No soy propietaria ni de ESDLA ni de Tomb Raider
Quiero agradeceros profundamente que tengáis tanta paciencia conmigo y que me dejéis comentarios, de verdad.
También quiero agradecer a mis amigas que estén leyendo esto, de verdad, os quiero mucho.
Bueno, sin más dilación os dejo con el capítulo.
CAPÍTULO 5: MUCHOS ENCUENTROS
El camino que había tomado era apenas un sendero, estaba prácticamente cubierto por la vegetación y a veces Lara dejaba de verlo. Recordaba que Aragorn le había dicho que Rivendel se encontraba al este y era más o menos consciente de que estaba desviándose un poco hacia el norte pero prefería seguir por el sendero hasta al menos cruzar el rio.
Aragorn le había dicho que últimamente los orcos de las montañas se adentraban más en los territorios de más abajo, así que debía avanzar con el más extremo cuidado. El camino era frondoso y constantemente tenía que avanzar esquivando árboles y ramas caídas que ocupaban el apenas visible sendero. El cielo amenazaba tormenta por lo que Lara se desvió hacia las rocas en busca de algo que pudiera servirle de refugio.
Encontró una pequeña cavidad cuando ya llovía a cántaros así que no le hizo ascos al lugar y entró. Estaba helada y calada hasta los huesos por lo que se sentó en la tierra encogiéndose sobre sí misma para mantener el calor. El sueño fue apoderándose de ella lentamente hasta que finalmente se quedó dormida.
Se despertó al oír el sonido de unos pasos y unos gruñidos. Podía oír a dos personas hablando entre ellas y aunque el idioma no lo conocía, podía asegurar que eran hostiles. Las palabras en aquel extraño idioma sonaban agresivas aunque no supiera que significaban, no era como el élfico, el cual había oído hablar a Aragorn y Glorfindel durante el viaje, y que sonaba hermoso, musical y dulce. Lentamente abrió los ojos, la cueva estaba completamente a oscuras pero no se veía ninguna figura a su alrededor, aunque seguía oyendo las palabras de las dos criaturas.
Se levantó lentamente y se pegó a la pared, y cuando salieron de alguna grieta ella era casi una sombra más de la cueva. Casi no podía ver a las criaturas, pero sí pudo distinguir que eran bajitas, para los estándares humanos y elfos de la Tierra Media, corpulentas y caminaban encorvadas. La cueva se llenó de gruñidos desagradables, Lara no hizo ni un solo movimiento, apenas se atrevió a respirar.
Los segundos pasaron, tensos, ambas criaturas se dirigían a la boca del abrigo. Uno de ellos pasó a escasos metros del lugar donde Lara estaba escondida y frenó en seco. Olisqueó el aire dirigiendo su mirada al lugar donde ella se ocultaba, Lara contuvo la respiración aterrada. Tras un gruñido del otro, el que estaba más cerca de ella se giró hacia su compañero y ambos salieron de la cueva.
Con un suspiro de alivio Lara salió de su escondite. Agarrando el arco con fuerza decidió que no iba a permanecer más tiempo en la cueva así que salió arrastrándose por las sombras. Había parado de llover pero aun así seguía oscuro y las sombras se extendían por entre los inmensos árboles que ocultaban el sendero por el que había llegado. Nada más salir de la cueva, una mano la agarró del cuello y tiró de ella hacia atrás.
- ¿Qué tenemos aquí?- preguntó una voz profunda y gutural antes de empujarla contra la roca- Sabía que había olido tu repugnante hedor a miedo, pequeña niña.
Lara alzó la vista para mirar a las criaturas que tenía ante sí, parecían sacadas de su peor pesadilla. Aragorn le había explicado en su momento qué eran los orcos y cómo eran y en un principio había creído que exageraba cuando las calificó de criaturas repugnantes, pero ahora veía que aquella afirmación no era fruto de la enemistad que el montaraz sentía por ellos. Lara intentó escapar pero la mano fuerte de uno de aquellos orcos la sujetó con fuerza.
- Avisa a Gnur- dijo el que la sujetaba- esta noche tendremos un gran banquete.
Dejándola sola con su captor el otro orco entró en la cueva de nuevo. Lara intentó revolverse, era más fácil escapar de un orco que hacerlo de varios cuando llegasen. Necesitaba encontrar la forma de librarse de su captor.
- Deja de revolverte, maldita zorra- el orco le golpeó con fuerza en la cara aturdiéndola, una gota de sangre le resbaló por el labio- o te desangraré como a un cochino.
