Capitulo 2:

Mi soledad La Despedida

—Lo siento Serena la verdad deseaba poder cumplir en esta ocasión— se escuchaba la voz de Darién Chiba al otro lado de la línea se escuchaba preocupado o sencillamente era como ella quería escucharlo —Prometo que te lo recompensare Serena, pero realmente lo siento— la rubia solo suspiro era la quinta ocasión en un mes que él le cancelaba una cita

—Si no te preocupes Darién, comprendo, será en otra ocasión — la verdad no comprendía nada, lo único que ella quería era tener una cita normal entre comillas ya que si habían tenido citas pero no las que ella deseaba, su cita ideal era salir ver una película, de terror donde el tuviera que abrazarla para que no tuviera miedo reconfortándola y por qué no dándole un beso para después ir a cenar a algún sencillo restaurante o pasear por el parque a la luz de la luna y si les llegase a dar hambre comprarían unos hot-dogs en algún carrito y seguir disfrutando de la compañía de ambos, o ir a algún concierto, pero nunca había tiempo para hacer ese tipo de citas sin embargo siempre había tiempo, para las citas en los museos, en las exposiciones de arte o en alguna convención donde Darién considerara sería muy educativo asistir

Dando un largo suspiro colgó el teléfono. Se empezó a desvestir con suma lentitud y tristeza, pero no lloraría, no esta vez lo había decidido al momento de empezar a sonar el teléfono una hora antes de la hora de la cita y rezar que fuera cualquiera de las chicas queriendo preguntarle o invitarla a algún sitio menos Darién cancelando, sin embargo no pudo evitar que una lagrima traicionera se hiciera presente en uno de sus bellos ojos color azul cielo, rápidamente se la enjugo antes de que saliera por completo respirando hondamente para tratar de tranquilizarse, sin embargo no podía hacerlo esa pequeña lagrima fue el inicio de varias más las cuales no pudo contener, así que abatida y vencida por sus sentimientos se dejó caer de rodillas en medio de la habitación abrazándose y dejando fluir sus lágrimas, las cuales empezaban a ahogarla

«Llorona, infantil»

Se repetía una y otra vez, al no poder controlar sus lágrimas, sus emociones, sin darse cuenta se fue acomodando en la alfombra llorando hasta quedar hacha un pequeño ovillo, dejando fluir sus emociones atreves de sus lágrimas, sin importarle nada más que quedar vacía y olvidarse de todo

La habitación poco a poco se quedó en penumbras, mientras su respiración y lágrimas se iban acompasando quedándose dormida.

« ¿Hasta cuándo seguiré esperando y llorando?»

Con un largo suspiro se quitó un mechón de su hermoso cabello rubio el cuál se había quedado pegado en su rostro a causa de sus lágrimas

« ¿Hasta cuándo?»

Con pesadez se levantó y comprobó que era media noche y que había luna llena, ya que la luz de esta se colaba por una abertura de la ventana iluminando un poco la habitación

—Media noche y el todavía no llega— suspiro frente el espejo del baño y verse con los ojos rojos a causa de sus lágrimas —A si está bien— dijo después de darse unas pequeñas palmadas en su rostro —No deseo que Darién me vea llorar— sin más abrió la llave del agua caliente viendo como salía un poco de vapor de esta y formar una densa capa de vapor al abrir el agua fría regulándola para meterse bajo el chorro de agua

« ¿Por qué simplemente no salí?» « ¿Ya estaba vestida?»

El contacto del agua sobre su piel era relajante y molesto al mismo tiempo, ya que no quería relajarse tras despertar su enojo y frustración habían vuelto a reaparecer con más fuerza, quería poder reclamarle, gritarle sin embargo no podía, algo siempre la hacía detenerse.

