No soy dueña de ESDLA ni de Tomb Raider.
Lo primero de todo es pedir disculpas, siento haber tardado tanto y no tengo escusa, se me rompió el ordenador y luego he estado muy liada con trabajos y apuntes. Siento un montón haber tardado tanto tiempo y aunque no puedo prometer ser completamente regular, sobre todo ahora que llegan los exámenes, intentaré no tardar tanto.
Bueno, sin más os dejo con la historia.
CAPÍTULO 6: RIVENDELL
Cuando Lara divisó a lo lejos Rivendel apenas podía creérselo. Era una maravilla arquitectónica, con curvas suaves y formas ondulantes. Nunca había visto nada igual. La arquitectura élfica era completamente diferente a lo que ella estaba acostumbrada, la armonía y la suavidad era lo que primaba sobre todo lo demás, era bello y a la vez majestuoso. Mientras se acercaban, Lara no pudo dejar de notar que las piedras estaban talladas de forma que parecían un elemento más de la naturaleza, hojas y ramas de piedra que se entretejían armónicamente.
- Es hermoso, ¿verdad?- Legolas había notado el asombro de la joven detrás de él.
- Nunca había visto nada igual, es… no puedo describirlo.
- No hay nada similar a El Último Hogar en la Tierra Media- el elfo parecía melancólico, pero Lara no se atrevió a preguntar.
Siguieron a trote ligero hasta la entrada de la casa, señalada por una serie de arcos de mármol, o al menos parecía mármol, donde descabalgaron. Lara había acompañado a Taro a dejar a los caballos así que no pudo ver a la figura que se acercaba a toda prisa a las caballerizas. Oyó a Legolas llamar a alguien en el exterior.
- ¡Estel!- el elfo parecía contento- Me alegro de verte aquí, temía que estuvieras de viaje.
- Legolas, yo también me alegro de verte.- el hombre hizo una pausa- Disculpa que no me quede contigo amigo, pero he de salir en busca de alguien. Le prometí que la encontraría y no puedo dejarla desamparada en medio de tierras que no conoce.
En ese momento Lara salió de las caballerizas, había reconocido la profunda y suave voz del hombre aunque Legolas lo hubiera llamado con otro hombre. El elfo estaba a punto de comentar algo cuando ella llegó corriendo.
- Aragorn- llamó suavemente, el hombre la miró confuso- ¿Cómo está Frodo?
El montaraz no respondió a la primera, luego su expresión seria se hizo más suave hasta casi esbozar una sonrisa aliviada.
- No te preocupes más por él, está estable gracias a la intervención de Lord Elrond- apoyó la mano en el hombro de la joven- Me alivia ver que estás bien, los hobbits y yo estábamos muy preocupados e incluso Lord Glorfindel se ofreció a salir en tu busca.- se volvió hacia Legolas que se había mantenido a un lado sin decir palabra- Gracias a Eru que la puso en vuestro camino mellon nin, no me habría perdonado si le hubiera pasado algo.
- La encontramos malherida cerca de las orillas del Brunein, los orcos la habían atacado fuera de las fronteras de Rivendel. Deberías mirar sus heridas Estel, eran superficiales pero mejor si son bien tratadas.
- Ve conmigo Lara, tenemos mucho de qué hablar y los hobbits se alegrarán de ver que estás bien.
Sin dejarla despedirse de los elfos que tan bien la habían tratado Aragorn la condujo al interior de la casa, estaba perfectamente iluminada por amplios ventanales y grandes balcones. Atravesaron varios pasillos hasta que llegaron a una puerta que el montaraz abrió sin pensarlo. Una habitación exquisitamente decorada se abrió ante ella. Había una cama en el fondo, un armario y tras otra puerta lo que parecía una bañera.
- ¿Qué es esto?- preguntó la joven pues no había nadie en la habitación.- Pensé que ibas a llevarme a ver a Frodo.
- No te preocupes, lo primero es tratar tus heridas. Quédate aquí, avisaré a alguien para que te ayude a bañarte. También informaré de tu llegada a Lord Elrond y a Gandalf, deseaban verte en cuanto te trajera pero creo que dadas las circunstancias no les importará retrasar la reunión.
