Hola chicas esta historia es una TRANSCRIPCION de la original de Yurika Cullen que muy amablemente ME PERMITIÓ ADAPTAR sus historias a los personajes de Candy Candy, y así compartir con ustedes su talento….espero le agrade tanto como las otras historias que su inspiración nos ha permitido disfrutas…
NOVIA COMPRADA
By. Yurika Cullen
Capitulo Cinco
A la mañana siguiente me levante muy temprano, hice el desayuno para mi madre y para mí, lave los platos al finalizar y luego mi madre me arrastro hasta mi habitación para ayudarme a vestir, escogió un jean negro, una blusa blanca de tiras, ambos pegados al cuerpo pero muy cómodos, unas botas sin tacón negras y el cabello me lo recogió en una cola dejándome un poco de flequillo.
A las nueve cuarenta y cinco de la mañana el timbre del apartamento sonó y como pensé era Albert, venia realmente guapo, aunque no era la primera vez que lo veía de manera informal, pues cuando iba al café los fines de semana nunca iba de traje, no podía evitar quedarme con la boca abierta ante tanta imponencia. Tenía una camisa negra con las mangas remangadas hasta el codo, un Jean azul claro, unas zapatillas negras y su cabello más desordenado de lo normal, estaba realmente sexy. Me saludo con un beso en los labios un poco más intenso que los acostumbrados, pero no tanto como el que compartimos anoche, saludo a mi madre y rápidamente salimos del apartamento.
No podía evitar sentirme nerviosa, esta salida era algo así como nuestra primera cita y yo no había tenido muchas citas, así que me daba muchos nervios no saber cómo comportarme, especialmente porque la relación, que teníamos no era muy normal que se diga. Cuando bajamos recordé al ver a Jimmy que Tom había tenido el turno de noche, y me alegraba no habérmelo encontrado, aun no estaba acostumbrada a las miradas acusatorias de Tom cada vez que me veía salir con Albert y es que aunque al parecer a Jimmy tampoco le caía bien mi novio, las miradas de Tom en serio empezaban a molestarme, me hacía sentir como si fuéramos pareja y yo lo estuviera engañando ante sus narices.
El camino hasta el nuevo parque de atracciones fue muy ameno, agradecí que Albert no mencionara nada sobre el beso y que por el contrario nos habíamos metido en una conversación totalmente diferente, hablamos sobre mis clases y algunos temas que no entendía muy bien, Albert se ofreció de nuevo a ayudarme y me dijo que me prestaría un libro sobre administración que le fue de mucha ayuda a él en sus días universitarios, lo acepte gustosa, pues de verdad algunas cosas se me hacían confusas.
La mañana y parte de la tarde paso volando, reamente me divertí mucho con Albert, subimos a algunas atracciones que no fueran demasiado aterradoras, comimos muchos dulces, pero especialmente algodón de azúcar, era de mis dulces preferidos, participamos en algunos juegos y en uno de ellos, Albert se ganó un osito de peluche para mí. No podía evitar sonreír como tonta todo el tiempo, él en serio se estaba portando muy bien conmigo y este día se estaba convirtiendo inolvidable, ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que me divertí tanto con un chico.
— ¿Qué te parece si entramos a ese?— me pregunto Albert, luego de haber bajado de la rueda de la fortuna. Él llevaba el osito bajo el brazo pues, me daba miedo que estando en la parte alta mi torpeza me hiciera soltar el peluche y perderlo, además me la pase aferrada al brazo de Albert todo el tiempo mientras cerraba los ojos y lo maldecía por haberme convencido a subir ahí. Si definitivamente no me gustan las alturas. Mire hacia donde señalaba y vi el letrero que rezaba "La Casa Del Terror"
— ¿Estás loco Albert? Luego de bajar de la rueda no quiero poner en peligro de nuevo mis nervios— él soltó una carcajada
— No seas miedosa Candy, ¿Qué puede pasar? Además claramente me dijiste que te daban miedo las alturas, no las casas de terror— yo lo fulmine con la mirada
— ¡Bien! Entremos— dije adelantándome, lo sentí reír de nuevo mientras me alcanzaba y me abrazaba por la cintura depositándome un beso en la mejilla, al instante me sonroje
— Si no quieres entrar, no entramos Candy— dijo deteniendo mi caminar
— Vamos, ahora soy yo quien quiere entrar— le dije con falso enojo
— ¿Sabes?— dijo girándome y mirándome a los ojos— Me encanta cuando te pones terca— y sin decir más palabras me beso, tal cual la noche anterior, yo le cruce los brazos al cuello y el hizo lo mismo con mi cintura, pude sentir al peluche atrás de mi siendo sujetado con una de sus manos. Un carraspeo a nuestro lado nos interrumpió, cuando nos separamos mire a mi derecha y pude ver a Elisa y Mike parados junto a nosotros. ¡Pero qué mala suerte tengo!
