3.- Hijo pródigo
Pasaron varios días desde la entrevista del prisionero con el General, tiempo que el primero aprovechó para meditar.
El regreso público de Blue era una señal extraña. Técnicamente no era un prófugo y aunque su nombre se mencionó repetidas veces en sus declaraciones, el General, presentado a Vegeta a través de Raditz hace cinco años, mostraba marcado interés durante la explicación de Vegeta su novedosa creación. Aunque estuviera presente en el laboratorio en el que el joven posteriormente laboró, era con Raditz con quien Vegeta tenía que entenderse, tanto en avances como financieramente.
Blue también había invertido en la investigación, pero cuando Raditz propuso la búsqueda de la Luz del Dragón, el General se apartó. Según dijo, él trabajaba con lo real y no con leyendas. Apostaba el todo cuando se trataba de ciencia y avances.
-Lo cual es ridículo –dijo Vegeta para sí, repasando todos estos recuerdos-. Según los rumores, él era capaz de manejar una fuerza psíquica que dejaba inmóvil a sus oponentes…
La LD-3 (como fue bautizada por Raditz al tratarse de una "copia" de la Luz del Dragón) fue la primera fórmula en presentar algo distinto: leer la mente. Los sujetos de prueba podían saber lo que los demás individuos pensaran en una sala o a considerable distancia durante minutos u horas. Para la LD-4 se aumentaron las expectativas: el candidato debía mantener esta habilidad, además de mover cosas con el hecho de sólo pensarlo.
Todos creyeron que se cumpliría este paso al ver en un nuevo candidato una gran mejoría y la novedad de la "Fase Luz". Sin embargo, ese y los otros candidatos murieron en poco tiempo debido a una crisis cerebral. Aun con el fracaso del experimento, Raditz le pidió a Vegeta dos copias más de esta última fórmula. Lo último que supo, fue que Raditz había encontrado a un mejor candidato valiéndose de registros desconocidos para él y que ambas fórmulas habían pasado por las manos Maki Gero. Tampoco supo qué clase de modificaciones había hecho el doctor.
O-O
Todas las mañanas eran iguales: lentas, pesadas, grises.
Entre el clima helado y la quietud silenciosa que proporcionaban los cuatro muros de concreto que lo rodeaban, el prisionero había notado son embargo que la tormenta que se desencadeno durante toda la noche, por fin había pasado.
Sonrió. Durante ese año, habían ocurrido alrededor de tres tormentas, dos de las cuales, según supo por los guardias, habían sido capaces de cortar la electricidad a varios pueblos vecinos. La alerta se dio en la prisión, preparando su energía de reserva, pero no se llegó el caso de usarla, o al menos, él no lo notó. Como huésped involuntario en aislamiento, no contaba con los mejores servicios, pero si algo agradecía, por lo menos, era el silencio.
El silencio que fue interrumpido mientras observaba por la estrecha ventanilla de su celda como caían algunos copos de nieve y se preguntaba la hora aproximada al estar oculto el sol todo el tiempo.
La puerta metálica y la cerradura se movió rápidamente, apenas perceptible, para luego dar paso a dos guardias.
Arrojando un pequeño paquete de tela de forma oblonga sobre el camastro, uno de ellos le indico:
-Ponte esto. Rápido.
Examinó el paquete. Era ropa, perfectamente doblada y que al desplegarla, Vegeta se topó con un uniforme idéntico al de los guardias. Aquellos salieron de la celda para vigilar los pasillos y el pabellón.
Cuando estuvo listo, dio dos golpes breves a la puerta. Los guardias abrieron la celda y los tres avanzaron presurosamente por los pasillos.
El traje que usaba tenía una placa con un nombre que no alcanzó a leer, pero por las insignias, supo que pertenecía a un sargento. Era un par de tallas más arriba que la suya, pero no lo suficientemente notable.
Salieron del pabellón, guiando a Vegeta en silencio durante todo el trayecto de pasillos y escaleras, evitando a otros guardias que patrullaban y avanzando sobre puntos ciegos de las cámaras de seguridad.
