Tal vez aquello no saldría tan mal después de todo. Tal vez sólo había estado exagerando un poco. Tal vez. Esperaba. Por ahora nada había resultado demasiado incómodo. Aunque eso era por ahora, y todavía la noche era larga, y mi familia no era exactamente el tipo al que uno le podría confiar el comportarse frente a los invitados. Comportarse no embarazosamente no, por lo menos.
Maka lucía encogida en su asiento, y el plato parecía gigante frente a su cara achicada en una sonrisa cortés. Por lo menos sabía que alguien la estaba pasando peor que yo… Sonreí. Le pasaba, quién le mandaba a haberme obligado a la invitación de mis padres. No sé porqué lo consideraba tan importante a decir verdad, tampoco es que mi familia valiese la pena ser conocida, y estábamos muy cómodos celebrando la navidad en nuestro apartamento de Death City, con nuestras sopas instantáneas, sodas en el suelo, Black Star cantando aguinaldos que no se sabía y Blair en tanga por todo el lugar. ¿Quién en su sano juicio cambiaría eso por una cena formal en casa de la familia Evans? Sólo Maka, por supuesto. Aunque ella no estuviese en su sano juicio.
Llevábamos ya un par de minutos oyendo la cháchara inquebrantable de mi madre. Tenía aquel tipo de voz que hacía que todo pareciese importante… aunque en verdad nunca lo era. Aún así Maka la escuchaba absorbida, no sabía si por el tema (El cuanto estaban costando los pavos y la receta especial de pavo relleno al horno de la abuela Evans) o por simple cortesía. Suponía que el segundo… después de todo, Maka no era muy adepta a la cocina, ya mi lengua lo había descubierto.
Llevaban minutos haciéndonos esperar y ya comenzaba a cabrearme. Maka me dirigió unas miradas amenazadoras con los ojos muy abiertos, advirtiéndome que me comportase (¡En mi propia casa!) y ya iba a rechistar cuando por la entrada aparecieron los miembros restantes de mi familia.
Bah. Eran mi papá y Wes, pero eran los miembros restantes de mi familia, después de todo. Era una familia pequeña. Le presenté a mi padre Maka, y pude intuir desde el primer momento que estaba encantado con ella. Pero obviamente, ¿Quién no quedaría encantado con una Maka dulce y complaciente, en vestido formal y sonrisa inofensiva? Hubiese tenido que verla cuando se me quemaba la comida, no estudiaba para un examen o no dejaba la tapa del inodoro bajada. Hm. Así cualquiera.
-¡Soul!
-Wes…-Murmuré deshaciéndome del abrazo de mi hermano y un tanto extrañado de recibir tantas muestras de efusividad.- Tanto tiempo.
Tanto tiempo en verdad, no había visto a Wes desde hacía… ¿Tres años? Tal vez un poco más. No estaba seguro… y me sorprendí al ver a mi hermano tan cambiado. Lo recordaba más grande, o es que quizás yo había crecido. Y el que hubiese cambiado su rebelde melena a un corte presentable me tomó por sorpresa.
-Hey, ¿No piensas presentarme a tu amiga?
También me había olvidado de esa parte de Wes. Si había algo que le gustaba más que un violín y el ser escuchado tocando violín… era una mujer. Arrugué la nariz y suspiré. Hum. Bueno. Era el paso obvio después de todo.
-Maka, este es Wes,- Aclaré mientras introducía a Maka del hombro.- Mi hermano mayor.
-Un placer.- Murmuró Maka ruborizada.
Había olvidado que Wes era atractivo. Había oído diez mil veces de las bocas de una que otra fémina con las que mi hermano probaba sus dotes de galán hablar del cierto "toque" que tenía. Era una mezcla de rebeldía inusitada, caballerosidad recatada y galantería empalagosa. Además de todo era un músico, un artista de corazones y todo un Casanova. Era difícil resistirse a tal combinación, las admiradoras que los perros de la casa tenían que perseguir todas las noches eran prueba de ello. De resto… era bastante normal.
