Capítulo 2: Rama asiática.

Un muchacho de cabellos platinados se encontraba entrenando con, lo que era al parecer, una chica. Ya habían pasado bastantes días -incluso se atrevía a decir que un mes- desde que había perdido su inocencia, y lo peor de todo -que por cierto, no era el hecho de que aún no la podía recuperar- era que no había visto el hermoso rostro de la persona que más amaba. Lavi.

-¡Walker!-un fuerte golpe en el rostro lo mandó volando hacia la pared contraria, haciendo una gran abolladura.- ¿Qué te pasa, Walker? Estás muy distraído, si sigues así te terminare matando.

Los ojos del albino se pusieron blancos y una gota cayó detrás de su cabeza, y es que sabía que no mentía.

"A veces Fou da mucho miedo" pensó.

-Bien, tomemos un descanso.-suspiró la chica para después introducirse en una pared.

-Sí, creo que tienes razón.-dijo poniéndose en pie para marcharse a la cafetería, pues comenzaba a tener hambre.

Como de costumbre la mesa se encontraba llena de platos de comida que, aunque costaba trabajo creerlo, eran para el joven peli plata. El chico se echó el primer bocado y a los pocos segundos apareció una joven de trenzas acompañada por otros dos hombres, colocándose frente a él.

-Buenos días, Allen-kun-sonrió la chica.

-Buenos días, Lou Fa-le devolvió la sonrisa para continuar con el siguiente platillo.

Y así siguieron conversando hasta que la ciber chica apareció gritándole a Allen que el descanso había terminado, y que dejara de holgazanear, casi iniciando una batalla en el lugar.

El otro, resignado, suspiró y la siguió. Sin lugar a dudas, aquel día sería bastante largo.

La luna se comenzaba a asomar y la chica ya comenzaba a mostrar rastros de cansancio.

-¿Por qué no lo dejamos por hoy?-sugirió mientras veía como la silueta de alguien se aproximaba.

-Bien, bien. Buena decisión.

Y de un momento a otro Fou ya había desaparecido. Sin embargo, dirigió su mirada de nuevo hacia donde momentos atrás se encontraba la figura, pero ésta ya no se encontraba. Inquieto activó su ojo izquierdo pero no vio nada fuera de lo normal, suspiró algo cansado.

"Tal vez este alucinando"

-Walker-escuchó la voz de Bak atrás de él haciendo que soltara un pequeño salto.

-Bak, no vuelvas a salir así.-dijo mientras entre cerraba los ojos.

-Bueno, traigo lo que me pediste.-mostrándole unos documentos, los ojos del joven se iluminaron y un inexplicable brillo apareció en ellos. Encarnó una sonrisa para después tomar la palabra.

-Bien, vayamos a mi habitación.

Los tenues rayos de la luna se colaban por la ventana iluminando a los dos presentes, el menor tomó la carpeta que hasta hace poco yacía entre las manos del rubio.

-Allen…-le nombró antes de que la abriera.- Antes de que lo leas tengo que decirte algo.

De un momento a otro el rostro del adolescente se tensó frunciendo las cejas formando una sola, su corazón comenzó a latir pesadamente, como si temiera lo que Bak estaba a punto de decirle. Miles de ideas se atravesaron en su mente, desde la más irónica hasta la que le daba más temor. Que Lavi hubiese muerto.

Aunque de cierta forma, era cierto que Lavi había muerto.

"Aléjate de esas ideas tontas"

-Y bien…-el chico sonrió de manera tranquila, cosa que también lo hacía para tranquilizarse él solo.

-Bueno,-viró la mirada tratando de buscar las palabras correctas- no se sabe nada de él poco después de que te trajimos aquí.-su rostro se tensó de nueva cuenta.

-Eso quiere decir…-sus ojos comenzaban a cristalizarse y a salirse de órbita.

-Él no está muerto.-le aseguró al ver la reacción de Allen, aunque el chico no le había comentado nada acerca de su relación con el joven Bookman, más o menos se lo imaginaba.- Es cierto que no se sabe nada, pero eso no significa que haya muerto.

-Gracias…-sonrió débilmente.

"Eso es… un gran alivio"

Al poco tiempo se marchó de la habitación el chino dejando solo al albino. Su plateada mirada se ubicaba directo a la ventana observando a la luna.

-Lavi-susurró el nombre de su amado- ¿Dónde estás?

Y las lágrimas comenzaron a caer mientras con sus dedos delineaba sus labios, cerró sus ojos y trató de recordar cada caricia, cada tacto con aquella suave piel.

-Lavi…-volvió a susurrar mientras apretaba su puño derecho y fruncía las cejas- Maldición, Lavi… tienes que estar vivo… aún no te he dado permiso para morir.