Parte IV-Final

La siguiente vez que Selek estuvo en la isla fue para la boda de Megara y Alexandros. Escorpio no se quedó a pasar la noche en su Casa allí. Habló con Kriton dándole instrucciones sobre el lugar y el cómo organizarlo de una manera diferente, aunque en realidad no sabía por qué se molestaba si en realidad planeaba hacer algo muy distinto a quedarse en Milos.

Después de la ceremonia y durante la consecuente celebración, Alexandros insistió en estar con Selek todo el tiempo. Con él y con Megara, de hecho. Ella se veía hermosa en su vestido de novia, y la corona de flores que le habían puesto en el cabello le quedaba muy bien. Too ello hacía que Selek se sintiera feliz. Alexandros se veía igual de apuesto. A partir de ese momento, Megara ya no era la mujer de la que se hubiera enamorado y con quien había compartido una parte de su vida, ahora, era la esposa de su mejor amigo.

Tan pronto como Selek puso pie en el Santuario, se presentó ante Shion y le pidió permiso para marcharse por un tiempo. El Patriarca le escuchó cuidadosamente. Al final, lo que Prytania había predicho hacía ya tantos años ocurrió y esto había afectado a Selek y a su amigo. Shion suspiró con tristeza, pues ya sabía del dolor que todo ello le traería a Selek en particular; conocía el corazón de su Santo y estaba seguro que Selek había hecho todo lo que estaba a su alcance para que Alexandros no supiera de su relación con Megara.

El Patriarca finalmente accedió y tuvo que abstenerse y detener sus pensamientos cuando Nivoe, Santo de Acuario, se presentó ante él pidiendo lo mismo. Había algo sobre esos dos que Shion jamás había sido capaz de expresar en palabras. Eran ambos tan diferentes uno del otro y sin embargo—siempre habían estado ahí para apoyarse, sin importar lo que pasara. Él siempre había creído que esa amistad terminaría en algo más, pero desde que supo de la "novia" de Selek, se había olvidado de ello. Amigos. Eso estaba bien. Al menos de esa manera, Nivoe podría ayudar a Selek a sobreponerse a lo que le estaba sucediendo y Alexandros no tendría que enterarse de nada.

"¿Estás listo?" Preguntó Nivoe desde la puerta de la habitación de Escorpio.

"Ya casi. No creo que me tome mucho llegar allí si uso mi cosmos."

"Perfecto. Tú dirás cómo llegar. Nunca he estado en Escocia."

"¿Qué quieres decir?" Selek se giró a verle y preguntarle, para encontrarse con Nivoe y una mochila en la espalda.

"Voy contigo, Selek." Acuario respondió tranquilo, ante lo que Selek simplemente asintió.

Más pronto de lo que pensaron ya estaban en Escocia. Selek no recordaba mucho del lugar en el que había nacido; sólo recordaba que su madre era griega y que fue por eso que le llevaron a Grecia cuando era tan sólo niño. No tenía ningún recuerdo de su padre porque él había muerto cuando Selek era tan sólo un bebé. Había sido su madre quien le había enseñado de Atena y quien le había llevado al Santuario para que se convirtiera en Santo. Estar en Escocia de nuevo, significaba que tenía que enfrentarse a los pocos recuerdos que tenía y vivir con la sensación de que nunca se había marchado.

La mañana después de haber regresado al Santuario, cuando Nivoe le preguntó el por qué había mencionado que extrañaba su casa, él no había encontrado una respuesta que dar. Acuario le preguntó al respecto, pues Selek nunca antes había mencionado otro lugar que no fuera Milos o el mismo Santuario como su hogar. Selek se la pasó en silencio ese día. Ahora que estaba allí, de pie frente a las planicies escocesas, era como si algo en su interior hubiera despertado.

"Hermoso." Selek escuchó como Nivoe susurraba las palabras al quedarse viendo lo mismo que él hacía tan sólo un instante.

