Aclaro que los personajes no me pertenecen, las ideas sí, obviamente.

Lo que tu quieras

Segunda Parte

Por Ruby P. Black

Odiaba año nuevo, a veces, como le sucedía con la mayoría de las cosas. En parte odiaba año nuevo, y en parte adoraba desear cosas imposibles que no estaban al alcance de suceder, como que sus tíos le dieran regalos o le invitaran de a una fantástica cena.

Mientras caminaba con la mano en los bolsillos y semblante distraído, se sentía confuso entre el odiar y amar. Una cena muy cercana, inevitable.

Para navidad había hecho lo posible por eludir los planes de Molly Weasley de llevarlo a su casa, pues, aunque quería mucho a esa mujer, temía enormemente que ella quisiese obligarlo a regresar con Ginevra. Cosa que, por supuesto, no sucedería. Entonces, con astucia, había alegado algunos compromisos de antemano y se había escaqueado. En realidad, él y Hermione habían cenado en casa de los padres de la castaña. Una parte de él, quizás, habría deseado permanecer en Grimmauld Place, junto a la chimenea; lugar en el que últimamente pasaba muchas horas de su día. (Le recordaba a la sala común de Hogwarts)

Lamentablemente, para la despedida del año no tuvo la misma suerte. Y Molly no aceptó sus balbuceadas excusas. Tenía que asistir y tal vez, con un rostro inerte, negarle a la matriarca la posibilidad de ser su suegra. Muy en su interior, sin embargo, pensaba que quizás Ron había hablado ya con su madre, lo cual volvía todo aún más peligroso.

Pero Harry Potter era un Gryffindor y no debía temer ni escapar del peligro. Para ello fue entrenado, duramente. Por muchos años de enfrentar al Lord Oscuro.

Llegó a Grimmauld Place con poco tiempo para entrar a ducharse y vestirse correctamente, el cabello era un caso aparte y no lo dominaría nunca. Sobre eso estaba resignado. A veces Hermione lograba peinarlo un poco, pero sus esfuerzos eran muchos para el resultado tan pobre que obtenían. La casa estaba vacía y supuso que la castaña había salido ya.

- ¿Habrá llevado su móvil? – se preguntó a sí mismo mientras entraba a bañarse. Ron pasaría por él en unas horas, tenía una noticia que contarle antes de que fueran a La Madriguera.

Las primeras semanas luego de que Ron y Hermione rompieran definitivamente fueron difíciles, se sentía como una mosca en la sopa, fuera de lugar e incómodo. Primero que nada, estaba en medio de esa turbulenta relación que, en efecto, era como antes, con peleas y discusiones absurdas incluidas. Ambos luchaban por conseguir su atención y a él no hacía más que parecerle una tontería.

Cerca de la tercera semana de discusiones, estalló.

- ¡Basta! ¿Escuchan bien? Me tienen harto, o comienzan a llevarse bien o comeré solo – dijo con mal humor levantándose y cruzando el comedor de la academia en dos zancadas.

Lo abordaron minutos después, mientras él pateaba unas piedras en el jardín y miraba el pasto con rostro absorto.

- Lo sentimos, Harry. Hemos sido unos críos, ya no será así, lo prometemos – dijo la castaña con el rostro lleno de pena.

A Ron, el mohín no le sentaba nada bien, pero aún así lo hizo esperando su perdón. Por supuesto que el ojiverde los perdonó.

Salió de la ducha un poco más relajado y decidió esperar a su pelirrojo amigo en la sala, luego de haberse vestido casualmente. Ron no le perdonaba cuando usaba los trajes de marca que a Hermione le gustaban tanto.

- ¡Aquí estoy! – exclamó el menor de los Weasley con una sonrisa de oreja a oreja entrando de golpe y sobresaltándolo.

- Mátame de un infarto, ¿quieres?

- La hierva mala no muere, vamos de una vez. – Ron estaba de muy buen humor, se le notaba a leguas.

Se subieron en el automóvil del muchacho de cabellos rojos y Harry sintió que se adormecía levemente, perdiéndose en recuerdos, o quizás eran fantasías. Tal vez era un mundo ideal sacado de una cajita de cristal al que nunca llegarían, porque no existía.

Su cabeza estaba recostada sobre un regazo femenino y sus ojos verdosos se perdían en un cielo claro, abandonado al cobijo de la brisa suave y agradable, del cantar de algunas a veces, y el sonido del agua cercana corriendo levemente. Algo se colaba en su pecho y daba brincos de alegría, pues todo parecía perfecto cuando de pronto se topaba con una mirada color miel que lo miraba fijamente.

- ¿Te has dormido? – le preguntaba la fémina con voz suave como la seda.

- No, sólo estaba pensando… - contestó de manera ida.

