¡Hola gente bonita de Fanfiction!

Creo que una disculpa es insuficiente por mi retraso, fueron casi tres meses de mi ausencia y realmente lo lamento. Pero mi vida se me complicó un poco debido a que la Facultad se puso pesada y pasé por una situación difícil. No voy a entrar en detalles. Me di cuenta que pasó mucho tiempo y decidí publicar un nuevo capítulo.

Les aviso que ya tengo -medio armado- el final, que será algo... Intenso. Me dí cuenta que a medida que reviso los capítulos que están hechos les cambio algunas cosas, incluso a unos lo volví a escribir. Joder, siempre tan complicada...

Como sea, dejando de lado mis histeriqueos, quiero agradecerles a todos por leer, dejarme un review, poner a la historia entre sus favoritos y seguirla. Realmente es algo que aprecio, y que no voy a dejar de decirlo.

También a las personas que no poseen una cuenta y me escriben de forma anónima , leo sus comentarios :) -jazsmith- el romance será lento y algo enfermizo, me alegro que leas el Gaasaku ^^ pronto subiré un nuevo capítulo y espero verte por ahí :), -lizeth- muchas gracias y espero que te guste el nuevo capítulo ^/^

Aclaraciones: Puede que algunas cosas no concuerden con el mango o anime.

Advertencias: +16. Lenguaje vulgar. Tortura.

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen pero esta historia si.

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Broken woman

(Mujer rota)

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Rota: Que está rota o quebrada en dos o más partes. Participio femenino singular del verbo "romper. /Romper: Separar con violencia las partes de un todo , deshaciendo su unión. Quebrar o hacer pedazos una cosa. Hacer una abertura en un cuerpo o haciéndole daño.

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Capítulo 3: Obsesión.

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Nunca había llevado la cuenta de cuántos errores había cometido en su vida. Siempre había elegido el camino equivocado por más que tratara de ver el bien en ellos. Como cualquier otra persona había tenido sueños pero cómo a la mayoría le sucedía, terminaban rompiéndose. Ya sea porque se rindieron en el camino o cómo le había pasado a él, terminaban hundiéndose en la oscuridad por el deseo de poder. Aunque él había tenido la utopía de un mundo lleno de paz, sin guerras, cómo todos, había fracasado.

Y ahora su sueño era otro.

Madara sonreía de medio lado, mostrando su habitual arrogancia. El Legendario Uchiha se encontraba de pie con los brazos cruzados sobre el pecho, observando su nueva y potencial arma recién adquirida. Luego de la Guerra, realmente pensó que ese sería su final, pero se había equivocado. Logró huir y esconderse para recuperarse, aunque le había tomado un año completo para ponerse en buena forma.

Aquella muchacha que estaba frente a él, lo había impresionado, la tenacidad, la valentía y el orgullo de kunoichi le había dejado sorprendido, sobre todo cuando se había enterado de lo que su descendiente le había hecho y que a pesar de todo, la joven seguía con vida. Y cuándo traicionó a la Alianza sacándole el ojo al Hatake, comenzó a observarla en la cueva, tan solitaria e indiferente. Algo había captado su atención. La peli-rosa se esmeraba en una técnica, día tras día, sin importarle su propia salud. Al principio no le había dado importancia pero luego cuando descubrió de qué se trataba el jutsu, simplemente quedó fascinado con la Haruno.

Por un momento, había planeado en robarle el pergamino pero por alguna extraña razón, la había acogido cómo su alumna. Deseaba descubrir más acerca de la muchacha que había restaurado su cuerpo sin ayuda de nadie, pero sobre todo, quería saber el motivo que la impulsaba a seguir, ya que había descubierto que no era por venganza. Y, a pesar de la actitud fría y carente de toda emoción de la mujer de mirada jade, sentía que eso no iba con ella. Por lo que él, estaba dispuesto a corromper aún más a la joven, a sacar la última gota de lucidez y razonamiento que le quedara. La convertiría en una nueva persona.

¿Por qué?

