Capítulo 2 "Olvídame Tú…"

Un día más… otro día sola, sin poder resignarse a ese sentimiento de tristeza y abandono que la carcomía cada segundo que pasaba.

-"¿Por qué? ¿Por qué no te despediste? Cada día me hago la misma pregunta y no puedo encontrar la respuesta" –suspiró con pesadez, sintiendo cómo el alma se le iba en el suspiro –"Ya hace 8 meses, Ranma… ¿es que a caso no piensas volver?" –veía distraídamente la pizarra, sin poder concentrarse en lo que la profesora explicaba –"Si no quieres regresar, no puedo hacer nada para que lo hagas, es tu decisión, pero por lo menos hazme saber que estás bien…"

Sus ojos comenzaron a empaparse sin siquiera poder evitarlo, su alma no podía seguir manteniendo la fuerza que ante muchos aparentaba.

La campana del receso sonó, aunque ella no pudo escucharla. Los alumnos comenzaron a salir, dejándola sola en su asiento, bueno, no tan sola…

-¿Te encuentras bien? –le dijo Ukyo, posando una mano en su cabeza, la cual estaba agachada –Ven –instándola a levantarse –Necesitas despejarte –la tomó de la cintura, sujetándola con fuerza para que no cayera, presa de la debilidad que tenía su alma

Fueron al techo del edificio, el único lugar donde podían estar solas y sentir un poco de paz, aunque fuese momentánea

-¿Te sientes bien, Akane? –sentándose a su lado, pasando su brazo por su espalda para abrazarla -Aún te duele, ¿cierto?

Akane no podía responderle, las palabras se le atoraban en la garganta, solo fue capaz de asentir levemente con la cabeza, provocando que más lágrimas surcaran su rostro

-Akane, no puedes seguir así –poniéndose frente a ella, sujetándola de los hombros para que la mirara a la cara –Se que es duro, a mí también me duele que se haya ido, y sé que a quien más le ha dolido es a ti, pero no puedes dejarte vencer –sacudiéndola un poco para hacerla reaccionar

-¿Es que no entiendes? –reaccionando por fin –Me duele su abandono, el que no me haya dicho nada, que me dejara de lado cuando yo quería estar con él para apoyarlo, ¡cuando le dije que le ayudaría a resolver su problema! –llorando con amargura

-¿Y de qué te ha servido estar así todo este tiempo? –hablando con un poco de dureza –No hemos sabido nada de él en estos meses, bien puede estar del otro lado de Japón, o en China, o al otro lado del mundo, y ni siquiera se ha dignado a decir que, mínimo, sigue con vida

Akane agachó la cabeza, no podía frenar el llanto que la embargaba, simplemente le era imposible, necesitaba desahogarse, cada día sin saber de él era una agonía…

-Akane –suavizando su tono de voz –Hazlo por ti –tomándole las manos –En estos meses has cambiado mucho, ya no sonríes, no sales de tu casa, no comes bien, no quieres practicar… estás dejándote morir poco a poco –secando las lágrimas que en ese momento caían de sus ojos –Tu familia está preocupada y tú no te das cuenta, también a ellos les dolió la partida de Ranma, pero les duele más que te estés hundiendo cada día que pasa

Seguía inmóvil, no había nada que pudiese sacarla de ese estado de ánimo tan patético, sólo… sólo Ranma…

-Prométeme… -tomándola en un abrazo protector –que tratarás de seguir adelante, por tu bien –aferrándola más a su abrazo –por tu familia y todos los que te queremos

Akane no pudo soportarlo más, se sujetó al cuerpo de Ukyo y soltó a llorar desgarradoramente, sabía que en ella tenía a una amiga incondicional con quien podría desahogar sus penas.

-Shh –acariciando su cabello –llora, Akane, te hará bien

Continuó llorando hasta que terminó el receso, no quiso regresar a la siguiente clase, quería estar sola un momento, tranquilizarse y poner sus ideas en orden

Las clases terminaron, por fin, solo quería estar sola un rato, descansar un poco su mente, sentía que la cabeza le explotaría. Ukyo decidió acompañarla a casa, alegando que se sentiría más tranquila si la veía llegar bien. Caminaban tranquilamente, sin mencionar palabra alguna, de cualquier manera, no se necesitaban.

Sin que ninguna lo previera, una gran roca cayó justo frente a ellas, provocando que saltaran hacia atrás, buscando la procedencia del objeto.

