Aclaraciones:

Narrado en segunda persona.

‹‹Pensamientos personaje.››

"Voz interna."

Palabra obscenas y escenas sexuales descriptivas.


Capitulo IV

Propuestas implícitas.


Menma Namikaze Uzumaki.

Hijo, hermano y amigo…

Digno de una película de terror y suspenso, un frío viento sopló repentinamente y la ventisca golpeó hacia adelante apegándote la gabardina en la espalda. Tus cabellos continuaron el mismo rumbo que marcaba la brisa desordenándolos, mucho más de lo que tienes acostumbrado.

Metiste las manos dentro de los bolsillos de la gabardina y continuaste mirando la lápida, hubo un momento en el que el murmullo del viento y el silencio te arroparon de forma tétrica, como en aquella ocasión… Cuando perdiste el control por primera vez después de la muerte de tu hermano.

Cerraste los ojos preso del sentimiento del devastador sentimiento de soledad y tensión, aun recordabas los gritos, las súplicas… los desgarradores lamentos que profirió cuando profanaban cada parte de su cuerpo, siendo arrancada sin compasión, sus ojos extraídos aun en su último aliento…

Todavía podías ver como la sangre salía a borbotones por las heridas punzantes, el líquido recorriendo la longitud de aquella mesa metálica, deslizándose con una lentitud enfermiza hasta por fin formar un diminuto hilo espeso de plasma que pronto se convirtió en un charco a los pies de aquel hombre que mutilaba sin compasión a tu hermano, que trató de liberarse. Luchó con bravura pero lloró por el dolor y aun en su último aliento, con los ojos fuera de sus cuencas, con su respiración pesada y lenta… él giró su cabeza hacia a ti. Ya no podía verte, pero sabía que estaba ahí, podía sentirte todavía… no te veía pero te percibía y aunque tuviste una ilusa esperanza de que todo lo que veías era un sueño, una maldita pesadilla. En el fondo sabías que no era cierto, y te sonrió por última vez… con los hilos de sangre saliendo de sus cuencas y la carne expuesta, te sonrió. Y supiste que sería la última vez que lo verías sonreír.

La última.

El sentimiento de zozobra te embargó, toda la acumulación de dolor e impotencia te volvieron de golpe. Incluso cuando decidiste ya no sentirte así, dejarlo atrás, como hace tres años cuando te quitaron a tu hermano, aquellos malditos degenerados que no se tocaron el corazón para hacer con él lo que quisieran enfrente de ti, riéndose a tus expensas, las de Sakura, Kakashi y Mizuki. Como les hizo gracia dejar a Madara inválido…

"Aun estás a tiempo…"

‹‹Jajaja, como si fuera tan fácil.››

Carcajeaste como si él te hubiese contado un chiste. Suspiraste, con decepción te percataste que el medicamente que Kakashi te recetó de nada te sirvió. Él seguía ahí, hablándote, fastidiándote, incomodándote hasta el extremo que pronto comenzarías a delirar y pensar cosas que no existían. Como desde ese día, en que toda tu vida y tu mundo colapsaron.

— Sigues viniendo aquí cuando quieres escapar de algo, eh.

Aquel tono de profundo y de ultratumba te tomó desprevenido, pero hiciste esfuerzos por no parecer un niño asustadizo. Y no lo eres, solo son tus traumas que no te dejan de agobiar.

— Igual que tú. — respondiste, para tu tranquilidad pasivo y sereno.

No le miraste, posiblemente porque aun a pesar de los años y de los daños, tu primo continúa pareciendo un chico de apenas 18 años cuando ya tiene 27, si bien no estuvo directamente en aquel episodio tiene su historia. Una muy lúgubre y triste. Tanto que puedes nombrarte dichoso de no haber pasado por esa tortura a la que tu hermano, tu primo, Sakura y Mizuki sí. Sin embargo, eso no quita que tienes secuelas de las mismas. Tan complicado y nada simple.

— Jiraiya-san está preocupado por ti. — profirió, después de unos minutos de tenso y sepulcral silencio.

Te quedaste callado, tu padrino fue uno de los que abogó por la justicia, ¿y cómo le pagó? Haciendo que perdiera todo, absolutamente todo por lo que luchó.

— Estoy bien. — mentiste.

Y Nagato lo supo, porque cuando dices mentiras haces cualquier cosa menos mirar a la persona con la que conversas. Solo la evades, y no miraste a tu primo. Fue automático.

— ¿Sabías que mintiéndote eres pésimo? — su pregunta es retórica, igual responderás.

— Sí, lo sé. — lo dijiste vago y decepcionado.

"Eres un desastre." Se burló él.

‹‹Tú cállate.››

Un instante de incómodo y tenso silencio te anunció que lo que te diría próximamente no sería para nada alentador.