- Pero Aragorn…
El montaraz había salido de la habitación antes de que la arqueóloga pudiera replicar dejándola a solas. La joven suspiró cansada y fue a sentarse en la cama dejando el arco y el piolet a un lado en el suelo. Se dejó caer en la cama y cerró los ojos. Volvió a abrirlos cuando alguien golpeó la puerta.
Dos mujeres, elfas, entraron en la habitación sin esperar el permiso de la joven. Mientras una se dirigía a la bañera con un par de jarras de lo que Lara supuso que era agua, la otra se acercó a ella inclinándose ligeramente. Lara la imitó algo cohibida, las dos elfas eran de una belleza indescriptible, una belleza que habría despertado las envidias de más que una actriz de Hollywood.
- Bienvenida a Rivendel mi señora- dijo la elfa, tenía un acento musical y hablaba despacio, como si hiciera mucho tiempo que no hablara esa lengua- Lord Aragorn me ha pedido que trate vuestras heridas y os ayude en todo lo posible hasta que él vuelva. Os hemos traído algo que poneros para poder lavar vuestras ropas.
Algo en el tono de su voz indicó a la joven arqueóloga que las ropas que llevaba no eran de su agrado. De todas formas Lara le agradeció el gesto, tampoco es que quisiera pasearse por Rivendel con aquellas ropas manchadas de barro y sangre.
Entre las dos elfas la ayudaron a desvestirse, y aunque no le agradara el hecho de que la bañaran sabía que necesitaba tratar sus heridas, tenía muchas y si se infectaban lo iba a pasar fatal. La que más preocupó a la elfa fue la del costado, que a pesar de que Aragorn la tratara un poco seguía teniendo bastante mal aspecto. Cuando salió de la bañera le aplicó una pasta parecida a la del montaraz y la vendó con fuerza antes de ayudarla a ponerse el vestido.
El vestido era bonito, pero ella no estaba acostumbrada a esa clase de atuendos. Aun así le sentaba genial, aunque un poco ceñido en la zona del pecho, y habría incitado la envidia de su amiga Sam a la que le encantaban esas cosas. Cuando terminaron de ayudarla las dos elfas se marcharon, dando permiso para entrar a Aragorn que estaba esperando en la puerta para recoger a Lara.
- ¿Has estado esperando todo el tiempo allí?- preguntó la joven cuando el montaraz entró, también se había cambiado y tenía un aspecto menos desaliñado.
- No pretenderás que entre mientras te estas cambiando, sería muy descortés por mi parte.- Aragorn sonrió mientras le abría la puerta- Ven, te llevaré a ver a Lord Elrond.
- Pero… ¿y los hobbits? Me prometiste que iríamos a verlos.
- No te preocupes por los hobbits, ya les he comunicado que estás a salvo y bien.- respondió el montaraz con voz grave- Sin embargo es crucial que hablemos con lord Elrond y Gandalf, quizás tengan alguna pista de como volver a tu casa.
- Eso espero.
Un cómodo silencio se instaló entre ellos mientras caminaban por los pasillos de Rivendel. Al cabo de un rato Aragorn volvió a romperlo y cuando habló tenía un brillo preocupado en la mirada.
- He hablado con Legolas- dijo suavemente- y me ha contado lo de tu encuentro con los orcos. Por lo que me has contado de tu origen era la primera vez que matabas, ¿no? Debe haber sido muy duro, lo siento Lara.
La joven frenó en seco y miró hacia un lado, como avergonzada por algo. El montaraz la observó preocupado, no era fácil arrebatar vidas, y la primera vez era peor.
- Me asusta lo fácil que fue- respondió la joven entre susurros- pero era él o yo.
Aragorn asintió suavemente antes de poner una mano en la espalda de la joven para instarla a que continuara andando. No hablaron más hasta que llegaron a una puerta cerrada, estaba delicadamente decorada al igual que todo en aquella casa, pero esta daba la sensación de que guardaba algo muy poderoso. Aragorn llamó a la puerta y enseguida una voz les permitió la entrada.
