No soy propietaria ni de EDSLA ni de Tomb Raider

Capítulo 4 por fin :) Siento la espera pero he estado en un lugar sin internet y no he podido subirlo antes. Un beso a todos y gracias por los reviews.

Os dejo con el capítulo.

CAPÍTULO 4: HUIDA HACIA EL VADO

En cuanto vio a las sombras desaparecer Lara corrió junto a Frodo, estaba tendido en el suelo, boca abajo y tiritando. Sam le dio la vuelta para examinar su estado y la joven tuvo que ahogar un grito al ver su estado de palidez. Aragorn llegó enseguida y les ordenó reavivar el fuego, Frodo debía mantenerse caliente, luego marchó por donde las criaturas habían huido.

Cuando Frodo despertó ya había pasado una hora desde el ataque, Aragorn no había vuelto y Sam empezaba a volver a desconfiar de él. Iba a comentar sus comentar sus sospechas con el resto cuando el montaraz regresó, saliendo de entre las sombras. Sam y Lara se volvieron al instante, uno sacando su espada y la otra con el arco preparado cubriendo a Frodo, pero Trancos se agachó rápidamente junto a él.

-No soy un Jinete Negro- dijo gentilmente-, ni estoy ligado a ellos. He tratado de descubrir dónde se han metido, pero sin resultado alguno. No alcanzo a entender por qué se han ido y no han vuelto a atacarnos. Pero no hay señales de que anden cerca.

Después de la explicación de Aragorn, Frodo explicó lo que le había sucedido. Aragorn frunció el ceño y mandó a Merry y a Pippin que calentaran algo de agua, luego se llevó a Lara y a Sam a un lugar más apartado.

- Ahora entiendo por qué no nos han vuelto a atacar.- dijo el montaraz con aire preocupado- La herida de Frodo no está causada por un arma normal.

Dicho esto se agachó rastreando el suelo hasta que encontró lo que buscaba. De entre los matorrales sacó una cuchilla, su hoja refulgía con un brillo frío. Cuando Aragorn la levantó vieron que tenía la hoja mellada y su punta estaba rota. Al cabo de unos segundos todos observaron como la hoja se desvanecía en una humareda negra. Aragorn frunció el ceño.

- Una hoja de Morgul, el arma del enemigo- dijo con voz grave- esto está más allá de mis capacidades de curación aunque intentaré hacer algo para frenar el veneno. Aun así debemos llegar cuanto antes al reino élfico.

Dicho esto sacó una bolsita y de ella unas hojas verdes y largas.

- Caminé mucho para encontrar estas hojas, pues la planta sólo crece en los matorrales del sur del Camino. Es una planta que trajeron los Hombres del Oeste y la llaman Athelas. Tiene grandes propiedades curativas pero no tantas como para curar la herida de Frodo, aun así ayudará.

Aplicó las hojas sobre la herida del hobbit y al rato todos notaron que Frodo tenía mejor color y que dejaba de tiritar. Con la llegada del alba se pusieron de nuevo en marcha. Sentaron al hobbit herido encima de Bill, el poney, y se repartieron los fardos. El pobre poney había engordado un poco y les había empezado a coger cariño a sus nuevos amos, especialmente a Sam. Muy mal debía haberlo tratado Bill Helechal para que un viaje por el bosque y el pantano pudieran sentarle tan bien.

Estuvieron andando el día entero y apenas pararon a comer, Aragorn había apretado la marcha pues aún les quedaban bastantes días de viaje antes de llegar a Rivendel. El montaraz los guiaba de nuevo hacia el Camino pues era el único lugar donde encontrarían un puente para cruzar el rio que bajaba de las montañas. Aragorn llamó al rio Fontegrís que descendía desde la tierra de los trolls, el único lugar para cruzarlo era un puente en el Camino llamado el Puente Último.

