Vivir de recuerdos
III
-¿Pelear con monstruos, dice?...
-Exactamente- contestó madame Hellsing, con una mueca burlona al ver a tanto sujeto rudo, riéndose a más no poder de la explicación.
-¡Buena broma, capitán: ya llévenos a trabajar como nos ha prometido!
El tipo de la trenza dejó de mecerse en la silla.
Le miró de reojo, haciendo ver su aire de superioridad frente a la ignorancia de su batallón:
-No es ninguna broma: henos aquí para exterminar vampiros...
Silencio perturbador... Por poco rato.
Apenas y un instante después, se echaron a reír sin miramientos.
Integra muestra una pequeña hilera de dientes.
"... Ni se lo imaginan..."
-Pues bien: al escepticismo, démosle un poco de realidad... ¡He aquí a lo que deben confrontar!
Señala... ¿una pared vacía?
La risa es cada vez más estrepitosa: Integra enrojece de la ira.
Hace indicios a Walter, para que se acerque.
-¡¿Dónde se encuentra Ceras Victoria?!
-Mi señora: la desperté hace horas... No sé en qué demonios se está demorando tanto...
-¡¡ESPERE UN INSTANTE, MADAME INTEGRA!!
-Sí, sí: ¡no nos dijo que debíamos lidiar con fantasmas!
Risa aún más estrepitosa: la heredera de la dinastía Hellsing comienza a perder la cordura ante tanto bullicio.
De pronto, un golpe remece y acalla a todos los presentes.
Pip Bernadotte se incorpora, botando la silla a su paso.
-Dejen de hacer ruido...- musitó Pip, cortando con los dientes el cigarro que estaba fumando. Luego, se dirigió a Integra- Madame Integra Hellsing: soy de humor rápido, pero así como acepto de buena manera las burlas, no tolero las mentiras y embrollos innecesarios. ¡Si dice que nos debemos confrontar a vampiros, deseo una prueba AHORA!
-Cuidado con vuestro espeto, capitán...
Una voz retumba en el escritorio.
Todos quedan pasmados, cuando un ser traspasa la pared.
Se le ve únicamente el torso...
-Os dije que no os entrometieras, Alucard.
-Lo lamento, ama, pero es mi derecho el ver por quiénes mi velo será seguro...
Mira atentamente a cada uno de los que se encuentra en la habitación.
Su mirada recae en la única persona que no ha bajado la mirada: el hombre de coleta larga.
-... Y, por lo que veo, son pocos los que están capacitados para protegerla, como es debido...
-Lamento lo ocurrido, mi señora: le insistí, en reiteradas ocasiones, que no se apareciera por aquí...- se disculpó Walter.
-Bueno, eso era lo que deseabais: he aquí un verdadero vampiro.
Todos quedan pasmados, mirando detenidamente al ser no humano.
De pronto, pasos rápidos hasta el escritorio.
Victoria corría: se había quedado dormida.
De pronto, una sombra se interpuso en su trayecto.
Choca contra un cuerpo y cae al piso.
La sombra era conocida.
-A buena hora, chica policía...
Alucard le sonreía, con una fría máscara de naturalidad.
Ceras comienza a temblar.
De la nada, una mano afable se extiende enfrente de sus ojos.
-Bonjour, miladi...
Sostiene la mano.
Calidez: un sentimiento de nostalgia le invadió el cuerpo por completo.
Humano: el hombre que estaba frente a ella era un humano.
-Gracias...
La levanta del piso, encarando sus gestos.
El hombre le sonríe.
De pronto, se da cuenta de la real situación en la que se encontraba.
Suelta su mano rápidamente.
-Bueno, capitán Bernadotte: la muchacha que ve en este instante corresponde a un vampiro.
Ceras dirige su mirada hasta donde se encuentra Integra.
El muchacho le queda mirando, incrédulo.
-Primor, ¿es cierto lo que dicen?- le pregunta Pip, entre el bullicio de las risotadas, algo más comedidas con la presencia de Alucard.
-... Sir Integra, ¿es necesaria esta exposición tan bochornosa?- pregunta tímidamente la chica policía.
-Es necesario, Ceras... Escuchadme bien, todos: a los enemigos que debéis confrontar, os servirá la recomendación que os diré...
Integra toma un puro y lo fuma deleitosamente.
-Vuestros enemigos: ora con apariencias monstruosas, ora humanos, inclusive. La apariencia es de lo que más os debéis mostrar escépticos. Por favor, Ceras- su mirada se clava en ella- Dadles una demostración de lo que os he dicho...
-De acuerdo, Sir Integra...
Iba a colocarse en posición de maniobrar algo.
Alucard muestra un gesto de burla.
Pip comienza a reír sin miramientos, aumentando la burla de sus compañeros.