No fue sino hasta cuando llegaron a otro de los pabellones vacíos, que uno de los guardias señaló hacer un alto y con un grito, indicó:
-¡Ya está aquí, Black!
Vaios hombres avanzaron al encuentro del prisionero desde el otro lado del espacioso pabellón.
Entre los hombres, había uno de gran altura y de piel de color. Vestido con un elegante traje de color negro y con una flor roja sobre el bolsillo de su traje, saludo cordialmente al joven, quien mantenía su expresión fría pese a los acontecimientos.
-Saludos, Vegeta. Si eres tan amable, sígueme. Saldremos de aquí en seguida –dijo Black mientras sonreía cordialmente-, nos reuniremos con Blue en unas horas.
-¿Encontró a la gente de Gero? –pregunto su interlocutor, restando importancia al nuevo General que tenía delante.
-Eso te lo contestara él mismo-respondió Black, perdiendo la sonrisa y sustituyéndola por desprecio-. Tengo órdenes de matar a cualquiera que oponga resistencia. Aun después de nuestra llegada con Blue.
-No te preocupes –dijo el prisionero, avanzando lentamente-, conozco a Blue perfectamente…
-Blue tiene poca paciencia –advirtió Black con una voz de advertencia, guiando a Vegeta hasta el otro lado del pabellón, hacia el exterior–y yo no discuto sus órdenes.
-Sera con él con quien tengo que vérmelas, no contigo –repuso Vegeta rápidamente-. No he sabido nunca que una gota mande sobre una tormenta.
El silencio se hizo nuevamente. Al salir por una de las puertas que conducían al patio sur de la prisión, abordaron una nave. Justo para diez tripulantes, el viaje desde la Capital del Norte hasta la región boscosa y húmeda del pueblo de Kumo se hizo en cinco horas. Fue un viaje pesado y sin escalas ya que la nave, que no pertenecía a la Corporación Capsula como casi todos los modelos modernos, era de una manufactura propia, es decir, una fiel copia de las mejores aeronaves sin seriación y sin radar de localización, como las originales.
Kumo pertenecía a la Nación de la Capital del Este. Era una región apartada, difícil de localizar en cualquier mapa por su baja población y ausencia de producciones destacables. Lugar indicado, por supuesto, para un cuartel.
Bajaron de la nave instantes después de aterrizar. Estaba soleado. El bosque reverdecido y alumbrado por los rayos del sol del atardecer, ofrecían a la vista de los recién llegados varias construcciones pequeñas. Cabañas rodeadas por soldados armados que escudriñaban a Vegeta celosamente mientras caminaba hasta la choza más grande y céntrica, evidentemente, donde Blue lo esperaba.
Una tarde tranquila de martes, cuando Milk terminaba de examinar un álbum de fotografías de su época de estudiante, dio una mirada de reojo al reloj de la estancia. Hizo un pequeño respingo, pues al parecer, el tiempo se le había ido rápidamente entre los recuerdos.
Pero no se preocupó demasiado. Como mujer previsora que era, ya había aventajado bastante la comida. Calentarla nuevamente y servirla era lo único que restaba, además de esperar a Goku.
Su marido había salido temprano en compañía de Krillin esa mañana y no tardaría en volver. Al parecer, un asunto relacionado con su padre demandaba su presencia y aunque Krillin fuera de mucha ayuda, había situaciones como esta en la que no había modo de evitar un repentino viaje a la Capital.
Milk estaba acompañada por otra mujer que hacia las labores más pesadas de la casa, por lo que no se sentía sola en aquella casa apartada en la montaña, aunque trataba de mantener cierta distancia. No estaba acostumbrada a dar órdenes a alguien pero a insistencia de su marido y por sugerencia de Bulma, tuvo que permitirlo. Era una idea que a cualquier otra mujer le habría parecido estupenda, pero Milk siempre había sido celosa de su intimidad. Aquella mujer no era joven y llegaba solamente por varias horas a la semana, teniendo libres los sábados y domingos y en esos momentos, estaba ausente por salir a comprar víveres hacía pocos minutos.
Cuando Milk llegaba a la cocina nuevamente, escucho una nave aterrizar fuera de la casa. Su corazón dio un revuelco y se encamino enseguida al recibidor, donde instantes después, Goku y Krillin hicieron su aparición.