— Ah hola— dijo Albert simplemente
— ¡Albert, pero que coincidencia!— dijo Elisa, se iba a acercar a abrazarlo como saludo, pero yo no retire los brazos de Albert y lo abrace por la cintura, mientras él me pasaba un brazo por los hombros. Elisa entendió el mensaje y no se acercó, Mike tampoco hizo movimiento
— Pero Elisa, si claramente me dijiste que viniéramos porque Albert nos había invitado— dijo Mike. Albert y yo levantamos las cejas
— Yo en ningún momento los invite, vine a pasar un día a solas, con mi novia— dijo Albert
— ¿En serio?— dijo Elisa— Oh lo siento, entones mal interprete las palabras de Rose esta mañana que hable con ella, yo le entendí que venias y querías que nos encontráramos para estar todos juntos—
— No, y si nos disculpan, aún tenemos mucho que ver— comenzó Albert
— Pero podríamos acompañarlos, así pasamos un día agradable entre amigos— dijo Mike viéndome a mí solamente
— Gracias Mike pero claramente dije que quería pasar un día a solas con Candy, tal vez otro día, adiós— y sin esperar si quiera respuesta de parte de ellos se giró aun abrazado a mí y empezó a caminar, hasta que no los perdimos de vista no se detuvo— No los soporto— se quejó irritado
— Somos dos— dije riendo, nunca veía a Albert tan irritado a menos que la pareja Legan estuviera en el tema de conversación o a unos cuantos metros a la redonda— Bueno ¿Y La Casa Del Terror?— pregunte levantado mi rostro para verlo, Albert cambio su expresión y me miro con asombro
— ¿En serio quieres entrar? Te lo dije solo por bromear, en realidad no tenía la intención de que entráramos— yo lo mire con el ceño fruncido
— Pues fue verdad cuando yo te dije que ahora si quiero entrar—
— Está bien, pero cuando te asustes tanto que sientas que te desmallas me avisas ¿si?— yo volví a fulminarlo con la mirada, Albert me dio un fugaz beso en los labios y luego me tomo de la mano para volver a La Casa Del Terror.
Entramos al lugar y Albert tenía razón, no fue para nada asustadizo, por el contrario nos la pasamos riéndonos de todo y de las expresiones de algunas personas. En verdad Albert me tenía sorprendida, antes de empezar esta relación con él, yo lo tenía en un concepto muy básico de típico niño rico, para mí era solo un hombre arrogante y engreído que tenía el orgullo herido por mi rechazo, pero Albert no había intentado nada más allá de los besos durante este tiempo, en verdad hablo en serio cuando me dijo que el trato no tenía nada que ver con llevarme a la cama. Aunque después de este tiempo esa idea no se me hacía nada desagradable. ¡¿Pero qué demonios estoy pensando?!
Distraída en mi reciente pensamiento, no vi un hueco en el piso e incruste mi pie derecho en el perdiendo el equilibrio, sentí que el pie se me torcía y que todo se movía a mi paso, cerré los ojos esperando el golpe contra el duro suelo, pero antes sentí los brazos de Albert teniéndome por la cintura y evitando mi caída.
