Disclaimer: Lamento depcionarlos Señores Inspectores Impositivos. Pero nada de todo esto me pertenece. El Potterverso pertenece a la Sra. Jotaká que se divierte con ello. Yo sólo soy una pobre niña que reprobará el parcial el miércoles por estar terminando esta viñeta. No señores, no gano dinero con nada de todo esto.

Sí, Dan. Vamos a reprobar. ¿Y Sabés por qué? porque estamos perdidamente obsesionada con estos cuatros.

Amé esta viñeta, me divertí mucho escribiéndola. Nos leemos abajo.


El cuadro de la pared lo observa con interés y James le sonríe.

- ¿Cómo ha estado en este tiempo, profesor?

- Muy bien, James. Gracias por preguntar.

- ¿Cómo andan las cosas por el despacho de McGonagall? Sabe, la he visto un poco alterada últimamente...quizá unas vacaciones le sean favorables para sus nervios.

-Mis nervios estarán perfectamente bien Señor Potter, cuando usted deje de alborotar el castillo a diario.

James deja de observar el retrato de Albus Dumbledore para dirigirle una sonrisa encantadora a Minerva McGonagall.

-No escuché que entrara, estimada profesora.

-Guarde esa sonrisa, Potter. Recuerde que conocí a Sirius Black.

Pero Jimmy no se deja intimidar por la profesora, ha estado tantas veces en la oficina que ya la considera uno de sus lugares preferidos en todo Hogwarts.

Se sienta rectamente, como le gusta a la Directora, más que nada para fastidiarla, todos saben que una pose seria en él no es más que un atisbo de broma. McGonagall tuerce el gesto y él ríe por lo bajo mientras se prepara para soportar la próxima media hora de reproches y amenazas.

Genial, optó por el discurso sobre la madurez. Es de sus favoritos. Que si debe hacer esto, que si debe hacer aquello, que si ya está grande, que es el mayor, que debe darle ejemplos a sus hermanos, que no puede ir perdiendo puntos para Gryffindor (James se pregunta porque jamás nadie recuerda los puntos que gana en Quidditch o en los exámenes), que ya no sabe como decírselo, que...

-Señor Potter, ¿me está escuchando?

-James alza la vista brevemente sorprendido.

-Claro que sí, profesora. Con suma atención.

-Mentiroso.

-Mmm...eso es nuevo. Nunca me ha acusado de mentiroso. Alborotador, inquieto, pequeño delincuente, mujeriego, saltador de normas, digno representante de mi nombre...aunque no entiendo por qué eso es malo. En fin. Pero ¿Mentiroso? Profesora McGonagall está hiriendo mis sentimientos más profundos.

- ¿Sabes cuál es el problema contigo, James Sirius?- el joven siente un escalofrío cuando ella lo llama por el nombre completo, ha sido así desde los once años-. Que tienes la mala suerte que conocí a tu abuelo y al mejor amigo de este. Ninguna de tus tácticas de distracción funcionan conmigo. Así que nada de sonrisas y nada de falsos sentimientos heridos que sé perfectamente que estás disfrutando de lo lindo con esto.

James suelta una carcajada e inclina la cabeza en señal de rendición.

- Usted no entiende, Minerva- la mujer lo mira severamente pero Jimmy se está divirtiendo con la situación-. Todas mis fechorías son, en realidad, tácticas para llamar su atención. Es que yo me la paso tan bien con usted. ¡No sabe lo feliz que me hace que me cite a su oficina! Sé que la diferencia de edad es un impedimento...

-JAMES SIRIUS POTTER.

- ¿Qué?

Pero antes que alguno pueda decir algo el retrato de Albus Dumbledore ríe abiertamente, enjuagándose las lágrimas con el puño de la túnica. McGonagall lo mira escandalizada pero el anciano tampoco se deja intimidar.

-Debe reconocer, Minerva, que el muchacho tiene estilo. Nunca había escuchado una respuesta así por parte de James o Sirius. Jimmy, te has superado a ti mismo.

-Gracias. Llevo semanas perfeccionando la técnica. ¿Sabe? Descubrí que si uno baja un poco la voz así – entonces la voz grave y profunda se convierte en un murmullo aterciopelado-. y gira los ojos de esta otra manera, las mujeres caen a sus pies.

-Potter, está en mi oficina para ser castigado, no para darnos clases de seducción.

James se cruza de brazos y la mira ligeramente ofendido.

