Se veía adorable… Con aquel vestido de flores de colores negro, aquel pelo azabache… su piel tan pálida. Sus cabellos caían desordenados haciendo contraste con la blanca sábana que cubría la almohada. ¿Se habría dado cuenta de que la estaba observando?

Suspiró y abrió los ojos.

Giré la vista hacia otro lado sintiendo como la sangre latía en mis mejillas…

-O-Ohio Yu-Yumi-, susurré-, ¿Qué…Qué tal te encuentras?

-Atashi… ¿Qué?-, se recostó bruscamente en el futón, me asusté-. ¿Qué haces aquí?

-Yo…-, miré su rostro, tenía los ojos entrecerrados y las mejillas algo sonrojadas por la fiebre, adorable-. He venido a verte.

Sonreí.

-¿Cómo has entrado?-, dijo confusa.

-Me has abierto tú… luego te has desmayado todavía sonrojado-, dije mirando mis calcetines blancos-. He llamado al médico y me ha dicho que tienes gripe.

-Es un simple resfriado, solo que más fuerte.

-Sé lo que significa-, replicó, yo sonreí.

-Me has tenido preocupado-, dije con la voz más dulce que podía poner-. Estoy seguro que tú hubieras hecho lo mismo por mí.

Sonrió… Ahora no estaba adorable. Estaba preciosa.

-No lo dudes-, se volvió a recostar en el futón.

-Oye Yumi-, dije con un tono de preocupación en la voz-. Deberías ir a casa de tus padres, no sé que haces aquí sola. Además necesitas que alguien te cuide en estas situaciones.

-Estoy bien sola-, agitó la mano y yo puse los ojos en blanco. A veces me enfadaba que su cabeza pudiera ser tan dura como la de mi padre.

-No estás bien-, repliqué serio-. Como ya te he dicho, necesitas que alguien cuide de ti.

-Puedes hacerlo tú-, sonrió. Pensé que estaba de guasa o que era fruto de la fiebre o el dolor de cabeza.

-¿Lo dices en serio?

Asintió y el estómago se me encogió. Iba en serio.

-Muy bien-, sonreí-. Cuidaré de ti

Sonrió otra vez con un aire cansado.

-Me das miedo.

-Primeramente-, dije yendo a su armario y sacando un pijama limpio que constaba de un pantalón de chándal morado y una camiseta blanca-. Date una ducha de agua caliente, procura no coger frío y sécate el pelo con secador. ¡Ah y el vapor es bueno para la tos!

-Vaaaaaaale-, dijo levantándose con pesadez-. ¡Pues sí que te lo tomas en serio!

-Toma-, sonreí tendiéndole el pijama y ella me sonrió.

-Vale papá-, dijo antes de encerrarse en el baño.

Reí e hice la cama con cuidado. De pronto noté como estirando las sábanas algo blanco sobresalía bajo la almohada…

Era un papel… y con unos elegantes caracteres kanjis decía en japonés:

Mata atashi kokoro ga sakete - (otra vez yo mi corazón se ha roto)

Nagare deru - (y está derramándose)

Tsukurotta sukima ni sasaru - (los recuerdos se clavan en las heridas)

Kioku tachi - (que habían cicatrizado)

Lo entendí enseguida, ella me había ensañado aquella canción, era de Kanon Wakeshima, una de sus cantantes favoritas.

Dejé al papel donde estaba y noté que había más, pero preferí no leerlos, eran sus cosas.

Bajé a la cocina de su casita, bueno, casa de dos plantas que le habían regalado sus padres y busqué entre las infusiones con el título en japonés la melisa con miel, cogí dos bolsitas y puse agua en un cazo a hervir.

En cuanto el agua comenzó a hervir vi a Yumi bajar las escaleras, ya vestida con el pijama que le había dado, unos gruesos calcetines blancos en los pies y el pelo totalmente seco.

Puso la calefacción mientras yo vertí el agua amarilla de la infusión en dos tazones donde se suele tomar el té.

-¿Qué tal ahora?-, dije observándola desde la cocina de soslayo, se apoyó en el umbral de la puerta-. ¿Mejor?

-Hi-, contestó algo desganada. Cuando me hablaba en japonés significaba que realmente estaba cansada.

