DISCLAIMER: Los personajes conocidos son de Rowling, los que no son conocidos y la trama son míos. Creo q es obvio. No gano dinero haciendo esto, solo alimentomi ego.

NOTA1: Para la gente floja, como yo, que no leyó el mensaje del primer capítulo, les recomiendo que lean Procesos antes de leer los ficlets. Se pueden leer como historias separadas, pero no le hallarán mucho sentido a algunas partes o no encontrarán esos detalles que estaban escondidos en Procesos y aquí se han desarrollado.

NOTA2: Acepto cualquier sugerencia de los que hayan leído Procesos sobre algún punto en especial que quieran que se desarrolle. Hasta ahora tengo 8 escenas, pero no estaría demás escribir otras.

NOTA3: Debido a un cambio en las reglas de la página, solo contestaré a los reviews por medio de mi correo electrónico y no postearé las respuestas en las actualizaciones.


Título: De culpas y nexos - 3a Escena

Autor: GaBo0

Pairing: Draco!centric

Rating: T

Summary: AU. En un mundo sin magia, algunos situaciones pueden parecer insorteables. Y, muchas veces, la culpabilidad se vuelve una enfermedad crónica. Si no, pregúntale a Draco.


De culpas y nexos

Por GaBo0

Salió de la ducha luego de 15 minutos de exhaustiva limpieza con una esponja áspera en la mano derecha y el puño izquierdo cerrado sobre la toalla que colgaba de la ducha. Pensó que esa había sido una de las visitas menos productivas que habían tenido hasta ahora y estaba posiblemente en lo cierto.

Como siempre, habían pasado recogiendo las donaciones que la oficina donde trabajaba su hermano realizaba (pues, aunque dijera que odiaba lo que hacía Draco, siempre lograba que sus colegas donaran cosas para los albergues). Había subido al bus y se había encontrado con las mismas caras de siempre. Nadie había llamado su atención por estar en el bus. Por el contrario, una persona logró que su atención se centrara en el asiento vacío que solía ocupar, entre Hermione y Ron, en la parte delantera.

Blaise aún no tenía permitido salir luego de su 'accidente' que lo llevó a pasar un par de noches en la clínica y lo mantenía con la pierna en un incómodo yeso pintarrajeado (esto último no era tan tortuoso, aunque Draco sabía que el entusiasmo con el que Blaise contaba que era la primera vez que tenía la pierna enyesada era únicamente para no hacerlo sentir culpable). Su madre, sobreprotectora como solo ella podía ser a puertas cerradas, le tenía terminantemente prohibido caminar demasiado. El rubio estaba seguro de que lo que Blaise tenía terminantemente prohibido era andar con él, pero prefería evitar el tema con el pelirrojo.

Esto solo le había llevado a evitarlo completamente. Cada vez que lo veía no podía evitar sentirse culpable de la incomodidad que el otro trataba de ocultar bajo su amable sonrisa. Además del golpe, la escena no había sido muy agradable tampoco y mucho menos si Blaise recordaba todo lo que Lucius, en medio de su ataque de ira, había dicho.

Draco se ruborizó al pensar en todas las cosas que había oído ese día y maldijo a Lucius por, por una vez en la vida, llegar temprano a casa. Él lo tenía todo casi planeado (excepto por la parte en la que tenía a Blaise echado debajo de él en su cama). Pensaba pedirle disculpas por lo de Hermione, quedar en buenos términos, tal vez un beso como los usuales y luego sacar al pelirrojo de su hogar antes de que su hermano pisara la vereda de enfrente.

Todo había ido bien hasta el punto en el que le pedía disculpas. A partir de ahí no estaba seguro de dónde había quedado su relación, puesto que en un momento podía pensar que estaban nuevamente como antes pero al siguiente se daba cuenta que ni siquiera se hablaban ahora. Y, obviamente, el desastre ocurrió cuando Lucius apareció bajo el umbral de su habitación.

Comenzó a secarse el cabello mientras se colocaba la ropa encima. Comenzaba a sentir frío, algo extraño ya que recién comenzaba el otoño. Normalmente él era una persona muy calurosa y ni siquiera en invierno se ponía grandes abrigos. Sin embargo, en ese momento, tuvo que ponerse una chompa para que su piel no continuara erizada.