Habían pasado dos meses desde su boda. Las vacaciones de Goku habían terminado, pero con el fin de no hacer largos viajes, trataba de resolver la mayor parte de los asuntos de la A.I.T. desde una pequeña oficina dispuesta en su casa, donde Milk raramente entraba y la servidumbre no tenía acceso.
-¡Ay! ¡Estoy agotado! –dijo Goku mientras estiraba sus brazos para tomar asiento en una silla del comedor- ¡Y tengo mucha hambre!
-Ya me lo imaginaba –dijo Milk con una sonrisa-, por eso ya está lista la comida. Solo espera un poco. ¿Tú también tienes hambre, Krillin?
-Pues, si, un poco, jeje –respondió aquel mientras tomaba asiento al lado de Goku.
-No hay problema. En un momento estarán satisfechos. Por cierto, Goku, no puedes poner ese portafolio en la mesa. Llévalo a otro lado.
-Ah, sí, disculpa, Milk –dijo el distraído marido, bajando al lado de su silla el portafolio mientras sonreía.
-¿Sabes qué? Seguramente lo olvidaras aquí después de comer y luego no sabrás dónde lo dejaste. Lo llevaré de una vez a tu despacho.
-No, Milk, no te molestes. Yo lo hare. En serio.
-No es molestia, es precaución. Ya te ha pasado varias veces.
-Gracias, entonces.
Unas sonrisas cómplices cruzaron ambos rostros de los esposos mientras la joven se alejaba por un pasillo.
O-O
-Oye, Goku, si me permites decirlo, tu esposa aparte de que es bonita, es muy atenta y amable. Me da la impresión de e que te casaste con una princesa.
Goku sonrió ampliamente.
-Sí, Krillin. Y como dijiste, es una princesa. Trato de que este cómoda y apartada de todo lo relacionado con los problemas con los que nos conocimos…
Goku lanzo un suspiro y su mirada se tornó un poco meditativa.
-También –añadió el joven luego de una pausa-, quiero que el asunto de mi padre se resuelva pronto…
-Ya verás que sí, amigo –dijo Krillin con una sonrisa.
Paseando la vista sobre la estancia, que se veía con claridad desde el comedor, Krillin descubrió unas fotografías. Las imágenes de la boda y los fallecidos padres de los novios a los lados en el muro llamo su atención, además de mirar alternativamente a su amigo y el retrato situado a la izquierda.
-¿Sabes, Goku?, si no fuera por esa cicatriz, diría que tengo delante de mí a tu padre.
Goku volvió a sonreír.
-Milk no lo conoció en vida, pero por ese retrato de la estancia también dijo lo mismo. Le conté cómo era y algunas cosas que recuerdo de él.
Goku estuvo muy unido a su padre hasta los quince años. Había conocido a Krillin desde los siete y desde entonces habían sido muy buenos amigos. Cuando terminaron la secundaria, decidieron hacer la preparatoria en un colegio militar, ya que ambos pertenecían a familias que habían incursionado en algún momento en la vida militar.
Bardock se mostró un poco contrario a la idea de su hijo al principio. Si bien le había contado a Goku algunas historias sobre su pesado y estricto entrenamiento que tuvo alguna vez, no lo hizo con el fin de inducirlo a seguir sus pasos. Seripa también mostró su negativa cuando lo supo y de manera más clara y menos sutil que su esposo, le advirtió a su hijo que eligiera otra cosa.
Durante el tiempo en el que se le permitió decidir, la primera tragedia sucedió.
Seripa había salido de la Montaña Paoz desde muy temprano. Amante de la mecánica y con un nuevo proyecto sobre el motor de una motocicleta que había adquirido desde su vida de soltero, Bardock no la acompañó. Goku se encontraba con Krillin en la Capital y volvería esa tarde.
Las horas pasaron. Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Goku volvió a casa, totalmente ignorante de lo que ocurría.