«La culpa es mía ya había dicho que tal vez no podríamos salir el día de hoy, que tendría guardia y tal vez no encontraba quien lo cubriera »

Alzo su rostro hacia arriba permitiendo que el chorro de la regadera cayera libremente por su rostro

—Serena deja de ser infantil, no puedes llorar siempre que ocurre esto—se recrimino, mientras echaba un poco de jabón con esencia de lavanda para luego frotar con mas fuerza de la necesaria su blanca piel con la esponja la cual empezó a adquirir un tono rojizo

«No puedo, simplemente no puedo evitar que me duela» «A veces odio que todo sea más importante para el que yo»

Paro de castigar su piel una vez que el agua empezó a resultarle realmente insoportable sobre su piel. Cerro las llaves de la regadera, primero la caliente dejando que el agua fría fuera la que ahora bañara su cuerpo quitándole un poco la molestia que sintiera con el agua caliente, dando un suspiro largo termino por cerrar la llave y salir del cubículo de la regadera, se paró de nuevo frente del espejo limpiando los restos que el vapor había dejado en el para verse de nuevo, comprobando que ya no se veían sus ojos rojos e hinchados con absoluta calma empezó a hacer la rutina que hacia siempre empezando con secarse su largo cabello, sin embargo dejo de hacerlo, simplemente no tenía ganas de hacer lo que siempre hacia, se colocó su albornoz rosa que tanto le gustaba y que ya estaba descolorido dejando de ser el rosa fuerte que era

«Ahorita soy mi albornoz. Triste y opaca»

Sonrió triste ante la manera en que se veía. Donde había quedado la Serena sonriente que era, la imagen que el espejo le mostraba no era su imagen, ahí estaba la imagen de una chica si con sus mismas características pelo rubio, piel blanca, labios rosados y ojos azules, solo con la diferencia que no había alegría en su rostro o mirada, se notaba una profunda tristeza en el rostro de la chica de la imagen

Volviendo a dar otro suspiro hondo, se preguntó cuántos suspiros había dado desde la llamada de Darién sin duda muchos y este sin duda no sería el último que daría, darse cuenta de eso la deprimió aun mas

«¿Por qué sigo en esta relación?» «Realmente es amor o simplemente soy masoquista»

Sacudió su cabeza fuertemente —Claro que es amor—se recrimino a si misma —Darién y yo estamos predestinados, lo supe desde la primera vez que lo vi— vio otra vez su imagen del espejo —Así que no te voy a permitir que tu— le dijo a su imagen en el espejo—Me quieras convencer de lo contrario— dicho esto dio media vuelta

Aunque la verdad es que ya no estaba segura, desde que conoció a Darién saliendo del Crown y tras tirar su examen de algebra, el cual le cayó en la cabeza a este provocando que este lo extendiera y se burlara de sus calificaciones apodándola cabeza de chorlito, sobre nombre que siempre usaba cada vez que se encontraban por casualidad

—Realmente me molestaba mucho que me llamara así— sonrió al recordar mientras se sentaba sobre la barra de desayuno en la cocina y recostaba su cabeza en la fría barra haciendo círculos imaginarios en esta y volviéndose a perder en sus recuerdos

— ¿Serena le conoces?— le pregunto Amy al ver la cara de puchero que ponía Serena al escuchar la voz del pelinegro y la forma tan peculiar de llamarla

— ¿Yo a ese? Para nada Amy— le respondió a su amiga sin dejar de hacer una fea cara de puchero y refunfuñando bajo (Solo porque es medio guapo se cree mucho)

Al oírla Amy no pudo evitar reírse — ¿Pues no lo sé Serena? Me ha parecido simpático pero no guapo. Además creo que es más tu tipo que mi tipo— concluyo Amy frotando su barbilla

— ¿Qué quieres decir con mi tipo Amy?— le pregunto Serena a Amy quien al ver el rostro de Serena no pudo evitar poner sus manos a manera de escudo

—Nada Serena en serio— mintió Amy evitando la mirada intensa de su amiga

—Bien Amy por que el no es en absoluto mi tipo—le aclaro Serena

—No ¿entonces cual es Serena tu tipo? ¿Tu chico ideal?— pincho Amy al verla fantasear

