06.- Entendimiento

Numerosos hombres y mujeres la rodeaban, lanzándole todo tipo de preguntas mientras caminaban en conjunto hasta el final del pasillo y abordara el elevador.

-Señora Hasky…

-Ya di las indicaciones. El Ministerio de Defensa ejecutará el nuevo plan. Cualquier pregunta que tengan, háganla al secretario general.

Su respuesta ante esa avalancha de voces era contundente. La autoridad de la mujer rubia la dotaban de una juventud en sus facciones pese a tener cerca de los cuarenta.

Su escolta, conformada por cuatro hombres vestidos con un conjunto negro y gafas oscuras, apartaba a toda esa gente conformada por miembros del ministerio general, secretarios de menor rango e incluso, algunos periodistas, que habían logrado colarse hasta Hasky.

Las puertas del elevador se abrieron. Hasky y su escolta entraron, dejando tras ellos la tromba de gente excitada y confundida. El elevador subió hasta el último piso.

Uno de los guardaespaldas llevaba un portafolio en sus manos. Hasky se dirigió a él de pronto, con el mismo tono gélido que había usado para la gente que acababan de dejar.

-¿Estaba ahí esa entrometida?

-Sí, señora. Creyó que con una peluca de cabello oscuro iba a burlar de nuevo la seguridad.

-¿Qué hizo esta vez? ¿A dónde fue? –insistió Hasky, entornando sus ojos en el rostro de su empleado.

-Nada. Como todos los demás, siguió el recorrido de los empleados y oficinistas. Esperó hasta que saliera usted.

Hasky guardó silencio. Su mirada ahora se concentró en las compuertas metálicas del ascensor. Su mutismo terminó cuando exhaló un suspiro corto. Miró de nuevo a su hombre de confianza mientras los otros tres hacían como si nada estuviera pasando en posición de firmes.

-Escucha –dijo ella, retomando sus ideas-. Quiero que la sigan. Atrapen a esa estúpida. Háganla confesar y desaparézcanla...

-Me encargaré de eso, señora.

-Por cierto –añadió Hasky antes de abandonar el ascensor para luego internarse en un largo y solitario pasillo-. Sólo la vi una vez, pero se me gravó su cara…. ¿Cómo se llama esa atrevida?

Su guardaespaldas miró rápidamente en un documento que sustrajo del portafolio de piel.

-Lunch K…, señora. Tiene veinticuatro años. Es soltera y trabajó para una cadena de noticias de la Capital del Sur. Al parecer renunció y…

-…y ahora está aquí. Interfiriendo donde nadie la llama –interrumpió Hasky con desprecio-. De esa mocosa sólo quiero saber que nadie jamás la ha visto de nuevo sobre la faz de la tierra. ¿Quedó claro?

-Sí, señora.

El guardaespaldas hizo una breve llamada por su teléfono mientras todos avanzaban hasta llegar a unas escaleras. Una puerta se abrió en pocos segundos Hasky abordó el helicóptero que la esperaba desde hacía casi quince minutos sobre el Palacio de Gobierno. El destino sólo era conocido por Hasky y el piloto, ya que la nave se perdió por el espacio hasta las afueras de la ciudad, sin ser detectado por los radares.

O-O

-General Blue, la Señora Hasky ya aterrizó.

-Bien, Dark. Diríjanla ante mí de inmediato.

-Sí, señor.

Hasky fue custodiada por varios soldados armados hasta una de las cabañas del campamento, más deteriorado que el de Kumo. Al entrar, los soldados se retiraron y ante un escritorio de metal, el general Blue, sin levantarse, le indicó a Hasky que tomara asiento.

Así lo hizo aquella, en un silencio interrumpido por el propio Blue momentos después.

-Mi querida Hasky, has tardado menos de lo que esperaba. Ya sabes, con todo ese escándalo por lo que pasó en el Teatro Principal delante de tus narices y la muerte de Black por aquel imbécil que…

-¡¿Quién demonios era ese sujeto?! –estalló Hasky, reteniendo su furiosa mirada a Blue- ¡¿Era ese tal Goku?!

-No- respondió Blue con una calma fingida-. Creo saber de quién se trata…

-¡¿Otra vez tus malditos experimentos, Blue?! ¡¿Qué no tuviste suficiente con lo de Chazke y todos esos monstruos?! Me metiste en un lio muy serio cuando el ejército encontró la fosa común del laboratorio.

-Pero no resultaste tan afectada, ¿cierto? Y si vamos a recordar, también rememora las acciones y el "capital del estado" que "mágicamente" se duplicó por mi intervención. Mueves al ejército a tu voluntad, inicias guerras, firmas pactos con los del Norte…

-No es tan fácil, Blue. Muchos esperan a que dimita. La gente no está contenta…

Blue sonrió con una extraña confianza.

-¿Qué gente? Tú te retirarás de tu cargo cuando yo te lo diga.

Pero en la mente de Hasky desfilaron estas palabras:

-Cuando te resulte un estorbo, querrás decir...

Fuera del recinto, se oía una gran movilización entre los soldados. Gritos, autos que llegaban o se iban además de naves cuyos motores zumbaban como pruebas antes de ser convertidos en cápsulas.

-El Rey Furry está reuniendo a su gente, Hasky. Pero para cuando lo logre, ya será demasiado tarde –comenzó a decir Blue mientras ella volvía a su dura expresión-. Nosotros avanzaremos. Es ahora o nunca.

