Bienvenidos a un nuevo capitulo del fanfic.
Disfruten la lectura.
Dicen que las cosas buenas duran poco tiempo y que las malas perduran más. Otros dicen lo contrario. Yo digo que es un punto de equilibrio entre ambos.
Las dos semanas de recuperación de Sawdust pasaron volando. Se percató de ello cuando visitó al doctor para su revisión.
Los días pasados se esforzó para que Pinkie sintiera, se emocione e hiciera florecer ese lado romántico que tanto anhelaba. Sus amigas fueron de gran ayuda para lograr su objetivo.
Rarity se las ingenió para invitar a Sawdust y Pinkie a una sesión de fotos de ropa elegante. Ambos accedieron gustosos a la invitación.
—Gracias por aceptar mi invitación —dijo Rarity—. Estuve muy ocupada diseñando una línea de ropa elegante para una importante marca y necesitaba que fueran mis modelos fotográficos para la presentación.
—No lo sé Rarity, no soy muy fotogénico que digamos y desde mi graduación que no uso traje —respondió Sawdust llevándose su casco a la nuca.
Rarity orbitó los ojos y se acercó al oído para susurrarle.
—Estoy tratando de ayudarte, la sesión de fotos es falsa.
—oohhhhh.
—Sígueme el juego —se alejó de Sawdust y trajo los vestuarios para la sesión de fotos—. Aquí tienes Pinkie tu vestido.
—¿No lo tienes en rosa?
—No, y un traje para el caballero.
Ambos fueron a sus respectivos probadores para arreglarse. Pinkie con ayuda de Rarity para maquillarse y Sawdust solo.
El traje formal era algo simple de un color azul marino hecho de lana de la mejor calidad con un chaleco que hacía juego y una camisa blanca con un moño azulado. Se peinó con gel para darle más brillo a su melena, se inspeccionó en el espejo del probador quedando impresionado con los resultados.
«Ya tengo quien me diseñe mi traje de novio para la boda» pensó.
Al salir del probador Rarity lo esperaba con una sonrisa de trabajo bien hecho al ver al apuesto semental lucir su prenda.
—Te vez encantador cariño. Ahora es tiempo de que veas a tu bella dama lucir esplendida. Te pido que sostengas tu mandíbula.
—¿Mi mandíbula?
—¡Pinkie Pie, puedes salir!
La advertencia de Rarity no era en vano.
Pinkie salió caminando lenta y provocadoramente hacia Sawdust quien no le quitaba la mirada de encima. Ese largo vestido rojo se ajustaba a la figura de la poni rosa a la perfección, desde su pecho con lentejuelas hasta su flanco resaltando sus curvas dejando entrever su cutie mark con cada paso que daba.
—Te ves hermosa Pinkie —articuló Sawdust dificultosamente y sonrojado.
—Tu también estás guapo —halagó sonriente.
—Bien, no tenemos mucho tiempo. Pinkie párate en frente de los reflectores y comenzaremos con la sesión de fotos. Recueda, tal como lo practicamos.
Con ese aviso Pinkie se puso en pose con una mirada coqueta en espera que Rarity tomara las fotos. En cada foto nueva, la posición de la poni rosa cambiaba rápidamente para deslumbre de Sawdust que no hacía más que mirar el espectáculo con devoción.
La gota que derramo el vaso de las emociones de Sawdust fue una orden de Rarity hacia Pinkie.
—Ahora querida, siéntate en la silla y cruza tu pierna.
Al hacer eso el flanco de Pinkie se descubrió junto a su cutie mark. El efecto sugestivo del vestido agitó el corazón del contratista a niveles inimaginables, guardando en el rincón más lejano de su memoria aquella imagen deslumbrante. Aquella pose cautivante.
Un par de rizos rosas caían de cada costado de su rostro.
—¿Te gusta? Es imposible peinar el cabello de Pinkie entero pero eso no evita que haga magia con lo poco que puedo.
El aludido sólo asintió embobado por la belleza de la potra.
—Ahora Sawdust quiero que poses junto a Pinkie para la última tanda de fotos.
Se acercó nervioso a la poni rosa quien lo esperaba felizmente, indiferente de las intenciones que tanto la modista como el contratista tenían en mente.
—Ahora Pinkie, actúa como si Sawdust fuera tu esposo. Necesito unas fotos de pareja —ordenó Rarity.
Tan pronto dio la orden, Pinkie obligó a Sawdust a pararse en dos patas y mirarla a los ojos directamente. Primero nervioso por lo rápida que era pero luego se relajó y se dejó llevar, recordando que ella estaba actuando y no debía aprovecharse de ella.
Durante unos breves instantes Pinkie sintió que estaban ellos dos, solos, sin nada ni nadie a su alrededor. Aunque a Pinkie le deprime la soledad esto era distinto, estaba con Sawdust.
Cálidas sensaciones florecieron en ella nuevamente, como ese día en la pastelería.
Unas luces flash de la cámara de la modista sacaron de su trance a los modelos.
—¡Bien, bien, esplendido! Sigan así —exclamó fascinada.
Tomando la iniciativa, Sawdust agarró el casco rosa de la poni y la dio media vuelta quedando apoyados uno del otro como si fueran una pareja jugando en una plaza.
—¡Sigan así!
