Capitulo 8: malos recuerdos

El hombre encapuchado, con espada en mano, miró a los mugiwara con una sonrisa diabólica, aunque éstos no pudieron percibirla por la capucha que llevaba aquél ser.

—Decidme, si no queréis morir, dónde está…—dijo pasando la lengua por la espada. En aquél preciso instante la puerta por la que se había ido Nami se abrió dejando ver su silueta.

—Chicos, debemos corregir el rumbo…—dijo sin percatarse de nada. Entonces levantó la vista al darse cuenta de que algo no iba bien. — ¿qué pasa?

—vaya… has cambiado mucho, pequeña…—el encapuchado se retiró la capucha dejando ver su rostro. Estaba muy demacrado, tenía la mitad de la cara quemada y en la otra mitad tenía una gran cicatriz, como si alguien le hubiera intentado arrancar la piel. — Cuánto tiempo sin vernos, preciosa… —poco a poco el individuo se dirigió hacia Nami, que estaba en estado de shock al reconocerle. — Veo que te acuerdas de mi...—faltaba poco para que la alcanzara, pero alguien se interpuso en su camino.

—¡¡déjala!! ¡¡¡No te acerques a ella!!!—Luffy se puso delante de ella impidiendo que aquel desagradable hombre pudiera tocarla.

— vaya, vaya, parece que tenemos a un mosquito en medio…—dijo soltando una gran carcajada. — ¿¿acaso sabes quien soy yo, mocoso??

—¡¡no tengo ni idea y tampoco me importa!! ¡¡Sólo te digo que si te acercas a ella te mataré!!

— ¿matarme dices? ¿Tú? ¡No me hagas reír, por favor..! Tengo una recompensa más alta de lo que tú puedas llegar a tener, mugiwara. Y en este preciso instante, ¡quiero que te apartes de mi camino!— atacó a Luffy con la espada, pero éste se apartó a tiempo empujando a Nami hacia Zoro (que se había situado detrás sin que sus enemigos se dieran cuenta) y éste la cogió llevándosela en brazos, ya que Nami estaba temblando.

— ¡Zoro! ¡¡Cuídala!!— dijo Luffy enfrentando al hombretón. Zoro simplemente sonrió mientras se apartaba del lugar de la batalla, protegiendo a Nami y apoyándola en la pared de la cubierta. En seguida acudieron los demás, haciendo una barrera alrededor de Nami para que les fuera imposible cogerla. En ese momento la lluvia comenzó a caer empapando a todos los presentes. Mientras todos luchaban, Nami seguía en estado de shock, sentía como su cuerpo pesaba cada vez más, y ajena a todo lo que ocurría a su alrededor, se sumergió en sus recuerdos, recuerdos oscuros y dolorosos.

En la cubierta del barco, Luffy se enfrentaba con el hombre, mientras Zoro, Robin, Ace, Sanji, Usopp y Chopper defendían a Nami, algunos más fácilmente que otros. El mar parecía enfurecerse cada vez más y las olas empezaban a ser demasiado altas y fuertes para que el barco aguantara y, cada vez era más difícil mantenerse en pie.

Poco a poco los atacantes fueron retirándose, ya que tenían sus propios problemas en su barco. Aquel individuo se puso en la barandilla del barco, era la señal para retirarse.

—¡¡no olvides esto, mugiwara!! ¡¡Volveré!! Pronto nos volveremos a ver, y juro que cobraré mi venganza—señaló a Nami— ¡¡matándola!!—hizo ademán de irse, pero se volvió una vez más— ¡ah! Sí, y mi nombre es Kuroshi.—dicho esto, dio un salto y se marchó antes de que Luffy pudiera hacer algo.

En seguida se giraron todos hacia Nami, debían hacer algo para despertarla, ya que era la única que podía dirigir el barco para salir de semejante tormenta.

Nami seguía sumida en sus recuerdos cuando oyó una voz llamándola. Poco a poco abrió los ojos y miró a su alrededor, los chicos intentaban controlar el barco si conseguirlo. Zoro y Sanji intentaban recoger las velas pero no lo conseguían y Robin con unos cuantos brazos de más los estaba ayudando y de paso se aguantaba a ella misma para no caer. Usopp y Chopper intentaban aguantarse en la barandilla, ya que cada vez que intentaban moverse una ola (o unas cuantas) les impedía hacerlo. Ace no estaba a la vista, por lo que supuso que había ido a intentar manejar el timón, y, por último, Luffy estaba a su lado hablándole para que despertara.

