Aquí el final...es un final muy abierto...pero es lo único que se me ocurrió...
A Arthur solo le quedaba esperar, el japonés empeoraba cada día más. Ni las medicinas recetadas por el medico estaban surtiendo efecto, y por ello el se quedaba hasta altas horas de la madrugada cuidándolo, no quería que algo malo le sucediese a pesar de que lo "odiaba" no era un odio como tal. Solo era que ambos eran extremadamente orgullosos para decirle al otro lo que verdaderamente pensaba. Pues aunque ambos no tuviesen un sentimiento por el otro como el "amor", si se llegasen a dar el tiempo de conocerse mutuamente podrían encontrar a alguien maravilloso en el otro y que perfectamente podrían entenderse a palabras y no a gritos como normalmente lo hacían.
Eso y mucho más circulo por la cabeza del ingles, que se sentó en la cama donde el nipón pasaba todo el día desde hacia mas o menos una semana completa. Suspiro con pesadez, pasando una mano por la frente del mas bajo para comprobar si la fiebre había bajado tan solo un poco. Pero no, no fue de esa manera. Tenia las ganas de llamar otra vez al medico para que lo revisase. Pero prefirió no hacerlo. Todos concordaban de que solo era un misero resfriado y que pronto mejoraría.
No se podía concentrar en su trabajo teniendo a su "esposo" en aquella situación mas cuando estaba pensando mas de la cuenta, en su relación con el. Quería conocerlo más…algo que no hizo antes por su orgullo. Pero cuando el otro mejorase lo aria, trataría de llevarse bien con el.
Recordó la primera vez que lo vio. La rabia lo tenia inundado por que sus superiores le habían notificado que lo comprometieron con otra nación, por temas de tratados. Ese día estaba lluvioso y mientas bebía su té de las cinco en punto. Noto como uno de sus superiores entraba con otras dos personas más, resultando ser una de ella su "comprometido". Lo miro con rabia claro estaba, pero notando al azabache solo se quedo encantado por las bellas facciones del otro, que eran únicas. Aunque pudo haber pasado casi como una mujer.
Los ojos carmesí del oriental se encontraron con la suya. El chico tenía una sonrisa altanera dibujada en su rostro. Como la suya. Pero aun así, eran como el lado contrario de un reflejo. El quien tenía el cabello complemente revoloteado, cabello rubio, ojos esmeraldas con un brillo pícaro como altanero en estos y cuerpo más o menos de proporciones grandes. Se encontraba en frente de alguien de cabellos negros y lisos, ojos tan rojos como los mas preciados y costosos rubís, pero con cierta falta de brillo que lo hacia cautivante, con una baja estatura y un cuerpo "Delicado" a la vista que a pesar de la delgadez que aparentaba aun denotaba anatomía de un hombre.
Y como era de esperarse. Aquel encuentro fue todo un fracaso. Ninguno trato de llevarse bien ni mal. Solo se mantenían distantes, no podían aceptar la idea de atarse el uno al otro.
Aunque con la enfermedad del muchacho muchas cosas cambiaron en la mentalidad del ingles. Y tomándolo de la mano. Fue brindándole suaves caricias para reconfortarlo de cierta manera. Los ojos del azabache se abrían con lentitud, aunque Arthur no lo noto para nada. Kiku con su mano libre tomo la que el pirata tenia sobre la suya, ese era el primer tacto sin rastro de odio que tenían. Arthur no tenía las manos enfundadas con sus guantes de cuero negro. Y kiku por su puesto no llevaba sus blancos guantes de tela. Por lo que ambos se pudieron sentir piel contra piel. Aunque no fuese de la manera "erótica" ambos pudieron sentir la calidez ajena. Algo que les faltaba en cierto modo y mucho.
-¿Me estuvo cuidando todo este tiempo?- le pregunto en japonés en un tono bajo, apoyándose en el pecho del pirata.
-¿Tu que crees? No iba a permitir que te murieses aquí- le contesto sonando cortante. Aunque estaba feliz de poderle hablar, tras mucho tiempo que este estuvo inconsciente
-Ya veo…- y las que eso se escuchara ambos quedaron en completo silencio.
-¿Estas bien?- le consulto el ingles tratando de romper el silencio
-Creo…no lo se…-
-Has estado durmiendo hace mucho…creí que nunca despertarías…-
-Lamento quitarle su tiempo, no se volverá a repetir-
-No fue una molestia- le dijo el de ojos verdes recibiendo una clara negativa del japonés. Arthur lo tomo del brazo y pegando sus labios con los del otro. Se unieron en un corto y casto beso. Siendo separados solo para tomar un poco de aire y profundizarlo. Ninguno de los dos sabía lo que estaban haciendo. Solo se dejaban llevar por la sensación. Aunque ninguno de los dos pareció recordar que el de cabellos negros estaba enfermo.
Al separarse ninguno se atrevió a hablar…solo a sentir…los corazones de ambos latían con prisa…era claro que el tiempo logro que algo se cunara dentro de ellos…algo tan dulce como el amor…aunque costaría mucho que ambos lo recosiesen como tal…el tiempo de la misma manera en que los quiso hacer sentir una atracción por el otro. Ara que se convierta en algo mas… y quizás los una de otra manera más sincera y no por mera obligación.