Tras varios destellos Sawdust hizo girar nuevamente a Pinkie pero esta vez la inclinó hacia abajo sosteniéndola de su cintura y su nuca para que no se cayera. Mientras lo hacia una canción de tango resonaba en su cabeza.
Rarity suspiró por esa increíble escena de amor. Antes tenía sus dudas sobre si Sawdust lograría conquistar a Pinkie pero ahora estaba segura que lo lograría.
En la noche de bodas podría decir con orgullo que fue una de las complices de la operación de enamorar a Pinkie. Por ahora no tenía un nombre propio para dicha operación, pero confiaba que pronto se le ocurriría uno.
Fue una tarde animada sin duda.
Y Fluttershy también ayudó… accidentalmente.
Un bello día por la tarde Fluttershy ingresó corriendo al Sugarcube Corner buscando ayuda.
—Pinkie, Sawdust, que bueno que los encuentro, necesito su ayuda —dijo agitada.
—¿Necesitas ayuda para capturar a la manada de ositos de goma que vi el otro día en el bosque Everfree? —inquirió Pinkie.
Fluttershy orbitó los ojos. Muchas veces le dijo amablemente a Pinkie que los ositos de goma eran sólo dulces sin vida.
Su inocencia la hacía adorable. A veces.
—No es eso, es que mis mariposas escaparon y están revoloteando cerca del bosque Everfree. Necesito que me ayuden a recuperarlas antes del anochecer.
Sawdust sintió el miedo en las palabras de la pegaso amarilla, en especial en las palabras "bosque Everfree" y anochecer.
De las seis, Fluttershy era la que menos le caía bien. Pero eso no impedía ser su amigo y ayudarla en lo que necesitara.
Ambos saltaron del mostrador y corrieron junto con Fluttershy.
«¿Por qué no usa sus alas para volar?» se preguntaba en su mente.
Al llegar a su cabaña, Fluttershy les entregó una red a cada uno y se acercó a su conejito favorito para preguntarle sobre la situación.
—Conejito Ángel ¿Encontraste a mis querida mariposas?
El conejo, que observaba por la ventana con unos binoculares más grandes que él, asintió y chilló apuntando varias veces afuera.
—¡Oh no, se alejaron más de lo que esperaba! —comentó preocupada— Rápido, ustedes vayan cerca de la entrada del bosque y yo ayudare a los que rodean la cabaña.
Con esas órdenes, Sawdust y Pinkie se dirigieron hasta uno de los laterales del bosque a la orilla de una colina.
—¿Por qué Fluttershy nos pidió ayuda para esto? —inquirió Sawdust sin perder el ritmo de su andar.
—Ella es una pegaso tímida y asustadiza que le encantan los animales. Ella le teme al bosque Everfree cuando es de noche.
—Si le teme al bosque ¿Por qué vive tan cerca de él?
—Es un misterio, tal vez para tener todos los animales que ella quisiera sin que los vecinos se quejen del ruido o del olor. Aunque me gustaría que sus gallinas vivieran conmigo, son muy buenas bailarinas y jugadoras de póker—agregó Pinkie.
«Es sólo Pinkie Pie siendo Pinkie Pie» pensó mientras Pinkie continuaba hablando sin parar.
Tan abstraída estaba con su habla que no voy el muro de mariposas en frente suyo. Lo atravesó, dejándole una barba y bigote de mariposas con alas de colores rosas y amarillas de la misma tonalidad de su dueña. Sawdust rió por la apariencia de la yegua, la cual respondió arrojándole una bola de mariposas directo al rostro, derribándolo. Al levantarse las mariposas se habían agrupado en su cabeza formando un peinado afro.
Pinkie no contuvo su risa hiperactiva.
En la cabaña Fluttershy cerraba puertas y ventanas para que sus amiguitas no escaparan cuando un escalofrio que recorrió todo su cuerpo la alertó de algo.
—Oh no, alguien debe estar maltratando a mis animalitos —salió de su domicilio y emprendió vuelo—. Descuiden criaturitas, ahí va mami.
Luego de varios minutos de juegos Sawdust le dijo a Pinkie.
—Espera, espera. Capturemos estas mariposas y luego jugamos a otra cosa ¿Trato?
—¡Trato! —respondió entusiasmada.
El atardecer se acentuaba dejando a su paso el típico resplandor anaranjado el cual pasaba desapercibido para los dos ponis que cumplían su labor de recoger mariposas. Con las redes en sus bocas atrapaban mariposas, sus miradas se cruzaban de vez en cuando. Él la desviaba. Ella sólo sonreía por la actitud de su amigo cuando ellos estaban solos.
Sawdust se acercó a la orilla de la colina para capturar un par de animalitos rebeldes. Pinkie lo observó una vez más pero algo era diferente. La luz del atardecer que se fusionaba con su pelaje colorado le daba un "algo especial" que no podía describir. Lo hacía ver deslumbrante. Sintió una sensación cálida en su pecho que necesitaba ser sofocado cuanto antes. Esas desconocidas sensaciones hicieron reflexionar a Pinkie desde la llegada de Sawdust. Trataba de ignorarlas pero siempre estaban allí.
No le gustaba no saber lo que sentía. Era nuevo para ella y todo es culpa de Sawdust.