Llegaron al otro día y mientras Sam y Aragorn descendieron al Camino Lara se quedó con Frodo y los otros dos hobbits. Lara estaba preocupada, aunque el hobbit no lo decía podía ver sin problemas que Frodo estaba cada vez más débil. Si no llegaban pronto a Rivendel temía que la herida lo consumirá. Según le había explicado Aragorn mientras estaban a solas Frodo se estaba convirtiendo en un espectro, como los propios Jinetes Negros.

Cuando los dos volvieron Aragorn traía una expresión de confusión en su rostro.

- Ningún enemigo a la vista- dijo-, y no entiendo por qué. Pero descubrí algo muy extraño.

Tendió la mano y mostró una piedra de color verde pálido.- La encontré en el barro, en medio del Puente- dijo- Es un berilo, una piedra élfica. No podría decir si la pusieron allí, o si alguien la perdió, pero me da cierta esperanza. Diría que es un signo de que podemos cruzar el Puente, pero no me atrevería a seguir por el Camino sin otra indicación más clara.

Volvieron a ponerse en marcha y atravesaron el puente sanos y salvos, pero una vez cruzado el río Aragorn los volvió a llevar a la espesura. Con un suspiro aliviado Lara siguió a los cinco hombres, estaba contenta de salir del Camino pues sentía que algo horrible se avecinaba. Quedándose atrás del todo para vigilar la retaguardia dejó que los hobbits y el montaraz abrieran la marcha. Aragorn le había dado alguna de sus flechas pues le había asegurado, y Lara no podía estar más de acuerdo, que con sólo dos no iba a poder hacer mucho.

Al poco rato de estar vagando por la espesura encontraron lo que parecía ser un sendero. Era desigual y parecía haber sido abierto por unos pies enormes. Trancos decidió seguir el sendero por la comodidad de los hobbits y del animal que los acompañaba. Merry y Pippin iban los primeros, Sam y Aragorn iban a la par de Bill, el poney, que cargaba con un Frodo cada vez peor y finalmente Lara cerraba la marcha. Siguieron el sendero durante un buen rato, subía hacia las tierras de los trolls pero llegado un momento giraba con brusquedad y se alejaba. Merry y Pippin se fueron adelantando poco a poco, pero no habían ido muy lejos cuando volvieron corriendo. Los dos parecían aterrorizados.

- ¡Hay trolls!- jadeó Pippin- En un claro del bosque un poco más abajo. Alcanzamos a verlos mirando entre los troncos. ¡Son muy grandes!

- Vamos a echarles un vistazo- dijo Trancos, recogiendo un palo.

Frodo no dijo nada, pero Sam tenía cara de espanto. Lara tampoco comentó nada pero la perspectiva de ver unos trolls de cerca le parecía emocionante. Con el sol alto y reluciendo entre las ramas los cuatro hobbits y los dos humanos se detuvieron al borde del claro. No había duda, allí estaban tres enormes trolls. Uno de ellos estaba inclinado y los otros dos lo observaban quietos. Trancos se adelantó como al descuido.

- ¡Levántate, vieja piedra!- dijo, y rompió el palo en el lomo del troll inclinado.

No ocurrió nada. Un jadeo de asombro entre los hobbits y la muchacha, y luego el mismo Frodo se echó a reír.

- ¡Bueno!- dijo- ¡Estamos olvidando la historia de la familia! Éstos han de ser los tres que atrapó Gandalf, cuando discutían sobre la mejor manera de cocinar trece enanos y un hobbit.

- Esa historia no me la habéis contado- comentó Lara entre sonrisas.

- Cuando lleguemos a Rivendel podrás pedirle a Bilbo que te la cuente- respondió Pippin- Es un gran cuentacuentos, te encantará.

- No sólo olvidáis la historia de la familia, sino también todo lo que sabemos de los trolls- dijo Trancos- Es pleno día, brilla el sol, y volvéis tratando de asustarme con el cuento de unos trolls vivos que nos esperan en el claro. De todos modos, hubieseis podido notar que uno de ellos tiene un viejo nido de pájaro detrás de la oreja. ¡Un adorno de veras insólito en un troll vivo!

- ¿Qué quieres decir Aragorn?- preguntó Lara mientras el resto reía.

