Capitulo 3.- Paso a paso…
Tenia demasiado dolor en mi interior, sentirme rechazada era algo que no me dejaba pensar con claridad, en esos momentos solo pensaba con terminar con todo lo que me tenia rota por dentro…Tenia que ponerle fin a todo eso de una vez por todas…Me puse de pie sintiéndome débil, era como si todo estuviera girando a mi alrededor, tomé mi maleta y la abrí con desesperación, solo había una forma de acabar con aquella sensación. La vida de mi padre seria perfecta si yo no existiera así lo dijo él en alguna ocasión…Nunca olvidaría esas palabras y en esos momentos resonaban en mi cabeza.
Solo tenía ocho años, recuerdo que regrese del colegio demasiado entusiasmada por mis notas, tal vez si yo era buena y me portaba bien mi padre podría sentirse orgulloso…En cuanto el coche se detuvo frente a la mansión salí corriendo al despacho donde mi padre trabajaba, estaba ilusionada con la idea de que estaría feliz, al fin estaba retomando su vida y poco a poco fue dejando de beber, escuche su voz y sonreí entusiasmada…Hablaba con mi abuelo, la puerta estaba entre abierta y me disponía a entrar cuando una crueles palabras me congelaron en mi sitio "Si al menos Candy no se pareciera tanto a su madre todo sería perfecto ya que no me la recordaría cada mañana" Salí corriendo arrugando el papel en mis manos, se que ninguno de los dos noto mi presencia…Yo no era buena…Yo solo hacía daño…Yo no debería de existir.
Estaba deprimida y además molesta, las pastillas que esa mañana había puesto en mi maleta no estaban en su interior, estaba segura de haberlas puesto dentro. La puerta se abrió de súbdito, eso me hizo dar un pequeño salto, mi mirada se cruzo por un segundo con la de Patty, en seguida sus ojos se posaron sobre las prendas tiradas por doquier. No sabía que decir ni cómo actuar así que comencé a levantar mi ropa poniéndola nuevamente dentro de la maleta.
-¿Buscabas tus pastillas?-Pregunto ella sentándose en la cama contigua
-¿Cómo sabes que tenía unas pastillas? ¿Acaso tú las tomaste?-dije poniéndome frente a ella
-Claro que no-sonrió rodando los ojos-Aun no sabes nada…de nada. Deberías de hablar con Rose
-¿A qué te refieres?-dije algo molesta
-¿Sabes Candy? No eres tan importante-dijo poniéndose de pie-Aquí todos hemos tenido una vida dura, quizá Tom tenga razón y solo eres una princesa mimada…
-¡Tú no sabes nada!-grite tomándola por los hombros-¡ Tú no me conoces!...Así que no te metas conmigo…
-Tienes razón, no te conozco…Ni tú a nosotros…Suerte con tu intento de suicidio ¡Cobarde!-me dijo en la cara antes de soltarse de mi agarre y salir de la habitación cerrando la puerta.
En cuanto salió las risas se escucharon con más fuerza en el interior de la habitación, me pregunte si probablemente se reían de mi fracaso en quitarme la vida, eso sería demasiado cruel. Extrañamente mi llanto ceso y empecé a meter mis pertenencias en la maleta ¡Como deseaba escuchar a Annie! Cuando logre tranquilizarme un poco moje mi rostro y me observe en el pequeño espejo, solo podía ver mi rostro pero eso era suficiente. Mi aspecto me asusto un poco…a pesar de solo tener diecisiete años parecía una chica mayor. Pensé en las palabras de Patty, tenía razón era solo una cobarde pero me sentía tan pequeña y sola, era egoísta al solo pensar en mí, no sabía nada de aquellos chicos y en vez de tratar de socializar con ellos estaba encerrada en mi misma. Me recosté en la cama, no tenía fuerzas para nada mas y hecha un ovillo llore hasta que el sueño me venció.