Se quedaron en ese lugar más de un mes. Selek y Nivoe encontraron una cabaña en la cual quedarse mientras estaban allí. Habían visitado los alrededores juntos y ya se habían acomodado a las tradiciones de los lugareños. El tiempo que pasaron allí fue uno de los más felices de sus vidas. Para Selek, fue el ambiente perfecto para sanar y olvidar, ya que después de un par de meses más, dejó de mencionar a Megara. Eso hacía que Nivoe se sintiera pletórico. Todo ese tiempo no había sido fácil para Selek.

Al parecer, Santuario también se había olvidado de ellos—en el buen sentido, por supuesto. Shion les había permitido mantenerse lejos sin ser interrumpidos, aunque de vez en cuando enviaba al escudero de cualquiera de las dos casas a que chequeara a los Maestros. Ellos se encargarían de verificar que todo estuviera bien y que no les faltara nada y al mismo tiempo, les daría noticias del sagrado lugar.

Fue durante el verano que las cosas entre Nivoe y Selek comenzaron a cambiar. Para Nivoe, Selek representaba los caballeros en armadura y las damiselas en peligro de los cuentos de hadas. Nunca había conocido a nadie con tan alto grado de honor y con sacrificio; en su tierra, la gente le habría llamado cobarde por no pelear por lo que creía suyo. Nivoe sabía que Selek jamás haría tal cosa. Escorpio había aprendido de Cassie, la Amazona de Virgo, acerca de la compasión en el mundo y otras tantas tonterías que Nivoe no estaba dispuesto a aprender y que por supuesto no entendía. Aún así, sabía que ese aprendizaje había afectado la manera en que Selek veía las cosas y en cómo reaccionaba ante ellas.

Por otro lado, para Selek, había cosas que no pasaron desapercibidas. Hacía ya varios días que notaba que cada vez que tenía que ir al pueblo a hacer las compras, sus besos a Nivoe duraban un tanto más que antes. Se llevó los dedos a los labios y cerró los ojos para recordar la sensación de los labios de Nivoe en los suyos. Se sentía cálido y suave. Conocía muy bien a Nivoe, y al frío que era tan suyo, pero esos labios—

"¡Oye, Escorpio¡Ya llegué!"

Selek se quedó en la cocina, pensando en cualquier cosa que le fuera posible, tenía miedo de ir y besar a Nivoe, porque empezaba a darse cuenta de que lo veía distinto.

"¿No piensas saludar?" Le preguntó Acuario mientras entraba a la cocina, Selek movió su mano pero no dijo nada. "¿Selek, pasa algo?"

Él aún no reaccionaba.

Nivoe le tomó por los hombros y le hizo girarse, para luego tomar su rostro en sus manos. Estaba tan acostumbrado a Selek saltando encima de él y besándolo todo el tiempo que era extraño que no hubiera pasado lo mismo esa noche. Esta vez, fue él quien besó a Escorpio. Al principio, Selek no supo cómo reaccionar; pero un segundo después, sus manos se apoderaron una del cuello de Acuario y la otra de su cintura, para atraerlo contra su cuerpo. Nivoe abrió los ojos en cuanto sintió el abrazo. Por un instante no estaba seguro de lo que estaba ocurriendo, pero no le tomó mucho para hacer lo mismo y abrazar a Selek.

Nivoe se sobresaltó en cuanto sintió la lengua de Nivoe invadir su boca, pero no se retiró, le gustaba lo que estaba experimentando.

"Bienvenido a casa." Selek sonrió antes de dedicarle una mirada a los labios de Nivoe y luego regresar a continuar preparando la cena.

Después de esa noche, todo fue diferente entre ellos.


Su relación era una mezcla de amor y miedo inesperados. Sí, ellos conocían muy bien las historias de sus ancestros en el Santuario. Sí, sabían que no serían juzgados por nadie. Aún así, el miedo no se iba. Especialmente para Nivoe, cuyo Maestro había siempre excesivamente estricto. Para ambos, el tiempo que pasaban juntos, era sinónimo de alegría y olvido.

