-Buenas noches Sebástian.-Saludó con la cabeza mi compañero al hombre alto y esmirriado que nos abrió la puerta. Llevaba un traje negro de rayas, un bigotillo curioso y la nariz levantada.

Sebástian nos dejó pasar con sólo un asentimiento de cabeza como si nos hubiese estado esperando, y sin decir ni una palabra de saludo, como si nos estuviese castigando por haberle hecho esperar. Y es que a decir verdad así era.

Soul me guió hacia el recibidor y en aquel instante me golpeó un fuerte olor a pino navideño y al pavo que debía de ser la cena.

-Su madre bajará dentro de unos minutos, la cena ya casi está lista.- Anunció el mayordomo.- La señora me pidió que la esperasen en la sala amarilla.

No sabía de qué estar más impresionada, del hecho de que la familia de Soul tuviese mayordomo, o del que tuviesen más de una sala.

-Ven.- Me despertó Soul de mi ensueño mientras me hacía bajar un corto tramo de escaleras y me guiaba a través de un largo pasillo que desembocaba en aquella habitación, que debía de tener más o menos los mismos metros cuadrados que nuestro apartamento.

El salón refulgía de brillos, el suelo de mármol brillaba, y el techo estaba lleno de lámparas modernas que enviaban sus destellos de luces doradas por doquier. En las paredes habían cuadros, retratos, fotografías enmarcadas en vistosos marcos de oro y espejos, muchos espejos. En una esquina estaba el árbol de navidad más hermoso y más grande que había visto en mi vida, decorado como no de borlas doradas y ángeles blancos, y en el centro, junto a un juego curioso de sofás, ardía una chimenea.

Era probablemente la perfecta estampa navideña, y más parecía una habitación de esas que salían en las revistas de decoración que una de verdad. Pero era real, definitivamente real. Y ahora me estaba preguntando cómo serían las otras salas.

-Ese es nuevo.- Dijo mi compañero sentándose cómodamente en un sillón junto al fuego.

-¿Quién?- Le pregunté, saliendo del encanto que me había producido la habitación.

-El mayordomo.-Sonrió.

-¿Y cómo te sabías su nombre?- Inquirí mientras levantaba una ceja todavía no decidida a sentarme, por miedo a arruinar el decorado.

-¿Que no sabías que todos los mayordomos se llaman Sebástian?- Rió Soul.

-Ehmm, pues no.-Respondí huraña. Debía de estar jugando conmigo. Y el que se encontrase de mejor humor me tranquilizaba un tanto. Soul dejó escapar una risita no del todo desagradable, parecía que sus nervios ya estaban amainando.

-Es dorada. No amarilla.-Murmuré, mientras daba vueltas en la habitación, incapaz de mantener la mirada fija en un solo lugar.

-Mamá.- Se encogió de hombros Soul con resignación. Bueno, ya podía intuir quién llevaba los pantalones en casa.

Me dirigí hacia una estantería moderna en la que parecía haber todo tipo de candelabros y velas encendidas junto con libros de imágenes y fotografías.

-¿Ese… ese eres tú?- Murmuré incrédula, mientras observaba perpleja a un mini-Soul que sonreía desde el papel de una fotografía enmarcada sencillamente. Le faltaban uno o dos dientes, lucía tan despeinado como nunca y se encontraba mirando huraño a la cámara como si le estuviesen obligando a sonreír. Y no me extrañaba que así fuese.

-Pues sí.-Murmuró mi compañero después de haberse levantado del sillón para observar la fotografía.

Dejé escapar una carcajada. Había algo en su cara redonda y en su sentimiento infantil perdido en el tiempo que me hacían sacar un instinto maternal de algún lado.

Observé de nuevo la fotografía del obstinado Soul, y luego lo comparé con el retrato viviente.

Soul no parecía haber cambiado demasiado.

-Quien lo hubiera dicho.- Dije con una voz alegre.- Hubo una época en la que eras lindo.

-Muy graciosa.- Gruñó Soul no del todo contento.

-¿Y este?- Señalé con el dedo a un muchacho que sonreía de manera encantadora a través del cristal. Parecía otra versión de mi amigo, sólo que más sonriente… y por ende, más guapo. Me pregunté cómo se vería mi compañero si sonriese más a menudo, o si dejase la pose "cool" por un instante… los resultados que me vinieron a la mente terminaron siendo escalofriantes. No. Que Soul se quedase como Soul, por favor. Un Soul sonriente sería igual a un cataclismo.

-Ese es Wes.-Aclaró Soul, para luego corregirse. -Wesley. Mi hermano mayor.

-Tienes un hermano mayor.- Arqueé las cejas y asentí ligeramente como meditando la idea.

De pronto comencé a tener esa sensación de que en verdad no conocía nada de la vida de mi compañero, lo que me hacía entristecer un tanto, se suponía que era mi mejor amigo, ¿No era así?, así que antes de que la inquietud tomase posesión de mí, decidí cambiar de tema.

-Me encanta la decoración.

Buagh, Maka. Tema estúpido para iniciar una conversación, pensé que podrías hacerlo mejor.

Mi compañero suspiró resignado por razones desconocidas para mí.

-Muy… navideña.- Continué.