-No es justo- antes que alguien pueda preguntar que es lo que no es justo, prosigue-. Se supone que, a lo sumo, una mujer inmune en la vida de un hombre debe haber. Pero mis miradas encantadoras no funcionan ni con mamá, ni con la abuela, ni con Lily, ni con Amy y mucho menos con Samantha, y usted parece sufrir de lo mismo. ¿Cómo es que son inmunes?- ahora se gira hacia el retrato de Dumbledore-. Andrómeda me ha dicho que Sirius era todo un casanova en su época, ¿Qué hago mal?

Para ese entonces la pobre profesora no puede contener la risa y se ve en el deber moral de contestarte.

-Señor Potter, sé que está divirtiéndose a mi costa y piensa que así podrá escurrirse al castigo.

- Yo preocupado por un tema de inmediata solución y usted pensando en castigos, ciertamente profesora...

- Potter, hable. No tengo toda la tarde.

- Con mucho gusto, profesora. Mi nombre es James Sirius Potter en honor a mi abu...

- Quiero decir –indicó la profesora con suma tranquilidad, como pudo notar James-. Que me cuente exactamente cómo y por qué llegaron unos enormes gusanos voladores a la cabeza del Señor Clyde y del Señor Lekker.

- No tengo idea, profesora- colocó su sonrisa más inocente aunque sabía que era poco probable que funcionara.

-Tengo la leve sospecha que si sabe de que se trata.

- No es mi estilo. ¿Gusanos voladores? A eso le falta creatividad. Si va a castigarme, pues hágalo por algo grandioso.

- Y si no es usted ¿Entonces quién?

- Sé que a veces es imposible recordarlo, pero hay miles de alumnos más en el castillo además de mí.

La profesora McGonagall lo observó durante un instante antes de determinar:

-No tengo pruebas de que haya sido usted, Potter. Pero ambos sabemos que si no fue usted, fue Theo Windsor. Retírese. Y por una vez quédese con las ganas de realizar algún comentario sarcástico.

James no necesita que se lo digan dos veces, se retiró del despacho de la Directora rápidamente no sin antes dedicarle un saludo al cuadro sonriente de Albus Dumbledore.

-0-0-0-

El día había empezado demasiado tranquilo para gusto de James. Rutinario.

Había sonado el despertador unas dos veces antes que los propietarios de la habitación salieran de sus confortables camas, había sonado una tercera vez antes que James lo estrellara contra la pared y todo fuese silencio ignorando poco a poco los ruidos que realizaban sus compañeros al vestirse. Al poco tiempo, o eso le pareció a él, Theo terminó levantándolo a base de almohadones fuertemente lanzados contra su cuerpo.

Habían llegado tarde y tuvo que desayunar demasiado rápido para su gusto, luego habían partido junto con las chicas a las clases de la mañana.

Como siempre.

Se dirigían al Gran Salón para almorzar, cosa que había puesto de muy buen humor a Jimmy. Dos horas de Historia de la Magia con poca comida en el estómago no era algo para tomarse a broma.

- ¿Puedes caminar más despacio? No hay necesidad de ir corriendo, la comida no se irá – le reprochó una molesta Samantha.

James se dio vuelta con la sonrisa en el rostro. La número treinta y ocho, la que saca de quicio a Samantha.

Pero cuando la chica iba a contestarle pareció demasiado entretenida observando por detrás del hombro del chico.

- ¿Nuevas admiradoras?- preguntó Theo, señalando disimuladamente a dos jóvenes que se acercaban nerviosamente hacia ellos.

-Seguramente- corroboró James sin ningún tipo de vergüenza-. No deben superar los doce años, ¿No?

Las dos chicas, una castaña de cabello corto y una rubia de cabello ondulado, se acercaron con demasiada lentitud según el estómago de Jimmy y algo de vergüenza.

-Disculpa... ¿Tú eres Samantha Brixton?- preguntó la rubia con una sonrisa tímida en el rostro.

Todos aguardaron en silencio unos segundos. Incluso Theo.

-Sí. Soy yo. Ehh... ¿Necesitan algo?- respondió con confusión.

-¡Eres tú! ¡No puedo creerlo!

Samantha retrocedió un paso con cara de espanto, cosa que hizo reír a James. Theo se situó al lado de la chica en un ademán protector, por si se le ocurría salir corriendo y Amy se acercó a las dos niñas de segundo año curiosa.

-¿La conocen?- les preguntó amablemente.

- Por supuesto- afirmó la misma rubia-. Conozco toda su vida.

-¿Mi vida? ¿Por qué demonios conoces mi vida?

-Porque eres la hija de la gran Stephanie Harrison. La amo, sus creaciones son geniales.

Stephanie Harrison, posteriormente Brixton, era la madre de Samantha de origen muggle y una famosa diseñadora de modas. O al menos eso tenía entendido James, ahora el por qué la niña gritaba tan emocionada, bueno...simplemente no había respuesta lógica.