Ellos han comenzado de nuevo sus operaciones.

— Lo sé.

Otra omisión, un poco más corta que la anterior pero no menos engorrosa.

— ¿Qué han pensado? — tu pregunta fue muy directa, tu primo sabe perfectamente bien a quienes te refieres.

— Madara-sama, Jiraiya-san e Itachi han reforzado la seguridad, han puesto vigilancia en todos los perímetros y a cada uno de ustedes.

Su información como ya lo intuías, no fue para nada alentadora. Más no la despreciaste, asentiste comprensivo y agradeciste que se tomaran las medidas correspondientes para que el suceso no se repitiera.

— Gracias. — dijiste.

Nagato guardó silencio. Algo más tenía que decirte, e intuías que tenía que ver con ‹‹ellos››. Así que te tomaste unos minutos, cavilaste si era conveniente preguntar y dar pie a la conversación que seguramente te llevaría al pasillo del recuerdo… o mejor dejarlo ahí, despedirte e irte para no tener más recuerdos llenos de dolor y desgracia. Pero hiciste lo primero.

— Que es lo que tienes que decirme. — murmuraste, demasiado inseguro de sí escucharlo sería bueno para ti y tu bien mental, el que por cierto, decae cada vez más.

Observaste a tu primo de reojo, le viste sonreír ante tu astuta pregunta. Él siempre sabe lo que harás, es como Sakura, pero te lleva a un nivel más alto…

— Tú ya lo sabes. — te respondió con simpleza.

Claro que lo sabes, solo que no esperaste que siguiera con el mismo tema.

— No lo sé, Nagato… no creo que sea correcto… — musitaste, por primera vez te giraste y lo miraste.

Sucedió lo que pasa cada vez que lo miras, te asusta. Sí, tu primo se parece muchísimo a tu madre y Karin. No por nada es el sobrino de tu madre y hermano de Karin. Más no significa que su aspecto tétrico y su inmutable rostro no te perturbaran, sin contar la mirada marrón que se torna violácea por instantes. Lo que normalmente sucede cuando está en un enojo extremo.

Continúa siendo lánguido de su cuerpo, a lo mejor más alto pero seguía siendo delgado. O aparenta, entre su cuerpo semi-atlético. Por lo menos ahora tiene más cuerpo que antes.

— Lo que no era correcto fue que torturaran y mataran a Menma, lo sabes. — te recordó, cerraste los ojos. No querías pensarlo más, pero Nagato lo sabe y por eso te lo recuerda, porque como ya antes has dicho, él sabe cómo jugar — Piensa bien en qué es lo correcto, porque matar y torturar por mero placer y diversión no lo es.

Con eso Nagato finalizó la conversación, en el fondo supiste que tiene mucha razón, que siempre la ha tenido. Sin embargo, te quedaste callado porque la duda y la indecisión no te permitían hablar.

— Si cambias de opinión ya sabes donde encontrarme. — profirió mientras se daba la vuelta dándote la espalda, ladeó su rostro y te miró —. Saluda a mi tía y a mi hermana de mi parte.

— Lo haré. — respondiste.

Tan pronto como murmuró su respuesta escuchaste a tu primo caminar, el sonido de las hojas secas al ser resquebrajadas por los caros zapatos italianos de tu primo y pronto alejarse en medio de la noche. El viento volvió a soplar despeinando tus cabellos rubios, sentiste un ignominioso escalofrío.

— ¿Qué debo hacer? — murmuraste a la brisa y al silencio.

El ruido de la ventisca te erizó la piel, se hizo fuerte y formó remolinos con las hojas secas que resonaban crujiendo mientras se hacían pedazos. Tú escalofrío se extendió a todo tu cuerpo y se centró en tu nuca. Fue como si algo te hubiese tocado de repente, como si alguien te estuviera diciendo ‹‹permíteme descansar en paz››.

Cerraste tus ojos, fue como si escucharas de nuevo la voz oriunda de tu hermano retumbar en tus oídos pidiéndote con aquel tono doliente y suplicante, que le permitas no vagar más, dormir en paz por toda la eternidad. O lo que reste para que se vuelvan a encontrar.


Llegaste a tu casa pasada la una de la madrugada, todo está oscuro y en silencio. Un sepulcral y tedioso silencio, cerraste la puerta y aun podías escuchar el viento embravecido soplando afuera. Caminaste hacia el pie de la escalera que te lleva a la segunda planta y de ahí a tu habitación.

— ¿Por qué no me dijiste que ibas a ver a mi hermano?

Tu pie se quedó flotando en el aire con el amago de pisar la escalera cuando la voz de tu prima te detuvo, te tomaste de la barandilla de madera y te sostuviste. Tu extremidad se soportó en el aire, abriste tus ojos sorpresivos y tu corazón latió ligeramente rápido. Como si ella te hubiese descubierto en alguna mentira o travesura.

