Nota: Ningún personaje de Yu Gi Oh me pertenece. Todo es propiedad de Kazuki Takahashi.

Resumen de Capítulo 2: Seto Kaiba no esperó ser engañado por algún asociado, y mucho menos por Mokuba.


-.-Little Trick-.-

(¡O por dios! Sabíamos de buenas fuentes que el magnate Harris se encontraba en la ciudad, pero nunca que visitaría a nuestro CEO preferido en su mansión. No es extraño que lleguen personajes importantes para realizar negocios con él, pero estoy segura, que hasta el Primer Ministro estaría celoso de tal visita. Sólo esperemos que dicha información nos sirva para descubrir la identidad de la misteriosa muchacha)

"Celebrities Domino's Magazine"

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¿Cómo se atrevía Wheeler a hablarle de esa manera en su propia casa?

Aunque el porte y la expresión calculadora de siempre tardaban en irse, sobretodo cuando alguien más estaba junto a él, no podía negar el sentimiento de ira incontenible que surgía dentro de él. Aborrecía que le hablaran de esa manera como si quisieran enseñarle algo que no supiera, y peor aún, si se trataba de una Wheeler que no había aprendido su lugar en la sociedad. ¿Qué podría saber Wheeler más que él? Seguramente las estupideces de la amistad que le hacían recordar a Téa Gardner. Era un doler la cabeza.

Había tenido suficiente con saber que Mokuba la trajo para combatir el aburrimiento, tomando ventaja de la desconexión de las cámaras de seguridad. Estaba comenzando a pensar que era un plan fraguado para que saliera de su oficina, y peor aún, que se atreviera a jugar con su humor al encontrarlo con la… pequeña bruja Wheeler, que le había alzado la voz. No tenía otro adjetivo.

—Se puede saber de qué te ríes —cuestionó molesto hacia Mokuba.

—Perdón. Es que fue muy gracioso.

—Yo no veo la razón.

—Porque no tienes sentido del humor. —Le hizo un ademán para que se calmara—. Serenity es una buena persona y no se merecía que la trataras de esa manera.

—Los Wheeler siempre serán indeseados en esta casa —contestó fríamente—. Piensa dos veces antes de dejarlos pasar.

—Eso no está en discusión, además me hizo mucha gracia como te respondió.

—Es prueba necesaria pasa saber lo emocionales que pueden ser.

—¿Y eso, no te podría parecer interesante?

—Me conoces lo suficiente para hacer ese tipo de preguntas. —Frunció el ceño—. Está muy fuera de lugar.

—No lo sé. ¿No me pareció que la mirabas mucho? ¿No llamó tu atención ni siquiera un poco?

Alzó una ceja por el tipo de cuestionamientos que recibía de Mokuba. Le pareció de lo más extraño que quisiera saber su opinión, la cual no existía, acerca de la menor Wheeler. No estaba en su plan de vida conocer si tenía el cabello largo, si sus ojos marrones parecían encenderse por la ira a causa de sus comentarios, o si su menuda presencia no iba acorde con las grandes palabras que salieron por los rosados labios… ¡Qué demonios le sucedía!

—¡No me interesa! —vociferó al llevar sus dedos a la sien por las ideas estúpidas que se formaban en la mente.

—Yo sólo preguntaba.

—¿Estás tramando algo?

—Nada, en absoluto —se defendió inmediatamente—. ¿No viniste a decirme algo importante? —Cambió la dirección de la conversación.

—Cierto —suspiró profundo—, es Harris. Está de camino a la mansión en compañía de su esposa.

—Ah, Seto. No sabía que tuvieras sentido del humor —rió Mokuba al escuchar las palabras sin emoción—. ¡Qué buena broma!

—¿Piensas que tengo tiempo para bromear? —cuestionó ofendido.

—¿Harris? ¿Llegando sin avisar? Es extraño —agregó escéptico—. La secretaría no dejaría pasar ese detalle.

—Ya no hay secretaria. Ese error le costó su trabajo.

—¡Seto! No tienes por qué ser tan drástico.

—¿Qué querías? ¿Qué la felicite por su trabajo? —dijo sarcástico al volver los dedos a su sien. Era la inminente migraña—. Por su incompetencia, tenemos que soportar las teorías de ese anciano al enumerar sus cinco hijos, y su esposa que no hace más que hablar mil palabras por minuto.

—Hey. Tu quisiste hacer negocios con él.

—Creo que ambos tenemos el mismo objetivo, así que no me vengas con tonterías. —Hizo una mueca de desagrado—. Toda la alianza va muy bien, sino fuera por la estupidez de seguir con la línea de sangre. ¿A quién podría ocurrírsele? ¿Piensa que está en el siglo XVI?

—¿Qué tiene de malo? Me parece buena idea seguir con la descendencia.

—Mokuba —advirtió en un tono amenazador—. Estás extremadamente cerca de perder parte de la herencia.

—Yo sólo digo —se defendió con una sonrisa nerviosa—. ¿Entonces qué harás?

