Hola, aquí estoy otra vez con un nuevo capítulo para ustedes. Espero que disfrutéis mucho de él, y de nuevo quiero agradecer a Hadley Doleto, por su ayuda y comprensión, a la vez de por su paciencia. Y también a Lord UchihaOMG, por sus comentario y apoyo, a mi correctora particular, Irene, y a Adrián. Gracias por apoyarme.
–¡Monstruo!, ¡no te acerques a mí!– le advirtió aterrada y exhausta, a la vez que lanzaba otra patada. Ahsoka volvió a esquivarla, nadie entendía esa reacción. Anakin estalló en carcajadas, por un ataque de risa, e incluso, Obi-Wan estaba perplejo por el enfrentamiento. La togruta, bastante molesta por el ataque, además de por la burla de su maestro, empujó a su atacante con la fuerza, provocando que se golpeara contra la pared de la nave, cayendo de nuevo inconsciente.
–¡Ahsoka! ten cuidado– advirtió Kenobi, acercándose a Aisha, tomando sus constante vitales –Se puede saber que te ocurre, no notaste que estaba asustada. Los jedis no se dejan llevar por sus emociones, joven aprendiz– explicó, a la vez que cogía a la chica y la sacaba de allí. Lo que faltaba era que, después haberla rescatado, muriera por un golpe tonto.
–Pero, ¿Qué?, si empezó ella a atacarme como una loca– contestó, haciendo gestos con los brazos y la boca, como símbolo de disgustó. –Y deje ya de reírse, si le llega a ver su cara de Hutt, seguro que le da un infarto.
Mientras Ahsoka y Anakin seguían discutiendo, Obi-Wan dejaba a Aisha en uno de los pequeños departamentos con camas. La acomodó en la cama y salió de allí sin volver la vista. Pasaron varias horas, hasta que la terrestre volvió en sí, estaba ya cansada de los golpes y los desmayos, cansada no, harta y cabreada, quería que eso terminará ya.
Se sentó en la cama, y se llevó las manos a la cara, notaba la presencia de tres personas, el monstruo que la golpeó antes y dos personas más. No la habían matado ni atado, así que o la querían con vida o no sabía lo que pretendían con ella. Tenía nauseas, estaba muy mareada y estresada, todo era demasiado irreal. "–¿Será un sueño?– pensó mientras se pellizcaba el brazo, le dolió, demostrando que todo era real. Dio un largo suspiro.
Después de soltar hasta la última gota de oxigeno de sus pulmones se levantó, lista para enfrentarse a lo incierto. La puerta se abrió sola, y siguió avanzando, hasta que encontró a los tres individuos en una sala de control de un avión, pensaba ella. Por lo que podía ver por la ventana era de noche, aunque una noche muy extraña.
Los tres jedis se quedaron mirándola, esperando una reacción, pero la joven parecía algo aturdida. El mayor se levantó para darle la bienvenida.
–Buenas señorita, ¿Cómo se encuentra? –le preguntó Kenobi, mientras sonreí levemente. Aisha lo miraba perpleja, en todo este rato no se había fijado, pero estaban hablando todos en el idioma que le enseñó Hitoro, estuvo años practicándolo y siempre lo utilizaban en sus clases.
–¿Dónde estoy? ¿Qué está ocurriendo?– Aisha obvio la pregunta del jedi y formuló las suyas. Obi-Wan miró a sus compañeros, y se acercó un poco más a la joven.
–Disculpa mis modales, yo soy el maestro Obi-Wan Kenobi, el joven que pilota es Anakin Skywalker, y la joven togruta, a la que atacaste antes, es Ahsoka Tano, su aprendiz. Ahora mismo nos dirigimos hacía Coruscant y…
–¿Coruscant? No había oído hablar nunca de ella… ¿qué ciudad de Tailandia es?– dijo con curiosidad. Estaba confundida, pensaba que conocía bien la geografía de Tailandia, la había estudiado, pero no le sonaba nada ese nombre. Anakin y Ahsoka se rieron por lo bajo, ante la ignorancia de la chica.
–Obi-Wan, creó que el golpe la ha dejado sin memoria– se burlaba Skywalker, pero Kenobi la miraba fijamente, realmente notaba que ella estaba desorientada.
