Disclaimer: Ningún personaje de Yu Gi Oh me pertenece. Todo es propiedad de Kazuki Takahashi.

Resumen de Capítulo 1: El negocio más difícil de la vida de Seto Kaiba: Encontrar una novia falsa.


Encuentro Fortuito

-.-How we met-.-

(Hemos intentado por todas las formas de conocer más sobre lo sucedido en la Mansión Kaiba. Sin embargo, hasta el personal de servicio mantienen la boca muy cerrada con respecto a los últimos acontecimientos. Se nos hace curioso que cierta señorita se encuentre paseando libremente por los alrededores. ¿Es algún tipo de truco para desviar nuestra atención? Todavía no hemos identificado de quién podría tratarse, pero seguiremos informando)

"Celebrities Domino's Magazine"

-.-.-.-.-.-.-.-

Se paseó dos veces más por las grandes ventanas principales de su oficina. La vista del majestuoso jardín daba la sensación de tranquilidad por unos cuantos minutos. Él no tenía la costumbre de quedarse más del tiempo necesario admirando algo sin sentido. Por ahora, era lo único verde que le apetecía ver.

Aún con varias responsabilidades que cumplir, se volvió hacia la silla principal que estaba acomodada cerca del escritorio de fina madera. Lo movió de su lugar e hizo espacio suficiente para sentarse cómodamente. Movió sus piernas en sintonía con las ruedas adheridas al asiento, y fijó la atención hacia las palabras que venían desde el otro lado de la oficina. Había olvidado el monólogo de la otra persona.

—Seto… ¿me estás escuchando?

—Sí. Continúa —respondió automáticamente.

—Bueno. Como seguía diciendo…

Se desconectó otra vez de lo que decía su hermano menor. Simplemente no entendía como alguien de sus capacidades, se sentaría a leer revistas banales, que sólo lucraba relatando la vida de los demás. ¿Alguien sería capaz de leer semejantes sandeces? Nunca había sido de su agrado y mucho menos le tomaba importancia… hasta ahora.

Mokuba se había empeñado en leer la mencionada revista, con el objetivo de buscar todo lo relacionado a la familia Kaiba y los medios. Y para lograr aquello, no se le había ocurrido mejor idea, que hacerle seguimiento exhaustivo a la publicista de imagen, señalando que no le convencía su labor.

Sabía que era importante la imagen de la familia, sobretodo la suya de CEO exitoso, pero aún no encontraba la relación que existía con la inútil revista que lo obligaba a escuchar. Tenía mejores asuntos que resolver y algunos millones que adicionar a la cuenta de la corporación, sobretodo con un contrato en particular, que debía armar para la presentación del día de mañana. Eso le sonaba mucho mejor.

—Y eso fue todo.

—Al fin.

—Escuchaste lo seguros que están con sólo ver una mujer desconocida paseando por ahí —rió Mokuba al momento de mostrarle la foto interna de la revista que acaba de leer.

—¿Esa fue tu estupenda idea? —cuestionó sarcástico al cruzarse de brazos y dar vuelta en la silla, hacia el lado opuesto del menor Kaiba.

—No te escuche sugerir algo mejor —increpó rápidamente. Se levantó de su sitio e hizo un estiramiento de brazos para desperezarse—. Además, es muy conveniente para el otro asunto que todavía no has cerrado.

—Olvídalo. No es mi tipo.

—Seto —se quejó—. Ninguna mujer es tu tipo.

—Entonces, sólo asegúrate que se vaya por donde vino.

—Si hiciera eso —añadió. Se acercó al lado de la silla donde se acomodaba el mayor Kaiba—, agravaría más el problema.

—Esos problemas que mencionas, no existen.

—Seto ¿cuántos años tienes ya? ¿Treinta? ¿Cuarenta?

—Veinticinco —corrigió con expresión seria y mirara muy fija.

—¿Estás seguro? Pareces de más.

—Mokuba —pronunció en forma de advertencia—. Déjate de rodeos porque tengo muchas cosas que hacer.

—A eso iba. —Hizo un ademán para continuar—. Si por algún motivo nos deshiciéramos de la muchacha, que debe estar por algún lado, confirmaríamos que es una treta para llamar su atención.

—¿Y no lo es?

—Bueno si —dijo pensativo—, pero ellos no lo saben. De todas maneras, es para engañarlos y no piensen que su CEO estrella, nunca ha tenido alguna relación. ¿Sabes lo que piensan de los hombres solteros que pasan los veinte?

Se rió fríamente ante el comentario de su hermano. ¿Cómo no hacerlo? Personalmente tenía una enorme responsabilidad al manejar la corporación, para así llevar el apellido Kaiba en todo el mundo, y a Mokuba se le ocurría pensar que los paparazzis iban a hablar mal de él por no tener una mujer a su lado. Menuda tontería. Tenía que poner remedio a este asunto.