-¿Y para eso me llamaste? –dijo ella mientras giraba la cabeza y

-Te llamé para "solicitar refuerzos". Quiero a la mitad de las brigadas aéreas y ejército terrestre. Dentro de dos semanas llegaremos a la Capital Central y después, tomaremos la Capital del Oeste.

-Estás loco –dijo Hasky, que aunque estuviera furiosa, su palidez decía claramente que algo imparable estaba a punto de comenzar si ella decía de nuevo que sí, aunque quizás ya había comenzado desde hacía mucho tiempo, desde esa primera vez que se conocieron años atrás y cuando entre cuatro personas se tomaban todas las decisiones. Ahora sólo sobrevivían ellos dos. Raditz y el Comandante Red habían muerto y Hasky consideró por un instante solidificar a gran escala a ambas opiniones. Pero el caso era que ella no tenía nada que ver con la Red Ribbon desde el comienzo y que si bien había accedido a formar parte de la "hermandad", la finalidad no era ni monetaria o por el poder.

-Entonces, supongo que no tienes nada que objetar, ¿verdad, Hasky? –reiteró Blue con aquella sonrisa que le señalaba como vencedor absoluto.

Hasky desvió la mirada, levantándose y dando por terminada la conversación. De pronto, la habitación le pareció muy pequeña y necesitaba aire fresco.

-No.

O-O

Habían pasado varios días desde que Goku salió de la Montaña Flypan hasta la Capital del Oeste. Bulma volvía después de su ajetreado viaje y Goku accedió a ir por ella al aeropuerto.

Tres días de meditación fueron necesarios. Tenía la excusa de su trabajo nuevamente para irse, por lo que solamente le dejó dicho a su esposa que tenía que irse. Algo cobarde de su parte, pero quería evitar un nuevo e innecesario enfrentamiento que terminara abriendo más la brecha sin ninguna solución. Ahora ya tenía las palabras, pero necesitaría el momento adecuado para decirlas a Milk. Quizás –pensó-, ya se le ocurriría algo al volver.

Le costaba mucho decir lo que sentía. No es que creciera en un ambiente ajeno a todo afecto, pero no recordaba que entre sus padres hubiese aquel cariño tan vívido. Se querían, claro que sí, pero Milk no era su madre y le exigía más. Protección no es amor en todos los casos o al menos no todas las personas lo perciben así y Milk era importante para él, no solamente porque la amaba, sino porque ese asunto del don milenario la ponía como el blanco de cualquier enemigo (la Red Ribbon, por ejemplo, que según parecía seguían activos). Qué difícil era el mundo del matrimonio.

Todo eso pensaba de camino al aeropuerto y aun al caminar por los andenes, pero cuando Bulma por fin bajó del avión a tiempo, Goku cambió todas aquellas reflexiones por una sonrisa.

Charlaron un rato de pie mientras recuperaban las maletas y entre otras cosas, Bulma comunicó que el Rey Furry era muy terco y que iba a estar vigilando a Hasky para interceder de inmediato ante cualquier fallo o error de la ministra. Mientras la joven hablaba sin apenas detenerse, notó que, conforme pasaban los minutos, su amigo iba tornándose más callado y pensativo. Quizás desde que ella le dijera al inicio de la plática que tenían que reunirse para una cena agradable. Algo pasaba y Goku lo dejaba ver claramente.

-¿De verdad está bien Milk, Goku? –dijo Bulma repentinamente, fijando sus ojos en los de su amigo.

-Sí, claro que si… -respondió él con una sonrisa, pero no muy convencido.

-Dímelo, de verdad. Yo sé que esos asuntos son delicados y tú nunca te has negado a nada de la Agencia. Lo menos que puedo hacer es escucharte.

El joven soltó un suspiro mientras tomaban asiento. No había prisa y Bulma no se encontraba cansada por el viaje, pues había sido breve y en primera clase, los pasajeros gozan de varios privilegios, sobre todo ella, que bien pudo haberse ido en un avión privado y "honró" a la compañía con su presencia.

La gente transitaba en numerosas multitudes y a todas direcciones más allá del área de registro a los pasajeros que abordarían un vuelo.

Desahogarse y escuchar algunas opiniones de Bulma parecía hacer que su pecho se sintiera menos pesado, sin embargo, cuando casi terminaba su "versión de los hechos", Goku apartó la vista un poco y súbitamente guardó silencio, dejando una oración a medio terminar. Parpadeó una o dos veces. Su vista era buena desde siempre y no se confundió –al menos no sus sentidos- cuando divisó aquel hombre, que acababa de cruzar delante de ellos y que de momento no había llamado su atención hasta que un detalle particular lo hicieron prestar más atención y escudriñar cada rostro hasta localizarlo nuevamente. No sería difícil si se guiaba por los arcillos.

Acababa de llegar un vuelo extraoficial, hasta donde había sabido Bulma. Como la Base Militar de la Capital del Oeste se encontraba reservada para el "Toque Primario" –como se le denominó a la repentina alarma hacha por el Rey-, coroneles y generales de distintos puntos de la nación monárquica habían sido convocados para una reunión parecida a la Corte Marcial, salvo que en esta ocasión, se discutiría entre sus miembros si el repentino cambio del "Toque Primario" debía ser obedecido por todas las Bases Militares. Por tal motivo, era común ver en el aeropuerto a hombres vestidos con uniformes de gala y no como civiles para acelerar su llegada vía terrestre al Palacio del Rey, donde se llevaría a cabo dicha reunión. Todo estaría custodiado y vigilado por el ejército.