-Ah, ella. Quiero decir, mamá. Eh...sí, soy su hija.

-¿Puedes firmarme un autógrafo?

James no pudo contenerse y estalló en carcajadas, Theo observó a la rubia como si estuviese loca y Amy pestañó un par de veces. Contra todo pronóstico, Samantha se mantenía bastante tranquila.

-No soy mi madre. Ella es la que te gusta, no yo.

-Tu hermana también es fantástica.

-Ah, Nathaly.- Samantha se estaba fastidiando.

-Sí. Empezó a modelar el año pasado para tu madre ¿Lo sabías?

-Soy su hermana – respondió con indiferencia. Para no saberlo, había sido un caos, ropa por todas partes, Nathaly histérica, su madre asegurándole que estaba preciosa, su padre diciéndole que estaba orgulloso y ella deseando salir de esa casa lo antes posible.

-Quiero que me firmes un autógrafo- insistió la niña

-Mira, eh...¿cómo te llamas?- introdujo James.

-Maggie Less. Segundo año, Hufflepuff.

-Bueno, Maggie. Mira, a ti te gusta la señora Brixton y como modela Nathaly, ¿No es vedad?

-Sí, por supuesto.

-Entonces no introduzcas a Samantha. Ella no tiene nada que ver.

-Pero salió su foto en la revista! Quiero tener su autógrafo ya que tengo la suerte de tenerla conmigo en el coleg...

- ¿FOTO? ¿De qué foto hablas?

Maggie le tendió una revista que llevaba en su mochila a Samantha como respuesta a su exigencia.

-Me la envía mamá, es muggle. Y sabe que amo la alta costura y...

Pero Samantha había dejado de escucharla y estaba respirando entrecortadamente con la revista entre las manos. Tras unos segundos de silencio insostenible la joven arrojó la revista al suelo dejando con la palabra en la boca a la Hufflepuff.

Ninguno pudo seguirle el paso cuando salió corriendo por el pasillo tronando y jurando venganza. Amy fue la primera en reaccionar y salir en su búsqueda.

-Oh! Está adorable. – replicó James para sorpresa de Theo y la Hufflepuff que aún seguían contemplando el ahora pasillo vació-. Mira Theo, es la pequeña Sammy.

-En efecto. Nadie puede acribillar con la mirada a la cámara fotográfica como nuestra Sammy- afirmó Theo con un deje de orgullo-. Ahora lo que no se puede explicar es quién en su sano juicio entregaría una foto de Sammy a una revista.

-Es porque le hicieron una nota a la familia de Nathaly Brixton. Estrena como modelo y como su madre es diseñadora...

Pero ni James ni Theo escuchaban a la chica que resignada ante la indiferencia dio media vuelta dejándole la revista de la discusión.

-Oh! Mira Theo! En esta están manchadas con mermelada. ¿Crees que podré conservar la revista?

-Claro. Seguramente Samantha ha partido corriendo a buscar una lechuza para pedirle a su madre más copias de la revista con el fin de entregárnosla a nosotros.

-Pero imagina la cara de una mini Sammy frunciendo el seño mientras intenta sacarse la mermelada de encima. El Gran Salón necesita una pintura sobre eso, tenemos que redecorar.

Amy había logrado apresar a Samantha antes que esta lograra un homicidio en masa, y cuando James estaba dispuesto a explicarle por sexta vez que no había motivo para enviar una manada de hipogrifos furiosos a su hogar clamando explicaciones, una voz por detrás se le adelantó.

-Te he visto correr, Samantha.

Jimmy hizo una mueca con la boca antes de girarse a ver al Ravenclaw que se acercaba hacia la chica.

-Potter- saludó el joven. James estaba a punto de contestarle. De verdad que quería hacerlo.

Pero tenía un pequeño problema con el amigo de Samantha.

-Soy Christopher Clyde.

-Ya lo sé. Hola, Clyde.

Nunca recordaba su nombre. No importaba que fuese amigo de Samantha (según tenía entendido se conocían desde la cuna porque sus padres eran mejores amigos), no importaba que a veces compartieran clases y mucho menos que se cruzara con él por los pasillos. No podía recordar su nombre.

Escuchó como Theo ahogó una risa y se decidió a ignorarlo.

-De verdad que sé tu nombre- insistió, más que nada por orgullo.

-¿Qué te ha sucedido, Sammy? Te he visto correr por cuatro pisos. No pude seguirte el ritmo tan bien como tu amiga.

-Buen estado físico-. Comenta Aidan Lekker observando a Amy. James recuerda su nombre porque es guardián en el equipo de Ravenclaw.

-¿Qué sucedió?- reitera Cris.

