dueño.

Salieron de Bree cuando ya casi era medio día, casi todo el pueblo salió a la calle para ver marchar a los hobbits con el montaraz, incluso algunos chiquillos los siguieron hasta la salida de la aldea. Aragorn aconsejó que lo mejor era salir del camino y atravesar la espesura pues los Jinetes Negros estarían patrullando el camino. Camino abajo, luego de haber dejado atrás la Colina de Bree llegaron a un sendero estrecho que llevaba al norte.

- Aquí es donde dejaremos el camino abierto y tomaremos el camino encubierto- dejo Trancos.

- Que no sea un atajo- dijo Pippin- Nuestro último atajo por los bosques casi termina en desastre.

Los hobbits había relatado a la joven sus desventuras hasta que la habían encontrado, por lo que Lara no pudo estar más de acuerdo con el hobbit. Los bosques de la Tierra Media eran mucho más peligrosos y extraños que los de Inglaterra.

- Ah, pero todavía no me teníais con vosotros- contestó Trancos riendo- Mis atajos, largos o cortos, nunca terminan mal.

El bosque recordó a la joven a aquella vez en la que Roth la había llevado a Nueva Zelanda, habían estado una semana marchando y acampando por el país y se habían internado en sus frondosos bosques. Echaba de menos a Roth y a Sammy y a todos sus amigos de la expedición, esperaba con toda su alma que se encontraran bien donde quiera que estuvieran.

- ¿Pasa algo señorita Lara?- preguntó Sam que marchaba a su lado con Bill.

- Nada Sam, pensaba en mis amigos. Espero que estén bien.

- Si son como tú- interrumpió Merry- seguro que están bien.

Lara sonrió alagada:- Gracias Merry.

Pasaron el día entero caminando y apenas pararon para comer. Cuando llegó la noche el único que no parecía cansado era Aragorn. Lara supuso que por deferencia a los hobbits y a ella misma, que no podía dar un paso atrás por el dolor de la herida de su costado, el montaraz había decidido parar. Lara acompañó a Aragorn a buscar leña mientras los hobbits acomodaban el campamento. Cuando volvieron Frodo tiritaba así que Lara se quitó la capa que Tom Bombadil le había regalado y se la echó por encima. Frodo levantó la vista para agradecerle el gesto pero su cara agradecida tornó en asombro y horror.

- Lara- dijo con un tono horrorizado- estás sangrando.

Aragorn se volvió hacia la joven y el hobbit como un resorte mientras Lara bajaba la mirada a su costado. Con razón se encontraba tan cansada, prácticamente se estaba desangrando por la herida. Dejando a Sam a cargo de encender la fogata Aragorn se dirigió a Lara, parecía preocupado.

- Siéntate- ordenó. El tono de su voz no admitía discusión.

La arqueóloga inexperta se sentó sobre una piedra mientras el montaraz se arrodillaba para tener mejor visión de su herida. Lara se levantó la camiseta y se quitó las vendas empapadas en sangre. Aragorn limpió la sangre de alrededor de la herida, su toque era tan suave que apenas sintió que la estaba tocando.

- ¿Cómo te has hecho esto Lara? La herida te ha atravesado limpiamente pero por suerte no ha tocado nada vital. Está empezando a cicatrizar, pero pasará mucho tiempo antes de que te recuperes del todo. ¿Y todas estas quemaduras?- preguntó mientras revisaba una en su brazo.

- Me caí sobre una barra de hierro, y las quemaduras… el fuego era la única forma de librarme de mis ataduras en la guarida del tumulario.

- Deberías habérmelo dicho en Bree- dijo Aragorn con un suspiro cansado.

- Sí claro… "Hola soy Lara Croft, encantada de conocerte. Por cierto, tengo una herida en el costado que me está matando", no es una buena frase para presentarse a un desconocido.

La mirada que le dirigió el montaraz le indicó que no estaba para bromas. Lara echó un vistazo a su alrededor, los cinco hombres que le acompañaban parecían preocupados. La joven suspiró pesadamente antes de volver a hablar.

- Está bien, lo siento- se disculpó- simplemente no quería preocuparos aún más. Creí que podría manejarlo, pero está claro que no.

- No te la voy a coser- dijo Aragorn antes de dirigirle una sonrisa tranquilizadora- pero vas a dejarme revisarla cada noche y me avisarás si no puedes más. Con lo que voy a ponerte en la herida deberías ser capaz de aguantar hasta Rivendell, cuando lleguemos allí te pondré en manos más capaces.

