IV

Rutina

Tomó el teléfono y ordenó una pizza. Esperó hasta que llegó y la comió directamente de la caja.
Siempre era lo mismo desde que ella se había ido.

Todos los días se levantaba a las cuatro y treinta de la mañana, desayunaba cereal frío y manejaba hasta la estación de policía, hacía sus turnos y luego manejaba de regreso hasta la casa vacía que era su hogar, ordenaba comida y la comía mientras veía un partido. Y luego iba a dormir.

Siempre era lo mismo. Ya no existían esos besos suaves en la mañana, ni las comidas caseras que le preparaba Reneé. Ya no habían más noches llenas de pasión, ni quien lo esperara despierta tan sólo para recibirlo con un beso tierno.

Cada día era más rutinario, y todo por culpa de su ausencia.