Esto es ficción, no tiene nada que ver con la realidad los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos, y de paso los manipulo y los hago sufrir , solo a veces...
"Que el cielo nos impida hacer sufrir a Edward"
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Summary: Han pasado diez años después de aquel "felices por siempre" al termino de amanecer. Hoy Edward debe lidiar con una hija adolescente y una esposa que se empeñará en ocultarte un gran secreto. Sin ser conciente de que aquella debilidad sería la causante de llevar a la ruina a su familia, y con ella al resto de los Cullen. Anteponiendo los deseos de su cuerpo por sobre la razón.
Enigmas
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— Bella, amor ¿Qué sucede? — Pregunté susurrando en su oído, mientras ella ocultaba su rostro en mi cuello.
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— Nada…— respondió con voz débil. Pero algo en mi interior me alertó que ese nada lo significaría todo.
Ignoré las conjeturas que habían comenzado a sonsacar mis hermanos. Ignoré que Alice comenzase a desesperarse por no haber visto nada. Omití el hecho de Renesme me bloquease su mente y por sobre todo descarté de mi plano visual la mirada reprobatoria que el licántropo le regalaba a mi mujer, por el simple hecho de que mi esposa no lo merecía.
¿Cómo se supone que debería sentirme en una situación así? Cuando el ser amado te oculta algo que tu sabes es de vital importancia. No es como si Bella me privase de ver sus pensamientos, por el contrario ella desde que había aprendido a manejar su escudo había decidido no ocultarme los secretos que me escondía su preciosa y brillante mente. Claro exceptuando cierta información que tanto Jacob como Nessie le pedían resguardar.
¿Qué podría ir mal?
La amaba, la apoyaría fuese lo que fuese. Tampoco es como si me hubiese dejado de amar o conocido a alguien. No, definitivamente aquello era risorio, no había vampiros en el establecimiento. El simple hecho de pensar en ello me hacía sentir sucio, pensar algo así de mi ángel no merecía la pena. Era de Bella de quien estábamos hablando, mi esposa, mi razón de ser, la mujer que renunció a su vida por acompañarme en una eterna existencia.
— Cariño, ¿estás segura? — Pregunté mientras me alejaba unos centímetros de ella, sólo para poder examinar su rostro. Sin embargo, fue imposible. Su rostro continuaba escondido en mi cuello. Como si intentase grabarse mi aroma, siempre me pareció un tanto exagerada la forma en que ella insistía una y otra vez en lo mucho que le agradaba mi esencia. Sobre todo una vez que ella se había convertido en uno de los nuestros, mi ángel poseía la misma fragancia dulzona, pero siempre con ese toque de lavanda y Fresia que la hacían más atrayente a mis sentidos.
"Nos vemos en casa" — Me comunicó Emmet con su pensamiento, mientras el resto de la familia les seguía.
Comencé a deslizar mis manos entre sus cabellos y agradecí que silenciosamente mis hermanos se hubiesen retirado otorgándonos la intimidad que requería la situación actual. Si he de ser honesto, también me alivió saber que Jacob estuviese lejos, no es como si me llenase de dicha verle en esa moto con las frágiles piernas de mi tesoro rodeando sus caderas, pero ahora lo más importante era velar por la paz de mi esposa.
— Bella sabes que odio cuando me ocultas tus pensamientos. —susurré en su oído. Manteniendo mi tono sereno, ocultando con facilidad la desesperación que contenían mis palabras.
— No es nada de importancia. Al menos nada que requiera de su conocimiento señor "Mi hija no se acostará con un perro mientras yo pueda evitarlo"
Está bien. Ahora comenzaba a comprender las cosas con mayor claridad. Al menos las miradas recriminatorias del chucho, y la evidente lucha interna de mi mujer.
— ¿He de suponer que Jacob te comentó algo sobre "planes a futuro"?
— Peor que eso, créeme no quieres saberlo amor. — contesto en un bufido.
— ¿El muy idiota tiene el descaro de mirarte con ira porque le negaste a nuestra niña? Dime Bella es eso, porque si es así puedo ir ahora mismo en su búsqueda y darle caza, usa moto no ha de ir muy lejos, no me tomará más de cinco minutos traerlo y—
No pude continuar mi punto, ya que mi esposa nuevamente había calmado mis instintos asesinos y mis innumerables excusas para darle fin a la patética vida del animal que tenía por yerno, posando sus suaves y gentiles labios sobre los míos.