El contratista sintió como alguien lo empujó cayendo colina abajo, rodando sin cesar por la espesura de la colina hasta caer en un área de pasto alto. Quiso levantarse pero un peso adicional encima suyo se lo impedía. Al abrir los ojos y llevarse uno de sus cascos a su cabeza descubrió a Pinkie quien estaba encima de él.
—¿Qué estás haciendo Pinkie? — preguntó Sawdust ocultando su enojo.
—Sólo sentí la necesidad de abrazarte con todas mis fuerzas y no dejarte ir ¿Exageré? —contestó… ¿Apenada?
—Claro que no.
Y correspondió el abrazo. Pinkie se acomodó en el pecho del contratista para sentir los latidos de su corazón y descubrir con asombro que también lo tenía acelerado. Las mariposas que revoloteaban alrededor de ellos era un lindo detalle y el pasto alto les brindaba privacidad.
O eso creían.
Fluttershy observaba desde la copa de un árbol la romántica escena acompañada de sus mariposas.
—¿No creen que es romántico? Parece que al final si los ayudé después de todo… espero que se den prisa y se separen antes de que llegue el anochecer —comentó preocupada.
XXX
El tiempo a veces es como un balde de agua fría que te alerta cuando las cosas llegan a su fin.
—Bien señor Sawdust, me alegra comunicarle que su costilla esta curada y puede volver a su trabajo normalmente.
A veces es como una fuerza invisible que te empuja del acantilado para darte un ultimátum.
—Es bueno saberlo doctor, aunque a decir verdad estas dos semanas se me hicieron muy breves.
Y otras veces es sólo una estruendosa alarma de despertador, que te levanta del sueño maravilloso para situarte en la realidad.
—Después de todo lo que me contaste me sorprende que no hayas roto más huesos, esa Pinkie a veces suele mandar ponis al hospital aunque no lo haga a propósito.
Para Sawdust era el momento de actuar. El tiempo le había sido generoso y era hora de concretar su plan.
—Tiene razón… muchas gracias doctor —dijo estrechándole el casco.
Al salir del hospital se sintió nostálgico. Extrañará la silla con la que salió la primera vez.
—¿Y ahora qué? —inquirió Applejack.
Las cinco cómplices de su operación para enamorar a Pinkie lo acompañaban por su último recorrido por el pueblo.
—No lo sé, ya agotamos todas las posibilidades para acercarme a Pinkie, y aunque haya logrado avances siento que falta un poco más.
La conversación iba y venía entre el grupo. Pero Rainbow tenía la mente en otro lado. Las dos semanas de recuperación del contratista se habían acabado y seguro se irá a cumplir con su trabajo en Appleloosa. Se le pasó por completo lo de hacerle una broma para vengarse de lo que le hizo durante su entrenamiento.
—¡Eso es! —exclamó Rainbow.
Los demás la observaron sorprendidos. Al percatarse de ello, Rainbow ideo una mentira rápida.
—Creo saber cómo darte más tiempo con Pinkie ¿Puedes quedarte el día de hoy? —inquirió Rainbow.
—Supongo que mis empleados pueden esperar un poco más ¿Qué tienes planeado?
Rainbow invitó al grupo a hacer un círculo para susurrarles su idea.
Era perfecto.
Hoy sería el día que Sawdust le declararía sus sentimientos a Pinkie en una cita "épica". Al menos, así la describió Rainbow.
El primer paso era invitar a Pinkie, lo cual era más simple de lo que imaginaba nuestro paranoico personaje.
Parado en la puerta de Sugarcube Corner, practicando lo que le diría a Pinkie una y otra y otra vez, se encontraba Sawdust, sudando de los nervios por invitar a su chica a lo que sería su primera cita. Y no, ir a lugares con sus amigas a cuestas no es considerado una cita real.
Nunca había tenido una cita en su vida. Para él sólo era ir a un bar, conocer a una poni despechada y luego de unos cuantos tragos llevársela a un motel barato.
Pero no era un casanova, eran tiempos de universidad. Y uno buscaba descargar toda esa presión y estrés que generaba el estudio.
Cuando menos se dio cuenta ya se encontraba en frente del mostrador hablando con Pinkie. Su cuerpo se movió involuntariamente hasta allí.
—Y así fue como Equestria fue fundada —finalizó Pinkie quien estuvo hablando con Sawdust desde hace un buen rato.
Aunque este no la escuchara en lo más mínimo.
—¿Eh? A si, muy buena historia —dijo Sawdust volviendo a la realidad—. Pinkie me preguntaba si...
—¿Si?
—Me preguntaba si...
—¿Siiiiiiiii? —interrumpía Pinkie alargando el sí.
Antes de repetir la pregunta Sawdust le tapó la boca para evitar interrupciones.
—¿Me preguntaba si quieres salir conmigo? —preguntó velozmente para no trabarse.
Agachó su cabeza con los ojos cerrados en espera de una respuesta.
Respuesta que no llegó. Hasta que se acordó que le estaba tapando la boca a Pinkie.
Al retirar su casco la poni rosa repitió una y otra vez.
—¡Claro que sí! ¡Claro que sí! ¡Claro que sí!
Le volvió a colocar el casco para callarla.
—Bien, entonces nos encontraremos a las cinco en la salida del pueblo ¿Te parece?
Asintió con una gran sonrisa que sobresalía del casco de Sawdust.
