Disclaimer: No soy rubia, no tengo billones de euros en mi cuenta bancaria y definitivamente jamás sería capaz de encortinar a alguien tan precioso como Sirius Black. Eso demuestra, señor Juez que no soy la Sra. Jotaká por ende nada de esto me pertenece, por lo que no gano dinero con esto y lo hago sin fines de lucro. De hecho, lo único que consigo con todo esto es dejar de prestar atención en clase. Así que ya ve, Señor Juez. Se ha equivocado de persona.

Realmente necesitaba escribir un poco sobre los Merodeadores, ya saben. Para no perder la costumbre. Y como es James Sirius, definitivamente ellos debían aparecer.


Cuatro jóvenes se encontraban inclinados sobre un trozo de pergamino. El más pequeño de los cuatro lo miraba con admiración, como si no pudiese ser obra suya; el de su izquierda, con rostro cansado y un deje de culpabilidad en sus ojos lo observaba maravillado, en cambio el muchacho de enfrente tenía en su mirada un aire paternal, como el padre primerizo que ve por primera vez a su heredero. El último tan solo lo contemplaba solemne, como quién presencia un acto importante.

-No puedo creerlo

-Es realmente imposible

-Esto debe de ser la mayor locura que hicimos.

-Somos geniales. Bueno, yo más que ustedes. Pero geniales al fin.

Peter Pettigrew, Remus Lupin, James Potter y Sirius Black realmente no creían lo que tenían frente a sus ojos.

-Creo que jamás he estado tan orgulloso de mi mismo como en este momento.

-Yo tampoco- Tres pares de ojos se clavaron sobre el muchacho de cabellos negros y ojos grises- Está bien, generalmente estoy orgulloso de lo que hago, pero esto supera las expectativas.

-No sé si estará en buenas manos...

-Pero si sólo lo usaremos nosotros, Moony- le recuerda sutilmente Peter.

-Por eso mismo

-Oye tú niño de biblioteca, que participaste en esto ¿Sabes? Y a mi no me salgas con el discursito de niño aplicado que bien sé yo que...

-Remus tiene razón, Pad.

Silencio. Silencio incómodo. Silencio de una persona que piensa cuándo fue que su hermano perdió la cordura –poca cordura- que le quedaba.

-Qué demon...

-No, idiota. No. No sobre nosotros. Pero alguien puede tomar el mapa. Tendríamos que poner alguna contraseña.

-Bien pensado James –alabó Peter.

-Bueno chicos, ¿cómo le ponemos?

-Ya sé! Ya sé! Sirius

-Bromeas, ¿verdad?

- ¿Por qué? Si mi nombre es maravilloso.

-No le pondremos tu nombre y es mi última palabra como que me llamo Remus J. Lupin.

-Mmm siempre me pregunté por qué mencionas las J-preguntó James

-Porque es la inicial de mi segundo nombre..

- ¿Enserio? No me digas! Y yo que pensaba que era algún tipo de contraseña secreta. Moony, ya sabemos que es la inicial de tu segundo nombre. Generalmente va ahí, detrás del primer nombre y antes del apellido. Pero yo no ando por la vida diciendo: ¿Saben? me llamo Sirius O. Black.

-Volviendo al tema de las contraseñas. Tiene que ser algo que sea difícil de adivinar. Tiene que tener lógica.- retoma Peter antes que Remus acote algo contra Sirius y sea imposible continuar con el tema.

-Tiene que identificarnos.

-Y sólo se podrá sacar si esa persona es como nosotros.

-Dudo que haya alguien en el castillo tan guapo como yo...

-Padfoot!

-Está bien, está bien. Me callo. Tiene que ser perfecta

Se quedaron pensando un par de segundos hasta que los cuatro hablaron al unísono:

- ¿Ideas?

-Estoy pensando Moony, estoy pensando. Y ¿si le ponemos el nombre de mi Shampoo?

-Cambias de Shampoo cada mes, Sirius- le recordó James

- Severus Snape!- Peter jamás temió su muerte como en aquel instante. Un par de ojos miel lo miraban asombrados, los avellanas y grises parecían querer matarlo.

-Muy bien Peter. Como ves estoy respirando tranquilamente, así que explícame...

-...por qué demonios...

-...habríamos de ponerle...

-...al mapa que con tanto esfuerzo confeccionamos...

