Recordaba la sensación de libertad que me había invadido en el momento en el que salí por la puerta de entrada, en aquel instante perdido en el tiempo tantos años atrás (O por lo menos así me lo parecía). Era exactamente la sensación que quería repetir después del ataque a mi humanidad que había constituido aquella cena navideña con mi familia.
Después de todo, no dejaba de ser algo un tanto irreal el volver a encontrarme allí, en mi "prisión", junto con mi verdugo y mi salvadora (Si es que de alguna manera podría llegar a llamar a Maka así) charlando animadamente entre las sobras de un pavo navideño comprado en la esquina (Aunque mi madre nunca lo admitiría).
No podía esperar a volver a sentirme libre e independiente.
En aquel momento, en el que había dejado mi hogar tres años atrás, había cerrado la puerta con nervios y miedo a lo desconocido, pero sobretodo, con una iniciativa que no sabía muy bien de dónde había salido, el primer intento de valor que había tenido en mi vida.
Había pasado toda mi existencia maldiciendo a mis genes, a mi genoma de músico fracasado y a mi familia de portentos en los que yo no parecía calzar de ninguna manera. Pero en aquel momento, bendije mi sangre como nunca, pues después de todo, de algún lugar había salido aquella habilidad recién descubierta.
Un arma. ¿Quién lo hubiera pensado? De un día a otro se me habían abierto las puertas a un mundo desconocido, a un universo vivo, a un panorama donde tal vez encajaría de alguna manera. Ahora todo tenía sentido. Parecía irónico, al final, pero aquello no sabía a derrota, sabía a libertad.
Recordaba aquel momento en el que había dejado mi hogar como unos segundos definitivos. Había salido sin mirar atrás, sin saber de lo que era capaz, y todavía asustado por aquella perspectiva que me habían sembrado toda la vida, mi apellido lo era todo, sin mi familia yo no era nadie. Y ahora que podía realizar todo aquello que apenas en aquel momento comenzaba a soñar, descubría quien era. Descubría que no era nadie, y decidía, por primera vez en mi vida ser Soul. Sólo Soul. Sin nada de Evans, ni de comparaciones, ni de sombras, ni de juicios. Sólo Soul. El que había salido de casa. El que había dejado su hogar.
El camino no había sido tan difícil después de todo.
Contemplé a Maka mientras mi padre la conducía hacia otro de nuestros salones. No parecía encontrarse del todo incómoda ahora. Sonreía dócilmente a los comentarios de mi progenitor, y respondía magistralmente a los coqueteos de Wes, como si llevase haciéndolo toda la vida. Maka había resultado ser adaptable, mucho más que yo, de eso seguro. Suspiré mientras les seguía a paso lento. Mi madre sonrió.
-¿Cuándo piensas volver?- La oí preguntar desde su posición tan cómoda desde el sofá.
-No lo sé.- Dije sin mentirle, por primera vez en mucho tiempo.-Estamos un poco ocupados… la situación no es la mejor exactamente.
No estaba mintiendo. Era el momento para tener más cuidado que nunca. Con el Kishin resucitado, y el Noah ese que no sabíamos de dónde demonios había salido persiguiendo a Maka, más bien corríamos demasiados riesgos saliendo solos por allí.
Decidí sentarme al lado de mi madre, mientras vigilaba de reojo a Maka que ahora escuchaba la colección de discos de mi papá bajo la presión de Wes. No sabía nada de música clásica (Probablemente lo único de lo cual no sabía mucho) y me dirigía miraditas de auxilio intentando que nadie se diese cuenta. Le saqué la lengua juguetonamente mientras sonreía con malicia, no podía esperar a que mi padre se desmayase en cuanto Maka le dijese que su música favorita eran los Jonas Brothers (O algo parecido) y no Bach.
-¿Volverás a traer a Maka?
-¿Ah?-Desvié la mirada durante un segundo de la mano que tenía posada confianzudamente Wes en la espalda de Maka.
-Creo que es un tanto inevitable.- Respondí, una vez habiendo procesado la pregunta.- No nos solemos separar.
Era cierto. Habría sido peligroso el hacerlo. Y la sola idea de que sufriese un ataque o algo parecido mientras yo no me encontrase allí me daba escalofríos. Maka era básicamente inútil sin mi ayuda, así como yo lo era sin que ella me utilizase. Éramos un equipo… de perfectos inútiles, pero un equipo al fin.
-Es muy agradable.- Me sonrió mi madre.