-Nada –murmura Samantha aunque su voz sigue denotando que está sumamente enojada -. Sólo pienso matar a mi madre.

Christopher ríe y le toma la mano.

-Sabes que no harás nada así- le dice.

-Lo sé- suspira por lo bajo como enojada consigo misma por no atreverse a hacerlo.

Entonces James se cruza de brazos dispuesto a decirle a la joven que eso mismo había dicho él durante la última media hora y no le había hecho caso. Y cuando se dispone a recordárselo, Theo ahoga un quejido.

Su amigo mantenía la vista fija en Aidan y Amy que parecían charlar muy amenamente.

- ¿Theo?- preguntó James no muy seguro de querer saber que pasaba por la rebuscada mente de su amigo.

- ¿Puedes creer que le ha dicho que se ve linda?- susurra incrédulo para que sólo James lo oiga.

-Ehh..Amy es bonita- le recuerda con sutileza-. Se lo digo una o dos veces por semana.

-Sí. Pero tu eres tu. Quiero decir, eres su amigo. Pero si se lo dice un completo extraño... ¡por Merlín! Elevará su ego. No puedo permitir eso.

-Theo, deja de decir idioteces. Estás delirando.- le reprime Jimmy claramente divertido. Theo hace una mueca disgustado y sigue observando a la pareja que, inmune a ellos, conversan amenamente.

James deja a su amigo, que seguramente está maquinando planes espantosos para el pobre Ravenclaw, y se aproxima un poco más a...Demonios. Lo olvidó otra vez.

-Sammy, tengo hambre- ruega interponiéndose entre la chica y el Ravenclaw de nombre escurridizo para su memoria. Ella sonríe a medias por el gesto de desesperación del chico.

- Vamos, James. No quiero ser culpable de tu muerte por inanición. Gracias por todo, Cris.

¡Christopher! Eso era. Ya casi lo tenía...

-Ya nos volveremos a encontrar para hablar más tranquilos-. Responde dirigiendo su mirada sutilmente hacia James- Potter-. Saluda con la cabeza.

-Christopher.- Le responde.

- ¿Lo olvidaste? Soy Christopher Clyde.

Por supuesto que no lo olvidé.- le retruca ligeramente ofendido-. ¡Sammy, tengo hambre!

Y juntos abandonan el pasillo.

-Te veías linda cubierta de mermelada.- Samantha gruñó como respuesta-. ¿De cuándo es esa fotografía?

No contesta por un segundo y James está seguro que lo ignorará, pero para su sorpresa escucha la voz suave de su amiga:

-No lo sé. ¿Cuánto tendría? Quizá unos cinco años. – James asiente mostrando su conformidad-. Estábamos de vacaciones. No me gusta la mermelada de naranja, y mamá dijo que no abriríamos otra hasta no acabarla.

-¿Comenzaste una guerra de mermelada sólo para acabarla?

-Parecía lógico en su momento.

-Basta ya, Sammy. Creo que me estoy enamorando de tu yo de cinco años.

La chica ríe ante la ocurrencia.

-¿Hablarás con tu madre?

-No.

-¿Con Nathaly?

-Tampoco.

-Sammy...

-Vamos, James! Saben que odio a los periodistas. Pero bien que entregaron la foto. Lo entiendo, para el lanzamiento de Nathaly es genial. La publicidad y la imagen que le otorga es perfecta. Modelo, sí. Pero con una familia, no una cualquiera. Realmente lo entiendo, sólo que a veces...

Deja de hablar y fija la vista en un punto inexistente del pasillo.

-¿Sólo que a veces...?- inquiere James. Es tan raro hablar con ella de esas cosas. Generalmente la charla sobre su familia se limita a un: Claro, mamá. Claro, papá. Ah, Nathaly. Jamás dice nada. Quizá con Amy hable más sobre el tema, pero ni él ni Theo han querido presionarla, lo único que saben es que prácticamente evita a su familia.

Pero la chica no le contesta y llegan al Gran Salón en silencio.

A los pocos minutos James ha olvidado todo y se encuentra muy contento de engullir todo lo que pueda; pero la felicidad dura poco o eso suele recitar Rose cuando le agarran los ataques de filosofía. Antes que pueda terminarse su tercera porción de tarta divisa a Theo entrando al Gran Salón.

A Theo arrastrando a una furiosa Amy.

Una furiosa Amy con un obstinado Theo sumándole una vengativa Samantha definitivamente no era un buen panorama.

¡Y sus padres se quejaban de él! ¡De él! Que al lado de esos tres que considera sus amigos es casi una persona normal. Está bien, deberíamos dejar de lado el hecho de que tenga cierta tendencia a destruir el contexto que lo rodea...pero bueno, son detalles.

