Esto es ficción, no tiene nada que ver con la realidad los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos, y de paso los manipulo y los hago sufrir , solo a veces...
"Que el cielo nos impida hacer sufrir a Edward"
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Summary: Han pasado diez años después de aquel "felices por siempre" al termino de amanecer. Hoy Edward debe lidiar con una hija adolescente y una esposa que se empeñará en ocultarte un gran secreto. Sin ser conciente de que aquella debilidad sería la causante de llevar a la ruina a su familia, y con ella al resto de los Cullen. Anteponiendo los deseos de su cuerpo por sobre la razón.
Conversaciones
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"Intenté buscar algún deje de razón,
Un recuerdo, una palabra, un rostro…
Por desgracia, era demasiado tarde."
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¿Será normal para un adolescente querer ahorcar a todo lo que se les ponga enfrente? ¿Será normal desear asesinar a tu novio, el que de paso es un licántropo dotado de un cuerpo increíblemente ardiente? Porque si es así… soy una maldita adolescente con problemas psicológicos.
Ahí radicaba el problema, jamás fui normal, no esperaba comenzar a serlo ahora, que el cielo me libre de ello, pero cuando cosas como las sucedidas horas atrás acontecían, me dominaban unas enormes ganas de gritar como histérica y golpear a todo lo que se moviese en un radio de mil kilómetros.
Rodé sobre mi misma y me acosté sobre mi estomago. Una de las almohadas de pluma quedó encima de mi cabeza y ese típico sentimiento adolescente de "querer desaparecer" hizo acto de presencia en mí. La situación no era para menos. Odiaba ver a mi madre enojada y que mi padre quisiera matar a mi novio. Odiaba que Jacob se comportara de esa manera tan estúpidamente infantil. Supuestamente la adolescente aquí era yo, no él.
Escuché que alguien tocaba a mi puerta, pero no me molesté en abrir o siquiera contestar. No estaba de humor para hablar con nadie, y estaba convencida de que si a Jacob se le ocurría entrar en ese momento a mi habitación acontecería un homicidio.
Mi puerta se abrió lentamente y se volvió a cerrar.
"Respira Ness… respira. Sólo es tu novio."
Me repetía aquello como si de un mantra se tratase, una y otra vez. Tenía que tener paciencia. Cuando uno ama soporta todo, y yo lo amaba. Entonces tendría que saber controlar mi temperamento.
— Cariño…— Dejé salir el aire de golpe, esa definitivamente no era la voz de Jake.
— ¿Cielo? ¿Estás despierta, corazón? — Preguntó mi madre y fue involuntario girarme a verla. El cabello le caía en cascada por los angostos hombros, sus ojos dorados me observaban con adoración y ternura. Mi madre era hermosa, inclusive ahora no era difícil adivinar que aún siendo humana su rostro era completamente increíble. Su sentido de la maternidad lejos de ser molesto era perfecto. Ella era la mejor amiga que una persona pudiera tener yo la amaba.
— Sí mamá. — Contesté y al instante sentí como una fría y pequeña mano acariciaba mis cabellos.
— ¿Qué sucede? — Preguntó en un susurro y recosté mi cabeza en su regazo.
Todo se quedo en un incomodo silencio por algunos segundos. ¿Cómo le explicas a tu madre que estás frustrada sexualmente porque tu estúpido novio se niega a tener relaciones contigo y no puedes evitar sentirte rechazada?
— No es nada…— Susurré y oculté mis ojos de su mirada recriminatoria.
— Renesmee soy tu madre y te conozco mejor de lo que te imaginas ¿Qué sucede? — Volvió a preguntar y sentí como las lágrimas de coraje -Herencia de mi madre- Se comenzaban a formar en mis ojos.
¿¡Por qué era tan malditamente transparente!?
— Mamá… es que…— Observé sus ojos y por un instante me perdí en su profunda tonalidad dorada, eran tan pacíficos, entonces fue inevitable, una de las lágrimas que con tanto esfuerzo había contenido se derramó por mi mejilla.
