Kagome, te irás al infierno.

Capítulo 2: El relicario

Literalmente la aventó en el carro y cerró la puerta, quiso salir del mismo pero antes de siquiera lograr quitar el seguro, InuYasha ya estaba acomodado en asiento del piloto y la sostenía el antebrazo.

—Te bajas y juro que te llevo a cuestas —Le gruñó mientras encendía el auto con su otra mano haciendo maniobras.

—¡Te dije que estoy cansada! ¡No quiero ir! —Kagome gimió, pero dejó de intentar salir del carro, sabía perfectamente que InuYasha arrancaría aunque ella tuviera medio cuerpo afuera, estaba enfadado por su actitud…

—¡Y yo que dije muy claro que iríamos al cine! —Contestó mientras el auto comenzaba a avanzar. Kagome se rindió, dejó de forcejear y se acomodó en el asiento, fue entonces que notó que el agarre de InuYasha era demasiado fuerte.

—InuYasha…

—Iremos al cine.

—No… es eso… —Él se volteó a mirarla un segundo y fue cuando notó que Kagome mantenía el brazo elevado—. Me estás lastimando —sin dudarlo, InuYasha soltó el antebrazo de ella y regresó su atención al camino; no había notado el momento en que apretaba el brazo de Kagome, estaba molesto por la actitud de ella, pero realmente no quería lastimarla.

—No era mi intención —masculló mirándola de reojo.

—No pasa nada —repuso ella manteniendo su mirada en la ventana.

Genial, tras hacerlo cambiar de planes, ahora ella era la enojada. ¡Pues al diablo todo! ¡Iría al cine con una Kagome contenta o no contenta y le importaba un carajo!

InuYasha renegaba dentro de su propia cabeza, de verdad que no entendía la actitud de Kagome ni de lejos, y eso lo frustraba. Desde que él estudiaba en la universidad, no tenía oportunidad de verla, la extrañaba… aunque nunca se lo diría, no quería que ella lo malinterpretara… bueno, si lo malinterpretaba no habría mucho problema porque a fin de cuentas él ya tenía…

Al darse cuenta de la dirección que estaban tomando sus pensamientos, sacudió la cabeza y se ordenó a sí mismo dejar de pensar estupideces.

Llegaron al cine, tras estacionar, se bajó de un portazo y luego abrió la puerta de Kagome, ella se quedó mirándolo.

—No me bajaré así.

—No te estoy preguntando —repuso InuYasha antes de meter su brazo y sacarla del carro como si fuera una muñeca.

—InuYasha —Kagome se abrazó a sí misma, era mitad de primavera pero andar por la vida con unos shorts y blusa de tirantes pertenecientes a su pijama no era precisamente reconfortante, el vientecillo fresco de la noche la iba a congelar—. Por favor volvamos a casa —pidió mientras se formaban para pedir los boletos.

—No.

—Por favor… —volvió a pedir notando como todas las miradas comenzaban a posarse en ella. ¡Y era Lógico! Mientras todas las demás jovencitas iban arregladas para verse con sus novios o amigos, Kagome lucía aquel atuendo ligero de color vede menta con motas blancas, iba descalza y su cabello estaba recogido en un moño alborotado.

—No —llegaron a la ventanilla—. Buenas noches.

—Bienvenidos, buenas noches —de pronto el cajero le reconoció—. Hey InuYasha —el aludido levantó la vista de su cartera.

—Hey, Ginta. ¿Ahora trabajas aquí?

—Sí, tengo medio tiempo mientras estudio —le contestó amable. Ginta era uno de los primos de Kouga, un muchacho que solía estar en el mismo salón que InuYasha… peleaban constantemente, a pesar de que decían odiarse ellos dos compartían cierta camaradería. Realmente su único problema era que Kouga cortejaba a Kagome, cosa que ponía a InuYasha de malas.

—Eso es bueno…

—¿Cuál verán?