- También podríamos cauterizar la herida, así no se volvería a abr…

- Ni se te ocurra- la interrumpió el montaraz con un deje de enfado en su voz- No voy a permitirte hacer eso, ya llevas suficientes quemaduras.

Sacó una pasta verduzca de una de sus bolsas y la aplicó sobre la herida, escocía como mil demonios, pero al cabo de un rato dejó de sentir el dolor en la zona. Aragorn vendó la herida con delicadeza, se notaba que era un experto en tratar ese tipo de heridas. Sin dejarle añadir nada más el montaraz le ordenó que se acostara e intentara dormir, Lara decidió hacerle caso, demasiado cansada como para discutir con él por las guardias.

La mañana llegó nublada y triste, Aragorn los despertó a todos cuando el sol apenas había salido. Debían aprovechar las horas de luz que tenían pues los Jinetes Negros eran aún más ciegos cuando el sol iluminaba. Tras el desayuno se pusieron en marcha pues Aragorn quería atravesar los pantanos de Moscagua y cuantas menos noches pasaran allí mejor.

El pantano era un lugar horrible y lleno de mosquitos, debían avanzar con muchísimo cuidado si no querían quedarse anclados en el barro. Gracias al intenso entrenamiento de Roth Lara podía dar con el camino seguro sin grandes problemas. Le dio las gracias internamente aunque estaba segura de que el capitán del Endurance no pensaba en esto cuando la tomó bajo su ala. Entre Aragorn y ella ayudaron a cruzar el pantano a los hobbits que no paraban de quejarse de los mosquitos.

- ¡Me comen vivo!- gritó Pippin llegado un momento- ¡Moscagua! ¡Hay más mosquitos que agua!

- ¡Oh vamos Pippin!- exclamó Lara harta ya de las quejas- No te quejes tanto. Una vez Roth me llevó a un bosque putrefacto y te puedo asegurar que allí había mosquitos tan grandes como uno de tus dedos.

Pippin arrugó la cara en una mueca de desagrado- No sé qué interés le ves en ir a un lugar donde los mosquitos pueden devorarte vivo.

- Es divertido- contestó Lara con un deje de añoranza- Hacer deporte, ver mundo, fundirte con la naturaleza, aprender a sobrevivir en entornos duros… A demás Roth estaba conmigo y nunca habría dejado que me sucediera nada malo.

- Parece una gran persona ese tal Roth.- dijo Sam- Hablas de él con mucho cariño.

- Roth es un gran hombre, valiente y un exigente maestro. Era amigo de mi padre y le acompañó en muchas de sus búsquedas- explicó la joven, los cinco estaban ahora pendientes de sus palabras- Cuando mis padres murieron yo era muy joven y Roth se hizo cargo de mí. Él y la tripulación del Endurance, su barco, se convirtieron en algo así como mi familia.

Continuaron caminando sin ninguna conversación más aparte de las ya habituales quejas de los hobbits, que tanto Aragorn como Lara ignoraban deliberadamente. Cuando cayó la noche Aragorn decidió establecer un campamento, era peligroso andar por el pantano sin la luz del día pues el camino era más difícil de encontrar. Acamparon al cobijo de un grupo de árboles.

Como había prometido Lara dejó que el montaraz revisara su herida y luego se sentó junto a él. Trancos sacó la pipa y la encendió mientras Lara se encogía sobre sí misma. Se quedaron un rato sin hablar hasta que Aragorn rompió el silencio.

- Os he estado observado lady Lara- dijo sin mirarla- Tenéis un gran instinto aunque os falta pulirlo un poco.

- Por favor Aragorn, deja lo de lady- respondió ella sin saber que decir al cumplido.

- Como desees- hizo una pausa dramática- lo que os quiero de…, te quiero decir- se corrigió rápidamente- es que con el determinado entrenamiento podrías llegar a rivalizar con un elfo.

- Creo que me sobreestimas Aragorn.

- Yo no pienso así. Eres extraña Lara, nunca había visto a una nacida de hombres como tú. ¿Estas segura de que tus padres eran de la raza de los hombres?

- Hasta donde yo sé no hay más razas como los hobbits o los elfos donde yo vivo, así que es imposible que alguno de mis progenitores no fueran otra cosa que humanos.

- Hmm, quizás debiera consultarlo con Lord Elrond- añadió el montaraz más para si mismo que para la mujer que tenía a su lado.

Cuando Lara iba a preguntar sobre su última afirmación un nervioso Frodo los interrumpió.