— ¿¡PorquéJakenoquieretenersexoconmigo!? – Pregunté rápidamente, sin siquiera detenerme a respirar, y rogando que Dios me quisiese lo suficiente como para que mi madre no hubiese entendido a cabalidad mi pregunta.
Pero deduje por esa expresión de shock en su rostro que contrario a mis deseos, cada una de las palabras antes dicha habían quedado muy bien grabadas en su cerebro.
Y es que era lógico, ella era un vampiro.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos y mi madre no contestaba. ¿En qué pensaba? ¡A ninguna madre le gustaría escuchar como su hija de diez años, pese a tener cuerpo de mujer, quiera tener sexo con su novio de veintisiete años, sin mencionar que este fuese un hombre lobo.
— ¿Mamá? … De acuerdo, lo siento. No debí de decírtelo de esa manera, veras, Jake y yo tenemos una relación… ¿Rara? Sí y bueno… tú sabes, no… ¡Dios! yo… este, bueno. Sé que tengo apenas diez años, pero no sólo me veo como una mujer de diecisiete, yo siento como una. Tengo las necesidades y deseos de esa edad. Y… disculpa, sólo olvidemos esta conversación.
Definitivamente me estaba ridiculizando ¿Ahora como iba a arreglar todo esto?
— Hija, tranquila. Respira. — Susurró mi madre y una de sus manos comenzó a acariciar, nuevamente mi cabello. Está bien, esto era completamente diferente a como me había imaginado que fuera a reaccionar. No había gritos, ni amenazas, tampoco estaba la tan temida amenaza "Tu padre se enterará de esto"
Todo era irreal y diferente. En vez de mueca de disgusto, había una sonrisa tierna en sus labios, sus ojos lejos de contener llamas parecían brillar de alguna emoción que no supe descifrar, aun cuando intenté comprenderla. Sus manos no dejaban caricias violentas en mis cabellos, maldición todo era tan dulce, casa gesto de su parque iba cargado de ternura y devoción, ¡Yo no merecía tales mimos!
Por un momento me sentí mal por haber pensado tantos escenarios tan ilusorios con respecto a mi madre. Ella jamás me había dado razones para pensar que su mente estuviese tan cerrada como para no aceptar esto. ¿Qué me sucedía? ¡Todo este tema comenzaba a volverme loca!
— ¡Dímelo! ¡Di que estoy loca y que mi Jake se tiene que ir! ¡Dime que papá se va a enterar! ¡Dime que todavía no estoy preparada! — Comencé a híper ventilar, presa del pánico. Todo esto era demasiado perfecto para que ser cierto.
— ¿Quieres que te diga todo eso cuando claramente es lo contrario, cielo? — Preguntó tranquilamente y suspiró.
— Sé que estás preparada, y pese a que tu padre opine lo contrario -Porque él aun te ve como su nenita- tu cuerpo ya experimentó cambios. Los hombres son difíciles Ness, supongo que te has dado cuenta; tienes que rogar demasiado para que si quiera pongan un dedo en tu piel y eso se llega a tornar humillante.-Soltó una carcajada-.
— Tu padre tardó más de un año en tocarme cuando aún humana, supongo que tu tía Alice ya te habrá contado la historia. Pero, déjame decirte que en el instante en el que todo sucedió fue tan mágico y especial que la espera valió la pena con creces. Aunque claro… tuve que presionarlo un poco para que esto sucediese.
— ¿Pero, entonces qué sucede conmigo? ¡Mamá, Jake sabe que yo ya estoy lista! ¿Por qué no quiere llevar nuestra relación hasta el siguiente nivel?
Me siento mal cada vez que nos aleja y se niega a tocarme. Sé que no es su intención hacerme sentir así, pero me siento menos mujer y más niña cuando alguna de sus estúpidas excusas sale a flote y prefiere quedarse viendo la T.V antes que ponerme un dedo encima.