Entrecerró los ojos por unos minutos para luego relajar sus facciones. No sabía exactamente la razón, solamente deseaba romper a la pequeña muñeca que había luchado contra él en la Cuarta Gran Guerra. Deseaba saber hasta dónde se puede destrozar a una persona, de lo que puede llegar a hacer. Sobre todo a alguien que fue tan cálido y cariñosa como ella lo había sido.

Sakura parpadeó tratando de enfocar y poder ver dónde estaba. Sintió cómo sus brazos estaban sobre su cabeza, genial, pensó irónicamente. Al parecer todos habían agarrado la costumbre de amarrarla de esa forma. Luego de unos segundos pudo distinguir a su nuevo captor. Estaba frente a ella, sonriendo arrogante y mirándola fijamente. Resopló haciendo que un mechón de cabello rosa que se encontraba delante de su rostro se corriera, carraspeo y miró con aburrimiento a Madara.

- ¿Qué esperas lograr con esto?-

- Aceptaste ser mi alumna.- contestó luego de unos minutos de silencio.

- Aa.- movió sus manos haciendo sonar las cadenas a lo que el Uchiha sonrió aún más.

- Eso es parte del entrenamiento. Los supresores de Chakra serán tus "oponentes".-

- ¿Tengo que liberarme sólo con fuerza bruta?- arqueó una de sus finas cejas rosadas.

El hombre se limitó a retirarse del lugar, siendo observado ante la mirada atenta de la mujer. Madara caminó por el largo pasillo que era iluminado por antorchas. Las cadenas que sostenían a la peli-rosa fueron hechas especialmente para la monstruosa fuerza que ésta poseía, por lo que no se libraría fácilmente de ellas. Porque, incluso aunque la Haruno tuviera chakra, no podría romperlas. Escuchó a lo lejos cómo la fémina trataba de liberarse. Sonrió de medio lado mientras se adentraba a su habitación. Realmente se estaba divirtiendo.

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¿Por qué se había vuelto tan enfermo? ¿Qué le estaba pasando? Un gruñido ronco escapó de sus labios pero rápidamente empujó a la mujer quién cayó al suelo estruendosamente. La observó con puro fastidio y odio, por lo que la castaña de mirada verde, temerosa ante el hombre, agarró sus ropas y salió de aquella habitación. Aventó una pequeña mesa haciéndola estrellar contra la pared, rompiéndola. Su ceño se frunció mientras se colocaba el boxer y luego el pantalón. Ninguna mujer con las que estuvo, le daba placer, sencillamente no sabía lo que le pasaba. En realidad, si sabía. Y tenía nombre y apellido su problema.

Haruno Sakura.

Su querida ex –compañera y ex –rehén. Maldijo por lo bajo, realmente la extrañaba. Si, el gran Uchiha Sasuke, desertor y asesino a sangre fría echaba de menos a una mujer. Pero obviamente no era cualquier mujer. Aquella joven de cabello rosa había tocado el frío corazón del azabache. Necesitaba tenerla nuevamente entre sus brazos, verla y saber que seguía con vida. Quiso reír pero no pudo, era irónico pensar algo así cuando él mismo, unos meses atrás, la había mutilado.

-Sasuke-sama.- oyó cómo lo llamaban detrás de la puerta.- Tiene una carta de parte del Hokage.-

¿Una carta? Arqueó una ceja ¿Qué diablos quería el idiota de Kakashi? Soltó un bufido para abrir la puerta topándose con un hombre de aproximadamente veinte años, quién al verlo, hizo una reverencia mientras le tendía la carta. El Uchiha simplemente cerró la puerta luego de haber tomado el papel. Sentó en la cama y comenzó a leer para luego ensanchar los ojos pero rápidamente, la sorpresa marcada en sus orbes fue reemplaza por ¿felicidad?