—¿Que estás haciendo? —preguntó Mokuba al verlo sacar su teléfono.

—Llamando a la empresa de luz para administrar el consumo. Muchas horas de televisión te están obligando a decir estupideces.

—¡Seto! Lo digo en serio.

—Yo también. Tengo suficiente pensando en lo que presentaré mañana, y estos asuntos de publicidad, me tienen sin cuidado —explicó seriamente al guardar el teléfono—. Así que si me disculpas...

—Entonces —dijo Mokuba al detener la silla para evitar que lo ignorara—, eso quiere decir que ya encontraste solución a lo del señor Harris y el contrato.

—Hasta el último detalle —contestó seguro.

—¿Piensas hacer uso de mi idea y decir, que la pelirroja que pasea por ahí, es tu novia?

—No tengo que llegar a esos extremos.

—Sabes que te arrepentirás. El magnate Harris es fanático del concepto 'familia'.

—Mokuba, creo que ya cumplí la suficiente edad para que un adolescente me haga advertencias. —Hizo fuerza para girar su silla—. Así que puedes ir deshaciéndote de la... mujer que da mal aspecto a la casa.

—En verdad, espero que no te arrepientas de lo que haces —intervino algo contrariado al escuchar tales palabras.

—No creo que lo haga.

—Si cambias de idea, por muy mínima que sea la probabilidad, házmelo saber para estar preparado —comentó seguro al dirigirse hacia la puerta antes que, literalmente, lo botaran de la oficina.

—Veremos Mokuba. —Le quitó importancia a lo que decía. Estaba muy ocupado alistando su portátil para seguir con sus responsabilidades.

—Por lo menos no es una negativa.

Escuchó fuerte y claro el sonido de la puerta al cerrarse. Lo único que le faltaba era que el dolor de cabeza se agudizara más, y fuera él mismo, quien tomara cartas en el asunto con respecto a lo discutido. ¿Hacer que una mujer se pasee por la casa con el título inexistente de ser su novia? Era una idea que sólo se le ocurriría a Mokuba. No necesitaba llegar a tales extremos para generar su tan aclamada publicidad y así hacerles creer que tenía una relación. Era una vil tontería.

Lo que valía la pena rescatar de todo esto, era que había tenido la suficiente cordura para hacerle frente con tal sugerencia. ¿En qué momento Mokuba había crecido tanto? Aún podía recordar que le pedía ayuda para todo y colaboraba con él en cuestiones de la empresa, que sólo estaban a su alcance. Sin embargo, entrometerse en su vida personal o su imagen, ya era un tema completamente diferente. Confiaba en él ciegamente y no pensaba que pudiera hacer algo malo, pero tenía que mantenerlo vigilado, porque su espíritu joven y audaz, combinado con la lógica Kaiba, podría ser una combinación mortal.

Demonios… ¿Acaso sonaba como un hombre de cuarenta años?

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Mokuba cerró la puerta en un golpe seco. Empuñó fuertemente la cerradura con sus manos. Sentía que la sangre no circulaba por los nudillos, que casi se ponían blancos por la presión. La cabeza fue la primera con chocar suavemente con la superficie de madera. Sus labios se apretaron para no formular palabra alguna. Pero… una sonrisa se le escapó del rostro.

—¿Se encuentra bien señor Mokuba?

El susodicho levantó la cabeza al escuchar su nombre, y vio que la mucama principal, que era ya una persona mayor, mostraba una cara de preocupación. Dejó de cogerse de la cerradura, y se dirigió hacia ella con expresión seria. Agradecía porque la oficina de su hermano estuviera construida con paredes contra ruidos.

—¿Paso algo malo?

—¡Somos un éxito Marie!

La mucama terminó por ser alzada centímetros del suelo por los brazos del adolescente, que había cambiado la cara seria, por una de completa felicidad. Tenía la suficiente fuerza para hacerla girar un par de veces en el aire, y en una risotada la dejó por fin al nivel del suelo.

—¡Señor Mokuba! —exclamó la mucama al arreglarse la tela que llevaba sobre la cabeza para hacer la limpieza.

—Lo siento Marie, fue la emoción —se disculpó inmediatamente en una sonrisa inocente.

—D-Debe tener mucho cuidado, el señor Kaiba…

—No sospecha nada. Sabía que esto iba a funcionar.

—De todas maneras es propicio que vaya con cuidado —sugirió en una mirada afligida.

—No te preocupes. —Hizo un ademán con la mano para calmarla—. Además, necesito que me hagas un favor.