—Debe de ser un chico en el que siempre pueda confiar y esté dispuesto a dar todo por mi Amy— no pudo evitar Amy reírse al ver la forma en que Serena se dio una vuelta con sus manos entrelazadas

Serena se despertó de golpe con las últimas palabras dichas en lo que había sido un sueño ya que mientras recordaba se había quedado dormida o eso fue lo que ella pensó ya que no sabía como era que se encontraba, ahora en su habitación y no sobre la barra del desayuno de su cocina, mas no importaba ya que no estaba sola Darién estaba a su lado, sin embargo en su mente seguían esas últimas palabras dichas

« Debe de ser un chico en el que siempre pueda confiar y esté dispuesto a dar todo por mi Amy »

—Serenaaaa~— la voz de Rei era de fastidio y enojo

—Si Rei—contesto de mala manera al oír su tono de voz haciendo con Rei solo rodara los ojos

—Déjala Rei— salió en su defensa Lita quien vio la mirada ausente y triste de su amiga — ¿parece ser que Serena tiene otras que hacer no? ¿Hoy es tu aniversario con Darién verdad?— le sonrió la castaña a Serena

—Cierto dijo Rei— suspirando

—Así que aun que le roguemos Serena no podrá acompañarnos el dia de hoy— se escuchó la voz de Amy quien iba acompañada de Mina cargando las bebidas y hamburguesas

—Eso sí que es triste— dijo Mina suspirando— Pero ni modo Sere tendré que ver por ti la parte de chicos guapo que te correspondían— Sentándose a lado de Serena o mejor dicho empujándola y tomándose su jugo de paso

— ¿Oye noo?— se quejó Serena aunque demasiado tarde ya Mina se había tomado todo su jugo

—¿Entonces chicas nos veremos en Milenium Music?— Pregunto Mina entusiasmada

—Si a las 11 de la noche — corearon todas menos Serena quien se dedicó a observar hacia la calle a través de la ventana, esa noche Darién y ella tendrían una velada íntima con velas, vino y rosas, solo ellos dos, llevaba más de 15 días planeando la cena, y más de dos meses aprendiendo a cocinar con Lita para así impresionar a Darién

«Nada puede salir mal»

Todo absolutamente todo estaba preparado, desde la selección del vino, las luces bajas a causa de las velas, el asado en en el horno y ella luciendo un vestido negro que enmarcaba cada una de las curvas de su cuerpo, haciendo resaltar sus largas y estilizadas piernas y sujetando su largo cabello en un moño alto descubriendo su cuello de cisne

«Ya falta poco»

Reviso de nuevo el asado poniéndolo a calentar, mientras checaba su pequeño reloj en su muñeca izquierda, comprobando que faltaba media hora para que el llegara y suspirando aliviada de que el teléfono todavía no hubiera sonado, para matar esa media hora se dispuso a encender el televisor, aunque desistió al ver que la protagonista de su drama favorito lloraba al ser plantada por su novio en el altar. Lo menos que necesitaba era ponerse aprensiva opto por prender su laptop y revisar sus redes sociales, vio la foto de cada una de las chicas con la ropa que iban a ir vestidas, procedió a dejarles a cada una un comentario eligiéndoles su decisión, en eso se llevó 15 minutos de la media hora

«Todavía faltan 15 minutos»

Cerro su laptop, al ya no encontrar algo más en sus redes sociales y negarse a caer en su vicio de los juegos online, se estiro por completo para liberar un poco de tensión, sin embargo la espera la mataba literalmente sentía un hueco en su estómago en el cual había mariposas revoloteándole, la sensación le hizo reír al recordar la primera cita con Darién

Ese día había decidido declarársele a Andrew, era un domingo por la tarde y sabía que Andrew salía temprano así que se apresuró a llegar antes de que el saliera y esperarlo afuera de la puerta del Crown por donde los empleados salían, más por azares del destino ese día Andrew había pedido día libre siendo Darién la persona encargada de cubrirlo

