07 Monstruos

Hacía frío esa madrugada. En los cristalinos ojos de Lunch se formaban algunas gotitas que de tiempo en tiempo iba limpiando mientras caminaba por las subidas y bajadas del terreno pedregoso. Su acompañante, que iba algunos pasos más adelante que ella, sabía que la causa de esas repentinas lágrimas no era causa de la resequedad causada por el viento como la chica pretextaba.

Aunque pudieron haber viajado en algún vehículo, prefirieron no hacerlo, ya que quizás, la Capital del Norte ya había puesto radares por esas zonas.

Las montañas siempre habían proferido una protección, entre laberínticos túneles y numerosas cavernas, garantizaban el bienestar de la gente que conociera al dedillo esos terrenos.

-Es una suerte que no esté lloviendo- comentó de pronto el guía sin mirar a Lunch, para romper el silencio-. Las rocas pueden volverse resbaladizas y nos retrasarían aún más.

-Si –respondió ella, de forma automática y sin mucho interés.

-Todavía falta algo de camino. Cuando lleguemos podrás descansar un poco y…

-Eso ya me lo habías dicho antes. Perdona, pero preferiría guardar mis energías para la caminata.

El guía no insistió más. Comprendía que Lunch no había recuperado el ánimo desde su repentina huida desde la Capital del Este, la persecución y el posterior desenlace en el que volvió a reafirmar la razón por la que todas esas desafortunadas peripecias eran soportables: su amiga Milk.

Había accedido a colaborar, dejando toda su cómoda vida como reportera en la Capital del Sur y si bien su amiga no estaba enterada de todo lo que acontecía en torno a ella, Lunch estaba dispuesta a que el equilibrio de todo lo conocido en el mundo se mantuviera, pero no con Goku, Bulma y toda esa gente que, si bien compartían el mismo sentimiento, no estaban del mismo bando.

O-O

-¡Vamos, vamos! ¡¿Es que no piensas salir, Milk?! ¡Vas a perder el vuelo!

Tooma encendió un cigarrillo mientras, recargado al lado del auto, se cuestionaba si la joven tardaría todavía más de despedirse de su esposo.

-¡Ya vamos! –dijo a lo lejos la alegre voz de Milk.

Al fin salió acompañada de Goku y de algunas maletas. La ida al aeropuerto llevaría tiempo debido a la distancia, añadiendo a todo eso el registro de equipaje y demás normas con el que se manejaban. Debido a los recientes ataques de parte de la Red Ribbon, la seguridad había incrementado en cada aeropuerto, sobre todo en el de la Capital del Oeste y la Capital del Sur y era en esta última ciudad donde Milk se proponía ir un par de días.

-¿Y es necesario que vayas…?

-Por supuesto que sí, Goku. ¿Recuerdas que en la Capital del Norte existen otras galerías importantes? Bueno, Ya no he asistido a los dos últimos Torneos, pero mientras estuvimos en la Montaña Paoz, trabajé un poco. Les envié algunas muestras y quedaron maravillados. Ahora quieren todas las piezas originales para otra exposición. Necesito ir.

-Entonces, tendré que ir contigo.

-No hace falta. Según dijo tu tío, Krillin está allá ahora. Tú quédate tranquilo. Sé que Bulma tiene mucho trabajo para ti y bueno, yo también necesito hacer lo de antes.

Milk había recibido una respuesta favorable para su nuevo trabajo y volvió a retomar ese mundo de las exposiciones que había pausado. Esperaba que esta nueva exposición fuera un poco más afortunada que aquella en la Isla Papaya. Bueno, a la larga, la otra también había sido afortunada, pues terminó por conocer a Goku.

Era seguro que la prensa y demás medios de comunicación estuvieran ahí y más que críticas a sus trabajos, iba a ser bombardeada de preguntas sobre los acontecimientos de años atrás. Milk se había mantenido alejada de la vida pública y aunque especificó que no respondería nada de su vida personal, no faltaría quienes hicieran hasta lo imposible por saberlo todo. Pero bueno, de algo tienen qué alimentarse todos esos reporteros si no es una noticia escandalosa y perjudicial, lo cual era una lástima.

Tooma la llevaría al aeropuerto y después, el tío de Goku se iría a la Capital del Oeste a esperar indicaciones oficiales mientras su sobrino, desde casa aun, trataría de arreglar todo para volver a la Montaña Paoz y si era oportuno el regreso luego de su estadía en la Capital Central. Tanto tiempo fuera de su propio hogar, también estaba afectándole un poco, pero estaba consciente que la seguridad de su esposa era lo primero.

Horas después, ningún lugar sería seguro para ambos.

O-O

Vegeta entró a la oficina. No iba a esperar ni un poco más a que la presidenta de la Corporación pudiera recibirlo. Aun no se desprendía de la idea de que "su colaboración podría estar en juego". Esto exasperaba también a la joven Bulma, sin embargo, su carácter le demandaba a que forjara de una vez ese lado fuerte que poseía, pero sin dejar de lado esa bondad heredada de sus padres.

Ahora, ella fue quien se puso al corriente sobre Vegeta y su situación. El padre del joven ya sabía sobre la fuga de aquel de la prisión de la Capital del Norte y aun así, se mantenía al margen de su hijo. Pero todos esos detalles, Bulma los obtuvo de Nappa, un trabajador de la familia de Vegeta que fungía como "vocero" o asistente del padre y del hijo.

Tampoco era que Bulma no le diera otra alternativa a Nappa para que le contara todo, pero no quería seguir estando entre "la espada y la pared". Al parecer, aquel hombre tampoco. Apreciaba mucho a la familia a la que servía y también deseaba que entre ambos hombres pudiera existir alguna solución. Y la situación era la siguiente:

El doctor y especialista en biogenética de la unidad de laboratorio de la A.I.T. tenía un sueño.