La criatura volvió a empujarla contra la pared haciendo que una flecha de las que llevaba a la espalda callera al suelo. Entonces Lara vio la salida, cogiendo la flecha con fuerza la clavó en el cuello del orco desprevenido, que sin duda no esperaba una reacción así de una mujer humana. La sangre oscura le salpicó a la cara. Creyendo que había vencido Lara se apartó, sin embargo el orco, para su sorpresa, reaccionó con violencia saltando encima de ella.
La fuerza del orco los arrojó a ambos al suelo donde rodaron unos cuantos metros alejándose de la entrada de la cueva. Todo fue muy confuso, en algún momento de la pelea el orco la agarró del cuello cortándole la respiración. Su mundo empezó a nublarse y justo cuando ya empezaba a rendirse la imagen de sus amigos del Endurance, junto con la de los cuatro hobbits y el montaraz, apareció en su cabeza. No podía rendirse, les había prometido a los hobbits que se volverían a ver y aun debía encontrar a Samantha y a Roth, debía sobrevivir a toda costa.
Sacando fuerzas de flaqueza la joven arqueóloga consiguió coger su piolet y con todo el ímpetu que pudo sacar golpeó la cabeza del orco. La sangre volvió a salpicarla pero a ella no le importó, había logrado que le soltara. Apartó el cuerpo inmóvil del orco y se arrastró lejos del cadáver. De repente sintió nauseas, lo que acababa de hacer la golpeó con fuerza, había matado a otro ser vivo y no sólo vivo sino también inteligente. Las lágrimas acudieron a sus ojos, toda la inocencia que había podido tener se desvaneció en un momento.
Sin embargo no tuvo tiempo de lamentarse por lo que había hecho pues unos gruñidos y varias voces empezaban a salir de la cueva. Rápida como el rayo la joven arqueóloga se levantó del suelo y salió corriendo en dirección al rio, si lograba cruzarlo quizás los orcos no la perseguirían. Corrió lo más rápido que pudo pero al llegar al rio se llevó una terrible sorpresa, parecía que había habido una gran crecida y las aguas se arremolinaban y rujían como caballos desbocados. Aragorn le había asegurado que el Brunein de Rivendel era un río calmado, incluso cuando nacía por entre las rocas de las Montañas Nubladas, así que el panorama que se encontró fue completamente sorprendente.
Sin embargo no podía pararse a pensar, pues algo le decía que los orcos estaban pisándole los talones. Dejando escapar un suspiro Lara bajó corriendo hasta la orilla del rio, quizás podría cruzar agarrándose a las rocas que sobresalían por encima del agua. Por suerte, y pese a la violencia del rio, no parecía que cubriera mucho ni siquiera en el centro. Dejó caer la capa sobre la tierra, aunque le había cogido mucho cariño a la capa que le había regalado Tom Bombadil pero era demasiado pesada y no quería que la arrastrara la corriente.
Ahogando un grito, pues el agua estaba helada, Lara se metió a la corriente. Resistió muy bien hasta la mitad del camino, pero de repente sucedió algo que no había previsto. Una bajada inesperada hizo que dejara de hacer pie hundiéndola repentinamente en el agua, la corriente la arrastró varios metros hasta que logró agarrarse a una roca con fuerza. Esforzándose al máximo logró agarrarse a otra roca cercana y así siguió hasta que volvió a la zona segura donde el agua apenas le llegaba a la cintura.
Cansada por el esfuerzo físico y aún más magullada llegó a la otra orilla cuando ya creía que no lo iba a conseguir. Casi se dejó caer sobre las piedras pero se había chipiado completamente y la noche era fría, por lo que debía moverse para entrar en calor. Se arrastró como pudo lejos de la orilla y se adentró entre los árboles, apenas notó que el paisaje había cambiado, los árboles eran más frondosos y todo estaba lleno de vida, incluso había flores de todos los colores esparcidas a placer por el suelo verde. Los límites de Rivendel ya estaban frente a ella y ni siquiera se había dado cuenta.
La adrenalina de la batalla y la posterior huida ya había desaparecido, y el dolor junto con el cansancio se cernían sobre ella cual sombras sobre la luz. En algún momento de la caminata calló de rodillas al suelo y su mundo se nubló completamente.
Cuando despertó se no se atrevió a abrir los ojos, estaba envuelta en lo que parecía ser una manta y un alegre fuego crepitaba muy cercano a ella. Estaba seca y notaba el calor de la hoguera penetrando por la manta devolviéndole la vida que casi había perdido. Poco a poco los sonidos de unas voces alegres y dulces empezaron a distinguirse sobre el ruido de la madera al ser quemada. Las voces eran musicales y Lara se descubrió distinguiendo algunas palabras que había llegado a escuchar en la boca de Aragorn y de Glorfindel.
"¡Elfos!" pensó para sí misma antes de abrir los ojos y volver del mundo de los sueños de una vez por todas.