Estaba tan nerviosa y asustada por lo que iba a hacer que cuando escucho que la puerta se abría, cerró los ojos extendiendo una caja de chocolates y una carta mientras exclamaba alto. —¡Por favor se mi novio! —. Al ver que Andrew no le contestaba rápido hizo que abriera sus ojos y ahí estaba frente a ella y con cara de sorpresa no Andrew si no Darién Chiba quien no podía apartar su mirada de ella. — ¿Qué haces aquí?— recuerda haberle preguntado señalándolo mientras juraría sus mejillas habían adquirido y hacia aspavientos con sus manos

—Escuchando tu declaración cabeza de chorlito. Aun que podría jurar que había escuchado que yo no era tu tipo— escucharlo la hizo palidecer ya que la había escuchado y ahora estaba ella ahí con una caja de bombones y una carta de amor frente a él, sin contar que le había pedido que fuera su novia

—pu...pues es cierto no eres mi tipo

— ¿entonces cómo es que no veo a nadie más aparte de mi aquí? cabeza de chorlito, además dudo que a la novia de Andrew le haga gracia saber que él tiene una enamorada. Pero no te pongas triste cabeza de chorlito ya que he decidido aceptar tu declaración

—Ni en mil años— fue su respuesta al escucharlo, mientras se ponía en marcha enojada dejándolo hablando solo

—Serena—escucho que la llamaba haciendo que volteara de golpe, y lista para enseñarle lo que una cabeza de chorlito enojada era capaz de hacer

— ¡¿Qué quier…!— sin embargo sus palabras fueron cortadas por los labios de Darién sobre los suyos, los cuales se sentían suaves y sus brazos la rodeaban atrayéndola hacia él, haciéndola sentir la calidez que su cuerpo emitía e inundando su olfato con su colonia, sin embargo era el movimiento de los labios era lo que no podía evitar sentir el cómo suavemente se movían sobre los de ella acariciándolo no solo con ellos si también con la punta de su lengua separándolos suavemente para poder tomar su labio inferior y succionarlo suavemente para después separarse de ella lentamente sin dejar de abrazarla

«Realmente verlo ahí con esa cara de sorpresa y con esos hermosos ojos azules bien abiertos. Me hizo pensar que era el chico más apuesto que había visto, aparte que ese era mi primer beso»

Sin dejar de sonreír ante sus recuerdos volvió a comprobar la hora

«Ya es hora»

Se levantó reacomodándose el vestido, mientras tomaba el pequeño espejito que había dejado sobre la mesita de centro de la sala comprobando que su maquillaje y peinado siguieran en su lugar dirigiéndose a la puerta con una caja de chocolates y una carta en las manos

«Ya tres años desde ese primer beso»

«Ahora no solo es mi novio, también es mi prometido desde hace seis meses»

—Serena Chiba— suspiro ante el sonido de su nombre unido al apellido de Darién, estaba tan feliz que ni siquiera checo el número del teléfono que marcaba antes de descolgar y contestar

—Serena lo siento— se escuchó al otro lado de la línea y fue lo único que escucho ya que después de escucharlas su cerebro dejo de procesar lo que estaba escuchando, en lo único que se concentraba era en repetir una y otra vez

«Serena lo siento»

Otra vez volvía a ser decepcionada y dejada de lado por la persona que se suponía debería de ser su compañero, en la cual se apoyaría o acudiría cuando ella estuviera agobiada o preocupada, sin embargo siempre estaba sola esperando, de pronto el departamento le pareció un lugar oscuro y frio, la luz de las velas que ella había prendido para dar un toque romántico ahora proyectaban sombras que se burlaban de ella

»Realmente creíste que esta vez sería diferente

»No estas cansada de siempre esperar

»Te diremos lo que pasara a continuación

»Lloraras te iras a encerrar, siempre lo haces y al final todo se solucionará con un lo siento acompañado de un beso