–Joven, Coruscant no es una ciudad, es un planeta. Al que nos dirigimos en esta nave estelar… – Aisha dejó de escuchar la explicación de jedi, estaba atónita.
"–No puede ser cierto–" era el único pensamiento que tenía en mente. Entonces su mirada cambio, y se llevó las manos a las caderas, demostrando que estaba muy molesta, por no decir iracunda.
–Se acabo la broma, ya podéis sacar la cámara oculta de donde quiera que este– ordenó muy seria y airada. Los jedis se quedaron mirándola extrañados, y sin articular palabra, no tenían ni idea de lo que hablaban. Sin embargo, Aisha se impacientaba porque quería que la broma terminara ya.
–Que sí que se acabo maestro, ¡su lección de autocontrol me está tocando las narices ya!. Ya puede salir, de una jodida vez, y decirle a esta gente disfrazada, como los de las películas de George Lucas, que se vayan– amenazó con violencia, a la vez que daba un fuerte golpe en el suelo con el pie.
–Maestro, ¿de qué está hablando?– susurró Ashoka a Anakin, este solo se encogió de hombros y mirándola como si no entendiera nada. Nadie entendía nada.
–¡Iros a joder a otra persona! ¡Estoy ya cansada de eso!– gritó, a la vez que golpeaba una de las paredes de la nave. –Primero veo como la mujer esa mata a mi maestro, y ahora, vosotros, me decís que vamos a otro planeta… pensáis que soy gilipollas. No existe esa tecnología todavía en la Tierra– dijo sarcásticamente y de muy malas formas, gesticulando y haciendo gestos muy exagerados. Seguía en sus treces, quería que esa broma de mal gusto acabara.
–Sentimos mucho tu perdida, pero no estamos aquí para engañarte. No sabemos de qué planeta nos estás hablando –le explicó Obi-Wan con calma, intentado tranquilizar a la joven. –Sin embargo, haremos todo lo posible para ayudarte a volver– terminó de hablar, tendiéndole una mano a la joven. Esta se había quedado en paralizada, su cerebro era incapaz de procesar esa información. No podía digerir ese cambio de paradigma, donde existía vida, más inteligente, fuera de su planeta.
–Claro que sí. No te preocupes, mi maestro y yo, que somos los mejores jedis de la galaxia, te ayudaremos a volver a tu casa. Y, lo del ataque de antes, no te preocupes que ya está olvidado, jeje– intentaba animarla Ahsoka, podía notar sus sentimientos negativos. Aisha los miró, y su expresión se volvió vacía.
–Yo… solo quiero recuperar mi vida– suspiró saliendo de la habitación cabizbaja, nunca le había gustado que la vieran llorar, se escondería. Por un instante, creyó que todo había sido una broma, que su maestro seguía vivo y saldría de algún sitio riéndose de ella. ¡Qué equivocada estaba! Que estúpida había sido.
Volvió a la habitación donde se despertó, y allí sentándose contra la pared, hundió su cara en sus rodillas y lloró.
Mientras, en el puente de mandos, el maestro Kenobi había impedido que la aprediz fuera tras la chica, mejor no presionarla más.
–Ahsoka, déjala. Ahora mismo solo querrá estar sola. No con una desconocida– le explicó Anakin, a la vez que recordaba cómo se sintió él al presenciar la muerte de su madre, Shmi, a manos de los moradores de las arenas en Tatooine. Entendía perfectamente sus emociones, y suspirando siguió pilotando la nave. La togruta se quedó callada sin rechistar por primera vez en su vida.
–Palabras muy sabias, Anakin. Todavía no me creo lo rápido que has madurado, algún día estarás a la altura del Maestro Yoda– dijo orgullo de su antiguo aprendiz, con una pequeña sonrisa que asomaba por sus labios.
–Pensaba que ya lo estaba– respondió con orgullo añadiendo una carcajada. Ahsoka sonrió ante la broma.
–Solo en tu imaginación, como siempre– contestó con burla Obi-Wan. La aprendiz de Skywalker soltó una carcajada, a lo que el maestro respondió con una media sonrisa.
