Ha sentido el medallón vibrando en torno a su cuello desde que pisó el primer escalón de piedra. El aire fresco, el olor de los cedros golpean su nariz y su cerebro, como una señal, como algo conocido. Aquella silueta oscura del pico podría ser lo que la está llamando, pero no está segura. Siente el llamado cada vez más fuerte, como electricidad que alerta todo su cuerpo y la enciende, pero no sabe de dónde viene, no encuentra cómo calmar su ansiedad. Sabe que la dueña del medallón está muy cerca, pero no sabe dónde. Sus manos la llevan hacia una fotografía que es de ella, pero no la reconoce. ¿Quién es esta persona? ¿Qué es lo que la ha traído hasta acá? ¿Quién es ella misma?
El día se termina, pero entonces divisa la figura del sacerdote junto a la linterna de piedra. El viejo le cuenta que el espectro de la montaña es un karasutengu, un ser que nació en busca de venganza de guerras antiguas. Le cuenta que Hirose fue escogida, y que si ella lleva el medallón, es porque ha sido escogida también. Para las que han sido escogidas, no hay vuelta atrás. Ella comprende y siente por fin el llamado con mucho mayor claridad. La oscuridad deja que sus ojos vean con nitidez y discierna que su camino la lleva hacia el bosque. Siente que Fujiro Kanako la intenta seguir, pero no puede detenerse por ella. Siente que está a punto de recibir respuestas. Pasa por sobre las rocas y raíces, por entre los altos troncos rugosos de los cedros, y ve cómo los cuervos empiezan a rodearla, a seguirla. Estas no son aves, ni tampoco son espíritus humanos. Revolotean ruidosamente, formando una nube negra a su alrededor, y luego se posan en los árboles. Están quietos, sombras inmóviles, pero en toda dirección. Sin embargo, ella logra distinguir la mirada de uno en particular. Y un nombre: Shizuka Hiou. No es una voz, es apenas un susurro que puede sospechar en lo profundo de su propia mente, como si lo estuviera soñando, pero enteramente real.
"Shizuka-sama, al fin ha venido a nosotros. Sabía que no se olvidaría de mí. Siempre confié en usted, en su gran misericordia, en que nuestro amor sería indestructible, Shizuka-sama."
¿Es de ella de quien están hablando? Sí, hundida en su sangre, siente que ese amor ha existido, que ese hombre que le habla ha sido suyo alguna vez. Recuerda su rostro pálido y tierno, el sabor amargo de su sangre. Recuerda huir de su mano en la oscuridad, dejando todo atrás, por un absurdo capricho suyo que acabó con su vida y se convirtió en su única razón de ser. Ella lo amaba cada día más y sentía que con cada uno de sus actos lo destruía otro poco. Son recuerdos vívidos de antiguas y oscuras noches de invierno.
Una lágrima amarga rueda por su mejilla, y siente el nudo de dolor en su garganta, de aquel dolor que sospechaba, que no sabía que estaba ahí. Pero cómo es posible, se dice María, si yo toda mi vida he vivido con mis padres. Mi infancia como hija única, mis caídas y enfermedades, mis padres, mis primos, mis años en la misma habitación... ¿No soy acaso María Kurenai? Pero sabe que no existe una sola respuesta a esa pregunta, y que también es Shirogawa Yuri, y también Shizuka Hiou.
"Me he vuelto uno entre muchos, Shizuka-sama, pero mi amor hacia usted sigue vivo por siempre. Todos sabemos que usted puede ayudarnos a conseguir nuestra venganza. Será usted la que ayude a consumar el destino."
El placer de la sangre compartida, la emoción de vivir en la clandestinidad, la impotencia de perderlo. Son recuerdos intensos pero entrecortados, viñetas sueltas que sólo sugieren una historia. Reconoce que ha sido otra, pero apenas empieza a vislumbrar aquella otra vida, y no se imagina por qué es también suya. Sin embargo, recuerda intensamente la sangre de aquel hombre en la nieve, su desaparición, el miedo que siempre le tuvo a su rencor, y comprende que él tampoco debería estar aquí. Ahora, los cuervos le piden una respuesta, pero ella misma no ha encontrado las respuestas aún.
-Antes de eso... Necesito saber... Necesito llegar a la Academia Cross. Necesito saber qué hay ahí.
"La llevaremos a donde necesite, Shizuka-sama. Porque su destino es mi destino, y mi destino es nuestro destino."
Sabe que sólo ahí, sólo en ese lugar tan señalado podrá empezar a resolver el nudo de sí misma.
"Para tal fin, necesitamos un sacrificio de sangre. Un sacrificio que sabemos que usted también desea. Todos somos bebedores de sangre."
El espectro susurra en su cerebro las condiciones, palabras retorcidas de traición y muerte, y ella sabe que no tiene otra salida, que esta y ninguna otra era la llamada que escuchó todo este tiempo. Sea lo que fuera que le pidieran, no hay vuelta atrás.
-Sí, lo haré. Acepto el trato.