¡Demonios! Sueno como una solterona amargada! — Me lleve las manos al rostro, ocultando mí de seguro sonrojado semblante.
Tenía que aceptar que había sentido un poco de alivio al escuchar la historia de mi madre, en su calidad de humana, sobre todo viniendo de la boca de la tía Alice, ya que no se perdía detalles, pero ese alivio se había ido esfumando hasta quedar en nada gracias a los continuos rechazos de mi novio.
Mi madre sonrió y negó con la cabeza.
— Cariño, intenta entenderlo. Su novia hace solo diez años estaba en la panza de su madre. Creciste increíblemente rápido y ahora… Él intenta olvidar el hecho de que tienes la edad de un niño pequeño aunque tu cuerpo de vea de diecisiete, cielo. También a él le frustra esto. ¿No crees que se muere por tocarte?
Cielo, conozco a Jake lo suficiente como para saber que si no fuese porque la fecha de tu nacimiento se le viene a la mente con luces de neón cada vez que intenta llevar esto hacía el "Siguiente nivel" ya lo hubiese hecho. Tú y yo ahora no estaríamos teniendo esta conversación seguramente porque, aunque me dé escalofríos aceptarlo, sé que no los vamos a tener un sólo minuto en casa cuando eso suceda. – Quité las manos de mi rostro y pude ver que en sus ojos no había ni un ápice de mentira. Ella estaba siendo honesta… y yo… bueno, yo estaba comportándome como una adolescente. ¡Malditos cambios hormonales!
— Lo sé mamá, es sólo que mi paciencia comienza a acabarse. Y sé que tengo que entenderlo, pero algunas veces la desesperación me gana. — Susurré y enterré el rostro en su pantorrilla.
Sabía que mi madre tenía razón y que no tenía que juzgar a Jake. Por lo que sabía el me deseaba y tenía la certeza de que me esperaría lo que fuese necesario. Debía comenzar a controlar todos estos cambios de personalidad. Por mi bien, por el de Jake y por el de nuestra relación. Le amaba más que nada en este mundo y no iba a dejar que unas estúpidas hormonas arruinaran esto. El era mi mundo, era todo lo que yo podría desear, soñar o pedir y si él no estuviese conmigo no sé qué haría.
— Sólo ten paciencia princesa. — Y esa pareció ser la respuesta a mis problemas.
PA-CIEN-CIA…palabra extremadamente fácil de decir, pero demasiado difícil de poner en práctica.
Solté el aire de golpe y asentí con la cabeza. No me quedaba más que intentarlo.
— ¿Te sientes a gusto con el cambio de ciudad? ¿No te gusta más Alaska para vivir? Sabes que no me importaría hablar con tu padre, para que pudiésemos volver— Preguntó con dulzura y yo sonreí. Sabía que el tema había quedado zanjado y que me daría tiempo para pensarlo. Amaba a mi madre por ello; discreta cuando se necesitaba y abierta cuando era necesario.
— La verdad es que me da igual, mientras toda mi familia esté junta podríamos vivir en México o en algún sector de Chile y a mí me daría exactamente lo mismo. — Contesté y pude ver que sus ojos dorados se revestían con otro de aquellos sentimientos que solo mi madre entendía. Sabía que a ella le costaba mucho mudarse de un lado a otro por lo encariñada que podía llegar a sentirse con las cosas y las personas. Así era ella, hermosa y fuerte pero a la vez tan frágil que el simple aire podría descomponerla-siempre y cuando aquello correspondiese al aliento de mi padre- Dependían en extremo el uno del otro…
— Me alegro que pienses así…— Susurró y volvió a sonreír. Aunque la emoción que salía de sus labios no alcanzase sus ojos.
— ¿Qué sucede? — Ahora fui yo quien preguntó, y tomé una de sus manos.
— Nada, cielo. Mejor cuéntame ¿Cómo son tus profesores? ¿Les pateaste el trasero en cuanto al existencialismo?