Pero por en medio de esos hombres, de manera natural –como cualquier otro de los generales y coroneles- andaba uno en particular que Goku identificó de nuevo metros después de su paso.

Bulma lo vio palidecer mientras una gota de sudor recorría su mejilla y se ponía de pie.

-¿Goku? ¿Qué…?

-Es él…

-¿Quién?

-Vegetto. Es él. Está aquí, en la Capital del Oeste. Acaba de llegar…

-¿Cómo lo sabes?

-Debo seguirlo…

-¿Qué? ¡No! ¡Goku! ¡Es peligroso! ¡Regresa!

Pero las palabras de Bulma se perdieron por la distancia y el murmullo de la multitud. Primero trotó y después palideció un poco más cuando de veras vio que le había perdido de vista. Aceleró más el paso, chocando sus hombros con los de la gente que lo veía pasar sorprendida y molesta. Pasó por la seguridad que de inmediato les pareció sospechoso y también comenzaron a seguirlo sin que se diera cuenta.

-¿Dónde? ¿A dónde se fue?

Abandonaría el edificio, no había dudas. Así que, adelantándose a él, se apresuró a la salida sin dejar de recordar aquellas palabras que Gogeta había dicho:

"…si ambos persiguen el mismo fin, no dudo que se verán frente a frente, tarde o temprano…"

Esto no era un encuentro como él había imaginado. Era tan repentino, tan inimaginable. Tenía que hablarle.

Llegó en menos de un minuto a las puertas de cristal del edificio y cuando las cruzó para ver de un extremo a otro de la avenida, sus ojos se fueron al frente, como atraídos por otra mirada más poderosa.

Ahí estaba Vegetto, observándolo desde el otro lado de la transitada avenida, a punto de abordar un auto estilo deportivo en color negro y en compañía de otras dos personas: un chofer y otro hombre alto y moreno, ataviado con un uniforme de distinto color al que usaba Vegetto y con otros distintivos militares de menor rango. Vegetto usaba un uniforme de coronel mientras que su acompañante de capitán.

Los ojos negros de Vegetto le dedicaban a Goku una mirada de una persona que estudia a conciencia una valiosa obra de arte. Pero se mantenía serio, dándole al conjunto de su rostro un tono solemne. Podría decirse que "irradiaba" la realeza, como su hermano. Sin duda el uniforme le daba ese toque distintivo que de manera natural poseía.

Un mechón de su cabello se escapó por debajo de su gorra militar por una repentina ráfaga de viento. De inmediato desvió la vista y pasó su mano por su cabeza para reordenar su cabello y quedar como al principio, con la frente blanca despejada. Hasta entonces, Goku no había reparado en algo: el cabello de Vegetto era negro, como si no tuviera la falsa Luz del Dragón por sus venas.

¿Había encontrado la cura?

Pero la idea se desvaneció de inmediato. Aun usaba los arcillos. El peligro aún existía. Por un momento, Goku creyó que dentro del aeropuerto y en medio de toda esa gente, Vegetto se quitaría uno de esos artilugios y lo haría rodar con un pequeño e imperceptible movimiento de su mano enguantada, aun costándole la vida. ¿O ya no tenía esa condición que limitaba su existencia? Su cabello había vuelto a la normalidad y esa era una señal.

O quizás…

Vegetto abordó el auto aunque Goku comenzó a llamarlo mientras se acercaba –no por su nombre, sino por el rango del uniforme- y aquel, como si no lo hubiese visto desde el principio, desapareció de la vista del joven por en medio de los autos. Ni siquiera la matrícula de la unidad era legible por la lluvia.

Nacieron más preguntas mientras se apeaba de vuelta a la acera que había abandonado para intentar cruzar la avenida. ¿Por qué estaba en la Capital del Oeste? ¿Por qué usaba un uniforme militar? ¿Quiénes eran los tipos que lo acompañaban? ¿Cuánta gente estaba con él?

Posiblemente, ni siquiera Gogeta podía responder esas preguntas.

O-O

-Han pasado un par de días desde que no has hablado con ella… ¿cuándo piensas hacerlo?

-No lo sé…

-¿Sigues enojado?

-No. No estoy enojado. Ni siquiera esa noche lo estuve. Sólo que no esperaba que ella dijera todo eso y yo, bueno, supe enredar todo más todavía…

-Ay, Goku. Me siento culpable de que Milk y tú estén así.

-Tú no tienes nada que ver, Bulma. Quizás ella estaba triste por mis viajes. Siempre está sola.

-Por eso. Yo soy la responsable. Tienes que darte un respiro y volver con ella. Y aunque tengas un cargo importante en la Agencia, he decidido que lo dividirás. Tú trabajarás en casa y tu compañero hará todos esos viajes conmigo.

-¿Qué? ¿Cuándo decidiste eso? ¡No es necesario que…!

-¡Sí! ¡Es necesario! ¡Soy la capitana de este barco y si digo que debes tener un compañero, es porque el barco necesita más marineros para seguir a flote! Además, no pienses que voy a hacer entrevistas de trabajo y leer currículos. Es alguien que conoces.

-¿Quién? Yamcha es Coordinador en la Corporación y Krillin agente de investigaciones, además de mi representante legal. ¿Ascenderás a uno de ellos?

-No. Son muy buenos y dedicados y no quiero moverlos de sus puestos. El compañero al que me refiero ocupaba un puesto parecido al tuyo cuando mi padre dirigía la empresa. Luego renunció y después de años, ha decidido volver. Además, te conoce. O más bien, va a reconocerte.

