Vivir de recuerdos

I

-Chica policía: ya deja esa foto. Nada sacas con vivir de recuerdos...

La muchacha inclina la cabeza. Abre su chaqueta y mete presurosa el relicario dentro de sus ropas.

-Lo lamento, amo, pero es algo muy preciado para mí: me es imposible separarme de él.

-¡Bah!, tonterías: en cuanto tomes algo de sangre se te irá la obstinación y testarudez prontamente. No entiendo vuestra porfía en negarte a tomarla...

-No es necesario que me persiga, amo: sólo que no puedo acostumbrarme...

El retumbar de la voz de Alucard cesa: de una pared, aparece el vampiro.

Sus ojos muestran la gelidez característica de su indiferencia.

Mira a la muchacha: estaba apoyada en la puerta del baño, con el plato en mano y la sangre corriendo por el drenaje del baño.

Frunce el ceño: al parecer, había tenido demasiadas expectativas de alguien que sólo sobrevivía apegada al pasado ordinario de su vida mortal.

-Si tanto os valéis de excusa a causa de vuestro aprecio por la especie humana, por lo menos no deberíais botarla por el excusado.

-No puedo verla siquiera: soy una inútil...

-Vas a malgastar fuerzas por tu orgullo: de ello no viviréis, os lo aseguro. Por vuestras venas, corre sangre de una verdadera vampiresa: lo mínimo que deberíais demostrar es algo de orgullo.

Levantó la cabeza hacia su maestro: le tenía un aprecio profundo, casi paternal.

Era cosa de hacer memoria: fue Alucard quien la rescató en el incidente con el sacerdote.

Esa hermosísima noche, como le escuchó decir por primera vez al que la rescató.

Fue su salvación, pero también su karma.

Meses han transcurrido ya desde ese instante: Ceras mantiene fe en saberse dentro de una pesadilla, pero cada vez más se interna dentro del cúmulo de actividades que le competen a los vampiros.

Mira, con desesperación, cómo toda la pesadilla va tomando forma: se mueve, presurosa y arremete.

Llamado de atención por parte de Alucard: Ceras pega un salto, asustada por salir de su ensimismamiento...

Alucard niega con la cabeza: era un caso perdido.

-No os quedéis más tiempo en el piso- Alucard la toma en brazos, haciéndolo como en aquella ocasión- Debéis tomar las cosas con calma: pronto vas a saborear la delicia de saberte una no-viva...

La recuesta en la recámara. Ceras le da la espalda.

La techumbre va bajando: los resquicios de luz dibujan los contornos de su cuerpo.

-"Estúpidos preceptos de humana: por poco, y la creería católica..."- piensa detenidamente el vampiro.

La cámara termina por cerrarse.


-Caso perdido, Alucard: te lo he repetido un sinfín de veces, pero tu obstinación no hace sino contraponerse a mis mandatos. He aquí los resultados...

Su mano enguantada se dirige con determinación hacia la caja de habanos: selecciona cuidadosamente el más apetecible y lo introduce con elegancia en su boca.

Par de chispazos y lo enciende: la humarela característica la envuelve.

-No lo creo así, Sir Integra: bastará un tiempo para que logre acostumbrarse.

-Dirás, hasta que le dé hambre...

-Lo de la sangre es lo mínimo por solucionar, mi ama: son otras cosas a las que hago referencia...

-Basta de enredos, Alucard: ve al punto. Me estás exasperando...

Alucard sonríe, macabro: le fascinaba el aire pétreo de Integra.

-Es cosa que la introduzca más en el mundo de los vampiros: no se dará ni cuenta cuando estará a mi lado, pernoctando en maravillosas noches de luna llena... Disfrutando de unos cuellos suaves para clavarle los colmillos...

-Eso suena más a una cita que a una misión, Alucard: déjame aclararte que estás aquí para disposición de la familia Hellsing.

-Mmm... Véola de excelente humor, mi ama: no suele hacer bromas desde hace un buen tiempo.

-Sois vos quien no habla claro, vampiro: cuidado con lo que está tramando esa mente torcida. Por mucho que sea un arma de la institución, es una muchachita de dieciocho años: no te la vayas a-

-Descuide, ama: sé a lo que se refiere y no tengo intenciones en absoluto. Es sólo un buen juguete: sólo busco entretenerme con él.

