Decidió entonces que debía despejar su cabeza, así que fue a reunirse con el resto de sus amigos.
Las chicas estaban sentadas en una mesa, bebiendo café y charlando animadamente.
Rockslide y Elixir estaban en pleno encuentro virtual, y por lo que Julian pudo oír cuando ingreso al cuarto, 'la pila de rocas' iba ganando.
-Ahg, odio este maldito juego!- Exclamó Josh, arrojando el joystick sobre el sofá. Santo reía, con los brazos en alto en señal de victoria.
-Déjame borrarte esa sonrisa del rostro- Dijo Julian, mientras se sentaba entre Santo y Josh.
-En tus sueños.
El partido comenzó, y Julian se sumergió por completo en el juego.
Emma, Scott, Logan y Henry Mc Coy ingresaron en ese momento, para ver a los chicos completamente absortos con la consola de juegos.
-Fue una buena decisión comprar esa cosa.- Dijo Logan, en referencia a la Play Station.-Puedes tenerlos horas y horas idiotizados tras una pantalla.
-Si, lo sé.- Sonrió Scott.- Hubiese matado por una de esa cuando era niño.
-Oye! Eso es trampa!- Protestó Santo.
-No es trampa anotar un gol, es el objetivo del partido- Rió Julian. Si había algo que adoraba era ganar. Y ganarle a Santo le daba un condimento adicional.
De pronto, algo en la ventana detrás del televisor llamó su atención, una sombra en los árboles.
Una sombra increíblemente familiar, recortada en la blanca silueta de la luna, con los cabellos al viento.
'¿Es…?' Pensó Julián, sin poder dejar de mirar.
-GOL!- Exclamó Rockslide, aprovechando la distracción de Julian, quien seguía con los ojos fijos en la sombra de afuera.
Si era.
Era ella.
Era Laura.
La sombra desapareció, veloz como una serpiente.
Y Julian salió a toda velocidad del cuarto, llevándose varias cosas por delante, entre ellas a Logan, quien le dijo algo que Julian no escuchó.
Corrió lo más rápido que pudo, escaleras arriba, a través de los pasillos, hasta el antiguo cuarto de Laura. El corazón se le escapaba por la boca, le golpeaba furioso las sienes. Estaba tan ansioso que olvidó que podría haber volado para llegar allí.
Abrió la puerta y encendió la luz.
Una corriente de felicidad le recorrió la espalda, y una gran sonrisa se le instalo en el rostro. Era ella.
Tan bella como siempre, quizás más. Allí estaba, parada junto a la ventana, un bolso yacía a sus pies.
-Laura…-Susurró él, inmóvil en el marco de la puerta, con su mano aun en el interruptor de la luz. Ella le dedicó una suave sonrisa, muy probablemente la sonrisa mas bella que vio en mucho tiempo.
En silencio, se acercaron y ella lo abrazó.
-Hola Julian.
Él apretó su cuerpo contra el de ella. No iba a dejarla ir, no sin antes decirle todo lo que había deducido en su ausencia. Su repentina y dolorosa ausencia. Quería explicarle que había leído la carta de su madre, una y otra vez. Quería decirle que comprendía muchas cosas ahora, quería pedirle perdón por haber sido un pendejo inmaduro tantas veces.
Pero todo a su tiempo. Todo a su debido tiempo.
-Volviste! Dios….-Le susurró al oído.- Laura, estas aquí…
Ella solo sonrió. ¿Cómo explicarle cuanto lo había extrañado ella? ¿Cómo decirle cada día desde que se fue, lloró por él, que deseaba estar a su lado?
-Te extrañé.- Susurró ella, y sintió como si inhalara una fresca bocanada de aire después de mucho, mucho tiempo.
-Yo también.- Contestó Julian. Era hora.
-En verdad?
-Laura…todo este tiempo no deje de pensar en ti. Leía tu carta una y otra vez, deseando que estés aquí porque…-Julian tomó aire. Era la primera vez en su vida que diría una cosa así a alguien.
-Por que?-Laura se apartó y lo miró a los ojos. No había olvidado lo bellos que eran, muy azules.
-Porque te amo. Hizo falta que te fueras para que me diera cuenta, y quizás sea un idiota por eso, lo cual no seria extraño, porque me comporte como un idiota contigo durante mucho tiempo. Pero ahora entiendo todo, Laura, y..
-Julian.-Ella lo interrumpió, y le puso su dedo índice en esa pequeña depresión del labio superior.- No tienes idea del tiempo que esperé para oír eso. Las veces que soñé con oírlo.
Era otra Laura, su viaje, su alejamiento voluntario le había permitido atar cabos sueltos, pensar, conocerse. Perdonarse. Y ahora estaba lista para comenzar a vivir.
Se había vuelto una niña de verdad, como en el cuento de Pinocho que su madre solía leerle.
-Te quedarás?
-Me quedaré…-ella sonrío, clavando sus ojos verdes esmeralda en el. Hizo sentir a Julian que las rodillas le temblaban- Julian?
-Dime…
-Yo también te amo.
Julian la besó. Canalizó todo lo que sintió en su ausencia en ese beso. Un beso dulce y apasionado.
Allí estaba, en sus brazos después de tanto tiempo. Y estaba decidido a quedarse con ella, le importaba poco y nada lo que piensen los demás, pues estaba claro que Logan y Emma Frost no estarían felices con esto. Sobre todo Emma, que había catalogado a Laura como un peligro, y había expresado su tranquilidad cuando X-23 dejó el Instituto.
Pero no importaba, había sido paciente, había esperado mucho tiempo por esto, y nada ni nadie se lo iba a arrebatar.