Todo comenzó una mañana, cuando lo mandaron de la Agencia a una de las regiones más pobres de la Capital Sureste. Niños y ancianos morían a causa de un virus alojado en el agua de los ríos de la región y cuya causa era la contaminación de las ciudades circundantes.

El biólogo, que también se había especializado en bacteriología, creo entonces una vacuna, pues aquel virus con el que trataban había logrado contagiarse a la población sana sin que aquella hubiera consumido los alimentos contaminados.

Mientras la A.I.T. paraba la contaminación de las aguas, el científico terminó la vacuna, la cual resultó un éxito, logrando salvar la vida de sanos y enfermos de primer grado.

Y una vez que volvió al laboratorio, el científico se preguntó: ¿sería posible crear una vacuna que no solamente alivie las enfermedades, sino además, despierte en el ser humano todas sus defensas?

Difícil, concluyó, pero no imposible.

Dedicó día y noche a sus investigaciones sin que el resto de la A.I.T. se diera cuenta. Quería terminar su trabajo y presentarlo ante el comité ya concluido. No sólo para que le dieran el visto bueno, sino para crearlo físicamente y usarlo como una vacuna a todas las poblaciones del mundo. El científico trabajaba sobre fórmulas cada vez más complejas, hasta que, casi para terminarlo, lo inevitable sucedió.

Su trabajo fue descubierto. Sin embargo, la directiva le dio oportunidad de explicarse. El científico sólo dio los pros de su hallazgo, pero muy a su pesar, tuvo que oír las contras: era un peligro, le dijeron. Atentaba contra la integridad del ser humano, le aseguraron. En otras palabras, el mundo no estaba listo para algo así.

Las órdenes finales fueron claras: detener la investigación y a ser posible, destruir la formula.

El hombre salió de su trance cuando le quedaron claras las razones del por qué debía deshacerse de su creación. Y así lo hizo.

Sin embargo, no del todo. En sus archivos cifrados, la formula, que estaba escrita únicamente y jamás creada físicamente, fue fragmentado por él mismo y sin un orden común. Era cierto que el mundo no estaba listo para tener en sus manos una fórmula así, pero quizás, pudieran servir elementos de la misma por separado.

Y ahí la dejó, en su base de datos de la caja fuerte de su despacho, en su casa particular.

Los años pasaron.

El científico tuvo un hijo, el cual creció y se convirtió en un joven de una mente muy sobresaliente. Estudiado en las mejores instituciones, el joven prometía un brillante futuro y su padre no dudó en recomendar a la A.I.T. al muchacho, el cual era su total orgullo.

El joven, sin embargo, sabía los límites de su propia inteligencia. No era como su padre, el cual vivía para los demás. El hijo no era humilde; quería sobresalir. Sabía que sus capacidades daban para más que ser un simple biólogo, encerrado en un laboratorio el resto de su vida.

Esa misma inteligencia que poseía era sorprendente, a la par que temible.

El hijo se hizo de la contraseña de la caja fuerte del despacho de su padre, y entre tanto documento, tomó los papeles cifrados que llamaron poderosamente su atención. Luego, los puso en orden y los tradujo en pocas horas.

Emocionado con su descubrimiento y al ver que su padre no se había dado cuenta del robo, memorizó cada aspecto de la fórmula.

Una noche, en una cena familiar, el padre comentó al hijo sobre el desarrollo de una vacuna para tratar una afectación en niños. Un virus común que podría ser erradicado en su totalidad.

El hijo sonrió, y ante todos los presentes y su sorprendido padre, le contestó:

-Todo eso se evitaría si hubiera una fórmula universal, que destruya cualquier virus y despierte las defensas de ser humano. Y de paso, hacerlo resistente física y mentalmente…

Las palabras del muchacho eran las mismas que el padre creyó religiosamente años atrás. Se atemorizó.

Al otro día, el padre fue a revisar su caja fuerte y descubrió lo que temía.

De inmediato buscó a su hijo y sin tan siquiera preguntarle si había sido él quien robó los documentos, lo obligó directamente a que los destruyera. El hijo, sin rechistar ni negar que estaban en su poder, así lo hizo, pero para ese entonces, el muchacho ya los había aprendido, e incluso, se había planteado mejorar la formula.

El padre, para que el muchacho escarmentara, le retiró su apoyo para que el joven entrara a la A.I.T. decidiendo que, si iba a estar en las filas de la Agencia en el futuro, lo hiciera por sus propios méritos.

Padre e hijo discutieron luego de que el joven se enterara de la decisión de su progenitor y en ese momento, en el que las palabras comenzaron a perder el respeto y el sentido, el padre se dio cuenta de que su hijo carecía de cualquier tipo de empatía y que lo que creara en adelante, lo haría porque quería, sin darse cuenta del daño a escala que causara. En otras palabras, era posible que el muchacho ya había creado físicamente la fórmula y se negaba rotundamente a destruirla.

El padre corrió al hijo de su casa, quitándole también el derecho de heredar y el uso de su nombre y prestigio a donde quiera que fuera. Todo le sería devuelto cuando el joven comprendiera que el deber de un hombre es trabajar para los demás, no para sí mismo.

El hijo, lejos de percibir tristeza y humillación, se sintió libre.