—Nos vemos allá.
Y salió de Sugarcube Corner victorioso.
XXX
La cita estaba perfectamente planeada. Iniciaría con una tranquila sesión de rafting seguido de un picnic en esa colina mágica cerca del bosque Everfree al anochecer.
Sus amigas preparaban la comida que llevaría a la velada mientras que Rainbow fue a hablar con el instructor de rafting, que resultó ser un buen amigo de ella, para arreglar los detalles de la aventura que estaba a punto de tener.
Teniendo a su amigo como cómplice, la broma de Rainbow iba viento en popa.
La tarde se acentuaba en el rio donde Sawdust y Pinkie harían rafting. Había una cabaña de madera con varias balsas paradas junto a varios remos de distintos colores. El sonido del agua transparente recorrer salvaje su rumbo era lo más ruidoso, pero a la vez hipnotizante, era la música de la naturaleza junto con el sonido de los animales de lugar.
Las mane 6 se encontraban allí apoyando moralmente a Sawdust y Pinkie. Previamente acordaron que no seguirían a la pareja durante su cita. Rainbow, Rarity y Applejack era las disgustadas con esta decisión.
—Adoro este aire puro —dijo Applejack inhalando profundamente—. Despierta mi espíritu Apple.
—Y el agua se ve tan cristalina que puedo ver mi reflejo en él —admiró Rarity acariciando su melena.
—Está bien ¿Quiénes son los que participarán en la actividad? —preguntó el pegaso encargado del lugar.
Sawdust dio un paso al frente, pero Pinkie estaba muy ocupada dibujándole caras a los remos como para prestarle atención al instructor.
—¡Pinkie! —gritó Twilight trayendo a la poni rosa con su magia.
—Presten atención, seguro es su primera vez en esta actividad así que primero deben tener en cuenta algunas normas de seguridad. Primero, es muy improbable que mueran haciendo esto así que no se alteren. En segunda...
Mientras el pegaso con gafas de sol y chaleco salvavidas daba las indicaciones a los ponis, Rainbow se escabulló a la parte trasera de la cabaña y cambió los remos que utilizarían por unos trucados. Con una risilla victoriosa volvió a su posición sin que las demás se dieran cuenta.
—… Y por ultimo pero no menos importante, si una piraña gigante se come el remo no usen sus cascos en reemplazo a menos que quieran usar muletas por el resto de su vida ¿Preguntas? —inquirió quitándose las gafas de sol.
Todos miraban impactados por esas recomendaciones. Sawdust estuvo a punto de vomitar tan sólo de imaginar el dolor de la mordida de la piraña gigante.
—D-disculpe ¿Pero que no las pirañas viven en el sur del continente? —cuestionó Twilight.
—Y es por eso que ya tenemos que zarpar —dijo el pegaso evadiendo la pregunta de la unicornio y arrastrando a sus clientes hasta la balsa.
Esta descansaba en la orilla y se mecía al ritmo de la corriente.
Luego de ponerse los chalecos salvavidas se subieron y esperaron a que el instructor trajera sus remos.
—¿Es la primera vez que haces rafting Pinkie? —preguntó Sawdust para olvidarse del continuo movimiento de la balsa.
—Sip, seguro será algo fantástico ¿Es la primera vez para ti también?
—Si… pero lo veo algo peligroso.
—No te preocupes, sólo sonríe y pronto pasará —respondió Pinkie confiada.
Le parecía valiente el modo en que Pinkie afrontaba las cosas. En especial cuando le contaron sobre su pelea con Nightmare Moon y ese bosque terrorífico con risas. Al principio no lo creía hasta que le mostraron la foto del vitral en el castillo de las princesas.
—Gracias Pinkie —dijo devolviéndole la sonrisa devuelta.
El instructor pegaso se acercó con los remos y les explicó el funcionamiento. Como recorrerían aguas tranquilas no iban a usarlo a excepción de las curvas y los ocasionales rápidos.
Las demás se acercaron para despedirse.
—Cuídense y que se diviertan —dijo Twilight.
—Lo haremos —respondió Sawdust confiado— ¿Cierto Pinkie?
—¡Estoy ansiosa que no puedo esperar! —expresó alegre.
—Bien, los dejaremos solos ¿Tienes la canasta de comida? —preguntó Applejack.
—Sip —respondió señalando el canasto sujeto a la balsa por varios cables.
—¡Y zarpamos! —gritó el pegaso empujando la balsa.
Mientras los aventureros se perdían por las aguas tranquilas del rio las chicas se despidieron agitando los cascos hasta perderlos de vista.
—Espero que les vaya bien —deseó Applejack.
—Estoy segura que la pasaran bomba —aseguró Rainbow con confianza.
Las demás la miraron confundidas y con sospechas. Aunque Rainbow aceptaba las intenciones de Sawdust con Pinkie no era de alegrarse por ello, mejor dicho le era indiferente. Al menos hasta que formalizaran su relación.
—Bueno, debo irme ahora, tengo unos importantes pendientes que terminar ¡Nos vemos chicas! —exclamó Rainbow notando la mirada de sus amigas y alejándose rápidamente.
Sin darle mucha importancia siguieron su largo recorrido para volver a Ponyville, admirando el paisaje y hablando de temas sin mucha importancia.