-El placer es mío,- Se inclinó hacia Maka, mientras posaba los labios en su mano.- Jamás pensé que mi hermano tuviese amigas tan… agraciadas.
Dirigí una mirada de reojo a Maka. Se había ruborizado. Y no era para menos. Mi hermano era un especialista. Y era un tanto más guapo que yo.
-¿ De dónde sacaste a tal beldad?- Se dirigió hacia mí Wes.
Como había dicho, galantería empalagosa.
"Zalamero" pensé, decidido a no darle la satisfacción de encogerme de hombros ante su pregunta. Pero Maka se me adelantó en ofrecer una respuesta.
-Soy su meister.- Se presentó sonriente.
No pude evitar sino arquear las cejas. ¿Mi meister? ¿Sólo eso?
Gruñí y volví a mirar el reloj. Los minutos pasaban como horas.
La cena sería larga.
Nos sentamos rápidamente en nuestros puestos usuales, y sentí como si ya hubiese vivido aquello antes. Bueno, desde luego que lo había vivido, una y otra vez durante catorce años habían sido suficientes. De nuevo, ¿Por qué demonios estaba yo allí?
Poco a poco los platos de comida cargados y ordenados por el personal de la cocina comenzaron a desfilar ante nuestros ojos.
Había pavo, mucho pavo. Puré, ensaladas de tres tipos, salmón, aceitunas, espárragos, langosta, sopas y cremas a por doquier, buenas cantidades de pan y de baguettes y todo tan decorado que daba lástima comérselo. Le hinqué el diente a lo primero que encontré, pensando que el tiempo pasaría más rápido con el estómago lleno.
-Eres tan hermosa como Soul dijo que serías, Maka.- Inició la conversación mi padre.
No pude evitar voltear los ojos. Ahora era obvio que la tendencia a la zalamería venía en la familia.
Rebusqué en mi memoria una carta en la que yo hubiese dicho algo parecido. No la encontré. Apenas recordaba haberles mencionado la existencia de Maka en un inicio, o haberles aclarado que mi compañera era de hecho una mujer. Tenían que estárselo inventando, desde luego.
-Ah, seguramente estaba exagerando.- Le restó importancia una Maka ruborizada. Bah. Era otra manera de decir "continúen", se le veía que estaba encantada con los elogios.
-En verdad sí estaba exagerando.-Comenté rápidamente, intentando justificarme ante sus ojos.
Ouch. ¿Qué era eso? ¿Una nueva versión de Maka-Chop con los pies? Me encogí de dolor mientras me agarraba la pierna con las manos. Mi compañera dejó escapar una sonrisa de triunfo, para luego voltear a mi madre (Que ahora hablaba de las propiedades del vinagre en la ensalada) con cortesía.
No culpaba a Maka de que le gustasen tanto los elogios de mi familia, pues tampoco los recibía mucho, a decir verdad.
Nota mental: adular más a Maka de ahora en adelante para que no necesite volver a casa de mis padres.
-Eres la primera chica que trae Soul a casa.- Mi mamá comentó alegremente.
Dejé caer la cabeza. Ya era definitivo. Estaba en la ruina. Sabía que faltaba poco para que alguien sacase el tema. Mi vergüenza era un tópico demasiado jugoso como para pasar desapercibido.
-¿En serio?- Maka volteó hacia mí con una sonrisa extrañada, mientras arqueaba las cejas.
Me hundí más en el asiento.
-Ya nos estaba preocupando.- Acotó Wes, disfrutando de la situación.
Jamás pensé que mis ojos pudiesen llegar a expresar tal grado de ira. Vamos, adoraba a mi hermano… pero aún así, eso ya era humillación. Wes rió con ganas mientras tomaba un sorbo de su copa de vino. Iba a replicar algo venenoso cuando mi madre interrumpió con otro comentario del mismo calibre:
-Nos extrañó bastante en un inicio que hubiese elegido una mujer de compañera.
Bueno, no podía culparles, les había mantenido en la incógnita con quién sabe cuánto tiempo.
No iba a dejar que me machacasen de tal manera y Maka me observaba curiosa, así que me ví en la enorme necesidad de decir algo.