Me rasqué la cabeza preguntándome en qué momento del universo alguien se había referido a Maka como "agradable" después de haber pasado más de una hora con ella. Creo que aquella era la primera vez. Pero, sí. Tal vez Maka no era tan desagradable del todo. Podía llegar a ser bastante encantadora si se esforzaba en ello.
-Tuviste suerte.- Completó la idea.
Suspiré resignado mientras observaba a mi compañera de nuevo. Ladeaba la cabeza asintiendo como si entendiese algo de lo que estaban hablando mi padre y mi hermano. Sonreía como un corderito degollado. Anti-natural.
-Lo sé.- Susurré, más para mí mismo que para mi madre, que ahora contemplaba la misma escena que yo, para luego mirarme con un brillo especial en sus ojos claros.
No era la primera ocasión que aquello se me pasaba por la cabeza. El haber conseguido a Maka de compañera había sido una verdadera suerte, y pocas veces como aquella era capaz de admitirlo. Habría podido salir peor. Mucho peor.
- Has crecido tanto, Soul.
Volteé a mirar a mi madre mientras fruncía el ceño. Parecía el diálogo de una película bizarra de adolescentes. ¿A qué se debía eso exactamente? Mi madre no era del tipo de decir muy a menudo lo que pensaba, y sin embargo había algo en su entonación que sonaba, para mí que más bien la conocía demasiado, más sincera que banal.
-Supongo…- Respondí extrañado. ¿Dónde estaba mi madre? ¿Qué habían hecho con ella? Torcí la cabeza ante su sonrisa de orgullo intentando buscar muestras de un posible rapto extraterrestre o de sectas neo-nazis. No pareció darse cuenta de mi estado incipiente de confusión, así que prosiguió con aquel tono confianzudo al que no estaba del todo acostumbrado.
-Eres otra persona, brillas.- Continuó, mientras me dedicaba un cariño poco usual.
Ya está. Comenzaba a pensar que tal vez todo era una treta para que me terminase quedando allí, secuestrado, raptado por mi propia familia, sin poder volver a Shibusen nunca más. Podía imaginarme los subsecuentes intentos que tendrían Kid y Black Star en rescatarnos (Todos ellos terminando en destrucción total y allanamiento de propiedades privadas varias) y los humillantes títulos de los periódicos. Pero tal vez es que me estaba aburriendo demasiado.
-¿En serio?- Murmuré incoherentemente. ¿Qué? ¿Era Edward Freaking Cullen o algo?
Capté una sonrisa de Maka. Me picaba la oreja y tenía la pequeña sensación de que aquella fugaz sonrisa en mi dirección se debía a que era el tema de conversación por aquel lado de la habitación. Aquello me inquietaba un tanto, sabía de mil anécdotas humillantes que podían estar deleitándola en aquel momento. Me encogí un tanto en el sofá mientras hacía lo posible por resistir al escrutinio materno y proteger el frente por la retaguardia.
Mi madre me observaba silentemente con una sonrisa en el rostro parecida a la que salía en la foto del día de su boda. No estaba seguro si de felicidad o de "Algo raro está pasando aquí."
Me sentí ligeramente culpable de desconfiar de mi madre y de ver detrás de unas palabras que parecían sinceras, tretas y amenazas. Tal vez me estaba volviendo paranoico. Tal vez había tomado mucho ponche y la mezcla con el vino estaba haciendo estragos en mi cabeza.
-¿Qué tal es?- La oí preguntar con genuino interés.
-¿El qué?- Me oí decir con genuina ignorancia.
-Todo.- Sonrió brevemente para ocultarse de nuevo detrás de sus labios apretados.
Labios apretados. De alguna manera esa siempre había sido la indicación de mi madre para dar a entender que el tema al que se refería (El que nunca nombraba por razones de decencia y amor propio) no era de su agrado. Rebeldía, solía ser. Y a la mía se refería seguramente en aquel momento. ¿Qué tal me había ido después de dejar la casa materna? ¿Cómo se las había arreglado el pichón que se cayó del nido? ¿Cómo había conseguido el fénix resurgir de las cenizas de la obligación moral que el apellido traía consigo?
Había por lo menso doscientas mil palabras con las que habría podido describir mi temprana independencia. Iban del rango de: "Increíble" (Por motivos ya conocidos), hasta "Doloroso" (Maka-chops, Shinigami-chops, rajaduras de hombro a estómago voluntarias y heridas varias incluidos) pasando por "Informativo" (El hecho de que las mujeres durmiesen sin ningún tipo de sujetador había sido algo insospechado… y prefería no explicar cómo sabía eso.)
