Notas de autor al final, favor de leer.
Advertencia: Esta historia posee posible yaoi [hombre x hombre]. No hay mucho que advertir aquí. Cualquier error ortográfico o de mi posible dislexia es mi culpa. Reclamos a mi persona.
Disclaimer: El mundo de Tokyo Ghoul y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Ishida Sui. Esta historia fue escrita con la finalidad de agradar y entretener al lector.
Historia 100% original. Propiedad de OuttaControl845 & KingOfMisery. Historia con derecho de autor.
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Ϟ Como ola del mar Ϟ
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Durante toda su vida había conocido distintas cosas. Había ido a varios circos con animales –y había llorado en estos por miedo a los látigos–, había conocido acuarios inmensos, pequeñas granjas, uno que otro lago y había quedado enamorado del zoológico. Pero había un lugar que nunca había llegado a conocer en su corta vida, un lugar que todos decían era maravilloso, pero que él solo había visto en imágenes.
Ken Kaneki nunca había ido al mar.
Eso era porque su madre nunca había tenido tiempo de llevarlo, luego de la muerte de su padre –y desde que tenía uso de razón– ella se había dedicado a su trabajo, a veces él se levantaba y el desayuno ya estaba listo sobre la mesa, y no la podía ver hasta a altas horas de la noche. Muchas veces se obligó a quedarse despierto con tal de ver a su madre. Cuando ella murió su tía no lo acogió como a un hijo, así que nunca lo incluyó en los viajes familiares, y mucho menos en los grandes. Una que otra vez lo llevó a lugares pequeños, como los circos, pero lo hacía a regañadientes y de eso nunca pasó.
Kaneki se imaginaba el mar como un lugar tranquilo y hermoso, le habían dicho que el agua era salada –cosa que aún le costaba creer– y que esta no tenía fin. Tres veces fue a lugares con lagos, y todas las veces intentó imaginar el mar, pero se le hacía imposible que este no tuviera final. Siempre hay otra orilla.
A pesar de que la curiosidad le mataba nunca quiso pedirle a su tía que lo llevara, una vez lo había intentado y el resultado no había sido el mejor, ese día acabó encerrado en su cuarto, sin cena y con una fuerte gritada. Ya se había hecho la idea.
Nunca podría conocer el mar, o al menos no hasta que tuviese un buen trabajo y una vida aparte.
— Hey, Ken, ¿Qué es lo primero que harás al graduarte? —Hide le vio con cierto entusiasmo, sacándole de sus pensamientos, haciendo que bajase la pequeña postal donde justamente se podía ver una fotografía del Pacífico.
— Yo… Creo que iré a conocer el mar.
El silencio reinó entre ambos chicos, el rubio aún no lo podía creer. Ambos se vieron por un largo tiempo, confundidos. Por fin, luego de casi dos minutos, Nagachika habló.
— Espera un minuto, ¿No conoces el mar?
Se encogió de hombros un tanto avergonzado, el sonrojo no tardó en cubrir sus mejillas. Fue peor cuando escuchó a su mejor amigo soltar una fuerte carcajada, obligándole a ocultar la mirada entre su flequillo.
— N-no lo puedo creer, en serio no conoces el mar. —Una vez más estalló en carcajadas, sujetando su estómago con ambas manos, haciendo lo posible por no caer al suelo.
— No es gracioso.
Hide calló al momento de escuchar las palabras de su amigo, su voz había sido baja y se había quebrado un poco. Ah, como amaba a su querido llorón.
— Pero no te pongas así, tan solo pensé que me estabas tomando del pelo. —Tiró una de sus mejillas, obligándole a alzar la mirada—. No llores, ¿Bien? Lo lamento, fui un poco cruel.
Ken solo apartó la mano que le sujetaba, cruzándose de brazos. Hide era un idiota, un completo idiota.
— A todo esto, ¿Por qué?
— Bueno… —Volvió a levantar la mano donde tenía la pequeña postal, admirando la fotografía una vez más—. Nunca pudieron llevarme, ya sabes, mi mamá trabajaba mucho.
Llevó una mano hasta su mentón, haciendo una mueca muy obvia de que estaba pensando. El azabache estuvo a segundos de interrumpirle, pero este chasqueó los dedos, sujetando a su amigo por los hombros.
— ¡Ya sé! Te invito a ir al mar. —Sacudió un poco al más bajo, esbozando una gran sonrisa, esa que solo él sabía hacer. Kaneki le vio un tanto anonadado, pero luego comenzó a negar una y otra vez—. Vamos, no me rechaces, me romperás el corazón.
— No, no puedo aceptar eso, ¿Qué dirían tus padres?
— Ellos te aman y soy su niño consentido, jaque mate Kaneki.