-¡¡Ja, ja, ja, ja!!: esto es increíble... Si esta linda mozuela es un vampiro, ¡yo soy frankestein!
Se acerca a ella, con intenciones no muy puritanas.
Ceras se va hasta la pared, algo intimidada.
No deseaba pelear contra nadie...
De pronto, se percata del cariz de su maestro.
Burlón, sarcástico: apoyado indolente en la pared.
Después de tantas cosas que le había hecho, sin poder sacar la confrontación suficiente para espetar fuertemente su "no".
El "no" que se escondía en su corazón: esa rebelión contra todos los preceptos a los que estaba sumergida.
Empuñó las manos con fuerza: detestaba tener la misma actitud de niña indefensa.
Todos quedaron callados... Con un movimiento de manos, hizo volar unos metros al francesito: quedó con la nariz sangrando copiosamente.
-¡¡E-ESO ES UN MONSTRUO: UN MONSTRUO!!
De pronto, toda la ira que desfogó en ese golpe la llenó de frustración.
"Un monstruo"...
Se incorpora, con la mirada vacía, hasta donde se encuentra Integra.
-Perfecto, Ceras: puedes retirarte...
Asiente, con los ojos opacos.
El muchacho francés la queda mirando: un tul en su rostro se posó.
Se retira sin decir más: sólo observa la entornación de ojos del vampiro, cuando la ve alejarse.
Se veía sumamente herida, triste... Desconsolada.
-¡Capitán, ¿se siente bien?!
-Si, ¡sí, por supuesto! No fue nada...
-Por supuesto que no lo fue: la chica es del eslabón más bajo en lo que a vampiros respecta...- asiente Alucard, con la misma sonrisa fría- Mis disculpas, sir Integra: me retiro... Con su permiso.
Desaparece por la misma pared, dejando a todos los hombres presentes sin una mínima pizca de duda frente a lo que les decía.
El capitán Bernadotte se incorpora del suelo.
Eso sí que no se lo esperaba.
Va hasta su habitación.
Cierra la puerta: tapándose los oídos.
Las voces en su cabeza eran ensordecedoras: cada vez, con más furia...
-¡¡Basta, ya déjenme en paz!!
De un puntapié, bota la mesa y todo lo que contenía fue a dar al suelo.
Las lágrimas eran inevitables: era incapaz de comedirse. Sus sollozos llenaban la habitación de lástimas y lugubrismo casi intolerable.
Golpes en la puerta: terminó espetando sin recato:
-¡¡Déjenme en paz: estoy bien!!
Los golpes cesaron.
De pronto, la puerta comenzó a abrirse lentamente.
Era el muchacho del escritorio de Madame Integra.
A pesar del portazo, la puerta se quedó abierta...
Dejó de sollozar: sólo respiraba lentamente, tratando de calmarse.
-¿Qué quieres?
-Eh, yo sólo... Bueno: escuché unos ruidos de cosas al piso. Ya que, mi habitación está cerca de la tuya...
Ceras se incorpora, sin dar señales de querer seguir escuchando sus explicaciones.
-... No va a ocurrir otra vez, ¿contento?
Tragó saliva: esa no era la muchachita linda de hace unos minutos atrás.
-Ya, está bien: no tienes porqué alterarte...
-Bueno, tú entenderás que los "monstruos" no sabemos mucho de comedimiento...
Se rasca la cabeza: se le soltó un poquitín la lengua...
Como de costumbre.
-Lo siento mucho: no era mi intención-
-¿Herirme? Descuida: sé perfectamente que, al acercarte a mí, no era tu intención el herirme; sólo el "propasarte"...
-Je, je, je: no te asustes. Eso no significa que siempre sea así...
-Yo no me asusto: demás te quedó claro, al ver cómo te dejé... La puerta está abierta.
Se sienta en la recámara, limpiando el desorden que había dejado con su arranque de ira.
Pip comienza a reír solapadamente: Ceras le increpa con la mirada.
-¿Qué es lo tan gracioso?
-Pues, ya que lo preguntas...- el muchacho coloca el pie en donde se encontraba sentada- Nunca esperé que siguieras tan al pie de la letra tu vida de vampiresa...
Ceras se percató de lo que decía: el cajón mortuorio...
Enrojece de la ira: toma el plato y está por tirárselo a la cabeza.
-¡Vete ya, DEGENERADO PERVERTIDO!
-De acuerdo, de acuerdo...- de improviso, toma su mano y le da un beso en el dorso- bonsoir, mancherri
Se retira de la habitación, ante una pasmada Victoria.
Todavía tenía extendida su mano: todavía sentía el escozor de sus labios en su piel.
Retira su mano de inmediato: se la toma, desentendida del rubor en sus mejillas.
-E-es sólo un tonto pervertido...
Pip va saliendo de su recámara, cuando siente un frío desgarrador por su espalda.