O o O
Los días que siguieron las cosas no habían cambiado mucho los chicos me mantenían alejada y aunque eso me afectaba en sobremanera nunca les mostré lo que sucedía en mi interior, trataba de estar tranquila y sonreír de vez en cuando Rose me decía algún cumplido. Estar con Rose de vez en cuando me daba tranquilidad, escuchar sus palabras siempre llenas de cariño y ternura, imaginaba que así sería mi madre de estar viva. En ocasiones le ayudaba en la cocina, estar con ella era mejor que estar sola en la habitación escuchando a los demás jóvenes interactuar, me dolía muchísimo no poder compartir con ellos, por las noches lloraba en silencio preguntándome el porqué de su actitud. Esa tarde ayudaba a Rose a poner en orden la alacena, reíamos como si fuéramos grandes amigas fue cuando Elisa entro colgada del brazo de Albert pude ver en su mirada que no le agradaba que estuviera compartiendo con la mujer.
Albert saludo con esa sonrisa que hacía que todo temblara dentro de mí, pero su mirada estaba vacía y ausente. Elisa le murmuro algo en el oído y la abrazo con más fuerza, después de conversar brevemente con Rose ambos salieron abrazados. Me quede inmóvil en mi sitio, aún no comprendía demasiadas cosas y tenía muchas preguntas en mi interior pero no sabía cómo comenzar a formularlas, tenía miedo de ser rechazada también por los adultos de la casa. Pero aquella noche en que intente quitarme la vida Patty me dijo que quizá debería de hablar, me cuestione si Rose tenía que ver con la desaparición de mis pastillas, fue en ese instante que ella me miro fijamente y frunció el ceño.
-¿Estás segura que no hay nada que quieras decirme?-pregunto con voz dulce
-Rose…-vacile un poco antes de hablar
-Todo está bien cariño-me sonrió sentándose en un banco y me hizo una seña para que me sentara junto a ella
-¿ Sabes lo que sucedió hace algunos días?-le dije sintiendo una enorme vergüenza
-Lo sé Candy y sé que te preguntas que fue de tus pastillas-asentí sin dejar de verla, ella soltó un suspiro y continuo-Las tome yo…
-Pero..¿Cómo es qué?-susurre
-¿Cómo es que lo supe?-se encogió de hombros-Sucede más a menudo de lo que debería
-No entiendo-moví la cabeza con confusión
-Algún día lo entenderás-fue su respuesta-No ahora, pero te prometo que algún día lo harás
-Rose, los chicos…
-Eso también lo sé Candy-me tomo de la mano-Pero te aseguro que las cosas seria diferentes si cambias un poco esa actitud tan hostil que tienes, todos ellos han pasado por cosas terribles
-¿Puedo preguntarte algo?-le dije y ella asintió-¿Tom es realmente tu hijo?
-Dios tiene una forma muy peculiar de hacer las cosas y respondiendo a tu pregunta te diré que Tom es mi hijo por elección
-Lo imaginaba-suspire
-Cuando Tom llego a nuestras vidas fue maravilloso-continuo con entusiasmo-Es un hijo obediente que me hace sentir orgullosa cada día, no ha sido fácil después de todo él…
-Rose-la voz del señor Johnson no la dejo continuar-Cariño…es casi la hora de la cena
-Oh lo había olvidado-dijo poniéndose de pie-Creo que se me fue el tiempo conversando con Candy
Sonreímos mientras le ayudaba a preparar los alimentos, esa noche me sentí como si estuviera en un hogar, ese que jamás tuve. El amor de aquel matrimonio era evidente en cada acción y en cada palabra y sobre todo se respetaban y comprendían. Cenamos como siempre pero esta vez algo cambio, traté de integrarme en las conversaciones y me sentí satisfecha al escuchar que los chicos respondían a mis bromas. Aún tenía muchas dudad, anhelaba conocer mucho mas de aquellas personas que estaban a mi lado, sobre todo de Albert que estaba demasiado callado y distante, se retiro a su habitación antes que todos los demás, por supuesto Elisa se puso de pie y salieron tomados de la mano, después ella regreso un poco melancólica pero nadie pregunto nada.
O o O
La semana había transcurrido casi sin que me diera cuenta, por fortuna la clínica había estado muy concurrida así que no quedaba tiempo para nada más. La actitud de los chicos había cambiado un poco ¿O quizá fui yo quien cambio de actitud? No podría decir que éramos grandes amigos, ya que en ese momento aun Patty estaba un poco distante pero al menos ya me saludaban por las mañanas, Albert era el único que se marchaba en cuanto llegaba yo.