Libre de hacer o deshacer. Libre de crear y perfeccionar. Libre de usar cierta fórmula para sí mismo o venderla al mejor postor…

Pero aun a través de eso, Bulma veía claramente que ese rencor de Vegeta a su padre, quizás también se debía a que lo culpaba de la muerte de su madre. El matrimonio había sido arreglado y cuando el padre enviudó cuando el hijo tenía cinco años, no se le vio afectado. Era inaudito que la esposa de alguien dedicado a la medicina hubiera muerto por una enfermedad. Lo resintiera o no, el padre de Vegeta siguió con su empresa.

-Bien, Vegeta. Tengo una reunión en quince minutos y…

-Ya lo sé, mujer, tu histérica asistente me lo dijo cuando la ignoré al entrar.

-Vaya, no esperaba menos de ti. Pero por otro lado, me alegra que lo sepas.

Tomando asiento ante el escritorio de Bulma, el joven depositó un portafolios negro sobre la madera, que Bulma examinó con la mirada.

-¿Por qué dejaste ir a Gogeta? –cuestionó Vegeta primero, con seriedad.

-Él me lo pidió. Además, no le veía caso que siguieran aquí la niña y él. Pero no perderemos el contacto.

-¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer?

-¿A qué te refieres?

-Pues que se va a reunir con su hermano y entre los dos, van a echar a perder todo lo que ustedes han avanzado, aunque de todas formas, creo que ellos van más avanzados…

-¡Cállate! ¡Aun no es tarde para que se nos unan!

-¡Ja! No me digas que Gogeta te prometió "una esperanza de que su hermano entrara en razón", ¿eh?

Bulma dio un golpe a la mesa con su puño.

-¡Ya basta! ¡Cómo te atreves a cuestionar mi autoridad!

Vegeta rio un poco.

-¡Es en serio, Vegeta! ¡Y si no vas a decir nada más, te aconsejo que te retires o mandaré a qué te saquen de aquí!

-Sabes tan bien como yo que le ganaría a toda tu seguridad. Pero sí, quiero irme de aquí. La Corporación me marea.

Abrió el portafolios que resultó ser un estuche de tres objetos cuidadosamente guardados. Bulma tomó uno de aquellos objetos y comenzó a girarlo entre sus manos mientras lo observaba.

-¿Qué son estas cosas?

-Esto es algo que quería introducir en la compañía de mi padre, pero supongo que tú sabrás darle un mejor uso y tener más ventaja sobre Vegetto y la Red Ribbon.

-¿Tú los hiciste?

-Así es.

-¿Qué son y para qué funcionan?

-Aun no tienen un nombre oficial en el que yo haya pensado, pero creo que de eso se encargará tu gente, pero yo siempre le he dicho "rastreador".

-¿"Rastreador"?

-Sí, porque en realidad, eso es.

Vegeta tomó otro de los aparatos, los cuales tenían un cristal de diferentes tonos. El que él había tomado era rojo y el que Bulma sostenía era azul.

-Me he tomado el tiempo para hacer unas pequeñas investigaciones que necesitaba para unos últimos detalles. El rastreador mide y ubica la presencia de aquellos que posean cualquier tipo de Luz Falsa sobre ellos, incluyendo a la original. En un radio de metros a kilómetros, puede "percibir" sus presencias y el tipo de peligrosidad que tiene dicho individuo. Mide a partir de números. La Luz del Dragón es el número más alto, por consecuencia. Yo tengo un nivel más arriba que los hombres promedio y de ese modo, aunque luzcan normales, no habrá manera de que los sospechosos puedan ocultar que tienen o no la Luz Falsa.

-¡Vaya! ¡Es increíble!

-También, puede comunicar a los portadores de los radares entre sí. Estos tres, por ejemplo, tienen un circuito de comunicación cerrado. Los de cristal rojo son la recepción y transmisión principal, los de azul, son la media, es decir, que recibe datos del rojo y retransmite al resto de los verdes, que fungen como receptores. Para un ejército, por ejemplo, un coronel usaría el rojo, los comandantes el azul y el resto de los soldados, los verdes.

-Me has dejado sorprendida, Vegeta. De verdad que esto es un gran aporte.

"Y quién lo diría que estás combatiendo tu propia creación, ¿no?"

-Hjmm. Ojalá no lo desperdicies –dijo Vegeta, con su habitual provocación.

-De ningún modo. Y lo digo de verdad, esto es un gran avance. Lo haré llegar a los laboratorios cuanto antes.

Vegeta se puso de pie, con intención de retirarse.

-Ahí incluyo todas las especificaciones del rastreador. No me necesitarán para nada.

-Vegeta, ha sido un gran aporte. Gracias.

El joven, inexpresivo, guardó silencio, pero no dejó de avanzar a la salida.

O-O

-Me alegra que ya estén aquí, Lunch, Violet. Ya sé que las montañas no es el mejor sitio para unas mujeres tan delicadas como ustedes, pero en cuanto nuestra gente se reúna, avanzaremos.

-Por favor, Vegetto, déjate de cursilerías y vamos a atacar a esos desgraciados –respondió Violet con una sonrisa.

Había alrededor de cien personas reunidas y todavía se esperaban más. Todos ellos tenían algo en común y era que de la Red Ribbon los había perjudicado de un modo terrible. Algunos lo habían perdido todo al negarse a cooperar con dicha organización y otros, eran sobrevivientes de distintos laboratorios, entre ellos el de Chazke.