Dejó escapar un leve gemido cuando intentó incorporarse y aunque fue menos que un susurro los cuatro elfos que allí había interrumpieron su conversación. Uno de ellos, de cabellos largos y rubios y ojos azules y profundos como el mar, se acercó a ella para ayudarla.
- No os esforcéis, mi señora- dijo, su voz sonaba tan límpida que Lara se quedó unos segundos sin poder procesar nada más que la voz del elfo- Os encontramos un poco más allá de nuestro campamento, empapada y malherida. Habéis descansado muy poco.
- Os lo agradezco- su voz salió ronca, tosió para aclarársela- Pero llevo prisa.
Intentó levantarse pero el elfo colocó una mano en su hombro, había sido un gesto delicado y apenas tuvo que hacer mucho esfuerzo para que ella se mantuviera sentada.
- Será mejor que permanezcáis sentada- uno de los otros elfos se acercó a ella y al rubio- vuestra condición es francamente terrible y no deberíais hacer esfuerzos hasta que mejorarais.
- He estado peor- murmuró ella algo ofendida porque el elfo creyera que no podía soportar unas magulladuras y una casi hipotermia.
El elfo estuvo a punto de replicar pero el rubio de ojos azules puso paz negando con la cabeza.
- No dudamos que seáis fuerte- dijo suavemente- pero por vuestro estado puedo deducir que habéis pasado un infierno para llegar hasta aquí. Descansar no os irá mal.
Como un flash la muerte del orco vino a la cabeza de la joven arqueóloga, enterró la cabeza en las manos conteniendo un sollozo.
- ¿Os encontráis bien?- preguntó el mismo elfo.
Lara asintió, incapaz de articular palabra. El elfo suspiró pesadamente y se levantó de su lado, al cabo de unos segundos volvió llevando en su mano un trozo de una torta, se la tendió con una sonrisa dulce.
- Comed, os ayudará a reponer fuerzas.
Sin saber que esperar de aquella comida Lara se la metió en la boca sin rechistar. Para su sorpresa aquella comida no sabía nada mal y el pequeño pedazo fue suficiente para dejarla satisfecha.
- Gracias- hizo una pausa, antes de poner la mano en el corazón e inclinarse ligeramente, un saludo élfico que Glorfindel le había mostrado un par de días atrás- Me llamo Lara Croft.
- ¿Conocéis el saludo élfico? No es natural entre la raza de los hombres.- los cuatro elfos parecían sorprendidos.
- Alguien me lo enseñó hace poco- contestó ella- pensé que sería lo correcto.
- Disculpad nuestros modales, no esperábamos esto- el elfo rubio sonrió claramente avergonzado- Mi nombre es Legolas Thranduilion y ellos son Veon, Taro y Varnewë. ¿Puedo preguntaros a dónde os dirigíais? Quizás podamos ayudaros.
Lara suspiró, no conocía las razas de la Tierra Media y no estaba segura de si podía fiarse completamente de aquellos elfos, pero por otra parte le habían salvado la vida y su instinto le decía que podía confiar en ellos. "Fíate de tu instinto", eran las palabras que siempre le dedicaba Roth antes de que hiciera cualquier cosa, y siempre que lo hacía todo salía bien.
- Rivendel- dijo finalmente- me dirijo a Rivendel.
- Esto si que es inusual- el llamado Veon le dedicó una sonrisa- Una hija de hombres que conoce el saludo élfico y que se dirige a Rivendel. Me recordáis a cierto montaraz que conozco.
El nombre de Aragorn apareció en la cabeza de la joven casi con letras de neón. El montaraz le había confesado que se había criado entre elfos y que era algo inusual para la raza de los hombres, incluso para los montaraces. Sin embargo no comentó nada.
- Nuestro destino también es Rivendel- Legolas intervino- sería un honor que nos acompañarais.
- Os estaría agradecida, sólo conozco el camino por las indicaciones que me proporcionó un amigo y, aunque creo tener un buen sentido de la orientación, temo haberme desviado al norte.
- En efecto mi señora, si seguís más al norte cruzaréis las Montañas Nubladas hacia el Bosque de Mirkwood, y, pese a que es nuestro hogar, no os lo recomiendo ahora que la Sombra se ha alzado.
Lara supuso que aquella Sombra de la que Legolas hablaba era aquel al que se referían como "El Enemigo" y el cual Aragorn le había prohibido mencionar su nombre mientras no se encontrara en un entorno seguro, como si la sola mención del nombre pudiera atraer al mal que él mismo representaba. No era un miedo irracional al nombre, ella lo había comprobado, sino que era casi como un tabú para aquellas criaturas que eran parte de la luz.
- Entonces esperaré para visitarlo- contestó ella con una sonrisa intentando aliviar el ambiente.