-¿Me conoce? ¿Quién es? ¿Un amigo de mis padres?

-¡Me sorprende que no lo adivines, Goku! ¿Ya no recuerdas a tu familia?

-¡No me digas que es…!

-Así es. Tu tío.

-¿Pero…? ¿Dónde está? ¿Vendrá pronto? ¿Qué es lo que hace ahora…?

-¡Calma, calma! De momento nos hemos comunicado por correos electrónicos. Aceptó el trabajo sin muchas preguntas. También está ansioso por verte. De hecho, quería preguntarte si puedo enviarle tu dirección en la Montaña Flypan y ahí…

-¡Claro! ¡Díselo!

-Jaja, pareces un niño. ¿Lo ves cómo te dio gusto tener un compañero? Mientras llega de donde está, tómate unos días. Cuéntaselo a Milk y preparen todo para su llegada.

-Pero, tu dijiste que un descanso en estos momentos…

-…no es posible, lo sé. No te preocupes. Hay una chica que me echará una mano, Iraza. La conoces. Ella sabrá reemplazarte muy bien.

-Gracias, Bulma. Y por cierto, suerte con Vegeta.

Bulma parpadeó.

-¿Qué?

-Ja. Pues el tipo no es tan fácil de tratar y créeme que he tenido que agotar toda mi paciencia a la hora de los interrogatorios. Además de que, lo admita o no, creo que todo eso de crear una fórmula que altere drásticamente el organismo humano…

-¿Qué? Continúa.

-Creo que es para, no sé, quizás… darle una lección a su padre.

Lejos de discutir esa idea con su amigo, a la mente de Bulma acudieron varias escenas de años atrás entre el Dr. Brief, el padre de Vegeta y ella, en la oficina principal de la Corporación:

-Con tal de contradecirme es capaz de hacer cualquier cosa… Sabe muy bien que quiero que se dedique completamente al laboratorio y el muy canalla ha tomado clases de tiro en lugar de retomar las investigaciones de la A.I.T.

-¿Clases de tiro? –recalcó la entonces adolescente Bulma con sorpresa.

-¡Como lo oyen! ¡Y con veteranos de guerra, según supe!

-Téngale paciencia a su hijo, doctor. El muchacho debe estar confundido todavía…

-¡No se puede estar confundido a estas alturas, señor Brief! ¡Es ahora cuando debe tomar sus responsabilidades en serio!

-Dele tiempo. Ya verá que cómo el joven le hará caso y reconocerá sus errores. Recuerde que es muy inteligente…

Y luego, ella misma, reflexionando sobre Vegeta ese mismo día.

-La verdad, papá, no me gustaría tratar con él...

-Tendrás que hacerlo, hija. Algún día serás la directora de esta Agencia y la Corporación Cápsula. Tu deber será hablar con todos y cada uno de las personas que componen esta empresa. Todos, hombres y mujeres, hasta el último elemento, son importantes para mantenerla a flote.

-Sí, lo sé, papá, pero ese muchacho en especial… ¡está loco!

-No juzgues a las personas sin conocerlas a fondo, querida niña. Te aseguro que en cuanto ese joven ponga en orden sus prioridades, será uno de los hombres más leales de la compañía…

-¿Tú crees?

En esos años, Bulma no lo conoció de frente. La diferencia de edad en ambos no era mucha, pero ella en esos momentos no quería saber hasta dónde el hijo exasperaba al padre. Quería tranquilidad para aprender del Dr. Brief lo más que pudiera. Y en esos momentos, en esa época en la que cualquier cosa le parecía sorprendente o temible, apareció Raditz…

Bulma sacudió la cabeza, despejando su mente de una vez y volviendo al año actual.

-¿Y esa chica, 18? ¿Ya accedió a ayudarnos?

-Sí. Será incorporada como un elemento de la Agencia. Sabe mucho de naves. Está dispuesta a que la interrogues.

-¿Y Gogeta y Suno?

-No se han movido de su hotel. Gogeta dice que no puede quedarse más tiempo aquí en la Capital del Oeste y que debe volver a su casa para ponerse en contacto con la gente de Yunzabit.

-Debe esperar un poco más. La gente del laboratorio de la Corporación trabaja muy duro.

-Llámalo y explícaselo. Además, seguramente deberá quedarse hasta que su hermano y él se reúnan. Si quiere irse es porque no sabe que Vegetto está aquí, seguramente… No te dirá que se vieron, es un hecho. Dales un día.

-De todas maneras, mandaré vigilancia por si las cosas resultan mal.

O-O

En el "hotel de los custodiados" como era conocido el alojamiento donde los protegidos de la Agencia y la Corporación pasaban algunos días en calidad de "turistas", hizo un alto un auto de color negro. Aún era por la tarde, pero el cielo se había oscurecido por unas tupidas nubes negras que cubrían el cielo. El viento también anunciaba que quizás toda la noche llovería y que cualquier asunto que tenían que resolver todas aquellas personas que estaban fuera de casa, tenían que hacerlo rápido para evitar la lluvia.

Un hombre bajó de aquel auto y rápidamente atravesó la calle. Se introdujo en el edificio y aunque fue objeto de varias miradas, lo dejaron acceder hasta los elevadores sin detenerlo, ya que aquel hombre usaba uno de los gafetes, un traje negro liso, guantes blancos y unas gafas oscuras que lo identificaba como un guardia más. Últimamente, la empresa estaba contratando a muchos hombres para este fin, por lo que no era raro ver una cara nueva. Si acaso algo llamaba la atención sobre él, era que usaba unos audífonos tipo cascos, como si estuviera oyendo música mientras trabajaba.

