Disclaimer: A esta altura de la historia deberían de haber notado que no soy Jotaká y que por lo tanto nada de todo esto me pertenece. No, soy una pobre niña que está loca. Claro, Jotaká también está loca. Pero a mi se me da por cantar el Rey León en clase, a ella por matar cachorritos adorables.
Antes que nada, miles y miles de perdones. Sé que me demoré horrores en actualizar, pero se me vinieron encima los finales de la facultad (por cierto, Lita aprobó todo! ¿a que se merece felicitaciones?) y me trabé para seguir escribiendo. Sé que no tengo perdón. Pero lo bueno es que estoy de vacaciones, eso significa más tiempo para escribir. Más Jimmy para todos.
Comienza a refrescar. El tiempo no está tan caluroso como meses atrás. Así que ahí está, debajo de un haya (no puede ni tiene por qué saber que ese árbol también era el preferido de su abuelo) con su mejor amigo que poco a poco comienza a adormecerse (tampoco tienen que saber que están en la misma posición que adoptaban dos jóvenes llamados James y Sirius).
Pero, volviendo al reporte metereológico: el suave viento les rozaba el rostro pero los débiles rayos de sol los animaban a seguir en esa posición, recostados sobre el árbol, observando al horizonte, con la certeza de estar en un momento de paz indiscutida y lo más importante...
Y qué demonios.
Se está aburriendo. Aburriendo mucho. Mucho, mucho, mucho. Es decir, está muy aburrido. Y se lo hará saber a Theo en la menor oportunidad. Es decir, ahora.
-Me aburro.
Theo no le contesta, pero James sabe que está despierto. Tampoco es que le importara mucho que estuviese dormido, pues lo despertaría.
-Me aburro-. Repite-. Me aburro mucho.
James casi puede ver como el castaño rueda los ojos aunque los lleve cerrados. Así que se incorpora y se acerca con sigilo.
-Me aburro-. Le grita, con toda la delicadeza que es capaz, en el oído.
Theo abre ligeramente un ojo y le pregunta en un bostezo:
-¿Hay alguna necesidad que destroces mi oído por ello?
James no le contesta y termina de sentarse correctamente. Pasan unos segundos en silencio hasta que pregunta:
-¿Vamos a saludar al Calamar Gigante?
-Fuimos hace una hora-. Responde Theo con tranquilidad.
-¿Si embarramos los pasillos?
-Lo hicimos ayer.
-¿Destornillamos las arañas para que caigan en medio de la clase?
-La semana pasada.
-¿Les escondimos las túnicas a los Slytherin?
-En efecto. También lo hicimos ayer.
-Demonios. ¿Mezclamos los libros de la biblioteca?
-James-. Theo lo mira condescendientemente-. Dejamos de hacer eso a los trece. Creímos que habíamos madurado.
-¿Tenemos una regresión a la infancia?
-Seguramente. Pero no pienso pasar el día revolviendo libros.
- ¡Ya sé! ¡Ya sé!- exclama poniéndose de pie con una sonrisa gigantesca en el rostro-. Vendamos a Albus. Alguien debe quererlo.
- ¿Qué te hace pensar que podrás venderlo ahora cuando no pudiste a los doce? Te recuerdo que ahora él tiene dieciséis, sabe defenderse mejor que a los once.
Pero James no lo escucha y comienza a caminar pensativo, como maquinando algo.
-Alguien debe de necesitar un Albus. ¿Cuánto dinero sacaríamos con él? No pido una fortuna, sé que está averiado...
- Estás perdiendo facultades, pequeño Jimmy. Antes tenías mejores ideas- .Theo observa a su amigo que sigue sacando números con los dedos como imaginando la ganancia con la venta de su hermano menor-. ¿Les cambiamos el jugo de Calabaza por Poción del Sueño a los Ravenclaw?- intenta.
James levanta la vista un segundo y pestañea, como intentando entender de que habla el otro. Luego sonríe, sonríe mucho, con esa sonrisa de costado que nunca presagia nada bueno.
