Harry Potter y sus secuaces pertenecen a J.K. Rowling. Moi solo escribe por diversión :D
Título: ¡Sí, su majestad!
Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter.
Capítulos: 3/5
Advertencias: AU (Universo alterno)/Slash/Lime. Esta breve historia narra a Harry y Draco encontrándo en otro mundo muy distinto al planteado por J.K., relaciones homosexuales, tonterías, y muchas otras cosas raras que podrían crearte un profundo trauma si no estás acostumbrado a este tipo de lectura. Así que si entraste aquí por un fatídico error… ¡Huye lo más pronto posible! Dicho está. Sobre advertencia no hay engaño.
¡Sí, su majestad!
Por:
PukitChan
Capítulo III:
Un corazón incapaz de amar
Theo, en su mente, creía haber barajeado todas las posibilidades que podían existir en torno al encuentro del príncipe y Draco. La más descabellada de ellas, era la idea de que el hombre que se había presentado a sí mismo como Harry Potter, se trataba en realidad otro príncipe caprichoso jugueteando con su destino. Para su fortuna, aquella posibilidad fue errónea, no porque Potter le desagradara, sino por el hecho de que había notado cuán fácil le resultaba alterar a Draco, quien no estaba acostumbrado a ello, pero adoraba las novedades. Y los dioses sabían que Malfoy solía encapricharse con todo lo que era diferente.
Por eso, cuando Potter abrió la puerta y se arrodilló ante el príncipe de su reino, Theo no pudo evitar sentirse aliviado. Si bien, Blaise Zabini parecía ser una persona bastante peculiar, Theo no podía decir que se encontraba sorprendido, porque todos los herederos solían ser bastante excéntricos. Además, con la fama que arrastraba el príncipe, hubiera sido extraño encontrar a un alma inocente.
—Bienvenido a mi reino, Draco Malfoy.
Al escuchar la oración, Theo miró al rubio, intentando descifrar su respuesta. Por un momento, Draco pareció confundido, como si hubiera algo en esa escena que no fuera correcto, pero casi de inmediato se recompuso, y una sonrisa sutil apareció en sus labios mientras examinaba al príncipe en gesto que no pareció molestarle al otro.
—Es un honor conocerlo al fin —susurró, inclinándose ligeramente. El príncipe se incorporó y levantó una ceja, como si aquello le estuviera resultando más divertido de lo que había esperado.
—Siento mucho la espera, Draco —comentó, y aguardó unos instantes para comprobar que la confianza con la que se dirigía al rubio no le incomodara. Como Draco en ningún momento lo corrigió, Blaise sonrió y dirigió su mirada hacia Theo, quien recordó que, en realidad, no era solo un espectador de la escena, sino que formaba parte de ella—. Usted debe ser Theodore Nott. Bienvenido sea.
—A su servicio —respondió, más por costumbre que por educación. Se alegró de que el príncipe estuviera más interesado en medir a Draco que en sus palabras, porque de lo contrario notaría el poco interés que estaba resultando el conocerlo. Sin embargo, alguien, en la que esquina contraria sí lo notó, aunque prefirió mantenerse en silencio. Después de todo, no solían interrumpir las conversaciones del príncipe.
—¿Harry los atendió bien? —preguntó, con esa sonrisa deslumbrante, mientras estiraba su brazo en dirección al mencionado. Potter, que estaba intercambiando algunas palabras con Astoria, se enderezó rápidamente y se acercó a ellos, pero permaneció detrás de Blaise—. Cuando me comunicó su llegada, le pedí que fuera un buen anfitrión. Conoce el reino, y creo que el palacio, mejor que yo mismo. —Rio y se cruzó de brazos, logrando que la túnica se recorriera, mostrando los elegantes e intrincados tatuajes que adornaban, no solo la parte izquierda de su abdomen, sino también uno de sus brazos—. Si no fue agradable, tendré que castigarlo.
—El señor Potter fue muy amable —respondió Theo, sin saber si las últimas palabras del príncipe eran o no una broma—. Ha cuidado bien de nosotros.