-Akane, ¡prepárate! –atacó la joven amazona, consiguiendo golpear a la joven –Este día será tu fin

-¿Qué diablos te pasa? –preguntó Akane, levantándose -¿Puedo saber por qué demonios me atacas? –sujetándose el abdomen, dolorida por el golpe

-No te perdonaré nunca, por tu culpa Ranma se fue y me abandonó –tomando sus bomborines para volver a atacar –Prepárate

Se lanzó de nuevo contra Akane, quien con dificultad esquivaba sus golpes, las palabras de la amazona la habían descontrolado. Era el colmo… a quien había abandonado Ranma era a ella, no a Shampoo

-¿Estás loca, Shampoo? –intervino Ukyo, lanzando sus pequeñas espátulas contra ella, consiguiendo que dejara de atacar por un momento a Akane

-Yo solo vengo a eliminarla, Ranma se fue por su culpa

-¡Así es! –se escuchó una voz

Pétalos de rosa negra comenzaron a esparciese por el lugar, denotando la presencia de Kodachi, quien salió de su escondite

-Mi querido Ranma se fue y no me llevó con él –hablando con rencor –Tal vez no me llevó porque no quería levantar sospechas –poniendo su cara de boba enamorada –Mi amado Ranma, siempre tan tímido

-¿Qué diablos pasa con ustedes? –preguntó alterada Ukyo

-Tú no te metas, plebeya. Este asunto es entre Akane y yo

-Y conmigo también –secundó la amazona

Ambas comenzaron a atacar a Akane, quien se defendió como pudo, sin poder evitar salir terriblemente golpeada, pero aún así no podía rechazar la batalla, ella no era ninguna cobarde, no permitiría que la vencieran.

Kodachi consiguió sujetar el cuello de Akane con su listón, ejerciendo una gran fuerza al halar, cortándole la respiración a la joven. Shampoo se acercó a ella con la intención de terminar la batalla, aprovechando la situación en la que Akane se encontraba

-¡Ya fue suficiente! –gritó Ukyo, cortando con su pala el listón de Kodachi, moviéndolo en dirección a Shampoo para alejarla de Akane -¿Es que a caso han perdido la cordura? –ayudando a levantar a Akane -¡Solo piensan en ustedes mismas!

-Tú no te metas, Ukyo –espetó la amazona, con una notoria expresión de molestia –Tú deberías estar de nuestra parte, no de la de ella, porque a final de cuentas tú también sales perjudicada

-¿Es que no lo entienden? –sujetando a Akane, quien todavía no recuperaba el aliento por completo -¡Aquí quien más sufre es Akane! ¡Ustedes salen sobrando!

-Esa mujer jamás le importó a mi querido Ranma –tomando una de sus típicas rosas entre las manos –Ella es tan poca cosa que por eso mi amado Ranma se fue, porque no soportó el tener que estar obligado a casarse con ella

-Se nota que no tienes nada en el cerebro… -hablando por lo bajo –Entiendan de una vez que Ranma se fue por su cuenta. Y más les vale que dejen tranquila a Akane o tendrán que vérselas con ella y conmigo

Comenzaron a caminar en dirección al Dojo, pero ambas contrincantes interfirieron en su camino

-No dejaremos que escape con vida – atacó la amazona

-¡Ya basta! –contraatacó Ukyo, dejando a ambas sujetadas al piso por sus pequeñas espátulas –Ya les he hecho la advertencia, más vale que la tomen en cuenta.

Después de la dura batalla contra las "locas prometidas", el alma de Akane se encontraba en un conflicto de sentimientos encontrados, y era normal, después de la sarta de tonterías que habían ducho era de esperarse que su corazón se sintiese amenazado, que reviviera todo el dolor como si del primer día se tratase.

-¿Segura que estarás bien? –preguntó la cocinera, una vez que habían llegado al Dojo

-Si –fingiendo una sonrisa –No te preocupes, solo necesito descansar un poco

-Está bien, pero no dudes en avisarme si ocupas algo

Akane se abrazó a Ukyo, sorprendiéndola, solo atinó a corresponder al gesto

-Gracias por estar siempre conmigo –pronunció casi en un susurro

Ukyo acarició tiernamente el cabello de la joven, sintiendo cómo sus lágrimas empapaban levemente su hombro izquierdo

-No te preocupes –le dijo al tiempo que la separaba para verla a la cara –Para eso estamos las amigas –sonrió sinceramente

Secó las lágrimas que salían de sus ojos marrones y le respondió la sonrisa para después entrar a la casa.