-¡Lo tengo!-. Exclama-. Venderemos besos.
-¿Besos?- pregunta un atónito Theo.
-Sí. Besos. Nos llenaríamos de oro. Las mujeres pagan por estar conmigo, y tu tampoco eres tan feo.
-¿Quieres que ponga una caseta en el que diga: James y Theo te dan un beso por dos Sickles?
Los ojos de James relampaguean con diversión y Theo se le une con una carcajada.
Media hora después, ya están establecidos.
Debajo del mismo haya, con una colorida caseta y un cartel de anuncio se disponen a complacer a la fila de mujeres que están esperando.
James y Theo se observan un segundo a los ojos y sonríen con seguridad.
La tarde está mejorando considerablemente.
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Samantha sabe que la tranquilidad no dura para siempre, por eso cuando escucha los pasos acelerados bajando por la escalera suspira con resignación.
- ¡Sam! He terminado de contestarle la carta a mamá-. Le informa Amy, y teniendo en cuenta que escribe como habla, la contestación de la carta le ha llevado un largo tiempo-. ¿Dónde están los chicos? ¿Por qué nunca están cuando se los necesita? Seguramente estarán metiéndose en problemas, no es que no disfrute cuando ellos hacen algo indebido; le pone azúcar a la vida...pero una comienza a pensar que con diecisiete años madurarán un poco. No quiero presentarles a mis hijos a ese par de irresponsables. ¿Te imaginas? Hijo, él es el tío James. Tampoco podría dejarlo en mano de ninguno de ellos. James lo incitaría a volar incluso antes de aprender a gatear, y Theo seguramente le enseñaría a hacer mi vida un infierno. No, definitivamente tenemos que lograr que maduren. ¿Cómo haces para que alguien madure? ¿Le echas agua? No, supongo que no. Los chicos se bañan, de eso doy fe. ¿Has notado que cada vez que sale de la ducha Jimmy tiende a bostezar unas cinco veces y que Theo se echa un perfume distinto al que se coloca por las mañanas?
Samantha alza los ojos y parpadea.
-Me he perdido luego de la primera pregunta.
- ¿Dónde están los chicos?
-Creo.
Amy le guiña un ojo a su amiga y la incita a levantarse del sillón. Samantha lo deja a regañadientes y juntas salen de la torre en busca de esos dos a los que consideran sus amigos.
-0-0-0-
James y Theo observan la larga fila de mujeres que se extienden desde ellos hacia los jardines del castillo. ¡El negocio es un éxito! Han tenido un sólo inconveniente y fue una niña de primero que se desvaneció luego del beso que había comprado.
¿Cuántas serían? Unas doscientas. No, doscientos cincuenta. ¿Cómo no había pensando en eso antes? Era un genio. Un hombre de negocios.
Amy arrastraba a Samantha por los jardines. Porque Amy no caminaba como la gente decente, no...ella debía correr; o por lo menos así lo veía Samantha.
-¿Qué es eso, Sam?
Samantha observa hacia donde la chica señala.
- ¿Regalan algo?- propone dudosa.
Pero antes que alguna pueda llegar a ningún tipo de solución, una voz dolorosamente familiar llega hacia sus oídos, amplificada mágicamente.
- ¡VAMOS MUJERES! ¡ACÉRQUENSE! NO SE PUEDEN PERDER ESTA OPORTUNIDAD.
La mirada verde de Amy se instala dudosa sobre el rostro de Sammy y esta se ve en la obligación de confirmarlo.
-Ha sido James. Sin lugar a dudas.
-¿Ese fue mi hermano?
Entonces las chicas se voltean para observar a Albus Potter que se acerca sonriente intentando ver por encima del tumulto de mujeres que se alojaban en los terrenos.
-Sí. Era James-. Le confirma Amy
-¿Qué está haciendo?
-No tengo idea, quizá...