- Era un lugar muy hermoso antes de que la sombra lo alcanzara- Taro se sentó junto a ella, justo al otro lado de Legolas. Los elfos parecían ansiosos por hablarle de su hogar y ella no se opuso pues quería conocer todo lo que pudiera de la Tierra Media.
- Y aún lo es- Veon lo interrumpió casi con violencia- lo que pasa es que está lleno de esas malditas arañas que lo destrozan todo.
- ¿Arañas? No pensé que los elfos tuvieran miedo de las arañas- Lara se burló, sus nuevos compañeros le estaban haciendo olvidar todo lo que había pasado.
- Estas son grandes como caballos- puntualizó Veon algo ofendido.- Si las vierais seguro que no pensabais así.
- Seguro- Lara le concedió con una media sonrisa.
El último de los elfos, Varnewë, que parecía más serio que el resto, se acercó a la hoguera con unas cuantas ramas y se dejó caer al suelo frente a ella.
- Opino que deberíais dejar descansar a nuestra nueva amiga, mañana partiremos con el alba y los hombres no son como los elfos que no necesitamos dormir todas las noches.
Veon y Taro estuvieron de acuerdo pero Legolas añadió algo más antes de dejarla.
- Antes de que os vayáis a dormir contadnos como acabasteis tan herida y mojada.
Con un suspiro Lara comenzó a relatar lo que le había sucedido desde que se separó de los hobbits.
- Orcos tan cerca de los territorios de lord Elrond- Varnewë se llevó la mano a la barbilla pensativo- esto es claramente preocupante.
- De todas formas no debéis inquietaros, pues esta noche dormiréis a salvo. Descansad mi señora, pues mañana nos espera un día largo a caballo.
Con estas palabras los cuatro elfos se alejaron de ella volviendo a sus sitios originarios. Lara se dejó caer sobre la hierba y a los pocos segundos de que su espalda tocara el suelo ya estaba dormida.
Despertó al día siguiente en el mismo instante en el que los perezosos rayos del sol tocaron su cara. Abrió los ojos lentamente, disfrutando de la caricia del sol contra su piel. Se incorporó admirando lo que la noche pasada no había sido capaz de ver. Se encontraban en un claro, rodeados de árboles grandes y frondosos, sus verdes copas se mecían elegantemente al son de la suave brisa de la mañana. Las gotas de rocío que se habían acumulado durante la noche sobre sus hojas, relucían con el sol. Lara contuvo el aliento maravillada por el espectáculo, en todos sus años de vida jamás había visto una naturaleza más hermosa ni a la vez más salvaje.
Un poco alejados de ella los elfos se afanaban en recoger el campamento y colocar sus pertenencias en unos caballos que la noche anterior la joven no había sido capaz de ver. Se levantó del suelo y se acercó a los cuatro elfos para tenderles la manta que había usado. Veon se volvió hacia ella con una sonrisa.
- Me alegra veros despierta, estábamos echándonos a suertes quién iba a ser el que fuera a levantaros y me había tocado a mí.
- No me voy a comer a nadie por despertarme.- Lara le devolvió la sonrisa.
- Y no lo esperaba, sólo es que no deseaba perturbar vuestro sueño.
-Ninguno lo deseábamos, Veon- dijo Taro mientras cogía la manta de los brazos de Lara.
- Gracias por la consideración- respondió ella con un suspiro.
Antes de que pudieran continuar la conversación Legolas se acercó a ellos con un caballo detrás de él. Era de color blanco y de porte fuerte y robusto, seguía al elfo con la cabeza bien alta. El elfo sonrió a la joven alegremente antes de tenderle un poco de la misma torta de la noche anterior.
- Montaréis conmigo hasta Rivendel- dijo Legolas acariciando el cuello de su caballo- Aegnor es el más fuerte de los cuatro y podrá llevarnos sin grandes problemas.
Dicho esto montó sobre el caballo y le tendió la mano a la joven arqueóloga para ayudarla a montar tras él. Insegura de cómo proceder ella aceptó la mano, y cuando se hubo subido se agarró con fuerza a la capa del elfo. Legolas dejó escapar una suave risa cuando sintió lo insegura que se sentía la joven sobre el caballo.
- ¿Nunca habíais montado?- preguntó mientras se ponían en marcha.
- Sí, cuando era niña, pero no me gustó mucho.- respondió ella con un mohín- Pero nunca lo había hecho detrás de nadie.
La mañana pasó rápido, los elfos eran unos alegres compañeros y compartieron con ella varias historias y canciones que conocían. Ella no habló mucho, tan sólo escuchó, aprendiendo y memorizando varias de las historias que le ayudaron a comprender mejor la Tierra Media. Cuando llegó el medio día Rivendel ya se divisaba a lo lejos.