Se detuvo a pensar por unos momentos cual será el siguiente paso, lo cual agravaba el dolor de cabeza. Necesitaba aspirinas urgentemente. Estaba seguro que en cualquier momento le llegaría el dolor fulminante que acabaría con su vida, a causa de tal solicitud de ese hombre. ¿No podía mejor venderle su empresa y asunto arreglado? Tal vez eso funcionaba cuando tenía dieciséis años, pero ahora con tantas restricciones de leyes, y como no, la ética que manejaba ese magnate, sería muy tedioso hacerlo. Sólo necesitaba más tiempo para pensar en algo mejor. Podría plantearse nuevamente… lo que sugirió Mokuba, sobre la pelirroja. ¡No había forma alguna!

—Creo que se me viene una idea —intervino el menor Kaiba al poner un dedo en el aire—. ¡Oh claro! La muchacha que estuvo por aquí.

—Deja esa tontería para otro momento. —No lo dejó terminar porque sabía que se refería a la muchacha desconocida que le mandó botar.

—No te preocupes, que ya no se podrá, porque me pediste explícitamente que me deshiciera de ella, así que desapareció de nuestras vidas.

—Felizmente. No es una opción en este momento.

—Disculpen, señores.

Ambos Kaiba voltearon ante la voz del sirviente que se apersonaba junto a ellos. Haciendo una reverencia formal antes ellos, se dispuso a hablar.

—Para informales que el señor Harris está ingresando a la mansión con su auto, ya que al parecer dejó dicho que tenía una reunión con usted, señor Kaiba.

—Ohh vaya Seto, si era verdad —rió Mokuba—, ¿me preguntó yo qué idea se te ocurre?

—Hágalo pasar hacia la sala principal —mandó al sirviente, que en una reverencia final, salió. Después se dirigió a Mokuba, y añadió—: Y con respecto a tu opción, fácilmente diré que murió la relación, que nunca existió de todos modos. Tendrá que aceptar el trato.

—¡Oh, qué lástima! Las ganancias proyectadas serán mucho menores de lo que pensaba —agregó de lo más inocente al llevar los ojos hacia sus uñas—. Creo que deberé repasar los indicadores nuevamente.

¡Maldita sea! Tenía razón. Había repasado cada número, y era cierto, que si no cumplía con ese tonto requisito, las ganancias futuras serían mucho menores. La restricción a la tecnología estipulado en dicha alianza, le impedirían ser parte del área de investigación y desarrollo de la compañía, donde estaba el corazón de los nuevos discos de duelo. Tantos años de experiencia, le daban al anciano algo de ventaja.

—Te oí mencionar que la tal muchacha, ya está a quien sabe cuántos kilómetros de distancia —comentó enfadado al abrirse a tal posibilidad.

—Tal vez sí, pero… —Se detuvo Mokuba al sacar su celular en el cual pasó sus dedos varias veces como si se tratara de una computadora—. Hay todavía una posibilidad muy abierta.

—¿A qué te refieres?

—Es fácil Seto —dijo en una sonrisa al ponerle el celular a la altura de los ojos—. La carta ganadora que dejaste ir, se encuentra aún perdida en la casa.

—Estás sugiriendo a… ¿Wheeler?

—¡Exacto! Estoy seguro que si se lo pides, nos ayudará encantada.

—¡Es la peor idea que escuchado en mi vida! —vociferó.

—Es la única salida.

—¡Olvídala!

Se crispó totalmente al escuchar semejante idea. ¿Pedirle a Wheeler que se haga pasar por la novia que nunca tuvo? ¡Menuda estupidez! Era definitivamente la peor sugerencia que haya podido escuchar en todos estos años de vida. ¿Qué seguiría después? ¿Qué Wheeler le pidiera una fortuna por sus servicios de actuación? O peor aún… ¿Qué Harris le pidiera que tuviera hijos antes que firmara la alianza?

A causa del enojo no pudo conectar muy bien por qué la bruja Wheeler seguía en la casa, pero ahora que la veía en el celular, buscando una salida de la mansión y tratando de ubicarse en el espacio, pudo identificar mejor la treta. Mejor dicho, había descubierto al causante de que estuviera buscado una solución rápida, a punto de aceptar la peor oferta: Mokuba.

—Bueno, mientras decides que hacer —dijo en una sonrisa al devolver el celular al bolsillo—. Iré a saludar a Harris, creo que lo veo llegar.

—No sabes en qué problema te has metido —amenazó en la voz más siniestra que pudo encontrar.

—Yo sólo intento ayudar, y puedes agradecer que Serenity siga todavía en la casa.

—Sabes muy bien que vas a pagar por esto.

—Seto. Fue una coincidencia.

—Más te vale que sea así.

—¿Entonces lo harás? Digo… —Trató de disimular—. Para prepararme, y empezar a crear una historia.

—No quiero escucharte.

Cortándolo tajantemente, le dio completamente la espalda para empezar a caminar en dirección contraria al jardín. Si mal no recordaba la imagen de la cámara de seguridad, Wheeler debería estar perdida por el pasillo donde se encontraba la biblioteca. ¿Por qué justamente tenía que ser una Wheeler? Le partía los nervios el sólo saber que se atrevería a pedirle a la pequeña bruja, que sea parte del plan para obtener uno de sus negocios. No quería hacerlo, y rebajarse hasta tal grado, pero las ganancias lo llamaban como sirenas, y no quería desaprovechar la oportunidad de ganar. Siempre ganaba en todo, y esta no sería la excepción.