—Ahm… ¿Tienes alguna de terror? —Kagome, quien había mantenido la cabeza baja intentando ocultar su incomodidad brincó.

—¡De terror no!

—¿Kagome? —Preguntó Ginta al ver a la muchacha. Cuando había visto el atuendo de la acompañante de InuYasha había decidido no comentar nada, pero al ver a Kagome fue imposible no sorprenderse… ella no era de las chicas que andaba por ahí en pijamas…

La carita de Kagome se tintó de color rojo fosforescente y simplemente suspiró.

—Ho…hola Ginta….

—Curioso el atuendo que ha escogido para salir conmigo, ¿eh? —InuYasha estaba decidido a hacerla sufrir por su actitud, así que decidió hacer algo de burla, pero Ginta no sonrió simplemente se sonrojó levemente y regresó su atención al computador.

—De…de momento la única película de terror es "Dark Circles" —Masculló Ginta algo nervioso. InuYasha no entendía lo que pasaba pero no le importó mucho. Sonrió con cierta malicia cuando vio los ojos de Kagome aterrorizados.

—Dos por favor.

No hablaron mucho más, pagó los boletos y obligó a Kagome a avanzar dentro del edificio de una manera muy sutil. Mientras avanzaban notó como la mirada de todos los hombres se fijaba en Kagome, de hecho dos o tres se quedaban mirándola y la recorrían mientras sus bebidas se caían de sus manos.

—Pero qué demonios está pasando —masculló mientras su sangre comenzaba a hervir; se detuvo a ver a Kagome y fue entonces que entendió todo aquel asunto. Ahí estaba la chica de cabello azabache luciendo unos shorts demasiado cortos que dejaban al descubierto sus largas y bien torneadas piernas… la blusita de tirantes que llevaba era holgada así que podía apreciarse parte de su vientre plano y, sobre todo, sus senos que no eran protegidos por un sostén decente para andar en público.

InuYasha se había parado de la nada y la había escaneado con los ojos al menos cuatro veces.

—¿Qué te pasa? —preguntó Kagome, incómoda por la manera en que la miraba.

El joven salió de sus pensamientos de un jalón y se aclaró la garganta un par de veces.

—Hace frío —masculló serio y se retiró la chaqueta deportiva roja que llevaba puesta para pasarla por los hombros de Kagome. InuYasha era considerablemente más alto y ancho que ella, así que aquella prenda prácticamente la cubría hasta la mitad de los muslos.

Kagome se sonrojó, al igual que InuYasha. Ambos apartaron la vista y guardaron silencio unos segundos.

—Debemos entrar, nos quedaremos sin asientos —terminó diciendo el joven antes de pasar su brazo protectoramente sobre los hombros de la chica y caminando hacia la sala.

Queda demás decir que la película fue para Kagome un auténtico infierno. Gritó al menos tres veces y se mantuvo hecha un ovillo aferrada del brazo de InuYasha el 90% de todo el filme; por otra parte, el joven InuYasha había disfrutado la película a mares, no solamente por la actitud de Kagome, sino que realmente la trama era muy cliché y los efectos especiales no eran de los mejores, más le había parecido una película de comedia que una historia de terror.

El trayecto de regreso al templo fue algo incómodo, ninguno de los dos se dignó en hablar, la culpa comenzaba a aquejar al muchacho mientras que ella se preguntaba si tendría que repetir el pecado al día siguiente… si Sango no estaba conforme con lo que había pasado la obligaría a hacer dos pecados.

—Bienvenidos —la madre de Kagome les recibió, como de costumbre estaba en la cocina, secando los platos de la cena—. ¿Qué tal estuvo la película?

—Bastante divertida —comentó InuYasha, saludando a su tía con un beso en la frente, costumbre que tanto él como Sesshômaru habían adoptado de su padre, era parte de la personalidad protectora que los hombres de la familia Taisho tenían.