— ¿Estas bien?— me pregunto preocupado
— Si, solo me tropecé— le dije cuando estuve en pie, pero cuando fui a moverme un dolor en el tobillo me lo impidió y volví a perder el equilibrio, Albert volvió a sujetarme
— ¿Qué pasa?— me pregunto de nuevo
— Al parecer me torcí el tobillo—
— Pero aquí no puedo ver en qué estado esta, al menos estamos cerca a la salida— y sorprendiéndome de nuevo me levanto en brazos y empezó a caminar conmigo a la salida
— ¡Albert no hace falta! Bájame— dije avergonzada
— Deja de quejarte Candy, ya casi salimos— cerré los ojos ante la luz cegadora del día y cuando estuve acostumbrada pude ver a la gente observándonos mientras Albert me llevaba hasta una banca, suspire de alivio cuando me sentí, pues la gente dejo de mirar. Luego Albert se agacho y reviso mi tobillo
— Es solo una torcedura leve, con que estés quieta por el día de hoy será suficiente—
— ¿Cómo lo sabes? ¿Eres medico?— le dije en broma
— No, pero por mucho tiempo me gusto la Medicina, estuve a punto de hacer la carrera, pero luego de pensarlo mucho preferí hacer Administración y ayudar a mi padre en la empresa— me dijo tranquilo mientras se levantaba
— Bueno señor casi médico, creo que por mi torpeza el día de diversión se acabó— le dije en forma de disculpa, no podía ser que arruinara todo de esta forma. El de nuevo me dio un beso fugaz y luego sonrió
— No seas tonta Candy, de todos modos ya no hay mucho más para ver, y te aseguro que me he divertido como hace mucho no lo hacía— yo sonreí. Albert me entregó el peluche que hasta ahora aun lo llevaba él, se inclinó de espaldas frente a mí y extendió sus brazos hacia atrás— Sube—
— No hace falta Albert—
— Sube— me dijo en forma autoritaria, no tuve más opción así que lo hice
— A veces eres un mandón— le dije disgustada cuando estuve acomodada en su espalda, su olor dulce me llegaba directamente, se sentía muy bien. Albert solo rio ante mi comentario
De nuevo tuve que aguantar las miradas de la gente todo el trayecto hasta el auto, cuidadosamente me acomodo en el asiento del copiloto y luego se subió él y arrancamos.
Llegamos a mi edificio en poco tiempo pues Albert conduce a una velocidad impresionante, en cuanto paramos, pude ver a Tom sentado junto a Jimmy fuera del edificio jugando con Sam mientras le tiraban una barita el uno al otro para que el perro la cogiera, según la vestimenta de Tom, la hora y lo despreocupado que se veía, claramente hoy era su día de descanso. Maldije mentalmente, otra vez tendría que aguantar sus miradas acusatorias.
Albert bajo primero que yo e hizo lo mismo que en el parque, se inclinó para que subiera a su espalda, cuando estábamos llegando al edificio, Tom apareció con cara de disgusto.
— ¿Qué demonios le hiciste a Candy sanguijuela?— sentí a Albert tensarse de rabia
— Nada que te importe, ¿Qué acaso hoy no estas de perro guardián?— le dijo Albert con bronca mientras continuaba caminando
— Ya sabía yo que ibas a lastimarla— Albert se paró de nuevo y se giró hacia él, antes de que hablara y se destetara una cacería, preferí intervenir
— Deja de hablar cosas que no sabes Tom, me caí y me torcí un tobillo, Albert solo me está ayudando a subir para no forzarlo, así que por favor, no hagas acusaciones sin saber, porque quedas mal— sé que tal vez me pase con el comentario, pero me tenía harta, Tom pensaba que yo era una damisela en peligro y que él tenía que ser el príncipe al rescate, yo podía cuidarme sola ¿acaso no lo entendía? Tom cerró la boca y cruzo los brazos con expresión de disgusto, Albert se giró y lo sentí soltar una risita, iba a decirle algo, pero mejor me quede callada
Cuando llegamos al apartamento mi madre se sorprendió al comienzo pero luego dijo que la había sacado barata, pues yo siempre andaba tendida en el piso, luego fue por unos hielos y me los pusieron en el tobillo para evitar alguna inflamación o dolor, después mi madre convenció a Albert para que se quedara a cenar con nosotros y él gusto acepto, la cena fue muy agradable y llegadas las nueve de la noche, Albert se dispuso a irse, mi madre se desapareció como por arte de magia y Albert aprovecho para darme un beso tan lleno de pasión que no tarde en corresponderle, luego cuando terminamos, se despidió de mí y se fue.