-...el nombre de aquel ser...

-...repugnante...

-...de cabello grasiento y nariz grande...

-...que odiamos y recalcamos la palabra odiamos...

-...y aborrecemos...

-y él los aborrece a ustedes, lo siento Pad, Prongs. Era la verdad- comentó Remus por primera vez desde la propuesta de Peter.

-Volviendo. Dónde estábamos?- le pregunta James a Sirius.

-En aborrecemos.

-Cierto...que aborrecemos y querríamos ver muerto. Entonces, Padfoot, me ayudas?

-Sí.

-ENTONCES POR QUÉ DEMONIOS PONDRÍAMOS SU NOMBRE COMO CONTRASEÑA!

-Chicos, no le griten a Peter, creo que acaba de morir de la impresión.

-Es que...ehh...Prongs, Padfoot ¿podrían dejar de mirarme así? Bueno, es que yo..pensé que a nadie se le ocurriría que esa sería la contraseña.

-Por supuesto que no. ¿A quién le gusta pronunciar su nombre?

- ¿A su madre? Ella se lo puso

-Pues tiene mal gusto.

-No, no usaremos ese nombre y es mi última palabra como que me llamo Sirius O. Black. Lo Juro- dijo poniéndose la mano teatralmente.

- ¿Entonces?

-Prongs, ¿alguna idea?

-No, Pad

-Pero se supone que eres inteligente. Llevas anteojos!

James Potter ni intenta entender la mente retorcida de su mejor amigo. Pero no logra evitar el comentario:

- Las gafas son para que las chicas piensen que soy un intelectual. El que cumple esa función en el grupo es Remus, aunque no entiendo por qué de él piensan que es un tierno y de nosotros dos, unos mujeriegos.

Sirius parece reconsiderarlo, aunque a los dos segundos, quizá por declarar una causa perdida el tema de las mujeres, se gira hacia Remus y pregunta:

-Bien. Moony, tu turno de demostrar por qué eres el intelectual.

-Porque al lado de tú, Prongs y Wormtail, cualquiera es inteligente.

-Muérete. Pero antes piensa la contraseña.

-No lo sé. No se me ocurre. ¿Chocolate amargo?

Los cuatro se miran desconcertados, es raro que no se les ocurra algo. Quizá sea por la emoción del momento.

-No pienso moverme de aquí hasta encontrar la maldita contraseña, lo juro.- exclama Sirius Black, como es su estilo. Definitivo, sin lugar a dudas.

-Deja de jurar- lo regaña Remus.

- ¿Por qué? Yo juro todo lo que quiero.

-Porque vives diciendo "yo juro esto, yo juro aquello". No puedes ir por la vida pensando en que todo es tan determinante.- le retruca el primero.

-Si puedo –contraataca- puedo jurar que amaré los pastelillos de chocolate y nuez por el resto de mi vida. Estoy seguro de eso.

-Lo juras ¿No es cierto, Pad?- le pregunta James, con la mirada ligeramente sospechosa.

-Sí lo juro.

-Solemnemente-acota Remus, más que nada para fastidiar a los otros dos, ya que sabe que odian la formalidad.

-No puede ser solemne, Remus. Ellos nunca tienen intenciones solemnes- le sigue el juego Peter.

Entonces James y Sirius se miran, y Remus siente un escalofrío que le recorre la espalda. Porque cuando James y Sirius se miran de esa manera es porque definitivamente nada bueno puede venir. Peter también lo siente, es imposible estar en la misma habitación que ellos dos y no saberlo, no presentir lo que se avecina.

-Entonces- recapitula James- Tenemos en claro que juramos, que somos solemnes y que nuestras intenciones no lo son.

-No, nuestras intenciones no son buenas- le contesta Peter en un murmullo.

-Exacto!- se exalta Sirius, con la sonrisa más grande que ha esbozado en mucho tiempo, esa que tiene un tinte macabro.- Juramos que este mapa jamás será utilizado honorablemente.

-Porque nuestras intenciones jamás serán honorables- le sigue James, mirando el mapa con verdadero orgullo paternal.

Entonces Remus se entusiasma, y comenta con agrado:

-Juramos Solemnemente- sonríe- sí, solemnemente.

- Qué juramos chicos?- pregunta más que emocionado Peter, ahora con la certeza de que eso que están esperando ya está por llegar.