En la habitación estaban reunidos tres elfos, de los cuales uno era Glorfindel, y un anciano de larga barba blanca, túnicas grises y sombrero picudo. El anciano fue el que más llamó la atención de la joven, sus ojos eran profundos y sabios y la observaban con abierta curiosidad. Los elfos eran más comedidos, pero Lara podía notar que también sentían curiosidad hacia ella.
- Bienvenida a Rivendel lady Lara- dijo uno de los elfos- Mi nombre es Elrond, señor de estas tierras.
- Gracias por vuestra hospitalidad lord Elrond- respondió ella seria, estar rodeada de tantas criaturas extrañas la ponía nerviosa.
- Es un placer teneros aquí- continuó el elfo- Os presento a mis consejeros, lord Erestor y ya conocéis a lord Glorfindel- el elfo rubio le dedicó una pequeña sonrisa a modo de saludo- y él es Gandalf.
El anciano se levantó del asiento en el que estaba sentado para acercarse a ella y poder observarla mejor.
- Los hobbits han hablado mucho de ti muchacha- dijo, su voz era amigable pero Lara tenía la sensación de que podría llegar a ser terrible si se lo proponía- Debo agradecerte que los escoltaras hasta Aragorn, algo me detuvo y no pude ir en su ayuda.
- No fue nada, ellos me lo pidieron y yo accedí. No hay mérito en ello.
- Sin embargo debemos agradecer toda ayuda que nos sea proporcionada en esta hora aciaga. Incluso si se trata de alguien que no es de este mundo.
- Supongo que Aragorn os ha hablado de mí y de cómo llegué aquí.
- En efecto. Tu caso es sorprendente y excepcional jovencita, y me encantaría poder ayudarte. Pero has llegado en un momento en el que debemos centrarnos en los problemas que atañen a esta tierra. Sin embargo no te negaremos ayuda ni cobijo.
- Mi casa está abierta lady Lara- Elrond interrumpió al mago suavemente- y podéis buscar en mi biblioteca cuanto queráis.
- Entonces, ¿no conocéis ningún caso como el mio?- Lara no pudo evitar que su voz sonara desesperada, aunque Aragorn le había advertido que quizás no encontrara respuestas no había podido evitar mantener cierta esperanza.
- Lo lamento- Elrond le dirigió una mirada triste, realmente parecía sentirlo profundamente- Pero quizás pueda pensar alguna forma de ayudaros si me relatáis vuestra historia al completo. Aun así debéis comprender que ni tan siquiera los elfos conocemos todas las respuestas y que puede ser voluntad de los Valar que os encontréis aquí.
Lara asintió agradecida y obviando la mención de los Valar, que parecían alguna especie de divinidad de la Tierra Media, se dispuso a contar por, esperaba, última vez la historia de su llegada. Al terminar nadie hizo ningún comentario centrados en asimilar lo que acababan de oír. Gandalf fue el primero en romper el silencio y cuando habló su voz sonó grave y sombría.
- Nunca, en todos mis años de vida, había oído un relato como el tuyo. Una canción en la niebla y la guarida del tumulario.
- Pero es imposible que él la haya traído aquí, Gandalf.- Elrond detuvo su deducción con el ceño fruncido- Nunca se ha oído hablar de un habitante de los túmulos con semejantes poderes, es algo inaudito.
- También nuestra joven amiga es inaudita, y sin embargo aquí está lord Elrond. Hay algo aquí que se escapa de nuestra comprensión,- el viejo mago se volvió hacia Lara, que se había mantenido callada mientras él y el elfo hablaban- no te preocupes muchacha, meditaremos tu historia y buscaremos alguna solución.
- Mientras tanto- lord Elrond le dedicó una sonrisa cómplice- estoy seguro de que ardéis en deseos de conocer la suerte de nuestros queridos hobbits.
- Casi tanto como ellos de conocer la de Lara- añadió Aragorn con voz suave.
- Será mejor no hacerlos esperar más, Estel- Elrond continuó- Lleva a Lady Lara a hablar con los hobbits, muchas cosas tenemos que tratar aquí.
