Capítulo 3

Entre blanco y negro

Byakuya y Kenpachi

Seireitei. Escuadrón 6. Oficina del Capitán

Byakuya termina de revisar y firmar los documentos que están en su escritorio, también revisó las finanzas de la familia, hasta ahora todo estaba en orden y por el momento no tenía nada que hacer, entonces se queda observando el ambiente de su oficina.

El silencio le arropa y por primera vez le parece incomodo. Él, que siempre buscaba la meditación como forma de relajación, que huía de las personas bullosas, impacientes y brutas, termina enamorándose del más bruto de los hombres, porque si, pensándolo y a sí mismo, reconoce que está enamorado de Kenpachi.

Cuando esos sentimientos empezaron trató de negarlos, en primer lugar ambos son hombres y no es digno de un Kuchiki sentir algo por alguien de su mismo género, menos aun si no es noble igual que él y segundo no deseaba manchar la memoria de Hisana que aún sigue grabada en su cuerpo y corazón.

Pensar en Hisana le hizo analizar la diferencia de los sentimientos que tiene por Kenpachi y por los que aún siente por Hisana.

Ella fue un mar en su vida, de aparente calma pero con un interior fuerte y con momentos salvajes; en aquel entonces era lo que su yo desbocado y terco necesitaba para ser el cabeza de familia que todos esperaban y el capitán que todos respetarían. Cuando la perdió, perdió la vida y se convirtió en un caparazón vacío que solo vivía para seguir las leyes.

Anidó este amor aún después de medio siglo y ella se convirtió en un referente ante cualquier mujer que alguna vez pretendiera acercarse a él, por lo que nadie era suficiente, nunca existió o existiría mujer que pudiera ocupar el lugar de su amada Hisana.

Zaraki en cambio es un tornado, nada de su fuerte personalidad es aparente, todo lo que ves es lo obtienes y en ocasiones esta intensidad puede pasar de categoría 1 a categoría 5. Él vino a destrozar todo aquello que solía creer, lo levanta de esa zona de confort y provoca que él reaccione con la misma intensidad, le recordó que aún vivía y sentía.

Cuando sus sentimientos por aquel ignorante de las normas y buenas costumbres pasaron del odio al amor sintió que volvió a la vida en una forma diferente a como era antes, el placer y excitación que corrían por sus venas ante una buena pelea le asustaron en un principio, pero una vez probada esa euforia deseó más y en su búsqueda de placer encontró y entregó su corazón a quien menos esperaba.

Al terminar su análisis de estos dos amores, de algo estaba seguro y era que de ambos estaba enamorado, no de la misma forma, porque de algo estaba seguro y es que ni siquiera el Byakuya que ellos amaban era el mismo pero lo cierto era que ambos ocupaban una parte importante en su corazón y sus pensamientos.

Se puso de pie y se marchó al escuadrón 11, ya conocía el camino con los ojos cerrados, sabía exactamente en donde doblar para llegar a la habitación de Kenpachi, a diferencia de ese orangután que podrían dejarlo frente a su habitación con los ojos abiertos y aun así tardaría media hora en encontrarla, excepto cuando sus impulsos sexuales eran fuerte, ahí encontraba la ruta inmediatamente.

Abrió la puerta y encontró a Kenpachi recostado en el futón, con una mirada lasciva y acariciando su miembro, que se levantaba triunfante ante él y de repente Byakuya siente que le sube la temperatura, está ansioso y una corriente eléctrica recorre su cuerpo e instintivamente pasa la lengua por sus resecos labios. Zaraki que lo ha estado viendo desde que entrara ríe, sabe que le provoca, que lo excita y por ello actúa en consecuencia.

-Dime ¿Estás listo para que te ate y te haga gemir hasta el infinito?

Byakuya cierra los ojos, a pesar de la distancia, siente como la voz de Zaraki recorre todo su cuerpo, sonríe y empieza a quitarse sus vestimentas y sin perder el tiempo se acercarse a él, sabe que todo aquello que Zaraki promete lo cumple y aunque en ocasiones se queja siempre desea con ansias todo que él le ofrece.

Hace dos años. Afueras del seireitei.

La noche caía y junto con ella un torrencial acompañado de fuertes tronadas, debajo y como sin importar que el cielo se les esté cayendo encima dos hombres batallaban como si se les fuera la vida en ello.

Uno de ellos, el más alto, reía de forma maniaca y daba grandes saltos con intención de atrapar al otro bajo el filo de su zanpakuto, pero su contendiente, igual de hábil, lograba zafarse al último momento en una danza, que igual de bella era letal, ya que al final de cada giro usaba su zanpakuto sin rumbo fijo pero con fuerza impresionante.

Se separan y cada uno analiza el estado en que se encuentra el otro. Zaraki, quien propuso el entrenamiento, tiene varias heridas en su pecho desnudo, donde senbonzakura le atacó, Byakuya, aunque no sangraba igual, tiene parte de su uniforme hecho jirones y de una forma elegante, digno de su casta, trataba recuperar su respiración.