Entonces James y Sirius se vuelven a mirar y contestan al unísono

-Juramos –pausa, dirigen su mirada a Remus- Solemnemente que- ahora miran a Peter- nuestras intenciones no son buenas.

- Juramos solemnemente que nuestras intenciones no son buenas.- repiten a coro los otros dos.

Y luego se miran los cuatro, con una promesa en los ojos, con la adrenalina recorriéndole todos los centímetros del cuerpo y con el orgullo a flor de piel. Entonces cada uno pronuncia la promesa en voz alta, sellando el pacto.

-Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas.

James Sirius Potter tiene catorce años, está escondido en el hueco más oscuro detrás de la escalera que da frente a la biblioteca. Es medianoche, la mejor hora del día a su criterio, donde todos duermen, donde nadie escucha, donde sólo está él y lo desconocido. Intenta no hacer ruido, un paso, otro y luego el final. Llega hasta la puerta de la biblioteca y entra con sigilo. Se abre paso hasta el escritorio de su padre, frente a la ventana, toda la habitación está a oscuras y él no puede evitar recordar una de esas historias donde el asesino aparece por detrás, sorprendiendo a todos. Pero está más que tranquilo, al fin y al cabo es él el que está realizando la tarea ilícita.

Que tampoco es tan ilícita.

Porque, después de todo, era miembro de la familia y lo que guardara su padre en los cajones de su escritorio estaba dentro del mobiliario de la casa, por ende también le pertenecía a él. Le gustaba pensarlo de esa manera, así se sentía bastante tranquilo con su conciencia.

Una vez que comprueba que nadie lo haya escuchado, respira aliviado y se dirige a hacer su trabajo. Debería sentirse culpable, pero la culpa es algo que definitivamente no va con él, tampoco el remordimiento ni el arrepentimiento ni la pesadumbre ni nada que se le asemeje.

Pero deja de divagar y se concentra en su trabajo, tampoco quiere que la mañana lo sorprenda allí.

Sabe que hay algo entre esas cuatro paredes que lo está esperando y es su deber encontrarlo. Lleva tiempo esperando este encuentro, lo sabe y sin embargo hasta el día de hoy no ha logrado concretar la cita.

Lleva esperando este encuentro desde aquel día, en Navidad, cuando escuchó a Teddy.

-La abuela me regaló un diario que era de papá, padrino. Ya casi termino de leerlo.

- ¿Un diario de Remus? No sabía que llevara uno.- Harry miraba con atención a su sobrino mientras el pequeño James, de diez años, jugaba con su nuevo Set de Quidditch para mesa.- ¿Dice muchas cosas?

- No, padrino. No dice mucho – Teddy interpreta la expectación de Harry, de saber más acerca del pasado- En realidad más que un diario parece un anotador de cosas, son hechos sueltos a los que no les encuentro mucho sentido.

- Quizá yo entienda algo, Teddy. No sé muchas cosas de la época de joven de tu padre, pero quizá con lo que sé del mío podamos armar algo.

-Quizá-corrobora Teddy, pensante- Aunque no creo. Algunas cosas son conocidas por todos. James Potter y Sirius Black parecían alborotadores sumamente responsables en mantener esa labor al día.

Entonces Jimmy por primera vez en la charla levanta la cabeza y mira con atención al ahijado de su padre. Harry lo nota y ve el orgullo brillando en los ojos de su primogénito.

-Sí, eso lo sabemos todos.- suspira cansado, colocándose en el papel de padre responsable y olvidándose de sus tiempos en el colegio.

-Eran geniales – intercede el pequeño Jimmy

-Concuerdo con Jimmy.- Teddy también le es leal a la herencia. – pero hay cosas que no entiendo, parecen como si mantuvieran un código entre ellos.

- ¿Entre los Merodeadores?- pregunta Jimmy, dándole a la última palabra un deje de orgullo.

-Sí. En el diario, mi padre habla de un mapa. Dice que el mapa les está causando más problemas que de costumbre, que Peter no presta atención en clase para pensar que hacer con él, que James directamente no duerme por las noches inventándole usos y que Sirius está mucho menos controlable que de costumbre.

- ¿Mapa? Eso es raro- dice Jimmy torciendo la boca, en un claro gesto de concentración.