Acudí cada tarde a las reuniones de esa forma esperaba conocer un poco mas de los chicos, pero no decían nada de su pasado, todos decían de cómo habían despertado esa mañana y como habían finalizado su día. Yo hablaba poco pero aquella tarde decidí que era el tiempo de que pudiera hablar de lo que me llevo a ese sitio, creo que debía hacerlo, no por ellos si no por mí, no tuve tiempo de hablarlo con ninguno de mis amigos…Mucho menos con mi padre, él solo se dedico a ser juez de lo que hice…Con la voz entrecortada les informe que quería compartir con ellos algo, creo que se sorprendieron demasiado, todos se quedaron en silencio. Albert bajo la mirada y tomo la mano de Elisa que tenía los ojos fijos en mi con curiosidad. No puedo negar que estaba nerviosa hace a penas algunos días esos chicos me odiaban pero ahora me estaban aceptando poco a poco y no quería arruinarlo, no quería que pensaran que era una mala persona aunque probablemente lo era. Rose me miro con ternura y me dio el valor que requería para empezar a hablar
-La verdad no se por donde comenzar…Esto no es nada fácil para mí, pero creo que si no saco lo que llevo dentro me derrumbare…Hice algo terrible o al menos creo que lo hice la realidad es que todo está demasiado confuso en mi mente-mire a Rose buscando su aprobación para continuar, ella me sonrió-Incendie una choza abandonada…Al menos creo que lo estaba…Bueno eso es lo que creo que hice, bebí demasiado esa noche, nunca antes lo había hecho, pensé que podía manejarlo pero no fue así..No recuerdo nada…Solo las voces de mis amigos incitándome a hacerlo…Pero ni siquiera recuerdo haberme puesto de pie…-Los chicos me miraban con curiosidad y Albert salió de aquel salón me quede sin palabras y me puse a llorar, él debería de haber pensado que era una personas sin corazón
-Debes continuar Candy-dijo con seriedad el señor Johnson
-No recuerdo más nada-llore y Rose se aproximo a abrazarme-Quisiera recordar que sucedió exactamente pero no puedo…
-Chicos-dijo George poniéndose de pie-Mañana continuaremos, es hora de prepararnos para la cena
Ellos salieron sin pronunciar ninguna palabra, Elisa me miro como si me estuviera reprochando algo, no sé qué fue lo que dije que hizo que Albert abandonara el lugar, pero fue evidente que me tenia recelo al igual que todos ellos, me abrace aun mas a Rose y llore desconsoladamente, ésa noche no tuve el valor suficiente de estar en la mesa frente a ellos, así que me quede en mi habitación. Me acosté en la cama y abrace la almohada, intente recordar un poco más de lo que ocurrió esa noche, pero solo venían a mi mente imágenes de mis amigos sonriendo y cantando frente a la fogata, después todo era confuso. Tocaron la puerta y me sobresalte, en seguida entro Patty con una bandeja, sobre ella estaba un sándwich y un vaso de leche, la mire sin levantarme y ella se sentó a mi lado.
-Debes de comer algo-me dijo-Castigarte no cambiara lo sucedido
-Lo sé Patty, pero me siento muy mal…Albert…
-Albert está bien, en este momento esta sonriendo y bromeando con todos en el comedor
-¿Qué fue lo que sucedió?-pregunte incorporándome
-No se-dijo poniéndose de pie-Quizá deberías preguntarle
-No puedo, no sé como acercarme a él…
-Solo hazlo, te llevaras una enorme sorpresa…
-¿A qué te refieres?-pregunte
-Ya lo descubrirás, ahora debo irme-salió a toda prisa dejándome con demasiadas interrogantes
O o O
Esa mañana el sol estaba radiante era domingo, por alguna razón me sentía muy animada, abrí mi maleta y el suéter color lavanda de mi madre fue lo primero que vi, sonreí mientas lo abrazaba a mi pecho ¡Como me hacía falta! Era día de ir a la Iglesia pero la noche anterior había solicitado permiso a Rose de no asistir, ella accedió después de vacilar un poco. Me senté en la orilla de la cama, todos se habían ido y reinaba el silencio en aquel lugar. Saqué las prendas de mi maleta y observe por unos instantes aquella ropa, quizá Daisy tenía razón parecía ropa de muchacho pero aun no estaba lista para cambiarla por una mas femenina, la única vez que utilice algo hecho para una señorita las cosas no salieron muy bien.