-Las mujeres son todas un fastidio… pero Maka…-intenté justificarme mientras me encogía de hombros… a ver, ¿Cómo diría eso?-… es la menos fastidiosa.
Mi padre dejó escapar una carcajada y mi madre sonrió con aquella sonrisa de las suyas… esas que utilizaba cuando quería dar a entender que entendía el trasfondo, el fondo y el más allá. Maka sólo me lanzó una mirada de las de ella que significaba que después me iba a tocar paliza. Me crucé de brazos inquieto.
-¡Qué opinión, Soulcito!- Comentó Wes mientras sacudía su tenedor con una sonrisa de oreja a oreja. Sentí un escalofrío correrme por la espalda por el antiguo sobrenombre que sonaba horriblemente como "Solecito". ¿Cómo iba a poder ver a Maka a la cara después de esto?
- No habrás disfrutado lo suficiente de la envidiable compañía que una mujer te puede prestar.- Continuó mi hermano, mientras lanzaba una mirada pícara a Maka. Mi compañera dejó escapar una risita tímida mientras se coloreaba violentamente. Muy bien. Ya no me estaba gustando demasiado la situación.
-¿Y cómo se escogieron mutuamente?- Sacó conversación mi madre.
¿Cuál era el complot allí? El universo estaba definitivamente conspirando en mi contra, o eso… o mi familia había acordado hacerme de la visita la más degradante posible. Era un castigo por no haberme pasado por allí en tres años, estaba seguro de eso.
-Fue instantáneo. A primera vista.- Sonrió Maka, mientras sorbía cuidadosamente de su copa. Era todo cuento y apariencias, en verdad no estaba bebiendo, lo sabía yo de sobra.
Asentí cuidadosamente, esperando el próximo ataque.
-Llevan ya…- Contó mi padre con los dedos. No podías pedirle a un músico que hiciese cálculos mentales, después de todo.
-Tres años y medio juntos.- Completó mi compañera satisfecha.
-Y contando.- Contribuí. Maka me dirigió una sonrisa que me hizo ruborizarme. Me escondí rápidamente bajando la cabeza hacia mi plato. ¿Por qué demonios sonaba como si fuésemos una pareja o algo? No lo éramos. ¡Por supuesto que no lo éramos! Era mi madre la que había llevado la conversación a esos niveles de… incomodidad.
-¿Soul es la única arma en la familia?- Cambió de tema mi amiga.
Gracias, Maka. Gracias.
-En verdad no sabemos de dónde salió.- Se encogió de hombros mi padre.
Había sido un misterio desde un principio. ¿Sangre de arma en una familia de músicos? No demasiado posible. Mi padre solía decir bromeando que no era hijo suyo, a lo que mi madre se enfadaba… aunque en verdad era imposible decir eso, me parecía a mi padre todo lo que era probable parecerse a un padre. Creo.
-Como siempre la oveja negra.- Rió Wes.
Por supuesto. También ese comentario tenía que resultar siendo un ataque a mi dignidad humana.
-¿Y ahora qué están haciendo?- Inquirió mi madre mientras depositaba cuidadosamente más puré en mi plato, que quedó sin tocar hasta el final de la velada.
-Cenando con mi familia.- Suspiré fastidiado.
-Estamos de vacaciones por ahora.- Me corrigió Maka con una sonrisa encantadora, que obviamente… no iba dirigida hacia mí y mis comentarios cínicos.
-Bueno, ya era hora que tuviesen algún tiempo libre.- Comentó mi padre.
Hum. De alguna manera había llegado a convencer a mi familia que mis visitas nulas se debían a lo ocupados que estábamos y a la distancia, más que negligencia por mi parte. Sentí una pequeña punzada de culpabilidad, que eliminé con un buen trago de vino. Pero estaba justificado en su totalidad, si el resto de las visitas terminaban siendo como esta.
Además, ¿para qué querría yo volver a mi "Hogar" si me había costado tanto salir de allí?
No gracias. No no gracias. Más pavo.
-Comenzamos a trabajar de nuevo en enero.- Continuó mi compañera.