Aragorn asintió en silencio mientras se volvía hacia la puerta del despacho, Lara lo siguió presto, pero no sin antes despedirse de los cuatro hombres que se quedaban en la habitación. Una vez fuera Lara se volvió hacia Aragorn con preguntas plasmadas en el rostro.
- Primero Trancos, luego Aragorn y ahora Estel- dijo la joven mientras caminaban por los iluminados pasillos de Rivendel- Parece que tienes muchos nombres.
Aragorn rió suavemente. - Estel es el nombre por el que los elfos me llaman,- respondió- mientras que Aragorn es el nombre que mis padres me otorgaron.
- ¿Por qué te llaman así?- Lara preguntó curiosa, no conocía a nadie que tuviera distintos nombres según las razas que lo nombraban.
La expresión de Aragorn se tornó más seria, como si esa pregunta le trajera recuerdos que no quería. - Porque significa "esperanza".
Sin una palabra más Aragorn aceleró el paso. Viendo la reacción del montaraz Lara no se atrevió a preguntar por el significado críptico de la frase. Estaba más que claro que lo que implicaba aquel nombre no le gustaba demasiado. Suspirando porque cada vez comprendía menos en ese mundo Lara apretó el paso para alcanzar al montaraz.
En muy poco tiempo llegaron a una puerta cerrada, pero la arqueóloga no tuvo necesidad alguna de abrirla para saber que se escondía tras ella. Podía oír a los hobbits hablar tras la puerta, tal era el escándalo que montaban que todo aquel que pasaba por delante de la puerta no podía evitar sonreír ante la despreocupación de los medianos. Aragorn abrió la puerta sonriente, olvidado el pesar que su nombre élfico le traía. Tres cabezas se giraron hacia la puerta, y luego dos hobbits se levantaron de sus asientos y corrieron hacia Lara.
- ¡Lara!- gritó Pippin saltando alrededor de ella- ¡Estas bien!
- Claro que estoy bien, dije que podía cuidarme sola.
- Me alega verla, señorita Lara- Sam, que había permanecido sentado junto a su amo, le dedicó una sonrisa aliviada- Nos tenía muy preocupados.
- Yo también me alegro, Sam- la joven se acercó a la cama donde Frodo seguía postrado, durmiendo, y se sentó a sus pies- ¿Cómo se encuentra Frodo?
- Lord Elrond dice que tardará en despertar pero que no debemos preocuparnos por su vida. Ahora que tu estas aquí y que se que el señor Frodo no corre peligro alguno mi corazón puede respirar tranquilo.
- Eres muy amable Sam, yo también podré descansar mejor sabiendo que nuestro Frodo sobrevivirá.- Lara sonrió al leal hobbit que no se había apartado ni un sólo segundo del lado de su amo.
- Tienes que contarnos tus aventuras, Lara- Merry se sentó a su lado sonriendo como un niño- Seguro que tienes mucho que decir.
- En realidad no tanto Merry, me encontré con unos elfos al poco de dejaros y ellos me trajeron hasta aquí. No mucho más.
Merry la miró decepcionado, esperando algo más que eso, pero Lara no iba a contarles de su encuentro con los orcos pues ya tenían suficientes preocupaciones en su cabeza. Aragorn se marchó al cabo de un rato dejándola sola con los hobbits. Merry y Pippin no pararon de contarle cosas sobre la comarca mientras Sam callaba velando por su señor. Cuando cayó la noche Lara también se retiró, cansada. No tenía hambre así que decidió prescindir de la cena y echarse a dormir cuanto antes.
Atravesando los pasillos no se dio cuenta de que se había perdido hasta que cruzó una puerta y salió al exterior. Suspiró con frustración, había estado tan ocupada admirando los intrincados adornos de la casa de Elrond que no se había molestado en aprender el camino a su habitación.
- Deduzco que os habéis perdido- una divertida voz sonó en la oscuridad haciendo que se sobresaltara.
- ¡Legolas!- exclamó ella volviéndose- No te había oído llegar.