—Horrenda —siguió Kagome, tomando asiento—. ¡InuYasha me obligó a ver una película de terror! —Gimoteó como niña mientras ponía la frente en la mesa. El joven sonrió a su tía como si hubiese hecho una acción que merecía ser premiada… Sonomi simplemente puso los ojos en blanco.

—Ay muchachos….

Kagome se fue a la cama tras decir buenas noches, pero InuYasha decidió quedarse a cenar algo antes de ir a la cama. La casa quedó prácticamente en completo silencio tras unos minutos. InuYasha usaba los audífonos en la portátil mientras comía cómodamente; Souta, el abuelo y Sonomi dormían… Y la dulce y tierna Kagome temblaba bajo sus cobijas…

—¡Estúpidas películas de terror! ¡Estúpido InuYasha! —Pensó antes de cubrirse hasta la cabeza con sus mantas.

Casi no había podido dormir, estaba cansada y tras estar 4 periodos en la escuela, lo único que quería era dormir…. Sus amigas parloteaban entre clases y a la hora del receso, tal y cual ella misma lo había predicho, se quedaron mirándola con ojos traviesos.

Kagome decidió no argumentar mucho, puso la grabación y después contó absolutamente todo lo ocurrido la noche anterior. Sango, mientras se imaginaba la escena de Kagome en pijamas gritando en mitad del cine se atragantó un par de veces por la risa.

—Y eso es todo… —concluyó Kagome con su relato—. ¡Y no planeo repetir ese pecado, no fue mi culpa!

Sango se tomó largos minutos para sopesar aquello… lo analizó mientras Kagome la miraba con cara medio asesina.

—Cierto, no ha sido tu culpa pero igual no cumpliste —mencionó Sango apuntándola con el palillo de manera inquisitiva—. Te propongo lo siguiente: yo escojo el siguiente pecado que cometerás y daré por válido el de la pereza —concluyó Sango, sonriente ante su victoria. Kagome hizo un puchero.

—Hecho… —Sus amigas pegaron un chillido en inmediatamente se pusieron a discutir con Sango cuál sería el mejor pecado. Kagome se acomodó en la banca y se dejó cerrar los ojos, se quedó dormida antes de notarlo.

—Bien Kagome —Sango se quedó mirándola, dormía plácidamente. Consultó el reloj en su celular, aún faltaban 20 minutos de receso, así que decidió dejarla dormir… no es que hubiera tenido una buena noche Kagome, y ya que el pecado que estaba por cometer haría que se le crisparan los nervios… mejor que durmiera.

Sintió como le picaban el brazo y tuvo que abrir los ojos, se encontró cubierta con un saco en las piernas y su cabeza en el hombro de alguien. Se incorporó de inmediato.

—¿Dormí mucho? —Preguntó mirando a sus amigas que recién le prestaron atención.

—Apenas veinte minutos, tranquila —le tranquilizó Ayumi sonriéndole—. Te despertamos porque es hora de volver a clase.

Kagome se sintió aliviada de inmediato. Se acomodó rápidamente mientras Sango se acomodaba su saco, para pararse y caminar a los salones.

—Y bien Sango… ¿Qué me harás hacer?

—Oh, no te preocupes, escogí uno fácil. Kagome, tu pecado de hoy será la codicia.

La primera imagen que asaltó la cabeza de Kagome fue de estar asaltando un banco o robando dinero de la bolsa de su madre.

—Estaba pensando que una buena manera es que le robes algo valioso a InuYasha… por lo menos unas veinticuatro horas.

Se tranquilizó por medio minuto antes de caer en cuenta que tenía que quitarle algo a la persona más posesiva del planeta… quizás ir a la cárcel por robo de banco no era tan malo…

—B-bien… tartamudeó mientras entraban al salón—. ¿Y qué se supone que le voy a robar?

—El relicario que le regalaste tras el accidente…

Calló se golpe en su silla al escuchar aquello, ¡Ni ella misma se acordaba del bendito relicario!

—¡Me va a matar! —Pensó.