— Amor, ¿Cuántas veces tendré que repetirte que no puedes darle caza a Jacob? No puedo decir que me emociona demasiado la idea de imaginarlo en la misma cama donde duerme Renesme. Sin embargo, no voy por la vida creando excusas y argumentos para arrancarle su cabeza.
¿Cómo podía romper la atmosfera con tanta facilidad? Diez años atrás me hubiese costado casi un cuarto de hora convencerla para romper un beso, pero ahora ella lo hacía con tanta facilidad, básicamente las cosas no han cambiado. Simplemente ahora no debo contenerme, ya que mis besos no suponen un riesgo para su vida.
— Edward, amor, déjalo ¿si? Por mí, por favor, no hagas nada, ya veré como solucionar este asunto. Quizás ya sea hora de hablar las cosas de frente con Renesmee.
¿Hablas las cosas de frente? Es que acaso Bella se refería a darle la famosa charla…
— Y de que cosas piensas hablar con nuestra hija, creo que si es un tema serio lo más lógico es que yo esté presente. ¿Le piensas dar "La Charla" a nuestra bebe?
De todas las reacciones que esperé de mi esposa, jamás en mi vida imaginé esta. Bella se estaba… riendo.
Mi esposa se estaba burlando de mí, literalmente. ¿Qué demonios le veía de gracioso a todo este incómodo asunto?
Me fue imposible simular mi enojo, ya que todo lo que se relacionase a Nessie para mi era de vital importancia ella y mi ángel lo eran todo para mí. De su seguridad dependía mi existencia. Por lo que Bella no podía pretender que esto tuviese un ápice de gracia, la solté de mis brazos, liberando su cuerpo con cuidado de no dañarla, pese a que eso fuese imposible, y me dirigí al nuevo volvo, cortesía de mi insensata mujer.
— No te enojes— musitó mi ángel demasiado cerca. Y es que no había alcanzado la puerta del vehículo y ya la tenía acorralándome contra este.
— Isabella, podrían verte… Cuida tus reflejos— afirmé serio. Y no es que me molestase que me hubiese hecho estrellarme contra mi volvo, mal que mal no resultaría en absoluto difícil conseguir otro, de preferencia plateado, como aquel en que compartí tantos momentos con ella. Aunque no podía quejarme de este, negro como la noche, en el que habíamos disfrutado de tantos momentos tan pasionales e intensos como el color del mismo y ¡maldita sea! Que capacidad de distracción poseía Bella sobre mí, principalmente con sus manos recorriendo mi pecho y su boca succionando mi cuello…
— Hablo en serio, no deberías correr en frente de los humanos.
— No te enojes— susurró en mi oído, y fue imposible evitar que la sonrisa se formase en mis labios, podía imaginar a la perfección el exquisito puchero que se formó en sus carnosos labios al articular esa frase.
— Pides un imposible, como puedes burlarte en una situación tan seria. Por todos los cielo Isabella deja eso! — lo ultimo sonó más como un gemido que como una orden, porque claramente lo ultimo que deseaba era que se detuviese.
— Sabes que odio que me llames Isabella. — suspiró liberando mi cuello, y al instante mi piel la extrañó, pero debía mostrarme firme. Por mucho que ella y Renesme tuviesen una envidiable relación, me molestaba que me excluyesen. Sin ir más lejos, yo era tan merecedor de su confianza como lo era mi mujer. Había aportado tanto como Bella, y no me refería al plano físico, sino a la entrega, sé que jamás podría compararme con el esfuerzo que supuso para mi ángel traer a nuestra pequeña al mundo. Sin embargo, el sufrimiento fue compartido, me sentí morir cada momento que veía a mi mujer pasar por esa desgarradora agonía y Dios sabe que hubiese sido capaz de permitir que tuviese hijos con Jacob con tal de verla feliz y ahorrarle tal sufrimiento.
— Y tu sabes que me molesta en lo sumo que te tomes tan a la ligera mi preocupación por Nessie.
— ¡Es Renesme! Y no me lo tomo a la ligera en absoluto, es sólo que eso de "La charla" está… de más. Y me pareció tierno que pensaras en ello, y si lo admito, también es un poco cómico oírlo viniendo de tus labios.
— ¿A que te refieres con que está de más? — de pronto aquel detalle me pareció de una importancia catastrófica. Algo andaba mal…
— Bueno… Verás, puede que Emmet se haya adelantando un poco a tu idea…— definitivamente esto no podía significar nada bueno. Mi pequeña princesa, no quería imaginar que demonios le habría dicho mi hermano, de seguro enveneno su mente pura.