Pero Amy se interrumpe porque la voz de Jimmy vuelve a retumbar sobre ellos:
-¡NO SE PIERDAN LA OPORTUNIDAD! POR SÓLO Sickles PODRÁS SER BESADA POR ALGUNO DE NOSOTROS. ¡ES TU OPORTUNIDAD!
Amy abre los ojos con sorpresa y sus orbes verdes chocan con las de Albus que pestañea repetidamente incrédulo.
-Están locos-. Murmura Amy con la voz afectada por la sorpresa. Y sin pronunciar nada más intenta colarse en la fila de mujeres que persiste en los terrenos.
Albus, que desea más que nunca ser hijo único, le dirige una sonrisa de disculpa a Samantha que sigue estupefacta.
-¿Cómo demonios terminé siendo su amiga?-. Le pregunta compungida.
-Y eso que tu tuviste elección...ya sabes, yo nací así. Siendo su hermano-. Le tiende la mano a la chica que sigue en su sorpresa y la incita a caminar- Vamos. Veamos que es esta locura.
Logran llegar junto a Amy no sin antes recibir un par de insultos y hasta algunos intentos de hechizos por parte de las féminas que realizaban la fila frente a la caseta.
Theo es el primero en divisarlos.
-Oh, pequeño Jimmy. Mira a quién ha traído el viento.
James se voltea con una sonrisa en el rostro que disminuye de un golpe al verlos.
-Lo siento. No voy a besar a ninguna de ustedes dos. Cuestiones de principios. Albus, no debiste traerlas, no es lugar para ellas.
Su hermano le dirige una sonrisa tranquila mientras agita los brazos en señal de disculpa.
-Perdone usted, mi majestad. No volverá a ocurrir.
James le mantiene la mirada a su hermano como culpándolo de la situación, sin detenerse a pensar que el que está en actitud reprobable es él.
-Ustedes están locos-. Los reprocha Amy con el dedo índice apuntándolos en una pose que no tiene nada que envidiar a la de Molly Weasley-. Esto es una tremenda locura. Superaron todas mis expectativas. ¡Y no me sonrían como si fuese un halago! Esto es inmoral... ¿Quién pagaría por besarlos?
Los chicos se encogen de hombros y con gente inocente les responden con un descarado: "Ellas"
Amy le dirige una mirada espantosamente peligrosa a las chicas que siguen tras ellos.
-Sigue sin tener sentido. ¿¡Vender besos!?
-Fue lo primero que se me ocurrió. Nadie quiere comprar un Albus. Todos se escapan de ti, hermano.
Entonces Amy parece no soportar más al idiota que tiene por amigo y tomándolos del brazo los aleja de los jardines.
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James Sirius Potter es una persona orgullosa de sus logros. No le da vergüenza en admitir que generalmente, por ser modesto y no decir siempre, se encuentra orgulloso de todo lo que hace y consigue.
Sobretodo si lo consigue con sudor de su frente.
Así que no le importa mucho ni siente pena cuando todos en el gran Comedor lo alaban junto con Theo por la hazaña de los jardines.
Las chicas los observan adorándolos y la población masculina pese a la envidia deben reconocerle el mérito.
Sólo un pequeño grupo no parece estar de acuerdo con su micro emprendimiento. McGonagall, Albus, Lily, alguna que otra chica correcta, algún que otro chico prefecto y por supuesto: Amy y Samantha.
Pero, para ser justos con la verdad, a Jimmy no le importa. Le gusta ser el centro de atención, vive para eso.
Y se lo gana a pulmón. Hace tiempo que dejó de ser el hijo de...es James Sirius, un nuevo individuo.
Se deja caer frente a las chicas que lo miran de reojo demostrando su inconformidad frente al proyecto de ventas. Amy, por sobretodo.
-Vamos, Amy. Quita esa cara.- le sonríe James con petulancia.