«Ahora que lo pienso, espero que esa cerebro de herradura no arruine su cita con Pinkie con una de sus bromas» pensó Applejack.
—¿En qué piensas querida? —inquirió Rarity.
—No es nada, creo que me preocupo demasiado de Sawdust es todo.
—No hay manera que Sawdust pueda arruinarlo.
—Me preocupo que Rainbow lo arruine —susurró para sí misma, como una súplica.
XXX
Los peces nadaban al lado de la balsa acompañando a los ponis durante su recorrido. Hasta ahora todo parecía tranquilo, la corriente era suave, llevadera y con mínimas turbulencias del transporte. Pinkie de vez en cuando metía su cabeza y saludaba a los peces quienes, las primeras veces, se asustaban y alejaban, pero luego se acostumbraron a su presencia. Incluso algunos quedaban atrapados en la melena de Pinkie y no se daba cuenta de ello hasta que regresaba la cabeza a la balsa y estos caían y se agitaban por la falta de agua que les rodeara. Con una risilla los devolvía. Esa sonrisa llena de dicha y felicidad que a él le encantaba.
Sawdust se animó un par de veces y llevó su casco al agua, dejando que este se arrastrara por la superficie. Los peces se le acercaban y besaban su casco, se sentía como mini cosquillas.
Las maravillas naturales que bordeaban el rio no pasaron desapercibidos. Con ayuda de sus remos se acercaban a la orilla ocasionalmente para admirar de primera mano, digo casco, esos sitios de interés turístico.
Como el bosque de orquídeas mariposas o el antiguo muelle donde se solía pescar una rara especie de pez que, según describen las leyendas de pescadores, era capaz de emitir un resplandor celeste de baja potencia, pero que en conjunto con otros peces iluminaban el flujo de agua de todo el rio en las noches de luna llena.
—Y por esto los pescadores lo consideraban como un trofeo muy especial que debían tener en sus cascos —relataba el pegaso mientras guiaba a la "pareja" por las viejas edificaciones de madera—. Otra cualidad que los hacia famosos era que aun después de bueno, ser embalsamados, conservaban ese brillo cuando eran tocados por la luz de la luna. Pero su abuso de pesca los llevó al borde de la extinción y sólo quedan ejemplares protegidos, aunque se rumorea que aún quedan algunos ejemplares nadando libremente por ahí ¿Preguntas? —inquirió habiendo llegado a la balsa.
—¿Sabes de algún baño que esté en funcionamiento? —preguntó Pinkie.
—No, tendrás que usar los arboles.
—Oki, doki, loki— respondio dando brincos a los arboles cercanos.
—Oye ¿Falta mucho para terminar el viaje en balsa? Es que está oscureciendo.
—No te preocupes, este era el último punto turístico. Ahora falta un poco de recorrido agitado y llegaremos al final. Con un poco de caminata llegaras a Ponyville y continuaras con tu cita.
Sawdust se sonrojó por eso último.
—¿Cómo sabe...?
—Rainbow me lo contó todo.
Al ver lo apenado que estaba se apresuró a decir:
—Pero no tienes que reaccionar así, es muy lindo lo que sientes.
Cuando estaba por continuar la conversación Pinkie se hace presente con algunas hojas atrapadas en su melena.
—Es hora de terminar con el recorrido. Pónganse los salvavidas.
Veía en los ojos de Sawdust ese brillo cuando conoces a alguien especial. Pinkie era esa poni especial. Eso le generaba culpa por lo que estaba por hacer.
En ese último tramo la corriente se intensificó y los ocupantes de la balsa debían usar los remos para estabilizarse y evitar caer o golpear la ribera y salir despedidos. Cosa que era más fácil escribirlo que hacerlo.
El agua embestía la balsa y gotas salpicaban a los ponis que batallaban para mantenerse en el centro.
Más adelante había una bifurcación que separaba el camino en dos, y allí era cuando el instructor debía participar en la broma de Rainbow.
—¡Escuchen, adelante hay una separación y necesito que me ayuden a remar hacia la izquierda para llegar al final del recorrido! —ordenó el pegaso.
Los tres se movieron a la derecha de la balsa y sumergieron los remos empujando para dirigirse a la izquierda.
Pero la corriente era muy fuerte y les era difícil moverse en la dirección deseada.
—¡Empujen mas fuerte! —ordenó desesperado el pegaso.
—¡¿Qué se supone que hay del otro lado?! —preguntó Sawdust.
—¡No querrás saberlo!
Pinkie seguía sin darle demasiada importancia al asunto. Lo tomaba como una montaña rusa acuática.
Y cuando pensaban que las cosas no podían ir peor, se escucha un crack que sorprendió a los tres ponis. Pronto sintieron los remos más livianos. La razón de eso era que, al levantarlos, les faltaba la parte de la paleta que los impulsaba en el agua. Una cara de terror figuraba tanto en Sawdust como en el pegaso mientras la balsa era arrastrada hacia el camino de la derecha sellando así su futuro.
El pegaso arrojó su vara y sacó una navaja del bolsillo y procedió a cortar su cuerda de seguridad mientras la balsa se movía violentamente, dificultándole la operación.
Sawdust se quedó petrificado al ver lo que le esperaba. Una cascada.
Una vez liberado, el pegaso se acercó a Sawdust para romper su cuerda, pero este lo detuvo.