Lo único que agradecía es que Wheeler no se viera tan mal como pensaba, ya que la pelirroja que le había puesto su hermano al comienzo, en verdad no era su tipo, le hacía recordar a alguien.

¡Arg! Iba a despedazar a Mokuba. ¿Qué tipo de… monstruo había creado?

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Lloraría en cualquier momento. No podía creer que estuviera perdida en un lugar así. Quería por todos los medios salir de esa casa, pero le era imposible encontrar donde estaba la cocina. Aunque buscó la puerta principal para darle la contra a Kaiba, y salir como dios manda, había fallado miserablemente. Ahora no sabía en donde estaba. Pareciera que hubiera caminado infinidad de cuadras, y le dolían los pies por los zapatos de tacón alto que llevaba. ¡Era ridículo! Hasta había intentado miles de veces llamar la atención de las cámaras de seguridad para que alguien la ayudara, pero los objetos estabas completamente estáticos, y no lograba ver la luz infrarroja que siempre salía en las películas, para saber que estaba grabando algo. No recibía respuesta. ¿Estarían funcionando?

A todo esto, se sumaba la ira que sintió al salir del jardín a causa de Kaiba y sus duras palabras. No podía contener su enojo, pero conforme pasaban los minutos, se fue desvaneciendo, para darse cuenta que le había gritado a Seto Kaiba. ¡En vivo y en directo! Repasó sus palabras y ahogó un suspiro al saber que por lo menos, no había perdido el control. No se imaginaba que hubiera pasado si salía por su boca algún insulto como los de su hermano. Ahora entendía porque le guardaba tanto rencor.

Una luz de esperanza volvió a sus ojos al notar como el largo pasillo terminaba más adelante e identificaba una abertura. Paredes con bordes de mármol, y una alfombra persa que parecía dar la bienvenida. Estaba segura que lo había visto antes. ¡La sala principal! Con una sonrisa orgullosa en el rostro, caminó a paso firme. No le daría gusto a Kaiba que la descubrieran por la cocina, e irse como si fuera una más del servicio. Aunque escuchó algunas voces, que se parecía mucho a la de Mokuba, no le tomó importancia. Ella también era una invitada.

—¿A dónde demonios crees que vas?

Casi dejó escapar un grito por la sorpresa, pero fue callado por una gran mano que se cerró en su boca. Sintió otra mano que se apretó en el codo, deteniéndola de seguir con su camino. Afinó la vista y chocó con el pecho de alguien más alto que ella. La gabardina blanca era marca registrada de Seto Kaiba. En persona y deteniéndola. Tragó con dificultad.

—Silencio —dijo el susodicho al retirar la mano de su boca, pero aun asiéndola fuertemente del brazo.

—Kaiba.

—Es la dirección equivocada Wheeler.

—Estaba intentado salir de aquí.

—Te dije por la de servicio.

—¿Qué? —Se dio ánimos mentalmente al recordar como la había tratado y no quería quedarse callada—. Soy invitada de Mokuba, y no lo vi propicio salir por ahí, para eso está la principal.

—¿Y eso te da derechos especiales? —comentó en una curva de sus labios de manera sarcástica.

—No, pero… igual iba a salir de su propiedad, eso es lo que importa. —Movió el brazo para que la soltara, y fácilmente la dejó ir.

—Da igual Wheeler, pero no querrás llegar a la sala principal.

—¿Qué desea ahora? —respondió con otra pregunta no sabiendo a lo que se refería, pero no le dio tiempo de averiguar al notar como lo miraba atentamente, como escudriñándola. La piel se le erizó de inmediato. Era tan alto… que la intimidaba en cierto modo.

—Hay un asunto que quiero tratar contigo —dijo seriamente al llevar sus dedos a su sien tratando de enfocarse en lo que diría.

—Creo que ya escuché suficiente. No pienso dejar que nuevamente…

—No discutiré contigo en este momento —dijo hastiado de la situación—. Se trata de una oferta que no podrás rechazar.

—¿Oferta? —cuestionó sorprendida al no saber qué decir.

—Así es. Supongo que podríamos, dejar el altercado anterior en el pasado, y comenzar a hablar como personas civilizadas —comenzó a decir en un tono de voz muy profesional, como si estuviera tratando la mejor conferencia de negocios—. Me… me disculpo si dije algo indebido. —Terminó su oración en lo que parecía en un leve asentimiento, pero por otro lado, sus puños se apretaban a ambos lado de su gabardina. Nade podría saber que estaba maldiciendo entre pensamientos al escucharse pidiendo disculpas.

Serenity se sonrojó de inmediato al verlo tan serio y como si en verdad sintiera lo que estaba diciendo. ¿Si estaba equivocada y lo estaba juzgando antes de tiempo? No… no podía ser. Era Seto Kaiba después de todo. Tenía que haber algo escondido en todo esto. Sin embargo, se sentía demasiado nerviosa al verlo emitir su disculpa que parecía sincera. Estaba perdida en aquellos ojos azules. ¡Calma Serenity!