Tomó su remera, su katana y salió de aquella habitación, dónde avanzó por un largo pasillo. Ante la mirada de sus súbditos que se encontraban en la sala, partió de la guarida sin dirigirla la palabra a alguien. Él no tenía por qué darle explicaciones a ellos. A gran velocidad y con la agilidad que había adquirido gracias a la Guerra, se dirigió a Konoha. A la Torre del Hokage más específicamente. Cuando llegó ya era de noche, no perdió tiempo ni tampoco se preocupó si era visto o no, por lo que fue directamente a la oficina. Abrió las puertas sin golpear, encontrándose con la mirada de completo fastidio pero a la vez serio de Shikamaru Nara. Sentado en un sillón estaba Naruto, quién mantenía la cabeza gacha.

- La han colocado en el libro Bingo.- murmuró quedamente el rubio.

- Atacó a un Kage. - espetó el Nara con las manos en los bolsillos.

- Así que sigue viva. - habló el azabache suavemente.- Y parece que está enojada.-

- ¡¿Te parece divertido hijo de puta?!- el Uzumaki se levantó del sillón mirando con furia al Uchiha.

- Hn.- le sonrió con burla.

- Puedo apostar que va a hacer algo, pero no puedo imaginarme qué. No creo que sea simplemente una venganza contra la Aldea. - expuso su idea Shikamaru antes de que comenzaran a discutir.- Creo que deberíamos esperar un tiempo para ver qué hace.-

- Hagan lo que quieran. - el azabache se dio media vuelta ante la mirada desolada del Uzumaki y la de seriedad del genio.

- Sasuke, es mejor que estés alerta.- le advirtió el Nara.

- No soy tan estúpido como Kakashi.-

Antes de que alguno pudiera replicar, sobre todo Naruto, se esfumó ante la vista de ellos. Yendo hacia su guarida, no pudo quitar la sonrisa burlona mientras que sus ojos mostraban un brillo siniestro, desbordantes de locura y oscuridad. Era obvio que los de Konoha la buscarían para tratar de salvarla, algo que era demasiado tarde. La peli-rosa estaría más muerta que viva. Pero eso no quería decir que él no la encontraría. Removería cielo y tierra con tal de hallarla. La sola de idea de corromper aún más a Sakura, le fascinaba.

Su torso desnudo poseía leves gotas de sudor, sus orbes fríos como el hielo y carentes de sentimientos, miraban los cadáveres frente a él. Estaba sentado en el verde césped, descansando de su "entrenamiento". Aquellos cuerpos pertenecían a un grupo de espías que había capturado hace unas semanas atrás. Y cómo todos podían comprobar, el Uchiha estaba de mal humor. Bastante, en realidad.

Se pasó una mano por su cabellera azabache, de forma lenta, quedamente. Estaba agotado emocionalmente aunque por fuera mostrara lo contrario. No podía encontrar a Sakura, no había rastro de ella. Era como si hubiera desaparecido de la Tierra. Se sentía frustrado consigo mismo, era algo que podía creer ni aceptar. Debía encontrarla.

Necesitaba romperla.

Hacerla sufrir y que grite de dolor.

Tenerla bajo de él.

Y luego, extinguir su luz.

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Sus orbes oscuros la observaron, la sangre bañaba el lugar. El líquido vital corría a través de aquellos brazos tan delgados y blancos. La mujer se encontraba semi-inconsciente, sentada sobre el suelo de roca, con sus largas piernas flexionadas en cada lado correspondiente tocando el piso, manteniendo la cabeza cabizbaja y con los brazos ensangrentados. Mandara afiló la mirada al notar cómo la peli-rosa tenía las muñecas rotas, probablemente por la fuerza que había empleado.

Realmente, Sakura lo sorprendía demasiado. Pensó que tal vez tardaría varios días en lograr liberarse de las cadenas pero no fue así, tan sólo le había tomado menos de veinticuatro horas. Caminó hasta llegar a ella y luego se colocó en cuclillas para poder quedar a la altura de la mujer. Con delicadeza, la tomó del mentón y le levantó el rostro para poder observarla mejor. Sus ojos jade, opacos y carentes de emoción, mostraban que la mente de la peli-rosa no estaba en ese lugar. Estaba ida, seguramente por el gran dolor que había pasado y el desgaste de su fuerza.