Trató de pensar en alguna otra excusa, pero ya no había salida, cuando a Hide se le metía una idea o meta nadie ni nada se la sacaba. Soltó un suspiro, resignado, murmurando por lo bajo tres simples palabras que alegraron el día del de orbes marrón: — Está bien, acepto.
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Sus orbes se iluminaron segundos después de que puso un pie en el suelo y vio al horizonte, la emoción fue tanta que unas cuantas lágrimas amenazaron con escaparse, pero no lo permitió. Al sentir que su mejor amigo abandonaba el auto se lanzó sobre este, envolviéndolo en un fuerte abrazo, aún sin soltar el llanto
— Eres el mejor, Hide.
El aludido simplemente sonrió, correspondiendo al abrazo, no había algo mejor que ver a su amigo feliz, y si llevarlo a conocer el mar lo haría feliz entonces el rogaría por llevarlo. Para su suerte su madre también tenía ganas de salir, y su padre no podía negarse a nada ante la dulce mirada de la rubia, así que Hide había salido ganador. Lo realmente difícil había sido convencer a la tía del azabache, no se había visto muy contenta ante la idea de dejar ir a su sobrino tan lejos y sin un acompañante de confianza; Hide se sintió herido ante eso, ¡Él era de confianza! Al final su bella madre también la había convencido a ella, y es que nadie ni nada podía negarse ante los encantos de aquella hermosa mujer. Gracias a eso allí se encontraban ahora, parados sobre la arena a escasos metros del mar.
Tomó a su amigo de la muñeca, tirándole con fuerza, prácticamente arrastrándolo hasta el mar. No se detuvo hasta sentir que las olas le golpeaban hasta las rodillas, luego se volteó para ver la reacción del menor.
Y volvió a reír.
Su cara era entre asombro y espanto. Aparte de que las olas le empujaban con fuerza podía sentir como algo le raspaba las piernas. El día anterior se había lastimado el tobillo con un mueble, haciéndose una pequeña cortada, ahora esta le ardía como si le estuviesen dejando caer alcohol. Pero ahora podía confirmar lo que nunca quiso creer: El mar no tiene fin, o al menos no aparenta tenerlo. Había estudiado muchas veces geografía, sabía que muy lejos había más tierra perteneciente a otro continente, pero estar ante aquella inmensidad de agua le hacía sentir que no había nada más allá. Y entendió porque antes se creía que la tierra era plana y el agua caía, porque parecía que allí hubiese un corte y el cielo se hallara detrás.
La curiosidad le ganó, metió una mano al agua para luego llevarla hasta sus labios, introduciendo uno de sus dedos en su boca. Lo salado le inundó, tomándolo por sorpresa, asqueándolo un poco. Así como lo metió lo sacó, reprimiendo sus ganas por escupir.
— No seas torpe, no deberías hacer eso. —Hide volvió a reír, tomándole una vez más de la mano—. Ven, vamos a nadar.
Toda la alegría que llenaba su mente se vio quebrada ante esas simples cuatro palabras. Su rostro se puso pálido, intentó retroceder pero le daba demasiada pena negarse. Así se dejó llevar hasta que el agua le llegaba al pecho, y al llegar las olas esta cubría su cabeza. El pánico se apoderó de su cuerpo al sentir que su amigo le obligaba a avanzar, y el agua comenzaba a alcanzar su mentón. En un momento sus pies dejaron de sentir la arena.
— ¡E-espera, Hide! Yo n– —Una ola le interrumpió, golpeando su rostro con fuerza, dejándole a la merced del mar. Su cuerpo se deslizó lejos de su amigo, sintiendo como la seguridad de su agarre se desvanecía. Hide salió a la superficie, pero Kaneki no.
Se sintió presa del miedo, por más que se moviera no lograba volver. El oxígeno le faltaba, los ojos le ardían y la fuerza del mar lo arrastraba lejos. Cerró ambos párpados, intentando gritar, soltando el poco aire que había guardado.
El mar es hermoso, pero muy peligroso.
Al llegar a la superficie tomó una fuerte bocanada de aire, tosiendo sin control, aferrándose al cuerpo del rubio. Se la había ido el alma al momento que vio a Ken casi ahogarse, pero saber que estaba bien se la había regresado. Nadó con el azabache hasta la orilla, donde sus padres les esperaban.
— ¡Nagachika Hideyoshi, eres un irresponsable! ¡¿Cómo has podido hacer eso?! ¡Hijo de tu padre tenías que ser!
— Oye, yo no sabía. —Pequeñas lágrimas le nublaban la vista, o tal vez era agua, ya no lo sabía. Tal vez sí lo había hecho mal, debió preguntar antes de llevarlo al mar. Bajó la mirada mientras el regaño de su madre continuaba, sintiéndose el peor del mundo.