Me estremecí al recordar aquella noche, una fiesta…Una ilusión y miles de sueños hechos pedazos pero sobre todo dolor; un dolor muy profundo que aun podía sentirse con la misma intensidad de ayer…Desilusión y burlas…Fue esa noche que mi vida cambio y me llevo a ser la chica que era ahora…No es que antes de aquella noche fuera buena, no…Tenia demasiadas cicatrices en mi alma pero esa noche en especial fue algo que detono los peores sentimientos en mi…Esa noche me hizo perder toda esperanza de que podía llegar a ser una persona mejor.
Mi felicidad de minutos antes desapareció, todo deseo de querer lucir diferente se esfumo, no deseaba que ningún chico me viera linda, yo no era bonita ¿Por qué pensé en cambiar mi forma de vestir?¿Por Albert? Probablemente era como todos los demás…Tal vez detrás de aquella apariencia bondadosa se escondía un chico como aquel que quería olvidar, después de todo no lo conocía lo suficiente. Me sentí llena de ira contra mi misma por mis estúpidos pensamientos…Ojos azules ¡Albert tenía los ojos azules! Un escalofrió recorrió mi espina dorsal…Tome una blusa holgada y un pantalón deportivo que me quedaba enorme, pero me sentía segura, de eso se trataba, sujeté mi pelo y salí dispuesta a dar un paseo, necesitaba correr…Necesitaba sacar todo aquello que me estaba quemando por dentro y entonces escuche esa melodía que me hacía sentir tantas cosas, me detuve sin poder evitarlo.
Nuevamente era Albert quien tocaba el violín, se suponía que estaba sola en aquel lugar, así que verlo allí en medio del recibidor hizo que sorprendiera. Mi corazón se encogió al ver como una lagrima resbalaba por su mejilla, sin darme cuenta empecé a caminar hacia él, era como si estuviera hipnotizada por aquellas dulces notas. El abrió los ojos lo que me indico que se dio cuenta que no estaba solo y lentamente fue dejando de tocar…Me detuve a unos pasos de él quien ya guardaba el violín en su estuche, quería decirle algo pero no podía hacerlo, algo me lo impedía.
-Así que no fuiste a la Iglesia, Candy-dijo sin mirarme
-Quería hacer un poco de ejercicio-respondí
-Bien, el ejercicio es muy importante-dijo con ironía
-No más que Dios, lo sé…Pero él y yo aun no hacemos las paces
-Bueno Princesa….algún día las harán
-¿Por qué me llamaste Princesa?-dije molesta
-Lo siento, es así como los chicos te llaman-se encogió de hombros pero seguía con la mirada fija en el suelo
-Casi había olvidado lo mucho que me odian-murmure
-No te odian…solo les cuesta abrirse a los demás
-¿Y tú Albert? ¿Me odias?-pregunte molesta al sentirme ignorada
-No Candy…yo…
-Que tonta soy-dije con enojo-No me odias, simplemente no soy lo suficiente para que te tomes la molestia…
-Eso no es cierto-dijo volviéndose hacia mi
-Claro que lo es ¡Ni si quiera te dignas a verme!-grite-Soy tan poca cosa que simplemente me ignoras…
-Eso no es cierto Candy…La verdad es que tu sola presencia me pone nervioso y no sé qué decir…Que puedo oler tu perfume cuando te acercas…Quisiera verte Candy…No sabes cómo deseo poder hacerlo…Pero no puedo…
Aquello me dejo helada ¡No podía ser cierto! En esos momentos me sentí la peor de las personas. Albert no me ignoraba..Albert no sentía desprecio por mi …La verdad estaba frente a mí y nunca pude verla, entonces descubrí que la única ciega ante lo evidente había sido yo.
Continuara…
Chicas sé que me van a odiar, pero les pido por favor que sigan leyendo y muchas gracias por hacerlo…Espero sus tomatazos
Mis especiales agradecimientos a :
Nadia,Corner,Chicuelita,Marisol,Quevivacandy,CandyFan,LizvetArdray,Cami Love,Liovana,Reyna,Guest, KTPfanfic ,Friditas,Lu de Andrew,Mfloresmayes,Casey,Admiradora,Josie y Laila.
¡Saludos y muchas bendiciones!