Las sombras proyectadas eran crueles burlándose de ella, corrió hacia su habitación para dejar de escucharlas

»Corre a encerrarte y a llorar que es lo único que te sale bien

Escucharlas era demasiado sobre todo porque no eran las sombras era ella misma la que se decía esas cosas, lo supo cuando su reflejo del espejo lo hizo al mostrarle su imagen con el maquillaje recorrido por las lágrimas que ni siquiera sabía haber soltado, su reflejo fue lo que hizo que algo dentro de ella se rompiera por dentro y ese algo era su corazón en mil pedazos tal como ella hacía con el espejo que tenía frente a ella y no fue lo único que rompería esa noche antes de marcharse y de meter en una pequeña maleta algunas mudas de ropa y poco de los que le quedaba y que no había destrozado

El departamento parecía un campo de guerra cuando Darién entro en él estaba a oscuras prácticamente todo salvo por unas velas, las cuales daban un tétrico escenario, su corazón empezó a latir desesperadamente desde el primer instante que sus ojos habían visto la escena del recibidor donde estaban esparcidos restos de los marcos para fotos

— ¡Serena!— grito corriendo rápidamente al escuchar ruidos en la recamara, temiendo lo peor abrió la puerta listo a caerle a golpes y a enfrentarse a quien o quienes estuvieran ahí. Pero se encontró con Serena haciendo una maleta con el maquillaje corrido y despeinada —Serena ¿estas bien te hicieron daño?— le pregunto al comprobar que no habia nadie y que estaban solos bajando la guardia

—No Darién no me encuentro bien— le grito —Y si me hicieron daño— rio con tristeza, mientras se llevaba las manos a la cabeza respirando hondamente, tratando de no soltar las lágrimas que había logrado controlar momentos antes de su llegada

—Los has visto—vio cómo se iba acercando a ella con los brazos extendidos y su mirada preocupada, lo que hubiera dado por que esos brazos se hubieran extendido momentos antes cuando su corazón se rompió sin embargo no se habían extendido para consolarla, la soledad fue quien la abrazo

— ¿Enserio no sabes quién me hizo daño?— le pregunto dando un paso atrás alejándose de el

—No Serena no se quien fue— contesto el tratando de acortar la distancia, aunque no lo hizo, a su mente vino una plática que a la cual había asistido de cómo ayudar y tratar como médicos a las víctimas que habían sufrido algún tipo de abuso

Vio como el refreno su impulso de acortar su distancia, acrecentando más el dolor en su pecho

«Siempre seré yo quien lo busque, el jamás lo hará»

—Es curioso que me respondas eso Darién— respondió caminando hacia la pequeña maleta, cerrándola de golpe — puesto que eres tu quien me ha hecho daño

— ¿Yo?— pregunto el pelinegro sin comprender a que se refería Serena — ¿Cómo podría hacerte daño explícame?— tratando de comprender de que lo estaba acusando Serena era obvio que el trauma sufrido era grande pero ambos lo superarían

Escucharle preguntar eso la hizo enojar, ¿Cómo era posible que no supiera lo que su indiferencia y decepciones le provocaban? Claro por que para el siempre habían sido niñerías el pasar una tarde con ella, el acompañarla a buscar sus resultados para ver si había aplicado en los exámenes de la universidad, siempre había algo más importante que sus niñerías —Ya habrá tiempo para hacer todo eso— siempre le repetía sin embargo ese tiempo nunca llegaba, si se trataba de ella de sus cosas

En cambio siempre había tiempo para programar sus clases, para ir a los lugares donde él quería ir, tal vez él no era el del problema si no ella quien todavía no estaba preparada como ella creía, para convertirse en lo que significaba ser la señora de Chiba

—Lo siento— por primera vez se atrevió a decirle las mismas palabras que él siempre le decía, sacando de su dedo anular su alianza de compromiso colocándola sobre la cama y tomando su pequeña maleta, sin decir nada más que solo esas dos palabras «Lo siento» flotando en el aire.