Una vez despierta del todo y consciente de todo, se puso en pie, con bastante dificultad debido a que el suelo estaba resbaladizo, y aguantada en Luffy empezó a dar las órdenes necesarias, y mirando el log pose, les dijo a Chopper y a Usopp que fueran a cambiar el rumbo.

Una vez todo en calma, se cambiaron de ropa y se reunieron en la cocina para hablar de lo sucedido.

—Bueno, creo que será mejor que prepare algo caliente para que entremos en calor...—dijo Sanji, para intentar que la situación fuera menos tensa.

—buena idea, Sanji. —dijo Usopp y Chopper lo secundó con un movimiento de cabeza afirmativo.

—Creo que debemos investigar quien es ese tipo…—dijo Ace.—aunque…—miró a Nami— creo que te conocía bastante …¿no?

—Es verdad Nami, ¿quien es ese?—preguntó Chopper. Todos esperaron callados una respuesta por parte de la navegante de la tripulación. Después de unos minutos de silencio, Nami habló.

—Él es uno de los piratas a los que robé para conseguir el dinero…—explicó cabizbaja.

—Pues no parecía sólo enfadado por eso, vamos, no creo yo que nadie vaya a perseguir a una persona sólo por eso, ¿no?—dijo Zoro dando su opinión.

— ¡Maldito!¿ Por qué no te callas y dejas de decir estupideces?—le contestó Sanji.

—No pasa nada, Sanji…—Nami le dirigió una cálida mirada—tiene razón…—ante esta declaración todos se quedaron mudos.

— ¿Qué pasó, navegante?— Robin le dio ánimo para seguir hablando.

—yo... Yo le hice...—Nami hablaba muy bajito y lentamente— le hice lo de la cara…—todo se quedaron asombrados.

—pero, ¿tendrías algún motivo, no?—dijo Luffy.

— ¡¡pues claro que si, idiota!!—dijo Sanji.—no creo que Nami vaya haciéndole eso a la gente porque sí…—Nami levantó la vista.

— ¿Qué fue lo que pasó?—preguntó Ace. — ¿por qué se lo hiciste?

— ¡lo hice para defenderme!—contestó ella— si él no me hubiera atacado…

Era una noche clara y la luna brillaba con claridad dejando ver bastante bien sin necesidad alguna de encender una luz. Una niña de unos diez años de edad vigilaba un barco pirata para encontrar el mejor momento y entrar a robar. Aquellos piratas habían montado una gran fiesta en la orilla de la playa. Nami decidió entrar en el barco cuando todos se hubieron dormido. Se deslizó ágilmente hacia el barco sin ser vista.

Una vez dentro empezó su silenciosa búsqueda de tesoros. Cuando encontró una sala de llena de oro y reliquias valiosísimas una sonrisa se dibujó en su cara. Empezó a coger cosas y a meterlas en un saco, pero como había muchas cosas le sería imposible llevárselas todas, así, que decidió llevarse también un bote. Después de preparar el bote, fue haciendo viajes para poder llenarlo con los tesoros.

Casi había vaciado aquella gran sala, cuando en uno de sus viajes fue descubierta por uno de los tripulantes. El chico era joven, de unos veinte años, la agarró de un brazo asustándola.

—¡¡¡capitán!!! ¡¡¡Hay una pequeña intrusa!!! —llamó el chico. En seguida apareció el supuesto capitán. —intentaba robar los tesoros…

—vaya, vaya ¿pero que tenemos aquí…?—dijo acercándose a Nami.— una pequeña ladronzuela…—el hombre sonrió dejando ver unos dientes negros que a Nami le dieron mucho asco, y como consecuencia puso mala cara.—¿¿¡qué miras!?? ¿Acaso no te gusta mi cara?— Nami se asustó e intentó esconder la cara pero el hombre vio su intención y no lo permitió. La cogió más fuerte haciéndole daño en el brazo y Nami no pudo evitar soltar unas lágrimas.—mira la niña, ¡ahora llora!—dijo soltando una gran carcajada.

—capitán, ¿qué hacemos con ella?