—E-Está bien —logró decir en una voz nerviosa—. Creo que… comenzamos mal la presentación.

—Ahora, lo que te propondré, está relacionado a las personas que están en mi casa —explicó lo más pronto posible. Pudo escuchar fuerte y claro a Mokuba que trataba de mantener conversación con el anciano Harris en la sala—. Estoy intentando mantener una alianza con ellos, pero es infalible para mi contar con una estu… novia. Para poder cerrar un trato importante —se corrigió en último momento porque estuvo a punto de decir una grosería.

—Ah bueno, bien por usted. —dijo insegura al no entender a lo que se refería.

—Sólo es algo temporal que acabará cuando logre esta alianza —agregó e intentó mirar a otro sito que no fueran los ojos marrones, porque no estaba seguro si le creía—. Claro que esta temporal novia, recibirá las atenciones que necesite, y una buena compensación por el trabajo.

—¿Ah? Me parece que es un poco desatinado. Digo, pagarle a alguien para que haga ese tipo de cosas. —Se sorprendió ante lo relatado—. No creo conocer a alguien que pueda…

—Wheeler, ¿no entendiste nada de lo que dije?

—¿No era para saber a quién puedo recomendarle? —preguntó insegura no dando fe a las palabras que le mencionaba con tanto empeño.

—¡Te lo estoy pidiendo a ti, Wheeler!

La quijada se le cayó. ¡Dios! Estaba segura que Joey mencionó que Kaiba tenía problemas mentales, pero tampoco creyó que fueran tan agudos. ¡Cómo se le ocurría pedirle semejante barbaridad! Se repitió mentalmente que simplemente no podía creerlo. ¿La necesitaba para… para decirle a aquellas personas que era su novia, sólo para obtener su alianza? ¡Era una locura! Y todavía se lo pedía a ella, como si fuera un negocio más que cerrar.

—¿Engañará a aquellas personas sólo para obtener un vil contrato? —dijo de lo más enfadada al morderse el labio inferior porque estaba segura que diría algunos insultos.

—No los engaño, porque lo ayudaré a crecer. Corporación Kaiba puede hacer maravillas en su compañía. Sin embargo, tal parte de la alianza, es una molestia. —Aunque intentó corregirse y sonar esperanzador, le seguía molestando tener que explicarse tanto—. Será un ganar-ganar, pero es necesaria la intervención de usted.

—Entonces dígaselo, así como me lo explica.

—Wheeler, los negocios son mucho más complicado de lo que parece. —Puso nuevamente los dedos en la sien—. Sólo por ese motivo, me ves parado aquí, haciéndote una oferta que nos beneficiará a ambos.

—Todo es dinero para usted ¿Verdad?

Se generó un largo silencio entre ambos. Pudo jurar que lo vio dudar por unos segundos, pero desapareció al instante. La imponente figura se movió dos pasos más hacia ella, y la hizo tragar con dificultad al ver que aproximaba su rostro al de ella. Aunque cerró los ojos llevada por el miedo, sintió la cálida respiración cerca del oído. La hizo temblar al escuchar la fría y varonil voz.

—Lo es.

Dio unos pasos atrás para cogerse de la pared y evitar caer. ¡Qué alguien la salvara de este hombre! ¡La ponía demasiado nerviosa! Inmediatamente trató de mantener la compostura, e intentó borrar el profundo sonrojo de su rostro al respirar varias veces.

—S-Siento informarle —habló nerviosa— que deberá buscar a a-alguien más señor Kaiba.

—¿No te importa que el anciano esté cometiendo el error más grande de su vida al no colaborar? —comentó con expresión seria.

—Eso es algo que debe preguntárselo a él —respondió insegura.

—Entonces, rechazas la oferta.

—Definitivamente.

—Muy bien.

Lo vio moverse por su lado con dirección hacia la sala principal. Ni siquiera volteó a verla para botarla de la casa o insultarla por su atrevimiento de rechazar la oferta. Ninguna expresión. ¡Nada! Se llevó una mano a la mejilla sintiéndola aún muy caliente. Nadie en su vida le había pedido algo similar, y en verdad pensaba que Kaiba tenía problemas muy serios. ¡Pedirle que sea su novia falsa temporal! ¿Estaba loco?

Sería mejor que saliera de esa casa por la puerta de servicio para evitarse otro traspié.

Dio unos pasos en sentido contrato de la sala, pero se detuvo en medio del pasillo, presa de la sorpresa que se llevó. ¿Era Kaiba saludando amablemente? Lo pudo escuchar muy claramente en la distancia. Daba los respetos a la feliz pareja que seguramente eran los asociados. No pareciera que fuese él mismo… ¿Cuántos años habían pasado desde que lo vio la última vez? ¡Casi nueve años!... Podía notar la gran diferencia que había entre el muchacho adolescente que sólo daba órdenes fríamente. Aunque estaba segura que no había cambiado, era abismal comparado con las palabras del maduro hombre que dejó relucir hace unos segundos. ¿En verdad los negocios eran tan complicados como parecía? Ella no tenía ni idea.

