Notas de autor al final, favor de leer.

Advertencia: Esta historia posee posible yaoi [hombre x hombre]. No hay mucho que advertir aquí. Cualquier error ortográfico o de mi posible dislexia es mi culpa. Reclamos a mi persona.

Disclaimer: El mundo de Tokyo Ghoul y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Ishida Sui. Esta historia fue escrita con la finalidad de agradar y entretener al lector.

Historia 100% original. Propiedad de KingOfMisery & OuttaControl845. Historia con derecho de autor.

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Ϟ Como diente de león Ϟ

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Sus orbes marrones se fijaron en el montón de nubes que cubrían el cielo, soltó un suspiro y el vaho se escapó. Una suave risilla salió por sus labios, muchas veces había engañado a su madre fingiendo fumar, cosa que la aterraba ya que la mayoría de sus compañeros lo hacían. Pero él era diferente. Por algo se juntaba con el "idiota" del salón, el rarito de los libros que no hablaba con nadie y que era objetivo de burlas, razón por la cual su autoestima era baja. Desde pequeño le habían enseñado a llevarse bien con todos, prácticamente era una máquina de sonrisas y se las dedicaba a todos. Hasta a ese rarito.

Porque Hide amaba a ese rarito.

No había dudado en ser su amigo y luego de años esa amistad se había vuelto algo más, Hide lo amaba como si se tratase de su misma sangre, era como su gemelo perdido –y opuesto–. Podía tener mil y un amigos, pero ninguno superaría a ese azabache de sonrisa nerviosa que se encontraba leyendo un grueso libro.

Quiso hablarle pero algo captó su atención. Corrió unos metros lejos de su amigo, captando su atención, haciendo que por escasos segundos despegara la mirada del libro. Al volver lo primero que hizo fue enseñarle las palmas de sus manos las cuales se encontraban juntas y casi cerradas.

— Oye, Kaneki, mira, encontré un diente de león.

El aludido cerró el libro dejando un dedo entre la página. No sabía cómo hacía su amigo para encontrar ese tipo de cosas con tanta facilidad, no lo iba a negar, si él era inocente Hide lo era un poco más. La mirada de su compañero brillaba, recordándole cuando eran más pequeños y habían visto algo similar en el cielo.

— ¿No es lindo? —Se acomodó a un lado del más bajo, deleitándose con la belleza de aquella flor—. Oh, mi mamá dice que–

Calló al notar que el azabache bajaba la mirada, suponiendo lo que había pensado decir. Era un idiota, había prometido no volver a decir estupideces y eso era lo único que lograba. Volvió la mirada al cielo dejando un incómodo silencio entre ambos.

— ¿Por qué no le pides un deseo? —Kaneki le vio con una sonrisa en su rostro, era obvio que eso era lo que estaba a punto de decir—. Tal vez te lo cumple.

— No, los dientes de león no cumplen deseos. —Hide le corrigió al instante, olvidando por un momento la razón de su silencio—. Ellos son los encargados de llevar estos al cielo, para que no tengan ni este como límite.

Kaneki quiso decirle que eso era más tonto que el que cumpliera un deseo, pero la ilusión en su rostro no se lo permitió. Era lindo cuando Hide se ponía así, parecía que volviese a tener ocho años, tal vez menos.

Cerró ambos parpados, inhalando con fuerza, y luego de unos segundos sopló. Ken rió, volviendo a abrir su libro, emprendiendo marcha una vez más. Corrió a su lado, comentándole cosas sobre sus bandas preferidas y algunas cosas de la escuela, aunque este seguro no le prestaba atención por andar leyendo.

— Oye, Kaneki, ¿Crees en algo?

Una vez más el aludido apartó el libro, negando un par de veces con la cabeza.

— Soy muy realista y lo sabes.

— Vamos, no puede ser, la vida se te fue como si se tratase de creer en Santa. —Soltó una fuerte carcajada mientras uno de sus brazos se pasaba sobre los hombros de su amigo—. Debe haber algo… El amor, por ejemplo.