—¡Libérala primero! —ordenó.
El pegaso asintió y fue a liberar a Pinkie, quien se encontraba eufórica riendo mientras disfrutaba de todos los rebotes de la balsa.
—¡Quieta!
Pero liberarla costó más tiempo del que imaginaba y para cuando la cargó en su lomo para escapar aun quedaba Sawdust quien se aferró al costado de la balsa con todas sus fuerzas.
Este lo miró esperando que tomará una decisión.
—¡¿Qué estás esperando?! ¡Llévatela, yo estaré bien!
El pegaso le dejó la navaja para que intentara liberarse al menos y se alejo para dejar a Pinkie en la orilla. Aterrado agarró la navaja con sus cascos e intentó cortar la soga rápidamente. Lo cual logró.
Pero tarde.
Su rostro de victoria cambió en un milisegundo a una de pánico al sentir como su cuerpo se separaba de la balsa y caía por la cascada.
Cascada de cien metros.
Gritaba y agitaba sus cascos como si fueran alas, pensando que mágicamente estos lo salvarían de la muerte por las afiladas rocas que seguro se encontraban en el fondo.
Pero se rindió.
Sin oponer resistencia dejó que la gravedad lo arrastrara los últimos metros hasta el final de la cascada. Dejó su mente en blanco y sus ojos cerrados, y pronto el sonido de la cascada a su espalda desapareció. Quedando sólo los sonidos de animales y la madre naturaleza. El sonar de miles de pájaros en un cantico sin igual era la musica de fondo de su final.
Los recuerdos de sus dos semanas en Ponyville afloraron en su mente como una película de rápidas diapositivas. Una tras otra. Fugaces. Las amistades que estaba entablando. El amor que quería conquistar. La superación del beso de Applejack.
Y Pinkie Pie.
—Vivirás sin saber que te amo…
El susurro de sus últimas palabras fueron hechas.
Incluso luego de ello se sintió más ligero, como si estuviera flotando hacia su lugar en el paraíso. Como si un ángel lo estuviera llevando.
—¡Ah no, en mi guardia no te irás sin decirle a Pinkie que la amas!
Abrió sus ojos de golpe sólo para descubrir que Rainbow lo había atrapado en el aire.
—¿Rainbow? ¿Qué haces aquí?
—Pues la broma no salió como esperaba gracias a que Wild River no te rescató a tiempo y tuve que hacerlo yo.
—¿Espera? ¿Una broma?—dijo Sawdust conteniendo su ira.
—Así es, todo esto fue obra mía por haberme hecho esa broma pesada en el bosque —explicó con una sonrisa triunfal.
—¿Así que organizaste esta cita falsa con Pinkie sólo para vengarte por lo de aquella vez?
—La cita no tiene nada de falsa, es más, organicé algo extra para compensar lo del incidente.
Sawdust estaba a punto de preguntar nuevamente hasta que vio una carroza elegante estacionada en el final del recorrido. Junto a él esperaban Wild River y Pinkie quien parecia estar preocupada. Al descender de Rainbow la poni rosa se abalanzó sobre el contratista quien sorprendido correspondió el abrazo.
—No quise estropear tu cita pero le debía a Rainbow un favor de hace mucho y no pude decirle que no —se disculpó Wild River—. Pero a cambio, les traemos esto para que puedas llevar a Pinkie a ese lugar especial para su picnic.
—Es increíble —admiró Sawdust por los detalles en dorado de aquella carroza de color rojo.
—¿Entonces qué dices? ¿Sin rencores?—preguntó Wild extendiendo su casco.
—Sin rencores.
Y estrecharon sus cascos.
—Bien romeo, es hora de que te vayas —advirtió Rainbow al ver cómo el sol se ocultaba en el horizonte y el velo de la noche comenzaba a abrigar Equestria.
Ambos subieron a la carroza y los cuatros ponis de tierra tiraron de ella para llevarlos a la ultima parte de la cita.
—¡Nos olvidamos la canasta! —gritó Sawdust al acordarse.
—¿Te refieres a esto? —dijo Pinkie sacando de su melena la canasta en perfectas condiciones.
—¿Cómo hiciste...?
«Recuerda, es Pinkie Pie siendo Pinkie Pie».
—Olvídalo.
El trayecto fue silencioso mas no incomodo. Ambos miraban por la ventana de su respectivo lado y se deleitaban con las estrellas que se afianzaban en el firmamento. De vez en cuando desviaba su mirada a la poni rosa. Si quería besarla esta noche debía empezar a tomar la iniciativa.
Se acercó a su lado y tomó su casco delicadamente. Estrechándolo. Ella no rechazó el contacto. Le gustaba.
XXX
Al llegar al lugar acordado ambos descendieron y la carroza se alejó para darle privacidad a los ponis.
Era ese lugar mágico al pie del bosque Everfree, donde Pinkie había empujado a Sawdust días atrás y se quedaron abrazados. Era un poco más alejado del pasto alto pero igualmente tenía una increíble vista del cielo.
Colocaron el mantel en el suelo seguido de los platos, la comida, la cidra y el toque romántico, unas velas para amortizar la oscuridad de la noche. Aunque la luna llena estuviera presente. Disfrutaron de una hermosa velada con comida, una charla amena que nunca se detuvo, risas por aquí y por allá y uno que otro tímido contacto entre ambos que los estremecía.