—Diga usted.

—Necesito que te deshagas… ¡Que estoy diciendo! —se corrigió en una risa—. Ve a felicitar a Kami, que desintegre esa peluca roja y que vuelva a sus quehaceres.

—¿Ya no necesita que se pasee por los jardines?

—Tendremos una visita pronto —señaló—. Ya cumplió con el objetivo y se merece una buena recompensa.

—Como usted diga.

—Recuerda Marie, esto debe quedar sólo entre tú y yo.

—Sí, señor Mokuba.

Al ver que la mucama se iba por el pasillo para cumplir con su última orden. Se dio la libertad de festejar su triunfo en un ademán de sus brazos como si se tratara de un jugador de futbol que anotó el gol ganador. Él tenía en sus manos el control de todas las cámaras de seguridad de la casa, así que lo último que le preocupaba era que Seto lo encontrara moviéndose como maniático en medio del pasillo.

Era un maldito genio. Todo había salido a la perfección. La pelirroja que se paseaba por el jardín, siempre había sido una de las mucamas más jóvenes, disfrazada como modelo para que diera la impresión de ser la novia de Seto Kaiba. Medio mundo pensaría que su hermano siempre estuvo con una mujer en casa.

Había matado cuatro pájaros de un sólo tiro.

La corporación generaría una imagen más dinámica en los medios, ya que… ¿A quién le gustaba un CEO seco y sin relación amorosa vigente? Ya era hora de reivindicar a su querido hermano… aunque él no estuviera de acuerdo.

La alianza con el señor Harris sería de gran ayuda para los planes personales de ambos a través del mejoramiento del lente óptico de los nuevos discos, los cuales, abrirían un gran mercado en Norteamérica. El Magnate tenía a su disposición la mejor tecnología y sería el as ganador para entrar al mercado. Sin embargo, para un amante de los lazos familiares, la descendencia Kaiba siempre formó parte vital de la alianza. ¿Cómo iba a generar descendencia si nunca había tenido novia?

Es ahí donde encajaba el plan armado con ayuda de la mucama mayor de la mansión, que llevaba muchos años trabajando para ellos, y era de su entera confianza. Sólo tendrían que hacer a un lado a la mucama joven vestida de modelo que supuestamente era la novia de su hermano, y pondrían a alguien más como reemplazo, esperando que no se notara la diferencia. Sólo que ese reemplazo no sería fácil, porque no simplemente quería ser parte de un plan malévolo de usar a alguien en contra de su voluntad. Necesitaba que su hermano se enamorara de ese alguien…

¡Diablos! Ahí estaba la parte difícil… Él sólo generaría la oportunidad, y rezaría para que Seto no lo estropeara. Porque si bien pareciera el hombre perfecto en todo, cuando se trataba de cuestiones sentimentales… mejor ni pensaba.

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Se dirigió hacia el inicio de los frondosos árboles que marcaban el inicio de la casa. Podía identificar que se encontraba muy cerca al ver la gran separación que había entre la calle, y la propiedad privada. Movió sus dedos en señal de ansiedad al empezar a dudar si seguir con su camino o no. Todavía no entendía que hacía ahí. Casi nunca pasaba por ese lugar porque estaba lejos de casa y no se trataba de ningún atajo.

Respiró profundo al caminar como si contara los pasos para llegar a la propiedad. Aceptaba que estaba nerviosa, pero no entendía porque tenía que estar en un nivel tan alto en esta ocasión. No sabía si la palabra adecuada sería aterrada, pero era algo muy cercano. La mansión se levantaba imponente en medio de la calle que le producía un sentimiento de inferioridad a cualquiera que no estuviera tan familiarizado con el ambiente…. Vivía en un pequeño departamento con su hermano y futura cuñada. ¡Era obvio que no estaba acostumbrada a esto!

Una vez más… ¿Qué hacia ella ahí?... Cierto. Devolverle a Mokuba los libros que le prestó hace una semana. Ya los había terminado de leer, así que mientras más rápido los devolviera, sería mejor. No quería que se dañaran por tanto desorden en casa. Le había parecido muy interesante que compartieran el mismo gusto por la ficción. La diferencia de un par de años de edad, no podía generar tanta distancia entre ambos. El menor Mokuba si era una persona con la que se podía charlar muy a gusto y perder la noción del tiempo. Muy diferente como lo sería… como lo sería Seto Kaiba.

De sólo pensar en aquel nombre, hacía que la determinación por dirigirse a la puerta, se viniera abajo. Esperaba no encontrárselo y salir pacíficamente después de devolver los libros. Conocía de sus costumbres autoritarias según la prensa y las revistas que se publicaban de él, además, de los adjetivos no tan amigables que profería su hermano. No tenía recuerdos muy cercanos de él, pero por lo que escuchaba y veía, todavía no podía entender porque mostraba aquella detestable actitud, siendo él tan… atractivo.