— ¿Podrías ser más especifica? ¿Qué tan adelantado?
— Un par de años.
— Bella…
— Cuando cumplió siete — siseó bajito y como agradecí ser vampiro para oír a la perfección sus palabras. Observé en sus preciosos ojos dorados mi reflejo y he de admitir que no me hacía gracia verme más monstruoso de lo que en realidad era, pero no le veía un ápice de humor a todo este circo.
¿Quién se creía que era Emmet para pasar por sobre mi autoridad?
Acaso pensó en decírmelo, al menos consultarme mi opinión al respecto.
¡Yo era su padre! Odiaba que me mantuviesen al margen, me esforzaba a diario por llevar una relación sana y grata con mi pequeña, y si, dolió cuando con el correr de los meses la vi convertida en una hermosa jovencita.
¿Por qué no podía ser como el resto?
Ni siquiera tuve una cantidad de años considerable para adaptarme al cambio, Y ella… mi bebe crecía a pasos agigantados.
Ira ciega sacudió mi cuerpo ante la irrealidad de la situación.
Era mi hija ¡Maldita Sea!
Yo debía ser quien le diera su primera plática sobre temas de esa índole, en conjunto con Bella, claro está. Era mi deber estar con ella en esos momentos en los que no sabía nada.
¿Por qué Emmett se tenía que adelantar? ¿Por qué no podía respetarle como lo hacía yo con él?
¿Tan difícil era para mi hermano dejarme por una vez cumplir como padre?
El sufrimiento del que estaba siendo preso ha de haber sido evidente en mi mirada, ya que mi esposa, con un cuidado sólo propio de un ángel como ella, acercó nuestros rostros, con la suavidad que una pluma envidaría, y depositó sus tiernos y devotos labios sobre los míos. Debiéndose mi boca con la mezcla idónea entre pasión y entrega, y era en momentos como estos que envidiaba su capacidad de empatía. Siendo yo el lector de mentes mi mujer siempre sabía que hacer, como y cuando. La acción perfecta para el momento indicado, y yo… yo estaba perdida y desmesuradamente enamorado de ella.
— Amor… sabes que no es lo que estas pensando. — Susurró mientras le abría la puerta del copiloto del Volvo para que ingresase.
Al no ver que mi actitud mostraba indicios de cambios, se limitó a negar y adentrarse en el vehiculo.
Suspire y camine hacia la puerta del piloto. ¿Es que no lo entendía?
Claro, ¿Cómo hacerlo? Si ella era quien más gozaba de comunicación con Nessie, aparte del idiota del chucho.
Yo era su padre, la amaba, quería que fuese feliz, deseaba lo mejor para ella, todo lo que pedía era un poco de confianza.
— Amor por favor… no quiero verte enojado por esto — Tomó una de mis manos entre las suyas y depositó un beso sobre esta, mientras yo arrancaba el auto.
— Y tampoco quiero que le digas nada a Emmett. El solo lo hizo por ayudar.—
Un gruñido gutural salió de mi garganta. ¡Sí, claro!
— No puedo prometer nada cariño…— sisee exasperado.
— Si me amas lo vas a hacer. — Contestó y se cruzo de brazos como una niña pequeña.
Volví a gruñir. Me estaba manipulado, ella y yo éramos consientes de eso. Y lo peor era que yo no podía hacer nada para evitarlo, mi única debilidad eran mi mujer y mi hija. Si algo le pasase a alguna de ella yo… enloquecería.
— De acuerdo— Murmuré resignado.
Renesmee POV:
— ¿Sabes qué Jake? — Pregunté, mientras me colgaba la mochila al hombro y bajaba de la motocicleta.
— ¿Qué pasa cielo? — Contestó y me quitó la mochila para cargarla él.
Rodé los ojos.
— Papá va a matar al tío Emmett—
— ¿Por qué? — su ceño estaba fruncido, mientras una de sus cejas se enarcaba. Y como me costaba concentrarme al tener a mi sexy novio con expresión interrogante.
— ¿Recuerdas la plática que me dio cuando cumplí siete años? — Tomé una de sus manos mientras subíamos las escaleras del Porche y nos adentrábamos a la casa.