La lluvia que ha aumentado en intensidad, arrastra consigo los restos de sangre y pega a los cuerpos tanto los cabellos como lo que quedaba de los uniformes de ambos, la visión era difícil y de haber sido otro par que estuviera en el campo ya habrían desistido y se habrían retirado. Este dueto, en cambio, era demasiado orgulloso y amante de las luchas como para hacer tal cosa, no dejarían esto hasta que alguno de los dos cantara victoria.

Imaginan donde estará el otro y en menos de dos segundos han vuelto a la carga. A lo lejos se oyen tanto sus gruñidos como el impacto de las zanpakuto al golpearse entre sí. Aparte de esto el gran despliegue de reiatsu indican a cualquier mortal o débil que es mala idea acercarse a ellos.

Continúan luchando, en un punto Zaraki parece estar a punto de acertar un golpe directo contra el rostro de Byakuya, pero al último momento él logra bloquearlo, pero no logra salir del agarre del otro, resbalando y cayendo, quedando prisionero entre el cuerpo del capitán y el suelo

Zaraki le mira, con la respiración entrecortada como la tenía, las mejillas coloradas por la acción y los ojos grises nublados por la excitación y adrenalina de la batalla, se veía completamente descompuesto y en ese momento Kenpachi pensó que se veía más deseable que cualquier amante que hubiera pasado por su cama y sin pensarlo dos veces ataca su boca, no es un beso tierno, ni siquiera se asemeja a un beso sino que muerde con fuerzas sus labios para luego de pasarle la lengua y sentir como los mismos se hinchan, haciéndose más deliciosos aun, pero lo que más le sorprende es que Byakuya le responde con un fuerte gemido.

Byakuya ve como se acerca y se queda en shock al sentir como los dientes de Kenpachi muerden de manera posesiva sus labios, no esperaba esa acción pero menos se espera el efecto que tiene en su cuerpo, pareciera como si toda la excitación acumulada en la batalla saliera a través de ese beso y se sorprende a sí mismo al darse cuenta que el gemido que escuchó provino de su garganta.

Zaraki aprovecha que el otro abre un poco la boca y le invade con la misma intensidad que antes, su lengua serpentea en la boca del otro con fuerza y provoca más gemidos en el pelinegro. Estos sonidos vuelven a Kenpachi loco de deseo, necesita escuchar esa dulce melodía, necesita saber que es él quien las provocas y necesita a como de lugar devorar el cuerpo que está a su merced.

Ninguno puede estar quieto, Byakuya recorre la espalda de Kenpachi hasta llegar a sus cabellos y halarlos, mientras que Zaraki rompe lo poco que quedaba de la ropa del noble. Al cabo de un rato se separan, necesitan recuperar el aliento.

-No sé lo que piensas estúpido orangután al forzarme a esto pero no vas a desprestigiar a mi clan – dijo Byakuya entre jadeos.

-Kuchiki sabes que lo que yo deseo también lo deseas tú, sino no estuvieras jadeando como yo –le muerde la quijada y Byakuya gime- no estuvieras gimiendo como un animal en celo– se acerca para decirle al oído – ni estuvieras tan duro como yo- Al decir esto agarra el miembro de Byakuya sobre su hakama, provocándole un gruñido -Aunque si tanto insistes podemos dejar esto, seguro que en cualquier parte encuentro un culo prieto que satisfaga mis necesidades.

Zaraki mentía, al menos en la última parte, su cuerpo ardía de deseos por Byakuya y no quería desahogarse con nadie más, sabía que el otro sentía lo mismo y sin esperar respuesta volvió a besarlo, esta vez más delicado intoxicándose con el aroma a cerezo que desprendía la piel del otro.

Byakuya no quería ceder a su orgullo, pero su cuerpo decía otra cosa, todas las fibras de su ser deseaban sentir, gritaban por liberarse de las restricciones que él había autoimpuesto y dejó de pensar al sentir que Zaraki agarró su miembro y empezó a masturbarle.

-Princesa, tu y yo sabemos lo que pasará, solo pídemelo…pídemelo…pídemelo y te lo doy, quiero que me lo pidas porque no aguanto un segundo más.

La urgencia y deseo en la voz de Zaraki hicieron estremecer a Byakuya, quien uso la fuerza para voltearlo y quedar encima de él – Acaso crees que no estoy igual, necesito que te calles y cumplas.

Fue lo último que hablaron antes de volver al ruedo, antes de besarse, acariciarse, lamerse e incluso arañarse. Y si Byakuya pensó alguna vez que Kenpachi le haría perder la razón nunca se imaginó que sería por un descomunal orgasmo que le nublaría la visión por unos segundos y lo dejaría flotando en un universo perfecto.

Y si Zaraki pensó que antes había tenido buenos amantes en su cama, nunca había tenido a nadie como él, nunca nadie que pueda aceptar todo su poder sin que él tuviera que contenerse, nunca nadie que le estremezca a tal punto que su mente quedara en blanco y un grito ronco saliera de su garganta al llegar al orgasmo y nunca nadie que lo dejara pidiendo por más, a pesar de haberle satisfecho.

Actualidad. Escuadrón 11

Empieza a tronar y Byakuya que estaba casi dormido se estremece un poco al oír las tronadas que sonaban a lo lejos, voltea y mira al hombre que duerme abrazándolo de manera posesiva y se vuelve a dormir, acomodándose más en los brazos de quien ama.