Las velas se apagaron.
Como último recurso, Sawdust le pidió a Pinkie que miraran el cielo luego de guardar los trastos sucios en la canasta. Ella accedió gustosa sin saber lo que le esperaba realmente.
Sentados uno al lado del otro hicieron volar el tiempo reconociendo las constelaciones.
—Y esa es la constelación de mí levantando esa roca y llevándola hacia una pila que está por allí —dijo Pinkie señalando la formación con su casco.
Sawdust intentaba seguirle el juego, pero le era difícil.
—Creo que ahora la veo, es hermosa —halagó.
—¿En serio crees que las rocas son hermosas?
—No las rocas, tu.
—Oh gracias, eres un dulce —respondió halagada.
Era hermosa bajo la luz de la luna, no podía negarlo.
Una estrella fugaz pasó rápida por el cielo.
—¡Mira, una estrella fugaz! Pide un deseo —dijo Pinkie cerrando los ojos.
«Tu eres lo que más deseo».
Su corazón se aceleraba a medida que juntaba valor para dar la movida final. Era ahora o nunca.
—¡Mira Pinkie, una constelación con forma de pastelillo!
—¡¿Dónde?!
Pinkie giró su cabeza para buscar la constelación pastelillo. Pero lo que encontró fue mucho más sorpresivo, en todo sentido.
Fue fugaz. Fue rápido. Fue robado.
Sawdust plantó un beso en los labios de la poni rosa quien no podía salir de su asombro. El semental mantenía los ojos cerrados mientras dejaba que sus labios se dieran el gusto que tanto ansiaban.
Pinkie mantenía los ojos abiertos como platos por la sorpresa. Primero miró impactada como sus labios estaban juntos a los de Sawdust, en una forma que jamás imaginó posible. Para después quedar fija en frente, esperando que el semental terminara.
Todas las emociones que sintió estas dos semanas explotaron en su pecho. Y eso la aterraba. No sabía cómo reaccionar ante esto. Sus mejillas ardían.
Mientras tanto Sawdust era inundado por fuegos artificiales. Su cuerpo se tensó por el contacto que tanto había soñado. El sueño que tuvo con Pinkie en la playa se hizo realidad.
Después de lo que pareció una eternidad el beso se rompió. Dejando a un extasiado Sawdust y una confundida Pinkie.
—Pinkie, yo te amo. Desde el primer momento en que te vi en Appleloosa quedé flechado por tu belleza. Estas dos semanas que conviví contigo fueron lo mejor que me pasó en la vida y no quiero que eso acabe ¿Quieres ser mi novia? Dime que me amas como yo te amo a ti.
Unos silenciosos segundos pasaron hasta que Pinkie fue capaz de salir del shock y responder:
—Yo… yo… no lo sé… no se que sentir… lo siento…
Y echó a correr con todas las fuerzas que sus cascos rosas le permitían. Dejando atrás a un destrozado Sawdust que atónito veía a la poni que amaba alejarse una vez más.
Las lagrimas fueron su único desahogo.
Esta vez no volvería por siete noches a esperarla. Después de todos estos años su suerte en el amor no había cambiado.
Su corazón se volvía gris… era hora de llorar.
XXX
Aun después de eso, la mañana siguiente era radiante en Ponyville. No para Sawdust y sus amigas que lo fueron a despedir a la estación junto a Braeburn. Ambos debían volver a Appleloosa para arreglar los pendientes de la construcción.
Pero no todas estaban allí.
—Pinkie se que estás allí, abre la puerta —ordenó Applejack tratando de sonar lo más amable posible—. Sawdust me contó lo que pasó anoche y…
La puerta se entreabrió revelando un cuarto oscuro con una pequeña entrada de luz solar proveniente de la cortina. Había varios pañuelos tirados en el suelo.
Ella también lo sufrió, a su manera.
Applejack se acercó a la cama. Ella se encontraba de costado para que no le viera el rostro.
—Dulzura…
Tocó a Pinkie un par de veces pensando que estaba dormida.
—Applejack… no estoy de humor… ¿Puedes retirarte? —masculló débilmente.
—Escucha, se que puede resultar difícil digerir algo como eso, yo lo sé, pero con el tiempo lo aceptas y tal vez… puedas descubrir cosas nuevas.
—Es que… no lo sé… es la primera vez me siento tan confundida como ahora… no pude dormir Applejack, de sólo pensar en lo que pasó… ni siquiera se con exactitud qué fue lo que pasó… ni porque lo hizo…
—Él te ama Pinkie, con todo su corazón ¿Acaso no sabes lo que es amar a alguien de esa forma?
Sin saber que responder sólo negó con la cabeza pegada a su almohada. Y ahora todo tenía sentido. No sólo era muy amigable sino que no sabía lo que era el amor como tal. Nunca lo había experimentado, o fantaseado siquiera.
En ese momento fue que se dio cuenta que Sawdust hizo una misión suicida con su corazón en el casco.
Y perdió.
—Escucha terroncito, hablaremos de eso luego. Pero sería lo ideal que fueras a despedirte. Lo necesita.
Unos segundos después de no recibir respuesta dio media vuelta y caminó hacia la puerta. Cuando estaba por salir, escuchó unos cascos detrás de ella.
