Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo sólo me divierto&juego con ellos. ^.^

De viaje sin amor

Sin salida

-No sé, pero que es… ¿Eso? –se escuchó una voz, rasposa, retumbando en los oídos de la rubia chica que estaba en este momento esparcida por el piso, con sus cabellos desordenados, como si se tratase de un trapeador.

-Creo que… -una voz muy diferente a la primera fue la que se escuchó anteriormente, hablo, y luego de que su voz des penetró en los oídos de la joven siguió un ligero silencio-. Es… bueno, aquí no dice nada de un objeto tan… extraño –esa última palabra fue pronunciada de un modo tan raro, lograr que su voz sonase rasposa en comparación de lo dulce que era.

-¿Qué hacemos entonces? –se escuchó una tercera voz, esta vez era una voz un tanto nasal.

-¿Se la llevaremos a la Reina Roja? –preguntó la segunda voz.

-¡No! –casi grito la tercera voz-. Está bien que no sepamos qué es, pero tampoco merece una tortura por ello. Pobre… objeto.

-Victoria tiene razón –dijo la primera voz.

-¿Entonces, lo dejamos tirado ahí, James? –preguntó, aparentemente Victoria.

-No… hay que llevarlo a algún lado, esconderlo –respondió el tal James.

Cuando el tercer integrante de la conversación iba a dar su punto de vista, se escuchó un gemido que hizo que los tres aludidos voltearan su extraña y desfigurada cara hacía Rosalie que se estaba intentando levantar con los ojos aún cerrados y sus cabellos sobre su cara.

-¿Qué hacemos? –preguntó secamente Victoria mirando a Rosalie desde su pequeña altura.

Rosalie se paro por completo cuando la chica termino de formular su pregunta. Su altura era muy alta comparada con los 20, 23 y 25 cm. de altura de Victoria, Laurent y James, respectivamente.

-¿Qué es esto? –pregunto la rubia en voz alta, mirando hacia todos lados. No estaba enfocando nada específicamente, pero todo era tan raro que no podía evitar querer mirar todo al mismo tiempo.

-¿Qué eres tú? Más bien –pregunto Laurent con su voz prominente voz nasal.

-¿Quién dijo eso? –preguntó Rosalie, un tanto alarmada por no encontrar a alguien de quien hubiese provenido la voz.

-Yo –dijo Laurent-. Mira hacia abajo, monstro alto.

-¡Monstro alto! ¿Qué significa eso? No estoy tan alta, mido un metro con setenta centímetros. –En el momento en que termino su corto monologo, miro hacia abajo.

Cuando vio a los tres littles, ahogo un chillido que amenazo con salir de sus labios. Para ella eran extraños: pequeños y con apariencia de humano, mezclada con la de algún felino.

La pequeña Victoria tenía una enorme mata de cabello rojizo, sus facciones eran las mismas que las de un tigre, tenía ojos rojos –de un color muy parecido a la brillante y sabrosa sangre-, como el de un roedor y su cuerpo era parecido el de un tigre que andaba en dos patas, su ropa era algo parecido a un abrigo de piel, aunque, realmente sólo eran hojas de árboles y plantas pegadas con unas piscas de agua del río.

Ella era feroz, era rápida, vengativa, pero sobre todas las cosas: letal.

Laurent, era el de en medio, alguien no tan letal como Victoria ni tan audaz y rápido como James. Él era simplemente el engatusador. Tenía unos ojos similares a los de Victoria, sólo que de un color más opaco, su piel era morena y sus facciones eran parecidas a las de un puma.

James, la cabeza de "Los cazadores" como se llamaba su familia de littles, era el más alto de los tres, pero siempre siendo de las creaturas más pequeñas de todo el reino. El tenía una abundante cabellera rubia, sus ojos eran como dos copos de nieve: fríos y un tanto transparentes; sus facciones más parecidas a un jaguar.

-¡¿Qué demonios eres? –preguntó, esta vez Victoria. Mirando directamente el cielo que ese día tenía una extraña mezcla de colores: algo asó como el color de un cálido ocaso, mezclado con el cielo lluvioso y una tarde fresca.

-¡Claro una humana! –contestó Rosalie Hale de un modo dudoso. Tenía miedo de los pequeños littles, esa era una actitud extraña.

-¡¿Y eso qué es? –preguntó James de un modo extrañado. Esperando que todo se volviese más claro de lo que estaba pasando.

-Pues yo… y… -Rose miró para todos lados, buscando a alguien más, pero nada… no había nadie que la ayudase a respaldar el monologo que quedó atrapado en su garganta-. Espera… aquí no…

-No… aquí no existen las criaturas así como… -Laurent la evaluó con la mirada un tanto más, antes de voltear la cara y escupir-. Así como tú.

-¿De dónde vienes? –preguntó James, mientras trepaba una rama con la gracia más notable que se pudiese encontrar en cualquiera de su especie.

-Pues… de Lewisham. Pero… ¿Qué es esto? –preguntó ella, mirando a todas las direcciones posibles, intentando encontrar a James con la mirada, lo cual no le era tan posible pues él estaba mezclado con las ramas y los tallos de los árboles y las plantas.

-Esto es el mundo, querida. Es Shanderland. –Dijo James calmado, mirando con tranquilidad a la chica.

-¿Y eso que se supone que es? –preguntó Rosalie con una de sus hermosas cejas levantada.