-No se me da la gana-. Le contesta de malos modos-. No puedo creerlo, realmente son increíbles y no, reitero, no es un halago. Eso ha sido humillar a todo el género femenino. Nunca creí que viviera para ver semejante bajeza por parte de las de mi especie. Pagar por que la besen a una, debe de ser lo más inmoral que he escuchado en mi vida....
-Amy, cállate.
-Theo, no interrumpas.
-Te interrumpiré lo que quiera.
-¡Claro que no!
-¡Claro que sí!
Samantha eleva sus ojos grises de la tostada que con meticulosidad prepara y observa al par que no para de discutir y que ahora se recriminan cosas como: "Tu me empujaste aquella vez, a los seis años." Suelta un bufido por lo bajo, imperceptible para cualquiera menos para Jimmy que la conoce lo suficiente para saber que está divirtiéndose aunque lo oculte. La chica consulta su reloj y se dirige hacia el par de "niños incorregibles" que siguen recriminándose cosas y muy despacio les dice:
-Faltan veinte minutos para el inicio de clases. Deberían irse o no llegarán.
Theo y Amy suspenden la disputa y recogen sus cosas con rapidez. Se despiden con un gesto de mano murmurando insultos contra Adivinación.
James le sonríe a Sammy y le dice con una sonrisa:
-Es una suerte no tener que caminar tanto como ellos.
-Si no hubiesen hecho la apuesta no cursarían Adivinación.
-Cierto. Pero, ¿Entonces, cómo me divertiría?-. Le retruca con una sonrisa maligna en el rostro-. La apuesta fue sublime.
Samantha se limita a sonreírle y ambos se remontan a 2º año cuando la apuesta de Theo y Amy los sentenció a ambos a cursar Adivinación, aún en contra su voluntad.
Realmente no recordaban por qué lo habían hecho. Ni siquiera recuerdan cómo había empezado todo. Lo único que quedó en la memoria del grupo fue que Theo perdió la apuesta y su castigo a cumplir era elegir Adivinación el año entrante.
La sorpresa fue cuando Amy declaró que ella también la escogería, aún habiendo ganado.
"Si Theo va a predecir nuestro futuro es bueno que alguien lo controle" había dicho en aquel entonces. Y pese a que se quejaban con frecuencia, nadie podía negar que se divertían en la clase pronosticando la muerte de todos y gritando cosas como: "Oh! No! He perdido mi ojo interior...si alguien lo ha visto avíseme! Es redondito, color claro...ya sabe, como un ojo. "
James y Samantha, en cambio, habían escogido Runas Antiguas. De Samantha nadie se sorprendió, la chica amaba eso y tenía una habilidad especial para identificarlas y traducir textos especialmente difíciles. James, por el contrario, causó un revuelo increíble al dar a conocer su decisión. Es que nadie se imaginaba al primogénito de los Potter sentado entre diccionarios de Runas, trabajando arduamente.
Pero los había sorprendido a todos.
Sacude la cabeza alejando los recuerdos de años anteriores y vuelve a enfocar la vista sobre la chica que desconfiada alza una ceja y lo mira interrogante.
-Nada. Pensaba. Vamos, Sammy-. Dice al tiempo que se incorpora y extiende una mano para despeinarla-. Se nos hace tarde.
El trayecto hacia el aula de Runas lo hacen tranquilos. James sabe que no necesita hablar para llenar espacios con Samantha, al contrario de Amy que siempre tendrá algo para decir.
Para cuando llegan a destino se extrañan de no ver nadie dentro del aula. James lee la nota pegada en la puerta.
-Peeves ha hecho de las suyas-. Le informa riendo a Samantha-. Ha infectado el aula y hasta que no saquen el agradable aroma que persiste se suspenden las clases que se dictan en ella.
- ¿Estamos libres?-. Pregunta la chica alejándose sutilmente de la puerta como con miedo de llegar a sentir el aroma que la mente retorcida de James califica de agradable.
-Al parecer. Esto es genial, la tarde libre. Podríamos....espera-. James sigue leyendo la nota con cara de hastío-. McGonagall ha designado un aula nueva para no perder las clases. Cuarto piso, ala Este.