¡Dios! Ya estaba desvariando.

—¿Qué se le ofrece, señorita?

Sintió que le ardía el rostro al escuchar una voz desconocida cerca de ella. Tanto así que casi dio un salto atrás por la sorpresa. Se hubiera avergonzado más, si dejaba caer los libros que tenía fuertemente abrazados contra el pecho. Identificó inmediatamente a una señora mayor que estaba vestida con un atuendo de mucama, y era muy notorio el logo de 'KC' que llevaba en el cuello de la blusa. No necesitaba alguna otra prueba para saber que trabajaba ahí.

—B-Buenas tardes —saludó inmediatamente—. Disculpe la intromisión. Es que… busco a Mokuba.

—¿El señor Mokuba Kaiba?

—Sí, quería devolverle unos libros —dijo al sentir la mirada cálida de la mucama—. Pensé que se encontraría en casa.

—Si está en casa. Aunque no dejó dicho nada.

—Siento llegar sin avisar, pero no tenía como comunicarme con él.

—¿Y usted es…?

—Serenity… Serenity Wheeler.

Agradecía que estuviera vestida más formal de lo usual, ya que había salido desde las clases de pintura que dictaba en el orfanato de Domino. Parte de la ayuda social que era indispensable para su perfil académico. No pensó que el vestido purpura corto y la chaqueta que llevaba fueran del todo malos, pero la mirada de la mucama se paseaba de arriba abajo haciendo su inspección. La hizo tragar nerviosa.

—¡Oh! Señorita Wheeler, que falta de tacto la mía. —Se alertó la mucama—. En unos segundos la hago pasar.

Notó como apretaba el logo que llevaba en el cuello de la blusa de trabajo. Dio unas indicaciones hacia alguien desconocido para que le abrieran la reja principal, aludiendo que tenían visita. Rápidamente la gran reja dejó el espacio necesario para que pasaran. Claro. Si estaba en la mansión Kaiba, era lógico que la tecnología fuera de lo más avanzada, incluso para el personal de servicio.

—Si no es mucha molestia —interrumpió—. Tal vez, usted pueda entregárselo.

—Será mejor que se los entregue personalmente —dijo sonriente—. Seguramente el señor Mokuba la atenderá y se animará verla. ¿Es su amiga, verdad?

—Sí. Bueno… —asintió nerviosa. Acomodó unos cabellos detrás de la oreja, mientras caminaba al lado de la señora que le mostraba por dónde ir—. Nos encontramos en el orfanato de Domino donde doy clases de pintura. Me sorprendió que sea de la parte administrativa, digo, el soporte financiero.

—Es que los hermanos Kaiba tienen tantas responsabilidades y algunas aficiones que no muchos conocen.

—Seguro. —Sonrió ante la aclaración. La mucama parecía muy animada al decirle aquellos detalles de la familia a la que servía.

—Soy Marie, llevo muchos años trabajando aquí, y puedo dar fe de ello.

—Sí, fue… una sorpresa. —Se quedó sin palabras.

Se había encontrado con Mokuba en medio de las oficinas administrativas mientras daba órdenes acerca de los fondos del orfanato, y en verdad se sorprendió al saber que la familia Kaiba era el principal soporte financiero. ¿Eso quería decir que el mayor Kaiba estaba involucrado? Le parecía una respuesta que saltaba a simple vista, pero no lo creería hasta que no lo viera.

—Tome asiento que en unos segundos bajará el señor Mokuba.

—Gracias.

Siguió el recorrido de la mucama que se perdía entre los pasillos. Por fin pudo afinar mejor la vista e identificar donde se encontraba. Era un enorme espacio que ocupaba la sala, muy bien ordenada y decorada con diferentes antigüedades que seguramente costaban una fortuna. Una mansión gigantesca en la cual los hermanos Kaiba podían presumir sus ganancias.

Se sentó cómodamente en un sillón con vista a la gran ventana hacia el jardín, y se sintió rara. A su alrededor no había ninguna fotografía, ninguna vela aromática que pudiera desprender algún sentimiento de hogar, seguramente hasta las partículas de polvo eran inexistentes.

Tal vez vivían personas en la casa, pero… se sentía vacía…

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¡Diablos! Cómo odiaba esas estúpidas gafas.

Se quitó el objeto que llevaba sobre la nariz y lo arrojó lejos de su presencia, hacia cualquier parte del suelo. No le importaba si se quebraban o si se perdían en las confinidades de la oficina. Maldijo entre dientes las consecuencias que trajeron consigo tantos años de usar computadoras a lo largo de su vida. Aunque el doctor dijera que era para que la vista descansara, no le veía la utilidad si sólo molestaban a la hora de hacer su trabajo.