¿O acaso el entrenamiento le recordó a lo que había soportado con Sasuke?

Sin darse cuenta apretó la mandíbula haciendo crujir sus dientes. La tomó entre sus brazos para llevarla a una habitación para que alguna de las criadas que estaban bajo sus órdenes la pudieran curar. Por alguna razón no le gustaba recordar lo que le había hecho su odioso pariente. Era como si le estuviera quitando algo, ocupando el lugar en la mente de la peli-rosa, abriéndole viejas heridas y haciéndole recordar el dolor que le había infundido. Frunció el ceño al momento en que la dejaba sobre una camilla y una mujer comenzaba a tratar las heridas de ésta.

Se negaba a pensar que estuviera sintiendo algo sentimental hacia Sakura, tal vez era porque él deseaba hacerla sufrir. Que la fémina de cabello rosa no pudiera dormir de agonizar a causa de él. Sí, eso debía ser. Porque él, Uchiha Madara, era el hombre por el cual la Haruno debía sufrir.

- Metido en sus pensamientos ¿sensei?- oyó una voz ronca y delicada. Sin inmutarse, observó a la peli-rosa que lo miraba fijamente.

- Hn. -

Sakura arqueó por unos segundos sus cejas ante la actitud arisca del Uchiha. Parecía molesto por algo y sinceramente, no deseaba averiguar qué era lo que lo tenía así. Algo en el fondo, le decía que era por ella. Hacía unos minutos que había despertado, y lo había visto para frente a ella, con la mirada perdida y el rostro pasible, pero sus ojos mostraban que estaba furioso. Era un poco fastidioso verlo así, ella conocía la actitud juguetona y arrogante que su sensei poseía y verlo así no le gustó.

- Levántate y sígueme. - ordenó con un tono indiferente y frío.

- Hai. -

Se levantó de la camilla y salieron de la habitación. Sakura al caminar, sentía como sus piernas flaqueaban un poco a cada paso que daba. Estaba muy débil, bastante. Las estúpidas cadenas con las que la había amarrado Madara eran realmente pesadas y fueron difíciles de romper. Por inercia, trató de tocarse las manos pero rápidamente se percató que le costaba moverlas y que aún poseía los supresores de chakra. Se contuvo de soltar un bufido, tenía las muñecas rotas y su querido sensei al parecer, no deseaba que se curara.

Lo observó detenidamente, caminaba frente de ella. La larga cabella negra le cubría casi toda la espalda, impidiendo poder ver el símbolo de su Clan. No llevaba la armadura puesta cómo en la guerra pero tampoco estaba vestido de civil. Por lo que pudo ver, tenía una remera negra de mangas largas que era un poco suelta con el cuello en V, unos pantalones de igual color que la remera, sus pies estaban vendados hasta unos quince centímetros debajo de la rodilla y finalmente las sandalias ninja que tenían el mismo tono que la ropa. Le hizo recordar en la forma en que vestía Itachi, pero la única diferencia era que Madara era más grande que el primogénito de Fugaku. Tenía la espalda más ancha y sus músculos eran más grandes, aunque sí tenían la misma altura.

Apretó los labios ¿en qué mierda estaba pensando? ¿Los estaba comparando? Sí maldita sea. Se quiso golpear contra algo. No podía creer que a ésta altura de su vida, y por todas las cosas que pasó, se estuviera comportando como una estúpida adolescente. Sin darse cuenta, fulminó con la mirada la espalda de Madara. Trató de dejar de pensar en los Uchiha y se dispuso a observar mejor el pasillo por dónde caminaban. El sonido de sus pasos retumba en medio del silencio en el que se encuentran sumidos.

- ¿A dónde vamos?- preguntó distraídamente pero se mordió la lengua ¿qué le pasaba?

- A seguir con tu entrenamiento.- arqueó una ceja ante el comportamiento de la peli-rosa, la notaba nerviosa. Sonrió arrogante.

- Los huesos de mis manos siguen rotos.-

- Aa.- contestó cortante molestando un poco a su alumna.