Sammy pestañea dos veces cuando ve a Theo sienta (es decir, deja caer) sobre el asiento a Amy. La chica que generalmente empezaría con un monólogo se queda callada mirando fijamente a Theo.

Amy callada. Peligroso.

James interroga con la mirada a su amigo y este le contesta en un susurro:

-¡No me mires así! Era necesario alejarla de ese idiota.

-Oh, genial Theo. Ahora deberemos soportar a una inestablemente vengativa Samantha junto a una furiosa Amy. ¿No podías esperar?

-No. Es nuestro deber como honorables caballeros defender a las indefensas e ingenuas damas.

-Amy no es una indefensa dama- comenta Samantha con aire despreocupado.

Theo y James debieron saber desde un primer momento que sería imposible mantener una conversación en secreto con ellas dos cerca.

-Tendrías que haber visto como la miraba ese idiota. No quería ir a tomar el té y macitas con ella precisamente.-. Explica Theo con gesto desesperado.

-A Amy no le gustan las macitas.

-Samantha, no estás ayudando-. Le retruca.

La chica no le contesta y Amy sigue peligrosamente callada.

-Esta vez sí que te pasaste, amigo-. Dice James sin molestarse en bajar la voz, puesto que sabe que todos estarán escuchándolo.

-No es mi culpa. Pequeño Jimmy ¿Qué te han hecho? Son nuestras chicas, les dimos los mejores años de nuestra vida; no puede venir un cualquiera a quedarse con ellas y luego arrojarlas y romperles el corazón...Exijo la propiedad exclusiva de ser el tormento de cualquiera de estas dos.

-Exijo la propiedad exclusiva de mi persona- le contesta Samantha con voz divertida-. Ya sabes, siempre fue así, desde que tengo razón de ser.

- ¿Sabes cuál es tu problema? Que eres un tremendo idiota. Un imbécil, un desconsiderado y un maldito cínico. Crees que puedes manejar mi voluntad a tu antojo y sólo porque nos conocemos hace añares. Pues no, no puedes hacerlo. La estaba pasando bien con Aidan. No tuviste porque demonios interrumpirnos de esa manera tan detestable, ni mucho menos traerme arrastrando por dos pasillos como si fuese una insana mental que no sabe caminar. Eres...eres..ya ni sé lo que eres.

Los tres ven como Amy se levanta luego de esas palabras.

-Eso fue leve para Amy, ¿Duró menos de unos cinco minutos? Debe de estar verdaderamente enojada, amigo.

-No fue mi culpa, ese chico es un idiota.

-Aidan es bastante agradable.

Antes que Theo pueda contestarle amablemente a la respuesta de Samantha,( que ¡Merlín! parece que hoy tiene ganas de perturbarlo) una melena pelirroja se aproxima hacia ellos.

-James- llama la voz de Lily-. Tu amigo ha espantado a medio curso de primero con sus gritos-. Informa con tranquilidad la menor de los Potter.

- ¿Y yo qué tengo que ver?

-Pues...¿No hiciste nada esta vez? Siempre tienes algo que ver.

-Tu hermano es inocente esta vez, toda la culpa ha sido de Theo.

-Sammy, hoy estás decidida a amarme- refunfuña el castaño- Que les pasa a las mujeres hoy. Primero aquella loca enojada conmigo por rescatarlas de las manos del impresentable de Aidan y luego tu. ¿Qué sigue? La liberación femenina o algo por el estilo...¡Que locura!

-La liberación femenina sucedió hace tiempo, Theo. Ahora votamos –le informa Lily mirándolo con curiosidad.

- Pequeño Jimmy. ¿Cómo permitimos que esto pasara?

-No pudimos evitarlo, sucedió antes que naciéramos. La culpa es de nuestros antepasados. Hombres débiles...

- ¿Cómo los soportas?- le pregunta Lily a Samantha.

- Tu padre me paga para ser su amiga. Y Theo viene en el combo.

- ¿Por qué a mi no me paga por ser su hermana?

- Porque yo ya estaba cuando tu llegaste. Bueno, ¿Quién va a ver como está Amy?

- Sammy. Es tu mejor amiga.

-Theo, fuiste quien la hizo enojar.

-Jimmy...

-Ni lo pienses. Yo cuido que Samantha no asesine a su familia, tu controla a la otra.

- Pero pequeño Jimmy...¡Ya sé! Lily, tu eres neutral. Decide.

- No. Por supuesto que no. La última vez que me metí en una de sus disputas...No quiero pasarme otro mes con crema de vainilla en el cabello. Son concientes que sus peleas suelen terminar en guerras de comidas por todo el Gran Salón.