Necesitaba unas horas más para terminar el tan ansiado proyecto, y por lo menos podría dormir antes de las tres de la mañana. Con eso habría cerrado un capítulo más de la conquista de Norteamérica y su nombre sonaría hasta los países más escondidos del globo. Discos de duelo próximamente mejorado, más parques de atracciones, la última tecnología en empresa a nivel corporativo… ¿Qué seguía? ¿Derrota inminente de Maximillian Pegasus, Bill Gates® y Apple®?

Podía oler la victoria muy cerca.

Lo único que generaba cierta probabilidad de preocupación era lo que estaba haciendo ahora. Tenía que planear muy bien cómo se ganaría al magnate Harris para que pudieran firmar la alianza sin que le pidiera algo a cambio. La única familia que tenía era Mokuba, y no tenía pensado adicionar a alguien extraño dentro de ella. Así que la opción de decirle que su supuesta novia estaba en la mansión, era nula. Ya pensaría en algo para explicarle que por motivos de fuerza mayor rompieron la relación, y que obviara las noticias de los periódicos, que sólo publicaban tonterías.

Gracias a Mokuba.

Fue cuando el teléfono, que estaba sobre el escritorio, comenzó a sonar. Los pensamientos anteriores se dispersaron completamente por el desagradable sonido, que sólo podía significar una cosa: alguien había hecho mal su trabajo. Bien... tal vez le subiría el ánimo despedir a alguien. Así que contestó.

—Habla Kaiba.

Señor Kaiba. Disculpe que lo moleste.

—Debiste pensarlo antes de llamar —habló cortante al llevar sus dedos hasta la sien.

Lo siento señor… es que surgió un… ligero inconveniente en la oficina.

—¿Con respecto a qué? —Alzó una ceja por la voz nerviosa de la secretaria en turno, que en estos momentos no recordaba el nombre.

Quiero decir… con su agenda, señor.

En su mente se formó lo señal de alerta ante tales palabras. El llevaba una agenda referencial en su portátil, pero estaba con el tiempo límite que no lo había inspeccionado al detalle, y pasó la responsabilidad a la secretaria… que ahora lo llamaba para reportar un error. Hasta esa parte si logró entender.

Verá, llamó el señor Harris hace unos momentos, y aseguró que tenía una reunión con usted… pero no lo llevo registrado, porque al parecer hubo un error en las fechas… lo cual es demasiado extraño, ya sabe que siempre tengo todo actualizado y…

—¿Y el punto es…? —continuó con el tono de molestia. No entendía muy bien por donde iba la conversación, pero al sólo escuchar el apellido Harris, hizo que empezara a empuñar muy fuerte el teléfono.

Que el señor Harris está dirigiéndose hacia mansión Kaiba, en compañía de su esposa, para ver temas personales y de negocios.

Hubo una larga pausa al tratar de descifrar algún acertijo escondido en el trabalenguas que le mencionaba la secretaria. ¿Había escuchado bien? ¿Se trataba de alguna nueva broma de Mokuba? Porque en verdad era de muy mal gusto. Aunque por un momento pensó que se reiría por tratar de confiar algo tan simple a una persona que no había dado la talla.

¿Señor Kaiba?

—Señorita…

Kagami, señor.

—Señorita Kagami. —El tono de voz pasó de seria a gélida en cuestión de segundos, y añadió—: Será mejor que deje todo ordenado, y mañana a primera hora, va directamente a recursos humanos para recoger su liquidación.

¿Me está… despidiendo, señor?

—Tómelo como guste.

Lanzó el teléfono encajándolo directamente en su lugar. Suspiró aliviado al sentirse ligeramente mejor por haber dejado un puesto libre a alguien que haría un mejor trabajo. No recordaba el nombre de su ahora antigua secretaria, lo cual quería decir que sólo había estado tres meses en el puesto. Ella podría tomar sus vacaciones de un año completo con la liquidación y lo dejaría con la responsabilidad de manejar sus asuntos solo. Una vez más.

¡Maldito Harris! ¿Cómo se le ocurría venir a su propia a casa a tratar temas de negocios? Estaba empezando a odiar su faceta de esposo modelo, que mandaría la alianza al bote de la basura. ¡Si tan sólo pudiera! Pero no debía, tenía que seguir con el plan, para así cumplir sus objetivos.

Volvió la vista hacia su computadora, y empezó a buscar entre los diversos documentos. Entró a un ícono que pertenecía a las cámaras de seguridad de la casa, y así fácilmente salir en busca de su hermano. Sin embargo, lo único que obtuvo fue oscuridad. Más de mil cámaras en la casa y ni siquiera podía ver algo.