—Matadla…—dijo, pero se fijó en la cara de Nami y cambió de opinión. —mejor esperaremos un poco… primero quiero divertirme…—volvió a sonreír. Acto seguido la llevó a su camarote y la tiró sin ningún cuidado al suelo, haciendo que la niña se diera un buen golpe en la cabeza que la dejó inconsciente.

Pasaron unas cuantas horas y Nami despertó. Estaba sola, tirada en el suelo, como si no fuera nada importante. Miró a su alrededor y se acordó de lo sucedido. Le dolía la cabeza, le dolía mucho. Se llevó una mano a la cabeza y descubrió que tenía una herida. Poco rato después se abrió la puerta y apareció el malvado capitán, sonriendo.

—¿¿ya te has despertado, niña?? Ya era hora…—se acercó a ella, la cogió y se la llevo a un sitio escondido del barco. Al abrirse la puerta, Nami vio que era un espacio muy reducido, apenas podía entrar una persona adulta de estatura media y delgada. E l espacio obligaba a la gente a estar de pie y tenía las paredes cubiertas de afilados y punzantes pinchos. Nami lo miró aterrorizada, sabía lo que pasaría a continuación. Como esperaba aquel hombre la metió en ese agujero pequeño. Por suerte para ella, al ser una niña aquellos pinchos no la tocaban y podía sentarse, un poco justo, pero al menos era algo.

Después de un par de horas, que a ella le parecieron largos días, la puerta se abrió, y otra vez aquel tipo la cogió. Esta vez dispuesto a matarla, y, si no fuera porque a Nami se le ocurrió una idea, quien sabe lo que habría pasado. Uno de los hombres presentes llevaba en la mano lo que parecía ser un mechero y con una patada Nami se lo quitó de la mano haciendo que éste fuera a parar a las manos de Nami que, disimuladamente se lo guardó en el bolsillo.

Al fin llegaron a su destino, la cubierta. En un despiste por parte del capitán, soltó a la pequeña y ésta aprovecho para salir corriendo y, al verse perseguida entró en la primera puerta que vio, que resultó ser la cocina. Por suerte estaba desierta, pero notó que la seguían y decidió esconderse en un mueble que era bastante amplio.

Dentro de aquel mueble, al parecer, se guardaban los productos de limpieza y Nami vio una botella de spray que ponía: "matarratas" decidió cogerlo por si acaso. Como era de esperar en seguida la encontró y la tiró, esta vez se dio con la nevera. El hombre volvía a acercarse y ella cogió el matarratas y le dio en los ojos ganando así un poco de tiempo. En la encimera vio unos cuchillos y pensó que le servirían para defenderse, así que cogió uno.

El tipo volvía a estar de pie acercándose a ella peligrosamente, se arrodilló y la cogió del cuello, Nami no tuvo tiempo de pensar, si no hacía algo la mataría. En un impulso le clavó el cuchillo en la cara haciendo que la soltara. Después de respirar hondo, Nami intentó huir, pero fue atrapada otra vez. Entonces se acordó del mechero y el spray y mirando al cara de su atacante, puso el mechero encendido delante del spray y apretó el botón haciendo que se le quemase parte de la cara al hombre.

Al momento, Nami salió corriendo de la cocina y vio que el bote que había preparado anteriormente aún estaba con los tesoros y listo, no lo pensó dos veces y se dirigió hacia él, esquivando a toda la tripulación, pasando por debajo de sus piernas o dando patadas pero al fin consiguió llegar a su destino, y remó con todas sus fuerzas para conseguir huir. La intentaron perseguir, pero vieron a su capitán malherido y la dejaron escapar.

Una vez alejada y segura, Nami no pudo evitar llorar, realmente lo había pasado muy mal, y aquel día decidió que conseguiría algún tipo de arma para defenderse de tan malvados piratas.

Cuando Nami contó eso todos se enfurecieron mucho.

—por suerte cuando llegué a Kokoyashi Nojiko y Genzo me curaron las heridas y me cuidaron, a espaldas de Arlong, claro…

— ¡maldito! ¿¡Como se atreve!?—realmente Sanji estaba muy furioso—no se lo perdonaremos, ¿verdad, Luffy?

— ¡por supuesto! —dijo pegando un puñetazo en la mesa. — ¡¡¡A ese nos lo cargaremos!!!