Subió hasta el sexto piso, donde estaban los pent-house para huéspedes con largas estadías y buscó por un largo pasillo un número que no tardó en encontrar. Como los pasillos estaban desiertos, antes de llamar la puerta, se despojó de los audífonos, los guantes y las gafas. Luego de tres golpes rápidos, la puerta se abrió.

-¡Papi! ¡El tío Vegetto está aquí!

-Sí, gracias por avisar, pequeña entrometida… -dijo como recibimiento mientras entraba y cerraba la puerta tras él.

-¡Eres un señor muy enojón! ¡Me caes mal!

-Pues parece que estamos parejos, mocosa. Ahora esfúmate, porque tengo que hablar con Gogeta sobre cosas que no te importan.

-Eres extraño.

-Largo de mi vista.

Luego se sacar su lengua y estirar uno de sus párpados hacia abajo con el índice, Suno salió a una pequeña terraza que tenía un jardín, momento en el cual, Gogeta entraba en la estancia para recibir a su hermano. Con media sonrisa –mitad burla y mitad ironía-, añadió:

-Vegetto, ¿te tengo que recordar que tú eres el adulto y que Suno no entiende nada de lo que dices porque piensa que estás jugando?

-Hmm, lo que faltaba. Que aparte de adoptada, fuera...

-Tiene cuatro años. Déjala en paz.

Mientras tomaban asiento, Gogeta observó a su hermano mayor en silencio. De nuevo, Vegetto poseía su cabellera oscura con brillos rojizos. Sonrió interiormente. Le recordaba los años pacíficos en Yunzabit, sobre todo porque Vegetto lucía más joven que con el cabello dorado y los ojos celeste como él. Pero la determinación de su hermano era mucho mayor que antes y en eso, quizás, superaba la edad de ambos. No cabía duda de que esa preparación –casi por instinto- era propia de alguien que tendría sobre sus hombros el peso de una nación. Pero Gogeta no se alejaría cuando eso pasara, porque también estaría ahí como otro pilar. Aunque no sabía exactamente si tendría grietas por el tiempo.

-Está bien, tengo mejores cosas en qué pensar que en una chiquilla huérfana que cree que soy su pariente…

-¿Tanto te pesan las palabras de una niña?

-¡Mira quién lo dice! ¡Yo no he escuchado ni una maldita vez que le digas "hija"!

-No es mi hija. Nunca lo he negado. Pero ella…

-Y ahora vas a salir con el discurso que siempre dices desde que te dije que de deshicieras de esa mocosa: "No tiene a nadie más…" "Está completamente sola…" "La Red Ribbon puede estar buscándola…" Bla, bla, bla… Y yo te digo que a la Red Ribbon le importa un carajo a dónde fue a parar esa enana, si a un orfanato o a una fosa sin nombre. Ahora podrías estar conmigo y avanzaríamos más rápido. Te necesito conmigo, no como niñera…

-Deja en paz a Suno y dime a qué has venido de una vez.

-Lamento echarte a perder la paternidad, pero tú sabes que es la verdad… Además…

-¿Me vas a decir o no?

Al notar la verdadera molestia de su hermano menor, Vegetto continuó:

-Tus amigos de la A.I.T. me reconocen ya. Si querías pedirles ayuda, no debiste meterme en tu asunto. No debiste hablarles de mí. Me topé en el aeropuerto con ese tal "Kakarotto", el tipo que trabajó para Raditz y me reconoció. De inmediato pensé en ti… No te detuve cuando te pusiste en contacto con Yunzabit a mis espaldas, pero esto es demasiado. ¿Qué tanto les dijiste? ¿Qué tanto saben de mí?

-Antes que nada, te recuerdo que ambos, ellos y tú, tienen el mismo fin…

-¡No cambies el tema! ¡Tú sabes que lo único que harían es estorbarme!

-Cálmate. Nunca ha sido propio de ti portarte así.

-Sólo dime lo que saben… Es todo.

Gogeta lanzó un suspiro corto. En todo ese tiempo, habían transcurrido poco más de veinte minutos. Miró por el ventanal de la estancia hacia el jardín sin mover la cabeza y vio a Suno que entraba de nuevo a la casa en esa dirección y dirigirse rápidamente a la cocina. Una mano de Gogeta se alejó de su pecho casi de manera imperceptible mientras que con la otra limpiaba su frente de unas pocas gotas de sudor. Poco a poco había comenzado a palidecer, pero recuperó el color. Observó a su hermano nuevamente y retomó la palabra.

-Sólo tres personas saben quiénes somos. Y tu condición. Goku es una de ellas.

-¿Quiénes son las otras dos?

-Bulma, por supuesto. Y Vegeta. El encargado de crear la LD falsa.

Vio cómo su hermano cerraba los ojos de nuevo y echaba la cabeza para atrás, para luego ladearla y hacer crujir sonoramente algunas vértebras de su cuello. Un gesto que había adquirido desde que abandonaron el laboratorio de Chazke y que indicaba, entre otras cosas, una molestia que se esforzaba por menguar. A Gogeta no le agradaba aquello, pero si eso evitaba un estallido de ira, estaba bien.