Pensó en el rostro de Blaise cuando lo fue a visitar al hospital. Le había encontrado conversando en voz baja con Hermione cuando entró a la habitación. La chica había evitado mirarle a los ojos y prácticamente había volado hacia el pasillo del hospital con un rápido adiós. Si eso no era sospechoso no podría decir lo que lo era. No obstante, al ver a Blaise postrado en la cama de la clínica con su cabello rojo siendo lo único de color en ese cuadro se sintió avergonzado él también y comenzaba a murmurar una disculpa cuando el otro le interrumpió.

"Draco, no pasó nada"

Cuando el rubio iba a contestar que sí había sido algo Blaise le había detenido con un gesto de la mano y había señalado la ventana. Al entrar la luz de la mañana en la habitación Draco se sintió un poco más aliviado. Al girar hacia el otro no pudo evitar que se le acongoje el corazón ante la mirada entristecida de su amigo.

Era exactamente así como lo recordaba. Con un gruñido bajito de frustración se tiró del pelo con algo de brusquedad al tratar de secarlo más rápido, pero solo consiguió esparcir gotitas rebeldes sobre el piso de su habitación. Se sentó en su escritorio y tomó la pluma que estaba a su alcance. Comenzó a morder la punta inconscientemente mientras sus ojos vagaban por la frase escrita sobre su hoja en blanco. 'Ensayo sobre la…' se leía en letras claras y delineadas, más sobre qué era el ensayo ni siquiera él lo sabía.

Se recostó contra el respaldar y continúo pensando en Blaise. En su amigo, el que le había acompañado durante aquellos periodos de tiempo en los que la convivencia con Lucius se había vuelto insoportable. Bueno, no iba a ser melodramático pues si seguía esa línea de pensamiento terminaría diciendo alguna estupidez como 'Blaise, aquel que estuvo a mi lado en las buenas y en las malas'.

No era como si no fuera cierto, sino que sonaba más a un cliché prefabricado que como a realmente se sentía con respecto al muchacho. Además, no sabía si podía únicamente considerarlo en el rubro de 'amigo' cuando era indudable que existía atracción amorosa (por no decir sexual) entre ellos. Y ahora le había arruinado algo que tenía todas las de ganar sobre la relación platónica que ellos podrían tener. Era clarísimo para él que, tal y como con Hermione habría podido tener una linda relación, con él solo encontraría un lindo recuerdo de un beso frustrado que terminó con él enyesado en la clínica.

Se culpó por eso. Por habérselo arruinado a Blaise, cuando el otro no tenía la culpa de que él tuviera a un hermano medio loco viviendo a su lado y escaseara de la fuerza de voluntad para zurrarse en él. Draco odiaba esas cosas. Odiaba arruinar los proyectos de todas las personas que le rodeaban.

Tal vez era por eso que una vez, inconscientemente, le había dicho a Hermione que hacía esas labores sociales para sentirse más limpio. No sabía de qué forma lo había tomado la chica, pues no creía que ella entendiera que se refería a aquellas cosas que nadie jamás le reclamaría en su cara. Sabía que Blaise jamás le culparía de su rompimiento con Hermione. Que jamás lo maldeciría por haber pisoteado aquel proyecto antes de verlo avanzar.

Con un suspiro comenzó a pensar en todas aquellas cosas que había hecho y que le hacían sentir tan corrupto. Tal vez cualquier otra persona que hubiera abierto su cerebro en ese momento podría haber visto las escenas que jugaban en su cabeza y no encontrarles nada malévolo. Sin embargo, para Draco cada una de esas palabras, cada gesto de su rostro le parecía impensable. La parecía que con cada acción que realizaba dañaba a alguien a su alrededor.

Se imaginó a sí mismo como un huracán que todo lo consume y lo deja hecho pedazos. Vio el rostro de su hermano en aquel árbol que sus brazos ventosos habían arrancado de la tierra y el cuerpo de Blaise volando entre el polvo que había levantado de la tierra. Observó a su padre parado en el ojo del huracán, mirando al cielo, parado al lado del cuerpo de su madre mientras le observaba con ojos fríos y calmados.