— Yo no…

— ¡No me mientas, los vi! — profirió, lo suficientemente fuerte para que su grito resonara en casi toda la casa debido al extremo silencio.

Levantaste la cabeza, alerta por si tu madre o Seichiro se levantaban. No querías más problemas por ese día, estuviste un minuto en silencio, esperando, pero nada. Nadie se levantó.

— No han venido de su reunión. — te informó Karin, como si intuyera tu miedo.

‹‹No es miedo.›› te dijiste a ti mismo.

"Si lo es." Contestó otra voz burlona, como si disfrutara de tus propios desvaríos internos, de tus luchas por auto-convencerte de que no eres lo que piensas y actúas.

Asi que tomaste un respiro profundo y superficial, te giraste con mucha gracia intentando mantener el peso sobre tu pie en el suelo para encararla. No más te diste la vuelta te encontraste con la visión de tu prima en un pequeño short, de donde sobresalían unas bonitas piernas. No tan torneadas como las de Sakura o Tenten, pero si curveadas. Lleva un top azul eléctrico que destaca la forma redondeada de sus senos de medio tamaño y un escote no muy discreto, así es tu prima, llamativa… mucho más allá de todo eso destacable de su cuerpo, estaba su cabello rojo a media altura y sus gafas que relucían en la oscuridad debido a la luz de las farolas en la calle.

De pronto sentiste una insana e inusitada excitación, aquella atracción enfermiza que obnubila tus sentidos de forma que quieres olvidar quien eres, que son y lo que representas para ella. Pero debías controlarte, porque si bien te excita de una forma que puede catalogarse como infecciosa e inmoral, no es Sakura. Ese pensamiento siempre te devuelve a la tierra, siempre te recuerda quien eres y a quien le perteneces.

— ¿Y tú como lo sabes? — acusaste.

Tu prima se vio sorprendida y no lo disimuló, abrió grandemente sus bonitos ojos color escarlata y dio un pequeño respingo que hizo que sus senos se movieran, permitiéndote percatarte de que no lleva sostén.

Karin se quedó callada sin saber que contestarte, la descubriste, te siguió sin que tú siquiera lo notaras. Realmente tus habilidades merman cada día más y te pierdes más en la estupidez humana. Clavaste tus ojos en los de ella, la miraste en una forma que seguramente no supo clasificar pero tú sí. Profunda y acusadora, le viste dar un traspié hacia atrás cuando bajaste el escalón que apenas subiste y diste dos pasos. Si bien tú no te veías, ella sí, y tu postura era amenazante. Tanto que tu prima tuvo un ligero temblor en todo el cuerpo, que tú notaste a través del movimiento de sus hombros. Veloz y pasajero.

— Me seguiste, ¿no es así? — imputaste, tu tono era amenazador, solo tu postura. Pero ella se sintió temerosa de contestar lo positivo y confirmarte la verdad — ¿Acaso no te das cuenta la hora? Saliste sola, pudo pasarte algo. — regañaste, la realidad es que te preocupa su seguridad. Ahora más que nunca.

— Pero no fue así. — te contestó con más energía, de hecho, parecía molesta por tu amonestación.

— Por fortuna, tu hermano me hubiera matado si algo te sucede por esa tontería. ¿Por qué lo hiciste?

Ella se quedó callada, y tú esperaste unos minutos antes de que posiblemente perdieras la paciencia. Dejaste a raya el sentimiento de excitación insano y te centraste en un hecho que de antemano Karin sabe que te molesta.

Que te siguiera fue una invasión a tu privacidad, a tu derecho de mantener tu vida en el plano que a ti te gusta. Eso es algo que tú detestas y ella lo sabe, sin embargo, rompió la regla que infringiste a todos.

— Tía Kushina está preocupada… y actúas tan extraño que pensé que estabas metido en algo raro. — te musitó finalmente, bastante avergonzada. Más que su tono la delatan sus mejillas ligeramente enrojecidas.

Suspiraste, esto realmente se volvía cada vez más tedioso.

— No tenía planeado verlo. — mentiste, la verdad no es una mentira en sí como tal, pues si tenías proyectado verlo pero no ahí — Suele visitar la tumba de mi hermano con frecuencia y coincidimos, eso es todo.

Tu respuesta fue simple y escueta, con eso ella entendió que no querías dar más explicaciones de algo que no lo tenía. Esa es la verdad de los hechos, una verdad a medias tintada de algunas mentiras ocultas que no piensas develar.