Maldiciendo entre dientes por las desventajas de tener una casa tan grande, comenzó su viaje desde la silla hasta llegar a la puerta. Con el teléfono móvil en la mano, se dirigió por el pasillo para buscar a Mokuba. Tenía poco tiempo para idear algo rápido.

Seto. ¿Qué sucede?

—Mokuba. ¿Dónde demonios te metiste? —preguntó apresuradamente al bajar las escaleras principales.

Estoy en la casa, no tienes por qué llamar.

—¿Por qué bloqueaste las cámaras de seguridad?

Bueno… están en mantenimiento.

—No hay ningún mantenimiento programado.

Planeaba programarlo.

—Olvídalo —cortó—, ¿dónde demonios estás?"

En… el jardín de atrás.

—Quédate ahí.

No le dio tiempo para que respondiera porque cortó la comunicación. Se concentró en tratar de mantener la compostura, y que el personal de servicio no lo viera desesperado en su propia casa.

¿Cuánto cobraría un buen arquitecto para hacerle pasajes secretos y llegar rápido donde quería?

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Estaba absorta y maravillada por el tamaño de la casa. Era como un duro golpe a la pobreza el tener el privilegio de estar ahí, en medio de tanta opulencia. Cada rincón de la mansión tenía un decorado exclusivo, que si se ponía a calcular, seguramente el costo de un jarrón suizo, podría ser suficiente para no tener que trabajar el resto de su vida. Sin embargo, esos pensamientos sólo quedarían para ella, porque se había percatado que cada esquina tenía una cámara de seguridad. ¿Estarían acechándola hasta el más mínimo movimiento para que no se llevara nada? La presencia de aquellos objetivos, la habían hecho sentir algo incómoda.

Lo único que agradecía era la compañía de Mokuba que parecía muy entusiasta en mostrarle la casa. Lo había seguido muy de cerca y escuchándolo nombrar cada habitación, para así evitar que se perdiera en medio de los pasillos, que eran muy parecidos unos de otros. Desde el comienzo había entendido el mensaje que gracias al trabajo duro y mucho esfuerzo, habían conseguido lo que tenían ahora, pero le parecía un poco… exagerado el concepto. De todas maneras era una buena oportunidad para conocer algo más de la familia Kaiba sin haberlo querido. Se preguntaba cuántas personas podrían decir que estuvieron en una mansión. Era agradable saber que era una de las pocas.

—Serenity, ¿puedo preguntarte algo?

Su atención se centró en el menor Kaiba que se había detenido de improvisto en el jardín, y la miraba muy interesado. Así que sonriéndole asintió.

—Claro Mokuba.

—Mmm… ¿qué piensas de mi hermano?

—¿C-Cómo? —preguntó sorprendida.

—No es por nada en particular —repuso Mokuba al rascarse la sien y notar que la pregunta salió demasiado directa—. Sólo quería escuchar tu opinión.

—Bueno, pienso que… —comenzó a decir nerviosa al jugar de forma insegura con los dedos—, no sé qué decir… no lo conozco lo suficiente para dar una opinión.

—¿Ni siquiera cuando le pediste tratamiento para Bakura?

—Eso fue hace tantos años —respondió nerviosa y sintiendo que le comenzaba a arder las mejillas a causa del interrogatorio específico—. No fue una presentación muy formal que digamos, y en ese momento fue algo de emergencia que no medí lo que dije, y…

—Está bien, no era necesario que lo explicaras, sólo quería saber tu opinión —menciono inocente.

—Si bueno… me refería a que no lo conozco mucho para decirlo… pero de lo que me has expresado de él, parece una persona muy ocupada, y todo lo que ha desarrollado, es más que obvio que… sabe lo que quiere lograr… es decir… —Estaba muy nerviosa para poder resumir todas las ideas en la mente.

—¿Entonces no piensas que podría ser ególatra, autosuficiente o engreído?

—No quería decirlo de esa manera.

—¿Entonces si lo piensas?

—¡Claro que no! —Se desesperó al caer en cuenta que había cometido una imprudencia. Aquellos eran los adjetivos que usaba su hermano, aunque en un menor calibre—. Me pareció… encantador cuando me dijiste que era el soporte financiero en el orfanato de Domino.

Se tapó la boca con ambas manos al notar que había utilizado una palabra que no pensó pronunciar en toda su vida. Sobretodo, si se refería a Seto Kaiba y ser encantador en la misma oración.

—¿Te parece encantador?

—Mobuka, me haces confundir —se quejó de inmediato al sentir que la sangre corría más rápido.