A su lado, Draco levantó una ceja, como si no creyera nada de lo que había escuchado. Sin embargo, Blaise no lo notó, porque en ese momento giró su rostro hacia Potter y entrecerró sus ojos diciendo:
—Entonces mereces un premio, Harry. —Enseguida, y sin preocuparse por lo que había dicho, Blaise regresó su atención hacia ellos—. Supongo que ya conocen a Astoria y a Hermione.
—Tuvimos el gusto de conocernos durante la cena —respondió Astoria, que se acercó también, animada por la situación—. Fue un encuentro bastante interesante, Blaise. Te unirás a la cena esta noche, ¿verdad?
Blaise rio más fuerte y Theo casi entornó los ojos sin poder creer que hasta el sonido de su risa fuese tan melódico.
—Solo si Draco aceptar pasear esta tarde conmigo. Y, bueno, también con Harry a unos metros de distancia. Es mi niñera.
Existía una única respuesta a esa invitación, y todos en esa sala lo sabían. Aun así, Theo se alegró de que la apariencia inmoral del príncipe no evitara que hiciera un adecuado uso del protocolo real.
—Por supuesto —exclamó Draco, extendiendo con una simple oración todo su encanto, un gesto que pareció a gustarle a Blaise. Si creía que alguien como Draco, que se sabía atractivo, se iba dejar intimidar por él, estaba muy equivocado. Sin embargo, y quizás anticipándose al final de esa reunión, no pudo dejar de preguntarse qué resultaría de la unión de dos espíritus tan arrogantes.
La conversación fluyó con naturalidad unos minutos más, tiempo que aprovechó Theo para observar a Potter. Aunque no hablaba, permanecía atento a cualquier palabra. Su expresión era seria y su mirada se dirigía hacia un punto impreciso en el suelo. En su lóbulo izquierdo pendía un arete plateado, que formaba un símbolo desconocido. A causa de su cabello, Theo no lo había notado en sus anteriores encuentros, pero en su frente tenía una cicatriz en forma de rayo. Sin embargo, eso no era lo más extraño en su apariencia. En su cuello tenía una mancha, una pequeña marca de nacimiento rodeada por los finos trazos de un tatuaje, que parecían estar allí para enaltecerla.
Harry, sin duda sintiéndose preso de semejante escrutinio, volteó hacia él. Theo, no obstante, le sostuvo la mirada, afirmando sin decir palabra: «Tú no eres un simple guardia. No sé qué posición tengas en este palacio, pero la averiguaré. No quiero que entorpezcas el camino de Draco».
Potter no se inmutó. Colocó una mano sobre la empuñadora de su espada y Theo creyó que lo desafiaría, hasta que escuchó al príncipe decir:
—¿Vamos, Draco?
Entonces, su atención se volcó una vez más hacia lo que estaba ocurriendo. Draco sujetó el brazo de Blaise, aceptándose ser guiado por él hacia un paseo con destino incierto. Detrás de ellos, vigilándolos pero caminando a una distancia que les brindara privacidad, estaba Harry.
Theo había acompañado a Draco con la promesa de cuidarlo, así que se dispuso a seguirlos también, hasta que la pequeña y cálida mano de Astoria lo detuvo mientras negaba con la cabeza.
—No te preocupes, Harry cuidará bien de ellos. Jamás le permitiría hacer a Blaise algo que el señor Malfoy no quisiera.
Aunque las palabras de Astoria parecían ser sinceras, Theo vaciló. En algún momento, el príncipe y Draco tenían que estar a solas para conocerse de una manera más íntima, pero no esperaba que fuera tan pronto. Aun así, detuvo sus movimientos y asintió.
—Parece que todos en este reino confían y respetan a Potter.
Astoria no se creyó la casualidad de su comentario. Levantó sus cejas con simpatía, pero desvió su mirada hacia su vestido, como si hubiera encontrado en él algo muy interesante que ver. Entonces, respondiendo a la duda que Theo no había dicho, pero que sin duda estaba presente en su tono de voz, murmuró:
—Por supuesto que es querido y respetado. —Tras una pausa que a Theo le pareció demasiado melodramática, Astoria apretó sus labios, como si estuviera disfrutando cada detalle de la escueta conversación—. Harry es el favorito del príncipe. Moriría alguien que lo mirara con desdén.