- ¿En que?

- ¿Me quieres?

La pregunta a ella le sorprendía, pues ese era su mejor amigo y sólo quería acunarlo y protegerlo, no había duda de cuanto cariño le tenía.

- Claro que sí, ¿Qué te sucede?

- Me sucede… que te amo.

El moreno despertó bruscamente cuando Ron frenó en un semáforo y tuvo que parpadear un par de veces antes de darse cuenta que seguía en el automóvil. Su amigo se rió entre dientes de su expresión sin quitar la vista del camino.

- Me pregunto… ¿Qué habrás estado soñando?

- ¿Cómo? – sus mejillas se ruborizaron antes de notar que así era.

- Nada, Nada. Olvídalo. Ya casi llegamos…

No se dio cuenta que ese no era el camino habitual recién hasta que no llegaron al destino habitual, eso evidenciaba totalmente el estado de abstracción que tenía el ojiverde, recordando, inventando un poco, aspirando a cosas que, por ser año nuevo, esperaba que sucedieran.

Se acordó de su cuerpo torneado, de sus manos que recorrían la seda misma…

Y despertó otra vez.

- Vamos, hermano, que no eres un niño para andarte durmiendo. Ya llegamos.

Se acomodó los lentes y se los quitó al instante para limpiarlos con la camisa celeste que llevaba. Volvió a ponérselos y miró a Ron con el ceño fruncido.

- ¿Dónde demonios estamos? – dijo entre sorpresa y confusión. Era año nuevo, se podía permitir maldecir un poco. Sólo un poco, antes de que le regañaran por ello.

- Bueno, cambiamos un poco los planes, será una cena… algo más intimo, no lo sé.

El lugar donde estaban era una especie de cabaña de dos plantas, rodeada por canteros con flores, con dos farolas que iluminaban la escena festiva. Había luces blancas diminutas en el techo y algunas hadas flotando en la entrada. Un muérdago levemente mal colgado y un adorno circular colgando de la puerta. No lo había notado antes pero casi no había casas vecinas y la propiedad parecía alejada.

Le podrían haber secuestrado y él podría haber movido apenas el dedo meñique por ello.

Entró cauteloso, seguido de cerca por su amigo que le dejó pasar.

- ¡¿Qué significa esto?

Las sorpresas eran divertidas, para un Weasley, era parte de la magia de la vida y aquello que hace brotar una sonrisa genuina. Para un Lovegood significa darle al espíritu una caricia, como cuando puedes decidir ser un poco espontáneo y original.

Para un Potter no significaba nada en especial, pero no podía negar que entre las muchas sorpresas que había tenido, esta era una de las mejores. Sin duda.

- ¿Me amas? – balbuceaba ella entonces, parpadeando significativamente y sin una expresión que definiera nada.

- Si, desde hace mucho.

- ¿Y porque lo dices recién ahora?

El se encogía de hombros, sin salir de su posición de confort en el regazo de la castaña.

- Lo siento – decía él al fín, como si eso solucionara todo. Claro que no era así.

- Pues no basta con que lo sientas.

Harry miró a todos sonriendo ampliamente, era un grupo bastante particular de hecho pero quien le negara que esa era su familia seguramente se ganaría un puñetazo de su parte.

Abrazó a Luna al instante, que no cambiaba esa risueña alegría que llevaba a todos lados y había sido capaz de conquistar al menor de los pelirrojos. Ella le entregó una copa con lo que seguramente era vino y corrió a sujetarse al cuello de su celoso novio que esperaba un beso.

- Ay, Ronald – escuchó al instante.

Seguramente no existiría otra mujer capaz de entender tanto los arranques infantiles del muchacho. Luna jamás se enojaba por ello.

Luego, siguió caminando y un cuerpo pequeño lleno de saltones bucles se abrazo a su cintura oprimiéndole fuertemente. Le hizo reír, pues a los minutos, alguien carraspeó fingidamente.

La muchacha se apartó girando los ojos y volteó con las manos en las cinturas, posición que le recordó mucho a Molly.

- No hace falta que hagas eso, ¿sabes? Harry y yo somos amigos.

- Claro, claro – dijo el otro restándole importancia – además, ¿Por qué habrías de cambiarme a mí por él?

- Hola, Malfoy – estiró una mano estrechando la del rubio y se sonrieron.

Ginny pareció conforme con el gesto y asintió solemnemente antes de dejar que su futuro marido (comprometidos con un anillo y todo) le arrastrara de sus delicados dedos al jardín trasero. El rubio no solía dar demostraciones de afecto en público y el hermano de la pelirroja lo agradecía.

