Esta vez despierta en un cuarto que le es extraño. Está sobre un colchón en el piso y todo está iluminado por una luz ambigua, odiosa luz de sol que viene desde una ventana a su izquierda. Es de día, en un cuarto desordenado, el piso cubierto de ropa sucia, hojas sueltas, discos compactos. De la pared cuelgan afiches y dibujos superpuestos. Los afiches tienen tonos oscuros, rasgos que parecen de cuerpos deformes, y en muchos de ellos abundan las manchas rojas, como salpicaduras. Es difícil de distinguir lo que representan los dibujos, lo único evidente en ellos es la furia de los trazos que los componen. Hacia sus pies ve otra cama, más grande. Ella se siente mareada, su cuerpo adolorido y golpeado. Lleva ropa ajena, una piyama gris y ancha, y un pequeño medallón en forma de flor de loto en el cuello. Hacia su cabecera hay un gran escritorio de fierro y ruido de alguien trabajando sobre él. La mesa está cubierta de papeles desordenados, libros antiguos y algunos amuletos de hueso y fierro. Ve la espalda de una chica vestida de negro con cabello lacio hasta los hombros, que se mueve como escribiendo de forma rápida y agresiva. De pronto, voltea.

-Ah, al fin despertaste- dice con tono indiferente sin interrumpir su labor, mirándola con sus ojos maquillados con gruesas sombras negras.

-¿D-donde estoy?- pregunta la nueva.

-Estás en mi guarida y serás mi sacrificio humano.

-¿Cómo? N-no, debe haber un error... Yo estaba en la Academia Cross...

-¿De qué hablas? Te saqué de la cisterna en donde te echaron las demás. ¿No me lo vas a agradecer?

-Ah... Gracias... Fujiro Kanako, ¿verdad?

-Ve a bañarte. Sigues asquerosa.

La invitada se da cuenta de que su cabello blanco sigue manchado de lodo y se sobresalta. Empieza a intentar desligar el sueño de la realidad mientras se pone de pie y entra a un baño de lozas amarillas entre las que advierte suciedad antigua. Se saca la piyama ajena y entra a la ducha. Se da cuenta de que nunca había estado antes tan sola como para ser recogida por una perfecta desconocida. Mientras sale, escucha la voz de Kanako.

-Oye, Shirogawa... Ponte el uniforme que está ahí en la esquina, que el tuyo se tuvo que lavar. Y apúrate, que ya se hace tarde.

Este uniforme también es ajeno, de hecho tan ajeno como el primero, el cual había tomado de un armario en el colegio. Igual que su nombre, Shirogawa Yuri, y el medallón de la alumna desaparecida en su cuello, todo prestado. Se pone la ropa y sale a comer con Kanako, su padre y su hermano en una cocina pequeña. Los hombres llevan cabello lacio y corto, y son altos, el hermano más que el padre. Yuri le estima unos dieciocho años.

-Oye, ¿cómo te dejaste engañar por esas imbéciles?- pregunta la anfitriona con desprecio, ahora también vestida de uniforme y comiendo su arroz.

-¡Kanako!- gruñe su padre.

-¿Qué pasa, papá?

-Me empujaron- miente Yuri.

-Esas chicas son unas abusivas- dice el hermano.

-También andan diciendo- añade Kanako- que Shirogawa es un fantasma o un chupasangre...

-¡Kanako, no empieces otra vez con tus cuentos!- grita el padre.

-Oye, no lo inventé yo...

-Hace años que no traes una invitada, podrías comportante un poco por esta vez.

-¿No depende de mí cómo trato a mis invitados?

-No, no depende de ti.

-Shirogawa-san, ¿verdad?- dice el hermano- No te enfades, es sólo que ya no estamos acostumbrados a recibir a nadie. Pero eres bienvenida, de verdad.