Dos pensamientos cruzaron la mente de Theo. El primero, que necesitaba indagar a qué se refería Astoria con «favorito»; el segundo, que esperaba (más bien suplicaba) que en ningún momento Draco cometiera la impertinencia de criticar a Potter.
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Draco mantuvo la mano aferrada al brazo de Blaise mientras caminaban por los pasillos del palacio, sumidos en una conversación ligera, pero demasiado superficial; estaba llena de los halagos que se esperarían recibir y dar en una situación como esa. Y aunque ambos lo sabían, en realidad no se estaban esforzando para cambiarla. Las razones de Draco eran simples: quería comprobar hasta qué momento Blaise podía mantener su encanto sin que alguno de sus defectos saliera a la luz.
—Mi padre amaba esta habitación —comentó Blaise, agitando su mano para que los guardias que vigilaban la puerta, la abrieran. Draco, que esperaba un lugar parecido a una aburrida galería, se sorprendió al descubrir que en realidad se trataba de un lugar pequeño, hermoso, lleno de luz y rebosante de calidez humana. Esa habitación, supo de inmediato, se trataba del corazón del palacio, y quizá por eso permanecía tan vigilada. Tal vez allí se escondía el más grande tesoro del reino.
—Es preciosa —alabó con sinceridad, aunque la habitación era menos elegante que cualquier otra. Quizá lo que tanto llamaba la atención de ella, era la sencillez con la que estaba decorada.
Blaise guio a Draco hasta tomar asiento, dándole a notar casualmente que Harry continuaba cerca de ellos, aunque ahora el guardia evitaba mirarlos y parecía bastante incómodo por estar allí. Blaise, por su parte, en lugar de sentarse a su lado, se había acostado de lado en un diván cercano. Su pose sensual, su largo cabello cayéndole y la picardía que brillaba en sus ojos, le hicieron pensar a Draco que no era la primera persona a la que había llevado a ese lugar.
—Draco —pronunció voluptuosamente—, tenemos que hablar, creo que lo sabes. Por eso te traje aquí. No hay lugar más privado en todo mi reino que este.
—No esperaba otra cosa —exclamó. El príncipe soltó una risita y lo miró.
—Mi madre me ha mostrado demasiadas propuestas de matrimonio. De entre todas ellas, tú eres el primero que me agrada de verdad.
—¿Debería tomarlo como un halago?
—Eso depende ti —admitió. Mientras los segundos trascurrían, Draco descubrió que la sonrisa del príncipe se desvanecía, aunque eso no restaba su atractivo. La expresión seria le quedaba a la forma de su rostro, dándole un aspecto más imponente—. Estos son los temas de los que hablo con todos aquellos que pretenden ser mi pareja. Primero, y como habrás notado, la pureza y la inocencia no corren por mis venas. Y realmente no me interesa tener a un virginal e inocente prometido. Muchos reyes me ofrecieron estas supuestas cualidades en sus hijos, lo cual es estúpido para mí. ¿Acaso su virginidad los hace más o menos valiosos? ¿De verdad creen que rechazaría a alguien pueda dirigir sabiamente a mi pueblo solo porque folló con alguien más? —Negó con la cabeza—. Si eres puro, respeto que lo seas, me alegro por ti y esas cosas, pero no creas que cederé por algo así.
Las descaradas palabras del príncipe hubieran ofendido a alguien más susceptible que Draco, pero a él le parecieron perfectas. Si el príncipe estaba dispuesto a mostrarse tal cual era y le interesaba negociar, Draco también podía hacerlo.
—No consentiré jamás un matrimonio en el que estés con alguien más —declaró Draco, mirándolo a los ojos—. ¿Jugar con tu propio harem antes de eso? Hazlo. Pero desde el momento en el que yo quedé vinculado para siempre contigo, no lo permitiré.