-Ya llegué

-Ah, Akane, volviste pronto –se asomó Kasumi desde el corredor, ofreciéndole su hermosa sonrisa

-Sí, es que hoy no tuve práctica de nada –caminó hacia la escalera con la intención de encerrarse en su cuarto de nuevo

-Oye, ¿no quieres ayudarme en la cocina? –le ofreció dulcemente

-¿Eh? –miró a su hermana con cara de desconcierto… ¿le estaba pidiendo ayuda en la cocina? -¿En la cocina, Kasumi? –preguntó, nerviosa

-Sí, papá no está, tiene reunión con la gente del vecindario, y Nabiki avisó que se quedaría en casa de una amiga el día de hoy

Akane seguía sin entender la intención de su hermana, ¿qué tenía que ver que nadie fuese a cenar ese día a la casa?

-¿Y por qué me pides ayuda?

-Bueno, como nadie va a venir pensé que te caería bien una pequeña clase de cocina –le sonrió con amabilidad

-¿De verdad? –emocionada

-Claro, tenemos mucho tiempo el día de hoy

-¡Si quiero! –corrió hasta la cocina, con un ánimo que hacía tiempo no veía la mayor, cosa que le alegró de sobremanera el corazón

Kasumi comenzó a explicarle a Akane algunas cosas básicas para preparar una pasta, algo no muy complicado pero tampoco tan sencillo. Akane, de tanto en tanto, se desesperaba y terminaba por arruinar lo poco que iba logrando, cosa que le causaba tristeza.

-Akane, tranquila, tu problema es algo simple

-¿Mi problema? –la miró desconcertada

-Sí, aplicas a la cocina la misma energía e ímpetu que a las artes marciales

-No entiendo…

-Cuando cocinas no se trata de hacerlo rápido o con fuerza, hay que tener paciencia y agregar el ingrediente secreto

-¿Cuál ingrediente secreto?

Kasumi se acercó a Akane para hablarle al oído y lo que le dijo a la menor la dejó entre desconcertada y sorprendida

-¿En serio? –no muy convencida

-Sí –ofreciéndole una sonrisa –Pero tienes que aprender a agregarlo –guiñándole el ojo

Akane volvió a empezar la preparación de la pasta, con calma, tal y como su hermana le había indicado, pero aún dudosa del "ingrediente secreto" que había que agregar…

Después de 2 horas, lo cual le pareció una eternidad a la menor, la pasta quedó lista, solo faltaba… el veredicto de la mayor…

-Kasumi, no es necesario que la comas, de verdad –comentaba con angustia

-Akane, tranquila –le sonrió a la vez que tomaba el primer bocado

Kasumi permaneció en silencio un momento, cosa que preocupó a Akane, pensando que la comida sabía horrible

-Te lo dije, no tenías por qué probarla… -agachando la cabeza

-Mmmm… le falta solo un poco de sal a la salsa, pero eso se soluciona pronto

Akane levantó la vista muy sorprendida… debía de estar soñando… ¿la comida le había salido "bien"? Definitivamente debía de ser un sueño…

-A ver –tomando un poco de pasta y, efectivamente, lo único que le faltaba era un poco de sal a la salsa –Esto no puede ser… -aún incrédula -¡Kasumi! –se aferró a su hermana sin poder creer lo que estaba sucediendo -¡No lo puedo creer!

-Te dije que el ingrediente secreto era la clave –sonriéndole con dulzura

-Gracias por todo, hermana

-No tienes que darlas, lo hiciste tú sola. Ahora ve a asearte para que podamos cenar, ¿sí?

-¡Sí! –saliendo emocionada, tarareando una canción

-"Por lo menos te distrajiste un poco…"

Akane se dio un muy merecido baño, notando los ligeros hematomas que había en su cuerpo, producto de la batalla librada contra la rosa negra y la amazona

-Esas locas… pero tengo cosas más importantes en las qué preocuparme que en esas dos… -terminó su baño y fue a cambiarse para cenar con su hermana, sabiendo que comerían la pasta que ella había hecho

La cena iba tranquila, su padre había llamado para avisar que llegaría tarde y que no lo esperaran despierto, por lo que pasaron un tranquilo rato entre mujeres, como hacía tiempo no lo tenían.

Cerca de las 10:30 cada una fue a su recámara, Akane se puso su típica pijama amarilla y se dirigió a la ventana a meditar un rato, sin contar que había algo en el cielo que le estaba llamando la atención.

-"Ukyo tiene razón…" –pensaba mientras veía cómo las nubes se iban moviendo en el cielo –"Esto solo me hace más daño… Debo olvidarte, Ranma…" –de sus ojos comenzaron a brotar unas lágrimas silenciosas –"Si tú pudiste olvidarme, yo también puedo hacerlo…"