Ahora si no cabía la más mínima duda: ella había caído en la locura luego de la muerte d su padre.

-No entiendo –susurró para sí, la chica.

-No, por supuesto que no, chiquilla tonta –se regodeó Laurent-. Nadie de la superficie –remarco esa palabra con un énfasis especial-, conoce Shanderland. Y nunca lo harán, de eso no hay duda. Ellos no son lo suficientemente buenos como para estar habitando este mundo de aventuras e historias –dijo, con un aire de superioridad.

-¿A qué te refieres? –preguntó Rosalie.

-A que somos mejor que los tuyos y punto.

Rosalie se quedó por dos segundos con la mente en blanco intentando procesar perfectamente bien las palabras del enanin, pero al ver que lo que quería decir era justo lo que sus palabras rebelaron, lo quiso aplastar, tirarlo como a una pelota de béisbol pero no, no hizo nada de ellos, es más hasta se quedó perfectamente parada como toda una dama.

-Perra –fue todo lo que dijo.

Se acomodó su vestido y se dispuso a caminar hacía donde fuese para salir de ese lugar. Miraba por doquier, vagando sus ojos de lado a lado para encontrar el lugar de salida: sin resultado alguno.

-Quiero irme –les dijo a las tres personificaciones que aún yacían ahí paradas mirándola como si tuviese dos cabezas o menos en ella bailando.

-¿Cómo? –preguntó James-. No tenemos puerta de entrada y salida. Siquiera entendemos como llegaste, sólo sabemos que hoy que estábamos caminando, buscando nuestra casería del día, tú estabas tendida en el suelo como muerta.

-¿Quién puede saber cómo salir? –preguntó Rose.

-La Reina Blanca, por supuesto. Ella lo sabe todo… pero no es muy fácil llegar a ella, y menos con la Reina Roja detrás de ti.

-¿Detrás de mí? –preguntó asustada.

-Sí, ya sabe que llegaste, ahora tendras que cuidarte muy bien para no caer en sus redes –explicó Victoria.

-Nos retiramos –anunció Laurent-. Yo buscaría al Sombrerero, él esta desquiciado… pero sabe cosas… vas por tu suerte niña. Adiós.

"Vas por tu suerte niña. Vas por tu suerte niña. Vas por tu suerte niña. Vas por tu suerte niña."

Esas eran las palabras claves… era como anunciarle su muerte e invitarla al funeral de la misma.

-¿Necesita ayuda la princesa? –se escuchó una extraña y lejana voz hablando.

-¿Quién anda ahí? –preguntó Rosalie mirando a través del cielo grisáceo.

-¿No me recuerdas? –De pronto, la voz dejo de escucharse tan lejana para dejar ver una pequeña y ligera capa de humo, que dio paso a un extraño gato, de ojos pequeños y azules, su pelaje era un tanto castaño claro.

-Ehm… no.

-Soy Mike… veo que la pequeña Rosalie creció, ahora es toda una mujer…

Rosalie estaba empezando a temer lo que pudiese pasar en ese momento, pero miraba a Mike a los ojos, porque no podía hacer nada más que verlo, sus ojos la llamaban y le suplicaban de rodillas –metafóricamente hablando- que no apartara la vista de ese mar azul que desprendían con tanto misterio y compasión.

-¿Me harás daño? –preguntó Rosalie sin poder contenerse de la pregunta.

Era algo que le rodeaba la cabeza tan cual como él se deslizaba de lado a lado, con su que era igual al de un humano disfrazado de gato, moviéndose en círculos, rodeando a Rose.

-No, querida… te apreció, has hecho mucho por mí y bueno… -rió secamente- ¿quién te detiene de hacer un tanto más por este mundo? Deberías ayudarnos… otra vez.

-¿Otra vez? –preguntó desconcertada.

-Claro, mi pequeña. ¿Ó has olvidado todas tus aventuras en Shanderland? Eso es algo hiriente, mi adorada –fingió hacerse el herido mientras sus bigotes (qué parecían de disfraz, aunque en realidad eran parte de su cara) se meneaban con el helado aire que retumbaba alrededor de toda la robusta, extraña y colorida flora.

-¿Cómo puedo salir de aquí? –preguntó desesperada. No podía recordar nada de lo que Mike le decía y eso y él la asustaban.

-¿Salir? ¿Para qué? Desde afuera no nos puedes ayudar, mi niña.

-No puedo ayudarles… tengo una vida en mi mundo y esto es un… ¡Un sueño! ¡Sí, eso es! ¡Cómo los que solía tener cuando era pequeña!

Rosalie abrió y cerró los ojos tan rápido que sus parpados le dolieron.

-¿Sueño? No, mi preciosa, esto no es un sueño –Mike le hizo un falso puchero a Rosalie mientras negaba con la cabeza para demostrar lo que estaba diciendo.

-¡Es un sueño!

-No… no lo es…


:D Tardanza -.- ¡Lo sé! D: perdón u.u es que no me he sentido nada bien; perdí algo demasiado importante en mi vida: ¡MI INSPIRACIÓN! Sin ella soy una porquería en todo D: La extraño U.U quien la vea di ambulando como la vaga que es me avisa #### :3

Bueno, gracias por la paciencia:D Cuídense mucho y nos leemos.

₪ т.с.ωоιғ ✖