Blaise se carcajeó.
—Me parece complicado, pero es un trato justo. —Blaise dejó de juguetear en el diván y se incorporó, mirando a su guardia—. ¿No te parece que Draco es muy distinto, Harry? La mayoría huye al escuchar esta condición.
Potter no contestó, pero al príncipe no le importó, porque se levantó y se dirigió hacia Draco. Antes de que el rubio pudiera levantarse, Blaise sujetó su rostro con ambas manos para quedar frente a frente y así poder mirarse fijamente. La inesperada suavidad y cercanía desarmó a Draco. Sentía su respiración golpear sus labios y sus ojos brillar con una dulzura que parecía advertirle que lo mejor era mantenerse lejos de él.
—La segunda conversación que tengo es esta —susurró el príncipe, moviendo su mano izquierda para acariciar el rostro de Draco—. Yo no te amo y nunca lo voy a hacer. Mi corazón no palpita desbocado al verte. Jamás te voy a decir esas palabras. Quizá la convivencia y el sexo diario logre que te tome cariño, pero no creas que lloraré tu ausencia o te echaré de menos.
»Si tratas de tener un amante, me dará igual, porque no te amaré. Puede que incluso te anime a estar con otra persona mientras no descuides las labores del reino. No serás especial de ninguna forma ni me herirá nada de lo que tú digas. Tus lágrimas no causarán compasión en mí.
Hubo una pausa en la que Draco se aferró a la delicada túnica de Blaise. Las palabras, sin saber por qué, golpearon su estómago y apretaron su corazón. Sin embargo, no se atrevió a moverse ni a desviar su mirada, porque la lástima que sintió por Blaise fue tan fuerte, que casi tuvo deseos de tranquilizarlo y decirle: «Hasta yo creo que el amor te está esperando en algún sitio».
—Muchos llegan aquí, ofreciéndome su vida y su corazón —pronunció Blaise con suavidad mientras sus pulgares acariciaban las mejillas de Draco—, pero son incapaces de aceptar que nunca los amaré. Es por eso que hago esto.
—¿Y si lo acepto? —indagó, entrecerrando sus ojos grises—. ¿Qué obtengo a cambio si te digo que sí?
—¿Además del poder sobre todo el reino? —dijo, animado—. Por supuesto, me tendrás a mí. Tal vez nunca te amaré, pero siempre estaré allí. Responderé a tus llamados, escucharé tus conversaciones y atenderé a tus deseos. Prometo protegerte siempre y darte todo lo que esté a mi alcance. Te prometo fidelidad y todo eso que la gente promete cuando creen que están enamorados. La diferencia es que yo sí lo cumpliré, porque lo estoy jurando sin que ninguna emoción altere mi pensamiento.
Draco abrió sus labios, pero Blaise colocó el dedo índice en su boca para impedirle decir algo.
—No me des una respuesta en este momento. Ahora mismo crees que será fácil, que no tendrás problemas para aceptarlo, pero créeme cuando te digo que no es así como funciona. Tienes una semana para que me conozcas y me hagas saber tu respuesta. Hasta ese momento, estaré esperando por ti.
Luego, para sellar la conversación, Blaise deslizó su dedo y sus labios se posaron en los de Draco con suavidad. No fue un beso violento ni tierno. Los labios del príncipe se movían con firmeza, garantizándole un pase directo al deleite y el placer. Blaise, por supuesto, sabía besar muy bien, pero Draco pronto comprendió por qué las palabras del príncipe eran tan importantes. Aquel beso que prometía derretir el más frío de los inviernos, era al mismo tiempo distante y egoísta. Blaise no quería ni necesitaba complacer a Draco, pues le basta con complacerse a sí mismo.
Era un beso frío y vacío.
Más allá, y sin poder evitar presenciar la escena, Harry apretó sus labios. No quería seguir mirando más corazones rotos.
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Hermione no se sorprendió cuando, al levantar la vista de su libro, se encontró con Theodore Nott. Había analizado el actuar de ese hombre y sabía que tarde o temprano se acercaría a ella, pidiéndole una explicación. Todos los guardianes de los pretendientes del príncipe lo hacían; todos querían conocer más de Blaise y su solitario e inconquistable corazón.