Estaban, a poco menos de una hora de aterrizar en Corruscant, y todavía no conocían el nombre de la joven, así que Kenobi decidió ir a interrogar a la joven.
Aisha seguía en la misma posición, hacía rato que dejó de llorar, pero no se movió ni un centímetro, a la vez que intentaba analizar todo lo sucedido. Obi-Wan la observaba desde la puerta, tenía que pensar cómo iba a empezar la conversación con la joven, notaba su sufrimiento y frustración por la pérdida de su maestro.
–¿Qué quiere?– preguntó la chica tajante, sin ni siquiera mirarlo. Le incomodaba su presencia, cualquier presencia, no quería compañía.
–Vengo a hablar… más bien a interrogarte. Necesitamos saber más información sobre la muerte de tú maestro, y todo lo respecto a Ventress– le explicó, sentándose en la cama, al lado de ella, que seguía en el suelo. Entonces, al pronunciar ese nombre lo miró, sabía de sobra que ese nombre pertenecía a la asesina de su maestro. No le apetecía hablar, pero cooperaría.
–Dispare las preguntas– dijo, mirándole fijamente a los ojos, una mirada penetrante. Obi-Wan sonrió.
–Bien, en primer lugar me gustaría saber tu nombre. Tú ya nos conoces, pero nosotros a ti no. Y, también, saber el nombre de tu maestro– preguntó, sin intentar agobiarla demasiado. Aisha suspiró, desconfiaba de ellos, aunque a lo mejor podían ser de ayuda.
–Yo me llamo… Hachisu. Y el nombre de mi maestro era Suzuki Hiroto, dudo que le conociera, era de la Tierra, al igual que yo– mintió, prefería guardar su nombre en secreto. Kenobi asintió, una vez conoció a un caballero jedi llamado Hiroto, pero hacía año que no se sabía nada él.
–Señorita Hachisu, por lo que veo en tu planeta se habla el Estandar Galáctico, esto nos facilitará las comunicaciones, y…
–No, en mi planeta hay cerca de 6.000 lenguas, pero entre ellas no se encuentra la hablada ahora. Este idioma me lo enseño mi maestro– le aclaró interrumpiéndole de forma brusca.
–¡Qué curioso!, seguro que es un planeta muy peculiar. Me gustaría que me hablaras un poco más de tu maestro y de vuestro entrenamiento– formuló nuevamente otra pregunta. Estaba realmente interesado en saber más de ellos, y sobre todo, porque los sith se habían tomado tantas molestias por capturarla. Aisha cada vez sospechaba más, no le gustaba que le preguntaran sobre su privacidad.
–Creo que eso no tiene ninguna relevancia para usted. No sé porque piensa que tiene derecho a interrogarme sobre mi vida privada. Creo que la charla se ha acabado, señor Kenobi, por favor déjeme sola –le pidió, a la vez que volvía a esconder la cabeza entre sus piernas. Obi-Wan se quedó en silenció un instante sin moverse. No debería haber sido tan directo.
–Mi maestro también fue asesinado ante mis ojos. Se lo doloroso y frustrante que puede llegar a ser, pero…
–¡Que se largue!, me da igual que me comprenda, o haya sufrido como yo, ¡eso no me consuela! Ni tampoco me importa su vida, así como debería respetar la mía – le gritó ofuscada, no le quería empatizar con nadie, solo causaba dolor.
Sin quererlo, y al hacer un movimiento brusco con la mano, para señalar a la puerta, todo lo que había en la mesa cayó al suelo como por arte de magia. Estaba muy irritada, y en ese estado era mucho más inestable, en cuanto al control de la fuerza.
–Discúlpame, en otro momento volveremos a retomar la conversación, y por cierto, en breve aterrizaremos– se disculpó al notar una pequeña perturbación, y a la vez que salía de la estancia, no por miedo, sino por no hacer sentir peor a la joven.
Aisha, volvió a sentarse en el suelo, pero esta vez para meditar, no quería volver a enloquecer, pero se vengaría de todos ellos.
Continuará…
Espero que os haya gustado, y si no, invitados e invitadas estáis a destriparme. Espero poder leer vuestras opiniones. Besos a todos y gracias.