Podría verse como el mismo de siempre, actuar como antes, pero en el fondo, ya era otro. Gogeta lo sabía, aunque trataba de convencerse de que nada había cambiado, era simplemente una absurda mentira. La gente cambia. Él había cambiado. De ser el más reservado e incluso huraño de los dos, ahora era un perfecto mentiroso. ¿Qué cambios había experimentado su hermano, entonces? Veintitantos años no parecen suficientes para que un hombre se conozca y menos en sus condiciones.

-Luego… me las arreglaré con ese bastardo de Vegeta… Saber de él no incluía que supiera lo que me pasaba a mí…

-Su padre es miembro del Consejo. Gracias a los datos de sus reuniones, Vegeta supo mi identidad y la tuya.

Vegetto le devolvió una mirada sarcástica.

-Pero seguramente tú soltaste la lengua de nuevo, hermanito. Tú les dijiste todo. Y ahora están ahí afuera, como perros tras mi rastro…

-No te buscan. No eres su enemigo. Quieren hablar contigo.

-¿Y qué crees que me van a decir, eh? –imitando un tono de voz parecido al de un oficial-: "Despreocúpese y regrese a su maldita tierra. Nosotros vamos por la Red Ribbon. Si no hace caso, será considerado enemigo de la A.I.T. y Yunzabit será atacada por el Rey Furry sin importar las consecuencias…"

Se hizo un pequeño silencio que Gogeta interrumpió después de una breve reflexión:

-Tal vez eso deberíamos hacer, volver a Yunzabit y dejar todo en manos de Bulma y…

Gogeta bajó la mirada mientras comenzaba a decir aquello, esperando de antemano, el estallido de su hermano.

-¡NO! ¡Maldición, no! ¡No voy a retroceder y mucho menos por ti! ¡Si quieres volver, hazlo! ¡Te recuerdo que no te traje a rastras conmigo en primer lugar! ¡Vuelve con la mocosa y espera que regrese cuando se me dé la gana!

Se hizo otra pausa en la que aun retumbaba su voz. Luego añadió con más calma aunque con altivez en su voz.

- Y tanto mejor para ti si no regreso…

-Qué estupideces dices…

Ahora, sus ojos se toparon con los del príncipe. Ambos, con ese orgullo y furia que desde hacía tiempo reciente dejaban fluir de su ser, se anunciaban mutuamente que ni el uno ni el otro iba a ceder. La báscula bien podría estar del lado del hermano menor en ese momento, cuando con firmeza, le dijo a su hermano mayor:

-He arriesgado mucho por ti. No es justo.

El hermano mayor se puso de pie, dirigiéndole una mirada solemne.

-No es justo. Para ambos. Recuerda eso...

O-O

El reloj anunció las diez de la noche. Se quedó todo en silencio. Gogeta miraba a Suno dormida sobre uno de los sofás, como si en el rostro de la niña pudiera verse la solución que tanta falta le hacía y estuviera demasiado ciego para no darse cuenta. En la inocencia de los niños, uno puede ver más la lógica que descabellados planes, los cuales no dejaban de rodar por la mente de Gogeta cuando su hermano se fue.

Un cuarto de hora después, la tomó en sus brazos como tantas veces y la llevó a su habitación. De vuelta a la estancia, tomó asiento mientras su mente divagaba. Ciertamente, su hermano estaba más que decidido a iniciar una revolución. Lo desconocía, pero también reconocía que de no ser por Suno, él mismo estaría al lado de su hermano en estos momentos, sin importar qué.

-No puedo seguir así –se dijo, entrelazando las manos por delante de su boca y apoyando los codos en una de sus piernas cruzadas-. Lo van a matar. No va a sobrevivir cuando esto termine. Ni yo debo seguir ocultándole que sin Suno, moriré… Debo irme al Norte. Seguramente él va a ir ahí. Lo siento por Bulma y Goku, pero no puedo seguir esperando a que me envíe la cura. No funcionaría de todos modos. Además… si me toca las de perder, podría dejar a Suno con sus verdaderos padres…

O-O

Volvió de la Capital del Oeste hasta la Montaña Flypan. Conducía mientras su mente estaba n otra parte, cavilando sobre todos los acontecimientos que ocurrían a su alrededor. Tal parecía que si reparaba una cosa, se averiaban otras dos. Una racha negativa que comenzaba a exasperarlo. Pero debía mantener la calma ante todo. Por otro lado, Krillin iba a volver y ver de nuevo a su mejor amigo le llenaba de consuelo, aunque Bulma también resultaba una ayuda. Además, su tío, del que no había sabido nada después de la muerte de su madre, lo había vuelto a contactar en un breve mensaje electrónico. Quería verlo, para reparar el distanciamiento y quizás (supuso el joven) disculparse por no haber ido al funeral de su padre o a su boda. Si así era, Goku no tenía nada que perdonarle. Nunca había guardado rencor a su único pariente directo y le respondió que cuanto antes se vieran, mejor.

Milk había oído hablar de Tooma pocas veces y ahora lo conocería.

-Milk…

No pudo evitar decir su nombre en un suspiro.

Su enfado había llevado varios días. Sabía que tenía que hablarle y hacerle entender lo mucho que la amaba, pero no había encontrado la oportunidad.

No debió da haberle dicho todo eso mientras de dejaba llevar por la furia. Debió haberle hecho entender lo contrario, no con palabras, sino con acciones, pero en aquel momento estaba tan alterado que… Bueno, ya era tarde para el "hubiera". Ahora volvía a ser dueño de sí mismo otra vez. Las cosas serían diferentes.