— Si…— Gruño. A él tampoco le había hecho gracia que el Emmet se adelantase. Y la verdad era que yo no terminaba de entender el porqué de la molestia en el resto de mi familia porque yo supiese esas cosas. Es decir, sí, en efecto, tenía diez años. Edad en la que las niñas siguen jugando con muñecas y creyendo en Santa, mientras yo por otro lado corría en moto, era semi vampira y tenía un novio licántropo que aparentaba los diecisiete, pero estaba pronto a cumplir los treinta, sí, sé que el no lo asume, pero sólo un par de años lo alejan de las tan ansiadas tres décadas.
— Bueno, pues creo que papá ya se enteró… y no sé porque presiento que mi tío corre cierto peligro. — Contesté y me deje caer junto a Jake sobre el sillón.
— Si me hubieras dejado… hace tiempo que tu padre se hubiera enterado que sabías más de la cuenta. — Masculló nervioso y yo sonreí. Era tan adorable cuando se mostraba avergonzado, con ese sensual rubor adornando sus facciones tan varoniles y exóticas.
— No… tú no harías eso— Susurré con voz sensual y gateé por el sofá, acercándome más a él.
— ¿A no? ¿Te importaría recordarme una vez más porque me quedé callado? — Preguntó, mientras nuevamente arqueaba una de sus cejas. Logrando que perdiera de momento todo ápice de razón.
Suspire.
Maldito licántropo con cuerpo candente.
— Porque — me recosté sobre su pecho
— Me amas— levanté mi rostro
— Y…- acerque mis labios a los suyos
— Sabes que eso no me haría feliz— lo besé.
Mis labios se estamparon contra los suyos con hambre y deseo. Deslicé mis manos por ambos lados de su cuello queriendo obtener todo de él. Sus enormes y tiernas manos se dirigieron directo a mi cadera. Amaba besar a Jacob, fuego contra fuego en una guerra por avivar la llama del otro. Éramos la avenencia perfecta, no había un deje de antinaturalidad en nuestra relación- a diferencia de mis padres-.
Su lengua delineo mi labio inferior y yo la deje pasar gustosa. La humedad que dejó el dulce rastro de su salida fue retirada al instante por sus delicados y gentiles labios, por medio de castos besos.
Me trataba con tanta pleitesía y t respeto que para muchos Jake sería sin lugar a dudas el novio perfecto. Jamás traspasaba sus límites autoimpuestos, jamás se dejaba llevar por la pasión, siempre estaba al pendiente de que la situación no se saliese de control. Y yo odiaba eso.
En efecto, para todos Jake era el novio perfecto… para todos menos para mí.
Yo quería que se dejase llevar, deseaba que no solo hubiese adoración en sus besos, sino calor. Estaba harta de ser adorada todo el tiempo, necesitaba que me amasen.
¡No quería ser tratada como una muñeca de cristal! quería que por un momento sus instintos tomaran el control en su actuar y me tratara como lo que soy… una mujer.
¿Era tan difícil hacer eso?
Nos seguimos besando así por un par de minutos, minutos que yo aproveché para sentarme en su regazo y que mis manos jugueteasen con los botones de su camisa. Estaba impresionada, no era propio de Jake permitirse llegar tan lejos, por lo general cuando nos besábamos al primer indicio de querer introducir mi lengua en su boca, él me retiraba, alegando que le faltaba el aire, cosa que me parecía absurda.
¡Dios! ¿De qué me servía ser una semi-vampira si no podía ni siquiera besar como se debía a mi novio sin que él me detuviese?
Sentí como sus manos tomaron mi rostro y lo acercaron un poco más al suyo. Estaba impresionada de que Jacob estuviese haciendo esto en medio de la sala de la casa, con toda mi familia en la planta alta. Pero, había deseado esto durante demasiado tiempo, así que me dejé llevar.
Juguetee con sus cabellos enredándolos entre mis dedos. Amaba la textura tan suave que estos tenían.
Escuche un auto entrando en el camino pedregoso que daba inicio a la entrada de nuestra casa y al instante Jake me aventó y caí de sentón en el piso.
— ¿Pero qué…-
— Lo siento Ness…- me interrumpió mi novio, mientras se aclaraba la garganta y se removía incomodo en su asiento.
— Me extralimité. — Yo lo mire incrédula, esto no podía estar pasando. En ese segundo quise golpearlo. Pero, aquello sería en vano. Ambos poseíamos fuerza sobrehumana, y lo más probable es que aún así, yo saliese más lastimada que él.