-¿Cuarto piso? ¿Ala Este?-. Samantha lo observa como si se hubiese puesto a bailar la Conga-. ¡Eso es en el otro extremo del castillo!
-Sí. A McGonagall no le importan nuestros pies cansados, ella únicamente piensa en no suspender la clase. Desconsiderada-. De pronto observa su reloj-. ¡Sammy! ¡Tenemos diez minutos para llegar!
Así que de pronto se vieron corriendo con todas sus fuerzas para llegar temprano a clase. Cuando habían recorrido menos de trescientos metros James se vio en la necesidad de detenerse para observar a Samantha que se había quedado rezagada y respiraba entrecortadamente.
-Sammy-. La llamó, pero la chica no parecía escucharlo. Por el contrario parecía muy ocupada intentando captar todo el aire que le fuese posible para dirigirlo a sus pulmones. James la observó, tenía una mano en el pecho que alzaba y bajaba a una velocidad alarmante, las mejillas sonrojadas por el esfuerzo, los ojos abiertos de par en par y el cabello revuelto. James rió-. Sammy, cariño. Parece que acabas de salir de una maratón.
Pareció como si ella quisiera contestarle, pero el esfuerzo la superó y terminó recostándose contra la pared.
-Tu estado físico es un asco, Sam.
-Cá...cá...llate.
-Llegaremos tarde-. Le recuerda James con una sonrisa de complacencia que poco le gustó a Samantha.
-Vete...sin mi. No...no puedo más.
-Debería entrenarte como al equipo de Quidditch. Estás hecha un completo desastre.
-No me interesa el deporte. Gracias.
-¿Y si algún día necesitas salir corriendo?
-No puedo hablar-. Aún tenía los labios resecos-. Cállate.
James rió una vez más y fijó su vista en la chica.
-¿Por qué me miras así? Oh, no. No, no, no. – Samantha intentó alejarse, pero el chico fue más veloz. Para cuando quiso darse cuenta estaba cargada sobre el hombro de James que, esquivando sus golpes e ignorando con una destreza admirable sus gritos, siguió corriendo hasta el cuarto piso.
James sabía que Sammy estaría enfadada toda la tarde y quizá un poco más, la gente los observaba curioso y él no podía parar de reír por los intentos fallidos de la chica por librarse de él.
Llegaron al salón con el tiempo justo. James fue lo suficientemente caballeroso como para bajar a la chica en su asiento, cosa que despertó los murmullos y miradas de todos los que estaban dentro del recinto.
Samantha ni siquiera intentó pegarle. A James se le antojó que se veía adorable con las mejillas sonrosadas, esta vez de vergüenza y no de esfuerzo. No pudo contenerse, y volvió a despeinarla, lo que hizo reír entre murmullos a la clase.
-No es mi culpa que tu estado físico sea desastroso-. Le recordó con un murmullo sobre su oído-. Es un honor que nos haya elegido como transporte, no dude en volver a utilizar Transportes Jimmy. A todas horas y en todo lugar. Descuentos exclusivos para niñas bonitas-. Le guiñó un ojo y James estuvo seguro que si Samantha no lo asesinó en ese mismo instante fue por la llegada de la profesora.
La clase comenzó como siempre, y la profesora hizo las debidas aclaraciones sobre la intervención de Peeves. Por extraño que parezca, y contra todas las apuestas, James no molestaba en clase, no, mucho al menos.
Se concentró en la lección del día y advirtió con satisfacción que Sammy se encontraba sumida en su mundo de runas antiguas y prácticamente había olvidado su peculiar manera de entrar al salón.
Cada tanto Clarissa, una Ravenclaw de Séptimo le miraba. Lo extraño era la manera en la que lo hacía, casi parecía estar furiosa y James se preguntó por qué.
Cada tanto él y Clarissa salían, nada de compromisos. Un par de besos por allí y algún que otro encuentro en pasillos desiertos y luego volvían a su vida habitual. Jimmy levantó la vista y le guiñó un ojo cuando ella volvió a posar su mirada sobre la de él.