—*—
La siguiente semana pasó rápidamente, el viernes terminaba mi semestre, así que de ese modo solo me quedaba faltando un solo semestre para terminar mi carrera, el miércoles Albert me presto el libro del que me había hablado antes y de verdad fue de gran ayuda, pero él incluso se quedó una noche estudiando hasta tarde conmigo para un examen de fin de semestre y me explico los temas más difíciles. Esos detalles que estaba teniendo conmigo, por pequeños que fueran en serio me hacían sentir muy bien, me estaban mostrando la parte más humana de Albert la cual pocos podían ver y la cual yo tenía el privilegio.
Hoy saldríamos con Annie y los chicos, le había comentado a Albert el plan que ellos habían formado y él había aceptado gustoso. Justo ahora estaba arreglándome para la salida hoy sábado, Albert pasaría por mí y luego nos encontraríamos en un bar de moda con los demás. Fui hasta la cocina donde estaba mi madre tomándose un vaso de agua, para preguntarle cómo me veía, pues esta vez ella no vino a escoger mi ropa y lo hice yo misma, había escogido un jean blanco, una blusa negra straple con algunos detalles plateados, unas botas negras de punta triangular y un poco de tacón, me solté el cabello y lo cepille un poco quedando lizo, pero no me puse maquillaje.
— Mamá ¿Cómo estoy?— pregunte, María Pony pego un brinco al parecer la asuste, se giró y estaba pálida— Mamá ¿Estas bien? Te veo algo pálida— le pregunte preocupada
— Estoy bien hija, es solo que me asustaste. Pero qué bonita estas— no me convencí mucho de las palabras de mi madre, ella al igual que yo era mala para mentir, pero preferí no decir nada, hablaría con el medico el lunes— No puedo creer que tú misma te hayas escogida la ropa, en verdad estas aprendiendo de tu madre— continuó comentando con un tono algo orgulloso y en broma. Yo me reí
— Gracias, pensé que al no ser buena combinando nada, me pondría algo blanco y negro, esos colores salen con todo dijiste una vez ¿no?— ella asintió
— ¿Ya casi te vas?— me pregunto
— Albert debe estar por llegar ¿Por qué?—
— Salúdamelo cuando venga, tengo algo de sueño y me iré a dormir temprano— yo asentí, tal vez por eso estaba así, tenía sueño
Tal cual dije, a los pocos minutos Albert toco el timbre, bajamos a su auto y me alegre de no ver ni a Tom ni a Jimmy por ningún lado, hablamos de cualquier tema en el transcurso del camino y pronto llegamos hasta el bar donde nos esperarían los chicos. Cuando bajamos entramos y el lugar me gustó mucho, se notaba que era muy animado pero se podía hablar sin necesidad de gritar, pronto vimos a los chicos de lejos y nos acercamos rápidamente.
Estuvimos charlando un buen rato y me alegro que Albert se acoplara fácilmente con ellos, se la llevaron muy bien, aunque Ster y Patricia eran un poco más mayores que nosotros, no tenían problema para entablar una conversación con todos, ambos a sus treinta años se veían tan jóvenes como nosotros, tal vez Ster se veía algo más mayor por su físico pero de esto realmente se venían jóvenes. Annie se notaba súper enamorada de Archie y él le correspondía, se la pasaron dándose miradas toda la noche y secreteándose al oído mientras reían por los comentarios, me alegraba por ella, en verdad se veían felices.
Viéndolos a ellos, me puse a analizar mi relación con Albert, aunque lo nuestro fuera solo un acuerdo, en verdad ambos nos portábamos como dos novios de verdad, a veces me olvida del dinero y del porque estábamos juntos y me sentía realmente su novia, Albert me gustaba muchísimo, eso no se podía negar, pero había otro sentimiento más fuerte, tal vez era amor, no quería pensar mucho en ello, pero de verdad me sentía muy bien a su lado, la verdad es que me daba miedo que el acuerdo terminara y yo quedara hecha trizas al haberme encariñado de más con él, más aun sabiendo como pasaron las cosas y el verdadero motivo por el que estábamos juntos.