O-O

Estacionó delante de la casona y entró al vestíbulo rápidamente. Como todo estaba demasiado tranquilo, prefirió buscar él mismo a su esposa y la encontró en el jardín, el lugar preferido de Milk.

Como ella se encontraba sentada en una banca de piedra, dándole la espalda, Goku fue acercándose lentamente.

Concentrada, observaba un álbum familiar. Imágenes de ella siendo un bebé y sus padres en su boda. Nunca se cansaba de pasar sus ojos por aquellas fotografías y quizás por eso ella misma había decidido estudiar fotografía de manera profesional y artística, no solo para capturar momentos, sino sentimientos.

Pero esta vez veía entre líneas. Pensaba en Goku.

-Si en lugar de haberle dicho todo eso, simplemente le hubiera explicado cómo me sentía…

Y se sentía peor con la distancia aún más grande entre ambos. Pero estaba tan dolida y además nostálgica. Quizás si llamaba a algunas amigas podría reanimarse un poco. Pero no. Primero estaba Goku. Tenía que hacer las cosas bien.

Goku había salido desde la mañana para ir a la Corporación. Al parecer Bulma iba a volver por fin y no sabía cuándo lo haría su marido. Como fuera, era absurdo seguir enfadada con quien iba a pasar el resto de su vida. Hoy tenían que arreglarse las cosas.

Se puso de pie, pensando en quizás preparar ella misma una espléndida cena. Cerró el álbum y se dio la vuelta, deteniéndose de inmediato en los brazos de Goku, quien ya la observaba de cerca.

Se quedó inmóvil, mirándolo a los ojos, mientras él comenzaba a sonreírle como antes y colocaba sus brazos alrededor de su esbelta cintura.

No lo rechazó. A decir verdad, le parecía perfecto. Era justo lo que quería hacer, borrar la escena como si no hubiera pasado nada de aquello tan desagradable. En sus ojos leyó que él tampoco estaba dispuesto a decir nada sobre eso. Que quería demostrarle de una vez por todas lo mucho que la necesitaba también.

Milk le devolvió la sonrisa.

Volvían a ser los dos de nuevo.

No hubo mucho que decirse y en lugar de eso, dejaron que las acciones hablaran, siendo interpretado por sus manos y todo su ser hasta la madrugada.

O-O

Caminaba sola por un largo pasillo iluminado tenuemente. Temblaban su mandíbula y sus piernas, por el frío y por el miedo. Nadie la iba siguiendo, simplemente temía llegar al final del camino y adentrarse en la habitación en penumbras.

Avanzó sin poder detenerse hasta llegar al final del corredor mientras un viento helado la hizo estremecer con un escalofrío. Y aunque se resistía a mirar, la luz de aquella habitación se encendió.

En medio de un amplio salón, estaba Goku. Pálido, sin expresión en su rostro y la mirada fija hacia la nada, se mantenía de pie, aunque luego ella vio que los pies de su marido estaban separados del suelo por varios centímetros.

-Goku… ¿qué pasa?

Milk comenzó a avanzar lentamente hacia él. Se sintió inmensamente triste al verlo, pero el miedo tampoco se retiraba de su mente. Quería tocarlo, hacerlo reaccionar y salir juntos de aquel edificio que ella no conocía, pero que de algún modo sabía que pasaban cosas terribles tras sus muros.

Quedaba menos de un metro de distancia entre los dos y aunque seguía llamándolo débilmente, Goku la ignoraba.

-Goku…-decía mientras algunas lágrimas comenzaban a formarse por las comisuras de sus ojos- Escúchame, por favor…

Y de pronto, la luz se hizo más débil. Milk no pudo dar un paso más. El frío se hizo más denso y la joven vio cómo de espaldas a Goku, se formaba un ser. Una sombra, un poco más alta que Goku y que poco a poco fue teniendo brazos y piernas, hasta formar a un hombre de piel cadavérica. Un hombre de las sombras. Milk profirió un grito sordo cuando vio que el rostro y el cabello negro de aquel individuo se tornaban iguales a los rasgos de Goku, pero con los ojos llenos de odio y una amplia sonrisa burlona.

El ser levantó una de sus manos y la colocó en la frente de Goku, cubriéndole los ojos y haciendo que aquel comenzara a gritar de forma desesperada. Milk no dejaba de llorar ante la escena. La joven sintió un infinito terror que se intensificó al no poder mover ninguna parte de su cuerpo. Temblaba y lo único que sentía era sus cálidas lágrimas recorriéndole las mejillas.

-Ya basta… ¡Ya basta! –decía sin mover su boca, congelada también.

Por fin, el desconocido soltó a Goku y Milk vio que su esposo se había quedado en silencio, sin embargo, su fisonomía había cambiado a como ella lo había conocido en el Torneo de las Artes Marciales, es decir, con el cabello dorado y los ojos celeste. Sus pies ya tocaban el suelo y comenzó a caminar hasta Milk. La joven pudo moverse por fin y pensaba ir a su encuentro, pero el hombre de las sobras soltó una carcajada para ir a desvanecerse cerca de Goku, quien no dejaba de caminar hacia ella. No sonreía, pero el mismo odio que tenía el hombre de las sombras en sus ojos, lo tenía ahora Goku.