Se mordió el labio inferior al sentir que una fuerza inexplicable tomaba parte de ella, haciendo que se volteara en el pasillo, mirando fijamente a la alfombra persa que daba inicio a la sala principal. Era un Kaiba e iba a hacer todo lo posible por obtener la alianza bajo cualquier término, aún si era por la fuerza, en el peor de los casos. Lo cual significaba que ella tendría parte de culpa por no haber aceptado, y dejar que Kaiba lo haga a su manera…

¿Fue por eso que ni siquiera retrocedió y sólo dijo 'muy bien'?

¡Oh dios! Empezaba a sospechar que lo hizo adrede para que ella se viera en esa disyuntiva. Sin embargo, si alguien no lo frenaba de hacer lo que quisiera con su nuevo asociado, entonces no tenía sentido simplemente irse y fingir que no había escuchado nada. Decididamente, empezó a caminar en línea recta hacia le entrada de la sala.

¡¿Nadie la detendría?!

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¡Maldita Wheeler!

Se había tomado la molestia de explicarle algunos detalles de su alianza, hasta tuvo que inventar que lo hacía por el bien del anciano, y los intereses sinceros para formar este tipo de negocio. En verdad pensaba que ella aceptaría o por lo menos le podría haber planteado una contraoferta para exigirle más beneficios, porque… ¿A quién no le interesaba el dinero suficiente para financiar todo lo que le quedaba de vida? A todos, menos a los perdedores de los hermanos Wheeler. ¡Qué tontería! Perderse una gran oferta sólo por mantener su estúpida dignidad de no aceptar nada de Kaiba y de sus objetivos egoístas.

Escuchó lo suficiente de la muchacha para saber que no tendría sentido seguir insistiendo. ¡Ella se lo perdía! Maldijo entre dientes nuevamente al detenerse unos segundos en la entrada de la sala principal, podía repasar los rostros sonrientes de sus invitados. El hombre vestido formalmente, de aproximadamente setenta años, delgado, alto y canoso, quien estaba acompañado de una señora muy cercana a su edad, de estatura más baja, y sobretodo muy sonriente conversando con Mokuba. ¿Le parecía o lo estaba mareando?

Sabía que era hora de recurrir al plan "B". Él siempre conseguía lo que quería, y si tenía que actuar que su supuesta 'novia haya sufrido un accidente', lo valía. Así eliminaría todo lo relacionado al género femenino de su vida y haría lo posible para que Harris le brindara la alianza sin chistar… otra vez, ¡Maldita wheeler!

—Bienvenido a mi casa, Mr. Harris. Espero no le moleste que le hable en nuestro idioma —comentó seguro al olvidarse de su asunto previo y hacer una mueca fría que parecía una sonrisa. Estaba intentado ser lo más amable posible.

—Kaiba. Que gusto me da estar aquí —respondió el hombre al dejar la conversación y centrarse en su anfitrión—. Estará bien en cualquier idioma, digamos que me siento como en casa.

—Es bueno escucharlo hablar con tanta familiaridad.

Escuchó al hombre reírse abiertamente a la hora que apretó su mano en un saludo muy americano. Aunque hubiera preferido una reverencia, intentó no destruir el ambiente de confianza creado por el anciano, que parecía muy a gusto de estar ahí… a comparación de él. Su atención se fue de inmediato a su esposa que lo saludó de la manera más alegre y emocionada, que pensó que en cualquier momento lo acogería de las mejillas como si se tratara de su abuela.

—Mi esposa también está muy contenta de estar aquí en ciudad Domino, le hace recordar mucho al anterior lugar en el que estuvo.

—Buenas Tardes Mrs. Harris. Espero haya disfrutado el viaje hasta aquí. —Hizo todo lo posible de parecer sincero, pero en realidad estaba usando de todo su autocontrol para no regresar a su rostro serio, y hacer corta esta reunión.

—¡Oh señor Kaiba! —exclamó feliz la señora—, no sabe lo bien que la pasé en el vuelo. Fue una maravilla. Las horas pasaron rápidamente. Estuve en conversaciones con una señorita muy amable al costado mío, y ya sabe usted las cosas que uno se viene a enterar a estos años. No se imaginará lo que le sucedió. Me estuvo comentando que…

¿A qué hora se callaba esa mujer?

Ni intentó seguir lo que quiso explicar porque las palabras se volvieron como espirales que no conectaban unas con otras. Sería una pérdida de su valioso tiempo seguir lo que tenía que decir. Seguramente estaba rompiendo un record de palabras por minuto y ellos ni enterados. Lo único que lo hacía emitir una sonrisa burlona era que Mokuba estaba a punto de taparse los oídos con su propio cabello y salir corriendo de ahí.

—Disculpa querida —interrumpió el señor Harris al hacerle una pausa muy delicada—. Tendremos dos semanas en Domino para tratar los detalles de nuestro viaje.

—Oh tienes razón, ya sabe que me entusiasmo muy rápido. —cogió el brazo de su esposo y le dio unas palmaditas en el hombro.

—Gracias Señor Harris —agregó Mokuba con voz de alivio. Estaba a punto de arrojarse al suelo y besar los pies del hombre que detuvo la tortura.