Encontró su hogar a oscuras. Ninguno de sus padres se encontraba y mientras encendía las luces, encontró un gran desorden sobre la mesa del comedor. Había muchos papeles revueltos. Documentos de diversa clase que también cayeron al suelo e incluso, en la sala, había un vaso volcado con toda la bebida esparcida. Goku se preocupó.
No había ninguna nota para él y no había modo de comunicarse con alguno de sus padres. Tanto Bardock como Seripa reusaban usar teléfonos celulares desde siempre.
El muchacho pensó que quizás no ocurría nada grave, aunque en tales condiciones, cada minuto sin tener noticias parece una eternidad y para Goku, pasaron cinco horas eternas.
Casi a media noche, cuando el joven dormitaba en uno de los sillones de la sala, escucho el ruido de una nave. Y la puerta principal se abrió.
-¡Tío Tooma! –exclamó Goku al reconocer al recién llegado-, ¿pasa algo grave?, ¿dónde están mis padres?
-Muchacho –le respondió Tooma con una seriedad pocas veces vista por Goku-, vine por ti. Tenemos que irnos pronto.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿A dónde?
-Tu padre está muy ocupado y no quiere que estés solo. Vámonos.
Obedeció a Tooma y ambos subieron a la nave, dirigiéndose de inmediato a la Capital. La preocupación de Goku había aumentado con el grave semblante de su tío, quien no dijo ni una palabra durante todo el trayecto y hasta cuando llegaron a la ciudad. Entraron a un edificio de varios pisos que era un hospital.
Guiado por Tooma, anduvieron por los blancos pasillos con olor a desinfectante y repleto de enfermeras y doctores que caminaban apresuradamente. Era el pabellón de urgencias el que atravesaba pero se detuvieron por fin hasta llegar a donde los enfermos estaban en estado de observación o crítico.
Habia cerca de diez personas de pie alrededor de otro hombre que había tomado asiento en el único sillón de espera. Todos hablaban y discutían entre ellos, permaneciendo en silencio el único individuo sentado, siendo él en ese grupo quien se percató de la llegada de Tooma y Goku. Se puso de pie. Seguido por uno de los hombres, fue al encuentro de su hijo.
-Papá –dijo Goku, al reconocerlo-, ¿qué pasa? ¿Dónde está mamá?
La palidez y seriedad de Bardock lo le auguraba nada bueno como respuesta.
-Tu madre está siendo atendida en estos momentos –respondió rápidamente el otro hombre que había seguido a Bardock-. Esta tarde, cuando volvía a su casa, ha sufrido un percance en su nave.
Goku miri a aquel hombre, dirigiéndole sin querer una mirada cuestionadora al no haberlo visto nunca en su vida. Su interlocutor percibió ese sentimiento y con una afable sonrisa, se presentó:
-Hola, Goku. Yo soy el Dr. Brief. Hace tiempo tus padres trabajaron en la compañía que dirijo y no había tenido el gusto de conocerte en persona.
-Le debemos mucho a este hombre, Goku –añadió Bardock luego, cuando recupero un poco el color-. Deberás respetarlo siempre.
-Por favor, Bardock –interrumpió el doctor-. Eso no importa ahora.
Un médico salió a su encuentro cuando Goku iba a preguntar algo sobre su madre. Todos los presentes, incluidos Bardock y el Dr. Brief se aproximaron a él, apartando un poco a Goku, que pese a la distancia y a las numerosas preguntas que comenzaban a hacer, escucho perfectamente la noticia:
-La paciente recayó nuevamente en otra crisis. No nos es posible mantenerla estable. No responde a ninguno de los medicamentos. El especialista que hizo la cirugía la ha valorado y tanto él como yo creemos que no sobrevivirá.
-¡Como puede ser! –dijo una voz mientras se hacía un murmullo mayor entre los presentes.
-No pasara la noche –dijo nuevamente el doctor, retirándose-. Estén preparados para lo peor.
A la mañana siguiente se preparó el funeral. Hubo mucha gente presente que Goku jamás había visto. Todos le daban sus condolencias al igual que a su padre quien hasta entonces, el joven vio fumar por primera vez. No sería un hecho tan relevante sino fuera porque años después, el tabaco seria el principal sospechoso sobre el origen de la enfermedad que terminó por consumir a su padre.
