-¿Seto?- me preguntó Hikaru sorprendida por la visita repentina y pasé a su sala con la cabeza gacha y la mirada caída, sin responderle.

La chica cerró la puerta y acercándose en el sofá donde estaba sentado, se agachó para levantarme el rostro por el mentón... y en ese momento la vi más hermosa que nunca.

-¿Qué sucedió?

-He recibido la peor humillación de mi vida...

-¿Cómo así?- cuestionó extrañada.

-No merezco ser el mejor jugador del Duelo de Monstruos.

Hikaru creyó entender mi actitud.

-¿Quién te derrotó, Seto?

La observé señalando su rostro y la chica se sorprendió.

-¿Yugi?- preguntó extrañada y asentí -¿Y por eso te sientes mal?

La observé sorprendido y se sentó a mi lado tomándome las manos.

-En la vida hay momentos en los que se disfruta la victoria y otros en los que el fracaso es para quienes lo experimentan la peor tragedia de la vida; si todos tuviéramos la capacidad de ser perfectos, la victoria y la derrota no existirían y los seres humanos seríamos conformistas, monótonos y engreídos.

-¿Qué me quieres decir con ello?

-No sé si conoces que la derrota es el mejor triunfo para la autosuperación...

-Son las palabras de quienes nunca han experimentado la gloria de la vida.

-No necesariamente...

Me extrañé y la joven acomodó su cabello detrás de sus orejas.

-De todos modos, trata de tomar la derrota que has tenido con Yugi como una prueba de que necesitas mejorar tus capacidades... tal vez fue suerte de principiante la que tuvo con un experimentado jugador como lo eres tú, pero aún así ¿por qué si dices llamarte "el mejor duelista" en ese juego de cartas, Weevil Underwood es el mejor duelista del hemisferio oriente?

Recordé a ese chiquillo de gafas que utiliza la técnica de los insectos en su juego de monstruos y desvié la mirada.

-No puedes decir que eres el mejor a menos de que lo hayas demostrado públicamente; así que la derrota que tuviste con Yugi es algo que estás tomando muy a pecho sabiendo que ante un público pocos son los que te conocen como jugador del Duelo de Monstruos... siempre te han conocido como el Gerente de Kaiba Corp., es todo.

-Hikaru... Maximilian Pegasus me ha enviado una invitación al Reino de los Duelistas como participante en su juego... eso quiere decir que soy un "reconocido" duelista de ese juego de cartas.

-Pegasus te la obsequió por que ustedes hicieron un convenio para lograr que el juego sea llevado hasta otros extremos... y ha notado que eres un buen jugador en el juego que él diseñó. Recuerda que no sólo le ha brindado la invitación a quienes son reconocidos como expertos sino a quienes tienen la capacidad de ser buenos jugadores.

-De todos modos no pienso participar...

La chica suspiró hondo.

-Si esa es tu decisión... yo no puedo persuadirte para que asistas... lo único que te digo es que al igual que tú, Yugi también ha sido invitado- comentó Hikaru y se tornó preocupada -Y eso que él no es reconocido en el Duelo de Monstruos.

-¿Yugi estará en el Reino de los Duelistas?

-Eso fue lo que me dijo la última vez que hablé con él.

-Bien por él...- comenté a manera de sarcasmo y Hikaru me observó irónicamente cuando se acordó de algo.

-¿Deseas algo de tomar?- se levantó del asiento cuando la noté detenidamente.

-No deberías estar vistiendo ese tipo de atuendo en mi presencia- comenté haciéndole notar que estaba en pijama y la chica se ruborizó mordiéndose el labio inferior.

-No era mi intención... ¡llegaste de sorpresa!

Sonreí.

-Entonces... ¿qué piensas hacer?

Medite unos instantes.

-No participaré... dedicaré este tiempo para mejorar mis habilidades como duelista.

-¿Deseas practicar desde ahora?- me invitó la chica y la observé con malicia.

De repente, recordé a su primo hermano y el extraño objeto que llevaba colgado de su cuello.

-Hikaru, ¿qué es el objeto que Yugi lleva colgado de una gruesa cadena?

Sentí que la chica se tornó nerviosa.

-Es un artículo egipcio que el abuelo le regaló- contestó -Se llama "Rompecabezas del Milenio"

Al mismo tiempo, remembré a su abuelo materno y me sentí incómodo.

-Hikaru... tengo que comentarte algo que no es nada agradable... y espero me perdones.

La chica me observó con mirada penetrante.

-¿Qué sucede?

-¿Tú sabías que tu abuelo poseía otra de las cuatro cartas del Dragón Blanco Ojiazul?

-Sí- me contestó -Un amigo de expedición se la regaló hace muchísimo tiempo, por lo que tiene un gran valor sentimental para mi abuelo... ¿cómo sabes eso?- La chica reaccionó enseguida -¡¿Cómo así que "poseía"?

Bajé la mirada, tratando de pensar en las palabras que le iba a decir, y le explique lo que había sucedido, mientras ella me miraba cambiando su ademán a gestos que no sabía interpretar.

-¿Por qué tuviste que romper la carta, Seto?- me recriminó con una mirada de enfado y desvié la mirada.

-No podía permitir que otra persona ajena a mí tuviera esa carta tan poderosa... aunque mis ilusiones se echaron abajo cuando Yugi colocó la carta más poderosa del Duelo de Monstruos.

Hikaru sonrió levemente.

-Exodia el Prohibido.

Aprobé frustrado y le tomé las manos con fuerza.

-Te pido una disculpa por haberle hecho daño a tu abuelo... cuando perdió el duelo contra mí se empezó a sentir mal y empeoró cuando tomé la carta.

-Perder algo valioso nos vuelve vulnerables y nos hace sentir mal por no haberlo cuidado como era debido; el abuelo se sintió mal porque falló en su promesa de proteger la carta y cuidarla como un tesoro a su amigo arqueólogo.

-¿Tan mal se puso para tenerlo que llevar a un hospital?

-La edad, Seto- me recordó la chica –La edad... tú también te sentirías mal si a Mokuba le sucediera algo, ¿no es así?

-¡Ni lo menciones!

-Me estas dando la razón entonces. Yo también me puse de esa manera cuando te entregué mi carta del Dragón Blanco de los Ojos Azules puesto que me la había regalado mi abuelito.

Permanecí en silencio unos instantes.

-¿Me perdonas?

La chica sonrió y me abrazó con fuerza.

-Lo importante es que no le ha sucedido nada grave... ¿quieres algo?

Miré directo a su pequeña cocina y le propuse algo.

-¿Qué te parece si hacemos galletas?- le sugerí.

-¿Sabes cocinar?- cuestionó asombrada y le observé irónicamente.

-No todo en esta vida es negocios y duelo de monstruos- respondí y me levanté del asiento directo hacia ella –Aprendí algunas cosas con mamá cuando estaba viva.

En ese momento el celular sonó y lo contesté pasadas dos timbradas...

... las cosas en Dominó se habían complicado... Mokuba había sido secuestrado...