Recordó aquel momento en el que vio a ese hombre partir de su hogar. Días antes él había llorado, llorado tanto que Lucius no había podido hacer otra cosa que encerrarle en su cuarto. Oía a su padre y su hermano discutir en el pasillo, en la sala, en la cocina, en el cuarto de Lucius… Se vio a sí mismo escondido debajo de la cama cuando todo el ruido cesó con dos portazos.

Al día siguiente Lucius había ido a su cuarto y le había tomado de la mano con cuidado. Draco abandonó su habitación de la mano de su hermano mayor, que para sus ojos de un niño de cuatro años era muy alto y maduro y… grande. Y por ser así su hermano no podía estar temblando, no podía llorar como él lo había hecho. Y lo estaba haciendo. Desde su baja perspectiva veía a su hermano limpiarse amargamente las lágrimas que caían de sus ojos.

Sin embargo, apenas apareció su padre en el pasillo, la mirada de Lucius cambió y le apretó la mano dolorosamente. Draco trató de alejarse, pero al ver a su padre acercarse peligrosamente se abrazó de la cintura de su hermano y comenzó a gritar de nuevo, más por pánico que por alguna razón verdadera. Lucius le tomaba de los hombros, pegándolo aún más a su cuerpo, hasta que sintió la presencia de su padre alejarse escaleras abajo y a su hermano obligarse a moverse del lugar donde estaban parados.

Draco caminó al lado de Lucius hasta que quedaron parados frente a la ventana de la escalera. Ambos vieron con asombro la figura de su padre utilizar su móvil rápidamente antes de meterse en el auto y desaparecer calle arriba. Sintió a su hermano temblar nuevamente antes de que le dijera, con la voz calmada que le había caracterizado, que fuera a la cama. Que le leería un cuento.

Draco se llevó los dedos al arco de su nariz y ejerció presión ahí, donde le dolía. Recordaba perfectamente la llegada de la mujer grande y fea a su casa. Cómo Lucius se había quejado y había despotricado contra ella luego de asegurarse que Draco no estuviera cerca (y cómo él se había escapado de la barrera que su hermano había puesto para que no los oyera). Recordaba cada segundo de los años siguientes, él siendo muy pequeño. Podría reconocer a cada una de las nanas que pasaron por su hogar mandadas por su padre, quien parecía no poner ninguna clase de empeño en la selección de las que criarían a sus hijos.

No fue mucho hasta que Lucius decidiera hablar con su padre y decirle que no pensaba recibir ninguna otra mujer extraña en la casa y que él llevaría las cuentas y se las arreglaría. No habían pasado muchos días tampoco en los que Draco se sentía la razón por la que su padre decidió no quedarse con ellos luego de que mamá se fuera. Para un niño de cuatro años, la mirada iracunda de su padre sobre él gritando cosas que no entendía era suficiente para probarle que él era la razón de su ira.

Así, Draco vivió con su hermano. Con su hermano, quien poco a poco comenzaba a cambiar. Ya no era el muchacho calmado e inteligente, alto y maduro y… grande que Draco admiraba. Ahora se hacía más pequeño. Ahora no era tan calmado. Ahora parecía su padre.

El rubio tembló cuando el momento en el que se dio cuenta que algo estaba realmente mal con Lucius llegó a su memoria. Habían tenido otra pelea. Otra de las muchas que solían tener, Draco siendo un adolescente y Lucius llevando la casa él solo.

Le había descubierto hablando solo. Técnicamente. Parecía como si Lucius le hablase a un retrato. Le reclamaba al retrato cosas que Draco no comprendía enteramente. Cuando Draco quiso irse, Lucius giró a verlo y sus ojos estaban llenos de la misma ira que había visto en los ojos de su padre hacía mucho tiempo. La misma iracunda locura bailaba en los orbes grises de su hermano.