Integra sonríe: tanto tiempo con un monstruo... Nunca se dio cuenta cuándo fue que se había convertido en uno.

-Haz lo que se te plazca, Alucard: mientras sigas asesinando a los gouls y vampiros, nada tengo en contra de tu accionar...

Alucard hace una reverencia y se retira. Al momento en el que desaparece, Walter aparece con una taza de té: Integra se remueve en su asiento.

-Aquí está la taza de té que ha mandado a servirle, sir Integra.

Integra sonríe, sin decir motivos: Walter la mira, extrañado.

-¿Le ocurre algo malo, señorita?

-Walter, será prudente que cierres bien las puertas de Seras: creo que habrá algo de movimiento esta noche...

Walter frunce el ceño: estaba claramente molesto.

Un rápido brillo en sus ojos lo increpa: Integra no se siente complacida por las facciones de su rostro.

-Mis disculpas, sir Integra: haré lo que se me ha encargado...

Se retira del escritorio de su señora. Walter camina con paso firme por las escaleras, hasta que se encuentra con el retrato del Sr, Hellsing, abuelo de Integra.

-"Gracias a Dios, que no llegó a ver a su nieta en estas deplorables condiciones..."


Alucard llega a la habitación de Ceras, pero era algo tarde.

La habitación estaba vacía.

La busca por todas partes: no aparece.

Maldita sea: se arruinó la sorpresa.

Deseaba divertirse con ella un tanto, degustar de cosas distintas...

Tal vez, con buena suerte, ella le gustaría... Pero eso no era lo que le preocupaba.

Poco le interesaba lo que opinase al respecto: sólo quería tener sexo con ella.

No había limitación para él: el rey de los vampiros lograría pronto encontrarla en donde se hallase y concretar su plan, pero algo interno lo frenó...

-Demasiado niña...- masculló Alucard.

Con el cuerpazo de una mujer, pero con la mentalidad de una chiquilla de 10 años.

A veces, caía en la cuenta que no era gran cosa el vivir en Inglaterra: frente a tanta etiqueta y protocolo, los deseos inconscientes se veían en la mayoría vetados.

Se sentó en la cama de Ceras, algo enfadado con ella.

¿A dónde mierda se había ido, es que desconocía el hecho de que estaba encadenada a él? En vez de estar bartoleando por allí, debería estar en ese lugar: acostada, sumisa... A su merced.

Pero no se las llevaría tan limpias: en cuanto llegara, tendría que dar explicaciones por su conducta.

-Aún me perteneces, chica policía: no puedes irte así como así de mi lado...


Tal vez una salida por los alrededores la relajaría.

Su amo había estado muy distante esos días, así que no le haría falta su compañía.

Fue a una plazoleta cercana: se sienta en un banquillo.

Tantas cosas que han ocurrido en su vida: dieciocho años y su vida había tomado un giro de trescientos sesenta grados.

Gira su rostro hacia una pareja de enamorados... Besándose y amándose como si nada más importara en ese instante.

Celos, rabia, impotencia... Envidia.

Envidia porque, lo que alguna vez creyó casi banal, se ha convertido en una necesidad idílica...

El enamorarse y ser correspondido.

Por un monstruo: un monstruo que no tenía sentimientos ni corazón.

Enamorada del ser que la había convertido en esto: en un monstruo.

Maldecir y bendecir con igual gana.

Se agarra la cara con las manos, incapaz de poder seguir escuchando y dando cabida a la voz de su mente.

-Soy una imbécil: sé que jamás me corresponderá..., sé que jamás tendré el valor de decírselo.

Era un absurdo tan grande como la mansión que estaba frente de ella.

No deseaba volver, pero estaba esclavizada a rendir cuentas de sus actos.

Su vida era de otros, menos de ella.

La burda ironía: vivir a cambio de entregar la vida incondicionalmente.

Sonríe, cansada de verse confusa por sus propios pensamientos.

Sonríe, porque nadie más podía hacerle feliz.