-Padrino, ¿Tú sabes algo?

-De un mapa, no. Claro que no sé nada. Del único mapa que tengo conciencia es el del tesoro del cuento que Lily me hace contarle todas las noches.

Teddy parece conforme con la respuesta, pero Jimmy no; mira a su padre fijamente y lo examina. Su padre miente, no puede probarlo pero el latir de su corazón lo afirma. Harry le devuelve la mirada a su hijo y es conciente del examen al que está siendo sometido.

Entonces Jimmy sonríe con los ojos rebalsando alegría y Harry sabe que pasará un largo tiempo para que se olvide del dichoso asunto.

Porque es James Sirius Potter, y nadie con semejante herencia en los nombres olvidará jamás la tentación de un mapa que avecina lo prohibido, o lo suficientemente vedado para que su padre quiera ocultarlo. Entonces Jimmy vuelve a sonreír.

Pero olvidó el asunto al tiempo, después de meses de intentar sonsacarle información a su padre, después de intentos y miles de intentos de teorías, después de estrujarse la cabeza para saber a que se refería, después de todo no pudo saber que era. Entonces lo olvidó momentáneamente, lo dejó para más adelante. Jimmy sabía que a veces había que esperar para lograr el resultado.

El asunto volvió a sonarle en la cabeza cuando entró a Hogwarts por primera vez y a los dos días ya estaba en el despacho de McGonagall siendo amonestado por vagar sospechosamente.

-No puede retarme por estar parado en un pasillo, profesora!

-Lo reto porque sé que trama algo señor Potter, era muy sospechoso que se encontrara en ese pasillo tranquilamente.

- ¿Y por qué habría de ser sospechoso? - y eso es punto para Jimmy. McGonagall había quedado sin habla, pero el cuadro de detrás no lo había hecho.

- ¿Sabes, Minerva? Creo que el joven James dice la verdad.- intervino un sonriente Albus Dumbledore.

-Gracias, profesor. No entiendo de qué se me acusa todavía, que yo sepa detenerme en un pasillo no va contra las reglas.

-De lo que se te acusa James – contestó amablemente el cuadro- es de portar con la herencia que portas. La sangre Merodeadora no será fácil de vencer.

Entonces James se marchó del despacho con la seguridad de que había algo en ese pasillo. Tardó dos días más en encontrar el primer pasadizo. Y las palabras 'merodeadores' 'mapa' y 'pasadizo' resonaron en su cabeza.

Pero tampoco pudo encontrar coherencia entre sus ideas y la vorágine del primer curso fue dejándolo atrás, los castigos junto a Theo, las expediciones secretas, todo.

Pero llegó el día donde debería entrar a tercer año, y su hermana Lily a primer curso.

Se encontraban en el andén, frente al Expresso y como todos los años se despedían de sus padres. Lily y Hugo estaban más que nerviosos respecto a su primer día de clases y no paraban de hablar de las mil cosas que harían al llegar. Albus y Rose intentaban calmarlos.

James, en cambio se mantenía alerta por si veía a alguno de sus amigos.

Las chicas de séptimo curso pasaron frente a ellos sin dejar de murmurar cosas entre ellas.

-En nuestra época no llevaban la falda tan corta- comentó Ron frunciendo un poco el ceño y mirando seriamente a Rose, que sin estar enterada de nada seguía charlando con Albus.

-Faltan años para que Rose esté en séptimo, Ron.

-Yo que tu controlaría desde ahora. Conservas el mapa, ¿cierto? Podríamos utilizarlo.

Y mientras Harry calmaba a un Ron histérico, Jimmy sintió su corazón pararse y volver a latir con mucha más fuerza que la acostumbrada.

Theo llegó junto a él en ese momento para alejarlo de cualquier reacción sospechosa que pudiera notar su padre, y despidiéndose de todos se adentró al tren junto a su amigo.

Y ahora estaba allí, de nuevo en casa, en el último día de las vacaciones de Navidad.

Se ha pasado el primer semestre de clases dándole vueltas al asunto y está orgulloso de haber llegado a esta conclusión.

Hay un mapa, así de sencillo.

Un mapa creado por los Merodeadores.

Y si su padre lo tenía, seguramente estaría allí.