— ¡Claro mamá! ¿Con quién crees que hablas? — Dejó escapar una carcajada y negó con la cabeza.
— Igual que tu padre…— Susurró y yo reí.
Y así paso la tarde. Mi madre me contó anécdotas de cuando ella era humana y mi papá se desesperaba con la educación pública, siempre superando en conocimiento a sus maestros. No pude evitar imaginármelos a los dos juntos, el fuerte y critico, ella frágil y hermosa. Una sonrisa se plasmó en mis labios indefinidamente. No sé qué haría sin ellos… Mamá y papá eran el ejemplo perfecto de que el amor verdadero aun existía. Y eso, aunque sonase raro, me daba esperanzas de que Jake y yo pudiéramos estar juntos pasase lo que pasase.
Suspiré.
Sí, sólo mi madre podía dar alivio a mis dudas.
En algún momento casi rendida por el cansancio. Y como me arrepentí de haberlo hecho…
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Me encontraba caminando por los pasillos del instituto, sola. No se hallaban mis tíos, ni mis padres, mucho menos Jake. Entonces llegó a mí, la exquisita fragancia de la sangre, si bien era mitad humano, siempre había preferido el alimento que correspondía a mi parte vampiro, obviamente limitándome a las costumbres vegetarianas establecidas por mi familia. Sin embargo, nada podría nunca compararse con el cegador perfume que poseía la sublime, hechizante y abrasadora sangre de un humano.
Incapaz de negarme me dejé llevar por el aroma, como si se tratase de una ingenua mariposa encandilada bajo la luz de luna, me dejé llevar por aquel efluvio hasta que cada vez se iba volviendo más y más concentrado, finalmente llegué al salón de biología…
No entendía el porqué, mucho menos el motivo, pero algo en mi interior me indicaba que aquella asignatura envolvía mucho más que el estudio de los seres vivos…
Entonces los vi, mamá y papa mirándose fijamente, él con facciones tan inhumanas que no estaba segura de que fuese mi padre, al menos no hasta que su mirada se posó sobre mí.
Oscura y cegada por la ira, más aterradora que nunca, pude ver en esos ojos bañados de profundo y siniestro ónix que ese chico, que no aparentaba más de diecisiete años, era él, mi padre, el mismo que compartió junto a mí incontables tardes junto al piano. Componiéndome cientos de melodías deslumbrantes. Su semblante abatido dio paso a profunda compasión en mi interior y sin pensármelo dos vez corrí a sus brazos, sin importar si interrumpía o no. Envolví mis brazos en su cuello y pude oír claro y profundo su llanto.
Mi padre lloraba, con su cabeza hundida en mi hombro, el hombre sabio y sereno que me había enseñado a tener confianza en mí misma, a no carecer de amor propio y demostrarme lo mucho que valía, tal y como lo hizo con mi madre, se descomponía como un niño sollozando sin cesar.
Sentía mi ropa húmeda y un tanto pegajosa, mas no hice caso. Sin embargo, la exquisita fragancia a sangre humana se volvía más y más intensa, tenía que probarla. Necesitaba hacerlo. Me separé del abrazo de mi padre y solo ahí comprendí el origen de aquel cegador efluvio.
Reprimí el gemido.
Mi padre, el mismo vampiro que después de Carlisle era el más insensibilizado ante el poder de la sangre humana, hoy se mostraba frente a mi con sus vestimentas empapadas de sangre, oscura, húmeda y roja sangre. Aún se podía apreciar la calidez de aquel elixir.
Podría apostar a que no llevaba más de un par de minutos en su cuerpo. Su cabello antes reluciente hoy se mostraba adherido a su piel por causa de la misma.
Imposible, papá jamás haría algo así. Lo que tenía frente a mí no era mi padre, era un monstruo.
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Me giré a observar a mamá, pero cuando lo hice mis ojos se encontraron con una blanca almohada… Fue demasiado frustrante despertar sin haber recibido al menos un par de respuestas.