Había trescientas mil palabras con que describir mis vivencias con Maka, Shibusen, las almas, los amigos, la sangre y el mundo. Pero en aquel momento, no salió de mis labios más que una:
-Bien.
Hum. Elocuente.
-Muy bien, de hecho.-Continué, un tanto inseguro. ¿Cómo le explicas a alguien el por qué algo lo significa todo para ti?- Es… distinto.
Distinto de casa, había querido decir eso. Se me había presentado aquella fugaz oportunidad de escapar, aquellos años atrás y la había tomado sin dudar ni por un segundo. El que de pronto hubiese tenido el chance de empezar de nuevo por mi propia cuenta había sido la mejor decisión que había tomado en mi vida. Era difícil hablar de ello con ella. Era difícil demostrarle el cuánto había crecido sin su ayuda o la persona que había llegado a ser con el tiempo y el trabajo. Siempre había pensado que nunca me lo perdonaría, el ser distinto, el haber dejado mi hogar tan temprano. Pero ahora, también a ella se le presentaba aquella fugaz oportunidad de dejar atrás las diferencias del pasado.
Aquel era el momento que cualquier madre hubiese aprovechado para decir el típico discurso de "no sabes lo orgullosa que estoy de ti". Pero aquella era mi madre y sabía que mientras viviese jamás le oiría decirme esas palabras. Le había fallado en un inicio. Era difícil arreglar las cosas. Sobre todo porque en una mente como la suya, el ser un arma, trabajar para Shibusen y haber alcanzado el rango de Death Scythe no tenía valor alguno.
Dejó de fruncir los labios, y parpadeó ligeramente, mientras sonreía sin mostrar los dientes. Sus ojos azules se clavaron sutilmente en mí de una manera en la que nunca lo habían hecho.
Era un perdón. Y aquella era la primera vez en toda mi vida que mi mamá me miraba. No como un músico fracasado, no como un hijo rebelde, no como una reliquia que mantener bajo su control. Sino como Soul. Simplemente Soul. Y aquello me hacía sentir una paz que nunca había conocido.
Nos sumimos en un silencio extraño, y por primera vez me di cuenta de la sinfonía de Vivaldi que llenaba la habitación. "Invierno". Sin embargo aquello no lo parecía. Observé a mi compañera… amiga, en su salsa entre mi hermano y mi padre, y de pronto me di cuenta de la calidez que invadía aquella habitación, llena del regocijo de una navidad que casi nunca era, y de la presencia de aquellas personas que me habían marcado de tal manera la existencia.
Tal vez no había sido tan mala idea venir después de todo. Aunque por supuesto que aquello nunca lo admitiría.
Sonreí mientras contemplaba a Maka rechazando aquella copa de licor que le ofrecía mi hermano. Si tenía mejores resultados que yo me iba a molestar seriamente, pero Maka parecía no ceder ante las súplicas de mi hermano y más bien reía ruborizada mientras mi padre se le unía.
-Es muy linda y parece cultivada.- Oí decir a mi madre, como si hubiese seguido mi mirada.- Escogiste bien.
Sí, bueno, suponía que Maka no estaba tan mal. Aunque técnicamente nos habíamos elegido mutuamente (Ella había elegido un poco peor), tal vez mi madre tenía razón.
Me pregunté momentáneamente qué querría decir con "cultivada", estaba casi seguro de que Maka no era un vegetal o una fruta. Arqueé las cejas mientras de pronto procesaba aquel tono especial con el que mi madre había dejado escapar aquella frase desestabilizadora.
-¿Por qué ese tono, mamá?
"Mamá". Hacía tanto tiempo que no mencionaba aquella palabra que ya no parecía pertenecer a mi boca y se había deslizado incoherentemente por entre mis labios, con una voz que no parecía la mía.
Me observó con una sonrisa todopoderosa de esas de las suyas. De esas que parecían omnipotentes. Y que acompañaban perfectamente a aquel tono que sólo podía significar una cosa.
-Hace mucho que no te veía, Soul.- Dijo lentamente mientras apartaba su mirada de mí y cruzaba los brazos en una postura que recordaba a la derrota.- Pero eso no significa que sea ciega.
¿Qué demonios quería decir eso? Observé su mirada dirigida hacia Maka. La había conquistado por completo. Y aquel tono tan particular al decir aquello…
-Hmpf.- Gruñí sin poder evitarlo, intuyendo por donde iba la cosa.
-Tienes que cuidarte.- La oí susurrar.
-Hm.