Recostado en la arena se encontraba Kaneki, quien apenas estaba logrando respirar con normalidad. Las fosas nasales le ardían y estaba seguro de que ahora conocía el recorrido de sus bronquios a causa del ardor que provocaba la sal. El padre de Hide le ayudo, no sin antes lanzarle un par de miradas de completa desaprobación al de raíces castañas. Se sentía mal por ser tan idiota y haber metido en problemas a su amigo. Él había hecho todo eso solo para hacerlo feliz, y ahora, por su culpa, se había arruinado lo que debería de haber sido una bella y alegre salida.
Por inútil, por ser tan torpe y no saber algo tan básico y simple como nadar. Él ni siquiera tendría que estar allí, no pertenecía a los Nagachika, entonces, ¿Por qué estaba metido en ese viaje familiar?
Por Hide y su intento de cumplir su sueño de ver el mar.
— No voy a soportar esto, vámonos. —Las palabras de la mayor fueron duras y claras, cosa que le rompió el corazón a ambos jóvenes.
— P-pero, Kane-
— Nos vamos dije, no quiero tener que ir a decirle a su tía que mi hijo lo ahogó en el mar. Ahora, a callar.
Aquello fue suficiente para que Hide bajara la cabeza, murmurando un casi inaudible "sí, mamá", demostrando lo mal que se sentía.
— No hay problema. —Ken decidió interrumpir el incómodo regaño, alzando un poco la voz para luego sentirse avergonzado por ello—. E-estoy bien, no me ha pasado nada.
La rubia arqueó una ceja, viendo mal a su hijo, luego le dedicó una dulce mirada al azabache mientras acariciaba su mejilla cual madre protectora.
— No quiero que te pase nada, Kaneki.
— Pero no quiero irme aún, eso no fue un problema. —Volvió a insistir, pareciendo más una súplica. Porque lo era, y podría hasta ponerse de rodillas para no tener que partir de vuelta a casa, donde su tía le recibiría con un regaño por los rasguños de la arena en sus brazos y cara, y de seguro volvería a estar castigado.
La madre de Hide soltó un suspiro, resignada, ¿Quién podría decirle que no a esa mirada? A veces detestaba el efecto que los grandes ojos del amigo de su hijo tenían en ella. Se cruzó de brazos, respondiendo con la misma dulzura: — Está bien, pero mantente alejado del mar.
Kaneki no pudo evitar abrazarla con entusiasmo repitiendo una y otra vez un "gracias", luego corrió para abrazar a su mejor amigo pero se detuvo segundos antes de rodearlo con sus brazos. Hide no levantó la mirada, simplemente susurró un "lo lamento", y su voz se quebró a media disculpa. Luego se dio la vuelta para ir a donde sus padres habían instalado las cosas. Kaneki se sintió terrible, pero no quiso comentarlo al darse cuenta de que sus padres lo habían pasado por alto, no quería causar más problemas. Quiso disimular, caminando al mismo lugar donde el otro había ido, sentándose a su lado.
Por un largo tiempo no habló, no quería molestar al chico que se encontraba a su lado, abrazando sus piernas y ocultando el rostro entre las rodillas. Le permitió no hablar, permaneciendo de la misma forma por casi diez minutos. Al pasar todo ese tiempo sentía ganas de volverse a arrojar al mar y permitir que se lo llevase lejos.
— Oye… El mar es lindo, ¿No? Tal y como se veía en las postales. —Intentó de forma vaga romper aquel silencio, pero no hubo respuesta por parte del otro. Volvió a intentar, esta vez desviando la mirada al horizonte—. Te debo una, ¿Eh? Gracias por traerme, eres el mejor. —Una vez más no hubo nada.
Un pequeño nudo se formó en su garganta, odiaba sentirse ignorado y ese era el sentimiento que siempre lo había perseguido. Dolía ser ignorado por su familia, a penas y podía soportar aquello, pero Hide siempre había sido su consuelo; ¿Qué iba a hacer ahora que él tampoco le hablaría? No tenía nada ni a nadie, Hide era su todo.
Una lágrima rodó por su mejilla mientras su quijada comenzaba a temblar. Tal vez debió decir que sí cuando le dijeron que volverían a casa.
— Lo siento, Hide. —Soltó aquel susurro segundos antes de que su garganta se cerrara, impidiéndole hablar. Por idiota no solo había perjudicado a Hide, ¿Y si ahora también lo había perdido?
— No entiendo por qué te tienes que disculpar. —Por primera vez en todo ese tiempo alzó la vista, dejándole al azabache ver sus húmedas mejillas—. Ken… Casi te mato, ¿Sabes lo mierda que me hace sentir eso?
Las lágrimas volvieron a correr por su rostro obligándole a ocultar este una vez más, Kaneki no quiso responder, tan solo lo abrazó con fuerza, haciendo lo posible por no llorar también.
— Deberías odiarme.