-Sammy, ¿me prestas una pluma?-. La chica se la dio sin dar muestras de estarlo escuchando verdaderamente, lo que le confirmó a James que se había olvidado de sus ganas de asesinarlo-. Gracias, Sam.
-Si no te aniquilo es porque la estúpida de tu noviecita Ravenclaw nos está mirando y me delatará frente a la profesora, no creas que lo he olvidado.
James hizo un gesto con el rostro y siguió la conversación:
-Dicen que el resentimiento hace que te vuelvas vieja.
-Entonces es una suerte que no me preocupe por esas cosas.
- ¿Aceptarás mi propuesta?
- ¿La de tirarte por un acantilado? Con gusto.
-La de entrenarte.
Samantha apartó la vista del libro de texto por primera vez en los cincuenta minutos de clase y le dijo espantada:
-Estás loco. No me interesa, James. Gracias. Pero realmente estoy bien.
-¿Y si vas por la calle y un tipo intenta robarte?
-Lo embrujo. No necesito correr, soy bruja. ¿Recuerdas?
Pero James no parecía escucharla y estaba murmurando cosas como: seguridad de niñas indefensas, prohibición para caminar de noche sola por la calle, algo de avisar a los padres, la fomentación del deporte y algunas cosas más que le dieron la pauta a Samantha para volver a ignorarlo. Después de todo no era su culpa que el pobre chico estuviera loco.
Dirigió su mirada por primera vez donde la Ravenclaw los observaba con el ceño fruncido, Sammy rodó los ojos y bufó. Gracias al lindo espectáculo que había brindado James entrándola sobre los hombros debería soportar una clase bajo el escrutinio minucioso de Clarissa, lo cual iba a ser insoportable.
No era la primera vez que le pasaba, cada vez que James dejaba a una de sus conquistas éstas se empecinaban en hacerle la vida imposible a ella y a Amy, como si tuviesen la culpa de que el chico sea un casanova.
Aunque claro, Clarissa siempre había sido diferente. Nunca había sido de esas que acorralaban a James en los pasillos y mucho menos las que rogaban por un beso de él (tampoco lo compraban), simplemente le coqueteaba con inocencia. Samantha hizo memoria. Bueno, quizá sin tanta inocencia. Pero entre ambos tenían una especie de acuerdo tácito en el que sabían que en cuanto estuviesen aburridos empezarían de nuevo ese juego de coqueteo sensual.
Por supuesto, tampoco había que subestimar la habilidad de la Ravenclaw para tener a James cada vez que lo quería. Samantha deseó que la chica dejara de observarlos para volver a concentrarse en la clase. Hizo un mohín con la boca cuando se percató de que no tenía idea que había pedido la profesora.
-Hay que traducir el texto de la página 327 y luego transcribirlo en runas del segundo periodo del gobierno del Elfo de la dinastía Fronda III-. Le susurró James en el oído, sin que ella se lo preguntara-. Presta más atención, Sam. No siempre estaré para salvarte.
-Oh, yo no sé que haría sin mi caballero andante. Ni lo pienses-. Lo frena antes que James extienda su mano para despeinarla.
Y la clase transcurre con normalidad. Cuando termina, a Samantha no le asombra que James ya haya recogido todo a una velocidad alarmante y esté de pie, esperándola. Realmente no sabe como lo hace, pero para cuando la campana suena James siempre tiene todo dentro de la mochila, incluso si segundos antes se encontraba envuelto en un caos de libros, tinteros y pergaminos. Lo que le molesta un poco es que Clarissa aún no se ha retirado y se los queda viendo.
-James-. Llama despacio. El chico gira su vista hacia ella y le sonríe mientras se acerca a ella. Samantha rueda los ojos y se repite mentalmente que la culpa es de ella por no haber escapado del compartimiento del Expreso Hogwarts cuando se dio cuenta que estaban todos locos de remate.