— ¿En qué piensas?— cuando desperté de mi letargo me di cuenta que la mesa estaba vacía y Albert estaba sentado con su cara frente a mi mirándome directamente
— Eh… en nada, ¿Y los chicos?— Albert puso la cara seria, obviamente no me creyó, pero ¿Cómo le iba a explicar lo que estaba pensando anteriormente? Imposible
— Fueron a bailar, ¿Vamos?— yo puse cara de horror
— ¿A ti te gusta atentar contra mi vida y la de los demás cierto?— él se rio
— ¿Por qué lo dices?—
— Albert, siempre me llevas a lugares o quieres que haga cosas que atentan contra la seguridad de todo el mundo, ¿Crees que el baile y yo somos amigos? Para nada, si no termino en el suelo, alguien puede terminar gravemente herido— él rio fuerte
— Pero que extremista eres Candy White, es solo un baile—
— Para mí no lo es, no tienes idea de cómo quedo el pobre chico que me invito al baile en el instituto, le fracture un dedo un pie y le descompuse el otro—
— Vamos y te demuestro que si eres una extremista— yo iba a replicar de nuevo pero no me dejo— yo asumo todas las consecuencias y posibles muertes— dijo sonriendo
— Bien, pero luego no te arrepientas—
Llegamos a la pista y me puse nerviosa, aparte de no saber bailar, el hecho de que iba a intentarlo con Albert me ponía más nerviosa, Albert hizo que le cruzara los brazos por el cuello y me aprisiono de la cintura.
— Solamente déjate guiar por mí, no pienses tanto, relájate— me dijo, intente hacerlo lo mejor que pude y al parecer funciono, después de un rato estaba bailando y me gustaba, realmente Albert me sorprendía, hacia y me hacía hacer cosas que antes ni siquiera consideraría.
La música cambio a un ritmo más lento, y fue más fácil seguirle los pasos en esta ocasión, de repente lo sentí respirar en mi oído y depositarme un beso en el lóbulo de mi oreja, no pude evitarlo y suspire contra el suyo, Albert me apretó más por la cintura y empezó a darme cortos besos en el cuello mientras subía hasta mi mejilla y al final a mis labios, me dio cortos besos que yo le respondí, a los pocos segundos nos estábamos besando suave y largamente mientras bailábamos. El resto del mundo desapareció para mí, me sentía en las nubes de nuevo y todo gracias a Albert, continuamos besándonos otro rato más hasta que él rompió el contacto para hablar.
— No sabes todo lo que me he contenido todos estos días para no besarte apasionadamente cada vez que te veo— me dijo con la voz ronca y contra mis labios, yo aún tenía los ojos cerrados
— ¿Por qué?— solo alcance a preguntar suavemente
— Candy, tú sabes perfectamente lo mucho que me gustas, pero no tienes una idea de cuánto te deseo, si me dejo dominar por mi deseo entonces no voy a poder cumplir a mi palabra y voy a arrastrarte hasta mi cama cada vez que pueda— mi corazón se aceleró ante sus palabras, abrí los ojos para mirarlo y la verdad se reflejaba en sus ojos, en ellos se veía el más simple y puro deseo
— Albert yo…—
— ¡Chicos, dejen de estarse comiendo en público, vamos a descansar un rato!— por primera vez le daba gracias internas a Ster por ser tan imprudente, no tenía la menor idea de que responderle a Albert. Al parecer él no tuvo la misma idea que yo pues lo vi suspirar frustrado, me tomo de la mano y regresamos siguiendo a Ster
Estuvimos otro rato en la mesa conversando y pasándola bien, pero llegadas la una de la mañana decidimos irnos a descansar, cuando estábamos saliendo del bar nos encontramos a Candice y a Terry que al parecer también salían de uno de los bares vecinos, mire a Candice y no pude evitar recordar las palabras de Elisa, ¿Me estaría usando para darle celos a ella? ¿Sería cierto que ella lo dejo por Terry? Si fue así, realmente era una estúpida, Terry no es ni la mitad que Albert, sentía muchísima curiosidad por ello, pero no me atrevía a preguntárselo a Albert. Luego de darles un rápido saludo nos subimos al auto.