-¿Qué haces, humano?
-¡Ah, cresta!- masculló, al ver aparecer por la pared al vampiro.
-Na, na, na: así no podéis referiros en la mansión Hellsing. Dais mala fama a los ingleses...
-Soy francés...- espetó, con algo de molestia: existía cierto dejo de petulancia en cada una de las palabras del vampiro.
-Entonces, ¡da igual!- dijo Alucard, con una sonrisa. Desaparece de entre las paredes, dejando ecos en el pasillo-... Sólo no te le acerques.
Pip frunce el ceño: algo raro ocurría allí, en esa mansión.
¡Bueno, bueno!: para qué engañarse. Todo era raro, todo era de locos de patio, pero existía algo que no le gustaba...
Esa muchacha: todavía no dejaba de pensar en ella.
En sus ojos rojos: dulces y amargos. Escalofriantes como la sangre...
Y la sobre protección del tipo chupa-sangre: todo un misterio.
Alucard entra en su habitación: la muchacha estaba durmiendo.
Las luces van descendiendo en intensidad, hasta que se apagan por completo.
Sólo la luz de luna bañaba su cuerpo, cubierto por las sábanas: la compuerta abierta...
Le estaba esperando.
Tenía las mismas ganas de siempre: sólo que deseaba mirarla...
Un poco más...
Ceras abre los ojos: observa a Alucard.
-Maestro...
Va quitándose la ropa: se introduce en la cama de ella.
Comienza a besarla con desenfreno: acaricia cada parte de su piel y la afirma con fuerza.
Victoria se le queda mirando, con preocupación: ¿por qué la acariciaba?
Se incorpora encima de ella: besa sus labios con más determinación que nunca... Sus manos estaban cada vez más aferradas a su piel, pero era un sentir muy distinto.
Apenas y comenzó el movimiento, Victoria comenzó a gemir.
No lo deseaba, no quería sentir placer: la implicancia de lo que acarrearía todo ello era muy desgarradora.
Como nunca antes, llevó una mano hasta su nuca, incentivándole a aumentar el ritmo.
Era demasiado para él: se introduce con vehemencia, haciendo que Victoria gimiera más alto que nunca.
Tapa sus sonidos con la boca de él: los movimientos eran cada vez más profundos.
Alucard tensa el cuerpo por completo: se derrama en ella, dando el último gemido en el resquicio de su cuello.
Ceras estaba desesperada: deseaba llorar...
Había sido maravilloso: pero todo tenía su término.
Alucard se incorpora de la cama: va abotonando su camisa y su chaqueta, sin dar explicación alguna.
Se levanta de la cama: Ceras intenta hacer lo mismo, pero un fuerte mareo la hace caer al piso.
El vampiro cae en la cuenta: camina hasta donde se encuentra y la toma en brazos.
-Te lo he repetido ya: deja tu obstinación absurda y comienza a alimentarte.
La lleva hasta su cama: con un movimiento de mano en el aire, la cubre.
-Y otra cosa más: ni se os ocurra acercarte al franchute ese...
La chica policía se le queda mirando, extrañada.
Alucard se hinca y vuelve a besar sus labios profundamente.
Al incorporarse, ve el leve sonrojeo de sus mejillas.
Como aquella vez...
-Así me gusta...- musita Alucard, mostrando una perfecta hilera de colmillos- que duermas bien, chica policía...
Apenas y se despide, desaparece de la habitación.
Era extraño: la muchacha se toca los labios, sintiendo por primera vez algo más que deseo en las actividades nocturnas.
Sabía a salado.
Tristemente, tenía en consideración el hecho de que no era la única: era de saber universal en la mansión que el vampiro estaba sosteniendo una relación con la mandamás de la institución Hellsing.
Sir Integra Hellsing: frente a ella, ni siquiera le alcanzaba el título de rival.
Por eso sufría: el sentir que sólo le buscaba para sentir el vacío de pertenencia que no lograba llenar con nada.
Armas nuevas, toda la sangre que pudiese beber, los monstruos a los que desee confrontar...: ¡pamplinas! No era libre: era parte del arsenal de Integra, como todos los pertenecientes a la institución.
... En cambio, ella: la niña tonta e inocentona de la guarnición de soldados, enamorada hasta las patas del único ser en el planeta que no se fijaba en ella.
De un momento a otro, la mirada sarcástica se tornó en una de posesión: deseaba que fuera suya...
Su juguete: totalmente suya.
Y lo obtuvo.
Ella se le entregaba con el corazón, aunque en ella sólo viese un rato de deleitoso ejercicio sexual.
-Lo quiero, maestro: estoy enamorada de Ud.
Sus palabras se las llevaba el viento: se tapa la cara, para intentar contenerse.
No sabía que alguien la estaba mirando.
Continuará...