Así que se dirige a la estantería y se saltea todos los libros que suele leer Albus, también lo de Artes Oscuras que utiliza su padre para el trabajo y los de cuentos que eran de Lily. Se pregunta mentalmente dónde podría su padre haber ocultado algo así. ¿Cuál es el lugar donde ninguno de sus hijos accedería?

Oh no, no podía ser tan fácil.

Dirige sus pasos hacia el escritorio y con mucho cuidado de no hacer ningún ruido abre lentamente cada uno de sus cajones.

Del último extrae una caja y con cuidado esta vez de no romper nada abre la tapa.

Dentro está el álbum de casamiento de sus padres y un par de fotografías anteriores a su nacimiento, también había astillas de lo que alguna vez había sido una escoba –Jimmy frunció el ceño pensando en como alguien podía haber dejado una escoba así-, estaban guardadas cuidadosamente todas las cartas que le anunciaban el regreso a Hogwarts, y finalmente un pequeño monedero de un color bastante feo si le preguntan a él. Observa los objetos con detenimiento y no reconoce nada fuera de sitio o algo que sea sospechoso.

Pero el corazón sigue latiéndole fuerte y una especie de mandato desconocido lo obliga a quedarse allí, con la expectación flotando en el aire y la punzada de certeza que le recorría por las venas. Algo allí era de él, algo que estaba esperando ser rescatado para volver a ver la luz.

-Vamos, vamos – susurró impaciente-. ¿Dónde estás? Ven a mí.

Pero nada ocurre y Jimmy puede sentir el tic tac del reloj. Se está impacientando, lo sabe. Pero no pasa nada y estaba tan seguro que esta vez iba a pasar algo que no puede evitar sentirse decepcionado.

Comenzó a dejar los objetos en su lugar cuando un rayo de luna iluminó la caja que los guardaba posándose sobre el monedero. Entonces James lo toma con las manos y siente que algo se remueve en él, no sabe si adentro del objeto o de su propio cuerpo.

La luna parece brillar demasiado esa noche, piensa James.

A lo lejos un perro ladra.

Y Jimmy no necesita nada más y se decide a abrirlo. Un pedazo de espejo roto cae primero, y se pregunta si a su padre se le ha dado por guardar objetos rotos, primero una escoba, ahora espejos. James lo toma en sus manos y comienza a darlo vuelta, nada sucede.

Luego aparece una Snitch, que aunque tenga sus años a James le parece hermosa, tiene algo que no tiene el resto. Pero si su padre la guarda tan celosamente debe ser un objeto invaluable. Y James sólo quiere un objeto, no es un ladrón.

Sólo reclama lo que por herencia le corresponde. Si hay allí algo pertenecientes a ellos, por legado le concierne. Después de todo él no eligió llamarse James Sirius.

Y como si respondiese a su conciencia, sacó el tercer objeto del monedero.

Un pergamino viejo con las puntas dobladas y la superficie arrugada. Lo abrió sin esperar ni medio segundo pero éste se encontraba en blanco.

Había algo allí, podía presentirlo.

Observó la hora, las dos de la madrugada. Decidió que no tenía ningún problema en regresar a Hogwarts sin dormir, y guardando todo en su lugar salió de la biblioteca.

Llega a su cuarto, no sin antes haber pasado por la cocina para tomar un par de galletas, y sentado en su cama se decide a examinar el pergamino que tiene entre las manos.

¿Por qué habría de impresionarlo un pergamino en blanco? Se pregunta reprochándose. Pero lo sabe incluso antes de pensarlo.

Un pergamino en blanco, señal de secretos.

Un pergamino en blanco cuidadosamente guardado entre las pertenencias de su padre, señal de prohibido.

Un pergamino en blanco, cuidadosamente guardado entre las pertenencias de su padre y con la posibilidad de haber pertenecido a los Merodeadores, señal de que aventura.

Toma la varita y murmura.

-Soy James Sirius Potter. Muéstrame tus secretos.

Del borde del mapa comienzan a salir letras color verde que se van hilando unas con otras lentamente, Jimmy las mira asombrado con la sensación que este, definitivamente es uno de los momentos más importantes de su vida.

Merodeadores- murmura con asombro y con un deje de alegría.

Las letras siguen apareciendo y pronto forman la primera frase.

"Wortmail saluda al señor James Sirius Potter" pero antes que Jimmy pudiera contestarle e incluso antes que lograra salir de su asombro y sea capaz de controlar el orgullo que siente tras la misión cumplida otra letra interrumpe.