— ¿A caso lo he experimentado?

— Claro, tu tía te lo da, y yo también.

Detuvo su andar sorprendiendo al rubio, aquellas palabras habían sido como un golpe en el estómago. Porque las cosas no andaban bien en su casa. No, ni siquiera podía decir que era su casa, porque era más que obvio que él no pertenecía allí. Se sentía más como un invasor, no le sorprendería que le comenzaran a cobrar el alquiler como si fuese un completo extraño.

Era un completo extraño.

— ¿Qué es lo que no me has contado? —Hide le sacó de sus pensamientos, poniéndole en una situación un tanto incómoda. Ese chico lo sabía todo, no había cosa que lograra ocultarle y aún no lograba explicar aquello—. Dime, cuentas conmigo.

— No es nada Hide, si ocurriera algo tú serías el primero en enterarte. —Una sonrisa nerviosa surcó sus labios al momento que su mano izquierda rozaba su mentón de forma involuntaria.

Nagachika frunció el ceño, odiaba que le mintiera, sentía como si no confiara en él y eso le dolía demasiado. Pero no podía exigirle nada a su amigo, si él aún no estaba preparado para contarle no le obligaría.

— Ken, sabes que siempre estaré contigo, ¿No?

Le vio un tanto sorprendido, ¿Por qué había dicho eso tan de repente? Si le había dicho que todo estaba bien.

— Siempre te querré.

Una lágrima recorrió su mejilla, no sorprendió al de hebras doradas, se lo esperaba. Hide siempre iba a estar para ayudarle, y levantarle en cada caída, llevándole hasta el cielo.

Como un diente de león hace con los deseos.

— S-sí. —su voz se entrecortó, el llanto no tardó en llegar, uno que claramente nunca iba a explicar—. Por siempre.

Hide le envolvió en un cálido abrazo, a veces sentía a Kaneki muy indefenso, se sentía obligado a protegerlo y hacerlo feliz. Pero ya lo hacía. Él era todo lo que el azabache necesitaba, su luz, su sonrisa, todo lo necesario para no caer ante la desesperación. Había algo en lo que Ken creía, y lo único en lo que pensaba creer hasta el final de su vida.

Él creía en Hide.

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~Notas de Autor

Hola de nuevo, traigo el segundo –ahora creo que sí– Drabble de esta hermosa pareja. He logrado escribir menos de 1,000 palabras, por primera vez en mi vida he escrito 955 palabras, es mi record más corto (?).

Una vez más no tengo mucho que decir con esto, me he enfocado más al apoyo que Hide le da a Ken a pesar de que este le oculte una buena cantidad de cosas. Es como cuando era un Ghoul, Nagachika lo sabía y le mostró apoyo, le dijo que luchara a pesar de que este nunca le quiso contar cuánto sufría. Para mí que se iba a dejar comer solo porque era su amigo, porque segundos antes le tomó el pantalón a Nishio así que. Ya, basta de teorías. Lamento si en algún momento no me di a entender, aunque espero eso no haya pasado. El punto es que esta vez el tema no son los deseos ni las mentiras, sino el apoyo.

Una vez una amiga me dijo lo de que los dientes de león llevan tus sueños y deseos hasta el cielo, y me encantó esa teoría, fue inevitable utilizarla.

Gracias a las bellezas que se tomaron la molestia de poner esta historia en sus favoritos, seguirla, ponerme a mí en favoritos y dejar un review, me hicieron muy feliz con eso. Prometo traer pronto el siguiente.

Quería traer un especial de Navidad, "Como muérdago", pero verán que se me pasó la fecha.

Eso es todo. Gracias a los que leyeron hasta acá, y también a los que no.

No olviden que la opinión de un lector motiva a un escritor a continuar su labor, así que dejen un sensual review y les estaré terriblemente agradecida. En fin, feliz Navidad atrasada y feliz Año Nuevo.

KingOfMisery