— No te odio.
— Yo me odio.
— Enséñame a nadar. —Aquella repentina frase hizo que Nagachika volviera a alzar la mirada un tanto sorprendido—. Quiero que me enseñes a nadar.
— P… ¿Y ese cambio? —Secó sus lágrimas con el dorso de su mano. Kaneki solo rió por lo bajo mientras besaba su húmeda mejilla.
— No me importa eso, también me salvaste, y ahora quiero aprender a nadar.
Hide comenzó a reír por lo bajo siendo imitado por su amigo. Por fin correspondió al abrazo que el otro le daba, acariciando con dulzura una de las pequeñas heridas causadas por la sal y arena.
— Está bien, te enseñaré. Pero no en el mar.
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Sentía pesados sus párpados los cuales estaban a punto de cerrarse, sus oídos se habían tapado, eso era algo que odiaba de viajar. Cuando cerraba sus ojos podía sentir como si aún flotase sobre el agua, era una lástima no poder permanecer toda la noche, o toda la semana. Llevó la mirada a su derecha encontrándose con el azabache que dormía sobre su hombro, acaricio con suma ternura uno de los pequeños raspones de su mejilla para luego besar su frente.
¿Qué había hecho para merecer tanto? Ese día estuvo a punto de odiarse a sí mismo, y a pesar de todo él no le había reprochado. Es más, se había disculpado.
Dejó escapar un suspiro, continuando con las caricias al menor, llevando la mirada a donde se encontraba su madre.
— Lamento lo de hoy.
Aquello la tomó por sorpresa, ya había dejado atrás aquel accidente, no podía estar molesta con su hijo por más de uno hora. Se giró sobre su asiento para verle mejor, esbozando una dulce y maternal sonrisa.
— Ya pasó, Hide, lo importante es que no ocurrió nada malo.
El simple hecho de imaginar qué hubiese pasado si no hubiera alcanzado la mano de su amigo lo aterraba, le hacía sentir terrible y su estómago se revolvía, provocándole náuseas. Él no quería perder a Kaneki; tal vez, a diferencia del azabache, él contaba con muchos más amigos, pero Ken era parte de su vida, no podría vivir sin tenerlo. No quería perder a Kaneki. Simple y sencillo.
El chico sobre su hombro se removió soltando un pequeño quejido. Parecía estar teniendo una pesadilla, y lo confirmó al ver una lágrima amenazar con correr por su mejilla. Pegó sus labios a su cabello, llamándolo por su nombre en un intento por tranquilizarlo más que por despertarlo. Aquello junto con las caricias pareció surgir efecto, y al ver en su rostro una pequeña sonrisa se pudo sentir tranquilo. Con el simple hecho de que Kaneki fuera feliz él era feliz.
Aún recordaba aquel deseo que había pedido cuando eran unos niños, y había pedido lo mismo el día que había encontrado el diente de león, eso era todo lo que necesitaba, y con toda la inocencia de un niño esperaba que se cumpliera.
"Deseo estar con Kaneki siempre, y que nunca se aparte de mí."
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~Notas de Autor
¡Hola! He vuelto luego de una larga ausencia, lo lamento, culpo a las clases. Pero ya tengo aquí el cuarto One-shot que consta de 2,795 palabras, sorry not sorry. Me siento un poco triste porque ya van a terminar los drabbles/One-shots, amo escribir de este par. Creo que al publicar el último me quedaré escribiendo lo que vendrían siendo extras, y esos no tendrán límite.~
Oh, ¿Qué tengo que decir aquí? Sí, Kaneki no sabe nadar en mi mundo, y tampoco conoce el mar. ¿Por qué he tomado esta decisión? Pues porque su madre apenas y tenía tiempo para él en el manga, y su tía llegó al punto de dejar de prepararle comida o permitirle cenar en la mesa, si era así ¿Cómo diablos iban a llevarlo a pasear a la playa? Es mi lógica, déjenme con ella.
Hablando de crueldad (?), había pensado poner que Hide le encontraba moretones en el cuerpo, pero nah, me apiadé de su frágil mente y no lo puse. Yo creo que es todo lo que debo escribir aquí. Gracias a quienes leyeron hasta aquí, y también a quienes no, son un amor.
No olviden que los comentarios de un lector motivan al escritor a seguir día a día, motívenme con un bello review, no les pido testamentos pero sí que me digan lo que les parece. Oh, gracias a las bellezas que me los han dejado, actualmente no he respondido los del tercer drabble, pero si me faltaba responder otro y no lo hago pido disculpas.
Adelanto~ El próximo drabble/One-shot se titula "Un latido enamorado", ya se imaginarán de qué va a tratar, y luego de ese capítulo ya haré mención a cosas que ocurren en el manga. Eso es todo, gracias.
— KingOfMisery