—Quiso decir que estamos agradecidos que estén aquí —corrigió Kaiba rápidamente al salvar la situación.

—Entiendo —expresó el hombre muy sonriente, y prosiguió—: a todo esto, pensé haber leído en varias revistas del medio, que estabas manteniendo una relación con una muchacha. Me llevé una gran sorpresa al enterarme. ¿Dónde está ahora?

—Puedo asegurarle que se trata de una equivocación. —Fijo la mirada hacia Mokuba que planeaba escapar de la sala.

—¿Equivocación? ¿Es en serio? Pues a mí me pareció muy real —dijo con una cara de decepción que fue percibido por los presentes—. Ya había pensado que habías sentado cabeza acerca de formar una familia.

—Si me permite explicarle…

—Buenas… tardes.

Kaiba fue el primero en voltear inmediatamente hacia la voz femenina que se abrió espacio entre la conversación. La mirada fue seguida por Mokuba con una sonrisa de oreja a oreja, la señora Harris que se notaba sorprendida, y el magnate que se frotó ambos ojos con el dorso de la mano. La voz sonó demasiado baja y tímida, que pensaron que se trataba de un gato o algo parecido.

—Si-siento la… de-demora —tartamudeó la muchacha muy nerviosa al hacer una reverencia.

—¡Serenity! —gritó Mokuba al acercarse inmediatamente antes que se fuera o se reivindicara de lo que hacía.

—Vaya, seguramente Kaiba puede hacer las presentaciones correspondientes. —Harris se mostró de lo más sonriente.

—Yo… creo que confundí la hora y… —intervino Serenity al evitar un par de ojos azules que caían sobre ella como látigos—. Soy… Serenity Wheeler… la novia de Kaiba.

Al igual que él, todos se quedaron en silencio tratando de asimilar las palabras pronunciadas por la nerviosa muchacha… ¡Qué demonios hacía Wheeler! Estaba a punto de explicarles el plan "B" para salir de este aprieto, y así desmentir las tonterías que fraguó Mokuba en su contra, a quien sabe cuántos diarios. Ahora llegaba Wheeler, con cara de inocencia, a simplemente revalidar la oferta que tuvo el atrevimiento de rechazar. ¿Acaso lo tenían que echar todo a perder?

—¡Oh vaya! Buenas tardes, señorita Wheeler. ¡Es una grata sorpresa! —felicitó el magnate al saludar amablemente a Serenity—. Pensé que Kaiba nos iba a explicar que se trataba de un error.

—Mr. Harris, como verá, no soy una persona que sigue lo que puedan decir de mí en revistas o televisión —explicó con voz amable.

—Seguramente escuchó de alguien con cabello rojo —interrumpió Mokuba sonriente—, así que no siempre tienen los detalles completos. —Dejó en claro ese detalle.

—Oh querida. No sabes el gusto que nos da conocerte. —Saludó la señora al casi lanzarse por sus mejillas—. Siempre mi esposo estuvo en conversaciones con el señor Kaiba, y bueno, no es muy detallista con su vida personal, pero es una sorpresa saber que tiene una relación con una muchacha tan bonita como tú.

—Gra-gracias. El gusto es mío. —Sintió que sus mejillas ardieron por el comentario, y no supo qué más decir.

Si el dolor de cabeza producía un coma permanente, no le haría nada mal que tuviera uno en este instante. Todos parecían disfrutar de la presencia de Wheeler y creían que en realidad si era su supuesta novia. ¿Qué haría ahora? ¿Tomarla de la mano y fingir que eran una pareja? Pensaba que sería un pecado mortal hacerlo, sobretodo si se trataba de la familia de Joey, pero si ya estaban hasta ese nivel de la mentira, entonces conseguiría la alianza como sea… nunca en su vida se mostró afectuoso con nadie que no fuera Mokuba, pero al parecer tendrían que actuar mientras el anciano estuviera ahí. Tenía que dejar varias cosas en claro con Wheeler.

—Aunque —comenzó la señora algo extrañada—, pensé haber escuchado que lo llamabas por su apellido.

—¿Eh? Es que… —Se sonrojó inmediatamente por el error—. Es que a veces… se me olvida.

—¿Se te olvida su nombre?

—¡No! Claro… que no…

—Lo que Serenity quiere decir. —Kaiba hizo presencia inmediatamente ante las tonterías sin sentido de la muchacha. Sin dudarlo, asió fuertemente su mano y la puso a su lado, muy cerca—. A veces se le olvida que el uso del apellido, forma parte de otras ocasiones más íntimas.

¿Alguien podría haber pensado que Seto Kaiba diría algo tan insinuante? Ni él mismo. Pero si quería que esto funcionara, podría soportar la cara de indignación de Wheeler y el profundo escarlata que cubría su rostro. No hubo arrepentimientos por lo que dijo, porque la pareja de ancianos parecía muy feliz, y sintió que iba por buen camino.

—Creo comprender —rió la señora al llevar una mano hacia la mejilla—. Nos sucedía a veces. ¿Verdad cariño?

—Ajá, ya pasaron más de treinta años —suspiró—. Fueron buenos tiempos.

