Capítulo 2: el encuentro con la armada

A la mañana siguiente, la primera en despertar fue Nami, que viendo que ya eran las diez y media de la mañana, despertó a todos para ir a desayunar antes de que se les juntara con la hora de la comida.

Después de despertarlos y ver que seguían igual de rojos que el día anterior, decidieron (más bien lo decidió Nami) no ir a la playa, para no acabar aún más quemados.

Estando ya en la cocina, se desarrollaba una escena nada normal, Sanji en vez de estar cocinando, se sentó en la mesa mientras las chicas preparaban el desayuno, pues el pobre no podía casi ni moverse.

— Nami— el capitán empezaba a impacientarse un poco— ¿cuándo estará listo?

— ¡Mira qué eres pesado!— exclamó ella— ten y para de quejarte— le puso el desayuno en el plato, y éste desapareció como por arte de magia.

— ¡Gracias Robin!— evidentemente éste era Sanji, que empezó a elogiar a las chicas como siempre, pero Nami le dio una palmadita en el hombro y él se calló al instante.

— Hoy voy a ir al pueblo, si alguien necesita algo que lo diga— dijo la pelirroja.

— Pues yo también debería ir…

— No puedes Sanji—dijo tajante la navegante— si ni siquiera puedes coger una sartén con fuerza, no podrás cargar la compra, dime lo que necesitas y ya lo compraré yo.

— Bien, de acuerdo, mejor te haré una lista.

— pues yo también— dijo el renito.

— ¡Y yo! Necesito unas cuantas cosillas…—Usopp salió de la cocina seguido por sus dos camaradas.

— ¿Vosotros necesitáis algo?— preguntó Nami a Zoro y Luffy.

— No— contestaron los dos.

— Yo me voy a dormir. — dijo Zoro bostezando— que estoy cansado…

— ¿Cansado?—preguntó Nami— ¿cansado de qué? ¡Si no has hecho nada!

—Así es él, navegante— comentó Robin con su acostumbrada voz tranquila.

Cuando Zoro salió ignorando aquellos comentarios, Luffy (aprovechando que Nami no miraba) se acercó a la nevera con intención de coger algo, pero para su mala suerte ésta llevaba puesta una alarma anti-robos, que saltó nada más abrir la puerta. Nami se giró y vio a Luffy ahí pasmado sin saber qué hacer, el pobre se había quedado K.O. después de lo de la alarma.

— Luffy… ¿se puede saber qué estás haciendo?— preguntó la navegante. El chico giró sobre sus talones para ver a Nami. — espero una respuesta...

— Y…yo... no… — no sabía como reaccionar a aquello- no...Sé…

— Aix…— suspiró ella— anda vete a hacer lo que quieras… ¡menos intentar comer!

— Sí…—Luffy salió por la puerta de la cocina. Mientras Robin sonreía, Nami se giró hacia ella.

— Bueno, voy a ver si ya han hecho las listas…

— ¿Quieres que te acompañe, navegante?— preguntó Robin.

— Claro — contestó — ¡OH! No, creo que sería mejor si una de las dos se queda para vigilarlos…

— Sí— fue la simple respuesta de Robin.

Nami fue a mirar si los chicos tenían ya sus listas y, efectivamente ya las tenían, así que salió del barco directa al pueblo buscando lo que había anotado en las listas. Después de comprar las cosas anotadas en la lista de Sanji fue a ir a comprar lo del pequeño renito, pero algo la detuvo.

Desde lejos llegaban gritos al parecer provocados por algo grave.

— ¡La armada!— un chico de unos quince años se acercaba corriendo— ¡viene la armada!— al parecer conocía a unos piratas alojados en el hotel que Nami tenía delante— ¡debéis iros! ¡La armada!

Sin pensarlo dos veces, Nami salió disparada hacia el barco mientras iba pensando: "si nos atacan ahora…estamos casi desprotegidos, ¡malditos idiotas! ¿Cómo se les ocurre quemarse tanto? ¿Donde se ha visto eso?"De repente al girar un recodo, chocó con algo, o mejor dicho alguien.

— ¿Nami?- preguntó el chico, ella levantó la cabeza para encontrarse con…

— ¿Ace?— preguntó ella contenta, inmediatamente echó a correr cogiendo del brazo al hermano mayor de Luffy y llevándolo hacia el barco.

— ¡Ey! ¿Pero qué pasa?—preguntó sorprendido el chico— ¿dónde me llevas?

— ¡viene la armada y te necesitaremos con nosotros!

— ¿porqué? Si siempre…

—Ya te lo explicaré luego, ¡ahora corre!—el chico obedeció. Pronto llegaron al barco y lo que encontraron fue sorprendente. El barco estaba muy silencioso, demasiado silencioso.

Nami se acercó a la cocina, no había nadie, fue directa a los dormitorios seguida por un Ace muy sorprendido.

— Esto es muy raro…—dijo casi en un susurro.

— si es cierto— contestó ella. Entonces abrió la puerta del dormitorio de los chicos y allí estaban todos tumbados en sus respectivas camas, quejándose y a Robin poniéndoles crema aftersun encima de las quemaduras (que eran bastante graves).

— ¡Ey! ¿Pero qué está pasando aquí?— preguntó un desconcertado Ace.

— ¡ah, sí!, es verdad, te lo tengo que explicar, resulta que estos inconscientes se han quemado por no ponerse crema protectora…—Nami le contó lo sucedido el día anterior.

— ¿En serio?—el pobre tenía los mismos ataques de risa que luffy.- ¡pero qué tonto eres hermani…! —el chico cayó al suelo presa de la risa.

—Ace!—exclamó Luffy intentando ponerse en pie, pero Nami se lo impidió. — no hace gracia pero, ¿qué haces tú aquí?

— pues me choqué en el pueblo con Nami, y me arrastró hasta aquí porque…

— ¡Ah! ¡Es verdad! ¡Chicos viene la armada! ¡De prisa levantaos! —Todos hicieron ademán de ir a levantarse, pero cayeron otra vez— ¡ves, Ace! ¡Por eso te necesitamos aquí!

— bien, bien...—Ace, Nami y Robin, salieron de la habitación y subieron a cubierta para irse, pero ya era demasiado tarde, la armada ya estaba a bordo del Going Merry y apuntaban con rifles y pistolas a los chicos que se quedaron mudos del asombro.

Mientras, en el camarote de los chicos, éstos se consiguieron poner en pie, y salieron a cubierta, para encontrarse con la Armada y quedarse boquiabiertos como sus camaradas, y sin poder hacer nada. El capitán Smoker se puso delante y dijo:

— vaya, vaya, por fin te tenemos Monkey d. luffy…