"¿James Sirius Potter? ¿James? ¿Sirius? ¿Potter? Merlín...se llama como nosotros."

"Eso habíamos podido deducirlo solos, Pad."

"Oh! Disculpe usted mi majestad..."

-Disculpen. ¿Padfoot? ¿Prongs? – interrumpe James conciente de lo maravillado que se encuentra.

"¿Nos conoces? Soy Moony"

-Sí! Claro que los conozco, sé todo acerca de ustedes.

"Ya decía yo que todos nos conocerían. Soy Prongs, ahora tú explícame por qué llevas mi nombre"

"Y el mío! Aunque...que mal gusto, mezclar mi glorioso nombre con el tuyo"

Jimmy rió divertido antes de aclarar.

-Soy nieto de Prongs.

"¿Nieto? ¿Tengo un nieto?"

"Por Merlín Prongs! Has traicionado a todos, ¿Cómo osas de comportarte de manera correcta y formar una familia?"

Jimmy interrumpe lo que seguramente sería una batalla digna de contemplar y continúa.

-No quiero presionarlos, pero no tengo toda la noche.

"¿Toda la noche? ¿Qué necesitas de nosotros, pequeño?" pregunta la letra que James identifica como la de Wortmail.

-Guardan algún secreto, lo sé- afirma divertido – Realmente me agrada conversar con ustedes, pero la noche no dura para siempre.

"Me gusta la actitud de este chico" afirma su abuelo y Jimmy siente que el orgullo de la herencia resurge en él con fuerza dentro de su pecho.

"Es cierto" corrobora Sirius "La noche no dura para siempre por desgracia"

"¿Cómo ha llegado este pergamino a tu mano, James?" indaga Moony.

Bueno...- mira al trozo de papel con culpabilidad, como si una reprimenda de ellos fuese mucho más importante que la que pueda impartir cualquier otro mortal. -. En realidad...¿No quieren que los tenga?

"El chico es bueno, contesta con evasivas." La letra de su abuelo vuelve a aparecer.

"James..." presiona Moony.

-Bueno, está bien. Se lo saqué a papá. Pero él no lo usa. Y yo quizá pueda darle algún uso importante...si ustedes me cuentan sus secretos.

"Realmente quieres ser nuestro dueño" pregunta Wortmail.

-Claro! Claro que quiero – grita un emocionado Jimmy olvidándose que el resto de la casa duerme.

"Primero tendrás que jurarnos algo pequeño" recuerda Moony.

-Lo que quieran!

"Digno nieto de un merodeador" James sigue sintiendo el orgullo en sus venas.

"Y llevas mi nombre también, así que no puedes dejar de brillar James Sirius" le dice la letra de Sirius.

"Dime James..." comienza Wortmail.

"Realmente juras..." le sigue Moony

"Que jamás y bajo ninguna circunstancias tus intenciones serán buenas" concluye Prongs.

-Claro que no!- afirma Jimmy mientras ríe. Merlín, realmente se parece a ellos no son alucinaciones de los adultos.

"Genial" afirma Padfoot "Entonces dilo"

-Juro realmente que jamás y bajo ninguna circunstancia mis intenciones serán buenas.

"Casi" James está seguro que puede sentir la risa de su abuelo palpable en la letra esmeralda.

"Es una situación solemne, pequeño. No nos tomes a la ligera." Le informa Sirius.

-Está bien.- hace una pausa conciente de que de pronto algo surge en su cabeza. Parece que lleva años, escondido allí esperando el momento oportuno para salir.- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas – afirma con el orgullo en la voz y la terquedad del que sabe que está bien lo que acaba de decir. Quizá lo llevara en los genes, en la sangre o en los nombres, pero él sabe que es así.

"Perfecto" la letra de su abuelo aparece una última vez antes de dar paso a la siguiente formación de frases.

Los Señores Moony, Wortmail, Padfoot and Prongs.

Proveedores de artículos para magos traviesos

Se complacen en presentar

El Mapa del Merodeador.

-Oh Merlín. Soy un genio. Ellos también, pero...¿Cómo demonios no supe de esto antes?.