Pasaron las siguiente cuatro clases de manera lenta y pausada, realmente Kagome estaba teniendo la peor semana del mundo… incluso temía por su vida, para ella quitarle algo a InuYasha era como ir al vaticano y robarle las pantuflas al papa.

Caminó apesadumbrada por el pasillo hacia la salida de la escuela, maldiciendo su suerte y a sus amigas. Sango le dio una palmadita justo en la puerta de salida.

—Recuerda traer el relicario mañana, sino, no cuenta.

—Lo sé… —masculló antes de empezar a caminar por su cuenta.

Recordaba perfectamente el día que le había dado a InuYasha ese relicario. Lo había comprado muchos meses antes de dárselo, pero era demasiado cobarde para atreverse a dárselo. Diariamente lo cargaba, buscando la oportunidad de dárselo pero simplemente ningún momento parecía adecuado.

Una noche estaba todo tranquilo, cuando sonó el teléfono, siendo su tía Izayoi, llorando y preocupada le dijo a su madre que InuYasha estaba en el hospital, esa noche Miroku y él habían jugado carreras de motos, habían ganado pero mientras se iban, uno de los retadores hizo que la moto de InuYasha se volcara en la autopista. Había sido grave, InuYasha tenía ya dos horas inconsciente. Literalmente Kagome no tuvo alma en el cuerpo hasta que el joven recuperó la conciencia… fue en el hospital donde ella le entregó el relicario…

—Recuerda que eres muy importante para nosotros… por favor no vuelvas a darnos un susto así —había susurrado Kagome con lágrimas cayendo por sus mejillas. InuYasha no pudo evitar sentirse culpable, sabía que no fue error suyo el volcarse, pero toda su familia había llorado esos días ya que temían lo peor.

Desde ese día InuYasha no se quitaba el dichoso relicario del cuello, más allá de que le recordaba que su familia lo amaba, le recordaba que Kagome lo quería.

La mañana siguiente, estaba tranquilo, había desayunado con el abuelo y su Tía, Kagome había salido temprano; estaba en la ducha, lavándose el cabello cuando notó que le faltaba aquel pedacito de metal colgando de su cuello…

Terminó de ducharse bruscamente, buscó en su ropa, preguntó a su tía y al abuelo… nadie había visto el relicario.

—Maldición, maldición, maldición —repetía en su cabeza, frustrado y enojado consigo mismo por haber perdido el collar—. ¡Kagome se va a enfadar tanto! —Gimió InuYasha desconsolado mientras revisaba la lavadora meticulosamente.

—Es precioso —masculló Sango mientras su amiga de cabello negro lo enseñaba en señal de haber cumplido su pecado.

—Cierto, Kagome… eso te debió costar una fortuna —siguió Eri.

—Eres tan dulce, Kagome-chan.

—Mhh… pero realmente siento que este pecado está incompleto —agregó Yuka mirando al cielo, a Kagome se le fue el alma al piso.

—¡Pero si lo he traído!

—Sí… pero se lo regresarás a InuYasha esta noche y no pasará nada… deberías usarlo el resto del día… así InuYasha se daría cuenta y el pecado realmente sería un pecado —comentó al aire, pensativa.

—¡No! —Gimió. Pero el brillo de unos ojos perspicaces la congeló.

—Yuka tiene razón… usa el collar y que InuYasha lo vea —ordenó Sango balanceando su celular de forma amenazadora.

—Estoy muerta —pensó Kagome mientras se deslizaba por la banca hasta caer de rodillas—. ¡Realmente me iré al infierno! —Gimió de nuevo mientras sentía que una solitaria y enojada nubecilla descargaba una tormenta sobre su cabeza…

—Y apenas van dos —Murmuró Eri a las demás muchachas…

…Continuará…

Se que me tardé años en responder, una disculpa ENOOORME!

Muchas gracias por sus reviwes! Fueron muy, MUUUY motivantes!