Entre ellos también estaba la ex coronel de la Red Ribbon, Violet, quien no había logrado ser capturada por la justicia cuando la Agencia tomó la Isla Papaya durante el veintitresavo Torneo de las Artes Marciales, sin embargo, necesitaba resguardarse de Blue y el resto de aquel ejército. Mientras trabajó para el Comandante Red, se ganó la total confianza de Silver y su relación, iniciada por una competitiva amistad, le hizo pensar al coronel después que ella podría ser más que su compañera de oficio y por tal, no le ocultó su extraño y fascinante plan junto a Raditz y Blue a espaldas del comandante. No era que ahora Violet quisiera redimir su comportamiento, pero era hábil y además, mientras Lunch estuvo en la Capital del Este, ella también hizo otros avances, entre los cuales estaba la lista de todos los hombres capturados y muertos de la Red Ribbon hasta el momento, pero sobre todo, los lazos que ciertos coroneles tenían con importantes empresas, entre ellos el Coronel White.

Pero las horas estaban contadas. Lunch como principal portavoz de todo lo descubierto por ella mientras indagó astutamente en su estadía en la Capital del Oeste, explicaba a todos cada detalle.

-Por lo que sabemos, la Red Ribbon se está moviendo. Además, el Ejército de la Capital del Este ha hecho movimientos extraoficiales. Hasky deja que todo eso ocurra deliberadamente- dijo la joven, mientras en un mapa extendido se señalaban diversos puntos de movimientos marcados.

-El tiempo se acaba… -añadió Violet. Vegetto concluyó:

-Entonces haremos esto: nos dividiremos en dos grupos, ustedes legarán a la Capital Central usando atuendos civiles. Nosotros seguiremos usando los uniformes para avanzar rápidamente hasta nuestro destino, donde nuestro aliado estará con su misión cumplida. Luego, me reuniré con ustedes y avanzaremos al Oeste.

-¡Si, señor! –respondieron a coro varios hombres, incluida Violet, quien sería ahora la encargada de dirigir uno de los grupos.

-He verificado y no hay radares en esta zona de la montaña todavía. Aborden de manera subterránea hasta los límites de la Ciudad Central por los túneles. Lunch, tu tendrás que venir conmigo.

-¿A dónde iremos, Vegetto?

-A la ciudad Baseru. Pero antes…

O-O

El pueblo Ginger había crecido desde la última vez que había estado ahí, cuatro años atrás.

Dormida sobre sus brazos, Gogeta sostenía a Suno en una de las bancas de un parque. La niña se había cansado de jugar y esperar a que el hermano de su padre adoptivo llegara.

La nieve llegaría por la madrugada. El viento, llevando consigo un silbido, calaba a cualquiera que no fuese abrigado. Pero eso era lo de menos. Otra tormenta iniciaría, posiblemente.

-¿Te vas a ir a Yunzabit?

Dijo de pronto una voz que Gogeta, sin inmutarse, respondió enseguida:

-Sí. Lo siento. No puedo continuar con todo esto…

El hermano mayor tomó asiento mientras lanzaba un suspiro cansado, cargado también de culpa.

-Perdóname por haberte dicho todo eso en aquella ocasión. Si me hubieras dicho desde el principio lo que pasaba con Suno y contigo, yo…

-No te preocupes –respondió el interlocutor con una triste sonrisa-. Cuídate, hermano. Y regresa a casa cuanto antes.

-¿Les dirás a nuestra gente dónde estoy y lo que haré?

-No. Pero trataré de ayudarte desde ahí. Y no ocuparé tu lugar.

Lejos de haber tocado un terreno escabroso, ambos se rieron. Ya no llegaría la tormenta que ambos temían.

-¿Encontraste a los padres de Suno?

-Sí.

-¿Y qué piensan de todo esto?

-Todo es tan confuso para ellos. Están destrozados. Suno no los reconoce… El único modo para que ella regrese a casa es quitándome de en medio, para siempre.

-No digas eso. Encontraré la cura.

-Bulma también me la prometió, pero a cambio de que te unas a la A.I.T. y ambos sabemos que eso no pasará, ¿certo?

Vegetto sonrió con astucia.

-Eso, hermano, no está en sus manos. Tú tendrás la cura…


La reunión que Bulma había esperado antes de la intromisión de Vegeta, comenzó minutos después de que aquel se había ido.

Un hombre alto, de edad madura y vestido de manera elegante fue recibido por la joven, quien sin más preámbulo, le expuso la razón de su visita:

-Vengo representando los intereses del difunto señor Raditz. Su firma aparece como el accionista mayoritario en la Corporación Cápsula y por tal, la Corporación Delta reclama a usted, señora Bulma, la renovación de todos esos intereses. Además, como el señor Raditz murió de manera "inusual" y sorpresiva y no dejó un testamento, nos da derecho a reclamar todo aquello que…

El tono y la manera en la que aquel hombre dijo aquello de "inusual", Bulma lo sintió como una acusación, por lo que de inmediato respondió a la defensiva.

-¡¿Qué clase de broma es esta?!

-Ninguna broma, señora –respondió el hombre tranquilamente, al perecer satisfecho por aquella reacción.

-¿Y se puede saber quién está a cargo de la Corporación Delta?

-El socio y cofundador de la empresa, el señor Cornelius White. Sin embargo, el señor White ha fallecido también, por lo que ahora, es su hija, la señorita Mai White quien es la directora de la Corporación Delta y legítima dueña de dichas acciones.

-¿Quién es esa Mai White? –preguntó la joven, tratando de hacer ás la he oído nombrar en mi vida.

-No es de extrañarse. La señorita White estuvo ausente de los negocios de su padre por una larga enfermedad que ya ha superado. El señor Raditz le garantizó que respetaría dicha alianza entre las familias y así había sido siempre, hasta ahora.

-Raditz nunca me habló de esto. Además, la Corporación Delta ya es un anexo de la Corporación Cápsula.

-Hay documentos legales que dicen lo contrario, señora Bulma.