—Me disculpo por interrumpir su lectura —comentó y Hermione se sorprendió al percibir la honestidad en su voz. Ella negó con la cabeza y, tras colocar una marca en la página que leía, cerró el libro y lo invitó a sentarse enfrente de ella.
Theo se movió con la confianza de saberse astuto y fuerte. Sin embargo, una parte de él era precavida: sabía que Hermione Granger no era la consejera el príncipe simplemente porque sí. Había algo en sus ojos que te decía que no querías tenerla como enemiga.
—Me preguntaba en qué momento usted solicitaría hablar conmigo—admitió Hermione, esbozando una sonrisa amable—. Y ya que ha sido bastante rápido, he de suponer que ha visto algo en el príncipe que ha llamado su atención.
—Veo que va directo al punto. —Theo consideró que era mejor así. Después de todo, no tenía sentido darle vueltas a algo que necesitaba saber y Granger no parecía ser el tipo de persona que perdía su tiempo con cualquier tontería.
—Es parte de las decisiones del príncipe —admitió ella—. Aunque debe saber que quizás existan preguntas que no puedo ni debo responder.
Theo asintió. Era natural que ella, siendo quien era y a pesar de lo expansiva que podía resultar, no revelaría algún secreto importante del reino. Sin embargo, a Theo no le interesaba nada de eso. Él no quería poner al príncipe bajo sus pies.
—Es sobre el príncipe, pero al mismo tiempo no lo es. —exclamó, esperando alguna reacción a su oración. Sin embargo, Hermione solo permaneció atenta, aguardando por más información que le ayudara a descubrir la clave en el misterio de sus palabras—. Quiero saber quién es Harry Potter.
Los ojos de Hermione se abrieron un poco más y por primera vez perdió su estoica apariencia. Enseguida, como si Theo hubiera dicho algo imperdonable, ella le lanzó una fría mirada que le hacía recordar a una madre a punto de regañar a sus hijos.
—¿Quién cree que sea? —preguntó con la voz endurecida. Hermione había regresado la pregunta con el fin de asegurarse cuál era el terreno desconocido que se encontraba pisando, pero a Theo no le incomodó. Simplemente reafirmó la idea que había estado rondando en su mente todo ese tiempo.
—En realidad no lo sé —aceptó, tomando entre sus manos una de las piezas del ajedrez que estaba en la mesa—. Solo tengo teorías de quién podría ser. Me tomó muchas horas llegar a esta conclusión y quizá todo sea una coincidencia, por supuesto, pero aun así prefiero comprobarlo.
—Lo escucho.
—El apellido Potter es muy común. Incluso lo he escuchado mientras camino por la calle. Lo que no es común es la cicatriz de su frente y los tatuajes que rodean la marca de nacimiento que tiene en el cuello, porque suelen ser los que se realizan en ciertas ceremonias privadas.
Hermione entrelazó sus manos sobre la mesa y desvió la mirada, pero no dijo nada. Eso animó a Theo a continuar.
—El Reino de los Fénix fue conquistado y eliminado hace más de quince años, luego de una terrible guerra civil. La familia real fue asesinada en su totalidad. O al menos se cree que así fue.
Aunque Hermione tardó unos minutos en responder, Theo no se impacientó. Por la manera en la que ella mordía su labio inferior, como si intentara esconder algo sin éxito, supo que obtendría una respuesta.
—No lo estamos escondiendo —dijo al fin, mirándolo a los ojos—. Él… —Hubo otra pausa, y Theo comprendió que, aunque no era un tema que se ocultara, no solía hablarse de él—. Hace muchos años, el rey y la familia real, los Potter, compartían una íntima amistad. Cuando la guerra civil estalló, ellos fueron asesinados, pero lograron sacar del país a su heredero, de siete años.
—Harry.
Ella asintió.