- McGonagall me lo recuerda cada tres castigos, hermana.

- Pero pequeña Lily, entiende. Tenemos que rescatar a Amy de ese idiota.

-Aidan no es un idiota.

- Samantha deja de defender al idiota.

- ¿Quién es Aidan?- intercede la pequeña de los Potter.

- Un idiota.

- Jimmy, tu amigo se está volviendo repetitivo.

-Tendré que decirle a tu padre que aumente su paga ¿Qué opinas?

- Papá debería aumentarte la paga, realmente.

- Mi hermana y mi amiga confabuladas en mi contra. ¿Qué sigue?

- Ya te lo dije pequeño Jimmy, se nos fueron de las manos cuando comenzaron a votar.

El timbre puso punto final a la disputa y los cuatro se levantaron. Lily se despidió de ellos con una sonrisa y salió hacia su clase. Sammy le dirigió una de esas miradas diabólicas a Theo y le murmuró:

-Yo que tu voy preparando mi discurso de perdón.

James se ríe ante eso y le dirige una mirada divertida a su amigo que sigue en sus trece y se niega a reconocer que suele ser un poco muy protector.

Samantha se adelanta, dejándolos solos.

-Tu me entiendes, ¿Verdad, pequeño Jimmy? Ese sujeto es un idiota.

-No va a ser el primer hombre que se acerque a Amy.

-Yo no tengo problemas con que los hombres se acerquen a Amy.

-Por supuesto. Por eso no mandaste a la enfermería a aquel Slytherin que se acercó a invitarla a Hogsmeade.

-Ya expliqué eso. Fue un error. Él se interpuso frente a mi hechizo. Creo que está más que claro que la culpa es de él. Además, eres mi amigo. Es tu deber moral defenderme.

-No. Mi deber moral es torturarte. Así que empezaremos. Estás celoso de Aidan Lekker. Completamente celoso y no sólo te conformas con eso si no que además estás dejando una imagen de un completo idiota. Cómo fue que dijo Amy...algo de un imbécil, un desconsiderado y un maldito cínico. Debo anotarlo.

-No estoy celoso.

-Claro, y yo odio los pasteles de chocolate y nuez.

-De verdad no estoy celoso. Pero Amy me estaba ignorando. ¡Le dije que nos fuéramos y no me escuchaba! ¡A mi! La conozco desde niño, tengo derecho sobre ella. ¡Todos los derechos! ¿Quién demonios dejó votar a las mujeres? Así empiezan...y no me mires con esa cara de consejero amoroso, no y reitero, no estoy celoso.

James rueda los ojos y le dirige una sonrisa.

-No lo diré. Si no quieres que te digas que estás celoso, no lo diré.- hace una pausa para agregarle un toque de dramatismo-. Lo único que diré es que eres un maldito desconsiderado. Irte por los caminos de los idiotas que babean tras una falda, teniendo tantas...Theo; ¿Cómo puedes dejarme solo? Pensé que estaríamos juntos por el fin de los tiempos. Mira que venir a enamo...

-Si aprecias tu vida, Potter. No lo digas.

-El chico que babea tras una única falta está susceptible.

-Y tu estás a punto de perder alguna extremidad del cuerpo o algo...

-Iríamos de bar en bar, noche tras noche disfrutando de todas de esas bellezas que están esperándonos. Ahora tendré que hacerme cargo de todas ellas yo solo.

-No te soporto.

-Claro, ellas estarán felices. Las mujeres suelen adorarme. ¿Ningún comentario mordaz? Estás perdiendo facultades.

Theo entra enojado a clase y James debe disculparse con la profesora de Defensa contra las Artes Oscuras por llegar tarde y en medio de un ataque de risa.

Y tendrá que pedirle disculpas a la profesora unas ocho veces más a lo largo de la clase, porque no puede contener la carcajada que surge de él; y es que ver a Amy lanzándole miradas asesinas a su amigo y a éste tratando de llamar su atención tirándole papelitos y a falta de resultados el libro completo de Defensa avanzada es demasiado para su autocontrol. Y mucho más cuando el capítulo dieciocho se desprende y va a parar a la nuca de Samantha que sin inmutarse, gira su varita y le da con un hechizo en pleno rostro. James no puede parar de reír ni cuando se ve en la obligación de acompañar a Theo a la enfermería.

No sabe de donde ha sacado a ese trío al que considera amigos. Aunque es conciente que no los cambiaría por nada del mundo. Está bien, él es el alborotador oficial de Hogwarts y Filch tiene un cajón dedicado a él solo con su expediente; sabe que McGonagall se desespera cada vez que debe llamarlo a su despacho y comprende además, que todos esperan que él arme el caos. Pero en los momentos donde no es el centro de atención y todo gira en torno a sus amigos él no puede sentirse más feliz.