Observa detenidamente lo que es un plano perfecto de los terrenos de Hogwarts y sus alrededores, incluidos los pasadizos para salir del castillo. Lo más sorprendente eran los puntos negros que se movían por los pasillos, los profesores controlando que nadie esté vagando a deshoras.

Y sabiendo que ha encontrado un tesoro invaluable, como quien está conforme con el trabajo realizado queda dormido con una sonrisa envidiable en el rostro.

Al día siguiente, cuando Ginny fue a despertarlo sólo encontró a un James dormido profundamente sin ningún rastro de haber estado casi toda la noche en vela.

En cuanto llegaron a la estación (al límite del tiempo, como siempre) James buscó con la mirada a Theo, pero para cuando logró encontrar un momento propicio para contarle la nueva noticia lejos de sus padres, apareció Amy y soltando un monumental monólogo acerca de las vacaciones y quién sabe que más; prohibiéndole conversar.

Entraron al compartimiento, al de siempre, y James comenzó a mover frenéticamente los dedos sobre la ventana. No era que no confiara en sus amigas, ¡por Merlín! Las adoraba. Pero eso era algo de él, de su abuelo, de los Merodeadores, y de Theo.

Porque era su mejor amigo, su hermano.

Hacia mitad de camino, cuando James pensó que realmente explotaría y sacaría a las chicas a la fuerza, Samantha se levantó –solemne, como siempre- y dijo:

-Amy, acompáñame. Tengo que preguntarle algo a mi hermana.

- ¿A tú hermana? – preguntó la chica confundida. Theo y Jimmy también la observaron, era bien sabido que prácticamente evitaba cruzar palabra con su hermana que ahora cursaba el séptimo año.

-Sí. A ella.- y sin esperar respuesta abrió la puerta del compartimiento esperando a que Amy pasara por ella. Pero antes de salir le dirigió una mirada a James, de esas penetrantes donde el chico podría jurar que le leía la mente y murmuró despacio- : Creo que estaremos fuera treinta minutos. Adiós.

Theo lo miró confundido hasta que sonrió despacio.

-Sammy me asusta. A veces creo que controla todos nuestros movimientos, así calladita como la vez.

-A mi también me asusta. –aprueba James, convencido que Samantha notó sus ganas de hablar a solas con Theo, y recordándose mentalmente comprobar que no esté ofendida y darle las gracias más tarde por el detalle de dejarlos a gusto para charlar miró a su mejor amigo que lo miraba con el rostro ceñudo.

-Estás raro. Dime por favor que no tienes nada que ver con la hermana de Samantha.

- ¿Con Nathaly? ¿Estás loco? Es...Nathaly.

-Sí, una hermosa muchacha de séptimo curso y...

-Deja de decir idioteces y escúchame.

Theo clavó sus ojos chocolate en los avellana de James.

-Conozco esa sonrisa de suficiencia ¿Qué has hecho pequeño Jimmy? Ilústrame. –dijo con la voz cargada de impaciencia.

James pronunció aún más su sonrisa y con orgullo pronunció.

-Lo he encontrado. Es todo nuestro.

- ¿Encontrado? Sé que soy genial, pero aún no manejo todos los misterios del universo, James. Sé más explícito, no puedo adivinar.

-Travesura realizada, amigo. Travesura realizada.


Puff. Eso es todo. Esta serie de viñetas va a acabar con la responsable y aplicada Lita. No he tocado un sólo apunte de la facultad.

La autora no se hace responsable por lo siguiente pero Carr y Cheryl (las amo) han creado GUFT -Grupo Últra Fanático de Theo- para adorar y alabar a su bien amado Theo. Ellas dicen que les pertenece. La autora no se hace responsable, realmente.

Y bien? Qué les ha parecido? Tengo ganas de empezar a escribir la próxima viñeta, así que dejen rw! (Gracias a los que pasan siempre, y si pasaste y leíste no te olvides de comentar aunque sea un: "lo leí")

Sé que las próximas viñetas son más que nada informativas, pero son necesarias para la historia. En breve vendrá la historia de corrido.

Y ahora sí, me despido.

Dicen (La autora vuelve a desligarse de la noticia) que si apretas la barrita que dice Go! para los rw te regalan caramelos por un año.

Lita Black. Oh pequeño Jimmy estás arruinando mi futuro, pero no me importa. Y sí, Sirius. Necesitaba volver a tenerte cerca