- Trancos, ¿qué es eso?- preguntó señalando al horizonte.

Una luz blanca iluminaba el cielo oriental. Brillaba y se apagaba una y otra vez, estaba claro que no era el alba pues faltaban unas cuantas horas para que llegara. Trancos se había puesto en pie y escrutaba la noche.

- No sé- respondió- Está demasiado lejos. Parecen relámpagos que estallan en las cimas de las colinas.

Frodo volvió a acostarse sin decir nada y Lara le siguió poco después. Los rayos continuaron un rato más y Aragorn siguió de pie, vigilante, hasta que pararon. Lara se durmió enseguida pues estaba muy cansada.

Durante el quinto día de marcha por fin dejaron atrás los últimos charcos y barros del pantano. Según Trancos ese mismo día debían llegar a un lugar llamado La Cima de los Vientos, las ruinas de una torre de vigilancia de un antiguo reino desaparecido llamado Arnor. Lara no pudo evitar sentirse entusiasmada, las ruinas antiguas eran su pasión. Intentó un par de veces que el montaraz le contara la historia del reino de Arnor pero él se negó argumentando que en casa de Elrond encontraría muchos libros sobre ese tema y muchos elfos dispuestos a cantarle la historia del reino.

Al atardecer llegaron a la Cima de los Vientos y Aragorn les dijo que acamparían al resguardo de la gran roca. El montaraz pidió a Pippin y Sam que se quedaran preparando el campamento mientras él mismo, Frodo, Lara y Merry escalaban a la cima para tener mejor vista.

Lara y Aragorn no tuvieron ningún problema para llegar a la cima, pero Merry y Frodo llegaron exhaustos pues el último trecho había sido escarpado. La cima estaba salpicada de muros y piedras rotas, si no estuvieran en un gran peligro Lara se habría emocionado como un niño en la mañana de Navidad. Dio un par de vueltas alrededor de la cima mientras los hobbits y el montaraz hablaban. En la segunda vuelta le pareció ver algo en una piedra y se agachó para mirarlo mejor.

- ¡Aragorn!- llamó examinando el grabado en la piedra- Aquí hay algo grabado en la roca, parece una "G" rúnica o eso sería si estuviéramos en Inglaterra. Lo que no entiendo son los tres trazos que le siguen.

Aragorn llegó corriendo y se agachó junto a ella.

- En efecto lo es- respondió con voz grave- Es el símbolo de Gandalf. Los tres trazos deberían significar un 3 por lo que si estamos en lo correcto diría que Gandalf estuvo aquí el 3 de octubre, eso es hace tres días. Ha habido un fuego que quemó las hierbas- continuó- y me viene a la memoria la luz que vimos hace tres días en el cielo del este. Sospecho que atacaron a Gandalf en esta misma cima y puede que fueran los Jinetes Negros.

- Eso quiere decir que rondarán por aquí cerca.

- Gandalf los habrá retrasado pero no detenido. Debemos descender cuanto antes y encender una hoguera, aquí somos blanco fácil.

Descendieron mucho más rápido de lo que habían ascendido y cuando llegaron abajo Sam y Pippin los condujeron a lo que parecía ser un campamento abandonado. Aragorn se reprochó a sí mismo el no haber explorado la zona antes de subir a la antigua torre. Al parecer unos montaraces habían estado allí pero había huellas de botas más pesadas de hace pocos días. No hubo necesidad de decir a quienes pertenecían pues a todos se les vino a la mente la imagen de los siervos del Enemigo envueltos en sus negras capas.

Aragorn decidió que aquel era un buen lugar para acampar pues estaba cerca de un abrigo y había sido campamento de unos montaraces. Encendieron una fogata y se sentaron alrededor. Ninguno pudo dormir pues sentían la tensión en el ambiente, algo les decía que aquella noche no la iban a pasar tranquila.

Aragorn se puso a contarles algunos cuentos e historias de antaño, el hombre era un gran cuentacuentos y sabía cómo mantener a su audiencia pendiente de sus palabras. Poco a poco los hobbits olvidaron el miedo. En algún momento de la noche Merry le pidió que contara la historia de Gil-galad, el último de los Grandes Reyes Elfos de la Tierra Media, pero el montaraz se negó pues no era una buena historia para contar con los siervos del Enemigo rondando cerca. A cambio les cantó la historia de Tinuviel, la doncella elfa enamorada de un hombre mortal. Era una historia muy hermosa pero triste y la voz de Aragorn, áspera pero dulce, era perfecta para cantarla. Cuando terminó todos quedaron en silencio digiriendo la canción.