- Los trolls se convierten en piedra con la luz del sol.- explicó el montaraz con una sonrisa- Tendré que darte una clase magistral sobre las criaturas que podrás encontrarte en este mundo.

Todos se pusieron de acuerdo en que aquel era un buen lugar para comer así que descargaron las cosas y se sentaron junto a los trolls a descansar. Era medio día y el sol pegaba fuerte por lo que la sombra que daban los trolls era un gran alivio. Se pusieron en marcha cuando el sol ya decaía, Aragorn quería volver al Camino antes de que llegara la noche.

Descendieron rápido y cuando llegaron al Camino aún estaba anocheciendo. Al cabo de un rato oyeron el ruido de un caballo y, aunque no sonaba como los caballos de los siervos de Sauron, los cuatro hobbits y la joven se sintieron inquietos. No Aragorn, que al ver la figura blanca que se acercaba por el Camino salió de los matorrales en los que les había ordenado esconderse agitando los brazos. El ocupante del caballo giró la cabeza hacia el montaraz que se acercaba corriendo y sonrió, Lara habría jurado que aquel ser ya sabía que estaban entre los matorrales incluso antes de que Aragorn lo viera.

Trancos hizo señales a los hobbits y a la arqueóloga para que se acercaran y les presentó a aquella persona como Glorfindel, señor elfo, habitante de la casa de Elrond. Cuando el elfo bajó del caballo y se quitó la capucha Lara apenas pudo contener un suspiro, era alto, de cabellos rubios y brillantes y ojos azules y penetrantes, nunca había visto a un hombre tan atractivo en su vida. Lara pensó enseguida en su amiga Sam, habría disfrutado un montón entre los elfos pues le encantaba estar rodeada de hombres atractivos.

El elfo, Glorfindel, contó que llevaba un tiempo buscándolos pues lord Elrond había pedido a todo aquel que fuera capaz de enfrentar a los Jinetes Negros saliera a buscar a los hobbits. Por su parte Aragorn relató que los había encontrado en Bree con una ayuda inesperada y también el incidente en la Cima de los Vientos. El señor elfo escuchó con aire grave el relato antes de girarse hacia Frodo y colocar su mano sobre la herida. Al segundo el hobbit herido recuperó el color y sonrió claramente recuperado.

- Sólo he retrasado el poder de la herida, pero hemos de llegar presto a Rivendel para evitar que Frodo caiga en las sombras.

Dicho esto el elfo se volvió a la joven arqueóloga y se inclinó ligeramente ante ella con la mano en el corazón, sin saber cómo responder Lara le dedicó una sonrisa nerviosa.

- Es un honor conoceros lady Lara,- dijo, su voz sonaba como miles de campanillas de cristal- Aragorn me ha hablado de vuestra valentía. Os agradezco que hayáis protegido a los hobbits aunque esta misión no os concierna. Debéis contarme vuestra historia cuando lleguemos a la casa de Elrond pues siento que no sois lo que parecéis.

- Lo haré- Lara asintió levemente.

- En cuanto a ti Frodo- dijo Glorfindel volviéndose hacia el hobbit herido- montarás en mi caballo. Recogeré los estribos hasta los bordes de la silla, y tendrás que sentarte lo más firme que puedas. Pero no te preocupes; mi caballo no dejará caer a ningún jinete que yo le encomiende. Tiene el paso leve y fácil, y si el peligro apremia, te llevará con una rapidez que ni siquiera las bestias negras del enemigo pueden imitar.

- ¡No, no será así!- dijo Frodo- No lo montaré, si va llevarme a Rivendel o alguna parte dejando atrás a mis amigos en peligro.

Glorfindel sonrió- Dudo mucho- dijo- que tus amigos corran peligro si tú no estás con ellos. Los perseguidores te seguirían a ti y nos dejarían a nosotros en paz, me parece. Eres tú, Frodo, y lo que tú llevas lo que nos pone a todos en peligro.