— ¿Es enserio? — Pregunté con mis últimos resquicios de esperanza, era una idiota por concebir ilusiones a sabiendas de que tenía por novio a un hombre que no sólo me doblaba en edad, sino que tenía una moral sólo comparable con la terquedad de mi padre.
— Sí…— Se volvió a aclarar la garganta y sus ojos negros hicieron contacto con los míos.
— Aunque tengas apariencia de mujer sigues siendo una niña. No debí dejar que esto sucediera…—
— ¿Hablas enserio? — Volví a preguntar, incapaz de dar crédito a sus duras palabras.
Entonces escuché como el auto se estacionaba afuera de la casa. Tan distraída había estado, que recién ahora reparaba en que mis padres habían llegado.
— Sí Nessie… lo siento mucho. — Contestó en voz baja.
No dije nada y me levanté rápidamente, podía sentir las lágrimas comenzando a formarse en mis ojos, por lo que decidí huir de ahí antes de que mi autocontrol llegase hasta el límite y rompiese en llanto.
No debería dejar que esto me afectase, pero aún así era inevitable. Tuviese diez años o un siglo, con la apariencia de una niña o de una mujer, el hecho de ser rechazada por mi novio dolería en la misma forma, la intensidad no sería mayor ni menor, ahí estaría, ensartada en mi alma, como una espina en el corazón.
¡¿En qué demonios pensaba al hacer esto?¡
A velocidad vampírica tomé la mochila que se encontraba tirada a un lado de las escaleras y me dispuse a correr hacía mi habitación. Claro, como la suerte que mi madre poseía se había filtrado en mi ADN mi padre consiguió detenerme del brazo antes de alcanzar siquiera al primer escalón.
"Maldita velocidad vampírica"
— ¿Qué sucede? — Preguntó buscando mi mirada, la que esquivé de forma olímpica.
— Nada…— Murmuré y baje la mirada hacía mis pies.
— Rennesme Carlie Cullen Swan mírame a los ojos ahora mismo — Gruño y una de sus manos tomo mi barbilla y la levanto.
Grandioso…
— ¿Qué sucede? — Un gruñido volvió a brotar de su pecho, mientras en un gesto que contrastaba de forma abrupta con su estado de estupor actual, deslizaba una de sus frías y delicadas manos por mis mejillas, secando una a una las lagrimas que comenzaban a escurrir por mis ojos.
Mi madre detrás de él me veía de manera preocupada. ¡Malditas lágrimas!
¿Por qué tenían que aparecer en un momento como este?
Claro, obviamente no le podía decir a mi padre que estaba llorando porque mi estúpido novio licántropo me había rechazado y no quería tener sexo conmigo.
¡Dios, esto era injusto!
— ¿¡QUÉ TU QUÉ!? — Gritó mi padre mientras se giraba hacia Jake.
— Papá…— Susurré, pero sus ojos seguían fijos en mi novio.
— No es lo que tú estás pensando… Yo fui la que pre…— no pude seguir hablando, la situación era vergonzosa y las miradas reprobatorias de mis padres no me impulsaban aseguir hablando.
— Edward tranquilízate. — Murmuro mamá, mientras tomaba su mano, papá seguía con esa mirada colérica.
Maldita suerte la mía. ¡Justo en el momento en el que debería bloquear más que nunca mis pensamientos, se me ocurría traer a colación aquello!
— ¿Qué demonios le hiciste a mi bebe, perro? Y deja de pensar en la maldita numerología griega que me comienzas a cansar.
— Dejaría de pensar en ello si estuvieras fuera de mi mente. — Murmuró Jake y se levantó de su asiento para acercarse en donde nos encontrábamos mis padres y yo.
— ¿Sabes que es una niña cierto? ¡Eres un pedófilo! — En un acto reflejo me interpuse delante de mi padre, evitando de esa forma que se le tirase al cuello a Jake, quien a estas alturas comenzaba a temblar. Aquello podría resultar fatal.
— ¿Tú me dices Pedófilo a mí? ¿Tú que le llevas a Bella más de un siglo? ¿Quién es el enfermo en verdad Edward? — Gritó mi novio y su cuerpo dio otra sacudida.
Papá abrió y cerró la boca varias veces. ¿Por qué esto siquiera tenía relevancia?
— Eso no tiene nada que ver Jacob…— Murmuro mi madre y lo miro fijamente.
— ¿No tiene nada que ver? Es un siglo Bella… un siglo en el cual pasaron muchas cosas. — Gruñó y su mirada se clavó en los ojos de mamá.