- Es muy triste- dijo Lara- pero tan hermosa que entran ganas de llorar.

- Hablando de hermosura- la interrumpió Pippin con una sonrisa pícara- ¿por qué no nos cantas tu algo? Algo de tu tierra.

- ¿Qué? ¿Yo? No creo que queráis oírme cantar, no se me da bien.

- Por favor Lara- suplicó Frodo- todos queremos oírte.

- De verdad que no Frodo, además ni siquiera sé que os gustaría oír.

- No la presionéis hobbits- dijo Aragorn con una sonrisa- si no quiere cantar ahora no la obliguéis.

Lara le dedicó una sonrisa agradecida y un mudo gracias antes de que Frodo siguiera hablando.

- Esta bien, dejaremos que Lara no cante si nos promete que en Rivendel nos complacerá.

Con un suspiro resignado y suplicando por qué los hobbits olvidaran todo esto Lara aceptó.- Está bien, os lo prometo… ¿contentos?

- Tenemos tu palabra Lara- Merry sonrió divertido- no puedes faltar a ella.

- Creo que ya hemos tenido suficiente diversión por esta noche- interrumpió Aragorn escondiendo una sonrisa- Ya es hora de que descansemos.

Los hobbits protestaron amargamente pero finalmente hicieron caso de Aragorn. Antes de acostarse Merry y Sam fueron a buscar algo de leña. A los pocos segundos los dos hobbits vinieron corriendo asustados enormemente, jadeaban y respiraban con dificultad.

- No sé qué es- dijo Sam-, pero de pronto sentí miedo. No saldría de este agujero ni por todo el oro del mundo. Sentí que algo trepaba arrastrándose por la pendiente.

- ¿No viste nada?- preguntó Frodo incorporándose de un salto.

- No, señor Frodo. No vi nada, pero no me detuve a mirar.

- Yo vi algo- dijo Merry-, o así me pareció. Lejos hacia el oeste donde la luz de la luna caía en los llanos, más allá de las sombras de los picos, creí ver dos o tres sombras negras. Parecían moverse hacia aquí.

- ¡Acercaos todos al fuego, con las caras hacia fuera!- gritó Trancos- ¡Tened listos los palos más largos!

Como impulsada por un resorte Lara se levantó de la piedra en la que estaba sentada y cogió un palo con la diestra haciendo caso al experimentado montaraz. Sólo para sentirse más segura agarró con la siniestra su piolet, aunque sabía que poco o nada podría detener a esas horribles criaturas. Sentía el miedo crecer en su interior pero no dejó que la dominara, había prometido que protegería a los hobbits e iba a cumplir su palabra.

Los siguientes minutos fueron muy confusos para la joven arqueóloga. Sobre el borde de la pequeña cañada sintió, más que vio, una sombra o más de una sombra. Pronto tres o cuatro figuras negras se alzaron sombre la cañada y enseguida avanzaron hacia ellos.

Lara estaba paralizada. Por el rabillo del ojo vio como Merry y Pippin se arrojaban al suelo y Sam se encogía junto a Frodo. Sabiendo que los cuatro dependían del montaraz y de ella Lara intentó sobreponerse. Aterrada pero decidida se movió para colocarse entre las sombras y los hobbits. De repente y contra todo deje de sensatez Frodo desapareció, sin duda utilizando el anillo. Uno de los Jinetes se volvió enseguida hacia donde el hobbit estaba.

Aragorn se estaba enfrentando a dos de los cinco atacantes por lo que la dejaba ella contra los tres que se habían vuelto hacia los hobbits. Controlando su miedo alzó el palo para parar un tajo que la primera de las sombra había lanzado contra ella. Era mucho más fuerte de lo que la joven había supuesto y la espada de la criatura partió el palo limpiamente por la mitad. Sin embargo la sombra no la mató, simplemente se limitó a apartarla de un empentón, ella no era su objetivo.

Los tres se acercaron a donde Frodo debía estar y sacando una hoja negra el que la había atacado se adelantó. Adelantó la hoja y la clavó en algo, Frodo apareció con un grito de dolor que estremeció a la joven. De repente Aragorn entró otra vez en escena, el palo que portaba estaba en llamas y con la otra mano manejaba su espada. Moviendo el fuego delante de las criaturas les obligó a moverse hacia donde habían venido. Finalmente logró echarlos de la cañada.