Frodo no tuvo palabras para contestar y finalmente montó al caballo del señor elfo. Los demás cargaron a Bill con los fardos que habían estado llevando, era un alivio para sus espaldas poder cargar al poney de nuevo. Lara acarició la cabeza de Bill con dulzura, había aprendido a apreciar al poney que tanto los había ayudado durante el camino.

Sin nada más que los interrumpiera Glorfindel abrió la marcha, los hizo caminar durante toda la noche a pasó rápido y cuando ya despuntaba el alba los hobbits e incluso Lara y Aragorn daban muestras de cansancio. Al llegar la mañana Glorfindel decidió hacer un alto viendo lo cansados que estaban sus compañeros. Se echaron al suelo entre las malezas a unos pocos metros del camino, Lara estaba tan cansada que nada más tumbarse en el suelo cayó dormida.

Se despertó desorientada cuando alguien la zarandeó del hombro, le pareció que apenas habían pasado unos pocos minutos desde que se había dormido. Cuando abrió los ojos se encontró con Glorfindel que le tendía una bebida clara como el agua.

- Bebe esto- le dijo cuando ella cogió la bebida.

El licor no tenía sabor alguno, pero apenas rozó sus labios sintió como recobraba la fuerza y se le iba el cansancio. Tras comer un poco de lo que aún les sobraba del Poney Pisador se pusieron en marcha. Avanzaban por el Camino con Glorfindel y Frodo delante, los tres hobbits detrás con el poney y finalmente Aragorn y Lara.

El Camino discurría junto a un precipicio por lo que tenían que andar con pies de plomo para no caer hacia un lado. Lara, que caminaba junto a Aragorn, era la que más cerca del borde estaba pues las alturas no le daban miedo como a los hobbits. De repente oyó un crujido bajo sus pies, la parte del Camino sobre la que ella andaba se hundió haciendo que ella callera con él. La caída fue rápida, Lara resbaló por la pronunciada pendiente del precipicio demasiado rápido y no pudo evitar caer sobre el costado herido. Se levantó como pudo con un terrible dolor en el costado y rezando por que la herida no se le hubiera vuelto a abrir, por suerte no había sangre en su camiseta.

- ¡Lara!- oyó la joven sobre su cabeza. Al levantar la vista divisó a Aragorn y al elfo al borde del precipicio mirando en su dirección.

- ¡No te preocupes Aragorn, estoy bien!- contestó ella haciendo una mueca.

- No te muevas, encontraré una forma de bajar- Aragorn se dispuso a abandonar el borde del precipicio cuando Glorfindel lo detuvo.

- No la hay- dijo con un suspiro-, no hasta más allá de cruzar el Bruinen.

Mientras Aragorn y el elfo hablaban Lara comprobó la pared, la tierra estaba húmeda y no podía usar el piolet para escalar. Ni siquiera sus grandes habilidades como escaladora podían ayudarla a subir otra vez hasta el Camino. Consciente de que Frodo debía llegar cuanto antes a Rivendel, y más sabiendo que los Jinetes Negros los perseguían Lara tomó su decisión.

- ¡Aragorn!- llamó- Debéis marchar a Rivendel, encontrar un camino para que yo pueda subir nos llevará demasiado tiempo. La misión y Frodo son más importantes que yo ahora.

- No te dejaremos aquí- intervino Frodo desde el caballo.

- No seas infantil Frodo- le reprendió la joven arqueóloga- estas herido y debes ser tratado en Rivendel cuanto antes. A demás yo puedo cuidar de mi misma.

- Pero Lara…

- No te preocupes por mi Frodo, nos veremos en Rivendel te lo prometo- suspiró profundamente- Aragorn me explicó hace unos días cómo llegar, creo que seré capaz de encontrar el camino.

- Lara, ten mucho cuidado- dijo Aragorn, parecía resignado a dejarla allí aunque Lara podía ver la sombra de la duda en su cara- Cuando llevemos a los hobbits a Rivendel iré en tu busca.

Lara asintió levemente antes de girarse para adentrarse por el camino que se alejaba del precipicio.