—Lo siguen siendo. —sonrió la mujer.

—¡Oh! Y yo que pensaba que era porque no recibió su beso de saludo.

—¡Mokuba! —gritaron al unísono contra el adolescente. Hasta el mismísimo Seto Kaiba empezaba a sentir un ardor en las mejillas. ¡Era increíble!

—¿Yo que dije? ¿Era secreto? —Se mostró inocente.

—Estamos en el momento donde te mantienes callado —amenazó Kaiba en una ira incontenible que se manifestada por una vena saltante en su cien, a punto de volverse un aneurisma.

—Oh vaya. Los jóvenes de ahora —agregó la señora en una risa cómplice—, pero no se detengan por nosotros.

—Es por respeto y…

—Tonterías —interrumpió Harris a la muchacha nerviosa—. Para negocios exitosos, siempre el amor es pieza fundamental.

Fue en ese momento que la pareja de esposos, juntaron sus arrugados labios en lo que parecía una muestra de afecto espontánea y corta. ¡Estaba a punto de vomitar! Por decisión unánime, desheredaría a Mokuba después de esta reunión. Así que al sentir todas las miradas se dirigían hacia él, bajó la vista hacia Wheeler que parecía más nerviosa y sonrojada que antes. ¿Qué haría ahora? Sus ojos chocaron con los marrones de ella por algunos segundos, e intentó descifrar lo que querían decirle. ¿Estaría bien que siguieran actuando y mostraran lo que sus invitados esperaban con tanto interés?

La respuesta no se dejó esperar al notar como ella hacía un imperceptible asentimiento, así que por lo menos, podría recriminarle que estuvo de acuerdo. Apretándole la mano, descendió hasta su boca, y aunque se detuvo en medio camino para saber cómo reaccionaba, siguió hasta el final. Sintió su aliento en sus labios, y la humedad de su dulce boca invadiendo parte de sus sentidos. ¡Maldita sea! ¿Nadie le enseñó a Wheeler cerrar la boca cuando uno fingía un beso?

Sólo fueron segundos de eterno contacto que terminaron en la separación de sus labios, y volvieron a sus posiciones anteriores. En ese instante, empezó a preocuparse porque de no saber que era Wheeler a quien besaba, y que había compañía en la sala, con gusto hubiera continuado.

—¡Oh! Que romántico. Me encanta ver como una pareja profesa su amor. —Sonrió la señora Harris.

—Muchas felicidades Kaiba —agregó confiado el magnate.

—Se lo agradecemos, Mr. Harris —pudo pronunciar aun tratando de enfocase en lo que hacía.

—Con todo ya aclarado, creo que aceptaré la oferta de Mokuba de quedarnos a cenar.

—Claro. Serán bienvenidos en todo momento —dijo Mokuba entusiasmado al hacer la seña de sus pulgares en forma afirmativa—. ¿Quieres que nos adelantemos Seto?

—Sí. Tengo unos… asuntos pendientes que discutir aquí. —Apretó fuertemente la mano de Wheeler que aún parecía viva a su lado.

—Tómense el tiempo que necesiten. —Sonrió el señor Harris—. Los veremos en la mesa. Vamos querida.

Suspiró tranquilo al notar como Mokuba guiaba a los invitados fuera de su presencia. Caminaron muy alegremente mientras ensalzaban las antigüedades que se encontraban en el pasillo. Espero unos cuantos segundos hasta asegurarse que estaban lo suficientemente lejos. Al no escucharlo más, volteó hacia Wheeler nuevamente y la soltó como si le tuviera alergia.

—¡Maldita sea Wheeler! —maldijo fuerte y claro al repasar la mano por su cabello.

—¿Q-Qué hicimos? —Se sorprendió Serenity al llevar ambas manos hacia la boca. Sintió que las rodillas le temblaban por lo sucedido hace unos momentos.

—¿Y todavía lo preguntas? —recriminó inmediatamente—. Otro día, si planeas asentir de esa manera ante tal pedido, cierra la boca.

—Es que… no sabía que… y…

—Si vas a actuar, por lo menos hazlo bien. —Se exasperó ante la falsa inocencia, muy diferente de la actitud anterior.

—Es la primera vez que hago esto.

—No me vengas con la tonterías que fue tu inocente primer beso, porque…

—¡¿Qué otra cosa puede ser?! —exclamó.

—¿Es en serio? —inquirió molesto y desubicado por su confesión—. A mí no me pareció tan inocente, no trates de engañarme Wheeler.

—¡Kaiba! No estoy bromeando —aludió—. Yo no supe qué hacer, y los señores se veían tan bien juntos y felices, que… ¡no puedo creerlo! —Se sentó pesadamente en uno de los sillones y su mirada se consumió entre los rincones de la sala.

Tuvo que contar hasta diez para no maldecir nuevamente porque seguramente lo escucharían fuerte y claro. Estaba perdiendo la paciencia con respecto a la fémina en cuestión. Pensando nuevamente, quería decir que había hecho un acuerdo para que actuaran como pareja, a una muchacha que ni siquiera tenía idea de lo que era tener novio. ¡Bien Kaiba! ¿Qué haría ahora? ¿Explicarle con manzanas como era el proceso completo?