- Lamento haberos sobresaltado mi señora, pero parecéis necesitar ayuda- el elfo sonrió divertido.
Lara suspiró por enésima vez desde que había llegado allí- Sí, tienes razón, no se llegar a mi habitación.
- Permitidme pues que os escolte.
Asintió suavemente y se dispuso a seguir al elfo pero este no se movió.
- No os he visto en la cena. Veon y Taro querían hablar con vos de nuevo, creo que les habéis causado una gran impresión.
- Los hobbits me entretuvieron contando historias y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde. A demás estoy cansada y no tengo hambre.- hizo una pausa- Pero lamento no haber ido a cenar, aun no os he agradecido que me salvarais.
- No tenéis por qué hacerlo lady Lara, ha sido un placer. Ahora marchemos hacia vuestros aposentos, habéis manifestado vuestro cansancio y no quiero ser yo quien os prive de un sueño reparador.
Comenzaron a andar en silencio, la joven no pudo dejar de admirar la ligereza y agilidad con la que se movía el elfo. Según había podido oír de Aragorn, y estaba empezando a comprobar por sí misma, los elfos eran bastante superiores en casi todos lo aspectos a los humanos. No pudo dejar de sentirse empequeñecida ante aquellas criaturas, ella se creía ágil, Roth se había asegurado de que lo fuera, y resistente pero nada tenía que ver con lo que eran ellos. A demás habían sido demasiado amables con ella y ni tan si quiera sabían quien era.
- Legolas, ¿puedo preguntarte algo?
- Adelante.
- ¿Por qué confiasteis tan rápido en mi? Soy consciente de el peligro que atenaza estas tierras y no creo que confiar en una extraña así como así sea lo más inteligente.
El elfo se rió suavemente,- No creo lady Lara, que ningún siervo del enemigo cruzara los límites del Brunein por su propio pie. A demás no sentimos la desagradable presencia de la Sombra en vuestro corazón, una criatura como vos no puede estar bajo el dominio de Mordor.
Cuando el elfo acabó de pronunciar esas palabras se detuvo en seco y sonrió, por fin había llegado a un terreno que Lara conocía, estaban en el pasillo en el que se encontraba su habitación.
- Este es el lugar donde suelen establecerse los invitados de Lord Elrond, supuse que vuestra habitación se encontraba aquí.
- En efecto, Legolas, reconozco el pasillo. Te lo agradezco de corazón.
Legolas hizo una suave reverencia con la mano en el corazón y se despidió de la joven, de camino a su propia habitación. Lara giró hacia su puerta que gracias a los cielos pudo reconocer, y entró en la familiar habitación en la que se había cambiado. Su arco y su piolet seguían en el mismo sitio en los que los había dejado y su ropa estaba lavada y plegada sobre el escritorio. Encima de la cama había un vestido blanco que la joven supuso que era la ropa para que durmiera. Se desvistió de inmediato y se metió entre las sábanas, al poco tiempo cayó dormida.
Habían pasado cuatro días desde su llegada a Rivendell y Frodo aún no había despertado. Sam andaba cada vez más preocupado pese a que el señor Elrond le había asegurado que tarde o temprano volvería a estar en pie. Lara había descubierto la biblioteca de Rivendel y había encontrado algo que hacer entre las páginas de los volúmenes, aunque la mayoría estaban escritos en élfico aun había alguno en lengua común que ella pudiera entender. Así aprendió sobre las criaturas de la Tierra Media y parte de la historia de aquel extraño continente. También aprovechaba su tiempo en la biblioteca intentando encontrar alguna forma de volver a casa.
Lara había conocido a Bilbo, el tío de Frodo, y cuando estaba haciéndole compañía en la habitación de este, el hobbit la deleitaba con historias de su viaje a Erebor con Thorin Escudo de Roble y sus 12 compañeros enanos. La joven arqueóloga se encontraba muchas veces disfrutando de las historias que el anciano hobbit tenía para ella. También había conocido a la hermosa hija de lord Elrond, Arwen Undomiel, era una criatura bellísima, no sólo en aspecto, y muchas veces acudía a la biblioteca para ayudarla en su investigación traduciéndole textos en elfico y, aunque todavía no habían encontrado nada, Lara disfrutaba de su compañía.