-¿Trabajar?- Preguntó mi madre mientras fruncía el ceño.- Pensé que estudiaban.
Oops. Me había olvidado mencionarle aquello.
Pero es que después de todo… ¿Cuándo había sido la última carta que les había escrito? Más de un año, eso seguro. Y Maka solía quejarse de lo poco expresivo y "conversador" que resultaba por escrito.
De nuevo, oops.
-Estudiábamos.- Sonrió Maka (¿Por qué era Maka la que hacía lo de hablar? Se suponía que ella era la tímida en esa situación. No me estaba gustando nada ese todo confianzudo.)-Nos graduamos hace un par de meses.
-Ah, vaya.- Finalizó la conversación mi madre, mientras pinchaba una aceituna de su plato con actitud resentida. Volví a tomar otro largo trago de vino.
La comida continuó y cada uno se sumió en su propio plato. Había tanto de lo que elegir, que había terminado sirviéndome un poco demasiado de todo, comida que no podría terminar.
Observé de reojo cómo Wes le hacía ojitos a Maka, y pude captar un par de sonrisas y sonrojos en una que otra dirección que llegaron a molestarme un tanto mientras masticaba mi pavo.
"¡No, Maka, no!"
Secretamente intenté convencer a Maka, pero había caído irremediablemente, como todas las demás. Tendría que mencionarle aquello luego, se suponía que ella era más inteligente que eso.
Suspiré indignado.
-¿Y eso que estás aquí Wes?- Musité. Sin resentimiento ni nada, ¿Eh?, psss, por favor, cómo si me molestase su presencia. Para nada ¿Eh?, para nada.
-Estoy aquí para entretener a hermosas damas en una cena aburrida de navidad.- Salió del paso mi hermano con su habilidad natural, mientras le sonreía seductor a Maka. Arqueé las cejas y cambié de posición en mi asiento. Por alguna razón no me resultaba la situación más cómoda del mundo.
-Oh, Wes, no la acoses.- Censuró mi madre, más enfadada por el hecho de que Wes calificase "Su" cena de aburrida que de que Maka estuviese recibiendo algún tipo de acoso.
Sonreí. Mi madre le había obligado a venir, era bastante obvio. Teníamos que aparentar ser una familia muy unida frente a Maka, por supuesto.
-Tuve que hacer un hueco en mi apretada agenda para pasar tiempo de calidad con la familia.- Continuó Wes, y me preparé mentalmente para otra sarta de coqueterías.- Y por ahora no lo estoy lamentando.
Buagh.
Comencé a sentir náuseas, no sabía si por el vino o por Wes y Maka. Sentí ganas de vomitar al ver la cara sonrojada de Maka, que lanzaba unas risitas un tanto desagradables mientras agitaba las pestañas, dirigida definitivamente a mi hermano.
-Oh, ¿Estás muy ocupado?- Inquirió Maka curiosa.
Lamenté definitivamente el no haberle contado más a Maka sobre mi hermano y sus desagradables costumbres de tener una mujer semanal.
-Soy violinista profesional,- Explicó Wes en su voz de seducción-de-damiselas-desesperadas.-En navidades siempre estamos muy ocupados. Conciertos aquí, conciertos allá. Cosas de iglesias y demás.
-¿Eres músico?- Continuó Maka sorprendida mientras dirigía una mirada momentánea hacia mí… probablemente reprochándome el no haberle contado.
-Y uno de los mejores.- Comentó mi hermano, modestia aparte.- Además, he estado contemplando la posibilidad de tomar un aprendiz, y eso también quita tiempo.
¿Aprendiz? Intenté reprimir la risa, ¿Wes con un aprendiz? No lo veía funcionando como maestro… a menos de que fuese una mujer, claro estaba.
-El lugar todavía está vacío, si deseas…- Sonrió seductoramente.
Pues, sí. Había dado en el clavo. La risa de imaginarme a una Maka (Sí, esa misma que no poseía ningún tipo de ritmo en el cuerpo y que terminaba vendándome los pies cada vez que bailábamos) violinista eclipsó momentáneamente cualquier tipo de indignación.
-No, muchas gracias, la música no es exactamente lo mío.