—Sólo quise una respuesta. —Sonrió inocente.

El timbre de un teléfono fue el sonido esperanzador que alivió toda su ansiedad. Respiró profundo al notar como Mokuba contestaba el móvil como si estuviera hablando en secreto con alguien, pero en verdad no le tomaría importancia. Lo único que necesitaba era usar ese tiempo para recordar que sandeces había expresado sin darse cuenta. Sólo estuvo en esa casa casi una hora, y había cometido más tontería que en una semana. Tal vez ya era hora de despedirse.

—Serenity.

—¿Que sucede? —preguntó de repente al volver a la realidad y darse cuenta que el tiempo de la llamada duro poco.

—Estaba pensando, ¿te gustaron los libros que te presté?

—Sí. Fueron muy interesantes —contestó alegre haciendo lo posible por regresar a su anterior actitud—. En otra ocasión…

—¿No deseas que te preste alguno más? —le interrumpió.

—Si tienes alguno otro, seguramente nos veremos esta temporada que estaré por las clases de pintura.

—Cierto, es una buena idea —dijo sonriente—. ¿Te gustó el recorrido de la casa?

—Fue muy… detallado —comentó algo incomodada porque no sabía cómo decirle que ya se tenía que ir.

—Espero que pronto puedas visitarme. No recibimos mucho movimiento en días de semana por las responsabilidades, pero serás bienvenida en cualquier momento.

—Gracias Mokuba. Por ahora, creo que será mejor que…

—¿Así das mantenimiento a las cámara de seguridad?

Se detuvo de lo que planeaba decir porque escuchó una voz proveniente de la parte posterior del jardín. Una voz fuerte y varonil que había escuchado antes. Todos los adjetivos que había pronunciado acerca de él, desfilaron en línea recta en medio de su mente. La hizo sonrojarse de inmediato porque ahora no sabría cómo salir de esta situación.

—¡Seto!

Mokuba fue el primero en voltear hacia la presencia que había ingresado al jardín. Por inercia siguió el entusiasmo del menor Kaiba e hizo lo mismo. Con sólo girar ambos pies, su cabeza se alzó unos centímetros para chocar directamente con la mirada seria del mismísimo Seto Kaiba. Contuvo la respiración.

—Tenemos visita.

—Me di cuenta.

Estaba justamente como lo recordaba. Podía notar que cuando salía por televisión, las presentadoras de noticias no bromeaban al decir que… era sumamente atractivo… ¡Serenity despierta! Estaban hablando del hombre más ególatra que podía existir. La arrogancia que desprendía su porte competía con el azul de sus ojos, lo alto e imponente que se veía, la elegancia de su vestir, y…

¡Necesitaba salir de ahí urgentemente!

—Seguramente ya se han visto en algún momento, hace mucho tiempo —comenzó a decir Mokuba con una sonrisa de oreja a oreja por el encuentro. Todo bien cronometrado.

—No lo creo.

—Seto, ni siquiera has hecho el esfuerzo de recordar.

—¿Eso importa?

—Mokuba, no es necesario que… —expresó insegura ante lo sucedido, pero fue interrumpida por el menor.

—De todas maneras los presento, para que puedan saludarse por lo menos —explicó Mokuba rápidamente al ponerse al lado de Serenity y se integre al grupo—. Ella es Serenity… Wheeler. —El apellido fue expresado en un voz más baja.

El apocalipsis se acercaba.

Se formó un silencio sepulcral después de la presentación formal, que le generó un escalofrío en todo el cuerpo. No pudo desviar la mirada de los ojos azules que parecían decirle algo. Dispuesta a ignorar la sensación de opresión proveniente de aquellos ojos, abrió la boca para poder saludarlo como debía; sin embargo, la voz masculina y cortante, despertó en ella ese choque de emociones que la hicieron apretar los puños a ambos lados del vestido.

—¿Wheeler? ¿Trajiste a una Wheeler a mi casa? —respondió Kaiba con la voz más indignante que pudo encontrar mientras se cruzaba de brazos.

—¡Seto! —advirtió Mokuba—, ella no es Joey. Además, técnicamente debería ser Kawai, ya que sus padres están divorciados.

—Eso me tiene sin cuidado. Puedo identificar a un Wheeler a kilómetros de distancia.

—¿Así? Pues me pareció que ni recordabas —acusó inmediatamente Mokuba al tratar de aligerar el ambiente.

—Lo decía en sentido figurado. Además, aquí no hay asuntos que tratar con…

—¡Deténganse!