Cuando Goku se fue de su hogar y años después, hasta cuando volvió para cuidar a su padre luego de abandonar el frente causado por un ataque de la Red Ribbon que le costó una sanción que Raditz pagó cuando le brindo su "ayuda", Goku tenía la esperanza de que quizás Bardock pudiera recuperarse.
Durante el reporte forense, Goku cayó en cuenta de que la enfermedad estaba más avanzada de lo que él creía. Era como si Bardock supiese que iba a morir. Según dijo el forense a Goku, la enfermedad llevaba años en el cuerpo de Bardock. Pero no fue eso lo que terminó por matarlo mientras Raditz lo tuvo en su poder. Una bala alojada en su nuca acabó con su vida. El cadáver fue localizado varios días después, en un edificio abandonado que en otro tiempo fuera un cuartel de la Red Ribbon, el "Palacio de Ahooi", como era conocido.
Krillin y Yamcha, autorizados por Bulma, registraron toda la misión que había ocurrido en aquel lugar. Pusieron al tanto a Goku de inmediato y de nuevo, un nombre que había resonado en las declaraciones de Bardock, fue repetido por uno de los capturados en el laboratorio que Raditz mantenía en secreto: el General Blue.
Y ahora, en la época actual, aquel hombre había regresado. Bulma y Goku trabajaban incansablemente para capturarlo, siendo el joven quien tenía sobre sus manos ese deber, como venganza suya y de su padre.
Además, sin que Bulma lo diera por enterado, Goku sabía que una enfermedad similar había terminado con la vida de Ox Satán, el padre de Milk. Coincidencia o no, algo le decía que la Red Ribbon también estaba detrás de esto y que en cuanto capturaran a uno solo de los "refugiados" –como eran llamados los prófugos-, sería la hora de ajustar cuentas.
O-O
Milk entró a la oficina de Goku, encendiendo la luz rápidamente. Avanzó hasta un escritorio y colocó el portafolio encima. Cuando lo hizo, el maletín perdió el equilibrio y cayó por un costado, levantando una brisa de aire que terminó por hacer volar al suelo una hoja de los numerosos papeles que se encontraban encima de la superficie de madera.
La joven levantó aquel documento, pero antes de devolverlo, leyó rápidamente la primera línea, pensando que quizás, se trataba de algo relacionado con la Agencia o la Corporación.
(…) Suno es una niña muy inquieta. Sus travesuras me alertan en que debo estar pendiente de ella a cada minuto.
No era un documento oficial y evidentemente estaba a medias. En el escritorio se debía encontrar el inicio y final de eso que parecía ser un diario personal o una carta. Estaba impresa con letra clara y mediana. Sin poder evitarlo, continúo la lectura:
(…) Hace unos meses, estaba con ella en la estancia de mi casa. Como había estado trabajando la noche anterior a altas horas, me quedé dormido. Suno trató de despertarme, pero al ver que realmente había caído en una gran somnolencia, comenzó a moverse por la casa. La puerta que da al jardín estaba abierta, así que gateó hasta ahí y anduvo por el jardín.
En ese momento, nuestro jardinero estaba por cortar el césped. Como olvidó sus guantes en el garaje, fue por ellos, dejando la podadora encendida y trabada, pensando que no demoraría más de medio minuto, pero ese fue tiempo suficiente para que Suno llegara hasta la máquina, atraída por el ruido.
Un grito agudo me despertó. De un salto me puse de pie y busqué a Suno por la estancia y de inmediato mi mirada se fue a la puerta semiabierta. Salí al jardín. Las otras dos criadas salían conmigo al comprobar que Suno no estaba con ellas.
Ahí estaba la niña, sentada al lado de la podadora, con su vestido manchado de sangre. Cubría una mano con la otra con su rostro enrojecido por el llanto. El jardinero estaba delante de ella, tratando de calmarla. La podadora ya estaba apagada y me acerqué a Suno. Tomé su manita con sangre.