Porque nada, absolutamente nada, se compara con esos tres tercos que exclaman venganza y se divierten arrojándose libros.

Amy ingresa a la enfermería y antes que Theo comente algo como que no puede vivir sin él, el Profesor Lombottong entra seguido de Sammy.

-Chicos...

-Podemos explicarlo profesor- Exclama James más por reflejo que por cualquier cosa.

-Sí. Podemos explicarlo, Theo es un idiota.

-No, Amy cariño. No has entendido. Aidan es el idiota.

Antes de la respuesta por parte de la castaña, Neville ríe.

-Ustedes no van a cambiar más.

-Llevo años diciéndole eso a mi padre, pero nunca quiere escucharme. ¿Quiere comunicárselo por favor?

-No creo que a Harry le haga gracia.

-Es que no tiene sentido del humor, profesor.

-James, dijiste que podías explicarlo. Te escucho.

-Eh...pues. Hay tantas cosas de las que hablar ¿Por qué concéntranos en mi? Luego dicen que soy egocéntrico. Hablemos de usted, profesor.

-James, quiero saber que pasó.

-Este colegio es demasiado cotilla.

-James...¿Cómo demonios llegaron a esta situación?

-Está bien, profesor. Está bien. Todo empezó hace siete años, iba caminando muy tranquilo por el pasillo del tren cuando alguien se interpuso en mi camino, resultó ser Theo que me presentó...

-Me refería, James, a como terminó Theo en la enfermería con un hechizo de Samantha en su rostro. No me refería, claro está a como se conocieron ustedes.

-Ah, ¡Eso! Bueno, es sencillo. A Sammy no le gusta que el mundo vea sus fotografías de bebé y salió corriendo y Amy la siguió y nos encontramos con...ahh...con...

-Aidan Lekker y Christopher Clyde.

-Clyde. Christopher Clyde. Lo tengo, lo tengo. En fin, nos encontramos con ellos y Amy comenzó a hablar con Aidan e ignoró a Theo y a Theo no le gusta que lo ignoren entonces hizo enfadar a Amy y como somos niños responsables nos dirigimos a clases, pero Amy seguía ignorando a Theo y como él es un pequeño niño consentido nunca descansa hasta lograr lo que quiere, entonces intentó arrojándole un libro.- hizo una pausa para su segunda cuota de dramatismo en el día-. Un capítulo se desprendió y le dio a Sammy, y como ella necesitaba practicar el hechizo deformante no encontró mejor objetivo que el rostro de Theo. Y como soy un niño muy bueno estoy acompañando a mis amigos en este difícil momento. Pero no tema por nosotros, profesor. Lograremos afrontar las dificultades y seguiremos siendo el adorable grupo que somos.

El Profesor Neville Lombottong abandonó la enfermería resignado a cambiar algo.

-Lo siento, Theo.

-No hay problema pequeña Sammy. Lo has perfeccionado desde la última vez.

-Gracias.

James mira a sus amigos y se prepara para consagrarse en el melodrama de la historia universal.

-Bueno, chicos. Es tiempo de los perdones. Amy pídele perdón a Theo.

-¿Por qué?

-Por ignorarlo...

-Yo no voy a...

-Theo tu también le tienes que pedir perdón a Amy por interrumpir su charla.

-Pequeño Jimmy...

-Y quiero que Samantha le pida perdón a...

-¿y por qué demonios no pides perdón tu?- pregunta Sammy molesta.

-Porque esta vez yo no hice nada.

-Eso no es cierto...seguramente...Demonios. No hiciste nada.

James le guiña un ojo y se retira de la enfermería, pronto siente una mano pequeña que se cierra sobre su hombro. Los ojos grises de Samantha lo observan.

-No iba a interrumpir sus disculpas. Debemos darle su tiempo.

-Sammy, preciosa. Se conocen desde los cinco años. ¿Cuánto tiempo crees que necesitan?

-No sé, nunca me ha gustado mi mejor amigo. ¿Cuánto tarda una persona en darse cuenta de algo así?

-Y como crees que voy a saberlo. ¿Me has visto cara de enamorarme alguna vez? Merlín me libre de ser un idiota babeando tras una mujer.

-Merlín nos libre a todos- escuchan la voz de Lily desde atrás.

La pelirroja se les acerca y le da sus libros a su hermano.

-Llévalos.

-Claro. Siempre es un placer ser tu sirviente.- Replica con ironía.

-¿Qué le sucedió a Theo?