No lo había hecho tan mal, después de todo. Seguía vivo después de las batallas, las heridas, los Maka-Chops y el haber dejado el piano (Milagrosamente). Había sobrevivido al reino de terror que tenía mi madre en su casa, a las presunciones de mi hermano y muy especialmente, a una cena de navidad que había tenido todos los ingredientes para terminar en desastre. No me había ido tan mal apañándomelas solo. No entendía el por qué de su preocupación.
-Y a ella.- Continuó.
Observé de nuevo a Maka. Parecía estar perfectamente. Sin embargo supe a qué se refería mi madre.
-Ya lo sé.- Admití.
Básicamente me estaba diciendo que no me la dejase quitar para asegurar descendencia real en la estirpe Evans o algo. El pasar tanto tiempo con ella me hacía retomar aquel hilo de pensamiento de la matrona.
¿Qué estaba pensando? ¿Maka y yo? Era improbable. Era irrealizable. Era mi meister, mi mejor amiga y todo…pero… tenía que pensar claro, ella se merecía a alguien mejor. Alguien que pudiese protegerla del mundo, alguien que pudiese hacerla olvidar y confiar de nuevo, alguien que no hubiese dejado a su familia, alguien que fuese una mejor persona que el inútil que no tenía hogar.
-Eres tan obstinado.- Suspiró. Y por primera vez me di cuenta de lo raro que podía resultar el ver tus mismos gestos en otra persona.
Me encogí de hombros, mientras me mordía el labio. El ser obstinado me había llevado a dónde estaba hoy. Y no podía decir que lo lamentase.
Nos sumimos de nuevo en un silencio que duró unos cuantos minutos. Cada uno perdido en sus pensamientos, aunque en verdad no podría llegar a acertar el tema por el que mis pensamientos vagaban en aquel momento. "Invierno" se acabó. Y el tocadiscos se apagó. Sobrevivieron sólo las risas, el tintineo del hielo dentro de los vasos, y los minutos agonizantes de aquella extraña navidad.
De nuevo me encontré en el salón. Contemplé el reloj, eran las once y media apenas, pero aquello ya estaba durando demasiado. Y podía ver mi propio cansancio reflejado en los bostezos disimulados de mi amiga. Además, todavía quedaba la vuelta.
Me paré de mi asiento y me dirigí hacia el grupo reunido cerca del bar. Mi compañera me observó expectante, con una sonrisa misteriosa en los labios, como si tuviese muchas cosas que explicarle.
-Le estaba contando acerca de tu primera clase con Stopenhauer.- Se apoyó en mí Wes riendo.
Recordaba al maestro Stopenhauer. Recordaba la pega líquida que la primera vez le había puesto en el asiento, intentando por una vez llamar la atención de mis padres, rebelándome contra aquella clase impuesta de violín. El violín nunca había sido lo mío, había resultado ser. Y para Stopenhauer yo nunca había resultado ser lo suyo.
Sonreí vagamente, sumido en el cansancio que el hablar y pasar tanta tensión me había traído.
- Ya deberíamos de irnos,- Le susurré a Maka.- La vuelta es larga.
-Pero…
Se veía a leguas sus ganas de dormir y ¿aún así tenía ganas de rechistar para quedar mejor? Suspiré lentamente.
-Soulcito! No seas tan aguafiestas, si la estamos pasando de lo mejor.- La defendió Wes, (sentía ya el comenzar a lamentar aquella unión entre mi hermano y mi amiga.)- Verdad?
Maka se abstuvo a responder o a demostrar algún gesto y me sentí repentinamente orgulloso.
No. Ya. Definitivamente la hora de irnos. Necesitaba salir de allí con una urgencia desconocida.
Y ahora, mi pobre alma desquiciada sentía que necesitaba de ella más que nunca para reponerse. La enorme energía emocional que había estado envuelta en aquella visita familiar había sido más de la que había podido soportar, y ahora lo único que habría querido habría sido desplomarme en algo que no fuese ajeno, sino los mismos golpes y chistes de la Maka de siempre.
Comenzamos las despedidas usuales, y después de varios " ¡Pero si todavía es temprano!", mi familia cayó en la cuenta de que ya no podían hacer mucho, y que debíamos irnos definitivamente.
-Soul.- Sentí a mi madre llamarme, mientras observaba con recelo, el cómo mi hermano se despedía de Maka con un confianzudo beso en la mejilla y el subsecuente cambio de color de blanco a rojo en la cara de mi amiga.