El pulgar, el índice y el dedo medio habían sido amputados por la navaja. Dejaban el poco muñón ensangrentado de cada uno con los huesos expuestos y una masa de carne viva que no paraba de sangrar. Suno no dejaba de llorar y una de las mujeres se quitó su mandil para que yo pudiera hacer un torniquete con los tirantes y cubrir la mano con el resto de la tela. La otra mujer fue a hablar de inmediato a una ambulancia mientras el hombre encargado del jardín me explicaba cómo había ocurrido todo y lo mucho que lo sentía. Luego me arreglaría con él, pues mi principal preocupación era Suno.
Cargué a la niña para meterla dentro de la casa y esperar el auxilio solicitado. Mantuve a Suno contra mi pecho hasta que dejó de llorar. Minutos después, llegaron los paramédicos.
De inmediato les entregué a Suno para que la examinaran. Le quitaron el improvisado vendaje y la apartaron hasta uno de los muebles. Pero al terminar de valorarla, un paramédico me miró de manera molesta y me dijo:
-¿Esto es una broma? ¡Por favor, no jueguen con los servicios de emergencia, hay gente que de verdad lo necesita! ¡Debería ser delito llamarnos si no hay una verdadera necesidad!
Me devolvieron a Suno y pude ver que la mano de la niña estaba intacta. Las criadas, el jardinero –quien ya se preparaba para llevar todas las consecuencias de su descuido-, e incluido yo, nos quedamos atónitos. Los cuatro habíamos visto cómo Suno había perdido los dedos y ahí estaban, completos y sanos.
No discutí más con los paramédicos y dejé que se fueran.
Al parecer, Suno se había quedado callada porque el dolor se había ido y ahora tenía sueño y no por el shock como yo creí. (…)
¿Quién era esa niña llamada Suno? ¿Quién era el autor de esa nota? ¿Existían más seres con la condición de Milk? ¿No era la única Luz del Dragón como creía? ¿Cuándo se lo diría Goku?
Milk devolvió la hoja al escritorio finalmente y salió de la oficina para volver al comedor.
Durante la comida ni aun después, cuando por fin se quedaron solos, Milk no hizo mención de aquella carta. Confiaba en Goku, quien no se mostraba ni preocupado ni molesto en ningún momento. Se lo diría, era seguro, pero quizás necesitaba reunir más información antes. Milk esperaría entonces. Por ahora, quería tranquilidad.
-¡Vegeta! ¡Por fin estas aquí! –exclamó Blue cuando aquel hizo acto de presencia en el centro de la amplia cabaña donde habían cerca de veinte individuos armados. Blue continuó-. Oficialmente comienza la reunión. Pero no cuento con mucho tiempo, así que te explicaré las reglas rápidamente: tienes 48 horas para hablar a partir de este momento. No habrá negociaciones y si confiesas, no pertenecerás a mi ejército.
-Hable o no hable, de todas formas me matara. ¿Para qué te tomaste la molestia de sacarme de prisión si sabes de antemano que no sé nada de lo que quieres? –respondió Vegeta, con esa sangre fría que no se desprendía nunca de él.
Blue dirigió al joven una mirada de odio. Decidido a no perder ni un milímetro de su cordura y a no ordenar la inmediata ejecución, sonrió nuevamente y dijo con claridad:
-No sé desde cuándo tengas esa actitud de "superioridad". Quizás porque eres hijo de uno de los miembros del Consejo de la A.I.T. pero el completo abandono de tu padre, me indica que tienes mucho por lo cual temer. Raditz te tuvo mucha paciencia y eso se terminó. Te daré toda esta noche para que lo medites y eso significa, que tienes menos de 24 horas para hablarme. Por ahora, mis soldados te llevarán a una del as cabañas y ahí refrescaran tu memoria. Y por cierto, esos chicos que nombraste, los soldados No. 17 y No. 18, se muestran más cooperativos. Sin embargo, la vida de los tres depende de ti. Uno de esos dos te hará una visita dentro de poco, porque no quiero contradicciones, sólo la verdad.
Blue indicó a tres de sus hombres llevarse al prisionero.
¡Hola!
Una disculpa por el atraso, pero ya regresé. Gracias por sus palabras nuevamente. Actualizaré más seguido.
¡Saludos!