-¿Cómo te enteraste de lo de Theo?

-En mi curso hay una idiota enamorada de él. Todo el colegio sabe a estas alturas que está en la enfermería. Samantha, tu hechizo está siendo halagado por medio cuerpo estudiantil.

-¡Oh por el amor de Merlín! Fue un accidente- los Potter la miran de reojo-. Bueno, no precisamente un accidente, pero tampoco fue adrede, sería incapaz de lastimar a un amigo.

-No dijiste eso en Segundo, cuando me lanzaste con media biblioteca por una inocente broma.

-¿Qué te hizo el desconsiderado de mi hermano, Sammy?

-Convirtió mi redacción de pociones en un cerdo.

-Detalles-. James lanza un suspiro-. No es que quiera ser meloso y nada por el estilo. Pero Theo tiene cierta tendencia a los celos obsesivos respecto de Amy.

-¿Lo dice la persona que casi le rompió las piernas y le envió un vociferador al chico que intentó darme mi primer beso?

-Ese chico era un idiota. Ya me lo agradecerás.

-Pensé que el celoso de la familia es Albus-. Comenta Samantha pensativa.

-Lo es. Terriblemente celoso- .Afirma Lily-. James sólo interviene cuando es necesario. Además ese día estaba de un terrible humor y descargó su frustración con el pobre chico. Nunca le perdonó a Hugo que haya roto su escoba de juguete. Pobre Hugo.

-No debería haber tocado mi escoba de juguete. Es mía.

-Ya no la usabas.

-Sigue siendo mía.

-Eres un pequeño niño que jamás crecerás.

-Soy un pequeño niño que jamás crecerá pero está llevando tus libros, así que contrólate.

-Chicos, lamento interrumpir su hermosa charla familiar...

-Muy bien dicho, Sam- coincide Lily sin intenciones que le devuelvan sus libros-. Vamos al tema importante. He apostado por esos dos.

-Lily, ¿No te ha dicho papá que apostar es malo?

-Creo que mencionó algo, pero estaba ocupada ignorándolo contigo. Como sea, he apostado por esos dos. ¿Es posible que todo el colegio sea conciente de lo que ellos no?

-Al parecer -. Concuerda Samantha.

-Ya les dije, niñas. Es mejor ser un alma libre, al viento. Merlín me libre de morir de celos alguna vez. ¿Se imaginan? Depender de una sola persona, cuando hay tantas mujeres en el mundo dispuestas a adorarme.- James siente un escalofrío y se estremece. Luego, hace una mueca de asco.

-Merlín nos libre a todos, hermano. Tu enamorado. Pobre mujer.

-Se sentiría honrada.

-No va a tener por donde escapar.

-No quiero estar presente cuando eso ocurra. Lily, apoyo tu moción.

James despeina a Samantha como respuesta sólo para fastidiarla. La chica está por sacar la varita, pero con un rápido reflejo logra quedársela.

-Basta de hechizos deformantes por hoy, Sam. Te la devuelvo al final del día.

-Es mi varita, Potter.

-Y eres peligrosa con ella.

-Potter, te lo estoy advirtiendo...

-James. Mis libros, me esperan dos agobiantes horas de Adivinación donde encontraré la muerte unas quince veces en mi vida, aproximadamente.

James se despide de su hermana, mientras ésta se despide con la mano y les guiña un ojo.

- No lo olviden. He entrado a la apuesta. Logren que gane.

-0-0-0-

James sale del despacho de McGonagall. Quizá la idea de los gusanos voladores no ha sido lo más creativo posible, se recrimina. Un genio como él no puede usar recursos tan bajos.

Pero no es su culpa compartir Herbología con Ravenclaw, y en un lugar con macetas los gusanos parecían una herramienta bastante válida.

Y puede que quizá su puntería haya fallado un poco y le diera con los gusanos a Lekker y a...

¡Demonios! Otra vez.

Bueno, a ese.

Pero siempre es preferible un par de gusanos a soportar otro día con un Theo malhumorado. Su amigo es el mejor del mundo, pero definitivamente prefiere verlo sublimemente cínico a reducido a un manojo de mal humor.


Me duele el cuello de estar sentada mal. Mañana le pido masajes a mamá.

¿Escucharon? Dijeron en el noticiero que si dejas rw. disminuirá la capa de Ozono. Vamos, que es un tema que nos preocupa a todos. Haz un bien a la humanidad, deja un rw.

Lita Black, creo que Jimmy va a perjudicar seriamente mis calificaciones en la universidad. Y las de Dan también; por lo menos yo no escribo I LOVE THEO en medio de la carpeta de Derecho. No. Yo escribo los diálogos, directamente. Te quiero, amiga.