Selek nunca pensó en Megara de nuevo. Era Nivoe quien le daba un nuevo significado a su vida y quien había borrado su pasado. Por muchas semanas, Selek tampoco mencionó a Alexandros y tampoco dio señales de estar preocupado por el. Nivoe se dio cuenta de ello y se alegró. Sus sentimientos por Selek habían nacido sin que él se diera cuenta pero todo había quedado claro después del primer beso. La inocencia de los besos de siempre había dado paso a la pasión en ellos.

Ahora era el comienzo de octubre. Ya habían pasado muchos meses desde el verano y desde que sus sentimientos hubieran sido revelados; y no pasaba un día en que no compartieran un beso o una caricia. Sus conversaciones eran las mismas y la sensación de ser más que sólo amigos, era un hecho con el que vivían y que les hacía felices.

En la última semana, habían dejado de dormir en dormitorios separados. El otoño había llegado y ahora las noches eran muy frías afectando a Selek principalmente que estaba acostumbrado al calor de Grecia. Para Nivoe, el frío no era una preocupación, pero sabía que para Selek era otra cosa.

"Selek…" Nivoe le llamó ese día. Escorpio se había sentado ante la chimenea para tratar de calentar su cuerpo un poco, "¿Quieres que regresemos a Grecia? Digo…hemos estado lejos de Santuario por casi ocho meses… ¿no lo extrañas?"

Selek no respondió. Extrañaba Santuario como nunca antes, pero no sentía deseos de regresar. Sabía muy bien que Piscis y Cáncer se estaban encargando de todo, a final de cuentas, siempre eran ellos tres quienes se encargaban de todo.

Nivoe caminó hasta donde él estaba y le abrazó por detrás. Selek cerró los ojos en cuanto sintió el calor del otro contra su espalda. Aun cuando no habían hablado al respecto, Selek tenía la sensación de que todo sería distinto una vez llegaran al Santuario.

"Soy un egoísta." Escorpio pensó en voz alta. Nivoe hizo que se girara para verle y pedirle una explicación. "Me he dado cuenta de que te quiero sólo para mí." Selek se movió, acomodándose encima de Nivoe, haciendo que quedara acostado en la alfombra. Esta vez, Selek no sólo besó los labios de Nivoe; también besó sus orejas y su cuello. Nivoe se aferró a la alfombra, anticipándose a lo que pasaría. Llevaba mucho tiempo deseando llegar a la intimidad con Selek, preguntándose cómo podría ser…

"Selek…" Nivoe gemía.

"¿Puedo?" Fue la respuesta que recibió.

Nivoe asintió, reconociendo en el toque de Selek, el fuego que ardía en su interior.

Selek besó y acarició cada centímetro que le fuera ofrecido. Era extraño eso, estar con un hombre, y lo sabía. Siempre había sido Megara solamente—o la mujer ocasional antes que ella. Nunca un hombre, y ello hizo que reconociera cosas sobre él mismo que no habría aceptado si la situación fuera diferente. Los gemidos de Nivoe le decían que se encontraba en la misma situación. ¿Qué pasaría después¿La intimidad que estaban experimentando, haría que se odiaran luego?

Se olvidó de todo en cuanto Nivoe le tomó en su boca. Nivoe le había comenzado a besar, a tocarle, y ahora estaba haciendo que su mirada se nublara del placer que experimentaba. Selek gimió fuerte y creyó que todo lo que hacían estaba bien. Lo que estaban viviendo era un giro en su sexualidad de la mano de alguien a quien amaba y que le amaba también.

No pudo controlarse, de hecho, se dejó llevar por lo que sentía.

"¿Te gustó?" Preguntó Nivoe después de dejarle recuperar el aliento.

"Eres el demonio encarnado." Respondió sonriendo. "Pero me encantó." Otro beso y Nivoe terminó en la alfombra de nuevo. Era su turno de hacer que Nivoe sintiera lo que él mismo había sentido. Las sensaciones sobrepasaron sus expectativas, llenaron sus sentidos. Sus cuerpos sudaban y no podían controlar su respiración. Las uñas de Nivoe se clavaron en la piel de Selek mientras mordía su hombro.