- Si no me quitas los supresores no me puedo curar.-

- Te las arreglarás.- finalizó la conversación con su voz carente de emoción.

La tentación de arrugar las cejas era muy alta, pero se contuvo. Respiró con calma mientras continuó caminando pausadamente, como su sensei lo hacía. Su energía vital estaba por el suelo, podía sentir a su cuerpo temblar ante la falta de alimento y descanso, sin mencionar que el acceso a su chakra era escaso y sus manos eran inútiles. Se preguntó internamente ¿qué clase de entrenamiento tendría? Si era un combate de cuerpo a cuerpo podría ingeniárselas pero si era similar al anterior entonces estaba jodida. Iba a perder las extremidades de su cuerpo. En el ejercicio anterior casi se arrancó los brazos, tuvo suerte de no habérselos descolocado.

Caminaron unos minutos más hasta detenerse en una enorme sala, casi tan grande como un campo de entrenamiento, sólo que había pequeñas diferencias. Que estaba bajo tierra y que todo era roca. Unos metros después de la puerta, había unos veinte metros hacia abajo, lleno de pinchos grandes, de tres a cinco metros aproximadamente. También había rocas a la altura de la puerta con un área en dónde cabrían veinte personas. Madara apretó un botón que estaba al lado de la entrada y Sakura sintió que por un momento se le iba la respiración. Unas enormes cuchillas y enormes martillos de acero, a una velocidad impresionante, se paseaban de un lado a otro, en todas las direcciones y alturas.

Estaba jodida.

- Bien. - comenzó a hablar el pelinegro llamando la atención de Sakura.- Como verás, el entrenamiento se trata de esquivar las cuchillas y martillos, tendrás que ser rápida porque se mueven a unos seiscientos metros por segundos. Hay trece pilares distribuidos por todo el campo para que puedas apoyarte. -

- Umm. - la fémina lo medito un poco mirando analíticamente el lugar.- De acuerdo.-

- Hn. - cerró los ojos para luego darse media vuelta.- En una semana vendré a buscarte.-

- ¿Qué?- la peli-rosa gira medio cuerpo bruscamente mirándolo de forma atónita.- ¿Siete días esquivando? –

-Hn de acuerdo. En cinco días vuelvo.- la observó de forma fría para luego alejarse del lugar.- Creo en ti.- murmuró.

Antes de que pudiera responder, saltó hacia uno de los pilares que estaba a unos cuantos metros mientras una de las cuchillas la rozaba. Abrió los ojos impresionada ¡puta madre! No debía distraerse ni por un segundo. Comenzó a moverse con rapidez, tratando de evitar que los objetos la tocaran. Sintió un fino corte en su mejilla y luego como la sangre tibia se deslizaba por esta. Chasqueó la lengua, pronto se debilitaría por completo volviéndose más lenta y torpe, sin mencionar que no podría descansar.

Estaba muy pero muy jodida.

Estúpido Madara.

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Camino unos metros y luego se detuvo por unos segundos para luego reanudar su recorrido. Sabía de ante mano, que estaba sobre-exigiendo a la peli-rosa. Su cuerpo no duraría mucho por el simple hecho de que en tan sólo unas horas, ya estaría cansada. Pero ese era el punto del entrenamiento, que su velocidad aumente al igual que su resistencia y que se las pudiera ingeniar usando poco chakra. La iba convertir en una gran kunoichi, en una poderosa arma. Soltó un suspiro inaudible, en un año partirían al pasado y ambos, debían estar preparados.

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Las antorchas en las paredes apenas iluminaban la sala. Había una gran mesa redonda con sillas a su alrededor en donde había varias personas sentadas. Entre ellas, se podía distinguir los reflejos azules que uno poseía. Sasuke miraba a todos de forma aburrida aunque sus orbes oscuros mostraban frialdad. Se removió un poco en su asiento, logrando que todas las miradas se posen en él.

- Digan el motivo por el que me llamaron. - exigió ya harto del silencio.

- Rebeldes de muchas Aldeas están atacando, de forma continua, a los mercadores que van hacia Konoha. – habló el Nara.