Apenas había visto de nuevo a Aragorn que aunque encontraba algún momento para pasar a saludarla o a preocuparse por ella, parecía tener que administrar su tiempo entre sus deberes como montaraz y lady Arwen. Lara no le culpaba, intuía que había algo entre la elfa y el hombre y prefería que pasaran su tiempo libre juntos a que estuviera preocupándose por ella. Glorfindel y Galdalf también pasaban de vez en cuando por la biblioteca, y aunque ellos tuviera menos tiempo que Aragorn para dedicarle, si que estaban allí de vez en cuando para recomendarle algún libro en el que investigar.
En cuanto a Legolas y sus tres compañeros tampoco había podido pasar demasiado tiempo con ellos, también tenían muchas cosas que atender pero pasaban a saludarla de vez en cuando, después de todo la biblioteca se había convertido casi en su segunda habitación y podían encontrarla sin problemas. Añoraba su propia biblioteca en Inglaterra, aunque no había sido un ratón de biblioteca, por eso había escogido la arqueología como especialidad, le gustaba investigar entre los libros de su padre. No se aburría, después de todo aquello no era tan diferente de la investigación que había hecho antes de poner rumbo a Yamatai en el Endurance.
Frodo despertó el mismo mediodía del cuarto día de su llegada a la casa de Elrond y enseguida comenzaron los preparativos para una gran fiesta en su honor. Lara no era una amante de las fiestas pero su vena curiosa no podía dejar de sentir excitación ante algo así, era una fiesta no sólo de otra cultura, sino también de otra raza distinta a los humanos, a demás también habían acudido enanos a Rivendel por lo que podría escuchar historias de las minas y tesoros de Erebor de los que Bilbo tanto le había hablado, se moría por escuchar relatos de primera mano.
Cuando la tarde había empezado a oscurecerse Arwen había aparecido en la biblioteca y la había arrastrado de vuelta a su habitación alegando que debía cambiarse para la cena. Lara no había rechistado, desconocedora de las costumbres élficas pese a había pasado unos cuantos días ya en Rivendel. Una vez que se cambió de vestido, había tenido que pasarse todos los días con vestido y empezaba a echar de menos sus pantalones de viaje, siguió a Arwen hasta un un gran salón donde se serviría la cena.
No vio a Aragorn por ningún lado pero si divisó a Merry, Pippin y Sam a un lado, a Gandalf, Elrond y Glorfindel presidiendo la mesa y a Legolas y a sus compañeros hablando entre ellos. Arwen fue a sentarse cerca de su padre llevándola con ella y sentándola a su lado. Las puertas se abrieron una vez más dejando entrar a Frodo, tenía mucho mejor aspecto que cuando lo había visitado la última vez, no pudo dejar de suspirar aliviada. El hobbit dirigió una mirada hacia ella y le sonrió suavemente, Lara le devolvió la sonrisa, aun no habían podido hablar pero se aseguraría de que lo hicieran tarde o temprano.
Lara comió en silencio perdida en sus pensamientos mientras el resto de comensales charlaban entre ellos, estando tanto tiempo en la biblioteca había tenido tiempo de reflexionar. Ella estaba allí, por lo que era probable que alguno de sus amigos del Endurance hubieran acabado también en la Tierra Media. Recordaba haber oído la voz de Reyes antes de ser atacada por el tumulario y también creía haber visto la enorme figura de Jonah. No estaba del todo segura de que sus suposiciones fueran ciertas pero si estaba allí debía encontrarlos. Había decidido comunicar a lord Elrond al día siguiente su decisión de dejar Rivendel, los elfos ya habían hecho mucho por ella pero no había encontrado respuestas en la biblioteca así que saldría en busca de sus compañeros. La voz del mismísimo señor de Rivendell interrumpió el hilo de sus pensamientos.
- Lady Lara- dijo llamando su atención- Tengo algo que pedirte.
La joven se volvió hacia el majestuoso señor élfico- Os escucho mi señor.