El éxtasis no tardó mucho en llegar y se dejaron llevar por él, sus mentes nubladas por lo que sentían

Selek le dijo que le amaba en cuanto el orgasmo le embargó. No esperaba una respuesta, y sabía que no la necesitaba. Nivoe no pudo responder con palabras, éstas no encontraron la vía a sus labios, pero sabía que él sentía lo mismo que Selek. Ambos sabían lo que acababan de compartir. El resto de la noche la pasaron experimentando cada cosa que se les ocurrió, aprendiendo lo que disfrutaban más.


La semana siguiente, Nivoe y Selek fueron a Siberia. Nivoe tuvo que convencerlo de ir allí, ya que él aún tenía asuntos que resolver. Estar en Siberia con Nivoe hizo que Selek pudiera conocer más de su amante, aunque la verdad era que seguía detestando el frío.

Los días y las semanas pasaron y pronto era Noviembre. Nivoe se la pasaba burlándose de Selek ya que aunque era Escorpio no habían podido ver la constelación en el firmamento. Esa noche, Selek le contó a Nivoe lo que Kriton le había dicho la noche que él había regresado intempestivamente después de enterarse de Alexandros y Megara.

"Tus estrellas siembre hablarán por ti, Selek."

"Eso fue lo que el Maestro Girtab me dijo el día que nos conocimos."

"Tenía toda la razón…" Nivoe continuó hablando, mientras se acomodaba entre las piernas de Selek, "Además, sabes que amo a cada una de ellas…" Nivoe le tomó esa noche.

Cuando necesitaron descansar y pudieron quedarse un rato hablando de tonterías antes de dormir, alguien tocó a la puerta. Nivoe se levantó, se amarró una sábana a la cintura y salió a ver qué estaba pasando. Un escudero del Santuario estaba allí, preguntando por el Maestro de Acuario. Nivoe le recibió, le ofreció algo de beber y aceptó el mensaje.

Selek estaba de pie en las escaleras, cubierto con cuanta manta encontró en la habitación. "Nivoe…"

"El mensaje es para ti, Escorpio." Nivoe le hablaba con frialdad. "Shion te quiere de regreso en el Santuario a primera hora mañana. Alexandros estuvo en el Santuario y te ha estado buscando," Nivoe finalmente le miró, "Su hijo está a punto de nacer."

"¡¿Qué?!" Selek le preguntó sorprendido por la noticia. El Santo caminó hasta donde estaba Nivoe, pidiendo una explicación que Nivoe en realidad no podía darle. "¿Su hijo?"

Nivoe asintió entregándole la nota que Shion había escrito.


"¡Hermano!" Alexandros gritó tan pronto como vio a Selek entrar a su pequeña casa. Selek le abrazó con fuerza, feliz de verle de nuevo después de haber estado lejos tanto tiempo, "¿Dónde has estado metido? No pudimos encontrarte para darte la buena nueva."

"Vaya que son buenas noticias, Alex." Selek respondió a cada pregunta tratando de omitir los detalles. No estaba seguro de cómo tomaría Alexandros su relación con Nivoe, pero sí estaba seguro de querer evitar una confrontación justo en ese momento. Todo podía esperar. Megara se encontraba dando a luz y era lo único que importaba. La escucharon gritar desde afuera.

"Está así desde ayer, Selek. No sé qué hacer. Las comadronas no me dejan acercar…y…"

"Confía en la Diosa, Alex. Tu esposa y tu hijo estarán bien. Ya lo verás."

Era cierto que tener a Selek al lado hacía que todo fuera más fácil para Alex. En él podían confiar sus miedos, la sobrecogedora felicidad que le había abrumado en los últimos meses.

Ya era el ocho de noviembre. La mañana y la tarde dieron paso a la noche y los nervios de Alexandros estaban alterando al siempre calmado Selek. No había noticias desde el interior de la casa y sólo podían escuchar a Megara gritar con todas sus fuerzas.