-¿Y qué es lo que quieren entonces? ¿Qué les devuelva Delta?

-Así es. Además de una reparación por el uso indebido del nombre de la empresa y la apropiación ilegal de toda la Corporación. Las acciones de Delta deben ser devueltas a su legítima dueña con sus respectivas ganancias desde el año en el que se inició la "fusión".

Bulma no pudo por lo menos, reprimir una pequeña sonrisa ante el incrédulo proyecto.

-Debe de estar soñando. La Corporación Delta les será devuelta bajo mis condiciones. Las acciones serán divididas y las ganancias, repartidas a partir de un nuevo contrato que se hará ahora. Me gustaría hablar con White directamente y no con usted, que sólo es un intermediario.

-Nada de eso va a suceder. Como no hay un testamento, usted no puede negociar. Y esto, usted fue quien inició la "fusión" sin autorización del señor Raditz ni el permiso de la familia White. Las ganancias de las acciones de Delta ascienden al triple de lo que fue hace tan sólo cinco años. En otras palabras, la Corporación Delta deberá ser devuelta y además, usted será quien deba entregar parte de la Corporación Cápsula a la señorita White.

Otra vez, su interlocutor estaba provocándola, o al menos eso le parecía a Bulma, quien de inmediato, respondió:

-¡Eso jamás! ¡La Corporación Delta nunca ha generado dichos ingresos! ¡La Corporación Cápsula es la empresa líder! ¡Es la cabeza de todas las compañías asociadas alrededor del mundo! ¡Esa White quiere una tajada de la Corporación de mi familia y no voy a ceder! ¡Váyanse al diablo!

-Revise los documentos, señora Bulma. Quizás usted esté confundida y lo que está tomando en cuenta, es solamente los ingresos de su difunto marido, es decir, a lo que él tenía derecho, porque si añadimos lo de la familia White, créame que con la Corporación Cápsula no tiene mucha diferencia y sólo el renombre que usted dice que tiene.

Bulma finalizó. Ya no quería oír todo aquello.

-Insisto en que se retire de mi oficina y la Corporación, señor.

El hombre se levantó, tranquilo y con aire de triunfo.

-Nos volveremos a ver, de todas formas. Hasta que usted deje de apropiarse de lo que no le pertenece…

-¡Retírese de una vez!

El hombre salió de una vez y cuando se encontró sola, trató de tranquilizarse. Soltó un suspiro antes de beber un poco de agua.

-Ese infeliz –pensaba Bulma, aun furiosa-, ni aun muerto deja de darme sorpresas…


El Palacio del Rey estaba fuertemente custodiado. Los movimientos militares que se llevaron a cabo dentro del edificio habían finalizado, pero se mantenían en alerta. El Rey Furry y sus allegados no percibieron los movimientos que entre los civiles se fueron dando.

Por entonces, la Corporación Cápsula había equipado a algunos soldados con el rastreador.

Goku también tuvo que aprender a usar el dispositivo, aunque para esa máquina, su nivel de vitalidad estaba también por encima del promedio, recordándole para siempre su encuentro con Raditz y la Isla Papaya.

El joven había viajado también como su esposa, salvo que él se dirigió a la Capital Central. Con Milk, acordó que se reunirían luego en la Montaña Paoz, como lo tenían planeado.

-¿Y? ¿Qué te parece el nuevo dispositivo? ¿No es genial? –decía Yamcha a Goku mientras giraba su cabeza en todas direcciones, donde la gente circulaba.

-No lo sé –respondió Goku, retirando el suyo de su oreja izquierda-. Puede ser que sea útil, pero creo que es muy extremista.

-¿Extremista?

-Sí. ¿Y sabes qué es lo peor? Que por aquí he oído algunas conversaciones de soldados que no saben usarlo completamente y han denominado la búsqueda de niveles altos como "cacería de monstruos".

-¿Qué? Si ni siquiera tenemos órdenes de disparar –dijo Yamcha, apagando y retirando su rastreador.

-No me refiero a eso, ¿no lo comprendes?

Yamcha se puso serio, pero decidió hablarle a su amigo con franqueza.

-Sí, lo sé. Goku, yo he tenido más contacto con el resto de los soldados desde que llegamos a la Capital Central y, bueno, no creo que todos ellos sepan que eres mi amigo, pero no entienden por qué existen varios niveles altos de nuestro lado, siendo que se les explicó que los portadores de esos niveles debían ser capturados.

-¿Y creen que yo soy sospechoso por ello al igual que Vegeta?

-Bueno, Vegeta, tú, tu tío…

Goku miró fijamente a su amigo al escuchar eso último.

-¿Tooma?

-Sí. Alguien midió el nivel de tu tío y era alto. No tanto como el tuyo o el de Vegeta, el cual, como todos sabemos, es el segundo nivel más alto después de Milk, tu esposa.

Cuando Goku iba a preguntar más cosas a Yamcha, los rastreadores de ambos emitieron un ligero y agudo sonido. Ambos se colocaron sus dispositivos y la voz de uno de los generales sonó con indicaciones:

-Tenemos un nivel alto.

-¿Dónde? –preguntó Goku.

-Del lado sur del Palacio del Rey.

-Bien. Captúrenlo pacíficamente. Llegaremos enseguida.

Desde una de las calles laterales al Palacio del Rey, donde Goku y Yamcha se encontraban para revisar el panorama del tránsito civil, caminaron hasta donde se les indicó. Las capturas eran directamente concernientes a la Agencia, pero por esta ocasión, sería en colaboración con el ejército de la Capital Central.

-Yamcha, ¿puedo pedirte un favor?

-Claro, Goku.