Sonríe, porque nadie se daría la molestia de sonreír por ella.

Entra a la mansión: Walter va caminando por el lugar, cuando se encuentra con ella.

-Señorita Ceras...

-Muy buenas noches, señor Walter- Ceras le sonríe: es un hombre sumamente atento.

Una de las pocas personas que han tenido la decencia de ser amables y atentas con ella.

Bueno, tal vez era porque es el mayordomo: es su deber el hacerle la vida más fácil al resto...

Ahora que cae en la cuenta...

Existía una gran semejanza entre ellos dos.

-¿Le sucede algo, señorita Ceras?

-Mmm... No, es que no estoy acostumbrada a que me llamen por mi nombre...

-La fuerza de la costumbre, mi querida señorita: el puñal que mata lo innovador e inclusive lo lógico...

-Ciertamente... Muchas gracias, señor Walter: voy a mi recámara.

Ceras va avanzando lentamente en las escaleras, bajo la mirada atenta del mayordomo. La damita era de su agrado: era la única persona en la mansión que tenía la deferencia de tratarlo como un igual, la única persona que se dirigía a él como "señor".

-¿Por qué tanto escrutinio?: es la chica policía de siempre, Walter... ¿No me digas que te está empezando a gustar la chiquilla?

Walter sonríe, con los ojos cerrados: reconocería esa voz, aunque no deseaba reconocerla...

-No sé a lo que se refiere, señor Alucard: la muchachita podría ser mi nieta... No le tengo más que un aprecio paterno.

-¡Ja!, déjame reír: eres un hombre, Walter. Dudo que-

-No nos conoce a los ingleses, master Alucard- retomó la palabra- La muchachita es casi huérfana: no tiene a quién recurrir y ha vivido una serie de cambios en su vida de tamaño colosal...

-Uds. y sus compasiones: ¿quién entiende a los humanos?

-... He de recordarle, master Alucard, que la señorita Integra, vuestra ama, también pasó por lo mismo que la señorita Ceras. ¡Claro!, con la excepción que la señorita Integra conserva su naturaleza humana y está resguardada por un gran contingente de personas...

Walter mira por la ventana: el día está a punto de extinguirse frente a sus ojos.

Los rayos salmones enternecen las líneas de su rostro, otorgándole una imagen casi paternal.

Alucard seguía sin entender: era totalmente ajeno al sentir que expresaba el mayordomo.

-... Ceras debe luchar por ajenos, matando a monstruos y, en ocasiones, a personas que son inocentes: tiene una lucha interna, presionada por Sir Hellsing y por vos...

-La única presión que debería sentir es la de acostumbrarse lo más pronto posible a su condición de no viva: me hastié de escuchar tanta palabrería. Será mejor que vaya a tomar un poco de sangre...

El vampiro desaparece, furioso, ante los ojos de Walter.

Después de verificar que se había ido, esbozó una sonrisa en sus labios...

Cometido alcanzado.

-"Sólo hasta que os deis cuenta, Alucard: estáis caliente y presuroso. Mala combinación. Cuando tengáis la mente un poco más fría, puede que os ayude en algo... La jovencita necesita su tiempo"- pensó Walter.

Sabía que el vampiro estaba tras la chica de los cabellos rubios.

Hace ya mucho tiempo que la tenía en la mira, que la buscaba y la asía a su lado: bajo los ojos de la persona que estuvo peleando con Alucard codo a codo, no le era difícil suponer y deducir ciertos comportamientos del rey de los no vivos.

Además, el amor es tan lógico: por mucho que se desee ocultar, por mucho que sea un rey o inmortal: el amor se da en todos por igual.


Alucard bebe su copa de un trago: tanta tontería junta ya le tenían la garganta reseca.

Bonita manera de culminar con sus planes: ¡maldito sea Walter! Toda una lección acerca de la manera de entender sentimientos...

Tanto revoloteo de ideas en su cabeza lo hastía: tira la copa al piso, haciéndose mil pedazos.

¡Qué sentimientos ni qué ocho y cuarto!—

Al diablo con todo: él deseaba saber qué se sentía al tener relaciones con alguien...

Y lo iba a conseguir esa misma noche.

Continuará...