—Su majestad quiso adoptar a Harry, por supuesto, pero él se negó. Fue educado como guerrero, y volcó toda su atención a la protección de la familia real, especialmente al príncipe, como una deuda de vida.
—¿Por eso es el favorito del príncipe?
—Desde que era niño, Blaise demostró que no sabía amar a otros. El rey esperaba que Harry ablandara su corazón pero, en lugar de quererlo con respeto, se volvió posesivo con él. No es que el príncipe trate a Harry como un juguete, es más como si no concibiera un mundo en el que Harry no esté allí para él. Y no lo hace por amor sino por la creencia de que Harry le pertenece.
—¿Acaso Potter no puede irse? ¿Está encerrado o atado?
Hermione sonrió con condescendencia.
—Él nunca se iría. Es el pago a su deuda de vida.
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Blaise cerró los ojos, escuchando su respiración. Despacio, sus manos recorrieron el cuerpo de Harry con suavidad mientras sus labios besaban el tatuaje de su cuello.
—Las mucamas me dijeron que desayunaste con él… —murmuró, apresándolo más contra su cuerpo. Harry tembló, pero no se resistió. Sabía que Blaise en realidad no estaba interesado en hacer algo que exigiera tanto de sí mismo—. ¿Desde cuando eres tan atento con alguien que no soy yo… tu, il mio principe? ¿Por qué estabas mirando a Draco Malfoy y no a mí?
Con cuidado, Blaise sujetó la barbilla de Harry para que sus rostros se encontraran. Sus ojos brillaban furiosos, aunque su boca, suave y delicada, depositó un breve beso en la mejilla de Potter.
—Recuerda que eres solo mío, Harry. Recuerda que tu vida está entre mis manos. Incluso si Draco se vuelve mi pareja, tú no le serás fiel a otra persona, más que a mí, a tu rey.
—Sí, Su Majestad —susurró Harry.
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—¿Por qué aceptó tan fácilmente contarme algo así? —preguntó Theo. Hermione sonrió con tristeza y bajó su mirada hacia el suelo.
—Porque al igual que usted, vi cómo Harry miraba al señor Malfoy.
Autora al habla:
¡Hola, chicos! :D Ey, ¿qué les pareció este nuevo capítulo? Espero que lo hayan disfrutado. Al pensarlo me entretuve bastante, principalmente por las relaciones que plantea nuestro príncipe Blaise a su alrededor, jajajaja. Ese príncipe es un loquillo ewe. ¡Vamos, chicos, aléjense de sus encantos! ¿Qué opinan de la historia? Espero que los convenciera, jajajaa. ¡Gracias por todas sus palabras, son geniales!
Anónimo; uhm… Blaise es el príncipe. Esa es mi explicación. xDD. Ey, ey, estoy segura de que alguna manera, Harry y Draco se verán otra vez frente a frente. ¡Gracias!
Perla; eh, a mí me gustan los clichés. ¡Yo soy un cliché! xD Si hasta creo que Blaise semidesnudo lo es, jajajjajaja. ¡Gracias, cielo!
Lizbethshawol; me gusta que te haya sorprendido el príncipe de la historia, jajaja. Ey, ¿yo cuándo hago trampa? Solo desenvuelvo el fic de tal manera que nada se entienda, jajajajaa xD. Aunque Draco sin duda tendrá que decir algo con respecto a nuestro sirviente favorito, LOL! ¡Muchísimas gracias, cariño, un beso enorme!
Musshi; ¡aquí está la continuación, espero que te guste! ¡Gracias, saludos!
¡Muchas gracias a Paulinafujoshi, Kuroneko1490, Christine C, coptesita, To Black, Amai Star of Darkness, Ying Fa Malfoy de Potter, Guest, StrawberryBlack, seremoon, Ilse Parnell, Izlandi, The darkness princess, Minha SG, Deardeay, Acantha-27, Perla, FanFiker-FanFinal, mellitacullen, Nozomi Black, lizbethshawol, xonyaa11, Musshi, Annilina, dragon de mala fe por sus reviews!
¡Muchas gracias por leer!
¡Excelente fin de semana, os quiero!