Guarda las cosas con tranquilidad, sin apurarse y sin retrasarse a propósito. Cuando termina, observa a James que ríe mientras Clarissa dice algo por lo bajo y le recorre el pecho con el dedo. Bien, podía ir e interrumpirlos y quedar como una idiota o simplemente podía irse y quedar como una resentida. Genial, no había opción posible.
Algún día destrozaría a James. Realmente, lo haría.
Antes que lograra decidir si quedarse o irse, Clarissa había levantado sus ojos, la había observado fijamente y murmurado algo a James que Samantha logró interpretar como: "Hasta luego", con un beso breve en los labios que daba a entender que pronto habría una continuación.
James se acercó a Samantha con una sonrisa libertina imposible de borrar en los labios y juntos salieron hacia el pasillo.
Cuando llegaron a la Sala en Común se encontraron a Theo tirado en el suelo llorando en un ataque de risa y a Amy que lo veía ceñuda por encima del sillón, con los brazos cruzados.
Parecía que el resto de los estudiantes que se encontraban allí no le prestaban atención, James supuso que era la costumbre de ver a esos dos peleando.
-¡James!-. Exclamó Theo desde el suelo y suelta otra carcajada-. Tienes que escuchar esto. Es genial. ¡Sencillamente genial!
-¿Qué es lo que debo escuchar, Theo?-. James se acerca con la mirada curiosa.
-¡PEQUEÑO FUEGO!
-¿Fuego?.- pregunta Samantha parpadeando y girando levemente la cabeza como asegurándose que nada se estuviese incendiando en ese mismo instante.
-El idiota. ¡Se llama pequeño fuego!
James, que empezaba a comprender de que iba el asunto levantó sus ojos hacia Amy que seguía maldiciendo a Theo por lo bajo.
-Aidan es un nombre precioso-. Sentenció la chica, Theo soltó otra carcajada-. No es mi culpa que tu no lo sepas apreciar. Para que sepas, me parece que tiene un aura mágica a su alrededor. No es mi culpa que Theo se un nombre vulgar. Aidan, es un nombre precioso aunque tu no quieras verlo, y no entiendo por qué te ríes de él.
-Porque se debe ser idiota para llamarse 'pequeño fuego'. Simplemente por eso.
James contiene la risa.
-¿Cómo te enteraste de eso?-. Le pregunta a su amigo.
Theo suelta otra carcajada y Amy le responde entre dientes.
-Por la clase de adivinación, algo sobre que tu nombre marca tu destino.
-Eso es mucho más interesante todavía-. Retruca Theo-. ¡Quiere decir que el idiota terminará prendiéndose fuego!
-Ustedes trabajan arduamente-. Suspira Samantha, incorporándose-. Me voy a almorzar-. Les informa mientras les guiña un ojo y se dirige a la salida. Amy la sigue, no sin antes pisarle de manera accidental la mano a Theo, que en vez de quejarse vuelve a reír.
-Vamos, incorpórate-. Le ordena James una vez que las chicas han dejado la Sala en Común-. Amy estará de mal humor todo el día por tu pequeña broma.
-No pude contenerme. ¡Pequeño fuego!-. Le repite como si eso explicara todo.
-Sammy también estará de mal humor.
-¿Samantha? ¿Qué le has hecho, pequeño Jimmy?
-Nada. Sólo le di una pequeña ayudita para llegar temprano a clase-. Theo lo mira curioso pero al ver que James no tiene intenciones de continuar se resigna y suspira cansado:
-Las dos enojadas....tendremos una noche larga y tediosa.
-Tu tendrás una noche larga y tediosa-. Le sonríe James.
-¿Y tú?
-Clarissa.
-¿Saldrás con Clarissa?-. Le pregunta Theo-. Vaya, eres un hombre que la pasa mal, sin lugar a dudas-. James sonríe arrogantemente-. ¿Esta noche? Cuando Amy y Samantha querrán matarme. Eres cruel.