-Te agradezco que me digas todo esto, pero en lo siguiente, ya no quiero saber nada en absoluto. Los rumores son lo último que necesito con todo esto de la Red Ribbon y ese otro rebelde suelto y su hermano que Bulma dejó ir.

-No, discúlpame. No medí mis palabras. Es más, si llego escuchar a los soldados decir todo eso de nuevo, yo mismo los voy a mandar a una corte marcial para que sean expulsados por difamadores.

-No, no. Ya tengo suficiente con esos rumores y si le añades esas acciones, perderé su respeto. Soy el superior de todos ellos y no estaría bien manipular de ese modo las movilizaciones militares. Además, yo estoy con la Agencia y la Corporación, el ejército es punto y aparte.

-Creo que tienes razón.

Estando a pocos metros de llegar a su destino, el rastreador de Goku sonó. A su derecha, había otro nivel alto al que los soldados habían detenido.

-¿Qué? ¿Quién es?

Mientras Goku miraba a donde la máquina señalaba, el rastreador de Yamcha también sonó.

-Goku… detecto tres individuos más hacia el norte.

-No puede ser –y presionando un botón del aparato, Goku indicó al resto-. Cuatro individuos más con nivel alto, estén alertas.

-Señor –respondió el mismo general que la vez anterior, señaló a Goku-. No pudimos capturar al sospechoso. En su lugar, por la zona sur, hay siete individuos más. Y uno de esos niveles es más alto que la mayoría.

-No queremos violencia, general. Limítese a acercarse con sus hombres y hablar.

-Está bien. Pero si se resisten, abriremos fuego si es necesario.

-Maldición- dijo Goku cuando la transmisión fue cerrada y no pudo objetar-. Yamcha, debemos reunir a nuestra gente.

-Sí. Pero Goku, ya aparecieron quince individuos más. Se están acercando. Se confunden entre la multitud. Van como civiles.

-Hay que empezar a buscar entonces…

De nuevo, el sistema de comunicación del rastreador se activó. Otro general habló presurosamente:

-¡La Red Ribbon! ¡Son ellos!

-¡¿Qué?! –dijeron Goku y Yamcha, como casi todos los soldados.

-¡Tomaron los caminos subterráneos! ¡Se acercan al Palacio del Rey! ¡Los monstruos y ellos están confabulados! ¡Francotiradores, alerta! ¡Abran fuego a los niveles altos enseguida!

-¡No! ¡No lo escuchen! –irrumpió Goku en voz alta-. ¡Deténganse!

A lo lejos, algunos disparos se escucharon. La gente comenzó a gritar y correr.

Los soldados y generales del ejército se movieron también por tierra para llegar hasta el Palacio del Rey.

-¡Yamcha, debemos ir al Palacio! ¡Sigamos a esos soldados!

-¡Sí!

Pero cuando se disponían a hacer su empresa, Goku notó que en medio de los uniformados también iba un nivel alto de energía. Concretamente, un coronel.

-¡Ese desgraciado! ¡Era cierto entonces!

-¡¿Qué, Goku?! ¡¿Qué pasa?!

-¡Lleguemos antes que ellos!

Más disparos cercanos a Goku se dejaron oír mientras él y Yamcha trataban de moverse alrededor del Palacio.

Sin embargo, cuando habían convenido en entrar a la fuerza por una de las puertas, a ambos, por la espalda, les atacaron, recibiendo un certero golpe sobre sus nucas que terminó por dejarlos inconscientes.

Pero antes de cerrar los ojos y entregarse al anonadamiento, Goku pensaba en su tío.


"Disparos en las calles. Todo es un caos señoras y señores…"

"El Rey Furry fue trasladado de inmediato a la Capital del Oeste. Aun no tenemos noticias sobre su estado, aunque testigos aseguran que una de las balas travesó…"

"El ejército de la Capital Central ha entrado en acción tomando el Palacio del Rey a resguardo. No se nos permite acercarnos a la zona de resguardo, pero como pueden apreciar en estas fotografías capturadas por un afectado, hay cadáveres de civiles, soldados y gente de la Red Ribbon…"

"Y en estos momentos tan críticos, la Capital del Norte ha cerrado sus fronteras, no permitiendo la salida ni entrada de extranjeros y residentes de dicha nación. Por otro lado, la Capital del Este ha reportado movilizaciones militares, aunque no queda del todo claro sus intenciones. En ambas naciones, las comunicaciones están restringidas…"

"La Isla de Yunzabit ha recuperado a uno de sus herederos. Por razones desconocidas, la isla monárquica ha ocultado que el Príncipe y su hermano, también heredero al trono, habían desaparecido. Pero hoy se ha hecho público gracias a un informante anónimo que ha avisado a los medios. Además, han añadido pruebas como delicadas acusaciones de que el Príncipe podría tener vínculos con la Red Ribbon en el más reciente ataque al Palacio del Rey. Por ahora, Yunzabit, cuyo último rey, Mutaito II fallecido desde hace quince años, no han dado declaraciones con su vocero oficial Paragus. Sin embargo, según los expertos, haber ocultado algo tan grave los vuelve blanco de sospechas, sobre todo al ahora Príncipe, que sigue sin aparecer…"


Faltaba un día para su regreso y reunión con su marido en la Montaña Paoz. Krillin y ella recibieron la noticia del ataque al Rey Furry. Alertados y sin poder comunicarse con Goku, Milk se angustió mucho, pero por ella misma y para no quebrantarse, había decidido no llorar. Las lágrimas no solucionarían algo en una situación así.

Por otro lado Krillin decidió que lo mejor sería transladarse a la Capital del Oeste, con Bulma y donde seguramente, Goku también estaba.