- Mañana habrá un concilio al que asistirán todos los llegados de tierras lejanas, me gustaría que estuvieras presente. Puede que el destino de la Tierra Media se decida mañana y creo también que tu presencia aquí está relacionada de algún modo con los tiempos oscuros que se ciernen sobre nosotros.
Lara se quedó en silencio unos segundos procesando la información, finalmente asintió suavemente.- Sería un honor, lord Elrond.
El elfo sonrió suavemente y se volvió hacia Gandalf para continuar con su conversación. Lara continuó centrada en su comida respondiendo de vez en cuando algunas de las preguntas que Arwen le hacía hasta que la cena terminó y todos pasaron en orden a la sala del Fuego. La elfa le había explicado que usualmente era una sala tranquila en la que podían relajarse y sólo la usaban para ocasiones especiales. Arwen se despidió de ella para ocupar el asiento junto a su padre mientras uso elfos trovadores comenzaban a tocar una suave canción. Lara se retiró a un laddo y fue a sentarse a uno de los bancos de piedra cercanos a un balcón. Observó en silencio la sala hasta que vio a Aragorn entrar en la habitación flaqueado por dos elfos casi idénticos, estaba sonriente y cuando la vio se dirigió a ella.
- Lara ven- dijo mientras ella se levantaba- Quiero presentarte Elladan y Elrohir, son los hermanos de Arwen e hijos de Lord Elrond. Muchachos esta es la joven de la que os he hablado.
- Es un placer conoceros al fin, lady Lara. Estel ha estado hablando de vuestras habilidades como si fueran las suyas propias- uno de los gemelos comentó con una sonrisa juguetona en los labios.
- Espero que no demasiado- contestó ella seria- Creo que Aragorn me sobrestima enormemente.
- No seas modesta Lara, tienes un instinto que muchos varones sueñan con tener.- volvió a sonreírle, parecía más feliz desde que había pasado más tiempo en Rivendell- Debo dejaros, creo que el viejo Bilbo requiere mi presencia para que le ayude a terminar unos versos. Nos veremos luego Lara.
Y dejándola con los dos hermanos se marchó en dirección a Bilbo y Frodo.
- Habéis causado una gran impresión en nuestro hermano, Lara- dijo el otro hermano, la joven creía que era Elrohir- Pocas veces lo he oído alabar a un mortal tanto como lo ha hecho de vos.
- Creo que ve demasiado en mi.
- Sin embargo nuestro padre también opina que sois algo extraño- los dos hermanos soltaron una carcajada melodiosa.- Ha sido un placer charlar con vos Lara, pero ahora debemos marcharnos a atender nuestros deberes. Espero que podamos veros mañana en el concilio.
- Claro- la arqueóloga suspiró suavemente antes de despedirse de los dos hermanos- Hasta mañana pues.
Volvió a sentarse suavemente y cerró los ojos deleitándose con la voz de los elfos. En algún momento de la noche Bilbo y Aragorn acabaron su canción y el viejo hobbit comenzó a cantarla lanzando un desafío a los elfos para ver si podían distinguir qué partes eran suyas y cuales del montaraz. Lara escuchó atentamente la canción, hablaba de un tal Eärendil, un medio elfo al parecer padre del mismísimo lord Elrond. Cuando la canción acabó Lara vio por el rabillo del ojo como Frodo y Bilbo abandonaban la sala dejando atrás a un dormido Sam.
Poco después ella misma se levantó dispuesta a echarse a la cama, no es que los elfos le aburrieran es que todos los que conocía estaban demasiado ocupados en sus propios asuntos. Arwen y Aragorn no se habían separado desde que el montaraz había dejado a Bilbo, Elrond y Gandalf charlaban a un lado en voz muy baja, y no había visto a Legolas ni a sus compañeros desde la cena. Recogiéndose el vestido se marchó de la sala y volvió a su habitación.
Fin, el próximo capítulo será ya el Concilio ^^ Espero que no os haya desagradado demasiado aunque reconozco que es más un capítulo de transición. Nos vemos en el siguiente.