— Un siglo en el que él maduró, cosa que por lo visto, tu a pesar de tus años no has conseguido en absoluto.- Jake sonrió de forma ladina y una chispa de oscuro sarcasmo se instaló en sus orbes oscuros.
— Hablas de madurez como si la conocieras perfectamente Bells. — Masculló irritado, entretanto cruzaba ambos brazos sobre su pecho.
Mi madre se quedó muda. Sus ojos se encontraban negros, ambos puños crispados a sus costados. ¡Ella ardía en furia, sin embargo no emitió una sola palabra! Jamás había visto a mamá actuar de ese modo, sobre todo no con Jake.
— Cuando una persona es madura…- Comenzó Jake
— No oculta cosas… es honesta, sobre todo no se miente a sí misma. Aunque eso le cueste muchas veces ponga en riesgo su propia felicidad y en este caso la de todos los que ama…—
Papá observo fijamente a Jacob. Pero yo tenía la vista clavada en mi mamá. Pareciese como si el aire se le hubiese ido ¿Qué estaba ocurriendo? Jamás le habían afectado tanto las palabras que Jake.
¿Qué sucedía? ¿Acaso había algo que ambos nos estaban ocultando? ¿Tendría ello que ver con la extraña actitud de mamá hoy a la salida del instituto? O peor aún… ¿Tendría eso estricta relación con el rechazo de Jacob?
— Entonces Bells ¿En verdad te consideras madura? — las facciones de ella se tensaron, y su semblante se volvió fiero y animal.
— La próxima vez que vuelvas a hacer llorar a mi hija… te juro por mi vida que voy a asesinarte, arrancaré cada uno de tus miembros y disfrutaré cada segundo de ello. Lo haré Jake, los quemaré en una hoguera y voy a bailar alrededor ¿Me entendiste? — Afirmó en un gruño, antes de apretar la mano de papá.
Jake hizo un saludo militar y sonrió. Pero esa no era la sonrisa que me gustaba, Jacob tenía instalada en su boca esa maldita sonrisa de niño travieso que sabe que hace mal, pero no le importa.
— Entendido Bells. Esperemos que tú también seas honesta para la próxima. — Contestó risueño antes de salir por la puerta del garaje. El sonido de cuando encendió su motocicleta y salía de las instalaciones de nuestra casa no pasó desapercibido para ninguno de los habitantes de la casa, sobretodo… no para mí.
Todo quedo en silencio por un largo minuto. La tensión se podía cortar con un cuchillo. ¿A qué venía eso de la madurez? ¿Por qué Jake se comportaba de esa forma con mi madre? ¿Qué demonios había sucedido?
Mil preguntas sin respuesta empezaban a formarse en mi mente. Mil preguntas que querían ser contestadas.
— ¿Me puedes explicar a que vino todo eso? — se me adelantó mi ahora adorado papá, claro está que él lo hizo en un gruñido mientras se llevaba una mano hacia el puente de la nariz.
Aquel geto era una mala señal… Una jodidamente mala.
— No lo sé…— Contesto mamá con naturalidad, pero evitó mi mirada.
¡Lo sabía! Demonios, sabía que algo había sucedido. ¿Pero que era? ¿Qué había sido tan grave para causar que mi madre se pusiera de ese modo? Ni siquiera cuando el tío Emmett me dio aquella plática se puso así. ¿Qué era lo que nos ocultaba?
Traicionada como me sentía, opté por dar media vuelta y dejar al par de adolescentes que tenía por padres aclarar sus asuntos. En aquel tema no me correspondía añadir más leña, suficiente tendría mamá con las interrogantes de mi padre.
De una cosa si estaba completamente segura. Jake y mamá escondían algo. No sabía lo que era, pero si sabía que aquello se relacionaba estrictamente con la hora que compartieron en literatura.
Algo que mamá quería que fuese un secreto.
Algo que Jake quería con todas sus fuerzas decir.
Algo que papá se moría por investigar.
Algo que yo tenía el presentimiento de que era malo. No, no era un presentimiento, yo tenía la certeza de que en verdad era algo horrendo.
Y algo…Algo que no sabía el porqué, pero…nos iba a destrozar.
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Esperamos que estén disfrutando de este fic tanto como nosotras lo disfrutamos escribiendo. Les agradecemos todos sus reviews...
Mommy's Bad Girl & Cunning Angel
A la espera del Anochecer