Había salido corriendo hacia su cuarto, pero era muy tarde. Su hermano, tal vez no tan alto pero si más alto que él, le había alcanzado muy rápido. Comenzó a oír los reproches que pensó jamás serían hechos. Comenzó a oír las razones por las que no le gustaba enfrentarse a su padre si no era estrictamente necesario. Vio a aquel hombre grotesco y terrorífico de su niñez personificado en el muchacho alto y grande que le había leído un cuento para calmarlo.

Había tenido que ver a su padre.

Esa misma semana se había visto obligado a pedirle ayuda, pues Lucius cada vez estaba más y más fuera de control. Había noches en las que entraba al cuarto de Draco y le asaltaba en su sueño, hundiendo sus manos en los edredones y despertándolo bruscamente en la oscuridad. En esos momentos Draco no sabía cómo defenderse de los golpes que esperaba vinieran contra él o de las palabras hirientes que de seguro abandonarían la boca de su hermano.

Porque eso era lo único que hacía.

Se encogió en su asiento limpiándose la mancha de tinta azul que había hecho en su mano mientras pensaba demasiado en Lucius. Probablemente estaba siendo injusto con su hermano. Lucius no era así, él lo ponía así. Siempre que su hermano comenzaba a despotricar contra algo sus oraciones comenzaban con su nombre, en primera fila y resaltado en rojo.

Draco muy pocas veces podía controlarse. Muy pocas veces había podido mantener su boca callada y evitar que las discusiones con Lucius se alargaran. No faltaban ocasiones en las que le gritaba adjetivos hirientes a diestra y siniestra y se deleitaba en el dolor efímero que parecía infligirle a su hermano con sus palabras. Sentía alguna especia de venganza en ello, lo cual solo lo llevaba a una sensación de culpabilidad que no le dejaba dormir durante las noches.

Recostó su frente en el dorso de sus manos entrelazadas y cerró los ojos. Tal vez sí estaba siendo injusto. Tal vez era injusto inclusive consigo mismo, pues se culpaba de todo lo que ocurría a su alrededor.

Una vez Blaise le había dicho: "Creo que no te das crédito por la increíble persona que hay ahí adentro". Tal vez eso también era cierto. Quién sabía. Estaba seguro que él mismo no lo sabía. No sabía qué era lo que lo llevaba a pensarse el tejedor de todas aquellas situaciones que lograban que los que le rodearan terminaran caminando un sendero, si no de destrucción, bastante tortuoso y nada agradable.

Pensó que le faltaba algo.

Probablemente le faltaba una idea. Una persona. Le faltaba una persona que cambiara su suerte. Necesitaba de alguien nuevo, alguien que le diera nuevos aires a la vida que había llevado siempre. Pensó en Blaise y se entristeció. Pensó en su padre y se entristeció más. Pensó en Lucius y…

Su pluma cayó al suelo, regando la tinta sobre el piso. Frustrado, se levantó para ir al baño por algo de papel higiénico. Cuando volvió a su habitación con él se detuvo en la ventana intrigado. Un camión de mudanzas había pasado frente a su casa y había desaparecido por una de las calles.

Se imaginó que esa era una señal de que las cosas cambiarían.

Y, esta vez, cuando pensó en Lucius, en Blaise y en su padre, ya no se entristeció.


Sí, tal vez me fui un poco con el capítulo únicamente sobre Draco, pero sentí que era necesario. Muchos me preguntaron por qué Draco tenía esa actitud semi-autodestructiva. Bueno, espero haber explicado algo. Además, este ficlet estaba hongueándose desde hace un buen tiempo y mejor postearlo para poder subir otra cosa. Me he dado cuenta que tengo muchas historias por terminar (verguenza a mí).

Espero que su cursor este bajando hacia el botoncito de la parte inferior y me digan qué les pareció. Me gustaría postear los siguientes, pero tampoco quiero sobrecargar (más) la página con historias que nadie lee.

Un beso igual a todos los que leyeron por aquí y están demasiado apurados como para dejarme un review. A los que lo hagan, mil gracias.

Y si tienen ideas, dudas, flames (aunque estos oiré de forma muy vaga), no dude en decírmelas.

GaB

Martes, 27 de Marzo del 2007

(exactamente 9 meses después de postear la primera escena)