- ¿Y eso a mí me importa porque…?-

- Cállate y escucha tarado. -

- A mí no me callas, imbécil.- masculló el azabache al Uzumaki.

- Tks. - Shikamaru chasqueó la lengua con fastidio. - No podemos tocar a estos rebeldes porque sus respectivos Kage nos lo prohíben. Supuestamente ellos mismos se ocuparían del asunto pero cómo ves, nunca sucedió. -

- Así que la Alianza es una farsa ¿eh?- murmuró con aburrimiento.

- No pero…-

- ¡Suficiente!-cortó el rubio al Nara. - El punto de todo esto, es que te encargues de estos tipos sin ponernos en la mira. - finalizó Naruto, molesto ante lo que estaban haciendo.

- Tenemos información que te podría interesar. - continuó el genio viendo la cara de fastidio del Uchiha.

- Umm. - arqueó una ceja.

- Fuentes confiables confirman que Madara sigue con vida y que está planeando algo muy grande.-

- No me interesa. - masculló molesto levantándose de su lugar. - Pero me desharé de la basura, ustedes tienen cosas más importantes de las que preocuparse.-

- ¿A qué te refieres?- cuestionó intrigado Naruto, observándolo detenidamente.

- Si algunos Kage se niegan a prestarle ayuda a Konoha para "rebeldes" de su Aldea, es cómo si estarían confabulando en contra de la Hoja. - sonrió de medio lado viendo a sus antiguos compañeros apretar la mandíbula.- Y con eso de que Madara siga vivo…-

Dejó sus palabras suspendidas en el aire para luego encaminarse hacia la salida siendo seguido por sus súbditos más leales. La pelirroja antes de seguir a su líder, observó un rato a su primo lejano y luego se marchó. El rubio soltó el aire que contenía en sus pulmones para mirar el símbolo del Clan Uchiha en la espalda de su amigo. Apretó los labios y finalmente escupió.

- Creemos que Sakura está con Madara. -

Detuvo su paso por un momento pero luego continuó caminando. Su esquipo decidió caminar atrás de él, ya que el Megenkyo Sharingan brillaba en el ojo derecho de Sasuke. El Uchiha sintió algo arder en su pecho pero también cómo si le hubiesen dado una fuerte patada en el estómago. Se adelantó, dejando a tras a lo que antiguamente había sido Taka. Crujió su mandíbula, su sed de sangre era muy grande, deseaba tener el rostro de porcelana de la peli-rosa para desfigurarlo.

Recordó la sensación que sintió cuando había cortado a Sakura, en la forma en que su katana atravesaba el cuerpo de la mujer una y otra vez. La imagen aún estaba en su cabeza, cuando blandió a Chokuto mientras ella abría sus ojos jade de par en par, llenos de dolor y pánico. Aún podía sentir cómo la sangre lo salpicaba y se esparcía por todo el césped. Tragó duro mientras recordaba cómo se sintió al decapitarla, sus ojos carentes de vida. Un cosquilleo de excitación se instaló en su vientre haciéndolo sonreír.

Disfrutaría mucho al castigarla por su traición.

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¿Y qué les pareció?

Ya lo sé, es un poco corto pero es para que vean cómo será el entrenamiento de Sakura. Madara poniéndola al límite, haciéndola sufrir e inconscientemente ella recuerda a Sasuke. Y a éste se le safó un tornillo, o unos cuantos mejor dicho xD Las cosas se están poniendo calientes entre sensei y alumna ¿Qué creen que pasará? ¿Qué les está pasando a los Kages? ¿Realmente le dieron la espalda a Konoha? ¿Se unieron a Madara? ¿O simplemente se trata de otra cosa?Ashh me siento como narradora de telenovela (?

Bien, espero que les haya gustado y no olviden dejarme sus opiniones :) Les agradezco mucho por leer.

Dato: Las cuchillas y martillos, puse que viajan a 600 m/s. Es la velocidad de una bala lanzada con una metralladora :)

¡Saludos! :$