Yuri se siente halagada por el calor del hermano. De veras, siente el calor de su sangre impregnar sus mejillas sonrojadas, siente su corazón bombeándola. Le apetecería bastante más que el arroz insípido que le han servido y sólo mastica por cortesía. Pregunta:

-Ah... y... ¿podría quedarme otra noche más?

-Por supuesto, no te preocupes- sonríen el hermano y el padre al unísono.

-Bueno, ya nos tenemos que ir al colegio- declara Kanako, poniéndose de pie rápidamente.

La casa es rodeada por una calle desolada. El cielo se ve aun más amplio por lo bajo de todos los demás edificios cercanos. Sobre ellos empieza a caer la primera nieve de este invierno. Las chicas la atraviesan cubiertas en abrigos negros con capuchas.

-Bueno pero, ¿es verdad o no?- pregunta Kanako repentinamente.

-¿Qué cosa?- responde Yuri desconcertada.

-¿No eres un espectro?

-¡N-no!- chilla Yuri asustada- Soy una chica normal, como todas ustedes...

-Ah...-gruñe Kanako decepcionada- y ¿qué es eso de la Academia Cross?

-Ah... Sólo sé el nombre...

-¿Qué?

-Mi... Mi hermano se fue para ahí. Es un internado. Quiero encontrarlo.

-¿Por qué? Déjalo estudiar, nomás...

-No. Necesito verlo.

-¿Cómo se llama tu hermano?

-Ah... Kaname- es el primer nombre que le salta a la mente.

-Pues tendrás que averiguar alguna otra cosa si quieres encontrar a tu hermano Kaname. El nombre no te sirve de mucho. Yo empezaría por buscarlo en internet.

Deben caminar con cuidado para no resbalar sobre la pista helada. Finamente llegan a las grandes escalinatas de la escuela nocturna. Entre la cortina blanca que cubre el mundo, la sombra del monte Karasuyama desaparece a la distancia. Las chicas pasan por entre las grandes estatuas, entran al recinto abrigado y se sacan sus capuchas cubiertas de nieve. En el pasillo, Yuri nota la gran vitrina con reliquias de la era Azuchi-Momoyama. Contiene una gran katana, con el símbolo de los cinco murciélagos en su guarda.

Las clases de la escuela nocturna comienzan a las cinco de la tarde. Yuri se vuelve a sentar al fondo del salón, y Kanako, junto a la ventana; pero esta vez no pasan del todo desapercibidas. La nueva responde al nombre de Yuri como de costumbre, participa en clase como puede.

-Shirogawa, ¿la aorta es una vena o una arteria?

-Ah... Prefiero la yugular, sensei.

-¿Qué?- se sobresalta el profesor desconcertado- Esa no fue la pregunta, Shirogawa. ¿Qué es la aorta?

Maria responde lo que cree que el profesor espera y se queda observando las yugulares de sus compañeros hasta que llega el recreo, y apenas se da cuenta cuando casi todos los demás ya han salido, mientras las chicas se acercan a su sitio y Kanako no está por ninguna parte.

-¿Qué tal dormiste, Shirogawa?- empieza la líder.

-Ah...- murmura Yuri confundida- Bien, gracias...

-¿Te gusta el lodo? Podemos conseguirte más- ríe una segundona del grupo.

-Es un monstrito, los huecos oscuros son su casa.

-Hablando de monstritos, parece que las muertas se intentan unir.

-¿Realmente quieres acabar en el mismo saco con Fujiro Kanako?

-Pobre tipa...

Yuri deja de escuchar. Siente una tensión en su cuello, una corriente recorrer el pendiente que lo rodea. Las chicas alrededor de ella sólo hablan, no harán nada más que hablar en el salón, pero hay algo más que palabras, un llamado más intenso, un ruido ensordecedor e inaudible que le llama desde lejos. La nueva se pone de pie y mira más allá de sus compañeras, las cuales empiezan a gritar y se interponen en su camino, pero ella continúa avanzando impasible con los ojos clavados en un punto fijo, hacia la ventana, hacia afuera, hacia el monte Karasuyama.