-No, Krillin. Hay que esperar. Goku podría llamarnos en cualquier momento.

-Pero no sabemos si la Red Ribbon y o los otros rebeldes vendrán por ti. Cualquiera es sospechoso ahora.

La joven esposa no se equivocaba. Cerca de medianoche, la recepción del hotel le anunció que tenía una llamada.

-¿Milk?

-¡Goku! ¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¿Qué está pasando?

-Sí, estoy bien, Milk, no te preocupes. Ahora, escúchame con atención. Alguien irá por ti para llevarlos a un lugar seguro. Krillin y tú estén alertas.

-Sí. Algo me decía que llamarías. Se lo dije a Krillin. Decía que debíamos irnos sin avisarte.

-Seguramente también te llevaría a un lugar seguro.

Milk sonrió débilmente.

-Debo irme, Milk. Te veré luego.

-Sí. Te amo.

-También te amo. Quédate tranquila.

Terminada la llamada, Milk se quedó pensativa y un poco pálida. Pero sabía que mientras estuviera siguiendo las instrucciones de su esposo, nada malo le pasaría.

Tal y como se lo había confirmado, alguien llegó hasta donde ella se encontraba casi al amanecer. Pero se vio sorprendida al saber que era el tío de Goku quien iría por ella, ya que su esposo no señaló ese detalle.

-No hay tiempo, muchachos –le dijo Tooma mientras ella y Krillin salían del edificio rumbo al aeropuerto, donde un avión privado los llevaría-. Debemos irnos.

No discutieron con él. Simplemente lo siguieron. Luego del rápido viaje por carretera, abordaron y mientras el avión se dirigía a su destino luego de despegar, Milk preguntó ya un poco más tranquila:

-Creí que estabas con Goku en estos momentos, pero me alegra que hayas sido tu quien vino por nosotros, Tooma.

Aquel, escuchó a la joven y sonrió un poco. Pero luego, le respondió con toda seriedad:

-Milk, yo… no vengo de parte de Goku.

La joven palideció.

-¿Qué dices?

-Él no sabe que yo estoy aquí, con ustedes. Ni mucho menos a donde nos dirigimos. Traté de explicárselo a Krillin, pero lo tomó bastante mal. No me dio la oportunidad de decir nada. Descuida, está bien. Viene con nosotros también.

-Por favor, este no es el momento para bromear –dijo Milk, ya más invadida por el miedo-. Dime lo que está pasando. ¿Dónde está Goku?

-Él está a salvo y tú también lo estarás. Lo que pasa es que él está en un error y no sabe cómo tomar lo que ocurrió con el Rey Furry. Esas personas en las que desconfía, también buscan la solución.

-Entonces, dime por favor, ¿a dónde vamos?

-A la ciudad Baseru. Pero le diré a Goku que vaya para allá también.

O-O

Horas después, cuando el ataque terminó y el ejército trataba de dar un número real de las víctimas, en la Corporación Cápsula las cosas no eran menos oscuras.

Goku fue trasladado hasta allá, al igual que Yamcha y cuando despertaron, la furia del joven no era para menos.

-No, ya no hay nada que negociar, Bulma. Está claro que Vegetto no está de nuestro lado sino en el de la Red Ribbon.

-¡Pero…!

-¡Él tiene el suficiente poder para hacer eso y mucho más! Así que, si usaré el rastreador, Bulma, no me limitaré en detenerles por todos los medios posibles si me topo de frente con alguien de su gente. Incluyéndolo a él.

-¡Pero si lo matas, Yunzabit atacará y la guerra iniciará! ¡¿Qué no lo entiendes?!

-¡Eso debió de pensar cuando decidió actuar sólo! Además, ya estamos en guerra.

-¡Piensa en todas las víctimas! ¡En todas las pérdidas! ¡En Milk!

-Precisamente, lo hago por ella. Ya estoy harto de la Red Ribbon y si este es el momento para acabar con todos esos infelices, no voy a desaprovechar la oportunidad.

Dicho esto, Goku abandonó la Corporación, seguido por Yamcha, quien a modo de apoyo a su amigo, añadió:

-Lo siento, Bulma, pero Goku tiene razón. Vegetto se arriesgó demasiado.

Goku no tenía un plan muy claro todavía, pero si la Red Ribbon ya había hacho ese ataque sin muchas bajas de su ejército y con ese apoyo de parte de los portadores de la Luz Falsa, el siguiente lugar a atacar sería la Capital del Oeste.

Esta vez se juró que estaría mejor preparado. Pero antes de hacer nada, encargó a su amigo Yamcha que fuera por Milk y Krillin y los llevara a la Montaña Paoz.


-¡Retirada!

-¡Retirada todos los soldados!

-Los refuerzos de la Capital del Este vienen en camino, señor. Hasky ha sido revocada y va a la Capital del Norte.

-Perfecto –dijo Blue con media sonrisa-, pasemos a la siguiente fase: la Capital del Oeste. Dentro de poco, la nación caerá. Por cierto, ¿mataron a Vegetto?

-No. Sólo era parte de su gente. Murieron algunos, pero él, no.

-No importa. Esos monstruos no pueden soportar el plomo. Si se les ocurre ir a la Capital del Oeste, los exterminaremos.


Tres días de silencio. En la Capital Central, los ejércitos se preparaban para la ofensiva dentro de su territorio, además, como primer gran movimiento acorde a las últimas voluntades del Rey Furry mientras gozaba de salud, se inició la toma del poder de la Capital del Este. Hasky, por otro lado, había desaparecido sin dejar rastro.