-Bah, sólo porque tú vienes, no te lo creas.- Dejó escapar un sonriente Soul. Con esa sonrisa de el-mundo-es-en-verdad-una-mierda-así-que-déjame-sonreír-por-lo-menos.

¿Así que la decoración se debía a mi visita? No podía ser. ¿Tantas molestias?

-Ah, eso es…

-Triste.-Me interrumpió Soul, como si no pudiese existir otra respuesta.- Te lo dice a quien le dijeron que Santa no existía a los cuatro.

-Iba a decir que era una sorpresa.- Murmuré ruborizada.

¿A los cuatro? Yo casi había dejado de creer en Santa el año pasado. Me hacía preguntarme qué clase de personas serían los padres de Soul. Ya el enigma estaba resuelto, en mi mente por lo menos, ya sabía porque a mi compañero ni le iba ni le venía el espíritu navideño.

-¿Quieres algo?-Me sacó Soul de mis ensoñaciones, mientras revisaba un minibar que había en una esquina y en el cual no me había fijado.

-En verdad no creo que…-Comencé a decir mientras tomaba asiento en el sofá. - No tenemos la edad.

La cabeza de mi compañero se asomó por la encimera.

-Maka. Es navidad.- Me reprochó Soul.

-Eso no nos hace automáticamente mayores.- Expliqué, como si le faltase lógica, o como si de esa manera le fuese a hacer cambiar de opinión.

-Pss. Aguafiestas.- Le oí censurarme mientras se sentaba a mi lado con aquella copa burbujeante.

-No me digas así…-Repliqué.- Sólo porque cumplo las reglas no significa…

Soul me lanzó una mirada de censura que caló hondo.

-Tan sólo toma…- Suspiró, mientras me hacía sostener la copa de la que él había tomado.

Bueno, tan sólo un trago no haría ningún mal, después de todo. Estaba con Soul. Y era navidad. No era como si estuviese en un bar o algo.

Me acerqué la copa a los labios y con esfuerzo sobrehumano un trago se deslizó por mi garganta. Me complací al darme cuenta de que no sabía del todo mal mientras mi compañero asentía satisfecho.

Hermosa primera impresión que tuvo de mí la madre de Soul.

-¿Soul?- La voz aterciopelada viajó y se expandió por la habitación. Era una voz rica, más grave que chillona y que parecía cultivada. Voz de cantante, por supuesto.

-Mamá.- Se atragantó Soul, que había recuperado su copa.

Soul me ayudó a levantarme rápidamente del sofá y se encontró poco después saludando a su madre.

Recuerdo que me pareció un saludo poco efusivo en el momento, aunque ahora que lo pienso, es que probablemente tenía grabada en la mente las particularidades que mis padres tenían al saludar.

-Mamá, ella es Maka, mi… meister.- Me presentó Soul

¿Meister? Arqueé las cejas. ¿Sólo eso? No sabría decir por qué pero aquello me había molestado un tanto, pero pronto recordé dónde estaba y me encontré sonriendo y saludando ruborizada a la madre de Soul.

Estaba ataviada elegantemente, tal vez demasiado. Su traje parecía uno de esos diseños hechos a la medida que no terminaban de quedar bien con otra persona que no fuese su dueño. Y es que la mamá de Soul era particular, su cabello rubio casi blanco relucía con la luz de la habitación y sus ojos azules destellaban en vivacidad. Parecía mucho menor de lo que seguramente era, y en su cara sólo se veían pocos rasgos relativos a la vejez, tan solo una que otra arruga que otorgaban carácter al rostro y la hacían parecer una dama respetable.

-Un placer Maka. Puedes llamarme Aurora.- Cantaron sus labios bailarines.

-El placer es todo mío, señora.- Incliné la cabeza, todavía sin saber más o menos qué decir.

Me sentí inmediatamente intimidada. Parecía de aquellas personas con las que nadie podía meterse, y que salía perdiendo quien lo hacía. Tenía la mezcla exacta entre cultura, esnobismo y simpatía plasmada en la cara.

-Podemos ir pasando al comedor, la cena ya pronto será servida.- Sonrió Aurora Evans.- Pensé que nunca vendrían.

Soul se metió las manos en los bolsillos un tanto molesto.

-Sí, bueno… nos retrasamos un poco.- Excusó con voz baja.

¿"Nos retrasamos"? Aquello me sonaba a poliedro. Había sido él el culpable de nuestro retraso, no tenía por qué meterme a mí en aquel combo. Le lancé una mirada asesina mientras seguía a Aurora hacia el comedor. Mirada asesina que no pasó desapercibida por mi amigo, que sonrió para sí mismo con maldad.

-Vamos, no tienes por qué ser tímida, Maka.- Dijo lo suficientemente duro como para que su madre oyera.

-Para nada, estás en tu casa.- Volteó a verme Aurora, con aquella mirada deslumbrante y aquella presencia intimidante que me hicieron quedar en el sitio, murmurando incoherencias y ruborizada como una niñita.

Soul se carcajeó silentemente con ganas mientras yo intentaba atestarle un Maka-Chop de los buenos sin que su madre observase. Suspiré. Tonto de Soul que no ayudaba en nada. Aquella sería una noche larga, pensé, mientras Soul me conducía de la mano y me señalaba mi puesto en la mesa.