—Dame cinco minutos —dijo pasando a su lado con paso lento y entrando al baño.
Por un segundo pudo ver sus ojos hinchados de tanto llorar.
Mientras tanto en la estación de trenes las ponis terminaban de escuchar los resultados de la cita de Sawdust.
Su semblante volvió a su seria característica de cuando lo conocieron. Fue allí cuando se dieron cuenta de lo mucho que su amor por Pinkie y la pequeña aventura en Ponyville cambió su semblante y lo ayudaron a soltarse un poco.
Braeburn se iba con él y disfrutó pasar tiempo con su familia y hacer amigos. Por respeto no se entrometió en el problema de Sawdust a menos que el contratista quisiera hablar de ello.
Subieron sus respectivas pertenencias al tren y se despidieron por última vez.
Cuando pensó que no podría despedirse de Applejack, una voz lo detuvo a lo lejos.
—¡Sawdust espera!
Applejack no venia sola.
—Chicas, mejor démosles privacidad —propuso Twilight.
Todos se retiraron excepto Applejack, Pinkie y Sawdust.
—Me alegra que te vengas a despedir Applejack —dijo Sawdust abrazando a la granjera.
—Pinkie tiene algo que decirte. Escúchala por favor —rogó la granjera.
No estaba resentido con ella. No podía obligarla a quererlo. No la odiaba. No tenia porque.
Pinkie tenía el cabello lacio como cuando era una potrilla sin cutie mark. Sawdust consideraba esto una señal de tristeza… ¿Tristeza por él? Sus miradas se cruzaron. Vacías. No había nada que decir.
Pinkie se acercó algo tímida.
—Escucha Sawdust… lo que pasó anoche… yo no quise...
Gentilmente le tapó la boca con su casco, pero a diferencia de la vez anterior este se sentía frio. Sin sensaciones.
—No tienes que decirme nada Pinkie. Te puse en una situación difícil y no puedo obligarte a nada. Entiendo que ya no quieras volver a verme —dijo seriamente Sawdust.
Con cierta ternura alejó el casco de su boca para dejarla hablar.
—Es que… estoy confundida… ni siquiera… es muy difícil de explicar… siento miedo, como no te imaginas y yo… yo…
Sin poder expresarse dejó que unas lagrimas escaparan. Resignada. Dejando que esas emociones negativas tomaran control de ella.
—Escucha vaquero, Pinkie necesita algo de tiempo para procesar lo ocurrido —Sawdust no se veía convencido por la explicación—. Confía en mi, tal vez ella no te dio un sí pero tampoco un no.
La amargura del rostro de Pinkie reflejaba las palabras de Applejack. Pero la seriedad de Sawdust impidió que sintiera lastima por ella y sólo la observaba inexpresivo. A las dos.
—¡Todos a bordo para el tren con destino a Appleloosa! —gritó el encargado a todos los pasajeros.
Braeburn subió al tren y se sentó en el lugar. Sawdust le siguió por detrás sin dirigirle la palabra a las yeguas.
—¡Por las pulgas de Winona Sawdust, di algo, lo que sea, hazlo por ella!
Se detuvo a un paso de subir al tren. Giró para ver a las dos yeguas que esperaban una respuesta.
—Yo… ya he amado a alguien en el pasado que no me correspondió… esta vez voy a seguir adelante y espero que hagas lo mismo Pinkie Pie.
—Pero…
—Adiós.
El vapor de la locomotora selló la despedida que ninguno quería, pero para ambos era necesaria. Un deber. Pinkie quedó con su casco extendido hacia las vías del tren y con la palabra que su mente no dejaba que saliera.
«Quédate».
Y hasta aquí llegó el capitulo señores, espero que les haya gustado.
¿Nunca se sintieron tan confundidos por alguien que no supieron como afrontarlo y todo era desesperacion, ansiedad y tristeza? Espero no haber exagerado.
Como siempre voy a usar este espacio para agradecer los reviews del capitulo anterior por parte de:
rompeordenes : Gracias /)
Azofel-Raz x2: Wow, parece que toque una fibra sensible tuya para que hayas escrito tu propia interpretacion pero usando rugby xD
xXnobu16Xx: Como diria homero: "Shhhh, callate" (?
u̶n̶s̶e̶r̶.̶
Kratosine: Gracias por tu comentario, puede que en futuras ediciones agregue cosas romanticas o no. Ahora pasemos a otra cosa ¿En serio quieren que haga un triangulo? Digo, ya hay muchas historias con triangulos, cuadrados, pentagonos y demas y no le veo necesario hacerlo aqui. Es sólo una simple historia de amor y nada más.
Linkwarriorx0: Gracias como siempre por tu review.
anonimo: Gracias ^^ espero que no te hayas muerto por esperar el capitulo xD.
LARZER x6: Wow, parece que leiste de corrido, eso me agrada ^^
metalic-dragon-angel: Gracias por el review.
Recuerden, si les gustó el capitulo dejen un review y compartanlo con sus amigos, si tienen alguna duda pueden mandarme un MP, no muerdo, tambien pueden darle like a la pagina de facebook "Exelion fanfiction" para estar enterados de avances y otras cosas, link en mi perfil o pueden buscarlo por fb.
Hasta la próxima, se despide, Exelion.