La madre de ambos no estaba feliz, ni siquiera con el compromiso, seguía demasiado encaprichada con el tema de que Harry fuera parte de su familia. Pero eso a la muchacha no le importaba, era extremadamente feliz al lado del hurón, al que había encontrado una vez en San Mungo, luego en un bar, en una cafetería, en una biblioteca. Él la seguía, claro.

- ¿Dónde…?

Ginny señaló hacia arriba antes de salir de la sala.

Subió por las escaleras en espiral hasta el segundo piso y entró en una de las habitaciones que tenía un amplio balcón, prácticamente guiado por un sexto sentido. Quizás ese aroma que se había infiltrado en su nariz apenas llegó a la cabaña. Se apoyó en el barandal y miró la noche estrellada, algunos fuegos artificiales a lo lejos iluminándolo todo.

- ¿Tu que sientes por mi?

Esa pregunta se había vuelto un juego entre ambos, sin quererlo, sin notarlo. Como cada cosa que hacían juntos, como cada tradición que los unía. Desde la primera mirada que habían cruzado hasta el último instante en que salieron del colegio, e, internamente, esperaba que eso siguiera sucediendo con todo lo que vivieran hasta sus últimos días.

Pasó la mirada del cielo a la muchacha de vestido verde claro que estaba a su lado observándolo intensamente. Sonrió de lado y estiró los dedos, temiendo que esa figura se desvaneciera en el aire. Le devolvió la sonrisa, con los dientes blancos, perfectos.

- Hola.

- Hola.

Finalmente, ella tomó su mano y se dejó jalar, escondiéndose en un abrazo intenso y cálido. El corazón le palpitaba descontrolado y había otro igual, dando brincos y golpeando.

- Fue una linda sorpresa, ¿No crees?

- Si. Es tan obvio que tu la organizaste…

- ¿Ah si? – la muchacha de rizos castaños se alejó un poco y le miró, profundamente. Él se perdió en las cuencas marrones y sintió que caía en ellas, como le sucedía con frecuencia.

- tiene tu nombre por todos lados, estoy seguro.

- ¿Qué tan seguro? – le provocó la muchacha.

- Hermione…

Ella arqueó una ceja y se apartó del todo. Pero Harry volvió a sujetarla, esta vez de la cintura y la arrimó con brusquedad y pasión, haciendo que el espacio entre sus cuerpos fuera realmente mínimo.

- Tan seguro como estoy de que me amas – susurró con la voz ronca y se inclinó hacia abajo.

Contacto único, sublime, sagrado. El invento más delicioso que podría existir, el veneno peor que habría consumido en su vida, la maldición asesina personificada en cuerpo de mujer. Estaba sintiendo el cielo y le hacía cosquillas en los labios.

- ¿Tu que sientes por mi? – decía cierto moreno poniéndose de pie finalmente. Mirando a la lejanía una ave que se acercaba a beber del arroyo.

- Pues… - ella enrojeció. Como si se sintiera descubierta, lo cual era ridículo pues ya no tenía que rendirle cuentas a nadie. Además, Ron lo sabía – pues…

Se habían mirado, así de sencillo. En un segundo que habían dejado pasar durante siete años.

- me amas – aseveró él. De pronto, sintió el cálido tacto de la mano femenina sobre su mejilla, acariciándole y el roce atrevido de sus labios. Se había lanzado súbitamente y él sólo atinaba a sujetarle la cintura y lanzarse sobre la hierba, a disfrutar… que la vida era maravillosa. Que él siempre sería lo que ella quisiera, y también así lo sería ella.

Se abrazaron para mirar más fuegos artificiales hasta que Luna gritó que la comida estaba lista. La mano de Harry se afianzó en la de su mejor amiga, ahora su mujer, la única, la primera de la lista desde siempre.

Verde encontró levemente a miel.

Verde conocía tanto a miel, y miel sintió que sería lo que quisiera, que haría lo que quisiera por verde.

Ambos sintieron que este era el real final feliz que necesitaban, el simple roce de sus manos mientras caminaban juntos, a la par, como siempre.

Fin

Bueno, aquí está lo prometido. Demoré un poco más pues retorné al trabajo después de una semana de vacaciones, además me fracture el huesito dulce (coxis) je, así que andaba de reposo. Tuve que abandonar el patin que había sido mi actividad durante todo este tiempo… pero no por ello tuve más tiempo.

En fin, no los aburro con estas cosas, sólo quiero agradecer a todos los que me escribieron reviews, me pusieron en favoritos o alertas. Realmente les estoy muy agradecida, me hicieron muy feliz.

Trataré de responder los reviews uno por uno durante la semana.

Me despido, nos estaremos viendo pronto, estoy con algunas ideas para un fic largo de esta pareja, así que pronto apareceré por aquí, en cuanto termine las otras historias que también tengo pendientes.

Miles de besos,

Ruby.