Sólo tenía la intención de detener la discusión que nació entre los hermanos, pero no pensó que la voz le saldría casi en un grito. El mundo de fotografías instantáneas de bellos recuerdos que se formó en la mente, se hizo pedazos frente a sus ojos. No pudo ignorar el tono de voz del mayor Kaiba, y sintió que la sangre se arremolinaba en sus venas.

—Lo siento Serenity, fue…

—No tienes por qué disculparte Mokuba —interrumpió la muchacha en voz tenue que pretendía convertirse en segura, o por lo menos lo intentó—. Creo que escuché suficiente para saber… que no soy bienvenida.

—Lo entendió muy bien Mokuba —comentó Kaiba en una mueca afectada por las palabras de la muchacha que parecía echar humo por sus anteriores comentarios.

—Seto, era mi invitada, por si no te fijaste.

—Y usted señor Kaiba… —Se dirigió enteramente al hombre alto que parecía intimidarla sólo con su tamaño. Casi la hace olvidar lo que iba a decir—. Veo que el tiempo no ha hecho que cambie su actitud con los demás. Es una lástima.

—¿Es en serio Wheeler? —dijo en una risa sarcástica y malévola por el adjetivo que planeaba usar contra él—. Mejor porque no buscamos el perfil de Joey Wheeler y vemos si con el paso del tiempo ha dejado de ser un perdedor.

—Joey no es ningún perdedor —defendió inmediatamente—. Es el mejor hermano que alguien puede tener y vive dignamente día a día.

—No confundas el término 'digno' con 'patéticamente resignado' —agregó seriamente al ver por dónde iba la indirecta.

—Una millonaria cuenta bancaria no asegura nada, hay cuestiones más importantes, que el dinero no puede comprar.

—Nunca lo podrán descubrir ustedes mismos Wheeler.

—Es de sabios aprender de otros, así que me basta con sólo verlo. —Se cruzó de brazos al terminar su frase que esperaba fuera la última. Estaba tan nerviosa por lo que decía, que en cualquier momento empezaría a temblar. Era una mezcla de ansiedad, ira y miedo.

—¿Creen que pueda opinar? —intervino Mokuba al querer callar a alguien antes que empezaran con otra ronda de opiniones.

—Tal vez Wheeler quiere ofrecerte la palabra, ya que al parecer, desea darnos una cátedra de humildad, que no es más que una máscara para ocultar la incapacidad.

—¡Eso no es verdad!

—Seto. Creo que me conoces muy bien, y no es necesario mencionarte que la que se llevaría el punto el día de hoy, sería Serenity.

—Hasta Mokuba es más sensato —dijo confiada Serenity antes que empezaran con otra discusión, en el que no quería verse inmiscuida.

—¡Suficiente! —exclamó Kaiba. Estaba perdiendo el objetivo por el cual vino hasta el jardín a buscarlo—. Tengo cosas que discutir contigo —dijo hacia Mokuba, para después dirigirse a Serenity, y añadió—: si Wheeler nos permite, la puerta de salida está por la cocina.

—Conozco por donde es, no necesito ayuda —agregó oportunamente al despedirse de Mokuba—. Nos vemos otro día, gracias por el recorrido.

—No te preocupes Serenity, siento los inconvenientes.

Hizo todo lo posible por caminar derecho y evitar la mirada inquisidora de Seto Kaiba, que parecía traspasarla. Hubiera seguido adelante por el pasillo de la izquierda que era la que más recordaba, pero una vez más escuchó la voz fuerte y clara de Kaiba.

—Dije la cocina Wheeler, por la puerta de servicio.

—¡Bien! —se indignó—. Hasta aquellas personas son mucho más amigables que usted—bufó y cambió de dirección hacia el pasillo derecho.

Sentía que el cualquier momento arrojaría fuego por la boca. Nadie en su vida le había dicho cosas tan inhumanas. Ella era una persona pacífica y dulce todo el tiempo, pero cuando intentaban buscar la parte Wheeler que llevaba escondida en algún lugar, la encontraban. No tenía mucho que decir en una discusión, pero si lo necesario para defenderse.

¿Cómo se atrevía a insultar a su hermano? Seto Kaiba no había cambiado nada. Por más que pasaran veinte años, sería igual de cascarrabias, arrogante, ególatra y… a todo esto… ¿Dónde estaba la cocina?

Estaba segura que había visto ese jarrón más de dos veces…

-Continuará-

N/A: Para los que no conocían de esta pareja, ya que es más leída dentro del Fandom de Yu-Gi-Oh en inglés, les presento el "Silentshipping" Seto Kaiba x Serenity Wheeler. Después de mucha lectura, hice un recuento de todas las historias que me gustaría leer de ellos, y fabrique mi propia linea de fics sobre ellos, este es uno de ellos.

Espero que hayan disfrutado de este capítulo.

¡Gracias por leer!