-¿Sí?- Me dirigí hacia ella, acercándome de una vez para despedirme, y para que nadie oyese lo que fuese que iba a decirme.
-No te molestes demasiado con Wes. No es su culpa atraer tanto a las mujeres.
-Hm.-Gruñí. Sin admitirme todavía del todo a mí mismo exactamente qué era lo que me molestaba.
-Buenas noches, mamá.- Me despedí.- Feliz Navidad.
Después, intercambiando impresiones con Maka, logré extraer de ella, cucharadita a cucharadita, la opinión que le había quedado de mi madre. Uno de los rasgos más marcados que mi compañera había percibido era aquel aire que tenía mamá de saberlo y conocerlo todo en su totalidad. ¿Y quién sabe? Tal vez lo hacía. Pero en ese momento ni se me pasaba por la cabeza que aquellas posibles insinuaciones no fuesen otra cosa de impresiones erróneas de una madre que pasaba demasiado tiempo encerrada en la casa Evans.
Sentí a mi compañera engancharse de mi brazo y le lancé una mirada de reojo. Me sonrió con cansancio y prosiguió a despedirse de mi madre. Mi madre le dijo adiós como si fuese su propia hija a la que despedía, y no faltó la invitación para otra posible visita, que Maka aceptó como si en verdad le gustase la idea. Me mordí el labio preocupado mientras nos dirigíamos hacia la salida.
Maka había sido una suerte. Mi madre no había hecho nada más que recordármelo momentáneamente en aquella conversación eventual en el salón, bajo la estricta mirada de una Maka desesperada, las esferas brillantes del arbolito tintineando y con la música clásica sonando de fondo. Había parecido una típica escena en las que de pronto el protagonista de la comedia romántica se da cuenta de la espectacular mujer a la que está dejando ir y corre a último momento hacia el aeropuerto, se salta milagrosamente los sistemas de seguridad estado-unidenses, logra detener el avión y de alguna manera el universo entero (Azafatas, pilotos y luces de la pista) conspiran a su favor, terminando así con un beso romántico y una canción de Mariah Carey justo antes de los créditos.
Pero Maka no se iba a ningún lado, y no iba a haber manera posible de que me llegase a humillar convirtiéndome en un personaje prototípico de películas-sube-expectativas-a-féminas-hormonales. Además, ¿Qué demonios?, ni que estuviésemos juntos o algo. Mamá y sus comentarios fuera de lugar.
¿En dónde estábamos?
…
Bueno, sí. Tenía que admitirlo. El que existiese, de manera increíble y por los caprichos del destino, una Maka en mi universo, era toda una suerte. Pero obviamente jamás se lo diría, primero, por motivos estrictamente personales y segundo, porque no quería sus humos subidos, mandándome a lavar el retrete, amenazándome con que se iba en un avión o algo. Era una estampa que de alguna manera me parecía bastante realista.
Me encontré a mi mismo buscando la mano de Maka y empujándola hacia la puerta. La última vez que había estado allí, había salido por aquella puerta sin mirar atrás, sin saber lo que me esperaba y sin tener ni idea de lo que quería hacer con mi vida. Desde aquel momento, perdido en el tiempo, me había convertido en alguien distinto, no podía decir que había pasado malos ratos, más bien los mejores de mi vida. Lo había perdido todo, y lo había recuperado de maneras insospechadas, en aquella ciudad tan lejana llamada Death City. Me había perdido a mí mismo y me había vuelto a encontrar, así como la había encontrado a ella.
La puerta se cerró tras de mí. Y esta vez, tampoco miré hacia atrás.
Notas de la Autora:
Y por fín!!! Sólo queda uno más y termino con esto. No será muy cerca de navidad, porque bueno... ya he empezado el colegio y todo, y tengo que entregar mi tesis de grado dentro de sí. Más o menos una semana. A qué no adivinan cuánto llevo hecho? No, mejor no lo hagan. Es un gra cero por ahí xD. Bueno, perdón por la tardanza, sólo me queda uno más que espero no tardará mucho. Antes de que termine enero, por lo menos. Paciencia? Amor? Chocolates? Reviews?
Muchísimas gracias por todos los comentarios : En verdad me hacen seguir con mi día con una sonrisa permanente en los labios, y me hacen sobrevivir al colegio. Los adoro!!! Y los leo TODOS, tanto en historias nuevas como viejas así que en verdad, muchas muchas gracias. Si sigo haciendo esto es por ustedes.
Muchos besos, felices navidades, días de reyes, comienzos del colegio, etc. Espero que les haya gustado.
:D