— No le busques más. — continuaste, te diste media vuelta y retomaste el camino que llevabas desde un principio. Sin embargo, te detuviste en medio de los escalones, con un pie puesto en un escalón y el otro descansando abajo. Medio ladeaste tu cabeza y pudiste observar de reojo a tu prima mirarte desde su posición, decidiste decir una última cosa antes de irte a tu habitación — Recuerda que si te mantiene alejada es por tu bien y seguridad, no le busques más, Karin. No es sano para ti y mucho menos para él. Déjalo así.

No la miraste, pero sabías que las palabras le dolieron. No la escuchaste, pero sabías que el dolor de estar tan cerca y a la vez tan lejos de su hermano le provocaba mucho pesar. No necesitabas verla para saber que sus ojos se llenaron de lágrimas y ahora las derrama sin ocultarse, porque sabe que tú no estarás ahí y ella puede llorar con toda libertad. Así como a ti te gusta mantener todo en privacidad.

Seguiste tu camino sin voltear, no eres inhumano por no darte la vuelta y bajar de nuevo para consolarla. Simplemente tienes tus propios problemas y demonios con los cuales lidiar. Además, sabes que hacerlo acarrearía más preguntas que no podías responder, que no estás obligado a responder y que tienen un mínimo de honor para la persona que debe contestarlas.

Tú sabes los motivos por los que Nagato se alejó de tu prima, los sabes y los tienes contados hasta el más mínimo detalle. Sin embargo, no te corresponde a ti dar las explicaciones correspondientes del caso. Tu única verdad con respecto al asunto, es que Nagato tiene tanto amor por su hermana que ha decidido sacrificar su compañía y su amor para mantenerla a salvo, su protección es su alejamiento. Entre menos involucrada esté con él, su seguridad es más alta y las probabilidades de ser dañada con lo que se venía serían menos.

Suspiraste mientras te quitas la ropa, de repente sentiste un horrible olor a flores, pero no flores cualquiera. No. Esas típicas que llevas a los cementerios cada día de los muertos, cada aniversario… ese horrible y nauseabundo olor que te revuelve el estómago. Acercaste una prenda a tu nariz y la oliste, arrugaste la cara y con la boca hiciste una mueca de asco, posteriormente tiraste la prenda en el cesto y te pusiste el pantalón a cuadros de tu pijama.

Te tiraste literalmente en la cama y hundiste la cara en las almohadas, el aroma a cerezos seguía impregnado en ellas. Formaste una sonrisa de agrado y aspiraste con más fuerza, adorabas ese olor en tus almohadas. El olor a sexo de media tarde combinado con el perfume de una mujer, una fémina en específico.

Pero… aunque la fragancia te abstraía bastante, no es lo suficiente como para hacerte olvidar lo que aconteció con tu primo en el cementerio. Sabes que no debes pensarlo, que no debes siquiera cavilarlo como una posibilidad a tomar. Sin embargo… algo en tu interior tironeaba para que más que considerarlo, lo tomes como la única posibilidad de encontrar una forma de hacer descansar a tu consciencia y de paso, el alma torturada de tu hermano. Sesgaste tu cabeza hacia la derecha, tus orbes azules se perdieron en la negrura de la noche, el viento sopla las ramas de los árboles haciéndolas crujir y tú cerraste los ojos.

‹‹¿Qué hacer?››

"Tú ya sabes que hacer, solo falta que lo aceptes."

Esa voz incitadora en tu mente, esa voz que sabe que más que fastidiarte te decía muchas verdades que tú intentas negar por todos los medios conocidos. Abriste tus párpados de nuevo y visualizaste el frasco de pastillas que Kakashi te dio, estiraste tu mano para tomarlo.

"Sabes que ya no me hace efecto, eso no me dormirá más…"

Tu mano se quedó suspendida en el aire, cerraste nuevamente tu iris con mucho mal. Lo sabes perfectamente bien, pero nada pierdes con intentar, aunque en el fondo sabes que fallarás.

‹‹No me importa.›› le contestaste.

Por fin tomaste el frasco, extrajiste dos pastillas y te las tragaste en seco. La garganta te ardió y arrugaste la cara, te dolería el estómago dentro de unas horas.

"Jajajaja, idiota." Se burló como siempre. "Pronto cederás."

Seguido de esas palabras, silencio, un silencio total y rotundo en tu mente. Y eso solo insolentó tu miedo, porque esas palabras no son una advertencia, no, son una sentencia de lo que sucederá. Porque pasará, de eso estaba seguro, pasará y nada habrá que pueda evitarlo.

Desgraciadamente, el medicamento contenía una especie de sedante que hizo efecto al instante. El sueño y el cansancio se antepusieron a tu miedo, te dejaste ir y envolver por los brazos de Morfeo.

Ya encontrarías la forma de no caer, lo que infortunadamente no sabías… es que ya no había forma de escapar… y que caer, no solo es una necesidad sino algo inminente.

Y lo sabrías pronto, tanto que no lo verás venir.