Me volteé a mirarla… El pelo le caía como una cascada brillante hasta la mitad de la espalda y los mechones que caían por la parte delantera de su camiseta, que era bastante ceñida, hacían un bonito contraste.

-¿Porqué me miras así?-, preguntó.

-Yo… no sé-, me sonrojé hasta las orejas… tanto que los tomates, pimientos, cerezas y la manzana de la portada de Crepúsculo literalmente, me envidiarían si me vieran.

Yumi rió por lo bajinis y cogió uno de los tazones que tenía en la mano y fue a sentarse en el sofá.

Me preocupé por ir arriba y coger un par de cojines y mantas.

-Gracias-, sonrió.

Bajé las escaleras y la cubrí con las mantas, luego me senté con el tazón en las manos… Y algo que no me esperaba sucedió, apoyó su cabeza en mi hombro, y claro, me sonrojé y no pude evitar pensar estar así toda mi vida, con nuestros hijos con su risilla aguda e infantil correteando por la casa.

Me fijé en lo que estaban echando en la televisión… La película de crepúsculo… un bodrio para mí, pero no para Yumi… a mí me gustaba más leerlo.

-¿tienes miedo?-, dijo Edward bloqueando a Bella contra un Árbol de un grueso tronco.

-Increíble… ¿Cómo se puede ser tan guapo?-, dijo Yumi posando su tazón sobre la mesa, yo hice lo mismo… ¿Cómo era posible que un maldito personaje de una maldita película consiguiera ponerme celoso?

-No, tengo miedo de perderte-, dijo Yumi mirándome imitando a Bella-. Siento que vas a desaparecer… como en un sueño.

Me quedé fascinado… Y supongo que ella lo notó pues en mi cara, como por arte de magia aterrizó el cojín blanco.

-¡Hey!-, exclamé-. Que yo no tengo súper fuerza como Edward.

Comenzamos a jugar, y no sé como ella acabó sobre mí cuerpo.

Le pedí perdón con la mirada, pero ella parecía divertida. De pronto el deseo me consumió… quería besarla… se acercó a mí… pero noté como su lengua resbalaba por mi cuello, después sus dientes tiraron pícaramente de mi piel, y, posteriormente un tímido roce con sus labios… Un beso en mi cuello.

-Umm… que cuello tan apetitoso-, rió pícaramente-. Creo que me apetecería ser un vampiro.

-Yo… esto… cre…creo que tienes demasiada fiebre.

Ella rió otra vez, de esa forma tan increíble y dulce y seductora… me moría de ganas por besarla… por hacerla mía, pero las ahogué. No sabía como reaccionaría.

-No, te aseguro que no es por la fiebre, es por tu olor… mhhhh qué bien hueles.

Volvió a besar mi cuello y su mano revolvió mi pelo… No puede aguantarlo más… éramos dos adultos… ella era tan atractiva… y llevaba un montón de tiempo gustándome… Años y años.

La besé con brusquedad y ella metió su mano bajo mi camiseta… había correspondido a mí… me sentí impulsado a besarla más profundamente.

Tal vez fuese por la fiebre por lo que Yumi actuaba así, y sabía perfectamente que yo estaría después de esto, enfermo también, pero supongo que me dio igual.

-Te amo-, susurró entre mis labios.

Me separé de sus labios y la miré a los ojos. Sentí mis mejillas arder.

-¿Qué?

-Que te amo, Ulrich-, repitió con claridad.

Sonreí. Me daba igual que fuera por la fiebre, que estuviera delirando… me daba igual, era la persona más feliz del mundo.

-Yumi-, dije antes de besarla fugazmente de nuevo.

-¿Si?-, me miró a los ojos.

-Cásate conmigo-, dije… No sé como fui capaz.

-Si-, dijo sincera-. Me casaré contigo.

Fin.

¿Qué? ¿Os ha gustado? Por fin lo he revisado y subido… ¿"Happis" de la vida?

Yo no he tenido un mes muy bueno… por eso no he podido revisarlo antes… lo siento.

Bueno, el próximo será la palabra Lluvia… y será cuando ya sean novios… pero de adultos… va a haber un LEMON