"Alexandros, ven." Una de las mujeres finalmente lo llamó. Selek le alentó a que entrara mientras él se quedaba sentado en la puerta de enfrente. Desde allí podía ver su propia Casa, misma que no había visitado en meses. Se sintió enfermo por solo ver el lugar y decidió entrar hasta la habitación. Por la puerta entreabierta pudo ver a Megara; sus piernas abiertas, la comadrona enfrente de ella y Alexandros junto a ella, sosteniendo su mano.

"¡Puja, Megara!" Otra mujer daba la orden. Pudo ver el rostro de Megara retorcido por el dolor y luego vio una masa cubierta de sangre que la mujer sostenía.

"Alex…" Megara llamaba a su esposo al no escuchar que el bebé llorara, "mi bebé…" dijo, tratando de sentarse.

Alexandros se acercó a la comadrona para preguntarle por su hijo, "¿Qué pasa?"

"Está bostezando, Alexandros…" la mujer respondió sonriendo aliviada. "Está bostezando." Megara lloró de la felicidad y se dejó caer en la cama.

Afuera, Selek se alejó, su mente llena de emociones que colisionaban. Pensaba en que ese podía haber sido su hijo, que el que lloraba de emoción al lado de Megara podría haber sido él—pero también estaba Nivoe y la tranquilidad y la felicidad que éste le brindaba y que no había experimentado antes.

"¡Hermano!" Alexandros salía de la habitación con el bebé en brazos. El niño no había llorado una sola vez desde que hubiera nacido. Cuando estaban cerca de Selek, el recién nacido comenzó a llorar y a estirar los brazos hacia Selek, "Vamos Selek…Maur quiere que lo cargues."

Selek le tomó en sus brazos, asustado de cómo podría sentirse; pero se sintió bien. El bebé ya estaba completamente limpio y olía a rosas. "¿Maur¿Cómo puedes ponerle 'oscuridad' de nombre cuando no es anda por el estilo?"

"¿Te has fijado en esta noche, Selek? Es la más oscura que ha habido en años, pero ha traído buenos presagios, mira…Escorpio es la única constelación en el firmamento." Alexandros señaló por una de las ventanas y Selek sonrió, Maur estaba agarrando uno de sus dedos y estaba, o al menos eso creía Selek, sonriéndole. "Será un santo de Atena, justo como tú."

"Alex, acaba de nacer."

"Y tu serás su Maestro. Eso lo sé."

Alexandros tomó el bebé en sus brazos y se lo llevó de vuelta a la madre. Selek saludó a Megara desde la puerta de la habitación y prometió que regresaría cuando tanto la madre como el bebé estuvieran recuperados, luego se fue de la casa. Su corazón estaba emocionado por la extraña sensación que le embargó al cargar al pequeño Maur. Un Santo de Atena había dicho Alex. Quizás en el futuro, se decía, él no era quién para forzar el destino. Regresó al Santuario, Nivoe le esperaba. Selek le contó cada cosa que había vivenciado. Por primera vez en meses, pasarían la noche allí. Nivoe supo de alguna manera, que no se irían del lugar en mucho tiempo y eso le entristecía. Se sentía egoísta ya que quería a Selek para sí mismo. Estar de regreso en Grecia significaba que Alexandros y Megara estaban de regreso en la vida de Selek.

Lo que ninguno de ellos supo fue que Escorpio había estado brillando en Grecia por las últimas dos noches esperando al niño que estaba por nacer. Él también había escogido y lo había hecho bien. Maur sería su protegido cuando el momento fuera propicio y Selek se encargaría de hacerlo digno de sus estrellas.

Milo de Escorpio había nacido.


Hay una historia que empecé a escribir hace mucho "Athena's Saints" y que no avanzó porque mientras escribía un pedazo y traducía, perdía mucho tiempo. Ahí fue donde nació el pasado que he ido construyendo para Milo. Dicha traducción "Los Santos de Atena" no aparece en mi web, porque, aunque pienso re-escribir lo que ya llevaba y terminarla, no pienso seguir traduciéndola, así que encontró su lugar en mi junk. Si leen la tercera parte "Mystikos" sabrán un tanto más de Milo. (El link al junk está en el profile)