Lo suyo era machacar, destruir y que no se le levantase milagrosamente la falda mientras lo hacía. Eso estaba claro.
-Tranquila, si mi hermano puede tú también puedes.- Rió Wes lanzándome una mirada significativa. Me sonrojé de la indignación… no era secreto universal que mi hermano solía fastidiarme de niños por aquello. Sólo porque no era un maldito prodigio.
Malintencionado músico-intento-de-hermano-presumido.
-Estamos bastante ocupados nosotros también.- Declaré ácidamente y la mesa volvió a quedar en silencio.
Durante unos segundos nos contemplamos los unos a los otros y escuchamos el tintinear de los cubiertos contra la porcelana de la vajilla de navidad. Había que decir algo, rápido. Sino a mi madre le daría un síncope y estaría horas y horas sin callarse, gritándonos a mi hermano y a mí por "haberle arruinado la cena".
-Maka, ¿Deseas más salmón?
Heh.
Intenté reprimir la risa. Maka detestaba el salmón. Se lo había comido a duras penas, a punto de sufrir un ataque minutos antes, y no estaba seguro de que pudiese resistir mucho más.
-Bueno…-Murmuró mientras asentía cuidadosamente.
-Mamá a Maka no le gusta el…- Comencé.
Ouch. Quedé momentáneamente privado en mi dolor. Al día siguiente tendría las piernas llenas de moretones y la haría sentir culpable.
Le lancé una mirada lastimera, una mezcla entre: "Eso dolió" y "Estaba intentando ayudarte, desgraciada." Maka evitó mirarme fijamente y entonces me dediqué a sonreírle satisfecho cada vez que daba uno de esos dificultosos bocados al salmón y me miraba retadoramente.
-¿Por qué no se quedan unos cuantos días más?
Intenté no ahogarme con el puré.
Sabía que eventualmente eso saldría. Mi madre no era feliz a menos de que tuviese a una buena cantidad de gente bajo su poder. Creo que ya comenzaba a recordar por qué había salido corriendo de allí en primer lugar.
-Estaría encantada, señora…- Sonrió Maka.
-Pero no tenemos tiempo.- La interrumpí un poco demasiado rápido. ¿Desesperado? ¿Quién? ¿Yo?-Y no nos trajimos nada.
Muy bien, la parte técnica primero que todo.
-¿Pero no están de vacaciones?- Inquirió mi madre escéptica mientras miraba fijamente a Maka.
Maka se encogió en su asiento. Mi madre era lista, sabía que si lograba que Maka dijese que sí en su debilidad y en su poco conocimiento de la cuestión y todo lo que estaba en juego, mi compañera me obligaría a quedarme.
Me lancé en una misión suicida para asegurar mi supervivencia los días siguientes a Navidad, y rescatar a la damisela en peligro del dragón malvado en el que se podía convertir mi madre sin advertencia.
-El caso es que nos necesitan allá, por si acaso…-Dije rápidamente.- ¿Verdad, Maka?
Maka asintió de manera no muy convincente mientras fruncía el ceño en mi dirección.
Mi madre suspiró insatisfecha, derrotada, poco sabía del funcionamiento de Shibusen y las enormes cantidades de tiempo gastado en inutilidades y misiones de mantenimiento. Ya casi habíamos terminado. Aquel punto clímax, de mayor peligro para la integridad de nuestras almas y aquella batalla en la que habíamos estado a punto de perder la vida, había terminado. Miré el reloj. Faltaba poco. Poco. Poco.
Notas de la Autora:
Y bieeeen! Otro capítulo, en este si tardé un tantito más, pero quería tenerlo listo para esta noche. Otra noche en las que les deseo lo mejor (Incluyendo fiestas, alcohol y una buena dosis de diversión xD, no es que yo esté teniéndola, ojo :D). Un feliz 2010 a todos y que la pasen muy muy bien. Les agradecería que se tomasen un tiempito para comentar si no es mucho problema, y que me digan qué tal. No queda demasiado, en un par de capítulos ya dejo de fastidiarlos. Muchos besos y buenos deseos.