-Fue idea de ella, dijo que hace tiempo que no teníamos nada. Así que ya sabes, quéjate con ella.
- Ah claro, y como ella te necesitaba vas a dejarme con las dos convertidas en Basiliscos para que hagan lo que quieran con tu amigo. Sigue siendo tu culpa -Theo se sienta y luego pregunta intrigado-. ¿Hace mucho que no hablas con ella?
- La saludo cada vez que me la cruzo en los pasillos.
- No me refiero a ese hablar. Me refiero a H-A-B-L-A-R.
-Theo, lo dices como si fuese a lo único que nos dedicáramos.
-¡Oh, claro! ¡Que descuido de mi parte! Olvidé que cada vez que sales con Clarissa discuten sobre política internacional, el después de la muerte y realizan campañas para salvar el medio ambiente.
-Lo siento, no recuerdo dónde dice que tengo que darte detalles sobre mis encuentros con Clarissa.
-Merlín me libre, no quiero saber nada de esos detalles. Sólo me parecía raro que quisiera salir esta noche, sin nada previo. Generalmente se pasan días haciéndose ojitos (asqueroso, por cierto) en los pasillos antes de esos detalles que no me interesan.
- No lo sé-. Le contesta James pensativo-. Me llamó, me acerqué, hablamos de cosas sin sentido como siempre, 'Qué cómo estás', 'muy bien, gracias' y ese estilo de cosas y luego dijo algo como que la tenía abandonada.
-¿Celosa? Tienes un verdadero talento para esto, James Sirius.
James ríe antes de contestarle por el uso de su nombre completo por parte de Theo.
-¿De quién? Con Clarissa no tenemos nada, no puede ponerse celosa de nadie.
Theo frunce el ceño pensando y luego lanza un suspiro.
-Pues tú disfruta la noche, yo me encargo de las dos princesas que tenemos como amigas.
- Solito te buscaste que Amy se enfadara.
-Lo acepto. De Amy soy culpable, ya sabes...es mi deber en esta vida. Pero que Sammy quiera matarme, no es mi culpa.
-La culpa es de ella por tener un estado físico que da asco.
-¿Estado físico? James, dime por favor que no le has dicho que está gorda. Sé que tiene debilidad por los bizcochos de chocolate. Pero la regla número uno es jamás, nunca jamás, decirle gorda a una mujer.
James rueda los ojos.
-Vamos a almorzar, Theo. Tengo hambre.
-Y yo que pensé que sacrificarías tu apetito por tu mejor amigo.
- Sé que lo soy todo para ti, pero ya sabes...debo alimentarme.
-Vamos pequeño Jimmy. Esta noche harás ejercicio.
-¿Te dije que Samantha necesita ejercicio? Podrían asaltarla y ella no lograría salir corriendo.
-Espero que Clarissa arregle tus neuronas incoherentes, amigo-. Suspira Theo con cansancio.
James sigue a Theo por el retrato de Señora Gorda y camino al Gran Salón se le ocurre pensar que quizá Clarissa había actuado rara esa mañana. Y quizá si estuviese algo celosa. La pregunta era de quién.
Bueno, ya saben. Ahora ustedes me dicen lo que quieren. Alguna duda? Ideas? Comentarios? Qué les pareció Clarissa?
Aidan verdaderamente significa pequeño fuego.
Perdonen realmente por la tardanza. y Perdón a Sol que no le contesté el rw anterior.
Ahora me despido.
Dejen rw o la zorra de Sociedad me reclamará y tendré que rendirlo de nuevo y ustedes se quedarán sin Jimmy (?). Tengo tanta culpa que ni amenazarlos puedo.
Gracias hermana. Te amo con todo mi corazón de piedra. Y te felicito por el Secundario.
Lita Black, y quiero cantar miiiiiiiiiii Buenooooos Aireeeeeeeeeees Queridoooooooooo antes del amanecer. Perdón, estaba escuchando música.