Observé la ventana y las estrellas desperdigadas en el oscuro cielo me indicaron que había dormido lo suficiente, y como odié aquello, ahora me pasaría la noche en vela.
Me levanté de la cama. Sin apartar la vista del hermoso firmamento, intentando grabar a fuerza de vanos intentos esa imagen en mi mente, todo con el fin de olvidar la horrible pesadilla que había experimentado segundos atrás. Finalmente opté por bajar, mal que mal le debía a Jake una disculpa.
Avancé por el iluminado pasillo con sigilo, agradeciendo como nunca la parte vampiro que había heredado de mi padre, al parecer no estaban ni él ni mis tíos, ya que no sentía sus olores en el aire.
Punto mi favor, el tener un papá lector de mentes era tan incómodo como tener un tío que supiese a la perfección cuando estás sintiendo cosas… que claramente comprometían mi moral.
Y maldita sea, la lujuria era uno de mis habituales compañeros en el último tiempo.
Un estruendo en la cocina me obligó a desviar mi meta, la habitación de Jake. El sonido de un mueble quebrándose o moviéndose de forma… brutal me alertó, la curiosidad refulgió con ímpetu en mi interior.
Muebles moviéndose de forma atronadora y un par de platos cayendo no era algo habitual en una casa que se encontraba atestada de vampiros, digo. Yo no era torpe, al menos no como mamá cuando solía ser humana. Y evidentemente mis tíos y abuelos estaban bastante lejanos a cometer un accidente.
Me detuve en el acto cuando oí la musical voz de mamá junto a Jake. Claramente no sería buena idea hablar de nosotros en presencia de ella, no es como si no le tuviese confianza o algo así. Sin embargo, sería verdaderamente incómodo. Me apoyé contra la pared esperando a que ella saliese, manteniendo una distancia prudente, para que no me reconociese por el olor. Y vaya que era difícil pasar desapercibida en una estancia llena de vampiros, más un hombre lobo. Simplemente fantástico.
Oí un suspiro y supe de inmediato a quien partencia, Jacob.
— ¿Entonces somos cómplices?— Inquirió Jake en su habitual tono burlesco, y no supe hasta que punto serían ciertos sus dichos. Ya que ellos solían bromear y aquello estaba bien, digo, eran amigos desde niños. Jake solía decir que hacían pasteles de barros, y hasta el día de hoy me cuesta imaginar a mamá y él, con no más de cinco años y ambas manos y caras inundadas de tierra. Sí, en efecto, eran cómplices.
— No lo digas de esa forma. Lo planetas de un modo tan… Dios. No me lo hagas más difícil de lo que ya es, por favor. — musitó mamá con voz débil, y entonces supe que ella no se encontraba bien, quise eliminar la distancia y correr hacia donde se encontraba, tan frágil pese a su condición, tan susceptible. Pero la vida o existencia nunca puede ser del todo perfecta, yo lo supe al instante en que mi mundo se vino abajo y agradecí con todo mí ser no haber eliminado la distancia autoimpuesta. Ya que de lo contrario me hubiesen notado por mi olor.
— ¿No te corroe la culpa? — afirmó mi novio con ese tono sensual y travieso que sólo reservaba para mí y… mamá.
No me quedé ahí para oír más de su platica, no quise ser participe de su infame mentira.
¿Para que si todo tenía lógica cuando mis propios oídos habían sido testigos de su vil traición?
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Hola:
Pedimos disculpas por la tardanza, como bien sabrán ambas tenemos otros fic, súmenle que existen los estudios y el trabajo, plagios y cosas así. Pero ya estamos de vuelta.
Lean bien, no interpreten con subjetividad.
"No todo es lo que parece…
Las palabras tienen demasiados significados diferentes.
No digas lo que no quieres que se escuche, no oigas lo que puede lastimarte... "
Con amor Mommy's & Cunning