Los rumores sobre que había abandonado su nación y había partido a la Capital del Norte, eran muy fuertes además, el Ejército de la Capital Central consideraban una burla el hecho de que un ataque así, bajo sus propias narices, casi haya acabado con la vida del Rey, por lo que la alarma al resto de las naciones se dio a los medios:

"Monstruos. Mutantes aliados de la Red Ribbon quisieron tomar el Palacio del Rey y terminaron por herir a Su Majestad mortalmente. El representante de la Capital del Norte, el presidente Broly, ha lanzado una advertencia sobre el reino de Yunzabit ya que asegura que la Red Ribbon, la Ministra Hasky y el Príncipe Vegetto son los responsables directos. El reino de Yunzabit se mantiene imperturbable a pesar de esa acusación tan grave que según parece, está tomado fuerza."

Las malas noticias no dejaban de llegar por llamadas y visitas a la joven presidenta de la Corporación Cápsula. Hubo una importante caída en las acciones entre tanto, pero sabía que no era preocupante. Además, al tratar de esclarecer con su gente cuáles corporaciones fusionadas habían sido afectadas, simplemente no recibió respuestas de sus respectivos socios y presidentes. Como si se los hubiera tragado la tierra.

-¡¿Qué ya es tendencia desaparecer sin rastro?!

-Discúlpenos, señora Bulma, pero no aparecen y en la presidencia de cada compañía dicen que tienen que hacer un orden nuevo en la administración y que…

-¡¿Qué clase de circo es este?! –dijo Bulma interrumpiendo a los nerviosos empleados-. ¡Ahora mismo quiero respuestas! ¡Salgan y vayan personalmente a cada una de las corporaciones si es preciso!

Todos salieron. En realidad, Bulma quería estar sola. Aunque el dolor de cabeza y garganta eran el menor de sus problemas que por ese día le aguardaban.

El teléfono sonó. Bulma respondió por medio del altavoz presionando uno de los botones. Como su paciencia se había agotado desde hacía horas, dijo a su asistente rudamente:

-¿Qué pasa?

-Señora, hay aquí unas personas que insisten en hablar con usted. No tienen cita y les he explicado lo ocupada que está usted y no quieren retirarse.

-¿Quiénes son?

-La señorita Mai White y su esposo.

-¡Cómo se atreve a venir esa desgraciada! –gritó Bulma al aparato sin poder contener la presión un poco más.

-Ehh, señora Bulma –dijo la asistente, algo nerviosa por lo que Bulma acababa de decir por el intercomunicador y que sin duda, quienes esperaban habían oído todo-… ¿Entonces no los dejo…?

-¡Sí! ¡Que pasen! ¡Y llama a la seguridad también! ¡Su visita no durará mucho!

La llamada se terminó y en breves instantes, la puerta de la oficina se abrió, entrando una mujer solamente, vestida de manera elegante y con su larga cabellera negra sobre sus hombros y espalda. Sonrió a Bulma con suavidad y se acercó a ella, ocupando la silla delante del escritorio sin que Bulma le indicara esa cortesía.

-Buenas tardes, señora Bulma –habló con voz suave, pero imperiosa-. Por lo que pudimos ver, usted no está de muy buen humor…

-¡¿Qué acaso vive en medio del desierto?! ¡¿No ve las noticias?!

-Por supuesto que sí, pero como ve, no creo que eso tenga nada que ver con el asunto que deseo tratar con usted.

-¡La Corporación Cápsula va más allá que ser una simple empresa, señora!

-Lo sé. Pero creo que en algo estamos de acuerdo: la Corporación y la Agencia no están ligadas una con la otra. La A.I.T. se compone de varias corporaciones, por lo que sé y…

-Descuide –dijo Bulma interrumpiéndola, deseando ganar por una vez-. Delta no es nada significativo. Mi gente ha valorado su corporación y no tiene los ingresos que usted dice que está valorada.

-Raditz me aseguró lo contrario.

-¡Raditz era un mequetrefe y un mal especulador! ¿Por qué no admite que la engañó, eh? Le pediría que fuera mi socia para solucionar esta absurda disputa, pero eso ya es imposible a estas alturas.

Definitivamente Mai no quería perder ni un centímetro de la discusión. Siguió mostrándose tranquila, como si fuera a mostrarle a Bulma sus mejores cartas. Continuó:

-Acabo de comprar tres corporaciones más asociadas a la A.I.T. señora Bulma. Usted no lo sabía, pero por el ataque al Palacio del Rey, dichos asociados se han retirado por miedo. Eso me convierte en otra propietaria más de la Agencia.

Sin poder evitarlo, Bulma exclamó:

-¡Eso es imposible! ¡Una negociación de ese tipo siempre debe tener mi aprobación!

-Pues lo siento mucho por no tener la absoluta lealtad de su gente que creyó tener. Además, seguramente, para estas horas del día de mañana, seré dueña de otras dos corporaciones.

La joven directora se puso de pie.

-¡No es posible! ¡No le creo nada!

-¿Lo duda usted? Bien, le daré las pruebas que quiere… –y girando su cabeza a la entrada de la oficina, Mai llamó-. ¡Querido!, ¿quieres venir por favor?

No recibió respuesta, pero un hombre abrió la puerta y lentamente entró, colocándose al lado de Mai.

Inmediatamente, cuando sus miradas se cruzaron, Bulma palideció. El aire se fue de sus pulmones con un sonoro suspiro mientras sus manos temblaron, al igual que sus rodillas. Mai sonrió burlonamente.

-¿Se conocen…? –dijo a Bulma, sonriendo ampliamente.

La voz de Bulma por fin se dejó oír con debilidad.

-B… Bardock…


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