En lugar de colaborar en conseguir la alianza, sólo haría que los ancianos se dieran cuenta que era una farsa.

—Repasemos esta tontería. —Tomó asiento al lado de Wheeler que parecía seguir viendo al vacío, mientras se mordía la uña del dedo pulgar—. ¿Qué demonio se poseyó de ti para que aceptaras?

—Tú lo sugeriste y…

—¿Tu alma caritativa te hizo aceptar? —preguntó sarcástico.

—N-no quería que Mokuba se sintiera infeliz por no lograr la alianza, y…

—¿Por Mokuba? —Siguió con el interrogatorio, sabiendo que había algo más escondido en todo su balbuceo.

—También porque —Empezó a jugar con los dedos y volteó la vista hacia la ventana—, no lo sé.

—Tienes dos segundos —advirtió de manera amenazadora al usar una de sus manos para hacer girar su barbilla y que no lo ignorara— para responder.

—P-Para que tu negocio sea justo y no les causaras problemas a la familia —expresó algo insegura y cerrando los ojos presa de la intimidación.

—Eres extraña Wheeler" —respondió en lo que parecía una sonrisa afectada.

—¿Qué? Pero, ¿Por qué?

—Me da igual que pienses que pareceré una persona despiadada que hace lo posible por obtener sus objetivos, y no te equivocas —comenzó a hablar al momento de ponerse sobre los dos pies y dar unos pasos por la alfombra—. Sin embargo, te quiero dejar algo bien en claro. —Se detuvo frente a ella, y un movimiento de sus brazos, puso las dos manos sobre el respaldar del sillón, dejándola presa entre ellos. La sintió retroceder y hasta casi temblar—. Ya que estás metida en esto, será mejor que no cometas ninguna torpeza, porque pienso llevar esto hasta el final.

—¿Y la familia? —Se animó a preguntar en tono nervioso.

—Wheelers, siempre haciendo conclusiones antes de tiempo —suspiró sin razón aparente al alejar los brazos.

—¿No les harás nada malo? —cuestionó nuevamente al pararse débilmente del sillón. La mirada de Kaiba se centró en ella nuevamente.

—Eres libre de pensar lo que quieras.

La reputación no podía ser cambiada de la noche a la mañana, y en verdad, le tenía sin cuidado el concepto que Wheeler tuviera sobre su persona. Obviamente no le podría jugar sucio al anciano y quitarle todo, porque simplemente el plan de transcender en el tiempo, y el trabajo que había hecho en los últimos años, se vendría abajo. ¿No todos podrían pensar que seguía siendo el mismo Kaiba de dieciséis años toda la vida, verdad? Tenía tantos proyectos en mente, que ahora lo único que le importaba, era que Wheeler cumpliera bien su papel.

—Entonces, podrías reivindicarte y decirles la verdad. De que planeas tu tan aclamada alianza honorablemente, y decirles que nunca existí.

—¿Estas desvariando Wheeler? —preguntó hastiado. Una cosa era lo que pensara ella, y una muy distinta que le dijera al anciano la verdad.

—Pero me dijiste que pensara lo que quisiera, y deseo imaginar que lo haces honorablemente.

—No me hagas reír. —Hizo una mueca de total sarcasmo—. Pensé haberte dicho que llegaría hasta el final, y ya que estas colaborando, creo que puedo acostumbrarme —Sobretodo cuando lleguen los beneficios, pensó.

—Pero se enteraran que no es verdad.

—A mi parecer, estabas muy segura al mencionar que teníamos una relación.

—¡Tú sabes por qué fue!

Dio unos pasos muy seguros hasta ella, que la sintió sobresaltarse nuevamente. No mentía cuando dijo que había sido su primer beso, porque se notaba a kilómetros de distancia, que no estaba acostumbrada a la presencia de algún hombre cerca de ella. Le hacía mucha gracia saber que… la pequeña bruja se sentía intimidada por su presencia. Algo dentro de él hacía que se relamiera los labios a causa de tales pensamientos, ya que era Seto Kaiba, y lo que más amaba en este mundo, era el control total de todo.

Tal vez, estaba empezando a cambiar de opinión acerca de no seguir con el plan de Mokuba, y botar a la calle a Wheeler sin contemplaciones. Si la situación se iba a poner tan interesante como los últimos acontecimientos, podría sacar buenos beneficios de todo esto.

—Asumiré parte de mi responsabilidad.

—¿Y qué debemos hacer ahora?

—Por ahora, tengo personas esperando en el comedor, y creo que estás invitada esta vez —suspiró seriamente. Repasó los ojos por el contorno de la sala, olvidándose de la presencia de la muchacha.

—Supongo…

—Has hecho un trato, así que será mejor que te comportes y sigas el plan.

—¿Hay algún… plan?

—Lo habrá Wheeler.

-Continuará-

N/A: Espero que hayan disfrutado de su lectura. Me puse a hacer algunos cambios en las sombras para que los capítulos sean más fáciles de leer y no uno de 12 mil palabras que pueda cansar. Así que espero que continúen leyéndolo.

¡Gracias por leer!