Colocó sus manos alrededor del cuello de Milk, acercó su rostro al de ella lentamente mientras la joven comenzaba a sofocarse y cuando la respiración se cortó, Goku susurró:

-No huirás de mí… Yo acabaré con la Luz…

O-O

Milk despertó sobresaltada y cubierta en sudor. Su corazón latía aceleradamente y respiraba un poco agitada. No había tenido pesadillas desde hacía mucho tiempo, ni aun cuando pasó lo del Torneo. Pero ahora temblaba como cuando tenía cinco años. Todavía tenía miedo… Era tan real...

Pasó sus manos alrededor de su cuello y no sintió ningún dolor, pero al tocar su rostro, descubrió las mismas lágrimas.

-Nada de eso es cierto. Nunca pasaría… –pensaba cuando comenzó a tranquilizarse.

Miró al otro lado de la cama y observó a su marido. El súbito despertar de la joven no lo había sacado de su somnolencia. Era lo mejor. Milk se sintió más tranquila.

Acomodó su cabello por uno de sus hombros y se cubrió de nuevo con la sábana, hasta acomodarse de nuevo al lado de Goku. Abrazándolo por la cintura y acomodando su cabeza sobre su pecho, cerró los ojos.

Al amanecer, Milk despertó primero. No había tenido otra nueva pesadilla y miraba a Goku con una tierna sonrisa. Cuando terminó de arreglarse, se dirigió hacia la puerta de la habitación lo más silenciosamente posible, pero en el trayecto, uno de sus pies chocó con el tocador, haciéndolo vibrar y que unas cosas cayeran volcadas: recipientes, accesorios y tres retratos. Levantó uno y volvió a sonreír al verse ella misma y a Goku el día de su boda. El otro era de sus padres, nunca había quitado esa fotografía desde que era pequeña. Y el último retrato, traído desde la Montaña Paoz al igual que el de la boda, era de los padres de Goku. Una pareja joven que sonreían un poco y que a ella le hubiera encantado conocer. Pero Milk fijó su mirada sobre Bardock.

El parecido entre el padre y el hijo era muy grande. Anteriormente, ya había reparado en que Goku heredó de su madre el tono de su piel, pero el resto era de Bardock, salvo los ojos. La mirada del padre era más fría y penetrante. No era difícil imaginarlo con un gesto más serio o rudo, pues así era exactamente la mirada del hombre de…

Soltó el retrato, aun dejándolo bocabajo. El ruido del cristal golpeando la madera no despertó a Goku y Milk salió por fin de la habitación, mientras dejaba de temblar como en aquel sueño.

O-O

Comunicarle acerca de la llegada de su tío, la alegró. Milk estaba ansiosa por conocer por fin a alguien de la familia de su esposo y aunque después de que llegara e hicieran las presentaciones, Tooma insistiera en irse a un hotel, la joven insistió que era familia y que su lugar estaba también en aquella mansión familiar.

De nuevo pudo respirarse un poco de paz sobre el edificio, pero cabe señalar una escena que ocurrió en un instante en el que tío y sobrino solos al momento en el que el joven fue a recibirlo y que posteriormente, Goku ya no pudo volver a abordar el tema por la rotunda negativa de Tooma al hablar al respecto.

En la Montaña Flypan se gozaba de días soleados y, dos días después de que la pareja hubiera hecho las paces y mientras la gente de la Corporación –Bulma incluida-, le buscaban vivienda en la Capital del Oeste, Tooma reservó la primera visita a su sobrino.

-¡Mírate nada más, muchacho! ¡Dejo de verte y ya eres todo un hombre, además de que ya estás casado! ¡Si se me ocurre verte después, ya serás abuelo!

-¡Y tú no cambiaste en absoluto!

La última vez que tío y sobrino estuvieron juntos, fue en el funeral de la madre de Goku. Su padre y Tooma se habían distanciado y Bardock nunca fue muy claro con Goku sobre la razón: según el humor y el día, el motivo cambiaba ("Tooma tiene mucho trabajo en el Sur", "Es un creído y ya no tiene tiempo para nosotros ni nadie", "Métete en tus propios asuntos, mocoso"), hasta que el muchacho supo por otras fuentes que su tío se había retirado de la Agencia y por confidencialidad, había ordenado que nadie supiera su ubicación actual, ni siquiera su familia.

Goku consideraba que, de haber habido algún problema entre su padre y su tío, ya era un asunto olvidado, ni tampoco tenía ánimos de preguntar a Tooma si había existido un problema real.

-¿Y cómo está el viejo Bardock? –preguntó Tooma, con su inicial buen humor.

Pero Goku borró la sonrisa de su rostro para continuar.

-Tooma… Quería localizarte pare decírtelo, pero ya hace poco más de un año que mi padre falleció…

-¿Qué?

La súbita palidez de Tooma desconcertó a Goku.

-¿Estás diciendo la verdad?

-Sí. Podemos ir a su tumba, si quieres, en la Montaña Paoz. Yo mismo me encargué se supervisar el traslado de su cuerpo.

-¿Y estás seguro de que era él?

-Por supuesto que sí. Hubo pruebas. Yo reconocí el cuerpo

-¿Cómo falleció?

-Se agravó su enfermedad en pocos meses. No había cura ni tratamientos. Quizás ni él sabía que tenía ese mal sobre su organismo hasta que fue demasiado tarde para hacer algo y hasta ese momento, yo me enteré…¿Pero, por qué estás tan…?

-Goku, yo no creo en los fantasmas y antes bien hay que temerle a los vivos, por eso estoy aquí… -y mentalmente, aparentando una tranquilidad que no sentía, añadió- ¿Quién era el hombre al que le hablé, en la Capital del Sur...?


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